"El arte de besar”: las frases más destacadas
del libro de Víctor “Tucho” Fernández, el hombre de confianza del Papa
Belén Marinone
Infobae, 18 Jul,
2023
“Una pareja con
mucho sexo, mucha satisfacción sexual, pero pocos besos como la gente, o con
besos que no dicen nada, está cavando, con cada unión sexual, la tumba de amor,
van creando la rutina, el cansancio y el hastío, hasta que uno de los dos
encuentre algo más humano”, escribió el arzobispo Víctor “Tucho” Fernández,
ahora también al frente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, en su libro
Sáname con tu boca. El arte de besar.
Elegido por el
Papa Francisco como colaborador de su más estrecha confianza para que lo asista
en la administración del Vaticano hace pocos días, “Tucho” Fernández publicó un
libro breve, que describió como “páginas a favor del beso”. Editado por Lumen
en 1995, Sáname con tu boca. El arte de besar formaba parte de la colección
“Vida feliz”. Allí, el actual arzobispo de La Plata desde 2018 se planteaba un
objetivo concreto: “Espero que [estas páginas] te ayuden a besar mejor, que te
motiven a liberar lo mejor de tu ser en un beso”.
En sus páginas, el
arzobispo de La Plata sostiene que “el beso es mucho más que un deseo de la carne
porque el beso de los labios es la expresión sensible de un ‘beso espiritual’,
de una unión íntima de los dos, que por un instante sienten como si se cayeran
todas las barreras que hay entre ellos”, y continúa: “Por eso, también podemos
besar a Dios”.
Pero, ¿quién es
Víctor “Tucho” Fernández? Nacido en Alcira Gigena, Córdoba, el 18 de julio de
1962 Fernández fue ordenado sacerdote en su pueblo natal en agosto de 1986.
También fue formador del Seminario de Río Cuarto y párroco de “Santa Teresita”
(Río Cuarto) y nombrado por el Cardenal Jorge Bergoglio como rector de la
Pontificia Universidad Católica Argentina.
Fernández fue,
además, el primer sacerdote ordenado en un rol de jerarquía por el Papa
Francisco, cuando lo nombró arzobispo de Tiburnia en mayo de 2013. En 2018, lo
designó como arzobispo de La Plata, en reemplazo de monseñor Héctor Aguer. En
febrero de este año se incorporó a la estructura vaticana con el nuevo
Dicasterio para la Cultura y la Educación.
Pero el dato a
destacar es que es uno de los teólogos de máxima cercanía y afinidad
intelectual con el Sumo Pontífice. Ahora está al frente del Dicasterio para la
Doctrina de la Fe, un organismo clave en la estructura de la Iglesia Católica
que se encarga de “la tutela de la integridad de la doctrina católica”, y
también de temas de interés público, como los juicios canónicos por pederastia.
Además de su extensa trayectoria, cuenta con más de 300 publicaciones, entre
libros, subsidios y artículos científicos. Uno de ellos es Sáname con tu boca.
El arte de besar, al cual Infobae tuvo acceso. Aquí, lo que se lee en sus
páginas.
Qué dice el libro
En el libro,
Fernández adviertió que escribe desde la “vida de la gente que besa” y dijo
haber consultado a más de mil personas en la calle. Ilustrado con imágenes de
esculturas de ángeles que acercan sus labios, imágenes de personas besándose en
primer plano o el famoso cuadro El beso, de Gustav Klimt, el libro profundiza
en para qué sirve un beso, cuáles son los caminos para llegar al beso (hablar,
tocarse, mirarse, crear y buscar los encuentros) para tener ese contacto físico
y espiritual, una condensación perfecta del amor.
Entre las frases
que llaman la atención están, por ejemplo: “Si faltan esos besos lentos,
pausados, temblorosos, puede indicar que el amor ha dejado de ser un encuentro
de dos que se admiran, que se contemplan, que se adoran, y ha pasado a ser la
suma de dos egoístas que se usan mutuamente para descargar las necesidades
primarias y descargar los nervios”.
Sobre el sexo
dice: “No es sólo la satisfacción de una necesidad primaria; es también la
expresión de un amor y una entrega total al otro, que exige exclusividad y
pertenencia mutua”. También agrega en otro apartado: “Es como si el beso me
hiciera entrar en la intimidad de lo que beso, como si expresara lo más íntimo
de mí. Por eso requiere un atrevimiento, una confianza y un ‘permiso
especial’”, que “requiere una pureza de intención que me asegure no invadir la
intimidad del otro ni abusar de su confianza”.
En el capítulo
“Los anti beso”, “Tucho” Fernández sostiene que “hay concepciones materialistas
que reducen todo a una única causa: una energía física” y trae el caso de
Sigmund Freud, “que reduce todas las inclinaciones del afecto al acto sexual”.
Y para marcar la
importancia del beso como acto íntimo escribe: “Muchas prostitutas se prestan a
todo tipo de juegos sexuales, pero no se deja besar por cualquiera. En cambio,
para Freud y los jansenistas, el beso es algo totalmente secundario, y esconde
lo más importante que viene después. Así matan toda la poesía; muere el amor,
muere el aspecto personal de la relación de pareja, muere la magia, muere el
respeto al otro, la ternura”.
Fernández también
escribe que el beso puede ser lo más hermoso de la vida, pero también “puede
ser despreciado, manoseado, abusado, falseado, y puede indicar la peor bajeza y
el más profundo egoísmo de una persona”.
La cita sigue:
“Basta recordar que muchas parejas se rompen porque siempre han buscado
directamente el acto sexual sin dedicar un buen tiempo a cultivar el arte
sublime que sostiene el amor: el beso”.
Qué dicen los
poetas
En otro capítulo,
“Tucho” Fernández indaga en cómo el arte representó a Cupido (Eros) en
esculturas y pinturas: a través de un beso. Y cita a Catulo, el prestigioso
poeta latino de finales del período republicano de Roma con los siguientes
versos: “Dame mil besos, mi amor, y luego cien, y después otros mil, y luego
cien más. Y cuando sumemos muchos miles los desparramaremos, para no saber, y
para que ningún malvado pueda envidiarnos sabiendo cuántos son.”
También cita a
Gustavo Adolfo Bécquer y explicó cómo el poeta español escribe sobre el ansia
de besar y lo compara con Miguel Hernández cuando describe la necesidad
imperiosa, como un anhelo constante, como un alimento de vida. Pero también se
leen versos sobre los besos que quedan colgados y negados.
Pablo Neruda
también forma parte de la selección de Fernández. Según explicaba en las
páginas del libro, el beso es uno de los elementos fundamentales en los versos
del poeta chileno, caracterizados como “la mejor manera para hablar del amor”,
cómo todo lo bello tiene ese forma y que es, a su vez, infinito. Mario
Benedetti y su obra Poemas de otros fue extensamente citado y cerró el capítulo
con un fragmento de Romeo y Julieta, de William Shakespeare.
En las páginas del
libro también se leen los propios poemas de “Tucho” Fernández. Por ejemplo,
algunos versos como:
Este llamado interior
me pide un beso.
Insiste, me golpea, me reclama.
Es un clamor
que gime silencioso,
que grita, que me implora.
Sáname con tu boca. El arte de besar concluye con más
versos de su autoría:
Tranquila,
besá más lento.
Dejá que te invada
un rayo divino,
dejá que se apodere
de tu boca.
Para quitarme el miedo,
para darme la paz y el amor
que me negaron...