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sábado, 2 de agosto de 2025

ENCUENTRO

 El Ateneo Cívico "José de San Martín", ha organizado una reunión en "Homenaje a Liniers, héroe nacional", que se efectuará el martes 12 de agosto, día de la Reconquista de Buenos Aires.

En la oportunidad, expondrán:

*Mario Meneghini: Liniers y las dos Argentinas

*María Rosa Marcone: Defensa de la vida y Orden Natural

*Aurelio García Elorrio: Control de legalidad y la honestidad

El encuentro se realizará en La Rioja 532 (Córdoba), desde las 18 hs., siendo libre el acceso.

miércoles, 14 de febrero de 2024

TOMÁS MORO

 

ARQUETIPO DEL OBJETOR DE CONCIENCIA (1)


(Consideramos oportuno publicar nuevamente este artículo, dada la situación especial que atraviesa nuestra patria.)

 

La objeción de conciencia constituye una forma de desobedecer al derecho positivo, motivada en razones éticas o religiosas (2). Enseña el magisterio de la Iglesia: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, adviertiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente” (3).


Precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, Santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana.


De profesión abogado, a los 27 años ya gozaba de gran prestigio, en los ámbitos profesional y cultural, cuando fue elegido para representar al condado de Londres en el Parlamento, comenzando su actuación en la función pública. Posteriormente, y en forma sucesiva, desempeña otros cargos: Sub-Sheriff de Londres, miembro del Consejo Privado del Rey, embajador en cortes europeas, Sub-tesorero del Reino, Canciller del Ducado de Lancaster y, finalmente, Canciller de Inglaterra. Este era el cargo de mayor jerarquía –equivalente a un primer ministro de hoy-, y el rey lo designa para ocuparlo, en un momento de crisis política y económica del país.


Como primer laico en ocupar este cargo –reservado habitualmente para obispos-, Tomás afrontó un período extremadamente difícil, esforzándose en servir al rey y al país. Fiel a sus principios, se empeñó en promover la justicia e impedir el influjo nocivo de quien buscaba los propios intereses en detrimento de los débiles. En 1532, no queriendo dar su apoyo a la pretensión de Enrique VIII de que Roma anulara su matrimonio, para volver a casarse, presentó su renuncia y se retiró de la vida pública.


Constatada su gran firmeza en rechazar cualquier compromiso contra su propia conciencia, el rey, en 1534, lo hizo encarcelar en la Torre de Londres dónde fue sometido a diversas formas de presión psicológica. Tomás Moro no se dejó vencer y rechazó prestar el juramento que se le pedía. Desde la prisión, le escribe a su hija Margarita: “A nadie impedí prestar el juramento; ni siquiera persuadí a ninguno para que lo resistiera. A nadie infundí escrúpulos por prestarlo, ni lo haré, sino que dejo a cada uno librado a su conciencia. Y encontraría razonable que se me permitiese seguir la mía” (4).


El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Esta es la luz que iluminó su conciencia. Y fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz.


La historia de Santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.


Cuando Moro acepta el sello de Canciller, en 1529, lo hace para intentar defender por medio de la acción lo que no puede sostener ya con la pluma. La aceptación de ese cargo ha sido considerado un error; pero, en realidad, no podía elegir. Antes de esa fecha, había explicado al rey Enrique VIII que no transigiría en materia de divorcio; sabiendo esto, el rey prometió darle libertad de conciencia y emplearlo en otros asuntos. Por eso, no podía eludir la aceptación, pues como enseña la Suma Teológica (5): “Si un hombre domina sobre los demás por su ciencia y virtud, sería un mal que no emplease en provecho de los otros su superioridad, según las palabras del Apóstol San Pedro: Cada uno debe emplear en beneficio de los demás la gracia que recibiera”.


Moro lo explicaba así: Desanimo y temor impiden a una persona realizar el bien para el que estaría capacitado si sumergiese su ánimo en la confianza de la ayuda divina. Muchas veces la cobardía se enmascara de humildad (6).


Moro creía que podría detener algunos de los desastres que preveía. Era el deber que él mismo había afirmado en su libro “Utopía”, en el diálogo con Rafael: Si no conseguís realizar todo el bien que os proponéis, vuestros esfuerzos disminuirán por lo menos la intensidad del mal (7).


Cumpliendo funciones en la corte, era natural para Moro obedecer al Rey y a su superior directo, el Cardenal Wolsey (8). Siempre actuó con lealtad, pero distinguía entre opiniones, que pueden ser discutidas, y certezas, cosas que tenía por seguras, por motivos de fe o de conciencia. La disconformidad parcial, no tenía por qué llevarlo a la desobediencia ni a la necesidad de renunciar. Moro consideraba que no tenía que justificarse ante Dios por la política de Inglaterra, sino únicamente por el cumplimiento honrado de sus funciones.


