martes, 9 de junio de 2026

LEÓN XIV


reafirma los principios no negociables en el Congreso español

 

Stefano Fontana

 

Brújula cotidiana, 09_06_2026

 

 

Ayer, 8 de junio de 2026, el Papa León XIV ha pronunciado un largo y sustancioso discurso ante el Congreso de los Diputados, donde se ha reunido con los miembros del Parlamento español, que le dedicaron un largo aplauso al final de su intervención. En los viajes pontificios, los discursos ante los parlamentos de las naciones visitadas son momentos de gran relevancia en el ámbito de la Doctrina Social de la Iglesia y se refieren directamente a la relación entre la fe católica y la vida política, entre la Iglesia y el mundo. Al igual que ocurrió con los discursos de Benedicto XVI en el Westminster Hall de Londres (2010) y en el Bundestag de Berlín (2011), también este discurso de León supone una profundización adicional de esta relación y, por lo tanto, hay que leerlo con atención.

 

En las últimas décadas, España ha vivido un proceso acelerado y radical de secularización que ha supuesto el fin de la anterior sociedad cristiana y también el derrocamiento de la ética pública, como siempre ocurre en estos casos. La laicización ha generado un nihilismo moral, sobre todo tras la introducción de leyes contra la vida y la familia. Recientemente, las aperturas a un posible “redimensionamiento” de la inviolabilidad del secreto sacramental de la Confesión han ido acompañadas del proyecto de incluir en la Constitución el derecho al aborto, como ya ocurrió en Francia. El Papa se ha dirigido a esta España, que ya no es una nación cristiana, y lo ha hecho siguiendo tres líneas temáticas: en primer lugar, ha recordado la historia cristiana de la nación, durante la cual la Iglesia y la religión católica han animado una civilización luminosa; a continuación ha descrito el marco de principios y valores que, incluso tras ese periodo de cristiandad, deben mantenerse como expresión de la naturaleza del hombre; y por último, ha hablado de lo que la religión aún puede aportar a la sociedad española si se le concede libertad.

 

En cuanto al primero de estos puntos, León ha recordado a Don Quijote, a santa Teresa de Ávila, a Miguel de Unamuno, a la Escuela de Salamanca, en particular la obra del fraile dominico Francisco de Vitoria, que contribuyó a fundar el derecho internacional moderno sobre el “valor irreducible de todo ser humano y sobre los límites morales del poder”. En realidad, el pensamiento de Vitoria no era moderno, sino que seguía vinculado a una visión interna de la societas christiana, y la justa apelación a él no debe llevar a superponer el derecho natural cristiano y el derecho moderno de los Estados soberanos. A este respecto, al Papa León se le escapa un “mea culpa” por la Iglesia, que no habría estado completamente a la altura de esta tradición, al igual que en la Magnifica humanitas había pedido perdón por el retraso con el que había luchado contra la esclavitud: afirmaciones poco fiables desde el punto de vista histórico. Aparte de esto, el Papa ha hecho bien en recordar esta historia pasada, al decir que “pertenece a las grandes herencias de España”.

 

El paso al segundo punto indicado anteriormente se produce precisamente en torno a la inviolabilidad de la persona humana como criterio último de la justicia, inviolabilidad en la que convergen la Revelación y la razón, que “puede reconocerla como exigencia inscrita en la verdad del hombre”. La parte más sustancial del discurso se ha centrado precisamente en dirigir “una palabra fuerte y decidida a quienes tienen la gran responsabilidad de ordenar jurídicamente la convivencia social”.

Estas palabras “fuertes y decididas” se refieren a la defensa de la vida humana en todas sus fases, y que no “deja en la sombra a un niño aún no nacido”; posteriormente, la protección de la familia, “primera realidad humana y fundamento natural de la comunidad”; y, por último, la educación, en la que hay que “respetar siempre el derecho primario e inalienable de los padres a elegir el tipo de instrucción y formación que se impartirá a los hijos”.

No hay duda de que en este discurso se reiteran de manera inequívoca los “principios no negociables”, aunque sin llamarlos así. Esto es válido incluso si el discurso pasa inmediatamente a hablar del “trágico drama migratorio”, equiparándolo a los tres anteriores, mientras que entre ellos hay una diferencia notable, dado que en los tres primeros nos encontramos ante absolutos morales negativos. Resulta interesante, sin embargo, el realismo con el que se ofrecen indicaciones para abordar el problema: que haya “posibilidades reales de integración” y que se promueva “el derecho a permanecer en la propia tierra”.

