sábado, 30 de septiembre de 2023

LA PLANIFICACIÓN COMO INSTRUMENTO DE GOBIERNO

 


 

Como explica el politólogo Malamud: las hormigas cooperan entre ellas, pero instintivamente; /algunos orangutanes cooperan de manera flexible pero en pequeños grupos.

Sólo los humanos logran cooperar de manera flexible y en masa, entre personas que no se conocen, gracias a la política.

Sin ella, no habría sociedad, porque el instinto no nos permite vivir separados, /pero no nos alcanza para vivir juntos.

Por eso, el papa Francisco, en la última encíclica, Fratelli tutti (2020, 3-10) expresa: una vez más convoco a rehabilitar la política, que es una altísima vocación, es una de las formas más preciosa de la caridad, porque busca el bien común. (p.180)

“Pienso en una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas, que permitan superar presiones e inercias viciosas.” (p. 177)

 

Para lograr eso es necesario gobernar con planes

Pablo VI, en Populorum progressio, 1967

33. Los programas son necesarios para «animar, estimular, coordinar, suplir e integrar» la acción de los individuos y de los cuerpos intermedios.

Análisis teórico

Debemos analizar cuestiones teóricas, para determinar si es posible, estrictamente hablando, elaborar un proyecto/ como anticipación del futuro, y que no sea, por lo tanto, una simple utopía (lugar q no existe).

 

   La primera afirmación sobre el futuro es negar que se identifique con la nada. Consideramos que algo, para ser, /basta con que posea capacidad de existir -aunque no exista actualmente-.

Pero si aún no existe y no se sabe cómo será, al resultar posible ya es un ente real y, como tal, es lícito inquirir sobre él.

En cada circunstancia, son muchos los futuros posibles -futuribles-

Y existen algunos pocos probables -futurables.

El riesgo de elegir el escenario que tenga más chance de concretarse y resultar conveniente, depende, especialmente, del procedimiento utilizado.

 

La Certidumbre es la convalidación lógica de la veracidad de un pensamiento. Por lo tanto, según afirma Bertrand de Jouvenel: sólo se puede conjeturar /sobre el mañana, /y nunca alcanzar certeza.

Es decir, que el análisis predictivo nos aporta un conocimiento de opinión, de manera que la materia objeto del planeamiento es opinable por naturaleza, y sólo es susceptible de aproximación conjetural.

 

Lo mismo podemos decir sobre lo político: es pasible de certidumbre en cuanto a sus contenidos pasados o presentes, pero es sólo opinable en cuanto receta para el futuro.

 

Proyecto es mucho más que extrapolación en el tiempo; el vocablo se refiere a la intervención necesaria de la voluntad humana en su configuración.

 

Entonces:

 

Podemos evitar el intento de hacer futurología y su consecuencia más dañina, la ingeniería social, si reconocemos que la sociedad no es una cosa susceptible de manipular, ni el porvenir un destino asequible por medio de los dudosos oráculos de una nueva ciencia ficción.

Eso no sería más que otra aplicación del racionalismo, que, sobre la base de un supuesto contrato social, pretendió codificar legalmente todas las conductas humanas posibles, según un modelo de hombre abstracto y fungible.

Ahora se pretende, también, diseñar el futuro.

 

El planeamiento

 

   Pero, sabiendo ya las limitaciones del conocimiento humano, y evitados los riesgos de la voluntad desbocada, resulta posible encauzar la acción sistemática mediante el planeamiento.

En primer lugar, /aunque dispongamos de la mejor información y el sistema más sofisticado para procesarla, siempre tendremos que elegir entre opciones posibles.

En segundo término, los instrumentos técnicos pueden facilitar dichas decisiones, pero no reemplazar la virtud de la prudencia.

 

De allí las limitaciones de la tecnocracia, puesto que el gobernante siempre tiende a ejercer su derecho a la conducción, y los gobernados a reclamar su derecho a la participación en las decisiones políticas.

 

   Santo Tomás enseña que, por imprevisible que sea la conducta humana nada es tan contingente que no tenga en sí alguna parte de necesidad.

 

De manera que, no sólo es posible sino muy útil al bien común, la planificación. Pero siempre, que los planes cuenten con el apoyo de sus protagonistas, quienes deben participar en su elaboración, ejecución y modificación.