En el Libro Primero de la “Utopía”, sintetiza magistralmente su posición: Un buen actor encarna sus personajes de la mejor manera posible, sea cual fuere la obra que represente, pero no turba el conjunto con la mera finalidad de añadir un trozo mejor de otra. En esa forma conviene proceder cuando se interviene en los negocios del Estado y en los consejos de los príncipes. La imposibilidad de suprimir en seguida prácticas inmorales y corregir defectos inveterados no vale como razón para renunciar a la función pública. El piloto no abandona su nave en la tempestad porque no puede dominar los vientos (9).


Consideramos que la posición indicada coincide con la doctrina tradicional del “mal menor”. Como señala León XIII en la Encíclica Libertas: no pudiendo la autoridad humana impedir todos los males, debe permitir y dejar impunes muchas cosas que son, sin embargo, castigadas justamente por la divina Providencia (San Agustín, De libero arbitrio) (10). El Papa agrega que la tolerancia al mal es un postulado propio de la prudencia política.


Para alcanzar la prudencia, es inteligente pedirla a Dios, ya que se trata de una virtud y, según señala el P. Ribadeneira “así como el gusto estragado juzga mal de los sabores, así la voluntad estragada con alguna pasión se ciega y juzga mal de las cosas. Y por eso, dice Aristóteles que es imposible que sea prudente el que no es virtuoso” (11).


Contrasta la actitud de Moro con la de muchos hombres de hoy, inteligentes y honestos, que parecen creer que la acción cívica sólo se justifica cuando existen garantías de acceder al poder para aplicar íntegramente la sana doctrina. Como explicó Juan Pablo II: Para el cristiano de hoy, no se trata de huir del mundo en el que le ha puesto la llamada de Dios, sino más bien de dar testimonio de su propia fe y de ser coherente con los principios, en las circunstancias difíciles y siempre nuevas que caracterizan el ámbito político (Discurso, 4-11-2000).


El mismo pontífice, 31 de octubre del año 2000, proclamó a Santo Tomás Moro “Patrono de los Gobernantes y de los Políticos”, afirmando: Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de las virtudes (Carta de Proclamación).


Al respecto, debemos destacar que la Política debe ser regida por la virtud de la prudencia, no por el arte, ya que pertenece al campo de lo agible, no de lo factible. Como enseña Santo Tomás: el arte versa sobre las cosas factibles, es decir que están constituídas en la materia exterior, como la casa, el cuchillo y semejantes; y la prudencia, sobre las operables, a saber, las que están en el mismo operante (12).


El juicio prudencial debe evaluar la situación concreta del aquí y el ahora, y determinar la decisión de lo que debe hacerse y cómo hacerlo. Por ello Moro conserva su cargo de Canciller mientras parecía haber una mínima posibilidad de impedir el divorcio del rey. Exactamente hasta el 15 de mayo de 1532, en que se sometieron los obispos y el rey se declaró cabeza de la Iglesia de Inglaterra en lugar del Papa. A partir de entonces, continuar en el cargo hubiese significado complicidad, por eso renuncia ese día y no otro. Pero se va en silencio, sin criticar al rey; simplemente se abstiene de opinar. Varios años antes había escrito sobre la orden de Cristo a sus discípulos de que, si los perseguían en una ciudad huyeran a otra. Los cristianos, decía Moro, no deben perseguir el martirio y ponerse en riesgo de negar a Cristo por no poder soportar alguna tortura.


Con este sentido de la prudencia, asume el martirio, recién cuando no puede evitar hablar, porque para el rey y su nuevo canciller, sólo servía un Moro que callaba porque estaba muerto, o que vivía porque asentía.


Finalizamos con palabras de Juan Pablo II: Que por intercesión de Santo Tomás Moro todos los hombres y mujeres comprometidas en la vida pública se preocupen por el bien común y actúen siempre de acuerdo con la verdad y su conciencia (5-11-2000).


ACCIÓN; Boletín Nº 141 Córdoba, marzo 5 de 2011

 

NOTAS

1) Tomamos la expresión de Portela (ob. cit., p. 80).

2) Portela, ob. cit., p. 30.

3) Constitución pastoral Gaudium et Spes, 7-12-1965, nº 16.

4) Moro, Tomás. “Palabras de animación”; Buenos Aires, Editorial Guadalupe, 1980, pp. 56/57.

5) Suma Teológica, Ia. Iiae, c. XCVI, a. 4.

6) Moro,Tomás. “Consuelo en la Tribulación, II.13; cit. en “Palabras…”, ob. cit., p. 80.

7) Utopía; Buenos Aires, Sopena Argentina, 1944, p. 64.

8) No se priva Moro, sin embargo, a decirle al Cardenal: “Yo creo que los hombres de estado que renuncian a su propia conciencia en atención a sus deberes políticos, no hacen más que llevar a su país al caos por el camino más corto”.

9) Ibid., p. 64.

10) Encíclica Libertas; Nº 23.

11) Ribadeneira, P. Pedro de. “El Príncipe Cristiano”; Buenos Aires, Sopena Argentina, 1942, p. 147.

12) Suma Teológica; Cuestión XLVII, art. V.

