miércoles, 6 de mayo de 2026

MUERTOS CIVILES


La Prensa, 04.05.2026

 

Señor Director:

 

El Jefe del Estado Mayor del Ejército acaba de disponer, mediante una simple resolución basada en hechos ocurridos hace 50 años, la baja de 34 oficiales del Ejército, condenados y presos en las causas denominadas de “lesa humanidad”.

 

Hay condenas que no figuran en sentencia alguna, pero que se imponen y ejecutan con una eficacia implacable. La baja de 34 militares -presentada como un acto administrativo más- encierra una forma de muerte jurídica: la conversión de personas en “muertos civiles”. El derecho civil enseña que la persona se define por ciertos atributos esenciales: nombre, capacidad, domicilio, estado civil, patrimonio y nacionalidad. No es una enumeración caprichosa; es la estructura misma de la personalidad jurídica. Quitar uno de esos pilares no es un detalle técnico: es despojar a alguien de una parte de su humanidad. Y no se trata aquí de una poda menor, sino de la inicua confiscación del patrimonio de personas que han hecho aportes durante 40, 50 o más años, dejándolas sin sustento en la etapa más vulnerable de sus vidas.

 

A la supresión del haber de retiro se añade, en muchos casos, la pérdida de los servicios de la obra social. Es decir, se los priva no sólo de los recursos para vivir, sino también del cuidado de su salud cuando más lo necesitan. La vejez, que debería ser tiempo de amparo, se convierte así en brutal condena a vivir a la intemperie.

 

Frente a esto, la solución institucional oscila entre la frialdad burocrática y una ironía difícil de digerir. Un abogado del IAF, ante el reclamo de un militar despojado de su retiro, sostuvo que éste “pretende vivir cómodamente en su hogar pudiendo hacerlo en el sistema carcelario”, sugiriendo incluso que “bien podría el actor volver al sistema carcelario”, en vez de insistir en su derecho. La respuesta no sólo es de una refinada crueldad, sino que revela una concepción en la que el castigo no tiene límite ni proporción, como si la pena nunca fuera suficiente y su finalidad la anulación total de la persona.

 

Esto, en verdad, no es derecho ni justicia. La ley 19.101, en su artículo 20, prevé consecuencias para el personal militar condenado, pero su aplicación no puede desentenderse de principios elementales: la razonabilidad de las sanciones, la protección de derechos adquiridos, la dignidad humana. Este artículo establece que “la baja se produce por… condena emanada de tribunales comunes o federales, a penas equivalentes a las que en el orden militar lleven como accesoria la destitución”. Pero esa equivalencia hoy es, sencillamente, inexistente. El Código de Justicia Militar fue derogado, y con él desapareció el parámetro normativo al que la ley remite. Se aplica así una consecuencia grave apoyándose en una referencia que ya no tiene contenido jurídico real. La norma se invoca, pero su presupuesto ha sido vaciado. Y en ese vacío, lo que debería ser derecho se convierte en discrecionalidad.

 

En este escenario el desempeño de los jueces resulta decisivo. Sin embargo, lejos de erigirse como un límite frente a estos excesos, demasiadas veces optan por la comodidad de convalidarlos. Y no se trata de pedirles que actúen con heroísmo, sino de algo elemental, esto es, la voluntad de aplicar el derecho sin temor ni oportunismo. Cuando eso falta, la ley deja de ser un refugio para convertirse en un instrumento de demolición.

 

La paradoja es evidente. En un extremo, personas que dedicaron su vida al cuidado y defensa de la nación, se ven privadas por el Estado de sus medios de subsistencia y de la cobertura de su salud. En el otro, quienes integraron organizaciones terroristas que atentaron contra esa misma nación, reciben indemnizaciones millonarias.

 

Ese mismo Estado es el que ahora los da de baja del Ejército, humillándolos hasta el extremo, además de dejarlos en la indigencia. Todo ello después de haberlos mantenido encarcelados durante años, víctimas del escandaloso prevaricato en que incurrieron a mansalva jueces cobardes y corruptos, ejecutores de una política de odio y venganza como no se ha visto en ningún país civilizado, para vergüenza de los argentinos.

