martes, 1 de septiembre de 2026

IMPLANTES ANTICONCEPTIVOS

 

 Y EL RIESGO DE ABUSO EN MENORES

 

NOTIVIDA, Año XXVI, Nº 1424, 1 de septiembre de 2026

 

En Córdoba se desarticuló una red de grooming y abuso sexual en Villa María de Río Seco. Las víctimas eran tres adolescentes de 13 y 14 años, extremadamente vulnerables, que tenían colocados implantes anticonceptivos subdérmicos desde los 11 años.

 

El caso abrió una doble línea de investigación: por un lado, la responsabilidad penal de los abusadores; por otro, la posible responsabilidad institucional del sistema de salud en la colocación de los implantes a menores de edad.

 

A raíz de este hecho, la semana pasada se presentó en la Legislatura de Córdoba un pedido de informes (Expte. 47399/R/26) impulsado por el Bloque del Frente Cívico. La resolución, dirigida al Ministerio de Salud provincial, busca esclarecer los protocolos y controles aplicados para evitar que el “chip anticonceptivo” se convierta en un facilitador involuntario de situaciones de explotación o abuso.

 

El expediente solicita:


La cantidad de implantes entregados por año y el stock actual en depósitos provinciales.

El rango etario de quienes acceden al procedimiento y si existe una edad mínima establecida por protocolo.

Qué ocurre cuando una menor concurre sin adulto responsable, cómo se evalúa la “autonomía progresiva” y la capacidad de comprender el procedimiento.

Si en casos de extrema vulnerabilidad socioeconómica intervienen equipos interdisciplinarios (psicólogos, trabajadores sociales) y si se realiza un seguimiento posterior.

Qué medidas administrativas (auditorías internas o sumarios) se iniciaron tras las investigaciones judiciales por presunta responsabilidad hospitalaria en casos de abuso infantil con implantes colocados precozmente.

En los fundamentos del proyecto se subraya que las indicaciones técnicas de los dispositivos sugieren un rango etario a partir de los 18 años para garantizar seguridad.

 

Compra de implantes

 

El gobierno nacional está culminando un proceso de adquisición de 150.000 implantes, mientras que la provincia de Buenos Aires compró 40.000. Otras jurisdicciones que realizaron compras recientes son Río Negro y Salta.

FEDERALIZAR EL C0NURBANO

 

https://www.perfil.com/noticias/politica/ex-intendente-san-miguel-propone-federalizar-conurbano-quitarlo-orbita-gobierno-bonaerense.phtml

FRANCIA

 

 el obispo en el funeral del masón amigo de Macron

 

Brújula cotidiana, 01_09_2026

 

Masón y partidario de la eutanasia, pero enterrado (o mejor dicho, incinerado) con un funeral eclesiástico oficiado por el propio obispo. Ocurre en la diócesis francesa de Dijon, donde parece que no ha llegado el eco del doble veto procedente de Roma y San Remo a los funerales de dos miembros de las logias. Y tras el mantra entonado desde el púlpito de una iglesia de Como, nos toca una vez más relatar una anomalía funeraria. El ilustre difunto, afiliado a la logia, era el senador François Patriat, fallecido a los 83 años el 19 de agosto, a raíz de un accidente de bicicleta. El 25 de agosto, monseñor Antoine Hérouard, obispo de Dijon, ofició los ritos fúnebres en la colegiata de Notre-Dame de Semur-en-Auxois, localidad natal del político fallecido, en presencia de una nutrida representación de políticos, desde el Elíseo hasta los niveles más bajos.

Patriat no era precisamente un desconocido; es más, además de por su afiliación masónica, era muy conocido por su cursus honorum en la política local y nacional: ministro de Agricultura en el Gobierno de Jospin, presidente del consejo regional de su Borgoña natal y senador desde 2008 hasta su fallecimiento. Una larga carrera que comenzó en el Partido Socialista y que, desde su fundación, le llevó al partido Renaissance de Emmanuel Macron, del que fue una figura destacada.

 

El presidente del Elíseo entretuvo a los presentes desde el púlpito con su largo y emotivo recuerdo de «François el invencible», conocido por sus amigos como «Fanfan». Durante nada menos que 13 minutos, Macron ensalzó al difunto y a sí mismo con un discurso más propio del escenario de un mitin que del templo de Dios. Recordó el 6 de abril de 2016, fecha de fundación del partido —y él, Fanfan, estaba allí («il était là!»)—, e incluso, durante el trayecto, se detuvo en la catedral de Amiens para encender una vela porque «era un socialista que creía en la providencia», palabras que recuerdan a los antiguos «panegíricos» en honor a los santos.