 

Fuentes:

-Boletín Acción, Nº 53 (julio 2001).

-Juan Pablo II. Carta Apostólica en forma de Motu Propio, para la proclamación de Santo Tomás Moro como Patrono de los Gobernantes y los Políticos, 31-10-

-Portela, Jorge Guillermo. “La justificación iusnaturalista de la desobediencia civil y de la objeción de conciencia”; Buenos Aires, EDUCA, 2005.

-Prévost, André. “Tomás Moro y la crisis del pensamiento europeo”; Madrid, Ediciones Palabra, 1972.

lunes, 20 de febrero de 2023

UN SUTIL ATAQUE A LAS INSTITUCIONES

 

DEMOCRACIA VERSUS JURISTOCRACIA


La tendencia al constitucionalismo

 

Aleardo Laría Rajneri

 

El cohete a la luna, FEB 19, 2023

 

 

Desde principios del siglo actual se ha venido consolidando en el mundo anglosajón una fuerte corriente crítica del derecho que denuncia los excesos en que incurren los jueces que interpretan la Constitución al adoptar decisiones políticas disfrazadas de argumentación jurídica, recortando de esta manera los poderes de los Parlamentos. Estos textos no han sido traducidos al castellano, por lo que han tenido escasa difusión en el mundo latinoamericano a pesar de que abordan una problemática de rabiosa actualidad. El ensayo que ha alcanzado mayor difusión es Hacia la juristocracia (Towards Juristocracy, Harvard University Press, 2004) de Ran Hirschl, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Toronto. El politólogo canadiense ha examinado las reformas constitucionales que se han registrado en cuatro países —Israel, Canadá, la República de Sudáfrica y Nueva Zelanda— y que han tenido como resultado la restricción severa de la soberanía parlamentaria a través de la interpretación constitucional. Esto ha permitido a los jueces constitucionales revisar decisiones políticas importantes adoptadas en sede parlamentaria. En estos cuatro países, salvo Sudáfrica, no se establecieron tribunales constitucionales, sino que siguieron el modelo de los Estados Unidos, cediendo la interpretación constitucional a la cúspide del Poder Judicial. En opinión de Hirschl, este empoderamiento de la judicatura es una estrategia diseñada por las élites políticas para someter las decisiones políticas sobre temas sensibles al control de una suerte de tercera Cámara que revisa las medidas adoptadas por las Cámaras de diputados y senadores bajo la cobertura de hacer un estudio de constitucionalidad técnico y neutral.

 

¿Qué está impulsando este movimiento que santifica los textos constitucionales? Ran Hirschl argumenta que las élites políticas y económicas aceptan el activismo de los jueces constitucionales porque “estiman que les conviene respetar los límites impuestos por la intervención judicial en la esfera política”. Considera que este entusiasmo por la neo-constitucionalización del derecho se ve favorecido por la interacción entre tres grupos clave: las élites políticas que buscan preservar su hegemonía aislando a ciertas políticas del cambio; las élites económicas que lo ven como una forma de proteger el orden económico basado en el mercado, y las élites judiciales, para quienes una mayor constitucionalización aumenta su influencia política. Hirschl concluye que “el empoderamiento judicial a través de la constitucionalización no se desarrolla separadamente de las luchas sociales, políticas y económicas concretas que dan forma a un sistema político, dado que las instituciones políticas y jurídicas producen efectos distributivos diferenciales: privilegian a unos grupos e individuos sobre otros”.

 

En la misma línea del autor citado, la profesora húngara Béla Pokol, a través de su obra El Estado juristocrático (The Juristocratic State, Budapest, 2017) denuncia que la existencia de un derecho constitucional versus un derecho legislativo está provocando una duplicación del sistema legal. Si bien el régimen democrático —basado en las elecciones y en la competencia entre partidos políticos— permanece, está siendo horadado lentamente por un sistema de decisiones de los jueces constitucionales que apoyándose en unos principios abstractos dan lugar a una nueva capa de legalidad. En este segundo sistema, no estamos ante decisiones políticas abiertas, debatidas en los Parlamentos, sino que se presentan de manera neutral, como simple resultado de la interpretación constitucional. La Corte Suprema de los Estados Unidos, que ha estado a la vanguardia de la remodelación de la ley en asuntos como el financiamiento de campañas, la corrupción política, la manipulación y remodelación de distritos electorales, es el ejemplo más conocido. En este país, donde ya no resulta elegido Presidente el candidato que obtiene más votos en las elecciones, la constitucionalización de la política electoral amenaza con hacer avanzar el constitucionalismo a expensas de la democracia constitucional. Según Béla Pokol, que ha estudiado el caso de Hungría, ese nuevo poder de los tribunales constitucionales ha sido impulsado en los antiguos países comunistas por las élites de poder estadounidenses que, en base al trabajo de los expertos y las fundaciones norteamericanas, buscan la integración gradual de las Constituciones de cada país en una suerte de Constitución global unificada. Como resultado, desde finales de la década de 1980, una oligarquía constitucional global muy unida se ha organizado progresivamente enfrentando a los Parlamentos en los estados formalmente independientes, lo que ha dado lugar a la aparición de una «juristocracia que desplaza a la democracia».

