lunes, 4 de mayo de 2026

MALVINAS

 

De la negociación frustrada al conflicto armado

 

Por Gabriel Camilli

La Prensa, 03.05.2026

 

El conflicto del Atlántico Sur de 1982 no constituye un episodio aislado, sino la culminación de un proceso histórico de larga duración. Este trabajo propone una reconstrucción analítica en dos niveles: un ciclo estructural (1833–1973), caracterizado por la evolución del reclamo argentino y las condiciones internacionales, y un ciclo decisional (1973–1982), interpretado a partir del testimonio del Licenciado José Enrique García Enciso.

Se sostiene que la guerra emerge como consecuencia del cierre de una ventana de negociación y de la adopción de un enfoque estratégico orientado a forzar una mediación internacional.

 

INTRODUCCION

La literatura sobre el conflicto de las Islas Malvinas ha tendido a concentrarse en los eventos inmediatos de 1982, privilegiando explicaciones de corto plazo basadas en decisiones políticas o errores de cálculo. Sin embargo, una perspectiva histórica más amplia permite identificar la guerra como el resultado de una secuencia prolongada de interacciones diplomáticas, transformaciones del sistema internacional y percepciones estratégicas acumuladas.

 

Desde la ocupación británica de las Islas Malvinas de 1833, la República Argentina sostuvo un reclamo persistente de soberanía. Durante más de un siglo, dicho reclamo se desarrolló en condiciones de asimetría estructural, sin que el Reino Unido aceptara discutir la cuestión de fondo (1).

La situación comenzó a modificarse en el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial, con la consolidación del sistema multilateral y el proceso de descolonización impulsado por la Organización de las Naciones Unidas.

 

EL CICLO ESTRUCTURAL (1833–1973) – DEL RECLAMO BILATERAL A LA INTERNACIONALIZACION

La adopción de la Resolución 1514 (XV) por la Asamblea General de la ONU en 1960 constituyó un punto de inflexión en el tratamiento de las cuestiones coloniales (2). Este instrumento no solo estableció la ilegitimidad del colonialismo, sino que introdujo una tensión normativa entre los principios de autodeterminación de los pueblos e integridad territorial.

En este nuevo marco, la cuestión Malvinas fue incorporada a la agenda internacional, lo que condujo a la adopción de la Resolución 2065 de la ONU en 1965. Esta resolución reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e instó a ambas partes a entablar negociaciones (3).

 

LA VENTANA DE NEGOCIACION (1965–1973)

Entre 1965 y 1973 se desarrolló un período caracterizado por la existencia de negociaciones bilaterales sostenidas. Durante esta etapa, se exploraron diversas alternativas de solución, incluyendo fórmulas de transferencia gradual de soberanía, mecanismos de administración compartida y esquemas innovadores como el “leasing”.

Asimismo, se implementaron políticas de acercamiento destinadas a integrar funcionalmente a las islas con el continente, lo que reflejaba un enfoque pragmático orientado a generar condiciones favorables para una solución negociada (4).

Este período constituye, en términos analíticos, una ventana de oportunidad en la que la resolución pacífica del conflicto parecía factible.

 

EL PUNTO DE INFLEXION (1973–1974)

A partir de 1973, una serie de transformaciones alteró significativamente el escenario: la crisis energética internacional incrementó el valor estratégico del Atlántico Sur, el Reino Unido comenzó a redefinir sus intereses en la región, y los habitantes de las islas adquirieron mayor relevancia en la formulación de la política británica.

En este contexto, la propuesta de “leasing” considerada durante el gobierno de Juan Domingo Perón representó el último intento concreto de solución negociada. Su abandono posterior marcó el cierre de la etapa iniciada en 1965 (5).

 

EL CICLO DECISIONAL (1973–1982): UNA LECTURA DESDE GARCIA ENCISO

El testimonio del Lic. José Enrique García Enciso -integrante de un equipo de análisis estratégico en la Presidencia argentina a comienzos de la década de 1980- resulta particularmente relevante para comprender las percepciones que orientaron la toma de decisiones en la etapa final.

Según su relato, hacia 1981 se había consolidado en los niveles decisorios una convicción central: el Reino Unido no estaba dispuesto a negociar la soberanía bajo ninguna circunstancia (6).

 

Esta percepción se apoyaba en diversos factores: El fracaso reiterado de las gestiones diplomáticas, la negativa británica a incluir la soberanía en la agenda ,y la creciente centralidad del principio de autodeterminación.

El caso de Belice, donde el Reino Unido promovió un proceso de autodeterminación, fue interpretado como un precedente potencialmente aplicable a Malvinas, lo que reforzó la idea de un bloqueo estructural del reclamo argentino.

 

EL CAMBIO ESTRATEGICO: DE LA NEGOCIACION AL HECHO CONSUMADO

En este contexto, la dirigencia argentina adoptó un giro conceptual significativo. La estrategia dejó de orientarse a la negociación progresiva y pasó a centrarse en la generación de una crisis que alterara las condiciones existentes.

De acuerdo con García Enciso, el objetivo era producir un “hecho” que obligara a la intervención de actores internacionales y forzara una instancia de mediación (7). Este enfoque se tradujo en el diseño de un plan de contingencia para 1982.

Sin embargo, la dinámica de los acontecimientos -particularmente el incidente en las Georgias del Sur y la respuesta británica- precipitó la decisión de adelantar la operación. El 2 de abril de 1982, la Argentina ocupó las islas, iniciando una nueva fase del conflicto.

 

DE LA CRISIS A LA GUERRA

Los intentos de mediación internacional, encabezados por el secretario de Estado estadounidense Alexander Haig, fracasaron en un contexto de rápida alineación del sistema internacional en favor del Reino Unido.

El inicio de las operaciones militares británicas el 1 de mayo, incluyendo la Operación Black Buck, marcó el pasaje definitivo a la guerra abierta.

El hundimiento del ARA General Belgrano por el submarino HMS Conqueror el 2 de mayo constituyó un punto de no retorno, al clausurar las posibilidades inmediatas de negociación (8).

 

CONCLUSION

El análisis desarrollado permite sostener que la guerra de 1982 debe ser entendida como el resultado de un proceso histórico en el que confluyeron factores estructurales y decisiones estratégicas.

El cierre de la ventana de negociación abierta entre 1965 y 1973, combinado con la percepción de un bloqueo definitivo por parte del Reino Unido, condujo a la adopción de una estrategia orientada a modificar la situación mediante un hecho consumado.

En este sentido, la guerra no constituye el origen del conflicto, sino su expresión más aguda: una instancia en la que la lógica diplomática fue sustituida por la lógica de la coerción.