 

Proceso del planeamiento

 

Etapas y actividades

1.Enfoque del planeamiento

 Es la manera de encarar el proceso, que dependerá del funcionamiento del propio estado, y de la orientación del gobierno.

 Metodología a utilizar debe ser simple y ágil; utilizarse formularios diseñados de modo que cualquier empleado pueda interpretarlos fácilmente y usarlos sin resistencia, ni posibilidad de deformar la información.

Es necesaria la Capacitación en los aspectos generales del sistema, a todos los funcionarios y empleados que deben intervenir en el proceso.

Investigación: se debe realizar aprovechando las posibilidades de las universidades, y de los propios organismos de la administración; /evitando incorporar o contratar especialistas, cuyo aporte sólo se requiera en la primera etapa o en forma esporádica.

 

2) Diágnostico y pronóstico: en esta etapa se debe hacer intervenir a los grupos intermedios de la sociedad (colegios profesionales, sindicatos, asociaciones, etc.) representados en un Consejo Económico y social, para complementar la información obtenida por vía de la investigación científica, con la experiencia práctica de la realidad.

Eso permitirá, además, verificar el grado de disposición que poseen dichas entidades para apoyar determinadas modalidades y acciones de gobierno, evitando el posible fracaso de un plan por falta de consenso social.

 

Modelos: de acuerdo a la orientación política del gobierno surge explícito o tácito, un modelo /integrado por las aspiraciones y tendencias que se desean ver satisfechas en el funcionamiento del estado.

El modelo contiene las premisas (supuestos o hipótesis sobre el futuro), que encuadrarán la elaboración del plan; ej. No aumentar la presión fiscal.

 

Directivas políticas: el gobierno debe adaptar el modelo a la realidad que le indica el diagnóstico y el pronóstico; de allí surgen las directivas que establecen los lineamientos generales que deberán tenerse en cuenta al elaborar el plan.

 

3. Objetivos: son los resultados que se pretenden obtener en una determinada área, por medio de la acción gubernamental, atendiendo al bien común.

 

4. Políticas: las normas que establecen un curso de acción para el logro de los objetivos.

 

5. Estrategias: las distintas alternativas de utilizar los medios disponibles para ejecutar una política.

 

6. Programación: recién en esta etapa comienza la faz técnica del planeamiento; procurando la utilización óptima de los medios disponibles a fin de lograr los objetivos fijados.

Recién en esta etapa se fijan las Metas que son los objetivos cuantificados; el cronograma y el presupuesto.

 

Plan: conjunto de programas que abarca todo el sector público o un área determinada.

Programa: conjunto coherente de proyectos referidos a un área específica.

Proyecto: unidad mínima de un programa, consistente en acciones para la producción de bienes o prestación de servicios.

 

7. Implementación: como el plan debe ser aprobado por ley, el primer paso será la preparación del proyecto respectivo, y las normas legales complementarias.

 

8. Control de gestión: generalmente sólo se evalúa el grado de obtención de las metas fijadas, con lo cual sólo se controla el programa; es necesario que el control evalúe todas las etapas del proceso.  En muchos casos, un programa fracasa, sencillamente porque estaba equivocado el diagnóstico.

                                                            

Acerca del Estado

 

   Es obvio que, si no funciona el Estado, es imposible que se cumpla una función tan compleja como es el planeamiento, que exige el trabajo interdisciplinario de un equipo de especialistas. Por eso, estimamos que hoy la tarea prioritaria consiste en el esclarecimiento conceptual, pues han proliferado ideas que provienen de algunas ideologías y han contribuido a la confusión y a dificultar la búsqueda de soluciones.

Por ejemplo, se identifican frecuentemente los conceptos de nación y estado, y se repite la definición liberal de estado: nación jurídicamente organizada.

En realidad, al ser la nación una realidad cultural, no puede nunca organizarse, ni modificarse sus componentes, por una decisión voluntarista; surge y se perfecciona espontáneamente, a lo largo de siglos de vida en común.

Lo que sí puede organizarse es la sociedad, entendida como conjunto de personas y grupos que conviven en un territorio determinado.