 

ALBERTO SOLANET Y JUAN ANTONIO VERGARA DEL CARRIL

 

(Presidente y Secretario -respectivamente- de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia)

lunes, 4 de mayo de 2026

MALVINAS

 

De la negociación frustrada al conflicto armado

 

Por Gabriel Camilli

La Prensa, 03.05.2026

 

El conflicto del Atlántico Sur de 1982 no constituye un episodio aislado, sino la culminación de un proceso histórico de larga duración. Este trabajo propone una reconstrucción analítica en dos niveles: un ciclo estructural (1833–1973), caracterizado por la evolución del reclamo argentino y las condiciones internacionales, y un ciclo decisional (1973–1982), interpretado a partir del testimonio del Licenciado José Enrique García Enciso.

Se sostiene que la guerra emerge como consecuencia del cierre de una ventana de negociación y de la adopción de un enfoque estratégico orientado a forzar una mediación internacional.

 

INTRODUCCION

La literatura sobre el conflicto de las Islas Malvinas ha tendido a concentrarse en los eventos inmediatos de 1982, privilegiando explicaciones de corto plazo basadas en decisiones políticas o errores de cálculo. Sin embargo, una perspectiva histórica más amplia permite identificar la guerra como el resultado de una secuencia prolongada de interacciones diplomáticas, transformaciones del sistema internacional y percepciones estratégicas acumuladas.

 

Desde la ocupación británica de las Islas Malvinas de 1833, la República Argentina sostuvo un reclamo persistente de soberanía. Durante más de un siglo, dicho reclamo se desarrolló en condiciones de asimetría estructural, sin que el Reino Unido aceptara discutir la cuestión de fondo (1).

La situación comenzó a modificarse en el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial, con la consolidación del sistema multilateral y el proceso de descolonización impulsado por la Organización de las Naciones Unidas.

 

EL CICLO ESTRUCTURAL (1833–1973) – DEL RECLAMO BILATERAL A LA INTERNACIONALIZACION

La adopción de la Resolución 1514 (XV) por la Asamblea General de la ONU en 1960 constituyó un punto de inflexión en el tratamiento de las cuestiones coloniales (2). Este instrumento no solo estableció la ilegitimidad del colonialismo, sino que introdujo una tensión normativa entre los principios de autodeterminación de los pueblos e integridad territorial.

En este nuevo marco, la cuestión Malvinas fue incorporada a la agenda internacional, lo que condujo a la adopción de la Resolución 2065 de la ONU en 1965. Esta resolución reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e instó a ambas partes a entablar negociaciones (3).

 

LA VENTANA DE NEGOCIACION (1965–1973)

Entre 1965 y 1973 se desarrolló un período caracterizado por la existencia de negociaciones bilaterales sostenidas. Durante esta etapa, se exploraron diversas alternativas de solución, incluyendo fórmulas de transferencia gradual de soberanía, mecanismos de administración compartida y esquemas innovadores como el “leasing”.

Asimismo, se implementaron políticas de acercamiento destinadas a integrar funcionalmente a las islas con el continente, lo que reflejaba un enfoque pragmático orientado a generar condiciones favorables para una solución negociada (4).

Este período constituye, en términos analíticos, una ventana de oportunidad en la que la resolución pacífica del conflicto parecía factible.

 

EL PUNTO DE INFLEXION (1973–1974)

A partir de 1973, una serie de transformaciones alteró significativamente el escenario: la crisis energética internacional incrementó el valor estratégico del Atlántico Sur, el Reino Unido comenzó a redefinir sus intereses en la región, y los habitantes de las islas adquirieron mayor relevancia en la formulación de la política británica.

En este contexto, la propuesta de “leasing” considerada durante el gobierno de Juan Domingo Perón representó el último intento concreto de solución negociada. Su abandono posterior marcó el cierre de la etapa iniciada en 1965 (5).

 

EL CICLO DECISIONAL (1973–1982): UNA LECTURA DESDE GARCIA ENCISO

El testimonio del Lic. José Enrique García Enciso -integrante de un equipo de análisis estratégico en la Presidencia argentina a comienzos de la década de 1980- resulta particularmente relevante para comprender las percepciones que orientaron la toma de decisiones en la etapa final.

Según su relato, hacia 1981 se había consolidado en los niveles decisorios una convicción central: el Reino Unido no estaba dispuesto a negociar la soberanía bajo ninguna circunstancia (6).