 

(1) Escudé, Carlos. Foreign Policy Theory in Menem's Argentina. Gainesville: University Press of Florida, 1997.

(2) Resolución 1514 (XV) de la ONU, Asamblea General, 1960.

(3) Resolución 2065 de la ONU, Asamblea General, 1965.

(4) Freedman, Lawrence y Virginia Gamba-Stonehouse. Signals of War: The Falklands Conflict of 1982. Princeton University Press, 1991.

(5) Gustafson, Lowell S. The Sovereignty Dispute over the Falkland (Malvinas) Islands. Oxford University Press, 1988.

(6) García Enciso, José Enrique. Testimonio en disertación sobre el proceso decisional argentino previo al conflicto de 1982.

(7) Ibíd.

(8) Freedman, Lawrence. The Official History of the Falklands Campaign. Routledge, 2005.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

NEGOCIAR CON TEHERÁN


 el problema no es Trump

 

Por Jorge Martínez Barrera

La Prensa, 03.05.2026

 

Criticar a Donald Trump es, hoy por hoy, un ejercicio casi automático en ciertos círculos. Él mismo no contribuye demasiado a suavizar esa inclinación: en medio de negociaciones con Irán, llegó a declarar que le daba lo mismo alcanzar o no un acuerdo. La frase desconcierta. Pero la pregunta relevante no es si se trata de una excentricidad más, sino si hay en ella un cálculo que no todos están viendo. Para responderla conviene partir por el tipo de adversario que enfrenta EE.UU.

 

CUNA DEL TERRORISMO

Irán es actualmente la cuna del terrorismo mundial. Éste, a diferencia del de los años 70 del siglo pasado, que era político, es un terrorismo abiertamente religioso. La consigna actual no es “¡Viva la revolución!”, o “¡Socialismo o muerte!”, sino “Allahuh akbar!” Esto conlleva toda una redefinición de fines y medios, que se hace más visible en la modalidad contemporánea de la Yihad islámica, la guerra santa, ya prescrita en numerosas aleyas coránicas. Allí se manda subyugar a los infieles por la vía violenta en caso de que no lo hagan pacíficamente.

En realidad, el mandato coránico, según entienden los ayatolás, es el de someter a los infieles por las buenas o por las malas, pero someterlos al fin. De hecho, la palabra “Islam” significa eso en árabe: sumisión.

 

Como es sabido, las dos grandes ramas contemporáneas del Islam son la sunita y la chiíta. Esta segunda es minoritaria; no se sabe a ciencia cierta cuántos chiítas hay, pero se estima que alrededor del 10% de los musulmanes lo son.

 

ENGAÑAR A UN ADVERSARIO

Y ahora viene el segundo asunto que convendría considerar para entender las especiales características de esta guerra. Se trata de algo habitualmente pasado por alto en los análisis públicos. Me refiero a la práctica llamada “Taqiyya”, que significa “disimulación”, “prudencia”, incluso “engaño”. Es lícito engañar a un adversario en contextos de hostilidad o cuando la supervivencia del musulmán está amenazada.

El creyente no será culpable a los ojos de Alá si niega su fe bajo coacción extrema, siempre y cuando en el interior de su corazón se mantenga firme en la creencia.

 

Ahora bien, esta práctica es central en el chiísmo debido a la historia de persecución sufrida por esta minoría. En el Islam sunita la “Taqiyya” es mucho menos frecuente, aunque doctrinalmente también es aceptada. Así entonces, la doctrina de la “Taqiyya”, sumada al historial de incumplimientos del régimen, genera una barrera de desconfianza racional para cualquier negociador occidental ¿Qué garantías tendría entonces EE. UU. de estar en una negociación sincera con un adversario que tiene demasiados problemas en su propio frente interno, y cuyo líder estaría gravemente desfigurado y herido? Muy pocas tal vez. Difícilmente Paquistán podría ser un garante de confianza: ese país, si bien no es mayoritariamente chiíta, sí comparte con los iraníes la animosidad contra Israel.

 

A todo esto se suma la situación interna del régimen iraní, marcada por protestas sociales reprimidas con dureza, por una creciente fragilidad política y por un deterioro escandaloso de su economía. En este escenario, las negociaciones externas pueden cumplir también una función instrumental: ganar tiempo o aliviar presiones, más que alcanzar acuerdos sustantivos.

 

El problema adquiere otra dimensión cuando se considera el programa nuclear iraní. La negativa a someterse plenamente a las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica y la insistencia en mantener capacidades de enriquecimiento de uranio refuerzan la percepción de que el objetivo estratégico no es negociable. Y si ese objetivo se vincula con una visión religiosa del poder, el margen para la diplomacia tradicional se reduce considerablemente.

 

CUALQUIER MEDIO VALE

Para volver al asunto central, EE. UU. enfrenta a un adversario cuyo objetivo como país y cuya política de Estado son religiosos, ya mencionados más arriba: someter al mundo al Islam. Por las buenas o las malas. Y para eso, cualquier medio vale. Naturalmente, si se tratase de armamento tradicional, el asunto tendría otros matices. Pero Irán está trabajando activamente para poseer armamento nuclear, y no está demasiado lejos de obtenerlo. Éste es el punto innegociable mencionado por los iraníes en el reciente diálogo fallido. Ellos han rechazado las últimas inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) encargado de monitorear, justamente, que el enriquecimiento de uranio no sobrepase el límite que permite los usos pacíficos.

 

En suma, si el objetivo religioso es la islamización del mundo y la herramienta táctica es la disimulación (Taqiyya), ¿de qué serviría un papel firmado en Ginebra o Islamabad? Mientras la OIEA siga encontrando puertas cerradas, la “locura” de Trump no parece un capricho, sino la única respuesta lógica ante un adversario que no juega con las reglas de la diplomacia occidental, sino con las de la supervivencia teocrática.

domingo, 3 de mayo de 2026

SOBRE LA DERROTA DE ORBÁN


POR IGNACIO BRACHT (*)

La Prensa, 03.05.2026

 

Sin duda que 16 años en el gobierno, democráticamente elegido, valga destacar, es mucho tiempo, donde el desgaste de ejercer el poder se hace sentir. Es el caso de Viktor Orbán, premier de Hungría que acaba de ser derrotado por un antiguo miembro de su partido, Peter Magyar.