 

El tercer punto ha llevado al Papa León a reflexionar sobre las sociedades democráticas y su concepto de libertad, sobre todo de la libertad religiosa. León aborda la cuestión no basándose en los derechos del catolicismo, sino en la libertad de religión, para la cual “la fe no pretende imponerse con privilegios o coacciones; sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio”.

 

Aquí se abre una cuestión relevante en la que hay que profundizar. A pesar de la referencia inicial a la contribución del catolicismo a la grandeza de la civilización española, a pesar de las observaciones finales del Papa que, inspirándose en los frisos y pinturas que adornan la sala de las Cortes, ha recordado que “la libertad moderna fue preparada también por una larga educación de la conciencia, profundamente marcada por la tradición cristiana”, en el discurso no surge ninguna referencia directa a la religión católica como religio vera que desempeña por tanto un papel único en la purificación de la razón política, y que no estámotivado únicamente por razones culturales e históricas.

Cuando se reivindican sus derechos, se hace solo en referencia al principio de la libertad religiosa, es decir, con un criterio válido para todas las religiones, y utilizando las palabras fe o religión en sentido general. Pero si el catolicismo es la religio vera y si, por ello, la política lo necesita, su posición en la vida pública cambia, tanto respecto a la autoridad como a las demás religiones. En este punto se observa cierta diferencia con Benedicto XVI y sus discursos ante otros parlamentos.

LAS PARTERAS BONAERENSES


 PRESCRIBIRÁN FÁRMACOS ABORTIVOS

 

NOTIVIDA, Año XXVI, Nº 1417, 9 de junio de 2026

 

El Ministerio de Salud bonaerense, en conjunto con el Consejo Asesor de Políticas en Equidad de Género, consensuó un nuevo vademécum obstétrico que amplía las competencias de las licenciadas en obstetricia, habilitándolas a prescribir abortivos.

 

El documento cuenta con el aval de diversas organizaciones del sector, entre ellas: FUSA, CELS, CEDES, REDAAS, Amnistía Internacional, la Asociación Médica Argentina de Anticoncepción (AMADA), la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (SOGIBA), la Sociedad Argentina de Ginecología Infanto Juvenil (SAJIG), la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir, además de otras asociaciones vinculadas a la temática.

 

Desde hace años el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) impulsa la sanción de una Ley de Ejercicio de la Obstetricia que otorgue a las parteras la facultad de prescribir —y no sólo dispensar— los medicamentos incluidos en el vademécum obstétrico, entre ellos los abortivos.

 

La expectativa era que una norma nacional generara un efecto “cascada” y obligara a las provincias a adecuar su regulación. Sin embargo, el proyecto que obtuvo media sanción en 2019 perdió estado parlamentario tras fuertes cuestionamientos, ya que redefinía competencias tradicionalmente reservadas a los médicos y fue rechazado por numerosas asociaciones profesionales.

 

Desde entonces, la estrategia se trasladó al ámbito provincial, con el trabajo articulado del UNFPA, CEDES y REDAAS. Como resultado, varias jurisdicciones ya permiten que las obstétricas prescriban directamente fármacos abortivos, sin necesidad de intervención médica.

 

Neuquén lo hizo con la Disposición N. 465/2023 del Ministerio de Salud provincial.

 

Mendoza con el Decreto N.º 2088/2024 del Ministerio de Salud y Deportes provincial.

 

Jujuy con la Resolución 082-2025 del Ministerio de Salud de la provincia de Jujuy.

 

A fines de 2024 Entre Ríos autorizó a las parteras a prescribir medicamentos, pero aún no actualizó el vademécum.

domingo, 7 de junio de 2026

RAÍCES DOCTRINARIAS DEL JUSTICIALISMO

 


Boletín Acción, Nº 145, 26-6-12

 

La lectura de un artículo del filósofo Silvio Maresca, nos motivó a publicar este breve comentario. No cabe duda que una frase de Perón citada por el autor mencionado [1], se inspira en la Carta Apostólica de Pablo VI, Octogesima adveniens [2]. Esto no es algo meramente casual, sino que responde a una coincidencia de fondo entre el Justicialismo como doctrina política y el cristianismo.

 

En el documento que se considera como el testamento político del general Perón, el Modelo Argentino para el proyecto nacional, presentado oficialmente ante la Asamblea Legislativa el 1 de mayo de 1974, se encuentran varias definiciones que muestran con claridad lo afirmado anteriormente y que conviene recordar:

 

      “Existe una cabal coincidencia entre nuestra concepción del hombre y del mundo, nuestra interpretación de la justicia social y los principios esenciales de la Iglesia.