Precisamente, el Estado es el órgano de síntesis, planeamiento y conducción de una sociedad determinada, destinado a lograr el bien común. (de Mahieu)

 

   El ejercicio simultáneo de las tres funciones señaladas en la definición, es requisito indispensable para la existencia de un Estado; cuando dejan de cumplirse, el Estado desaparece, aunque se mantengan las formalidades constitucionales, y un gobierno.

Esto es lo que ocurrió en la Argentina, hace medio siglo.

De ahí la paradoja de asignar al estado la responsabilidad de todos los problemas, cuando el problema de fondo, es que el estado dejó de funcionar.

 

   En cuanto a la función de síntesis, o de integración social, la solidaridad social (concordia) es una fuerza poderosa de cohesión, que sólo un pueblo maduro puede hacer germinar. Únicamente el pueblo libremente organizado en sociedad es actor de las decisiones, pues las entidades intermedias son factores concurrentes con los órganos públicos, de modo que no sean absorbidas por el Estado, y lograr un equilibrio entre el derecho personal y el comunitario.

 

   La función de planeamiento, siempre es un instrumento importante de gobierno, y se torna crucial para un país en decadencia como el nuestro. Siempre, quien accede al gobierno tiene dos opciones: o gobierna por aproximaciones sucesivas, en forma errática /según la presión de las demandas y de las circunstancias, /o gobierna según un plan.

Por eso,  la Argentina actual ya no tiene opciones si no quiere desaparecer o convertirse en una factoría; necesita planificar, lo que significa que el diseño tiene que ser anterior a la decisión. Se planifica para procurar lo óptimo, se decide para tratar de alcanzarlo.

-El modelo o planeamiento de largo plazo, requiere definir los Objetivos Nacionales que deben ser consensuados. Para ello, debería implementarse una entidad como el Consejo Económico y Social, integrado por las entidades representativas de los grupos sociales.

-El plan de mediano plazo, coincidente con el período presidencial, debe estar a cargo del Poder Ejecutivo, con participación del Congreso.

-Y el plan de corto plazo, corresponde al equipo ministerial, y se visualiza en el Presupuesto.

***

   A las dos funciones estatales anteriores, se agrega la de conducción, que corresponde al gobierno, con las siguientes modalidades:

 

    -Centralizar la conducción y descentralizar la ejecución.

    -Actuar con planificación.

    -Posibilitar la participación de todos los actores sociales.

    -Concebir al gobierno como un instrumento al servicio de la sociedad, para lo cual deberá lograr la máxima eficiencia posible.

    -Contar con funcionarios estables, que accedan a la función pública por el sistema de mérito, y que permanezcan ajenos a los cambios políticos.

 

  El Estado no debe constituir una estructura institucional aislada dentro del país; se justifica únicamente si actúa en beneficio de la sociedad.

Para ello, el aparato estatal debe procurar un perfeccionamiento continuo, de modo de aumentar su eficiencia y lograr las metas que fije el gobierno. Su actividad, como regulador de los grupos sociales, es esencial para lograr el máximo nivel de desarrollo económico, compatible con una redistribución equitativa de la riqueza que es producida por el conjunto de la población.

Dicha regulación se efectuará en el marco de una concertación con los representantes de las organizaciones intermedias.

 

 

PROYECTO NACIONAL

   Desde hace varias décadas se menciona frecuentemente el tema del proyecto nacional, aludido como un elemento imprescindible para superar la crisis argentina, y se alega que la carencia del mismo es uno de los factores de dicha crisis. Sin embargo, son escasas las propuestas realizadas en orden a la elaboración de un proyecto concreto.

 

Ni siquiera desde la sociedad -academias, universidades, colegios profesionales, partidos políticos, etcétera- hubo interés en el estudio del tema que nos ocupa. La situación descripta explica la confusión conceptual, ya señalada, en que se incurre al abordar la cuestión del proyecto nacional.

 Podemos definir la expresión proyecto nacional como un esquema concreto y coherente de valores, fines, políticas públicas y distribución de responsabilidades, conocido y consentido por la mayoría de la población de una sociedad (Monti).

Si analizamos los antecedentes argentinos, comprobamos que existen notables coincidencias en  los 10 proyectos conocidos; en especial, en los dos que fueron impulsados desde el Estado.

