martes, 21 de septiembre de 2021

EL SUEÑO DE LA DEMOCRACIA ORGÁNICA

 


SND Editores publica la última obra de Sergio Fernández Riquelme.

Carlos Blanco

Tradición Viva, 20-9-21

 

El concepto de Democracia Orgánica se comprende fácilmente por su opuesto, que es bien conocido y de sobra padecido, el concepto de Democracia Inorgánica. En la Democracia Inorgánica vivimos hoy, esto es, bajo el modelo liberal en el cual predomina una metafísica nominalista (léase materialista) en donde un individuo es un voto, y el mero agregado de individuos es la sociedad misma y aun el Estado. El Parlamento se entiende como el centro de la “demogresca” (pidiendo prestada la palabra a don Juan Manuel de Prada) protagonizada por los partidos políticos, negociados de la izquierda o la derecha que, sustancialmente, representan la comedia de una lucha, de una “dialéctica” de palabrería, que en el fondo es la cortina de humo que esconde el poder realmente vigente en todo régimen liberal: el poder plutocrático.

 

Sin embargo, otras formas de gobierno y, más concisamente, otras formas de representatividad democrática son concebibles. Hay un elenco nutrido y olvidado de teóricos españoles que se esforzaron por desarrollar un modelo más orgánico o corporativo de la Democracia, un modelo que excluyera o al menos minimizara el hoy plúmbeo peso de la “partitocracia”. No deben los partidos políticos vampirizar la sociedad de tal manera que ellos sean los únicos cauces para participar en la vida pública. Otros sectores, estamentos, instituciones y grupos orgánicamente esenciales pueden contar con voz propia e independiente en la vertebración del Estado y en la canalización de la participación. Otros marcos electivos y ámbitos de trabajo político-social, al margen de la dictadura partidista, pueden y deben articularse, y aquí el trabajo del profesor Sergio Fernández Riquelme es ejemplar, esencial y enriquecedor para conocerlos.

 

Don Sergio hace suya, me parece, la tesis del pensador don Gonzalo Fernández de la Mora: la “Democracia Orgánica” y el “corporativismo” son modelos de llevar a cabo la participación, la representatividad y la vida articulada del Estado absolutamente neutros en su coloración ideológica. Hubo, y puede haber, modelos orgánico-corporativos de izquierda tanto como de derecha. Cuando el ignorante apóstol de la democracia liberal y de la demogresca partidista sonríe burlón ante el “apellido” de “orgánica” dado a la democracia, con las resonancias franquistas que tal apellido ha adquirido, deberíamos recordarle entre todos (al menos todos cuantos nos hemos ilustrado con este libro) que hubo teóricos krausistas y socialistas situados en la izquierda ideológica previa a la Guerra Civil.

Deberíamos recordarle que no fue única ni exclusivamente el Fascismo italiano o el nacionalcatolicismo de Franco quienes desarrollaron la idea corporativa y organicista de la Democracia. Antes de la Guerra de España, a izquierda y derecha se sembraron proyectos y propuestas de organización no partitocrática del Estado, la mayoría no desarrolladas o simplemente esbozadas. Incluso en el ámbito estrictamente laboral, la idea de una sindicación “no de clase”, esto es, basada a priori en el conflicto, gozó de prestigio como espacio para la resolución unitaria de las dificultades entre empleados y empleadores, y ello al margen de concepciones fascistas o totalitarias.

 

Con todo, me parece que las figuras más atractivas y profundas de la Democracia Orgánica se vincularon al campo “conservador” y al “tradicionalista”. Da la impresión de que la propia Guerra radicalizó a los teóricos izquierdistas, llevándolos como por un huracán hacia la estrategia clasista, esto es, a la perspectiva de la “lucha de clases” y no a la del Bien común. Las figuras, entre otros, de Ramiro de Maeztu, Eduardo Aunós, Ángel López-Amo, y el propio Gonzalo Fernández de la Mora, a quien Sergio dedica el libro y de quien se siente deudor, son figuras muy destacables, aunque no las únicas tratadas de forma didáctica y exhaustiva.

 

Para disipar confusiones e imaginar democracias más allá de los populismos radicales de izquierda o de las pantomimas liberales, este libro es imprescindible. Ojalá sirva, también, para animar a recopilar antologías y hacer reediciones de las obras de unos teóricos que debemos estudiar de nuevo, con ánimo reformista y patriótico, pues la Democracia Inorgánica de 1978 nos está ya hundiendo en el fango, y otras Democracias hubieran sido posibles una vez fallecido Franco.