 

      Un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, realizando su existencia como sujeto histórico que desempeña en el mundo una mística espiritual entre los seres de la Creación.

 

    En este sentido, no sólo los principios filosóficos guardan plena coherencia; la Iglesia y el Justicialismo instauran una misma ética, fundamento de una moral común, y una idéntica prédica por la paz y el amor entre los hombres”.


   "No pretendo evaluar integralmente la concepción de la Iglesia a los propósitos de un modelo temporal como es el Modelo Argentino. Pero estoy seguro, eso sí, que el llamamiento de las cartas encíclicas, las constituciones pastorales y las cartas apostólicas –particularmente las más recientes- constituyen para nosotros un aporte claro y profundo. Pienso que, en este terreno, el Modelo Argentino sólo necesita que ese mensaje sea adoptado eficientemente.

      Presento un Modelo Nacional, Social y Cristiano."

 

     "La ruta que debemos recorrer positivamente es la misma que definen las Escrituras: un camino de fe, de amor y de justicia, para un hombre argentino cada vez más sediento de verdad." [3]

 

Los conceptos transcriptos guardan coherencia con lo que un cuarto de siglo antes, Perón había expuesto en la Doctrina Peronista:


       “El cristianismo, que constituyó la primera gran revolución, la primera liberación humana, podría rectificar felizmente las concepciones griegas, pero esa rectificación se parecería mejor a una aportación.

      Enriqueció la personalidad del hombre e hizo de la libertad, teórica y limitada hasta entonces, una posibilidad universal (…).

      Lo que le faltó a Grecia para la definición perfecta de la comunidad y del Estado fue, precisamente, lo aportado por el Cristianismo: su hombre vertical, eterno, imagen de Dios”. (4)


En un momento de crisis profunda de la sociedad argentina, 43 ciudadanos destacados de la cultura y de la política –Grupo Consensos-, firmaron un manifiesto [5], en el que destacan que, al margen de preferencias partidistas, el núcleo básico de la doctrina política del justicialismo puede ser compartido hoy por muchos, y contribuir al esclarecimiento de los dirigentes, sin desconocer los errores y desviaciones ideológicas de quienes han pretendido aplicar dicha doctrina en el pasado.


Precisamente, en la actualidad asistimos a una profunda embestida cultural que pretende destruir desde el gobierno nacional, las mismas bases de la nación argentina, en abierta contradicción con los principios del justicialismo.

 


 [1] “ La apelación a la utopía es, con frecuencia, un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas .”: Modelo argentino para el proyecto nacional; citado por Silvio Maresca, “Incursiones intempestivas políticamente incorrectas”, en revista Consensos, Nº 2, junio 2012, p. 68.

[2] "La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas"; Octogesima adveniens, 1971, pág. 37.

[3] Modelo Argentino, pp. 135 y 136.

[4] Perón, Juan Domingo. Doctrina Peronista; Buenos Aires, Ediciones Macacha Güemes, 1973, p. 67.

[5] Grupo Consensos. Hacia la comunidad organizada del siglo XXI, 2012.

martes, 2 de junio de 2026

CAÍDA SOSTENIDA


 del catolicismo en Argentina y un aumento de personas sin religión

 

Brisa Bujakiewicz


Infobae, 02 Jun, 2026

 

El catolicismo en Argentina dejó de ser la referencia dominante en la identidad religiosa. Así lo reveló un reciente informe del Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina presentado por el Observatorio de las Creencias de la Universidad de Buenos Aires. El mismo confirma una transformación estructural: el porcentaje de católicos sigue en descenso, mientras aumenta de manera sostenida el número de personas sin filiación religiosa.

 

“Uno de los hallazgos más importantes del relevamiento tiene que ver con esta tendencia declinante del catolicismo”, explicó en Infobae en Vivo Al Amanecer Juan Cruz Esquivel, investigador principal del CONICET a cargo del estudio.

 

En Argentina, el catolicismo aún representa la confesión mayoritaria, con 57,7% de quienes se identifican religiosamente. Sin embargo, esta proporción dista mucho del 90% de la primera mitad del siglo XX. “Desde el año 1960 que se registró en el último censo de población la pregunta sobre religión, representaba el 90% de los argentinos", indicó Esquivel.