En efecto, tanto el generado desde el Ministerio de Planeamiento (1977), como el que fuera presentado por el Presidente Perón ante la Asamblea Legislativa, tres años antes, parten de una cosmovisión similar.

Aluden a una cultura "cuyos valores fundamentales reconocen como fuente el acervo religioso y moral del Cristianismo, el saber filosófico de la Grecia clásica y la tradición político-jurídica de la antigua Roma".

 

   Los principios básicos sostienen que:

    -El hombre es una persona, creada por Dios, dotada de cuerpo y alma, y poseedora de un destino trascendente.

 

    -El hombre no se basta a sí mismo, sino que necesita de la sociedad. Esta es una pluralidad de personas unidas moralmente de manera estable para la consecución de un bien común. La sociedad humana es una sociedad de sociedades.

 

    -La primera de esas sociedades naturales es la familia. Su constitución y su desarrollo responden -como los derechos humanos- a leyes naturales anteriores a toda organización social.

 

    -Más allá de la familia, las necesidades, intereses y aspiraciones de tipo económico, social, cultural o religioso impulsan al hombre a agruparse en sociedades intermedias, con el fin de defender y promover bienes comunes particulares.

 

    -La historia y la geografía crean, sobre la base de las familias asentadas en un territorio, una comunidad étnica y ética, la Nación, fundada en la lengua, la historia, la cultura, las costumbres y las aspiraciones comunes. Es una comunidad de destino en lo universal.

 

    -Sin confundirse con la Nación, la sociedad, territorialmente delimitada, crea un órgano especializado en el mando que es el Estado, destinado a regir dicha sociedad.

 

   No podemos dejar de señalar una contradicción notoria, entre los conceptos citados, con el único proyecto nacional (aunque no fue escrito) que tuvo la Argentina, que fue el de la generación de 1880.

 

Nadie puede negar que se lograron progresos materiales, "pero –como advierte Irazusta- no hacer de la Argentina una gran nación. Y no porque sus planes fracasaron, sino porque sus propósitos no apuntaban tanto a la grandeza política como a la perfección sociológica e institucional".

   Pero, además, y esto es mucho más grave, los fundamentos ideológicos de la generación del 80 son opuestos a los principios antes expuestos, e impulsaron un intento deliberado de reemplazo de nuestra raíz cultural cristiana por otra basada en el positivismo y el utilitarismo.

En efecto, se sancionaron, entre otras, la ley de educación laica -Nº 1420-, que provocó la oposición del Nuncio Apostólico, Mons. Matera, que fue expulsado del país por el gobierno de Roca.

 

Debemos reconocer que, desde antes del cabildo de Mayo, hubo –y se mantienen hasta el presentes- dos enfoques o proyectos diferentes, en suma dos Argentinas, como sostiene el historiador Víctor Sonego:

-El primer enfoque: Federal-tradicionalista nace el 12-8-1806, con la Reconquista de Buenos Aires.

-El segundo enfoque: Unitario-colonial surge en enero de 1809, con el tratado Apodaca-Canning, celebrado entre España e Inglaterra, cuando este país que había sido derrotado militarmente en el Río de la Plata, ofrece una alianza a España, contra Francia, a cambio de facilidades para exportar sus productos.

No caben dudas de que San Martín, por ejemplo, se identifica con el enfoque tradicionalista, que se manifiesta con el rechazo de las invasiones inglesas, se afirma con la revolución de Mayo y la guerra de la independencia, y culmina con el combate de la Vuelta de Obligado.

Quienes atacaron a San Martín y trabaron su gestión, hasta impulsarlo a alejarse del país, se encuadran en el enfoque unitario. Son quienes consideraban más importante adoptar la civilización europea, que lograr la independencia nacional, y por “un indigno espíritu de partido” -decía San Martín- no vacilaron en aliarse al extranjero en la guerra de Inglaterra y Francia contra la Confederación.

Esta guerra terminó con el triunfo argentino: el 27 de febrero de 1850, el contralmirante Reynolds, por orden de su majestad, izó al tope del mástil de la nave insignia de la flota británica, el pabellón argentino, y lo homenajeó con 21 cañonazos.