 

Contra el constitucionalismo

Dentro de esta línea de pensamiento se destaca Martin Loughlin, profesor de Derecho Público de la London School Economist del Reino Unido, quien acaba de publicar un ensayo bajo el título Contra el constitucionalismo (Again the Constitucionalism, Harvard University Press, 2022) en el que argumenta que el constitucionalismo no debe equipararse a la democracia constitucional. Afirma que el constitucionalismo es un modo aberrante de gobernar que debe ser superado si se quiere mantener la fe en una democracia constitucional por lo que en su libro defiende la democracia constitucional contra el constitucionalismo. Su objetivo es mostrar que el constitucionalismo no es una simple amalgama de valores liberales, sino una filosofía de gobierno específica y profundamente conflictiva. Es una suerte de ideología, al igual que el socialismo, el liberalismo o el anarquismo. En su opinión el constitucionalismo se ha convertido rápidamente en la filosofía de gobierno contemporánea más influyente del mundo y en el principal medio a través del cual una élite aislada, mientras habla de labios afuera sobre los reclamos de la democracia, puede perpetuar su autoridad para gobernar sin contar con la voluntad popular. Esta tendencia mundial de empoderamiento judicial a través de la constitucionalización de los derechos es uno de los desarrollos gubernamentales más importantes de la era contemporánea. Armados con poderes recién adquiridos, los tribunales constitucionales están resolviendo una variedad de cuestiones políticas y de orden público que no hace mucho tiempo habrían estado estrictamente fuera de los límites de su jurisdicción. Una jurisdicción constitucional en constante expansión abarca ahora «asuntos de absoluta y máxima importancia política que a menudo definen y dividen a entidades políticas enteras».

 

Según Loughlin, el texto fundacional del constitucionalismo es el conjunto de artículos periodísticos de James Madison, Alexander Hamilton y John Jay recopilados en The Federalist Papers, publicado en 1787. El constitucionalismo es una teoría sobre la forma institucional considerada más apropiada volcada luego en un documento escrito que denominamos Constitución. Ese texto, teóricamente está redactado en nombre del pueblo y diseñado para contener los principios esenciales sobre los que se funda el gobierno de un Estado. Se reconoce al “pueblo” como autor de la constitución y la fuente última de la autoridad gubernamental, pero como se señala en el Federalist 10, para “refinar y ampliar la opinión pública”, las tareas reales de gobernar deben confiarse a un cuerpo representativo “cuya sabiduría pueda discernir mejor el verdadero interés de su país y cuyo patriotismo y amor de justicia será menos probable que la sacrifique por consideraciones temporales o parciales”. Para el constitucionalismo, una constitución no solo es una regulación del funcionamiento de las instituciones, sino que es la representación simbólica de la unidad nacional. En opinión de Loughlin, “impulsados por una revolución de derechos que fortalece dramáticamente el poder de los jueces, estos desarrollos han generado un concepto novedoso de legalidad constitucional que defiende una constitución invisible de principios abstractos que está adquiriendo rápidamente una influencia universal”.

 

En opinión de Loughlin, “la Constitución no debería ser enaltecida con reverencia santurrona y considerada como demasiado sagrada para ser tocada”. Si bien puede ser reivindicada como la expresión autorizada de todos aquellos que la consintieron en su tiempo, resulta más difícil extraer de un texto centenario la voluntad de las generaciones posteriores. “Si el Poder Judicial debe estar sujeto a reglas y precedentes estrictos, entonces el constitucionalismo comienza a parecerse a lo que Paine llamó ‘la autoridad de los muertos asumida en un manuscrito’. En forma coincidente, Thomas Jefferson, al adherir al principio de la soberanía popular, sostenía que el pueblo debe conservar el poder de revisar periódicamente la constitución y reafirmar su consentimiento. Por lo tanto, propugnó incorporar en la constitución una cláusula de caducidad por la cual debía renovarse cada generación lo que, según sus cálculos, significaba renovarla cada diecinueve años. Sostenía que ‘si la ley fundamental del régimen se basa efectivamente en la voluntad del pueblo, entonces una generación no debería poseer el poder de obligar unilateralmente a otra; buscar hacerlo equivaldría a un acto de fuerza, y no de derecho’”.