 

Y como contrapartida, precisó el investigador, hay un “crecimiento de dos grandes grupos. Por un lado, el campo evangélico, con sus múltiples denominaciones, que representa el 17,4%, y los llamados sin filiación religiosa, que no son solamente ateos o agnósticos, sino es un conjunto de personas que se consideran creyentes, que tienen prácticas espirituales, pero que a la hora de preguntarles cuál es su religión, dicen: ‘Ninguna’“, detalló.

 

Las personas sin filiación religiosa alcanzan actualmente 22,4%, constituyendo el segundo grupo más numeroso. Este cambio marca el quiebre de la matriz única que definió la vida social argentina durante décadas. Los evangélicos ocupan el siguiente puesto, con 17,4%, consolidando su presencia como la segunda identidad religiosa organizada más importante. "Es un fenómeno que no solo crece en Argentina, sino en el mundo entero", comentó Esquivel.

 

El informe identifica al recambio generacional como el principal motor de cambio. Sólo 44,6% de los jóvenes entre 16 y 29 años se declara católico, mientras que 31% no adscribe a ninguna religión. En contraste, entre los mayores de 50 años, el catolicismo conserva la mayoría absoluta con 69%, y sólo 12,6% afirma no tener religión.

 

Esta segmentación etaria muestra que el escenario religioso argentino es cada vez más fragmentado. Para Esquivel, el alejamiento de las nuevas generaciones respecto a la fe institucionalizada deja atrás el modelo tradicional que moldeó históricamente la sociedad.

 

El estudio destaca una feminización creciente de la religiosidad, especialmente en el ámbito evangélico: 19,3% de las mujeres se identifica con este sector, frente a 15,2% de los hombres. A su vez, los varones tienden más que las mujeres a declararse sin filiación religiosa (25,7% contra 18,8%).

 

La educación formal influye en el sentido de pertenencia religiosa. Entre quienes cuentan con menor escolaridad, el 22,5% se vincula a comunidades evangélicas, que ejercen funciones de apoyo social y comunitario. En los niveles medio y alto de educación, crece el grupo de personas sin religión.

 

Desde la perspectiva territorial, el catolicismo sigue siendo mayoritario en el interior, donde alcanza 59,4%, mientras que el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) lidera la secularización con un 26,1% de personas sin afiliación religiosa.

 


El Barómetro sostiene que ya no existe un eje homogéneo que vertebre la identidad colectiva a partir de la tradición católica. El crecimiento de expresiones como “creer sin pertenecer” refleja el auge de formas autónomas de espiritualidad, desvinculadas de instituciones formales.

 

El informe prevé que la segmentación y el distanciamiento respecto de las iglesias tradicionales continuarán acentuándose. La tendencia hacia esquemas religiosos individualizados y cada vez más diversos parece irreversible.

 

La investigación se elaboró entre febrero y marzo de 2026 con una muestra nacional de personas mayores de 16 años mediante recolección telefónica y presencial. El estudio ofrece un nivel de confianza superior al 95%, según su metodología validada.

 

martes, 26 de mayo de 2026

MAGNIFICA HUMANITATIS


 rompe el silencio sobre la doctrina social

 

Stefano Fontana

 

Brújula cotidiana, 26_05_2026

 

Magnifica humanitas, la nueva encíclica del papa León presentada ayer, 25 de mayo, en el Vaticano y firmada el 15 del mismo mes (la misma fecha en que se firmó la Rerum novarum), es claramente una encíclica “social”. Esto hay que subrayarlo porque, dada la pausa impuesta a la Doctrina social durante el pontificado de Francisco, ahora tenemos un nuevo comienzo. Y esto ya es, de por sí, una buena noticia.

 

La nueva encíclica social merece gran atención porque lleva a cabo dos operaciones estrechamente relacionadas entre sí. La primera es volver a presentar el marco de lo que es la Doctrina social de la Iglesia: naturaleza, fundamentos y principios. A este fin se dedican dos capítulos, una parte significativa del texto. Objetivamente, era necesario. Por lo demás, el vínculo que ha establecido el actual pontífice con León XIII (empezando por el nombre) hacía que retomar la tradición del magisterio social petrino fuera necesaria y previsible. Habrá tiempo para examinar con calma en qué medida la nueva presentación de la Doctrina Social está en continuidad con la leonina, pero su continuación orgánica debe acogerse sin duda con espíritu positivo.