 

Ahora bien, lo que llama la atención es el coro de voces que se han levantado para celebrar su derrota. Alex Soros, hijo del magnate plutócrata George Soros, patrocinador y financista de Planed Parenthood, la multinacional del aborto, además de sponsor de todas las fuerzas políticas que se enfrentaron a Orbán en estos últimos 16 años, se manifestó complacido por el triunfo de la "democracia"; Barak Obama, Emmanuel Macron, y no podía faltar Pedro Sanchez, quien esta sumido en un marasmo de corrupción y se ha cargado la democracia española al mejor estilo chavista, violentando la división de poderes, cooptando casi todas las instituciones de control del estado, en permanente alianza con los enemigos de la Nación española; fue otro que manifestó su algarabía con la derrota de Orbán. Curiosamente, o no tanto, ya que populares y socialistas votan unidos en el parlamento europeo, Alberto Nuñez Feijoo, cabeza del "opositor" Partido Popular, se sumó a la tribuna de los alegrados por el triunfo de Magyar.

 

Y qué decir de la presidente de la Unión Europea, Ursula von der Leyden, enemiga declarada de Orbán, quien durante años bloqueó los fondos que le corresponden a Hungría como miembro de la UE, y excluyó a las universidades húngaras del financiamiento europeo del programa Erasmus, creado para tal fin.

 

HOSTILIDAD

 

 Viktor Orbán viene siendo hostigado desde que llegó a la presidencia por todos los representantes de las más rancias elites del globalismo woke. Desde ser acusado de autócrata hasta socio de Vladimir Putin, cuando Orbán en el conflicto Ucrania - Rusia sólo ha buscado defender la integridad húngara, habiéndose reunido en varias ocasiones tanto con Zelenski como con Putin, buscando un acuerdo de paz, algo que no le perdonaron las elites belicistas de la Unión Europea.

 

En política interna defendió el derecho a la vida frente a los promotores del crimen "politicamente correcto" del aborto; impidió la inmigración ilegal masiva africana y asiática, algo que hoy es una realidad dramática en casi toda Europa occidental, fomentada por los que hoy quieren la "sustitución" de la tradición cristiana, piedra basal de Occidente, lo que le valió acusaciones de xenófobo y racista, por el globalismo disolvente.

 

Mientras Orbán fue demonizado, se ha silenciado con perfidia que durante su gestión se creó una Secretaría de Estado para dar acogida y asilo a todos los cristianos de Oriente Medio,  que  son perseguidos por profesar su Fe. Ha enfrentado todas las variantes de la “ideología de género”, tan deletérea y nociva, en particular para los niños en edad escolar y adolescentes, buscando de este modo preservar los valores cristianos, la identidad nacional de la tradición magyar, algo que la Europa y sus burocracias globalistas del poder, pretenden erradicar, borrando sus raíces fundacionales.

 

Acusado de antidemocrático de manera permanente, reconoció su derrota al cierre de los comicios y felicitó al ganador, que vaya paradoja, a los tres días del triunfo anunció "democráticamente" su intención de cerrar todos los medios de comunicación públicos por no aceptar sus opiniones ni la línea editorial. Vaya declaración de principios de un paladín de la democracia frente al autócrata.

 

LAS ELITES

 

La derrota de Orbán ha envalentonado a las elites globalistas, sean de derecha o izquierda, si es que podemos diferenciarlas, para tomar impulso contra las fuerzas soberanistas que se resisten y enfrentan el ukase globalista y su poder.

 

Así vemos la andanada contra Vox en España, Meloni en Italia, Le Pen en Francia, donde pende la proscripción, o la velada amenaza de prohibir a Alternativa Por Alemania, aterrados por su imparable crecimiento. El año pasado en Rumania se cometió un barbarismo constitucional al no dejar asumir la ganador de las elecciones, por ser un soberanista anti Bruselas, hecho que no despeinó a ningún "demócrata".

 

En resumen, el poder mundialista se ha cobrado una victoria en Hungría y toma aire para avanzar en otros países. De conseguirlo, Europa como cuna de la civilización occidental y de la libertad, estará acabada para siempre. No nos equivocamos al creer que la resistencia lo impedirá. A Peter Magyar habrá que verlo caminar.

 

Con errores y aciertos, Orbán defendió la identidad húngara y sus decisiones soberanas frente a los sostenidos embates de Bruselas, brazo ejecutor de las políticas globalistas.

 

Por los que se han sumado a festejar su derrota, ya con esa muestra lo vale, es que hoy rompemos una lanza en su defensa.

 

(*) Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia; Miembro de Número de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo.

miércoles, 29 de abril de 2026

¡AY DE LOS JUECES


 que no hacen justicia!

 

La Prensa, 23.04.2026

 

Señor director:

La aritmética judicial parece regirse a menudo por reglas propias, esto es, no con fundamento en las matemáticas, sino en meras ocurrencias, cuando no en groseros exabruptos.

 

Esa aritmética se potenció a través de los años con el cuento chino de la Política de Estado de Derechos Humanos.

 

Un ejemplo emblemático de lo afirmado es el  caso del cabo Julio Narciso Flores, quien en 1976 había cumplido apenas 18 años. Ocho meses antes había egresado como cabo en Mantenimiento de Aeronaves. Carecía de poder decisorio alguno, no mandaba. Era tan sólo un cabo mecánico, un técnico, que prestó servicios para la Fuerza Aérea apenas tres años.

 

Su superior absoluto en la cadena de mando, el brigadier Agosti, procesado como autor de delitos de lesa humanidad, recibió en su momento una condena de cuatro años y seis meses. El cabo Flores, con la misma tipificación, fue condenado a veinticinco años de prisión efectiva. Y el Tribunal de San Martín, que lo condenó, le acaba de denegar por enésima vez la prisión domiciliaria.

 

En estructuras jerárquicas las decisiones no nacen en los niveles más bajos. Salvo en este caso, en el cual quien ocupaba un rol técnico y subalterno, aparece soportando el peso mayor. La figura de un “cabo mecánico”, con ínfima antigüedad y mínima capacidad de decisión, contrasta con la desmesurada sanción impuesta.

 

Queda claro que la negativa a concederle tan siquiera un paliativo -como sería la reclusión en su casa- dice a los gritos, en su abominable parquedad, que el Cabo Flores debe morir donde se encuentra, esto es, en la cárcel.

 

Estos jueces tan obscenos como prevaricadores confirman lo que tantas veces hemos dicho. Sus sentencias no son el resultado de un análisis jurídico, sino lisa y llanamente la imposición de una dogmática ideológica.

 

Tampoco es un hecho aislado. El Tribunal de San Martín ha dado muestras abundantes de su perseverancia para sentenciar contra legem. ¿Quién puede olvidar, acaso, cuándo condenó a quien tuvo a su cargo la recuperación del Regimiento de La Tablada, bajo la siniestra mirada, audiencia tras audiencia, de los terroristas que intentaron coparlo?