 

SOBRE SERGIO FERNÁNDEZ RIQUELME (ESCRITOR)

Sergio Fernández Riquelme es historiador, doctor en sociología y profesor titular de Universidad. Autor de “España soberana”, es también escritor compulsivo sobre la Historia más contemporánea, prolífico ensayista a contracorriente y colaborador desinteresado en numerosos medios … 

CONTENIDOS

INTRODUCCIÓN

Mitos y realidades del Corporativismo

1. RAMIRO DE MAEZTU Y EL DEBATE CORPORATIVO EN LA RESTAURACIÓN

1.1. Maeztu: nota biográfica

a) El primer Maeztu: el fracaso de la regeneración liberal

b) El segundo Maeztu: de la Crisis del humanismo al abrazo de la Tradición

c) El tercer Maeztu: teología política e hispanidad 1.2. El momento histórico: la institucionalización corporativa (1877-1923)

1.2.1. El pluralismo político: estudios gremiales,

reforma social, y reforma constitucional

a) El corporativismo doctrinal: el renacimiento organicista

b) El corporativismo social: de la Reforma a los Organismos paritarios

c) El corporativismo constitucional: la opción del liberalismo krausista

1.2.2. El pluralismo doctrinal

a) El renacimiento tradicionalista: lla figura de Vázquez de Mella

b) Regeneracionismo: la reforma política y económica

c) Socialismo y corporativismo: la Democracia industrial

d) El corporativismo católico: el magisterio de Severino Aznar

e) El maurismo: la génesis del corporativismo estatal español

1.3. Pensamiento corporativo en Maeztu

a) El liberalismo social de Maeztu: del regeneracionismo al gremialismo

b) Del gremialismo a la Dictadura técnica: la Crisis del humanismo

c) La nueva Monarquía tradicional: el régimen de la Contrarrevolución

 

2. EDUARDO AUNÓS Y EL ESTADO CORPORATIVO EN LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA

2.1. Biografía de Eduardo Aunós

a) El primer Aunós: del conservadurismo católico al catalanismo político

b) El segundo Aunós: el tecnócrata de la Política social de la Dictadura

c) El tercer Aunós: opositor antirrepublicano y burócrata del Movimiento

2.2. El contexto político (1923-1930): la obra de la Dictadura

a) La “solución técnica” de la Dictadura comisarial

b) El intento de Constitución corporativa: la Asamblea Nacional Consultiva

2.3. Pensamiento y obra corporativa de Eduardo Aunós: el sueño de un Estado corporativo

a) Corporativismo y Política social

b) La Organización nacional corporativa: ¿mimesis italiana o síntesis hispana?

c) Hacia el Estado corporativo: teórico de Acción española y burócrata del Movimiento

 

3. ANGEL OSSORIO Y EL FRACASO DE LA CONSTITUCIÓN CORPORATIVA EN LA II REPÚBLICA

3.1. Biografía de Ángel Ossorio y Gallardo

a) El primer Ossorio: el conservador maurista

b) El segundo Ossorio:

el intento de la Democracia política cristiana

c) El tercer Ossorio: el ”monárquico sin Rey al servicio de la República”

3.2. La clave del periodo:el proyecto corporativo en la II República (1931-1936) a) El anteproyecto constitucional

b) El modelo liberal-orgánico: Adolfo Posada y Salvador de Madariaga

c) La última apuesta corporativa del socialismo:

De los Ríos y Besteiro

d) El legalismo católico y conservador de la CEDA:

la posibilidad corporativa

3.3 El pensamiento corporativo de Ossorio y Gallardo

a) La democracia cristiana y el ideal corporativo

b) Monárquico sin rey, corporativista sin Constitución

 

4. EL “ESTADO NUEVO” DE VÍCTOR PRADERA EN LA CONSTRUCCIÓN DEL FRANQUISMO

4.1. Semblanza de Víctor Pradera

a) El primer Pradera: el foralismo como guía

b) El segundo Pradera: la reinterpretación del Tradicionalismo mellista

c) El tercer Pradera: su significado en la contrarrevolución nacional

4.2. La etapa histórica: de la oposición antirrepublicana al Alzamiento (1931-1936)

a) El régimen corporativo de la oposición:

antiliberalismo y subversión

b) Renovación española

c) El Bloque nacional de Calvo Sotelo

d) La Comunión Tradicionalista

e) Entre el falangismo y el catolicismo

f ) El Estado corporativo de Acción española: “la contrarrevolución conservadora”

4.3. El corporativismo de Estado en el primer franquismo (1939-1943)

a) El Estado corporativo: autoritarismo, burocracia y pluralismo limitado

b) La Economía corporativa: autarquía y proteccionismo

c) La Administración corporativa: institucionalización política y económica

d) El Fuero del Trabajo: corporativismo y política social

e) El sindicato vertical: la realidad del corporativismo de Estado

4.4. Hacía el “Estado nuevo” en el pensamiento de Pradera

a) El teórico foralista

b) El teórico neotradicionalista

c) El teórico contrarrevolucionario

 