 

La segunda operación consiste en abordar el tema de la Inteligencia Artificial (IA) no como un tema circunscrito, un ámbito concreto de la vida social actual, sino como expresión de una tendencia que pretende “recrear” a la humanidad, un proyecto de palingenesia. La palabra “gnosis” no aparece en la encíclica, pero esta valoración global y la intención declarada de crear un mundo nuevo la evocan. La encíclica muestra esta dimensión sobre todo en los párrafos relativos al transhumanismo y al poshumanismo del hombre “desencarnado” (nn. 115-117), pero no solo ahí, y deja claro que la IA no debe verse como una reforma, sino como una revolución que pretende sustituir definitivamente a Dios por el hombre. Del análisis que la encíclica realiza sobre todas sus consecuencias en los distintos ámbitos de la vida, sin excluir ninguno, se confirma que se trata de un rediseño de lo humano. Ningún aspecto quedará al margen. Por eso, según el Papa León, hay que abordarla con una sabiduría capaz de iluminar las cosas a 360 grados, no solo con recetas operativas ni tampoco solo éticas.

 

Aquí se unen las dos operaciones de la encíclica. La nueva supuesta sabiduría de la IA que, como una religión de tipo gnóstico, tiende a desarrollarse de manera exasperada y sin dejar residuos, se mide por el “patrimonio sapiencial” de la Doctrina social de la Iglesia, que “nace de la fe y de su inteligencia de la realidad” (dos bellas expresiones de la encíclica). El nuevo desafío, parece decir León, es tan radical y omnicomprensivo, tan alternativo al proyecto de Dios, que exige un salto cualitativo de la humanidad no solo de tipo ético, sino también espiritual.

 

Esta dimensión del problema que llamamos espiritual y religiosa en sentido cristiano está ampliamente presente en la encíclica, sobre todo en la introducción y en la conclusión.

 

En la introducción: la torre de Babel y la construcción de los muros de Jerusalén narradas en el libro de Nehemías representan, por un lado, el desafío del hombre a Dios, y, por otro, la construcción de la humanidad según Dios. En la conclusión: la encarnación de Dios que hace “magnífica” a la humanidad, como misterio de misericordia. En la encíclica, la centralidad del Dios de Jesucristo es muy clara: “La verdad que no debemos perder es la de Dios y del ser humano, tal y como Cristo nos los ha revelado” (n. 237). Frente a los deseos idólatras de potenciar lo humano, la encíclica afirma que solo la Gracia hace al hombre “más que humano” (n. 127).

 

En otras partes, la encíclica hace algunas concesiones a una visión existencial de la Doctrina social. En los números 25, 26 y 27 se explica “la Doctrina social como discernimiento comunitario”. Véase el siguiente pasaje: “La comprensión de la verdad como don que hay que compartir y no como posesión que hay que reivindicar, libera a la Iglesia de la tentación de añorar formas de presencia basadas en el poder”. León XIII tendría algo que objetar o, al menos, alguna aclaración que pedir. Aquí, más que León XIII o León XIV, parece hablar el Papa Francisco, a quien Magnifica humanitas se esfuerza por situar en continuidad con la historia de la Doctrina social de la Iglesia.

 

Un cierto lenguaje dictado por la sinodalidad moderna se ha infiltrado también aquí: “La Doctrina Social se presenta en su faceta más auténtica no como un manual de principios y normas que hay que aplicar, sino como un camino de discernimiento comunitario” (n. 27). Esto, sin embargo, no significa que no exprese verdades íntimas y propias que no nacen “de las preguntas” de la historia, aunque deba entrar en relación con estas preguntas para evangelizar. La definición de la Doctrina social como “teología de la comunión en la historia” no es, en nuestra opinión, del todo clara.

 

Son de notable valor las aplicaciones de los principios de la Doctrina social tanto a la vida de la Iglesia como al tema de la IA (resumidos en el n. 109) y la recuperación de la teología de la creación, con los párrafos dedicados a la aceptación del límite humano (n.º 118 ss), cuyo abandono había sido denunciado por Benedicto XVI, aunque es una verdadera lástima que en la encíclica no se hable explícitamente del derecho natural y de la ley natural (conceptos implícitos en el de creación), ni siquiera entre los fundamentos de la Doctrina social (nn. 48-50).

 

Los capítulos cuarto y quinto abordan consideraciones más profanas e indicaciones de actitudes prácticas: democracia, ecología, alianza educativa, centralidad de la escuela, peligro del control social, nuevas formas de esclavitud, armas y guerra, desorden mundial, dignidad del trabajo frente a los peligros del desempleo, que Juan Pablo II retomó y desarrolló ampliamente (nn. 151-156). Son los temas en los que la prensa insistirá más, pero también son aquellos en los que la tensión doctrinal y religiosa debe llegar a un acuerdo con la contingencia de las situaciones y con la enormidad del trabajo que hay que realizar para contrarrestar o, al menos, reducir las preocupantes tendencias en curso. Son indicaciones que abren posibilidades, pero que también dicen que por nosotros mismos quizá no podamos lograrlo.