 

Estos dramas, que sufren brutalmente los acusados de “lesa humanidad” y sus familias, contrastan con la indiferencia generalizada de la sociedad, que disfruta de una libertad que no ganó.

 

Quizás la historia pondrá las cosas en su lugar y bautizará a estos jueces con el mote que merecen: mercaderes de la ley, sicarios de una política de odio y venganza, perjuros, impostores, traidores.

 

Desde estas líneas, apenas una voz entre muchas, se intenta sostener algo de esa pálida y frágil llama de justicia, con la esperanza de que no llegue el día en que ya no queden justos a quienes salvar ni razones para librar una y otra vez el buen combate.

 

Alberto Solanet

Presidente de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia.

LA PARADOJA CORDOBESA


 CRISIS DEMOGRÁFICA Y COMPRA DE ABORTIVOS

 

NOTIVIDA, Año XXVI, Nº 1411, 28 de abril de 2026

 

Las escuelas primarias y los jardines de infantes de Córdoba se muestran cada vez más vacíos. Estos indicios fueron la primera alarma de una nueva realidad: la provincia atraviesa una drástica caída en la cantidad de nacimientos.

Entre 2014 y 2024 los nacimientos se redujeron un 43%, pasando de 59.246 a 33.873.


Sin embargo, a fines de marzo el gobierno provincial lanzó una “subasta electrónica” para adquirir, entre otros insumos, 9.600 implantes subdérmicos, 150 sistemas intrauterinos (SIU), 3.200 dispositivos intrauterinos (DIU) y 38.400 comprimidos de misoprostol.


En el Notivida Nº 1404 señalábamos que la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires ya exhiben crecimiento vegetativo negativo. Advertíamos también que Córdoba parece encaminarse en la misma dirección: aunque todavía mantiene una diferencia positiva entre nacimientos y defunciones, ésta es mínima —apenas 145— en una población cercana a los cuatro millones de habitantes. La compra detallada de insumos aviva la tendencia.

sábado, 25 de abril de 2026

LA POBREZA


su medición, sus causas y cómo reducirla

 

Eugenio Díaz-Bonilla *

Agustín Salvia **

 

Perfil, 25-4-26

 

El 3 de abril pasado, el Washington Post en un editorial denominado “Nuevos datos de la Argentina revelan la verdadera respuesta a la pobreza”, destaca la caída de la pobreza como asociada a las políticas de liberación económica y ajuste antiinflacionario del actual gobierno. Sin duda, al igual que la mayoría de los argentinos, cabe celebrar la disminución de la pobreza en nuestro país. Sin embargo, el editorial malinterpreta los datos y las políticas implementadas y, por consiguiente, los remedios propuestos para seguir reduciendo la pobreza constituyen una confusión ideológica.

 

En primer lugar, los datos. Debemos recordar que la pobreza se estima comparando: a) el costo de la canasta básica de bienes y servicios que las personas deben consumir en ese país para evitar caer en la pobreza; con b) los ingresos efectivos de los que disponen dichas personas. Si el valor de b) es inferior al de a), se considera que las personas son pobres. El editorial señala, citando datos oficiales, que la pobreza disminuyó del 53 por ciento al 28 por ciento en el lapso de dos años. Esta disminución refleja, en parte, un componente genuino derivado de una menor inflación (lo cual reduce el costo del componente a) y de un aumento en las transferencias provenientes de programas de protección social dirigidos a los sectores más vulnerables (lo cual incrementa el componente b). Pero también refleja –tal como indica el análisis del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina– una mejora en la captación de las fuentes de ingresos. Esto eleva el nivel de ingresos identificados (punto b), reduciendo así el número estimado de personas que viven en situación de pobreza.

 

Asimismo, tras la liberalización de las tarifas y precios de los servicios públicos (electricidad, agua, gas, transporte, etc.) introducida por el gobierno de Milei, el peso de estos elementos dentro de la canasta de consumo real aumentó significativamente. Sin embargo, este cambio en la composición del componente (a) –el cual afectó el consumo de alimentos, educación, vivienda y salud– aún no se ve reflejado en los cálculos. Por consiguiente, la subestimación previa de los ingresos, sumada a la actual subestimación del impacto de los servicios públicos, hace que las últimas cifras reportadas no resulten comparables con las estimaciones anteriores: si se aplican metodologías similares, la pobreza se mantiene por encima de los niveles de 2018 y más próxima a las cifras registradas entre 2021 y 2022 (en torno al 35-38 por ciento).

 

Por otra parte, otro punto a no perder de vista es que la elevada tasa de pobreza del 53 por ciento fue, en gran medida, resultado de la extraordinaria devaluación del peso que el presidente Milei implementó tras asumir el cargo en diciembre de 2023 (comparable a la explosión de la crisis de 2002): la inflación mensual se disparó al 27 por ciento solo en diciembre de 2023, y a un 20 por ciento adicional en enero de 2024, lo cual elevó el costo de la canasta básica de bienes y servicios, así como el número de personas en situación de pobreza. En comparación, durante los últimos cuatro o cinco meses de la administración anterior, la inflación rondó el 12 por ciento mensual –una cifra elevada, ciertamente, pero inferior al incremento de la inflación (y de la pobreza) generado por las políticas iniciales del gobierno de Milei–.

 

En resumen, la reducción de la pobreza –si bien posee un componente real que merece ser celebrado– es inferior a las estimaciones del Gobierno (cuando se emplean metodologías equivalentes) y se compara con un nivel que, en parte, fue generado inicialmente por el propio gobierno actual.

 

¿Qué hay que hacer ahora para seguir bajando la pobreza? El editorial destaca acertadamente la relevancia del crecimiento económico y el papel crucial del sector privado, la contribución potencial de las iniciativas desregulatorias del Gobierno y la importancia de sanear las cuentas fiscales (aunque, respecto a este último punto, el editorial afirma que Argentina no había registrado un superávit fiscal en 123 años; de hecho, según datos del FMI, el país obtuvo superávits anuales de aproximadamente el 1,9 por ciento del PIB entre 2003 y 2008, mientras que el promedio proyectado para el período 2024-2026 se sitúa en torno al 0,9 por ciento). El editorial también señala que la tasa de desempleo está aumentando hasta alcanzar el 7,5 por ciento (cifra superior al promedio del 6,5 por ciento registrado en los dos años previos a la llegada del gobierno actual). Sin embargo, atribuye erróneamente este incremento a una reducción de los empleos en el sector público, cuando los datos oficiales revelan que la casi totalidad de los cerca de 400 mil puestos de trabajo perdidos desde la asunción de Milei corresponden, en realidad, al sector privado.