5. ÁNGEL LÓPEZ-AMO Y EL IDEAL DE LA DEMOCRACIA ORGÁNICA EN ESPAÑA

5.1. Semblanza de Ángel López-Amo

a) El primer López-Amo: la vocación por la historia

b) El segundo López-Amo: la democracia foralista

c) El tercer López-Amo: preceptor de una Monarquía social y tradicional

5.2. Instituciones y teorías de la Democracia Orgánica [1943-1967]

5.2.1. El proceso de “constitucionalización corporativa”

a) La primera fase: de la Ley de Cortes a la Ley de Sucesión [1943-1947]

b) La segunda fase: el desarrollo de “la dictadura constituyente” [1947-1958]

c) La culminación del proceso institucional [1958-1966]

5.2.2. Los teóricos españoles de la Democracia orgánica

5.3. La monarquía de la Reforma social: el proyecto corporativo de López-Amo

a) La justificación del poder: sociedad orgánica y democracia federalista

b) La cuestión social: el valor de la aristocracia, el triunfo de la burguesía y el problema obrero

c) Poder político y Libertad: la Monarquía de la Reforma social

 

6. GONZALO FERNÁNDEZ DE LA MORA Y EL EPÍLOGO TÉCNICO DEL CORPORATIVISMO

6.1. Semblanza de Fernández de la Mora

a) El primer Fernández de la Mora: la vocación por la teoría

b) El segundo Fernández de la Mora: burócrata al servicio del Estado

c) El tercer Fernández de la Mora: el pensador “razonalista”

6.2. El desarrollo histórico: de la Ley Orgánica del Estado a la Ley para la Reforma política (1966-1977)

a) El proceso político interno: el fin del “desarrollo político” corporativo

b) La mutación del pensamiento social: del organicismo al neocorporatismo

6.3. Doctrina corporativa en Fernández de la Mora:

la “política técnica”

a) La teoría de la sociedad:la constitución orgánica de la sociedad

b) La teoría del Estado: el “Estado de razón”

c) La teoría de la Democracia orgánica: la alternativa a la Partitocracia

domingo, 19 de septiembre de 2021

REBROTE DE TERCERMUNDISMO

 

 

 EN UN VETO A SACHERI


 

Héctor H. Hernández *

 

Te mataron por lo que eras

¡y ahora cómo podremos vivir

con Dios y la Patria pidiéndonos cuenta!”

 

Abelardo Pithod

(“Oración por el hermano muerto por Dios y por la Patria”,

22 de diciembre de 1974)

 

            El 22 de diciembre de 1974, cuando venía de Misa en su automóvil Falcon con su esposa y siete hijos, más 3 amiguitos, fue asesinado Carlos Alberto Sacheri.

            El comunicado dado por sus asesinos, que refiere también a la muerte de Bruno Jordán Genta, está plagado de alusiones religiosas que revelan una pluma con conocimiento de las cosas católicas, y el típico “odium fidei”, esto es el odio a la fe. Benedicto XVI destacaba como requisitos para adjudicar la condición de mártir “la disposición de la víctima para aceptar la muerte por amor a Jesucristo”, y que “el móvil de los asesinos haya sido el “odium fidei”, “aunque éste pudiera querer disimularse tras pretextos políticos o sociales”. Los dos requisitos se dan en Sacheri. Y que fue asesinado por otro hombre es absolutamente incontrovertido, a diferencia del accidente automovilístico de Monseñor Angelelli

            Siempre se advirtió que el modo de operar no fue el de la guerrilla, y cuando se enteró del fallecimiento de Genta, ocurrido poco antes, el propio Sacheri le contó el hecho a su hermana Malena: “lo mataron a Genta; fue la Triple A”. El padre de Carlos, el General Oscar Sacheri, lo atribuyó a “los servicios de inteligencia”.

Es indudable que firmó el comunicado un tal “Ejército de Liberación 22 de agosto”; es indudable que hay una pluma clerical, como que alude permanentemente a la liturgia católica, y en 553 palabras que contiene, 17 veces menciona a Jesucristo y 7 veces como “Cristo Rey”. Lo que ha hecho que se atribuya la muerte a la prédica contra La Iglesia Clandestina, esto es contra el tercermundismo que en vez de preconizar la conversión del mundo a la Iglesia preconiza exactamente lo inverso. Fue el título de su exitoso libro. Y es indudable que a Sacheri lo asesinaron por lo que era: un católico cabal; un virtuoso; un sabio; un dirigente notable con gran capacidad de trabajo y de comunicación. Un enemigo que fácilmente pudo provocar un acuerdo homicida entre aparentes opuestos. Cabe señalar que él había puesto como faja a su libro un texto de Bernanos: “Seremos fusilados por curas bolcheviques”.