***

Por otra parte, encontramos algo curioso que no suele mencionarse:

en el Modelo Argentino encontramos, en la Segunda Parte del documento presentado por Perón ante el Congreso el 1-5-1974, una frase significativa que reproduce un párrafo de la Carta Apostólica Octogesima adveniens (p. 37), de Pablo VI, haciendo propia la reflexión del actual Santo:

“La apelación a la utopía es, con frecuencia, un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas.”

El misterio desaparece si tenemos en cuenta que el ex presidente, si bien supervisó el texto antes de aprobarlo, fue redactado por un equipo de especialistas, entre los cuales sobresalían: el economista Ángel Monti, autor del libro “Proyecto nacional”, publicado dos años antes,

y Fray Ramlot, sacerdote dominico, que presidió la Fundación Argentina año 2000, a la que pertenecía el Gral. Díaz Bessone, que fue ministro de Planeamiento, y aprobó el otro proyecto.

 

Los datos mencionados nos permiten vislumbrar que todavía existen argentinos que comparten los principios resumidos, como plataforma para una restauración nacional, que consideramos imprescindible, pues en este mundo globalizado, sólo podrán sobrevivir las naciones que se afiancen en sus raíces.

 

Entonces, debemos procurar que se cumpla el mandato sanmartiniano: que la Patria sea lo que debe ser, pues sino, no será nada.

Mario Meneghini

Conferencia pronunciada en la sede de Encuentro Vecinal Córdoba, el 18-9-2023.

 

 

 

 

 

 

UN ACTOR ESPAÑOL

 

 criticó el MeToo y se encendió el detector de varones no deconstruidos

 

Claudia Peiró

 

Infobae, 30 Sep, 2023

 

De galán en su juventud a actor consagrado en la madurez; así podría resumirse la trayectoria del español José Coronado (66). Actualmente es uno de los actores de moda en la Madre Patria -y gracias al streaming, conocido también entre nosotros-, protagonista de series muy exitosas como “Entrevías” y “Vivir sin permiso”, y de películas como “El hombre de las mil caras” (2016) o, unos años antes, la imperdible “El Lobo” (2004), donde hace dupla con Eduardo Noriega, en una trama sobre la ETA.

 

La semana pasada, se habló mucho de él, pero no por el cine, sino porque hizo unas declaraciones que, aunque desataron la furia del feminismo extremo, son representativas del sentir de muchísimos varones -y mujeres- que están hasta la coronilla de la perspectiva de género.

 

 

Resulta que, como se estaba estrenando una película suya, Coronado dio varias entrevistas a medios españoles. En una le preguntaron: “¿Cómo ha vivido la revolución del Metoo?”

 

Respuesta: “Me parece terrible todo eso. Me niego a ser un borrego y asentir sin más a lo que dice el gran ministro o la gran ministra de turno. Yo me sigo basando en mis principios, en mi educación, en cómo he crecido y soy consciente de que no le he hecho daño a nadie. Y me niego, por ejemplo, a no ayudar a una chica a subir el bolso a un avión. Si soy más alto y más fuerte, lo voy a hacer. ¿Y por qué no voy a decirle a una mujer lo guapa que está? Todo depende del contexto y de tu mentalidad. Y si lo haces con educación, eso le da alegría a la vida. Si no, nos vamos a convertir en unos putos robots”.

 

Verdades a puño. Pero, claro, de inmediato se activó el detector de varones no deconstruidos y una jauría de feministas andrófobas, hombres vergonzantes y gente amarga en general se lanzó contra el señor que tuvo el atrevimiento de rechazar las etiquetas de micro-machista, machista o violador en potencia con que el “terrible” MeToo estigmatiza al género masculino.

 

El primero en reaccionar fue el propio periodista que se creyó en la obligación de corregir al desviado: “Pero el MeToo ha dejado claro que las cosas tenían que cambiar”, le dijo. “Sin duda, pero no nos pasemos de frenada -le contestó Coronado-, no perdamos ni la alegría, ni el humor, por Dios, que es lo que nos caracteriza a los españoles. Basta ya de cogérsela con papel de fumar para todo”. Expresión que significa: “Ser demasiado puntilloso con el cumplimiento de las normas” o “fácil de escandalizar”. Ambas definiciones valen para describir el clima que han instalado las denunciantes, los identitarios y los woke.