 

Más bien, la causa del aumento del desempleo reside en una política macroeconómica inconsistente: tasas de interés excesivamente elevadas para sostener un tipo de cambio fuera de equilibrio, y una liberalización comercial implementada sin tomar en cuenta las prácticas comerciales de otros países, los que contravienen las normativas de la OMC. Medidas todas ellas orientadas a contener la inflación, pero que, simultáneamente, están llevando a la quiebra a importantes sectores de la actividad productiva. Los datos oficiales muestran que el crecimiento del PIB para el año completo 2025 (y no el crecimiento de mitad de año citado por el editorial) fue del 1,3 por ciento (y de solo el 0,6 por ciento si se excluye el sector financiero). La desaceleración del crecimiento y la pérdida de empleos están comenzando a revertir la disminución previa de la pobreza, tal como lo evidencia el leve aumento registrado hacia finales de 2025.

 

Las políticas macroeconómicas inconsistentes (cambiaria, monetaria, fiscal y comercial) –y no un debate abstracto sobre socialismo frente a capitalismo, como plantea la editorial– han sido la causa de las recurrentes crisis económicas en Argentina. Si bien el gobierno actual ha logrado avances en algunas de esas dimensiones, las políticas macroeconómicas siguen siendo, cuando menos, subóptimas para permitir que el sector privado impulse el crecimiento de la economía, genere empleos y, por consiguiente, continúe reduciendo la pobreza.

 

*International Food Policy Research Institute (Ifpri)

**Observatorio de la Deuda Social Argentina, ODSA-UCA. FCS/UBA-Conicet.

lunes, 20 de abril de 2026

EL DURO BALANCE


 de un profesor tras 40 años de docencia: “Estamos perpetuando el fracaso, venimos en caída libre”

 

Por Claudia Peiró

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 19/04/2026

 

Este veterano profesor ha sido testigo de varias gestiones que, desde la transferencia educativa a las provincias en los 90 no han hecho sino agravar la descomposición de un sistema que alguna vez fue de excelencia.

 

Le angustia la indiferencia de la sociedad ante cada paso hacia el abismo, como la última reforma bonaerense, herencia dejada por Alberto Sileoni como Director General de Cultura y Educación (2021-2025), y le enoja aun más el silencio de las asociaciones e instituciones que se supone trabajan por la educación.

 

La licuación de la autoridad docente, el vaciamiento de contenidos y la estigmatización de los exámenes son algunos de los elementos que conforman un sistema que termina siendo un simulacro de educación, “cartón pintado, un como si, un hacer de cuenta que…”

 

Jorge Angelini egresó del Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González como profesor nacional de Castellano, Literatura y Latín. Luego hizo una diplomatura en Gramática Castellana en la Universidad del Salvador y una especialización en Enseñanza de la Didáctica en la Universidad Nacional de Córdoba. Fue director de colegios secundarios en dos ocasiones. Actualmente ejerce la docencia en dos secundarios privados del centro de Merlo, uno confesional y otro laico, en 3°, 4°, 5° y 6° año de secundaria. También da clase en dos institutos de formación docente. En uno, confesional, trabaja en la formación de maestras de grado y de docentes de inicial. Y en el otro, un instituto superior del profesorado, forma estudiantes para el profesorado de Lengua y Literatura.

 

La última reforma del secundario en la provincia de Buenos Aires elimina algunos niveles de las materias que dicta Angelini. Se trata de sustituir los contenidos duros por materias que responden más a un enfoque ideológico que al interés educativo.

 

Aunque afirma no ver “un freno” a la caída, se define como “un entusiasta”. no piensa en el retiro y espera irse habiendo visto un mínimo regreso a la escuela de «años gloriosos” de sus comienzos en la docencia.

 

— ¿Cuál es tu balance de estos cuarenta años?

 

— Estamos perpetuando el fracaso. Venimos en caída libre, en picada, y mi angustia es que no veo un freno. Caemos, caemos. Los indicadores de pruebas internacionales como PISA y nacionales como Aprender nos están demostrando que año a año estamos peor. Y la sociedad lo mira con pasividad, eso me angustia. En cuarenta años, hubo algunos aciertos, pero el balance lamentablemente es negativo.

 

— Pareciera no haber un diagnóstico claro de la razón por la cual estamos así, por eso algunas soluciones agravan el problema.

 

— Se toman medidas que son parches, nada más. No es buscar una solución, no es un barajar y dar de nuevo, sino un “barramos la mugre bajo la alfombra y sigamos como si nada”. Es como si detecto que en Argentina toda la población tiene mucha temperatura, 39°, entonces destruyo los termómetros. Destruyo el elemento que mide la fiebre y me quedo conforme, porque ya la fiebre no va a aparecer, pero la fiebre está.

 

— Hubo profesores que alentaban a los alumnos a no ir a las pruebas PISA o Aprender.

 

— Sí, sí. Hay una demonización del examen que viene de años.

 

— Un profesor desaprueba a un alumno pero luego viene la intensificación o la instancia final y otro profesor lo aprueba con un trabajito. ¿Eso es lo que sucede?

 

— Voy a aclarar algo sobre esta moda. El término intensificación es un eufemismo, porque puedo intensificar si hay una base, pero cuando el alumno viene sin ningún contenido, no estamos intensificando, sino recuperando. Pero recuperar implica que el alumno desaprobó y ya de por sí decir desaprobado es estigmatizante, es una palabra que hay que olvidar, entonces se la disfraza con esto de intensificar.

 

— ¿En qué consiste la intensificación?

 

— Que el alumno rinde temas de las distintas unidades y llegado el mes de julio, si desaprobó, va dos semanas a recuperar esos contenidos. Viene el segundo cuatrimestre, misma dinámica. Si desaprueba, tiene dos semanas en noviembre antes de pasar a diciembre. Ya tenemos un mes de recuperación. Si aún así no aprueba el contenido —ya no hablamos de materia completa, sino del tema desaprobado—, pasa a dos semanas en diciembre. Si aún así no aprueba, va dos semanas a febrero. Así por ejemplo, un chico que está en segundo año y nunca aprobó un tema de práctica del lenguaje, lo va a ir intensificando durante toda su trayectoria escolar hasta que lo apruebe. El tema es que la evaluación es un proceso, pero cuando a mí me llegan alumnos de otro profesor para que yo los evalúe, ¿qué me pasa? A ese alumno lo recibo de cero porque no fue alumno mío. Entonces, ¿dónde está el proceso? No hay, es todo cartón pintado, es un como si, un hagamos de cuenta que… Al chico no se le toma examen, sigue con ese contenido hasta que esté en 6° y pueda acreditarlo.