 

La Constitución invisible

El otro rasgo destacable del constitucionalismo norteamericano, seguido luego por la jurisprudencia de la Corte Suprema argentina, es que encomienda al Poder Judicial una tarea del todo novedosa, no prevista en la propia Constitución: la de discernir cuál es la “verdadera” voluntad del legislador constituyente. Como los textos constitucionales tienen declaraciones de intención y principios abstractos (libertad, justicia, equidad), en ocasiones desactualizados por el transcurso del tiempo, se genera una Constitución invisible, que solo aparece a partir de la libre interpretación de los jueces constitucionales, que bajo esta ficción se otorgan una amplia discrecionalidad en cuestiones de índole política altamente conflictivas. En la práctica, los jueces constitucionales terminan decidiendo como si fueran una tercera y última Cámara legislativa. El resultado es el debilitamiento de la democracia, al establecer una primacía de los jueces sobre el Congreso. En esta crítica no se cuestiona el ejercicio del poder de control cuando se trata de revisar el cumplimiento de los requisitos formales establecidos en la propia Constitución para el dictado de las leyes. Lo que se critica es el avance de los jueces constitucionales sobre el contenido intrínseco de las leyes dictadas por el Parlamento, dado que se trata de decisiones políticas que pretenden ser sustituidas por otras enmascaradas bajo disquisiciones jurídicas.

 

En la Argentina, Carlos Nino, en su obra La constitución de la democracia deliberativa (Editorial Gedisa, España, 1997) alertó tempranamente sobre el hecho de que el papel de los jueces en el constitucionalismo puede erigirse en una suerte de “elitismo epistemológico”. Señaló que “la perspectiva usual de que los jueces están mejor situados que los Parlamentos y que otros funcionarios elegidos por el pueblo para resolver cuestiones que tengan que ver con derechos parece ser la consecuencia de cierto tipo de elitismo epistemológico. Este último presupone que, para alcanzar conclusiones morales correctas, la destreza intelectual es más importante que la capacidad para representarse y equilibrar imparcialmente los intereses de todos los afectados por la decisión”.

 

Esta invasión de las competencias legislativas es muy evidente en la jurisprudencia de la Corte Suprema de la Nación. Por razones de espacio ofrecemos solo algunos ejemplos. El caso más espectacular, sin duda, ha sido la “declaración de inconstitucionalidad” de una norma clarísima impuesta en la reforma de 1994, que establece la obligación de los jueces federales de revalidar su nombramiento al cumplir 75 años. Carlos Fayt, que había sido nombrado en el año 1983, presentó un amparo para poder continuar en el cargo y en 1999 la Corte declaró “la nulidad de la reforma introducida por la convención reformadora de 1994 en el art. 99, inc. 4, párrafo tercero y en la disposición transitoria undécima al art. 110 de la Constitución Nacional”. Otra decisión trabucaire ha sido la derogación de la ley de impuesto a las ganancias aplicable a los jueces nacionales mediante el uso de una acordada (Acordada 20 del año 1996). Last but not least ha sido la declaración de inconstitucionalidad de la ley 26.080 reguladora del Consejo de la Magistratura, disponiendo la vigencia de una ley anterior derogada por el Congreso, una medida de tal audacia que no registra antecedentes en el derecho comparado.

 

Frente a estos inauditos avances sobre la soberanía parlamentaria, el profesor Martin Loughlin ofrece una respuesta a la pregunta formulada hace muchos años por Bertolt Brecht: “Todo poder viene del pueblo, pero ¿adónde va?”. Señala el jurista canadiense que estamos descubriendo una respuesta desconcertante: “Los jueces ahora tienen el poder de determinar las condiciones del derecho político y, al hacerlo, se han arrogado el papel fundamental de supervisar el proceso político de una nación”.

lunes, 25 de abril de 2022

ALBERTO BÁRCENA

 

 “Muchos políticos profesan la fe, pero como algo privado. Son católicos vergonzantes”


Javier Navascués, el 21.04.22


Caballero del Pilar (Infocatólica)

 

El profesor Alberto Bárcena, licenciado en Derecho y doctor en Historia, es un reputado intelectual, experto en Doctrina Social de la Iglesia, masonería y Nuevo Orden Mundial (NOM) por destacar solamente alguno de los temas más representativos. Profesor universitario, escritor y conferencista de renombre, estará presente el próximo 13 de mayo en Madrid, en la presentación de la re-edición del libro El Liberalismo es Pecado, junto a Mn. Athanasius Schneider (que prologa el libro) y al prestigioso pensador Javier Barraycoa. Analiza brevemente lo que supone la visita del mencionado prelado en el actual momento que atraviesa España.

 

¿Cómo valora la visita de un prelado como Mons. Schneider a España y más el 13 de mayo?

 

Como una excelente ocasión para prestar atención a alguien que se caracteriza por la fidelidad a la doctrina de la Iglesia, que ha hablado siempre sobre dicha doctrina con una claridad y contundencia verdaderamente encomiables y que ha edificado a muchos precisamente con esa claridad. Que sea un 13 de mayo, coincide con una fecha importante en la historia de la salvación como son las apariciones de Fátima, con todo lo que la Virgen avisa que puede ocurrir o que va a ocurrir si no nos enmendamos. Un mensaje muy contundente sobre la eficacia de la oración, la eficacia del sacrificio, del ofrecimiento de obras, en definitiva de la reparación de todo el pecado que ya entonces se estaba adueñando de la civilización occidental. Así que la coincidencia del viaje con el 13 de mayo puede ser una señal para que pongamos especial interés o atención en esta visita, en lo que se va a decir en ella porque tiene mucho que ver con la historia de la salvación también.