 

Atacado en los titulares -”polémicas declaraciones”; “contradictorias declaraciones” o directamente “declaraciones machistas”- José Coronado no se desdijo -y ojalá siga resistiendo- y hasta se atrevió a insistir en otra entrevista: “Quiero decirle a una mujer que está guapa o cederle el paso sin que nadie me llame agresor ni machista”.

 

Más frases que dejó el actor: “Mi rebeldía es también actuar conforme a como pienso, a pesar de todos los cambios que estamos sufriendo en la sociedad, me rebelo siendo yo mismo, no cayendo en el borreguismo de la gente, hoy tan habitual.”

 

“Ah, lo políticamente correcto”, le dijo este periodista, más ubicado que el anterior.

Respuesta de Coronado: “Sí. Está en todo ya, en todo. Estamos entrando en un mundo de borreguismo ante el que yo me rebelo. Y lo hago porque creo que tengo armas para ello, porque, sobre todo, lo que tengo es educación y respeto por el prójimo. Y con educación y respeto yo aún creo que todos podemos llegar a cualquier lado”.

 

O sea: no tengo por qué deconstruirme, no necesito reeducación, porque he sido bien educado. Como lo ha sido la inmensa mayoría de los varones, contra lo que sostiene el femi-fanatismo. Basta de acusar al género masculino, de condenarlo a priori, sin juicio, de amedrentar a los varones, de cancelarlos y amordazarlos.

 

Coronado trató de ovejas a todos los demás. Y razón no le falta. De hecho, muchos, y muchas, se pusieron el sayo y salieron en rebaño a cruzarlo. Un colega, un tal Guillermo Toledo, directamente lo insultó en redes. Sin mucha originalidad lo trató de “facho” (facha, como dicen en España).

 

Pero cuando Coronado dice que tuvo una buena educación “gracias a los principios instalados” por su familia y por su entorno, está desafiando el relato del feminismo de tercera ola que inventa un machismo estructural, generalizado, precisamente cuando éste ha dejado de existir.

 

“Quiero poder dejar pasar a una mujer delante de mí, cederle el paso sin que nadie me llame agresor, ¡o que digan de mí lo que quieran!, machista... pero, perdóname, yo creo que no es eso”, dijo el actor, y su alegato puede bien ser el de la inmensa mayoría de los hombres. Describió muy bien el clima que se vive por culpa de este feminismo desaforado: “Esto me da miedo y me da mucha pena. Lo hablo con mis hijos, sobre todo con mi hija, que tiene 20 años. Y ahora van con miedo a todo”.

 

Un diario aseguró que el actor recibió “numerosas críticas por su posicionamiento sobre el machismo” y que “sus palabras sobre la violencia hacia la mujer” habían generado “un gran revuelo”. Es el típico recurso del que no tiene argumento: responder a lo que no se dijo, ya que las palabras del actor nada tienen que ver con la violencia hacia la mujer, como perversamente quieren insinuar. Por caso, una escribió: “Una de las 48 mujeres asesinadas este año fue acuchillada frente a su hija de 3 años (...) Pero por favor, José Coronado, siéntate aquí y sigue contándome lo difícil que es todo para tí ahora”.

 

Cada vez que alguien critica a las feministas, ellas sacan a relucir un femicidio; en este caso, haciendo una perversa asociación entre la seducción y la violencia de género. Para el feminismo andrófobo, el galanteo es sí o sí el primer paso hacia el homicidio conyugal…

 

“La controversia está servida en un asunto tan delicado como la violencia hacia las mujeres”, escribió otro diario. Claramente, ese asunto “tan delicado” no era el motivo de la controversia, pero muchos medios están colonizados por la ideología de género. La gente, en cambio, reaccionó de otra manera: muchos respaldaron a Coronado por su valentía, ya que nada requiere más coraje hoy que contradecir al MeToo. Otros lo elogiaron por no “sucumbir al feminismo radical”. “Decir la verdad se ha vuelto revolucionario”, escribió uno.