 

Esto explica el entrelazamiento en todo el texto (incluso en los últimos capítulos que pretenden ser más prácticos) entre las valoraciones éticas y operativas necesarias para controlar el fenómeno tras haberlo considerado controlable, y la idea de que aquí está en juego algo más poderoso, cuya solución requiere esta vez recurrir a una ayuda más que humana.

domingo, 24 de mayo de 2026

ANÁLISIS DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO


Pretendemos, a modo de homenaje al 25 de Mayo, resumir las enseñanzas sobre este tema de historiadores confiables, como Roberto Marfany, Federico Ibarguren y Díaz Araujo. Un tema que requiere ser esclarecido como guía para el presente, puesto que las transformaciones sociales con legitimidad histórica siempre se rigen por sus antecedentes; así, cada generación recibe los elementos fundamentales de la que procede, y no obra a saltos o por improvisación.

 

El cambio de gobierno fue, sin duda, pensado con responsabilidad, eligiendo los medios idóneos con que realizarlo, y las posibilidades futuras de subsistencia ante la transformación producida por el dominio de Napoleón en Europa y particularmente en España.

 

En primer lugar, es necesario saber que aquellos antepasados nuestros tenían conciencia de que formaban parte de un imperio que comprendía diversos países distribuidos por todo el globo, pero que fundamentalmente formaban parte de la nación española.

 

Por falta de comprensión y ubicación en el plano mental, social y político de los hombres de 1810, muchas veces se han interpretado erróneamente las causas y fines de aquel gran acontecimiento, que ha sido conocido -por falta de perspectiva- solamente en su aspecto formal, pero no en sus fines. Por ese error interpretativo se ha dicho que la Revolución de Mayo fue un movimiento político de oposición a la monarquía española y a España, con la finalidad de crear un gobierno independiente y democrático.

Ninguna de esas opiniones concuerda con la realidad. En 1810, Buenos Aires era una aldea de 60.000 habitantes, situada en el confín del inmenso mundo imperial, pero con suficiente energía como para afrontar una empresa política muy superior a su poder material. Había cualidades, sin duda, en aquellos hombres; un sentido de destino colectivo que nosotros no conservamos con el mismo vigor. Nuestros antepasados dejaron testimonio de grandeza cuando, derrochando heroísmo, enfrentaron y derrotaron la primera y segunda invasión inglesa.

También lo tuvieron para declarar la Independencia, para extender la guerra por Sudamérica, etcétera. De esas cúspides hemos ido descendiendo hasta perder el sentimiento patriótico que tenían nuestros mayores.

 

Nuestra Revolución de Mayo es producto legítimo del espíritu español. En España, pongamos por caso, entra el ejército de Napoleón y ocupa Madrid ante el asombro, la confusión y la indignación de sus habitantes. En esas circunstancias trágicas en que se paraliza la reacción, el alcalde de Móstoles, una pequeña aldea cercana a Madrid, declara públicamente la guerra a Napoleón y enciende la hoguera con poco más de un centenar de hombres armados con escopetas, horquillas y agujas de coser colchones. Entre nosotros sucede algo parecido. Buenos Aires, una aldea del Imperio español, se yergue contra el inmenso poder de Napoleón. La desproporción es asombrosa.

La Revolución, no se hace contra el rey ni contra la España Imperial, sino contra Napoleón, a quien llaman «tirano», y contra la ideología y los hechos de la Revolución Francesa.

La interpretación de que en 1810 se produce un cambio total de valores se aplicaría también al problema de la libertad. Los teólogos y juristas españoles dicen que el hombre nunca pierde la libertad, aunque quisiera, porque la libertad está implícita en la naturaleza humana. Así, nuestros antepasados no podían ni querían transformar los principios originarios y fundamentales de su comunidad, que tenía una antigüedad de tres siglos, para jugarla en una aventura política de alcances imprevisibles.

 

La prueba de que respetaron esa estructura es el hecho de que la Junta de Gobierno, que llamamos Junta Patria, gobernó, según propias palabras, «a nombre de Fernando VII». Esa adhesión a Fernando, que era el centro del Imperio y su forma de gobierno, continuaba la tradición histórica.