 

¿Qué supone para usted estar junto a este prelado y a Javier Barraycoa en la presentación de la re-edición del clásico El Liberalismo es Pecado?

 

Me parece una responsabilidad importante y pido la asistencia del Espíritu Santo para estar en línea con Monseñor y con Javier Barraycoa también y poder transmitir también esa claridad e introducir el tema en la medida que a mí me corresponda y darle pie, sobre todo a Monseñor, para que desarrolle las ideas que en ese prólogo del libro ha incluido y en lo que viene defendiendo hace ya tiempo.

 

Muchos ven en el liberalismo el germen de la mayoría de los males modernos, pues da derechos al mal y al error…

 

Es así, que duda cabe que el liberalismo parte del relativismo moral. Podríamos remontarnos a Lutero, en cuanto a la libre interpretación que él defiende. Se ve más claramente en la Ilustración. En el siglo XVIII la ley natural es totalmente apartada. Es más, uno de los autores principales, Rousseau, dice que la legitimidad procede únicamente de los acuerdos, luego ha quitado ya a Dios de en medio. Y los acuerdos además son mudables. Rousseau está muy presente en el pensamiento actual. En 1948 el primer presidente de la UNESCO, Julian Juxley, decía exactamente lo mismo, que nada era eterno ni inmutable en ética. Osea que ese concepto roussoniano de que los acuerdos son la única fuente de legitimidad, es lo que viene presidiendo el pensamiento único, el pensamiento revolucionario, desde el siglo XVIII hasta el presente.

 

Y el liberalismo ha sido el gran enemigo de la tradición católica, condenado en numerosas ocasiones por el Magisterio de la Iglesia.

 

En muchas. El poder mismo no es más que en un brote de un liberalismo llevado al extremo, condenado por San Pío X. Pero es que ya antes Pío IX en la encíclica Quanta Cura y el documento anexo que desarrolla esta encíclica, el Syllabus, ya enumera todos los errores que vienen del liberalismo. Y habla de ochenta y tantos errores…Todos estos errores siguen hoy en vigor, por más que haya sectores en la Iglesia que hayan condenado el Syllabus como una especie de reacción integrista y fundamentalista.

 

¿Por qué el Syllabus no se puede derogar?

 

Porque lo que condena como errores del liberalismo es indiscutible que lo son. Habla del naturalismo, del materialismo, en definitiva del rechazo a Dios, del rechazo de la dimensión espiritual del hombre, que eso está en el liberalismo en diferentes grados. También podíamos hablar de los grados del liberalismo, pero hay uno de tercer grado, que hoy en día es muy común entre católicos, que es el de vivir la fe en el espacio estrictamente privado, pero no en el público. Y eso es quitar a Dios de la vida pública con la gravedad que eso tiene. En primer lugar la dejación de la obligación del cristiano de dar testimonio de su fe. Ese liberalismo de tercer grado entre católicos hoy en día está divulgadísimo. Incluso hay algunos que a veces profesan su fe católica, pero luego dejan claro que eso es una cuestión absolutamente privada. Esto en política se ve mucho. Son algo así como cristianos vergonzantes.

 

Igualmente se inaugura la asociación Luz de Trento, sin duda inspirada en un referente del mejor momento del catolicismo en España.

 

Desde luego el Concilio de Trento supuso un antes y un después porque vino a contestar a todos los errores de Lutero, que acababa de destruir la unidad de la cristiandad, dejando la simiente de la herejía. Y de esa herejía luterana van a surgir luego múltiples divisiones que destruyen el depósito sagrado de la fe en una buena proporción. Los sacramentos prácticamente desaparecen. Queda el Bautismo y él dice que la Eucaristía, pero no es verdad, tampoco queda la Eucaristía. Los sacramentos del Orden, la Penitencia etc. desaparecen por completo. Trento viene a clarificar la posición de la Iglesia. No dice nada nuevo porque dice lo de siempre, pero se reafirma y desarrolla los rasgos propios de cada sacramento. Viene a refutar todos los errores de Lutero y sus seguidores. Incluso les da la razón en lo que la tienen, que es bien poco, porque es gravísimo lo que dicen después. Son cristianos, sí más o menos son cristianos, unos más que otros, pero han arrancado a la sociedad cristiana occidental prácticamente todos los canales de la gracia, que son los sacramentos.

 

Igualmente niegan la tradición dogmática. Trento no viene más que a aclarar y a reforzar y aunque no fue un concilio que consiguiese la reunificación entre católicos y protestantes, sí que fue un concilio que hizo un enorme bien a la Iglesia porque toca todos los temas y a partir de ahí la Iglesia adquiere una fortaleza e incluso vuelve a evangelizar territorios que se habían hecho protestantes y en el mundo católico se hace una labor importantísima que refuerza la fe y la mejor tradición, la verdadera tradición dogmática, que viene desde los Padres de la Iglesia.