En cuanto al obispo, calificó de «en evolución» la relación de Patriat con el catolicismo y centró la homilía en el camino —que se articula en «compromiso», «esperanza» y «alianza»— —, ya que «para los cristianos, la verdad no es un sistema filosófico ni un sistema político; la verdad es, ante todo, alguien en quien depositar nuestra confianza y que nos invita a caminar con él», precisando que «creemos que Jesús nos abre el camino de la vida». Pero lo que signifique esa relación «en evolución» es un misterio que bien podría permanecer en la esfera personal del difunto si no fuera porque entra en juego una esfera pública y, más concretamente, política, en contraposición con la Iglesia, al menos (y eso no es poco) en cuestiones éticas.

 

Quien sacó a relucir el asunto el mismo día del funeral fue la web católica Tribune Chrétienne, recordando que «François Patriat también era conocido por su pertenencia a la masonería, una pertenencia que reconoció abiertamente a lo largo de su carrera». Tanto es así que la publicación francesa pro-masónica 450. fm precisamente al referirse al «paso al Oriente eterno» del «hermano François Patriat», se lamenta un poco de que, ante la muerte de algunos representantes públicos de las logias, la afiliación pase a un segundo plano en los medios de comunicación en general y solo la destaquen los medios hostiles a la masonería (con referencia directa y explícita al artículo de Tribune Chrétienne).

 

Volvamos al partido fundado en aquel «histórico» 6 de abril de 2016 con el apoyo indispensable de Fanfan, quien fue su portavoz en el Senado hasta su muerte. Se trata del partido que impulsó con firmeza la inclusión del aborto en la Constitución y, más recientemente, la ley sobre la eutanasia, promulgada en el mes de agosto. Ley a la que Patriat no se oponía en absoluto; es más, el 28 de mayo de 2025 acogió positivamente su tramitación parlamentaria, con la esperanza de que la «resonancia en la opinión pública» se abriera paso también en el Senado: «Dado que el 85 % de los franceses está a favor, es evidente que este movimiento está llegando a los representantes electos, incluidos los senadores, que a veces pueden ser un poco más reaccionarios».

 

En cuanto al aborto, basta con releer el entusiasmo de Patriat en una publicación en X del 4 de marzo de 2024, el día en que el aborto se convirtió en un derecho constitucional: «Corresponde a Francia, que a los ojos del mundo sigue siendo el símbolo de la libertad y la igualdad», comentaba la senadora, «reafirmar solemnemente esos principios y garantizar, en el texto sagrado de la Constitución, esa libertad fundamental de la mujer para decidir sobre su propia maternidad».

 

¿No es esto motivo suficiente para aconsejar a monseñor Hérouard que no asistiera, o incluso que no concediera los ritos fúnebres eclesiásticos (según el derecho canónico) a un miembro destacado de la masonería que ha trasladado su agenda también al ámbito político? La presencia del prelado sorprende aún más, dado que, en general, los obispos franceses se han mantenido firmes en lo relativo al final de la vida, contribuyendo a «arrancar» al menos la objeción de conciencia para las estructuras privadas, incluidas las católicas, que el texto de Macron había excluido.

 

 Lo que ocurrió en el alma de Patriat hasta el último instante es asunto suyo (y de Dios), pero no se puede decir lo mismo del «hecho» externo, la celebración del funeral —más bien, de unos funerales que constituyeron más bien una celebración, incluso política, de un masón, defensor del aborto y de la eutanasia, que, por muy «en evolución» que esté, no parece haber renegado públicamente de ciertas posturas.

martes, 25 de agosto de 2026

EL VIAJE DEL SUMO PONTÍFICE

 

Por Héctor Aguer

Arzobispo Emérito de La Plata

 

La Prensa, 24.08.2026

 

¿Qué significa para el país que León XIV nos visite? El nuestro es un pueblo, hasta ahora, mayoritariamente católico, a pesar de una historia complicada que ha procurado borrar la herencia hispánica.