2 pedidos de canonización

El 18 de agosto de 2006 el Profesor Edmundo Gelonch Villarino se dirigió a varios obispos argentinos pidiendo la canonización de Genta y de Sacheri. Le contestó el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Bergoglio, pidiendo la ayuda de testimonios probatorios para avanzar.

Fundado en esa respuesta, nos presentamos con el Padre Luis González Guerrico solicitando que el Obispado de San Isidro tomara declaración a una lista de personas, respondiéndoseme que esa tarea estaba a nuestro cargo.

El 12 de junio de 2017 nos presentamos con Monseñor Jorge Luis Lona y con el P. González Guerrico pidiendo en audiencia personal y por escrito a Monseñor Ojea la iniciación de los trámites y acompañando testimonios. El testimonio de Lona es todo un libro en que se revelan tanto las virtudes de Sacheri como la situación de la época y la cuestión doctrinal en curso.

La respuesta de Monseñor Ojea fue que no cree “oportuno presentar en este momento esa causa”. Se basó para ello en un dictamen, requerido previamente, del canonista P. Vicente Llambías y de Monseñor Casaretto.

La crítica de Monseñor Aguer

            En su discurso del 22 de marzo de 2019, al incorporarse a la Academia Provincial de Ciencias y Artes de San Isidro, publicado bajo el título El Martirio de Carlos Sacheri. Vecino de San Isidro, Monseñor Héctor Aguer hizo una minuciosa y contundente crítica de los fundamentos de la denegación.

            El P. Llambías atribuye erróneamente la muerte de Sacheri a causas políticas y no a la fe, como fue en realidad; entiende que éste no tuvo en cuenta el dialoguismo conciliar; confunde lo que es en latín “odium fidei”, que es odio a la fe, con “odio de los fieles”, gazapo que también le subraya Aguer. Atribuye a Sacheri un anticomunismo unilateral, lo que merece las siguientes expresiones de Arzobispo: O Llambías “no leyó El Orden natural (la principal obra de Sacheeri sobre Doctrina Social de la Iglesia) o lo leyó mal, fuera de su contexto y sesgadamente”, o – sigue-  Llambiás “desconoce la Doctrina Social de la Iglesia y está prejuiciosamente desinformado acerca de lo que ocurría en la Argentina en aquellos años que siguieron a la Revolución cubana”. Pero aún, el autor del informe “muestra la hilacha” cuando “polariza la sociedad” en derechas e izquierdas y da una interpretación errónea de lo que es “la Patria cristiana”.

            Una historia y una axiología al gusto de la guerrilla

            Al poner comillas cuando habla de “fuerzas llamadas del terrorismo”, cargando unilateralmente la romana en la represión “feroz e injusta” del Gobierno Militar; al moverse en el esquema Derecha-Izquierda o Capitalismo-Socialismo sin la opción distinta del Orden natural y cristiano; al no admitir la necesidad de la justa represión militar en vez de criticar cómo se hizo, según correspondía en Derecho y no con “desaparecidos”; al ignorar la doctrina integral de Sacheri, el dictamen que funda la resolución será muy del agrado de todos los enemigos de una sociedad informada por el Cristianismo. Y hacen nula la resolución.

            El veto sólo temporario que pone la resolución de Monseñor Ojea (no es oportuno en este momento), abre la esperanza de que se abra paso la causa de la canonización de un laico católico ilustre, modelo de argentino.


*(Autor de Sacheri: Predicar y morir por la Argentina. Una historia de los ´70 en torno a la vida de un mártir argentino)

           

 

 

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

NORMAS DE SAN PÍO X

 


para los católicos españoles

Sobre la participación en política


Del Vaticano, a 20 de Abril de 1911

 

Señor Cardenal Aguirre y García, Arzobispo de Toledo.