 

Por último, ¿qué importancia tiene que un prelado de la gravedad y el peso de Monseñor Schneider rece ante el mismo Congreso de los Diputados por la conversión de los políticos, ahora que están desatadas las leyes inicuas como criminalizar el rezar delante de un abortorio?

 

Me parece muy oportuno porque al final lo que estamos viviendo no es más que un episodio del combate espiritual que viene librándose desde el pecado original, de manera ininterrumpida. Como dice San Pablo no luchamos contra la carne ni la sangre, por lo tanto las armas más importantes que tenemos a nuestra disposición son espirituales, es la oración. Más fuerte que eso no hay nada y además el ejemplo de que se rece delante del Congreso por la conversión de quienes tienen en sus manos seguir debilitando, corrompiendo y destruyendo la sociedad, es un ejemplo magnífico de lo que tenemos que hacer todos, en grupo y en la calle, no hay porque ocultarse. No podemos ser católicos vergonzantes. Si se consiguiera la conversión, por lo menos de algunos, de los políticos que están ahí, supuestamente, representando a la sociedad española, sería, desde luego, un logro enorme. El Rosario es una arma importantísima dentro de lo que es la oración y la oración en común también tiene una fuerza especial. Así que me parece una excelente iniciativa, verdaderamente inspirada.

viernes, 28 de junio de 2019

GOMEZ CENTURIÓN



"En un ballottage, votaría a quien vete el aborto"
La Nación, 28 de junio de 2019 
Tras denunciar presiones del Gobierno para "bajarlo" de la carrera presidencial, el exfuncionario de Cambiemos y precandidato del frente NOS, Juan José Gómez Centurión, ratifica su candidatura y redobla la apuesta: no garantiza su apoyo a Mauricio Macri en el ballottage, a menos que marque una postura clara en contra de la legalización del aborto .
En una entrevista con LA NACION en su búnker de San Isidro, el extitular del Banco Nación es consciente de que Cambiemos teme un drenaje de sus votos hacia la derecha en las PASO, lo cual podría perjudicar la posición del oficialismo ante las elecciones enerales. Asegura que el Gobierno, con el que tuvo varios roces desde 2015, "no entiende" su "lucha contra la ideología de género". Y remarca que continúa en carrera para "transformar la lucha social por la vida en una fuerza política capaz de frenar leyes que van en contra de la familia".
Según sus cálculos, basados en encuestas propias, lograría "entre el 6 y el 8 por ciento" de los votos.
Cuatro meses después de alejarse del Gobierno, Gómez Centurión remarca que su amiga Elisa Carrió, con quien no habla desde marzo, no lo contactó para disuadirlo de bajarse.
-¿Tiene diálogo con el Gobierno?
-Sí, hablo con algunos funcionarios que frecuentan mi círculo social.
-¿Con quiénes?
-No importan los nombres, pero me doy cuenta de que el Gobierno no entiende qué estamos haciendo, no entiende nuestra lucha contra la ideología de género.
-¿Qué es la ideología de género?
-La sexualidad es una realidad biológica. Cada uno la usa como quiere, es un tema individual. Pero el género es una abstracción social de la sexualidad. Y cuando te lo quieren imponer a través de una ley, es el Estado el que hace ingeniería sexual. Detrás del género siempre está el Estado.
-¿Habló con el Presidente desde su salida? ¿La relación está quebrada o podría retomarse?
-No hablo con Mauricio desde el 1º de marzo, cuando le comuniqué mi salida, en defensa de la vida. Cuando te vas de un espacio político, no es que se rompen las relaciones, sino que se bifurcan. Yo nunca tengo problemas personales cuando planteo un tema. No lo hago como objeción a la persona, sino al método, a los resultados o los discursos. Y supongo que para él es igual conmigo, no debe estar de acuerdo con lo que yo digo.
-¿Carrió intervino para que decline la carrera presidencial?
-No, no. No hablo con Carrió desde el verano. Ella no me dijo nada de esto.
-¿Cuál cree que será su performance en las PASO?
-Las encuestadoras no nos miden, hay un mecanismo armado para ocultarnos, pero nuestros propios sondeos nos dan entre el 6 y el 8 por ciento.
-En caso de que hubiera una instancia de ballottage entre Macri y Fernández, ¿a quién llamaría a votar?
-Al candidato que garantice el veto del aborto, respecto de una ley.
-¿Y si ninguno de los dos lo garantiza?
-Entonces quedará en la conciencia de cada votante. Hay gente que cree que la gente es boba, que se puede manipular. Pero la gente decide, más que los dirigentes.
-¿Usted a quién votaría?
-No lo sé.
-¿Por qué no hubo acuerdo con Espert?
-Yo traté, durante cuatro meses, de generar un acuerdo. Pero me parece que él veía más diferencias entre nuestros espacios que yo. Los espacios se abren y mi rol es ampliar el debate. El diálogo, incluso la confrontación, sirven para eso. Con Luis tenía diferencias. Una de ellas era su opinión sobre el aborto. Otra era por Malvinas. Así y todo, yo creía que con ciertos límites podíamos armar un espaciode debate muy interesante. A veces esta no es la visión de todo el mundo y tiene que ver con el proyecto personal de cada uno.
-¿Cómo se financia?
-Con pymes, empresas chicas.
-¿Cuál es el tema central de su campaña?
-La defensa de la vida y el rescate de la Argentina del fracaso de sus valores. Queremos transformar la lucha social por la vida en una fuerza política capaz de defender los valores y la familia.
-¿Utilizará el tema de Malvinas en su campaña?
-Está dentro de la temática de la política exterior, en la proyección natural hacia el continente antártico. Está en el ámbito del futuro. Trato de no manipular sentimentalmente Malvinas, porque estoy muy dentro de ese tema. Y usarlo en la campaña me parecería una manipulación afectiva. Obviamente, tengo un vínculo muy cercano, por el tema de los muertos.