 

La presencia del Papa puede despertar en el pueblo la conciencia de su catolicidad. Esto es lo más importante que puede ocurrir a tantas familias que el actual gobierno ha desplazado. La miseria cunde en el pueblo argentino bajo el pretexto del neoliberalismo. Pero no se pueden arrebatar los valores espirituales a quienes, bautizados en la infancia, han seguido siempre practicando la fe. Esto es lo que perdura, y que puede reanimarse con la visita de León XIV.

 

Esta presencia no va a inducir directamente una mejora en el ámbito temporal, pero no será posible sostener que el neoliberalismo asegure el futuro a tantos hombres que buscan trabajo. Según la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo es primordial. En las primeras páginas de la Biblia se lee que Dios creó al hombre y lo puso en la tierra para que con su trabajo la haga crecer y expandirse. En la Argentina de hoy falta trabajo; muchas empresas nacionales tienen que cerrar porque no pueden hacer frente a la competencia, sobre todo a la que procede de China.

 

Los valores espirituales recuerdan al pueblo que ellos sostienen el esfuerzo cotidiano, y que éste vale la pena y puede superar a la ideología que se ha impuesto. La democracia no puede reducirse al predominio de ciertos factores ideológicos que resultan elegidos en un turno electoral. La visita de León XIV puede recordar los valores permanentes que asisten a las familias, en las cuales el varón aporta lo necesario para la mujer y los hijos. Estos son los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, que se fue formulando lentamente y que los Papas como León XIII reivindicaron. La Argentina del siglo XX los incorporó a la vida social y el neoliberalismo no los podrá desplazar. La presencia entre nosotros de León XIV debería recordarnos lo mejor de nuestra historia.

 

En su segunda visita a la Argentina, San Juan Pablo II, el 10 de abril de 1987 (hace casi 40 años), nos hizo un apremiante llamado: “¡Iglesia en Argentina! ´Levántate y resplandece, porque ha llegadο tu luz, y la gloria del Señor alborea sobre ti´” (cf. Is 60, 1)... ¡Cómo pido a Dios que Argentina camine en la luz de Cristo! Cuatro décadas después, aún es una tarea pendiente.

 

La Iglesia en nuestro país sufre, especialmente desde los años sesenta del siglo pasado, una sangría constante de fieles. El número de quienes se reconocen como católicos ha disminuido del 90 al 57 por ciento; con tendencia a la baja.


El anuncio de Jesucristo ha sido seriamente comprometido, y hasta desfigurado con ciertas prácticas episcopales de hablar solo de "lo político y social". Y las corrientes progresistas como la "teología de la liberación", y en su versión criolla de la "teología del pueblo" han vaciado seminarios, congregaciones religiosas, y parroquias. También entre nosotros se cumple aquello de "la Iglesia hizo la opción por los pobres, y los pobres hicieron la opción por los pentecostales".

 

A este complejo panorama se le suma que, desde 2013, se ha producido una inflación de obispos. ¡En algunas diócesis hay más obispos que seminaristas! Y el nombramiento de jóvenes obispos auxiliares, de la línea del pontificado anterior, hace que humanamente hablando no puedan esperarse, en los próximos años, rectificaciones de rumbo. Menuda tarea tiene León XIV, por delante, para nuestro país. Solo el anuncio y testimonio lúcido, claro y coherente de Jesucristo, hará que la Iglesia argentina recupere algo del terreno perdido. Y vuelva a tener cierto peso en la sociedad. Es el mismo Señor quien nos llama a ser “sal de la tierra y luz del mundo” (cf. Mt 5, 13-24).

 

 

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lunes, 24 de agosto de 2026

QUO VADIS

 

Con motivo de la presentación de un libro, en la Universidad Católica de Córdoba, el próximo jueves, no podemos evitar el desconcierto que nos surge al analizar los antecedentes de quienes harán uso de la palabra. Baste mencionar a quien va a oficiar de moderadora, Natalia Rodríguez, feminista perteneciente a los grupos “Sororidad y Fe” y “Católicas por el derecho a decidir”, que promueve la homosexualidad y el aborto.


Recordamos lo que expresó San Pío X, en la encíclica Pascendi:


 “hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.

Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.”


Mario Meneghini

Córdoba, 24-8-2026

LEÓN HARMEL

 un empresario francés que fue inspiración para el Papa León XIII y para la Doctrina Social de la Iglesia.