Emmo. y Rdmo. señor mío muy venerando:

 

Bien conocidas son de Vuestra Eminencia las profundas disensiones que, sobre todo en estos últimos tiempos, se han declarado en España, con sumo perjuicio de la causa de Dios y de la Iglesia, entre muchos católicos, cuya rectitud y sincera adhesión á la Religión y á la Patria no podrían, sin embargo, ponerse en duda; disensiones procedentes en gran parte de conceptos inexactos y de falsas interpretaciones atribuidas á las reglas directivas dadas ya de antes por la Santa Sede. A fin de atajar tan grave inconveniente, y para responder á las consultas que de varias partes se han sometido á la misma Santa Sede, Su Santidad me ha ordenado que comunique á Vuestra Eminencia las siguientes Normas que todos los católicos de España deberán observar fielmente:

 

1.° Debe mantenerse como principio cierto que en España se puede siempre sostener, como de hecho sostienen muchos nobilísimamente, la tesis católica y con ella el restablecimiento de la unidad religiosa. Es deber, además, de todo católico el combatir todos los errores reprobados por la Santa Sede, especialmente los comprendidos en el Syllabus, y las «libertades de perdición» proclamadas por el llamado «derecho nuevo ó liberalismo», cuya aplicación al gobierno de España es ocasión de tantos males. Esta acción de «reconquista religiosa» debe efectuarse dentro de los límites de la legalidad, utilizando todas las armas lícitas que aquélla ponga en manos de los ciudadanos españoles.

 

2.° La existencia de los partidos políticos es en sí misma lícita y honesta en cuanto sus doctrinas y sus actos no se oponen á la Religión y á la moral; pero á la Iglesia no se le debe en manera alguna identificar ó confundir con alguno de ellos; ni puede pretenderse que Ella intervenga en los intereses ó controversias de los partidos para favorecer á los unos con preferencia á los otros.

 

3.° A nadie es lícito acusar ó combatir como católicos no verdaderos ó no buenos á los que por motivo legítimo y con recto fin, sin abandonar nunca la defensa de los principios de la Iglesia, quieren pertenecer y pertenecen á los partidos políticos hasta ahora existentes en España.

 

4.° Para evitar mejor cualquier idea inexacta en el uso y aplicación de la palabra «liberalismo», téngase siempre presente la doctrina de León XIII en la Encíclica Libertas, del 20 de Junio de 1888, como también las importantes instrucciones comunicadas por orden del mismo Sumo Pontífice, por el eminentísimo Cardenal Rampolla, secretario de Estado, al Arzobispo de Bogotá y á los otros Obispos de Colombia en la Carta Plures e Columbiae, del 6 de Abril de 1900, donde, entre las demás cosas, se lee: «En esta materia se ha de tener á la vista lo que la Suprema Congregación del Santo Oficio hizo saber á los Obispos de Canadá el día 29 de Agosto de 1877, á saber: que la Iglesia al condenar el liberalismo no ha intentado condenar todos y cada uno de los partidos políticos que por ventura se llaman liberales.

 

Esto mismo se declaró también en carta que por orden del Pontífice dirigí yo al Obispo de Salamanca el 17 de Febrero de 1891, pero añadiendo estas condiciones, á saber: que los católicos que se llaman liberales, en primer lugar acepten sinceramente todos los capítulos doctrinales enseñados por la Iglesia y estén prontos á recibir los que en adelante ella misma enseñare: además, ninguna cosa se propongan que explícita ó implícitamente haya sido condenada por la Iglesia: finalmente, siempre que las circunstancias lo exigieren, no rehúsen, como es razón, expresar abiertamente su modo de sentir conforme en todo con las doctrinas de la Iglesia. Decíase, además, en la misma carta que era de desear el que los católicos escogiesen y tomasen otra denominación con que apellidar sus propios partidos, no fuera que, adoptando la de liberales, diesen á los fieles ocasión de equívoco ó de extrañeza; por lo demás, que no era lícito notar con censura teológica y mucho menos tachar de herético al liberalismo cuando se le atribuye sentido diferente del fijado por la Iglesia al condenarlo, mientras que la misma Iglesia no manifieste otra cosa.»

 

5.° Lo bueno y honesto que hacen, dicen y sostienen las personas pertenecientes á un partido político, cualquiera que éste sea, puede y debe ser aprobado y apoyado por cuantos se precien de buenos católicos y buenos ciudadanos, no solamente en privado, sino también en la Cámara, en las Diputaciones y en los Municipios y en toda la vida social. La abstención y oposición a priori son inconciliables con el amor á la Religión y á la Patria.

 

6.° En todos los casos prácticos en que el bien común lo exija conviene sacrificar las opiniones privadas y las divisiones de partido por los intereses supremos de la Religión y de la Patria, salva la existencia de los partidos mismos, cuya disolución por nadie se ha de pretender.

 

7.° No se puede exigir de nadie, como obligación de conciencia, la adhesión á un partido político determinado con exclusión de otros, ni pretender que esté alguien obligado á renunciar á las propias honestas convicciones políticas; ya que en el campo meramente político se pueden tener lícitamente diversas opiniones, tanto sobre el origen inmediato del poder civil, como acerca de su ejercicio y de las varias formas de Gobierno.