 

— ¿Tampoco hay repitencia?

 

— No, no hay repitencia. Con aprobar una sola materia del año que está cursando, automáticamente pasa al año siguiente. Hay padres que piden la repitencia. Cuando ven que el hijo se lleva diez materias, van a la escuela y los directores les dicen: “No está contemplado en la resolución que el chico repita aprobando ya una materia”. Tampoco los padres pueden hacer nada. Es realmente de locos este caos. Este limbo en el que estamos metidos.

 

— Tengo entendido que también hay una sobrecarga horaria con el nuevo sistema de intensificaciones.

 

— Sí, porque en el sistema actual tenemos los alumnos que corresponden a nuestro año, pero después vienen los que intensifican de otros años y los recursantes. Entonces, tenés de base un curso con 35 estudiantes pero podés llegar a tener 45. Todo por la misma módica suma. Una sobrecarga docente de la cual los gremios no dijeron nada y nos entregaron en bandeja. Nadie nos defendió. La sobrecarga nos quemó la cabeza. Sileoni dijo que esta reforma seguía el modelo de países europeos: Finlandia, Suecia. Pero allá no tienen más de veinte alumnos por aula. A nosotros nos imponen un modelo del primer mundo, pero con sueldos del tercer mundo.

 

— ¿Cómo era hace 40 años?

 

— Si nos remontamos en el tiempo, un descalabro educativo fue la implementación del tercer ciclo de la educación general básica (EGB) y el polimodal. En los 90. La ley de transferencia de la educación a las provincias que hizo Menem y que llevó adelante Susana Decibe. Vino esta atomización. Fue el huevo de la serpiente. La transferencia de los servicios educativos a cada provincia sin un órgano central, como era el Ministerio de Educación, fue un caos, que ahora estoy viendo replicar en la provincia con la nueva secundaria que impulsó Alberto Sileoni y que sigue sosteniendo (Flavia) Terigi.

 

— Esta última reforma agrava el vaciamiento educativo pero no hubo demasiadas críticas.

 

— Este sistema provincial es sostenido por la mirada cómplice de inspectores y supervisores, que son complacientes frente a lo que ven en los colegios, sumado al miedo de los directivos de enfrentarlo. También hay mucha resignación en los profesores: “Esto es así, esto no va a cambiar”. Entonces, si quieren promoción y el trabajito fácil, bueno, sale el trabajito fácil. Lo que más me llama la atención es la no reacción de los padres. Cuando salió este nuevo régimen académico en 2024, todos los padres tendrían que haber ido a golpear las puertas de la Dirección de Escuelas y no irse de ahí hasta que recularan, por lo menos en los aspectos más significativos. Pero los padres están como anestesiados. Esto es una estafa al futuro porque no se está preparando a los chicos para estudios superiores. Dejamos lo mediocre y nivelamos para abajo. Me llama la atención cómo todos los actores de la comunidad educativa miran para otro lado y van dejando que esto avance. Me enoja mucho el silencio de la Academia Nacional de Educación, de los Padres Organizados, de Argentinos por la Educación, que no toman postura frente a este vale todo, este caos, esta nada que estamos viviendo en la educación.

 

— ¿Está desvirtuado el concepto mismo de educación?

 

— Sí, porque educar es enseñar a gestionar el fracaso, preparar a los estudiantes para los riesgos de la vida real. Pero hoy en las aulas, en general, la educación es crear comodidad, es que los chicos tengan todo a mano, que no se frustren y que egresen como entraron, muchas veces sin apropiarse de contenidos verdaderamente significativos.

 

— ¿Qué pasa con la autoridad del maestro, tanto en lo pedagógico como en lo disciplinario?

 

— La autoridad del maestro está completamente desgastada, erosionada desde las normativas del ministerio y muchas veces también desde la familia. Ya el saber es cuestionado. “¿Esto para qué sirve? ¿Para qué te lo dan? ¿Para qué te lo enseñan? ¿Para qué te lo exigen? ¿Cómo lo desaprobó por esto?”. Todo eso va sumando a la erosión del saber y de lo disciplinario. Ahora no hay sanción, se lo llama reparación. Entonces un chico le pega a otro, ya que estamos en el tema de la violencia, y hay que llamarlo, hablar, hacerlo reflexionar. Pero como el chico sabe que no pasa nada si le pega 20 veces a su compañero, eso también desgasta la autoridad. La falta de límites desgasta la autoridad.

 

— Es como si la escuela fuera una terapia de grupo….

 

— Si por lo menos uno viera que la “terapia” funciona….pero no es el caso.

 

— También hay un permanente adelgazamiento de contenidos.

 

— Sí, lo vivo en carne propia. Este año se reforma la currícula del profesorado de Enseñanza de Secundaria en Lengua y Literatura. Yo dicto Lingüística y Gramática III en tercer año y Lingüística y Gramática 4 en cuarto año. Con la nueva currícula, la materia de 3° —Lingüística y Gramática III— desaparece y a mí me reasignan a Sociolingüística para no quedar desempleado. Pero no es el área que a mí me interesa. Yo tengo una diplomatura en Gramática Castellana. Tengo estudios en la Universidad de Córdoba de Didáctica de la Gramática. Todo ese saber que yo le puedo aportar a mis estudiantes del profesorado va a desaparecer porque desaparece la materia. Y en 4° año también desaparece Lingüística y Gramática IV y me reasignan las horas a una materia que se llama Lengua, Poder y Sociedad. Es decir, que de los cuatro años que había de Gramática en el profesorado van a quedar dos, en 1° y 2°. Si eso no es adelgazar contenidos, ¿cómo lo podemos llamar?

 

— ¿Hay demasiada psicología en el aula?

 

— La psicología no es mala. De hecho, en nuestra carrera estudiamos psicología de la niñez y del adolescente. Lo malo es el psicologismo que nos invadió, que instaló al alumno como víctima. Lo llamo la pedagogía de la compasión. El chico no puede, el chico se frustra, el chico no llega. Eso es lo malo, no la psicología en sí.

 

— Vamos por etapas: después de la reforma de los 90, ¿qué trajeron los 2000, los 2010, los 2020?