 

Esta percepción se apoyaba en diversos factores: El fracaso reiterado de las gestiones diplomáticas, la negativa británica a incluir la soberanía en la agenda ,y la creciente centralidad del principio de autodeterminación.

El caso de Belice, donde el Reino Unido promovió un proceso de autodeterminación, fue interpretado como un precedente potencialmente aplicable a Malvinas, lo que reforzó la idea de un bloqueo estructural del reclamo argentino.

 

EL CAMBIO ESTRATEGICO: DE LA NEGOCIACION AL HECHO CONSUMADO

En este contexto, la dirigencia argentina adoptó un giro conceptual significativo. La estrategia dejó de orientarse a la negociación progresiva y pasó a centrarse en la generación de una crisis que alterara las condiciones existentes.

De acuerdo con García Enciso, el objetivo era producir un “hecho” que obligara a la intervención de actores internacionales y forzara una instancia de mediación (7). Este enfoque se tradujo en el diseño de un plan de contingencia para 1982.

Sin embargo, la dinámica de los acontecimientos -particularmente el incidente en las Georgias del Sur y la respuesta británica- precipitó la decisión de adelantar la operación. El 2 de abril de 1982, la Argentina ocupó las islas, iniciando una nueva fase del conflicto.

 

DE LA CRISIS A LA GUERRA

Los intentos de mediación internacional, encabezados por el secretario de Estado estadounidense Alexander Haig, fracasaron en un contexto de rápida alineación del sistema internacional en favor del Reino Unido.

El inicio de las operaciones militares británicas el 1 de mayo, incluyendo la Operación Black Buck, marcó el pasaje definitivo a la guerra abierta.

El hundimiento del ARA General Belgrano por el submarino HMS Conqueror el 2 de mayo constituyó un punto de no retorno, al clausurar las posibilidades inmediatas de negociación (8).

 

CONCLUSION

El análisis desarrollado permite sostener que la guerra de 1982 debe ser entendida como el resultado de un proceso histórico en el que confluyeron factores estructurales y decisiones estratégicas.

El cierre de la ventana de negociación abierta entre 1965 y 1973, combinado con la percepción de un bloqueo definitivo por parte del Reino Unido, condujo a la adopción de una estrategia orientada a modificar la situación mediante un hecho consumado.

En este sentido, la guerra no constituye el origen del conflicto, sino su expresión más aguda: una instancia en la que la lógica diplomática fue sustituida por la lógica de la coerción.

 

(1) Escudé, Carlos. Foreign Policy Theory in Menem's Argentina. Gainesville: University Press of Florida, 1997.

(2) Resolución 1514 (XV) de la ONU, Asamblea General, 1960.

(3) Resolución 2065 de la ONU, Asamblea General, 1965.

(4) Freedman, Lawrence y Virginia Gamba-Stonehouse. Signals of War: The Falklands Conflict of 1982. Princeton University Press, 1991.

(5) Gustafson, Lowell S. The Sovereignty Dispute over the Falkland (Malvinas) Islands. Oxford University Press, 1988.

(6) García Enciso, José Enrique. Testimonio en disertación sobre el proceso decisional argentino previo al conflicto de 1982.

(7) Ibíd.

(8) Freedman, Lawrence. The Official History of the Falklands Campaign. Routledge, 2005.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

NEGOCIAR CON TEHERÁN


 el problema no es Trump

 

Por Jorge Martínez Barrera

La Prensa, 03.05.2026

 

Criticar a Donald Trump es, hoy por hoy, un ejercicio casi automático en ciertos círculos. Él mismo no contribuye demasiado a suavizar esa inclinación: en medio de negociaciones con Irán, llegó a declarar que le daba lo mismo alcanzar o no un acuerdo. La frase desconcierta. Pero la pregunta relevante no es si se trata de una excentricidad más, sino si hay en ella un cálculo que no todos están viendo. Para responderla conviene partir por el tipo de adversario que enfrenta EE.UU.

 

CUNA DEL TERRORISMO

Irán es actualmente la cuna del terrorismo mundial. Éste, a diferencia del de los años 70 del siglo pasado, que era político, es un terrorismo abiertamente religioso. La consigna actual no es “¡Viva la revolución!”, o “¡Socialismo o muerte!”, sino “Allahuh akbar!” Esto conlleva toda una redefinición de fines y medios, que se hace más visible en la modalidad contemporánea de la Yihad islámica, la guerra santa, ya prescrita en numerosas aleyas coránicas. Allí se manda subyugar a los infieles por la vía violenta en caso de que no lo hagan pacíficamente.