 

8.° Los que entran á formar parte de un partido político cualquiera deben conservar siempre íntegra su libertad de acción y de voto para negarse á cooperar de cualquier manera á leyes ó disposiciones contrarias á los derechos de Dios y de la Iglesia; antes bien, están obligados á hacer en toda ocasión oportuna cuanto de ellos dependa para sostener positivamente los derechos sobredichos. Exigir de los afiliados á un partido una subordinación incondicional á la dirección de sus jefes, aún en el caso de ser opuesta á la justicia, á los intereses religiosos ó á las enseñanzas y reclamaciones de la Santa Sede y del Episcopado, sería una pretensión inmoral que no puede suponerse en los que dirigen esos mismos partidos, sin hacer ultraje á su rectitud y á sus sentimientos cristianos.

 

9.° Para defender la Religión y los derechos de la Iglesia en España contra los ataques crecientes que frecuentemente se fraguan invocando el «liberalismo», es lícito á los católicos organizarse en las diversas regiones fuera de los partidos políticos hasta ahora existentes é invocar la cooperación de todos los católicos indistintamente, dentro ó fuera de tales partidos, con tal que dicha organización no tenga carácter antidinástico, ni pretenda negar la cualidad de católicos á los que prefieren abstenerse de tener parte en ella.

 

10. Habiendo demostrado la experiencia cuánta dificultad hay siempre en obtener uniones «habituales» entre los católicos de España, es necesario é indispensable que el acuerdo se haga á lo menos «per modum actus transeuntis», siempre que los intereses de la Religión y de la Patria exijan una acción común, especialmente «ante cualquier amenaza de atentado en daño de la Iglesia.» Adherirse prontamente á tal unión ó acción práctica común, es deber imprescindible de todo católico, sea cual fuere el partido político á que pertenece.

 

11. En las elecciones todos los buenos católicos están obligados á apoyar no sólo á sus propios candidatos, cuando las circunstancias permitan presentarlos, sino también, cuando esto no sea oportuno, á todos los demás que ofrezcan garantías para el bien de la Religión y de la Patria, á fin de que salga elegido el mayor número posible de personas dignas. Cooperar con la propia conducta ó con la propia abstención á la ruina del orden social, con la esperanza de que nazca de tal catástrofe una condición de cosas mejor, sería actitud reprobable que, por sus fatales efectos, se reduciría casi á traición para con la Religión y con la Patria.

 

12. No merecen reprensión los que declaran ser su ardiente deseo el que en el gobierno del Estado vayan renaciendo, según las leyes de la prudencia y las necesidades de la Patria, las grandes instituciones y tradiciones religioso-sociales que hicieron tan gloriosa en otro tiempo á la monarquía española, y, por tanto, trabajan para la elevación progresiva de las leyes y de las reglas de gobierno hacia aquel grande ideal; pero es necesario que á estas nobles aspiraciones junten siempre el propósito firme de aprovechar cuanto bueno y honesto hay en las costumbres y legislación vigente para mejorar eficazmente las condiciones religiosas y sociales de España.

 

Por voluntad del Padre Santo ruego á Vuestra Eminencia dé conocimiento de estas Normas á todos los reverendísimos Prelados de España. Confía Su Santidad que tales reglas, no menos que todas las otras enseñanzas y direcciones de los Sumos Pontífices relativas á la acción religioso-social de nuestros tiempos, serán acogidas por todos los verdaderos católicos y puestas en práctica sin reserva, absteniéndose de inútiles y perjudiciales polémicas acerca de las mismas, y con aquel espíritu de sincera y filial sumisión á las decisiones de la Santa Sede, de religiosa obediencia á los Obispos y de mútua caridad fraternal, que es el único que puede asegurar el triunfo de los ideales cristianos contra los enemigos de la Iglesia y de la Patria en la nobilísima nación española.

 

Le beso en tanto humildemente las manos, y con los sentimientos de la más profunda veneración me repito de Vuestra Eminencia humildísimo seguro verdadero servidor.—R. Card. Merry del Val.

 

Madrid, 3 de Mayo de 1911.

Declaramos que la presente traducción es oficial. Hay un sello.—A. Arzobispo de Filipos, Nuncio Apostólico.