domingo, 25 de febrero de 2018

LA MORAL TAMBIÉN JUEGA




Sergio Sinay

*Periodista y escritor.

Perfil, 25-2-18

Un curioso argumento se repite en torno de los miembros del gobierno nacional que van apareciendo como protagonistas de conductas inapropiadas (por decirlo de un modo elegante). A medida que asoman cuentas, depósitos y empresas en paraísos fiscales, a poco que se comprueban conflictos de intereses o que quedan en la niebla cuestiones vinculadas a oscuras comisiones, como las de Odebrecht, a equívocas compraventa de empresas de energía eléctrica o a vinculaciones con líneas aéreas low-cost que ganan rutas generosamente, se dice y se repite que nada de eso importa, porque se trata de hechos anteriores al de-sempeño en la gestión pública de las personas involucradas.

Quizás esta coartada sea otra creación del sofista, o los sofistas, que pergeñan la comunicación oficial, maquillan la imagen gubernamental cuando se deteriora o pescan ideas en esos estanques llamados “focus groups”. Y puede ocurrir que, para alguna o para mucha gente, sea suficiente. Sin embargo, suena como esos panegíricos post mortem que convierten a cualquiera, incluso a comprobados corruptos, perversos o delincuentes, en personas llenas de virtudes. Recuerdan al título de La muerte le sienta bien, aquella aguda comedia de 1992 con Meryl Streep y Goldie Hwan, dirigida por Robert Zemeckis. En este caso pareciera que pertenecer al elenco gubernamental sienta bien, borra acciones de la pasada vida privada y convierte a todos en virtuosos. Estar en el “mejor equipo de los últimos cincuenta años” equivaldría entonces a una mágica transformación.

La filósofa Mary Warnock, miembro de la Cámara de los Lores y de la Academia Británica, y autora de un célebre informe sobre política educativa, sostiene en su ensayo Guía ética para personas inteligentes, que la moral privada debe preceder siempre a la moral pública. Es decir, que no nos convertimos en sujetos morales al acceder a lo público, sino que los principios de una ética que responda a la moral se constituyen desde temprano en la vida privada, mientras crecemos y construimos nuestra identidad. Esto no solo es válido en el sentido cronológico, sino también cualitativamente.

Como la moral pública es un contrato social por el cual un colectivo humano acuerda ejercer ciertos deberes, respetar ciertos derechos y convivir bajo ciertas normas y reglas, aunque no estén escritas, esa moral, dice Warnock, reflejará qué tipo de ética, de conductas y de principios predominan entre los individuos que integran la sociedad. O, según dijo allá lejos y hace tiempo Hermes Trismegisto (el tres veces grande), personaje sabio y misterioso asociado al dios egipcio Thot, como es adentro es afuera, como es en lo pequeño es en lo grande y como es abajo es arriba. 

De manera que, mientras en la piel del Gobierno empiezan a aparecer erupciones sospechosas desde el punto de vista ético y moral, el argumento de que se trata episodios de una vida anterior (la privada) no es tranquilizador ni aceptable.
Tampoco es coherente que, en el caso de ministros y funcionarios que caminan por cornisas morales muy delgadas, se apele, desde el Gobierno, al argumento de “dejar actuar a la Justicia”, mientras en otro punto, como el del policía Chocobar (un hombre de puntería inusual entre sus colegas) el mismo Presidente salga a cuestionar a la Justicia. Esto no solo revela un doble estándar, sino que, en el caso del policía, aparece como preocupante síntoma de populismo. Como si alguien, algún sofista de cabecera otra vez, hubiera aconsejado decir “lo que la gente quiere oír”. Pero la moral no tiene que ver con lo que se quiere, sino con lo que se debe.

Cuando se tiene una visión y un pensamiento sesgados hacia lo económico (y hacia un modelo único además), se suelen despreciar las cuestiones morales. Sin embargo, las caídas más estruendosas, si se repasa la historia, se debieron más al hartazgo moral de las sociedades que a los fracasos económicos. Sin ir más lejos, ocurrió aquí en 2015. Es decir, la moral cuenta más de lo que algunos creen. Y pasa sus facturas.