En realidad, el mandato coránico, según entienden los ayatolás, es el de someter a los infieles por las buenas o por las malas, pero someterlos al fin. De hecho, la palabra “Islam” significa eso en árabe: sumisión.

 

Como es sabido, las dos grandes ramas contemporáneas del Islam son la sunita y la chiíta. Esta segunda es minoritaria; no se sabe a ciencia cierta cuántos chiítas hay, pero se estima que alrededor del 10% de los musulmanes lo son.

 

ENGAÑAR A UN ADVERSARIO

Y ahora viene el segundo asunto que convendría considerar para entender las especiales características de esta guerra. Se trata de algo habitualmente pasado por alto en los análisis públicos. Me refiero a la práctica llamada “Taqiyya”, que significa “disimulación”, “prudencia”, incluso “engaño”. Es lícito engañar a un adversario en contextos de hostilidad o cuando la supervivencia del musulmán está amenazada.

El creyente no será culpable a los ojos de Alá si niega su fe bajo coacción extrema, siempre y cuando en el interior de su corazón se mantenga firme en la creencia.

 

Ahora bien, esta práctica es central en el chiísmo debido a la historia de persecución sufrida por esta minoría. En el Islam sunita la “Taqiyya” es mucho menos frecuente, aunque doctrinalmente también es aceptada. Así entonces, la doctrina de la “Taqiyya”, sumada al historial de incumplimientos del régimen, genera una barrera de desconfianza racional para cualquier negociador occidental ¿Qué garantías tendría entonces EE. UU. de estar en una negociación sincera con un adversario que tiene demasiados problemas en su propio frente interno, y cuyo líder estaría gravemente desfigurado y herido? Muy pocas tal vez. Difícilmente Paquistán podría ser un garante de confianza: ese país, si bien no es mayoritariamente chiíta, sí comparte con los iraníes la animosidad contra Israel.

 

A todo esto se suma la situación interna del régimen iraní, marcada por protestas sociales reprimidas con dureza, por una creciente fragilidad política y por un deterioro escandaloso de su economía. En este escenario, las negociaciones externas pueden cumplir también una función instrumental: ganar tiempo o aliviar presiones, más que alcanzar acuerdos sustantivos.

 

El problema adquiere otra dimensión cuando se considera el programa nuclear iraní. La negativa a someterse plenamente a las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica y la insistencia en mantener capacidades de enriquecimiento de uranio refuerzan la percepción de que el objetivo estratégico no es negociable. Y si ese objetivo se vincula con una visión religiosa del poder, el margen para la diplomacia tradicional se reduce considerablemente.

 

CUALQUIER MEDIO VALE

Para volver al asunto central, EE. UU. enfrenta a un adversario cuyo objetivo como país y cuya política de Estado son religiosos, ya mencionados más arriba: someter al mundo al Islam. Por las buenas o las malas. Y para eso, cualquier medio vale. Naturalmente, si se tratase de armamento tradicional, el asunto tendría otros matices. Pero Irán está trabajando activamente para poseer armamento nuclear, y no está demasiado lejos de obtenerlo. Éste es el punto innegociable mencionado por los iraníes en el reciente diálogo fallido. Ellos han rechazado las últimas inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) encargado de monitorear, justamente, que el enriquecimiento de uranio no sobrepase el límite que permite los usos pacíficos.

 

En suma, si el objetivo religioso es la islamización del mundo y la herramienta táctica es la disimulación (Taqiyya), ¿de qué serviría un papel firmado en Ginebra o Islamabad? Mientras la OIEA siga encontrando puertas cerradas, la “locura” de Trump no parece un capricho, sino la única respuesta lógica ante un adversario que no juega con las reglas de la diplomacia occidental, sino con las de la supervivencia teocrática.

domingo, 3 de mayo de 2026

SOBRE LA DERROTA DE ORBÁN


POR IGNACIO BRACHT (*)

La Prensa, 03.05.2026

 

Sin duda que 16 años en el gobierno, democráticamente elegido, valga destacar, es mucho tiempo, donde el desgaste de ejercer el poder se hace sentir. Es el caso de Viktor Orbán, premier de Hungría que acaba de ser derrotado por un antiguo miembro de su partido, Peter Magyar.