(Hispanidad Católica,  15 enero, 2019)

 

martes, 14 de septiembre de 2021

11 DE SETIEMBRE

 


 20 años después, la rendición moral de Occidente


Stefano Magni

Brújula cotidiana, 14-09-2021

 

Veinte años después del 11 de septiembre, se recuerda el día “que cambió el mundo”, como escriben muchos comentaristas. Pero debería entenderse, en todo caso, por qué el 11 de septiembre no cambió el mundo en absoluto. Osama bin Laden fue asesinado (2 de mayo de 2011), el autor intelectual del ataque del 11 de septiembre, pero Al Qaeda está viva, tanto como ideología que como movimiento armado. Y todavía está dirigido por su ideólogo, el egipcio Ayman al Zawahiri. La galaxia yihadista está en expansión, no en retroceso. Se está expandiendo especialmente en África, llegando también a regiones del continente negro que aún no eran conocidas por el terrorismo islámico. En 2001, el Estado Islámico, nacido de una rama de Al Qaeda, aún no existía: tomó cuatro años (2014-2018) para destruir su entidad territorial entre Siria e Irak, pero como movimiento terrorista todavía existe y hace proselitismo en todo el mundo musulmán. En Europa aún no conocíamos el fenómeno de los atacantes islámicos que actúan por su cuenta, los “lobos solitarios”, pero desde la década de 1910 lamentablemente se han convertido en una pesadilla constante para la seguridad pública.

 

Occidente aparece en proceso de cambio: los estadounidenses acaban de salir de Afganistán, pero los franceses también se están retirando del Sahel (tierra de conquista de Al Qaeda desde finales de la década de 1990) y la administración Biden ha prometido salir también de Irak a finales del año. En todas partes, Occidente no deja en su lugar gobiernos amigos que luchan contra el terrorismo, sino gobiernos inestables (en el Sahel), amigos de enemigos (Irak) o abiertamente proterroristas. El caso ejemplar es Afganistán, donde todo inició. Los talibanes, que acogieron a bin Laden y le permitieron llevar a cabo los ataques a Nueva York y Washington, no solo siguen existiendo, sino que han vuelto al poder. Veinte años después del 11 de septiembre pueden formar su propio gobierno, con un primer ministro en la lista negra de terrorismo de la ONU y un ministro del interior buscado por el FBI.

 

Sin embargo, el 11 de septiembre fue el momento en el que “abrimos los ojos” a la amenaza islámica, como bien describió Oriana Fallaci en su famoso La rabbia e l’orgoglio (La rabia y el orgullo). ¿Por qué los cerramos de nuevo, en los siguientes veinte años? Como ya hemos escrito en estas columnas, la derrota en la guerra contra el yihadismo no fue militar, sino política. Se debería, a este punto, entender por qué la política ha decidido dejar de luchar, Estados Unidos en primer lugar, pero también los gobiernos aliados europeos. Detrás de las razones políticas siempre hay fuertes razones culturales. Veamos algunas: materialismo, relativismo, tercermundismo.

 

Materialismo: las clases dominantes estadounidenses y occidentales en general, han demostrado estar tan secularizadas que no comprenden cómo funciona un movimiento religioso y milenario como el de los movimientos yihadistas (Al Qaeda, Estado Islámico y sus aliados locales). La demostración de cuánto no han entendido los líderes occidentales, hasta el final, cómo las razones del enemigo también se pueden encontrar en las desconcertantes frases de Zalmay Khalilzad, enviado de paz de Estados Unidos para la crisis afgana. En vísperas de la caída de Kabul, advirtió a los talibanes: “Cualquier gobierno que llegue al poder por la fuerza en Afganistán no será reconocido por la comunidad internacional”. También el secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, también dijo aproximadamente lo mismo. Aparte del hecho de que los talibanes no están aislados de ninguna manera (tienen a Pakistán y China de su lado), la sola idea de que puedan ser intimidados por la perspectiva del aislamiento internacional es ridícula. Los talibanes tienen una cosmovisión religiosa, les preocupa el más allá y cómo conquistar el Paraíso, mucho más que ser reconocidos diplomáticamente por Estados (seculares, por lo tanto, infieles) con los cuales hacer negocios.

 

El mundo de los expertos en relaciones internacionales siempre ha favorecido una interpretación materialista del conflicto con los yihadistas. Después de ridiculizar a uno de los pocos disidentes, Samuel Huntington, autor de Scontro di Civiltà (Choque de civilizaciones), el mundo académico argumentó, por ejemplo, que el propósito de los talibanes era representar a la mayoría pashtún en Afganistán y que el Estado Islámico debía hacerse cargo de los ricos recursos del norte de Irak en nombre y en interés de los árabes sunitas. Como señala amargamente el ex primer ministro británico Tony Blair, según la interpretación actual no existe una amenaza yihadista global y se considera políticamente incorrecto nombrar el islam radical: toda causa es local y el propósito siempre es atribuible a algún interés material. El político, por tanto, se ve obligado a buscar acuerdos locales, con criterios puramente políticos, sin enfrentarse a ningún desafío ideológico y religioso. Y los yihadistas negocian voluntariamente, si luego tienen la perspectiva de engañar al enemigo y ganar la guerra.