 

Religión en Libertad, 22.08.2026

 

El viaje de León XIV a Rímini de este sábado 22 de agosto incluye una parada breve, pero cargada de simbolismo. El Papa visitará la exposición «Léon Harmel: la profecía de una empresa», dedicada a uno de los grandes pioneros del catolicismo social y a un empresario que influyó en el pensamiento de León XIII y en el nacimiento de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

La visita está prevista entre las 15.15 y las 15.30 horas, dentro de la presencia del Pontífice en el encuentro organizado por Comunión y Liberación. No está previsto un discurso formal, pero la elección de la exposición conecta directamente con una de las preocupaciones centrales del actual pontificado: cómo afrontar desde el cristianismo una nueva revolución industrial, esta vez protagonizada por la inteligencia artificial.

 

Y para ello León XIV vuelve la mirada a un empresario del siglo XIX.

 

Una fábrica diferente en plena Revolución Industrial

Léon Harmel nació en 1829 en La Neuville-lès-Wasigny, en las Ardenas francesas, y murió en Niza en 1915. Industrial del sector textil y ferviente católico, convirtió la fábrica familiar de Val-des-Bois, cerca de Reims, en un peculiar laboratorio de lo que décadas después se conocería como catolicismo social.

 

Tras heredar la empresa de su padre, desde la década de 1860 impulsó escuelas para las familias de sus trabajadores, sistemas de asistencia y seguros y diferentes fórmulas de organización colectiva.

 

Pero Harmel quiso ir más allá del paternalismo empresarial habitual en la época. Su propósito era que los propios obreros participasen activamente en la vida de la empresa.

 

En 1883 creó un consejo de fábrica que involucraba a los trabajadores en la administración y en las decisiones de la comunidad laboral. La iniciativa se adelantó varias décadas a los consejos de empresa y a algunas de las fórmulas de diálogo social que terminarían incorporándose al derecho laboral europeo.

 

Miembro de la Tercera Orden de San Francisco, Harmel estaba convencido de que los graves problemas sociales provocados por la industrialización no podían resolverse ni mediante un liberalismo económico ajeno a las necesidades de los trabajadores ni mediante la lucha de clases.

 

Su alternativa partía de la concepción cristiana de la persona y de una empresa entendida como comunidad humana, no únicamente como instrumento para obtener beneficios.

 

Su pensamiento quedó resumido en una máxima que recuerda Ubaldo Casotto, responsable de la exposición de Rimini: «La fe nos lleva a creer que lo que es bueno para las personas también lo es para el negocio».

 

Una concepción que, más de un siglo después, adquiere una sorprendente actualidad ante el debate sobre el impacto de la tecnología y la inteligencia artificial en el empleo.

 

La influencia de Harmel trascendió pronto los muros de su fábrica. Se convirtió en una persona cercana a León XIII y, desde 1885, organizó peregrinaciones de trabajadores franceses a Roma.

 

Aquellos encuentros permitieron que las inquietudes y aspiraciones del mundo obrero llegaran directamente hasta el Papa.

 

La experiencia del empresario francés contribuyó así al ambiente intelectual y social que desembocaría en Rerum novarum, publicada por León XIII en 1891 y considerada el gran texto fundacional de la moderna Doctrina Social de la Iglesia.

 

La encíclica abordó cuestiones entonces explosivas como las relaciones entre capital y trabajo, el salario justo, los derechos de los trabajadores, la propiedad privada y las asociaciones obreras.

 

La figura de Harmel adquiere además un significado especial durante el actual pontificado.

 

«Léon Harmel es el nombre que me vino a la mente cuando oí a León XIV explicar por qué eligió este nombre, en continuidad con León XIII, el Papa de Rerum novarum y de la Doctrina Social de la Iglesia», explica Casotto.

 

Desde el comienzo de su pontificado, León XIV ha relacionado la elección de su nombre con el desafío que supone la revolución tecnológica y, especialmente, la inteligencia artificial.

 

Si León XIII tuvo que responder a las profundas transformaciones sociales provocadas por la industrialización del siglo XIX, León XIV afronta ahora una transformación capaz de alterar nuevamente el trabajo, las relaciones económicas y la propia concepción de la persona.

 

Por eso, la exposición de Rimini no presenta a Harmel únicamente como una figura histórica. Su experiencia empresarial sirve para plantear una pregunta plenamente contemporánea: ¿es posible poner los avances económicos y tecnológicos al servicio de la persona en lugar de convertir a la persona en un instrumento de la economía?

 

Más de un siglo después de su muerte, León XIV recupera así la figura del empresario católico que intentó responder a esa misma pregunta en las fábricas de la primera Revolución Industrial.