 

 No es fácil que entendamos esa proyección histórica, porque no tenemos conducta histórica. Estamos acostumbrados a la rotación de los hombres de gobierno en períodos breves, sin que exista entre ellos el mismo concepto de ideales nacionales, y por eso cambiamos de dirección continuamente, sin que tengamos una tabla de valores esenciales que debamos cumplir inexorablemente.

 

En 1810, por el contrario, había una idea clara de continuidad. Por eso, la adhesión a Fernando VII no es el acatamiento a su persona, sino que se trata de mantener en él, la unidad del Imperio dentro del sistema político y social que le daba subsistencia.

 

La Revolución de Mayo promueve el cambio del gobierno local, la destitución del virrey, no para suplantar a la monarquía, a la cual se jura fidelidad sincera. No fue una «máscara», como han interpretado con evidente error la mayor parte de nuestros historiadores, que confundieron los fines de la Revolución-.

La misma Junta -«a nombre de Fernando VII»-, en diversos comunicados que en su mayoría se publicaron en «La Gaceta», proclama fidelidad al monarca español cautivo de Napoleón. La Junta es una especie de regencia del rey en el Río de la Plata, sustitutiva del virrey, que asume la soberanía del rey, llamado también soberano, y no la soberanía del pueblo. Esta solución no era improvisada; tenía realidad jurídica y doctrinaria.

 

Las obras jurídicas españolas que en esa época usaban los abogados de América reconocen el derecho de que, faltando el rey, la potestad vuelve a la comunidad, que suple la vacancia.

Esto es lo que motivó a los hombres de Mayo de 1810 en Buenos Aires: establecer un gobierno para cubrir la acefalía producida por la caída del gobierno español de la península. Los acontecimientos posteriores, incluida la actitud ambigua de Fernando que perjudica a las provincias americanas, fueron conduciendo a las autoridades locales a la decisión de defender los intereses propios y lograr, finalmente, la Independencia de toda otra dominación extranjera.

 

Designado Presidente de la Junta, don Cornelio Saavedra, éste, hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro soberano el Señor Don Fernando Séptimo y sus legítimos sucesores y guardar puntualmente las leyes del Reino.

 

El alzamiento antibonapartista en la España de 1808, produjo la reaparición del antiguo espíritu medieval feudalista y municipal que enfrentó al liberalismo que traían los ejércitos del Corso.

Perfecta comprensión del acontecimiento de la Patria Grande lo mostró don Juan Manuel de Rosas en meditado discurso ante el Cuerpo Diplomático el 25 de mayo de 1836.

“Qué grande, señores, debe ser para todo argentino este día consagrado por la Nación para festejar el primer acto de soberanía… Y cuán glorioso es para los hijos de Buenos Aires haber sido los primeros en levantar la voz con un orden y dignidad sin ejemplo.

No para sublevarnos contra las autoridades legítimamente constituidas. No para rebelarnos contra nuestro soberano, sino para conservarle la posesión de su autoridad, de que había sido despojado por un acto de perfidia. No para romper los vínculos que nos ligaban a los españoles sino para fortalecerlos más por el amor y la gratitud, poniéndonos en actitud de auxiliarlos.

Estos, señores, fueron los grandes y plausibles objetos del memorable Cabildo celebrado en esta Ciudad el 22 de mayo de 1810, cuya acta debería grabarse en láminas de oro para honra eterna del gran pueblo porteño.”

 

Refiriéndose a esta alocución escribió Don Julio Irazusta: “Ella concilia el hecho de la emancipación con el lealismo imperial y monárquico de nuestro primer gobierno autónomo y salva la dignidad nacional de la tacha de perfidia colectiva…”

 

El enfrentamiento llegó luego del 24 de septiembre de 1810, cuando la masónica Asamblea de Cádiz desdeñó el federalismo natural de Reinos y Provincias, basado en la comunidad de sangre y Fe para instaurar un inmenso Estado centralizado según el modelo de la subversión francesa. Fue el momento en que José de San Martín se incorporó a la lucha de América.

 

Fidelidad ya exhibida con altivez en las reuniones de Montevideo y Buenos Aires de agosto de 1806 y febrero de 1807, cuando Liniers fuera proclamado Jefe Militar y luego Virrey. Se daba por entonces el primer fracaso de Gran Bretaña en su intento de destruir el Imperio Hispano Católico transformando sus atomizados restos en dependencias financieras londinenses. Para entender el alcance que le daban a los sucesos de mayo, los habitantes de Buenos Aires, bastaría con leer la Canción Patriótica publicada en La Gaceta el 28 de octubre de 1810:

 

No es la libertad

Que en Francia tuvieron

Crueles regicidas

Vasallos perversos

Allí la anarquía

Extendió su imperio

Lo que en nosotros

Natural derecho

El mismo derecho

Que tiene la España

De elegir gobierno

Si aquella se pierde

Por algún evento

No hemos de seguir

La suerte de aquellos.