 

La incapacidad de una cultura secularizada para comprender la causa religiosa de esta guerra es especialmente evidente frente a los “lobos solitarios”. Si un solo yihadista decide hacer una acción suicida para matarse a sí mismo y a sus víctimas "infieles" o "apóstatas", no puede estar motivado por ningún interés político o material. Pero en este caso, tanto los medios como la política prefieren recurrir a la explicación psiquiátrica. Si lo hace, no es porque sea islámico, sino porque está "loco", con marcados diagnósticos post mortem, inmediatamente después del asesinato o suicidio del atacante y sin siquiera verificar su pasado.

 

El relativismo, denunciado por el Papa Benedicto XVI como la dictadura (cultural) de nuestro tiempo, está ciertamente en la base de muchos de estos argumentos materialistas. El relativismo impide que el filósofo distinga lo verdadero de lo falso, por lo tanto, también el justo de lo injusto y, en consecuencia, no permite afirmar que un sistema político es superior a otro. La única prohibición que queda es el juicio de otra cultura. Si hubiésemos adoptado el mismo criterio en las décadas de 1930 y 1940, hubiésemos tenido que afirmar que los países libres no tenían nada que enseñar al régimen nazi, porque cada uno tiene su propio sistema de valores. Así fue en este largo conflicto. En un pequeño episodio, ahora olvidado, el entonces primer ministro Silvio Berlusconi después del 11 de septiembre afirmó que la civilización occidental, bajo ataque, era "superior". Ante las amenazas de boicot de sus socios comerciales musulmanes y sometido a una presión mediática insostenible, Berlusconi tuvo que retractarse de sus afirmaciones. En un episodio mucho más famoso, la conferencia de Benedicto XVI en Ratisbona, que advirtió del peligro de una razón separada de la fe (en Occidente) así como de una fe separada de la razón (en el mundo islámico), fue atacada en todas partes del mundo, provocando episodios de violencia anticristiana en varios países musulmanes (lo que indirectamente demostró lo útil que fue esa lección). Desde su primera administración, Barack Obama eliminó cualquier referencia al terrorismo "islámico" de las directrices de formación policial para no ofender la religión de los musulmanes. Obama llegó a definir al Estado Islámico como "no islámico". La administración Biden hace más, dejando claro desde el principio que considera que el peligro del “supremacismo blanco” de la extrema derecha es más grave que el de la amenaza yihadista.

 

El tercermundismo (un término de la década de 1960 para indicar la ideología marxista en apoyo de los movimientos socialistas nacidos en el mundo poscolonial) es finalmente dominante no solo en los movimientos antagonistas. La prueba, también aquí, está en la reacción en coro y casi unánime del mundo de las ONG inmediatamente después del 11 de septiembre: quien siembra vientos cosechan tormentas. Apenas cuatro días antes, tres mil representantes de ONG, que asistieron a la Conferencia Antirracismo de Durban, habían presentado una resolución en la que se equiparaba al sionismo con el racismo y exigían una compensación para las víctimas del colonialismo y la trata de esclavos. En una cosmovisión en la que todos los males se derivan de Occidente (Estados Unidos e Israel en particular), el ataque a Estados Unidos también fue visto como una "respuesta" de los "pobres" al mundo de los "ricos". Si el 11-S fue una "respuesta", la razón debe enfrentarse con el diálogo, tratando de escuchar las razones de quienes estaban tan exasperados como para suicidarse para asesinar a 3 mil civiles estadounidenses. Y esta mentalidad, transversal, ha atado de las manos a la política cada vez que ha tenido que responder militarmente al terrorismo. También está en la raíz de la presión ejercida sobre Israel para que otorgase un Estado a Palestina: una pérdida de tiempo y de energía diplomática, no solo porque el liderazgo palestino siempre se ha negado, sino también porque el movimiento yihadista no se mueve solo por Palestina, uno de sus muchos frentes.

 

El materialismo, el relativismo, el tercermundismo son tres potencias de pensamiento que finalmente han inducido a la política a dejar de luchar contra el yihadismo. Las opiniones públicas en estados Unidos, cuya atención está capturada por el Covid, incluso por las elecciones más controvertidas de la historia reciente, el terrorista islámico se ha convertido en la menor de las preocupaciones. Si tenemos suerte, seguirá siéndolo. Pero el yihadista, a diferencia del occidental medio, sabe pensar en términos religiosos universales, no tiene el mismo sentido del tiempo que nosotros y ha demostrado ser capaz de ganar una guerra en veinte años (una generación). Ahora nosotros aparecemos colectivamente derrotados. Entonces puede suceder una vez más: un nuevo 11 de septiembre.