 

— Después del desastre de los 90, la crisis del 2001 impactó en la escuela. Vinieron las escuelas comedor. Había que subsanar el tema de alimentación, de los chicos que llegaban a las aulas con hambre. Entonces se corrió el eje. Fue más atender esas necesidades de alimentación y de contención que de enseñanza. Y lo que en educación se pierde no es como en economía, que se puede invertir y después ganar el doble. En educación lo que se pierde tarda años y años en recuperarse y a veces se pierden generaciones. Así llegamos al 2010. Ahí tuvimos en la provincia de Buenos Aires la gestión de Mario Oporto, el que instaló al alumno como sujeto de derechos y no de obligaciones. Porque sí, el alumno tiene el derecho a la educación, pero también al ingresar al sistema tiene que tener obligaciones. Te doy algunos ejemplos que recuerdo de la resolución de evaluación. Por ejemplo, si un alumno desaprobaba tres veces con un profesor, podía pedir cambio de mesa y rendir con otro. Si la mesa de examen empezaba a las ocho de la mañana y él llegaba a las once, había que tomarle igual el examen. Así se fue instalando esto de que el alumno hace lo que quiere, y nosotros nos plegamos.

 

— Otro momento de agravamiento fue la pandemia, el cierre de escuelas.

 

— En el 2020, con la pandemia, yo pensaba: cuando acá baje el agua de la inundación se va a ver toda la suciedad. Y aún hoy la estamos viendo. Después de casi un año y medio en que el alumno estuvo en casa, porque al cierre de las escuelas, en el 2021 le siguieron las burbujas. No iban todos los chicos a la escuela todos los días. Toda esa intermitencia repercutió en los comportamientos en el aula. Me costó un montón en el 2022, 2023, que los chicos tuvieran hábitos de escucha, que no pidieran de ir al baño a cada rato, que no se pusieran a comer en clase, porque para ellos era normal, porque durante la educación en la casa prendían las computadoras pero después si tenían ganas de ir al baño, o de salir un rato al patio, lo hacían. Y no quiero dejar de mencionar al ministro Nicolás Trotta, que cuando estábamos remándola para que los chicos se conecten, se enganchen, entreguen los prácticos que les pedíamos, a mitad de año, en junio, dijo que no iba a haber nadie desaprobado. Eso fue patear un hormiguero, porque después teníamos que salir a pescar a los chicos para que se conectaran, para que cumplieran… total, el ministro había dicho que no iban a desaprobar.

 

— ¿Algún ministro rescatable?

 

— De estos 40 años, lamentablemente, me quedan los nombres de ministros que categorizo de malos a pésimos. Que no pueda mencionar un ministro que se haya destacado por hacer un aporte significativo a la educación es tristísimo, desolador. Hoy el Ministerio de Educación tampoco existe y tiene rango de Secretaría. Me pregunto si la sociedad sabrá quién es Carlos Torrendell, porque se lo escucha muy poco. Cada tanto se lo ve participando del Consejo Federal de Educación, pero no más. En síntesis, una serie de desaciertos y de gente que le hizo mucho daño a la educación argentina.

 

— Decías que también hubo algún que otro acierto…

 

— Sí, en 2006, salió la nueva Ley Nacional de Educación, que derogó la Ley Federal. Eso fue un acierto. Lo que pasa es quedó en letra muerta, porque la ley dice claramente que se le tiene que brindar a los estudiantes una educación de calidad. Hoy la calidad se traduce en caridad educativa. La ley dice que se debe preparar a los estudiantes para el abordaje de estudios superiores. Eso tampoco está ocurriendo.

 

— ¿Qué es esta nueva moda del aprendizaje basado en proyectos?

 

— El famoso ABP. En 2019, gestión de María Eugenia Vidal, que fue desastrosa en educación, se intentó un plan piloto que se llamó Escuelas promotoras. El nombre lo dice: buscaban que el alumno promocione. La estrategia era trabajar en esas escuelas piloto con el aprendizaje basado en proyectos. Por suerte eso no se implementó en los dos colegios donde yo trabajo, pero sí escuché a colegas de otros colegios. Por ejemplo, tenían que tomar una problemática local. Por ejemplo, la contaminación del río Reconquista, que pasa por acá. Todas las materias tenían que trabajar sobre esa problemática: Historia, Geografía, Prácticas del lenguaje y Literatura, Inglés. Todo debía confluir en un producto final que fuera el trabajo sobre la contaminación del río Reconquista. Es evidente que se menoscaban los contenidos fundamentales, porque uno no puede acotar su materia a una sola problemática.

 

—¿El adelgazamiento de contenidos ha sido una constante?

 

— Claro que sí. Y en esto del ABP, eran raquíticos los contenidos porque todas las materias debían tratar esa temática y eso era despojar la currícula. También traía una dificultad en la evaluación. ¿Cómo se evaluaba un producto final si cada uno tenía que mirarlo desde su materia, pero a la vez acordar con el otro docente para poner una nota final? Cuando en el 2022 vino el revoleo de materias, cuando nos juntaban por áreas, también había que acordar una nota con el profesor de la disciplina parecida. Por ejemplo, yo tenía que trabajar con Inglés. Si el alumno aprobaba Inglés pero no Literatura, igual aprobaba esa área. Así también se adelgazaron los contenidos e incluso se dio por aprobadas materias que estaban desaprobadas.

 

— En cuanto a los institutos docentes: ¿es irrestricto el ingreso? ¿Cómo llegan esos estudiantes a la carrera docente?

 

— En 2007, bajo la gestión de Mario Oporto, se eliminó el examen de ingreso para los profesorados. Eso se suplantó con cursos nivelatorios no eliminatorios, y actualmente se da un programa de primer año, es decir, que el alumno ingresante tiene todo el primer año para adecuarse al sistema superior. Y llegan sí con deficiencias, como en cualquier carrera. Por eso digo que la ley nacional en la práctica no se cumple, porque tendrían que egresar con aprendizajes significativos para transitar estudios superiores sin dificultad y eso no se da. Cuando la señora Terigi vino a Ituzaingó con el gobernador a inaugurar una escuela, criticó a los docentes que estamos en contra de este régimen académico permisivo llamándonos “defensores del dificilismo”, cosa que me hizo mucho ruido, porque ella, siendo rectora de una universidad [General Sarmiento], tendría que darse cuenta de que el dificilismo lo tienen los estudiantes por las carencias de un secundario que no da las habilidades y herramientas mínimas para la universidad.

 

— ¿Qué pasa con los programas de los institutos?