 

“No ha entendido nada” fue otro título que le dedicaron, en un artículo que sostenía que el #SeAcabó se ha convertido en el nuevo #MeToo español tras el beso no consentido de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. ¿Es que acaso no vieron el video de la jugadora matándose de risa del piquito con Rubiales? Colgándose del brazo de él como novia que va al altar, y sumándose al coro “¡beso! ¡beso!” del resto del equipo para alentar a Rubiales a repetir el gesto ¡y es él el que se niega!!! Sin embargo, presionada por las funcionarias feministas, Hermoso fue a denunciar a su “agresor sexual”... Tiene razón Coronado: el #MeToo es terrible y el #SeAcabó lo es más todavía. Terrible e hipócrita.

 

Lo de Coronado, dicen, es la “reacción patriarcal” al #SeAcabó… Pacientes, le vuelven a explicar al rebelde que “un piropo no deseado puede incomodar a una mujer y eso sí es machista”. Uau. Y hay más: “Sostener una puerta a una mujer por el hecho de serlo, y no a un hombre, es machista”. Sin comentarios.

 

Como no bastó con las críticas de los medios, apareció Ángela Rodríguez, “Pam”: la número dos de Irene Montero, funcionaria que llegó a decir que no hace falta un registro de violadores porque “todos los varones lo son”. En esta ocasión, su comentario también fue ofensivo: “No tengo pruebas pero tampoco dudas de que cada vez que un hombre se queja de que ya no podrá piropear a una mujer por nuestra exagerada reacción lo que hacía no era precisamente piropear. Queridos Joses, llamar guapo a alguien no es un problema. ¿Seguro que fue eso?”

 

Otro comentario de Coronado fue su referencia a los “daños colaterales” de toda esta movida. “¿Qué daños colaterales?”, le preguntaron. “Para mí, el sentido del humor. O la cortesía y la seducción sana, que también están bajo sospecha. Ahora tenemos que andarnos con cuidado con todas estas cosas”, respondió.

 

¿En qué momento el feminismo se convirtió en esta inquisición hacia el varón? ¿En este ataque contra la masculinidad en toda la regla? La heterosexualidad es el nuevo blanco; se entiende, hay que buscar otro enemigo porque el patriarcado no existe, se cayó hace rato y no fue por una guerra de mujeres contra varones sino por la evolución de las sociedades y gracias a acciones mixtas, iniciativas de hombres y mujeres, no concesiones arrancadas por “ellas” a los varones explotadores, según el relato en boga.

 

La atracción entre sexos opuestos, al banquillo de los acusados. No es una realidad dictada por la biología, dicen, sino una imposición arbitraria. El sustento y la síntesis del patriarcado. La pareja varón-mujer no es el resultado natural de uno de los más sublimes sentimientos humanos -el amor- y del instinto de reproducción, sino una norma impuesta, un sistema de esclavitud para la mujer, una herramienta de dominación del hombre.

 

El historiador y sociólogo francés Emmanuel Todd publicó en 2022 un ensayo -”Où en sont-elles?” (¿En qúe andan ellas?)- en el que hace un repaso de todos los estudios antropológicos sobre las sociedades humanas desde el comienzo de los tiempos y de ellos surge claramente que “la monogamia, la pareja heterosexual, el eje varón-mujer, es la estructura dominante estadísticamente en la especie Homo sapiens desde su aparición hace 200 ó 300 mil años”. “La familia nuclear es casi tan vieja como la Humanidad”, concluye.

 

Pero para el feminismo radicalizado, el matrimonio heterosexual es un invento del monoteísmo y del capitalismo. No importa que la antropología y la etnografía hayan echado por tierra hace tiempo ese planteo. La heterosexualidad no es una construcción, ni mucho menos una conspiración de los varones contra la mujer; tampoco una imposición de la Iglesia que, como sabemos, en el relato mainstream del feminismo de tercera ola, tiene la culpa de todo.

 

El discurso anti-hétero, que en un tiempo era tímido, solapado, incluso negado, hoy es vociferado por el lesbo feminismo y el transgenerismo, corrientes que han copado el discurso en base a un falso relato. En agosto de 2020, se publicó en Francia un libro cuyo título es Moi les hommes, je les déteste (Yo a los hombres los detesto), un ensayo que los medios calificaron como “inofensivo”. Si es contra los varones no es discurso de odio. Si un hombre mata a una mujer es porque odia a todo el género femenino. A la inversa, no.

