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Redaccioninfovaticana | 13 julio, 2023
Dicen las
encuestas del CIS que el PP cuenta con un 39,7% de votantes católicos
practicantes y un 45,3% de católicos no practicantes. El PSOE por su parte
tiene un 13,3% de votantes católicos practicantes y un 37,6% de católicos no
practicantes.
Suponiendo que con
estos datos Tezanos no haga como con otros datos del CIS, resulta
verdaderamente sorprendente ese 13,3% de votantes católicos practicantes del
PSOE como lo es el 39,7% de católicos practicantes del actual PP. Y voy a
explicar por qué me resulta sorprendente especialmente en el segundo caso.
En estas
elecciones del 23J tenemos por primera vez en la historia la oportunidad de
votar a un partido como Vox (3ª fuerza política y con verdadera capacidad de
influencia), que lleva en su programa la derogación de la ley del aborto, la
ley de eutanasia, la ley trans y la ley de educación, entre otras, y que promete
garantizar la defensa de los “principios no negociables” de los que habló
Benedicto XVI precisamente a una delegación del Partido Popular Europeo.
¿Cómo es posible
que se elija la papeleta de un partido, el actual PP, al que le parece bien la
actual ley de plazos del aborto -salvo el permiso de las menores para abortar-,
la actual ley de eutanasia -siempre que un comité de expertos avale el
homicidio-, la actual ley de educación -salvo en temas no de fondo- y sólo
promete hacer reajustes en la actual ley trans?
Entiendo que es un
problema de falta de discernimiento. Unos votarán al PP porque lo han votado
siempre y no entienden que este PP no tiene nada que ver con el de los años 80.
Otros porque no les gusta que les llamen radicales y han comprado el marco
mental de la izquierda de que es muy malo ser ultraconservador en la defensa de
la vida y la libertad. Algunos votarán al PP porque se han creído que su voto
es más útil votando a un partido mayoritario que arreglará algunas cosas
estropeadas por Pedro Sánchez para preparar el terreno al próximo líder
socialista.
En cualquier caso,
que cada uno haga lo mejor en conciencia. Pero si queremos una España donde se
respete la vida desde el inicio hasta el ocaso natural y donde no se manipule a
nuestros hijos con la ideología de género y con las aberraciones que prediquen
los ideólogos de turno, debemos empezar a ser un poco consecuentes con nuestras
ideas.
Es cierto que Vox
es un partido que puede parecer antipático y que pueden no gustarnos algunas de
sus formas (aunque quizá sea la única manera de conseguir en esta sociedad
algunos votos para defender sus ideas) e incluso algunas de sus propuestas,
pero no podemos negar que es el partido político que mejor defiende los
principios no negociables y que tiene capacidad real de influir en la política
española. Por supuesto que hay que convivir con todos los que no piensan como
nosotros, pero si los católicos practicantes aceptamos sin más las bárbaras
costumbres de esta sociedad poscristiana, renunciando a hacer con valentía
nuestra propia propuesta, tenemos desde luego un negro futuro por delante.
Cada uno tendremos
nuestras prioridades. Para algunos será la economía. Que me siga yendo bien y
que no exista ninguna posibilidad de tener que bajar mi ritmo de consumo y mi
nivel de vida. Para otros será la defensa de la dignidad humana y que nuestra
sociedad sea cada vez más humana y cristiana (ahora son palabras casi
sinónimas). Pero después no podremos quejarnos de cómo está la sociedad
porque nosotros habremos contribuido con nuestro voto a configurarla tal y como
está…
Sócrates