y la misión de la
juventud católica
Juan Manuel Aubry
La Prensa,
14.04.2026
Quienes
transitamos hoy los pasillos de las facultades y universidades nacionales, nos
encontramos herederos de una crisis profunda que no provocamos, pero que
estamos llamados a resolver, o por lo menos contrarrestar en el tiempo que
tenemos, debemos biengastarnos en ello. Como bien sentenció el padre Leonardo
Castellani en el inicio del opúsculo que nos convoca, "la República
Argentina no es una nación sino un problema".
A nuestra
generación le toca responder la pregunta ineludible que se hace el cura loco:
¿qué va a salir de esta desintegración del liberalismo argentino y qué podemos
hacer para que no termine por desintegrar a nuestra Patria?
En las aulas se
nos suele enseñar el andamiaje liberal como el pináculo del desarrollo
político, institucional y jurídico, la superación humana que supuso el francés
grito de ¡Liberté, Égalité, Fraternité! que no son otra cosa, como enseña el
cura, que antiguas palabras cristianas Orden, Jerarquía y Caridad, que colgaron
la sotana, como nuestros famosos “curas liberales”.
PALABRA SIN
CONTENIDO
Sin embargo, la
realidad de nuestra Nación nos grita otra cosa. El liberalismo que padecemos
"ha sido brutalmente importado, y no ha tenido ni doctrina ni inteligencia
ni siquiera buena fe". Se nos habla constantemente de "Libertad",
presentándola como el ideal absoluto de la humanidad. Sin embargo, sabemos que
la libertad sin un "para qué" es una palabra sin contenido; una mera
abstracción. Al enarbolar esta libertad vacía, el liberalismo en su recorrido
histórico produjo un resultado paradójico y trágico: "arruinó las
libertades, que son la única verdadera Libertad que existe".
El fracaso de este
sistema, no obstante, no es meramente político o económico; es, en su raíz, un
profundo error sobre la naturaleza humana. Castellani nos advierte que el
liberalismo se asienta sobre una herejía teológica que niega el Pecado
Original. Se fundamenta en la ilusión y la equivocación roussoniana de creer
que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe.
Frente a esta
premisa falaz, los católicos oponemos el realismo político y antropológico:
"el hombre no nace íntegro y la sociedad lo hace íntegro o lo desintegra
del todo, según sea una sociedad buena o mala".
Nuestra rebeldía
contra este desorden instituido no debe confundirse jamás con nuevas
idolatrías. Quienes defienden el statu quo suelen acusarnos de totalitarios,
sugiriendo que haremos del Estado un Dios. Pero nuestro nacionalismo está a
salvo de ese mal, porque no hace de la Nación un fin absoluto y ulterior.
Entendemos perfectamente el recto ordenamiento de los amores: sabemos que no
debemos adorar a la nación como si fuese Dios, sino que debemos amar a Dios a
través de nuestra propia nación. Eso es hacer Patria.
HACER VERDAD
¿Cuál es entonces
nuestra tarea ante un sistema agotado donde "tenemos todo el liberalismo
entero y verdadero, y esto no marcha"? Nuestra tarea como jóvenes que se
preparan para la vida pública no debe ser arrebatar el Poder a corto plazo, lo
cual Castellani califica como "un error y una estupidez".
Nuestra verdadera
y más urgente misión es "hacer verdad". Esa tarea que no encontramos
realizada en los lugares donde debería estar y aumentan sus arcas fingiendo que
sí.
Debemos dar
testimonio en cada ámbito que ocupemos, recordando que ese es "el gran
grito del Cristianismo". Esto exige transformar nuestra vocación y labor
en "cursos serios, sacrificados y pacientes", y armarnos del coraje
necesario, que en la Argentina de hoy "se llama Paciencia, con una gran
dosis de Decisión".
Este hacer verdad,
va intrínsecamente ligado a los que difunden –y tratamos de hacer- esta Verdad,
de nada sirve si no estamos en la verdad, con la Verdad y para la verdad, que
no es otra cosa que Nuestro Señor Jesucristo: “Ego sum via, veritas, et vita”
nos confirma en el Evangelio de Juan. No nos es opcional la vida de Fe seria
para dar a conocer la Verdad.
La verdadera
libertad a la que aspiramos para nuestra Patria no es la anarquía de los
instintos ni la tiranía del relativismo que vacía nuestras leyes. Hacemos
nuestra la definición verdaderamente argentina que Castellani rescata de don
Juan Manuel de Rosas -de quien tengo el honor de llevar el nombre- desde su
destierro: el hombre libre es aquel que "está sujeto (es decir, libremente
cautivo) a los mandatos de Dios, al dictado de su conciencia y a los dictámenes
de la sana razón". Restaurar ese orden natural es la Verdad que nuestra
generación está llamada a encarnar y defender.
Con este ideal por
bandera, con el Instituto Elevan decidimos crear una Diplomatura Universitaria
estrictamente para jóvenes titulada “Forja de Líderes: Diplomatura en Liderazgo
Político y Doctrina Social: Hacia una reconstrucción del Bien Común”, que tiene
por motivación esto que decía Castellani un espacio de resistencia intelectual
y formación operativa. Nuestro propósito es rescatar el hilo de la tradición
iberoamericana y nacional para proyectarlo hacia el futuro. Entendemos que no
hay conducción política posible sin una previa formación del carácter y del
intelecto; no hay verdadera soberanía nacional sin una sólida base ética que
reconozca la primacía del Bien Común y la dignidad inalienable de la persona
humana. Nuestro pequeño aporte a este “hacer verdad”. Aquellos que quieran
saber más al respecto, la Diplomatura comenzará en Mayo, quienes deseen saber
más, pueden contactarse por las redes sociales oficiales del Instituto o bien a
la casilla de correo electrónico oficial elevanargentina@gmail.com
CAMBIO DE EPOCA
Sostenemos que en
un cambio de época signado por el relativismo moral, el desarraigo cultural y
la crisis de las instituciones básicas de la sociedad, surge la necesidad de
formar a las nuevas generaciones de argentinos e hispanoamericanos, bajo los
principios permanentes de la filosofía realista y la Doctrina Social de la
Iglesia.
¡Viva Cristo Rey!
Y ¡Viva la Patria!