 

Otras perlas que han dejado las referentes de esta corriente extrema son, por ejemplo: “No tener marido me [preserva] de ser violada, golpeada, asesinada” (Alice Coffin, referente LGBT en Francia); “la heterosexualidad no es la manera natural de vivir la sexualidad, sino una herramienta política y social de subordinación de las mujeres a los hombres” (Beatriz Gimeno, ex directora del Instituto de la Mujer de España); “la pareja heterosexual es un factor de riesgo para la vida de las mujeres” (referente argentina del NiUnaMenos); “¿cómo puede alguien seguir siendo heterosexual?” (Maia Mazaurette, periodista francesa); “es escandaloso que el 75% de las mujeres prefieran la penetración a la autoestimulación” (la ya citada Ángela Rodríguez Pam, secretaria de Estado de Igualdad de España).

 

Jeremy Stubbs, director editorial adjunto de la revista francesa Causeur, hizo una reseña crítica de esta visión neofeminista de la heterosexualidad: “Según los ideólogos, el patriarcado no es simplemente una forma de organización socioeconómica, ya sea feudal o capitalista. Se basa en la sexualidad. Los hombres retienen a las mujeres por su sexo, persuadiéndolas de que se sienten atraídas por los hombres a cuyos intereses, tanto sexuales como económicos, deben servirlos”.

 

Recordemos la tesis delirante de la antropóloga Priscille Touraille: el varón primitivo privó a la mujer de alimento, de carne en particular, y eso explica la menor talla y fuerza del sexo femenino… Aunque usted no lo crea.

 

O sea, abolir el patriarcado es abolir la heterosexualidad. Por eso reaccionan con tanta violencia cuando detectan un varón. Por eso es más escandaloso el beso de Rubiales que la reincidencia de un violador. Por eso se persigue a los varones, se los deconstruye, se penaliza la mirada y el deseo masculinos, se criminaliza hasta el piropo. Como dice Coronado: la seducción está en problemas.

 

Los varones les hacen creer a las mujeres que ellos las atraen. ¡Es una trampa! Quieren esclavizarlas, explotarlas. Acá lo dice la (extrema) izquierda: machismo y capitalismo son más o menos lo mismo. Eso sí, de momento sólo luchan contra el primero; es fácil y sin riesgo.

 

Hoy este discurso anti-hétero invade los claustros de todas nuestras universidades. Contamina la ESI, la Ley Micaela y las “capacitaciones de género”.

 

El concepto de heteronormatividad, que tantas cabezas huecas repiten sin pensar, apunta a instalar esa teoría. Lo hétero determina las normas, que son opresivas obviamente.

 

Las redes se han llenado de videos de chicas explicando cómo se liberaron de esta heterosexualidad compulsiva, de esa obligación de sentirse atraídas por el sexo opuesto… Videos que incitan a los jóvenes a reflexionar e interrogarse sobre su sexualidad antes de que se la “imponga” la sociedad. Tutoriales para saber si se es hétero u homo.

 

“La estrategia para negar el carácter ‘natural’ de la heterosexualidad consiste en ver en ella el resultado de la propaganda patriarcal”, dice Stubbs.

 

Si el lesbianismo es la liberación, la mujer heterosexual es la contrarrevolucionaria, la traidora a la causa. Duerme con el enemigo. Ni hablar de la que está feliz en su rol de madre. Está sirviendo al patriarcado. No es por capricho que apelan a la terminología “persona gestante”, “persona menstruante”, etc. Es la forma de negar los roles femeninos.

 

Lo más grave es que esta negación del binarismo sexual, este relato sobre la dominación masculina están siendo inculcados a través de la ESI y desde preescolar. Se les dice a chicos de 4, 5, 6 años que ser nena o varón es lo mismo, que él o ella pueden ser lo contrario de lo que dice su naturaleza…

 

Es insólito, pero quienes denuncian la heterosexualidad por obligatoria quieren imponer a la fuerza el no binarismo. Por eso atacan a todo el que rechace el nuevo dogma.

 

Por eso se lanzaron sobre José Coronado. Por animarse a ir contra la corriente.

 

En Twitter, ahora Equis, alguien escribió que solo las mujeres podemos poner fin a este despropósito. Y sí, como escribí hace un tiempo, llegó la hora de que las mujeres defendamos la causa masculina. Y a los varones no deconstruidos.