 

Así como resulta clara y justificada la decisión de formar un gobierno propio, la implementación originó confusiones e injusticias. Es oportuno recordar, por ejemplo, la injusta muerte de Liniers, héroe de la patria, sin cuya acción liderando el triunfo sobre las fuerzas inglesas, hoy seríamos una colonia y no hablaríamos en castellano.

 

Cuando Liniers cesa en el cargo de Virrey, elige radicarse en Córdoba.

A los pocos días del 25 de mayo de 1810, la noticia de lo ocurrido motivó que en Córdoba comenzaran a reunirse personas expectables en la casa del gobernador Gutiérrez de la Concha, para analizar la situación; en dichas reuniones prevaleció la decisión de resistir a las nuevas autoridades, pues no habían consultado al interior.

la Junta fue drástica: “que sean arcabuceados … en el momento que todos o cada uno de ellos sean pillados, sean cuales fueren las circunstancias se ejecutará esta resolución sin dar lugar a minutos que proporcionasen ruegos y relaciones capaces de comprometer el cumplimiento de esta orden”.

 

Afirma José María Rosa que esta fue la primera manifestación de la política de lograr la revolución por la fuerza y no por el apoyo popular, tendencia expresada en el Plan de operaciones cuya redacción fue encargada a Moreno, el 18 de julio; en efecto, el día 28 convenció a los demás miembros de la Junta, el fusilamiento de Liniers.

Cuesta entender, dice el P. Furlong, “que hombres que decían sostener los derechos de Fernando VII fusilaran a otros precisamente porque sostenían los derechos de Fernando VII”. Destaca, asimismo, Ortega la paradoja de que “los abogados –Moreno y Castelli- factores decisivos en la ejecución de Liniers, no procedieron en tal emergencia de acuerdo a derecho, pues aquél fue fusilado sin formación de causa ni sentencia legal”.

Algo parecido afirma Vicente Sierra: “Es indudable que la Junta se arrogó funciones judiciales que ningún funcionario del antiguo régimen tenía, al condenar sin forma alguna de juicio previo”.

 

Se ha sostenido que el prestigio que mantenía Liniers hizo que se tomara esta drástica decisión. Si se resolvía que fuera embarcado y trasladado a España, como a Cisneros, implicaba el riesgo de que continuara actuando desde Montevideo. La prisión en Buenos Aires, tampoco estaba exenta de riesgos, pues las tropas podrían liberarlo.

 

El doctor Juan José Castelli arribó a Cruz Alta, el 26 de agosto. Disponía de un pelotón de cincuenta fusileros, todos ellos ingleses que había quedado después de las invasiones, detalle también previsto por Moreno para evitar eventuales escenas de patetismo por parte de la tropa.

Se dirigió el contingente al monte llamado de los Papagayos o Chañarcito de los Loros, a dos leguas de la posta Cabeza de Tigre.

 

Castelli hizo la notificación a los condenados de que la ejecución se cumpliría de inmediato; concediéndoles cuatro horas para prepararse. Liniers pidió al obispo que le sacara el rosario, con el que rezó, preparándose para la confesión.

 

A las tres de la tarde, se formó el pelotón dirigido por Balcarce; luego de la descarga, Liniers y Gutiérrez quedaron sólo heridos, correspondiéndole al coronel French ultimarlos con revólver; era el mismo oficial que unas semanas antes estuvo repartiendo escarapelas frente al Cabildo.

 

 

Ojalá que, conociendo la versión correcta del pasado nacional, en un futuro próximo, podamos los argentinos encontrar la ruta que se engarce con el pasado forjado por los héroes que lograron la independencia de la Patria.

Mario Meneghini

 

 

Fuentes:

*Roberto Marfany y Federico Ibarguren, La Revolución de Mayo, en AA. VV., «Historia Argentina», Editorial de Belgrano, 1977, Buenos Aires, pp. 11-16.

Mayo de 1810: actas del Cabildo de Buenos Aires/recopilado por Isidoro Ruiz Moreno. Buenos Aires, 2009.

Luis Alfredo Andregnette Capurro. El verdadero Mayo; Cabildo digital, 1 de junio de 2007

Enrique Díaz Araujo. “Mayo Revisado”, T. I, Santiago Apóstol, 2005.