 

— En uno de los institutos de formación docente donde trabajo, cuando empecé, el programa, los contenidos, eran muy completos. En el 2018, gestión Vidal, cambia la currícula, sacan materias. Por ejemplo, Latín y Lenguas Clásicas. Aun sabiendo que nuestro idioma viene del latín, lo eliminaron porque era una de las materias filtro, que hacía que los estudiantes abandonaran. Por apuntar a la cantidad, sacaron una materia importante. Y este año, se da la segunda reforma, el otro cambio curricular que ya comenté. En mi caso concreto, eliminan Gramática, y ocupan esa carga horaria con materias como Pensamiento Político Pedagógico Latinoamericano o Políticas Inclusivas y Propuestas Pedagógicas Igualitarias. Según el posicionamiento ideológico, tienen que suprimir algunas materias para darle carga horaria a otras.

 

— Pudiendo jubilarte, ¿por qué decidiste no hacerlo?

 

— Sí, con este panorama tan trágico, con esta tragedia educativa, como decía Jaime Etcheverry, ¿por qué permanezco en el sistema? Me sobran años para jubilarme. A los 50 me podía haber jubilado, ya tengo 10 más. Con 25 de servicio también, y ya tengo 40. No soy masoquista, me considero una persona muy entusiasta por sobre todas las cosas. Digo entusiasta por el significado etimológico de la palabra. Para los griegos, entusiasta era el que tenía un dios adentro, “en” es adentro, “theos”, dios. La persona que desbordaba de ganas de cambio. Bueno, yo me defino así. Soy entusiasta, y el día que este entusiasmo esté opacado por todo esto que te dije, que todavía no logra hacer mella en ese entusiasmo mío, ahí sí me voy a ir. Me gustaría irme habiendo visto un poco de esos años gloriosos en los que empecé, y hasta el 93, cuando vino la transformación de la que ya hablamos, para mí esos años fueron excelentes. Después empezó la decadencia hasta esto de hoy que es irrefrenable, que no sé a dónde va a parar, pero yo tengo fe de que alguien tome el guante y decida cambiar. A pesar de que no está entre las preocupaciones de los argentinos. Cuando veo que en las encuestas sale que la principal preocupación de los argentinos es la desocupación, la inflación, la inseguridad, la corrupción, y la educación no figura ni siquiera como un problema en quinto o sexto lugar, me hace acordar a lo que decía Belgrano, “sin educación nunca seremos más de lo que desgraciadamente somos”. Me gustaría irme más optimista. Pero el aula me entusiasma, estar con los adolescentes y mostrarles lo importante que es su lenguaje, que quieran su código lingüístico, que sean críticos, que entiendan que “quien domina el lenguaje, maneja el mundo”. Que no sean manejados, que puedan ver las intenciones de las palabras, lo que esconden. ¿Qué hay detrás? ¿Qué tengo que inferir cuando tal medio me dice tal cosa? Que sean excelentes usuarios de su lengua. Soy un entusiasta de que eso se cumpla.

 

— ¿Cómo te describirías como profesor?

 

— Cuando mi abuela se enteró de que iba a ser profesor de secundaria, me dijo: “Mirá, Jorge, que se agarran más moscas con miel que con vinagre”. Eso lo pongo en práctica desde ese momento. Soy un profesor exigente, pero exijo lo que doy. Y es una exigencia con mucho afecto. Uno de mis momentos inolvidables es a fin de año cuando entrego diplomas. Es un momento que atesoro, el abrazo que me da el egresado cuando le doy el diploma y me dice gracias. Esa es otra de las cosas inolvidables a lo largo de estos 40 años. Entre mis estudiantes, me gané un respeto genuino, no impuesto. Tengo una base muy sólida en el dominio académico de las materias que dicto. Durante las horas de clase, la materia es el centro del trabajo. No hay dispersión hacia otros temas. Creo un clima de cordialidad en el aula basado en el respeto mutuo. Es uno de los valores que fomento en mis alumnos. No permito las cargadas, las risas, no permito que se burlen si alguno pregunta, porque si uno habilita eso, está desalentando la participación por miedo a las cargadas de los compañeros. Así que en eso soy muy estricto y entiendo que tengo una autoridad muy serena y eso hace que los estudiantes me aprecien y yo a ellos. Una vez una antropóloga nos dijo que como docentes podemos tener dos actitudes: que nos importe el alumno o que lo soportemos. Y volvemos a la etimología: importar es llevar adentro. A mí me importan porque yo los llevo conmigo. Los llevo sobre mis hombros. Lo que yo soporto es el sistema educativo. A mis estudiantes yo los importo.

 

— ¿Y cómo es tu vínculo con el sistema educativo?

 

— Tengo bajo perfil, soy muy discreto. No soy de los que toman la palabra en las reuniones docentes o en las jornadas. Observo más de lo que hablo. Pero resisto presiones o modas educativas, que son eso, modas y, por lo tanto, pasatistas. Estoy convencido de lo que vengo practicando desde hace años y noto que me da resultados.

 

— ¿Buenos recuerdos de estos años?

 

— Sí, hay historias que atesoro en mi corazón. Recuerdo el caso de un estudiante de secundario que estaba muy comprometido con el tema drogas y me pidió que yo fuese su tutor en las reuniones que tenía por semana. Después de un año le dieron el alta. Hoy me lo cruzo por las calles de Merlo y es un eterno agradecido. También hubo un chico que me eligió como padrino de bautismo. Se bautizó de grande. Y también dos alumnos que me eligieron como padrino de confirmación. Además atesoro los más de 20 viajes dentro y fuera de la provincia, acompañando grupos de estudiantes. Todo eso humaniza el rol docente. Otra satisfacción de estos años, es que en 2022 publiqué un libro sobre didáctica de las prácticas del lenguaje, donde reúno todo lo que les digo a mis estudiantes del profesorado. Son tips de cómo trabajar las prácticas del lenguaje a partir del texto literario. Me dio muchísima satisfacción poder reunir años y años de experiencia en algo productivo que sirva a futuras generaciones. También fui invitado a colaborar en un proyecto de innovación pedagógica en la Universidad de Zaragoza.

 

— Desde tu experiencia, ¿qué medidas habría que tomar para empezar a recuperar la educación?

 

— Brevemente: que vuelva el Ministerio de Educación y que sea un organismo independiente del gobierno de turno. Que sus autoridades deban acreditar 15 años de experiencia en aulas. Los 2 últimos años de la secundaria tienen que tener un régimen preuniversitario y su promedio debe habilitar a qué carrera pueden inscribirse. Las escuelas tendrían que poder elaborar su propio régimen de promoción y evaluación acorde a la comunidad educativa a la que pertenecen. El ministerio fijaría algunas pautas mínimas comunes y permitiría la autonomía institucional.