 

Ahora bien, lo que llama la atención es el coro de voces que se han levantado para celebrar su derrota. Alex Soros, hijo del magnate plutócrata George Soros, patrocinador y financista de Planed Parenthood, la multinacional del aborto, además de sponsor de todas las fuerzas políticas que se enfrentaron a Orbán en estos últimos 16 años, se manifestó complacido por el triunfo de la "democracia"; Barak Obama, Emmanuel Macron, y no podía faltar Pedro Sanchez, quien esta sumido en un marasmo de corrupción y se ha cargado la democracia española al mejor estilo chavista, violentando la división de poderes, cooptando casi todas las instituciones de control del estado, en permanente alianza con los enemigos de la Nación española; fue otro que manifestó su algarabía con la derrota de Orbán. Curiosamente, o no tanto, ya que populares y socialistas votan unidos en el parlamento europeo, Alberto Nuñez Feijoo, cabeza del "opositor" Partido Popular, se sumó a la tribuna de los alegrados por el triunfo de Magyar.

 

Y qué decir de la presidente de la Unión Europea, Ursula von der Leyden, enemiga declarada de Orbán, quien durante años bloqueó los fondos que le corresponden a Hungría como miembro de la UE, y excluyó a las universidades húngaras del financiamiento europeo del programa Erasmus, creado para tal fin.

 

HOSTILIDAD

 

 Viktor Orbán viene siendo hostigado desde que llegó a la presidencia por todos los representantes de las más rancias elites del globalismo woke. Desde ser acusado de autócrata hasta socio de Vladimir Putin, cuando Orbán en el conflicto Ucrania - Rusia sólo ha buscado defender la integridad húngara, habiéndose reunido en varias ocasiones tanto con Zelenski como con Putin, buscando un acuerdo de paz, algo que no le perdonaron las elites belicistas de la Unión Europea.

 

En política interna defendió el derecho a la vida frente a los promotores del crimen "politicamente correcto" del aborto; impidió la inmigración ilegal masiva africana y asiática, algo que hoy es una realidad dramática en casi toda Europa occidental, fomentada por los que hoy quieren la "sustitución" de la tradición cristiana, piedra basal de Occidente, lo que le valió acusaciones de xenófobo y racista, por el globalismo disolvente.

 

Mientras Orbán fue demonizado, se ha silenciado con perfidia que durante su gestión se creó una Secretaría de Estado para dar acogida y asilo a todos los cristianos de Oriente Medio,  que  son perseguidos por profesar su Fe. Ha enfrentado todas las variantes de la “ideología de género”, tan deletérea y nociva, en particular para los niños en edad escolar y adolescentes, buscando de este modo preservar los valores cristianos, la identidad nacional de la tradición magyar, algo que la Europa y sus burocracias globalistas del poder, pretenden erradicar, borrando sus raíces fundacionales.

 

Acusado de antidemocrático de manera permanente, reconoció su derrota al cierre de los comicios y felicitó al ganador, que vaya paradoja, a los tres días del triunfo anunció "democráticamente" su intención de cerrar todos los medios de comunicación públicos por no aceptar sus opiniones ni la línea editorial. Vaya declaración de principios de un paladín de la democracia frente al autócrata.

 

LAS ELITES

 

La derrota de Orbán ha envalentonado a las elites globalistas, sean de derecha o izquierda, si es que podemos diferenciarlas, para tomar impulso contra las fuerzas soberanistas que se resisten y enfrentan el ukase globalista y su poder.

 

Así vemos la andanada contra Vox en España, Meloni en Italia, Le Pen en Francia, donde pende la proscripción, o la velada amenaza de prohibir a Alternativa Por Alemania, aterrados por su imparable crecimiento. El año pasado en Rumania se cometió un barbarismo constitucional al no dejar asumir la ganador de las elecciones, por ser un soberanista anti Bruselas, hecho que no despeinó a ningún "demócrata".

 

En resumen, el poder mundialista se ha cobrado una victoria en Hungría y toma aire para avanzar en otros países. De conseguirlo, Europa como cuna de la civilización occidental y de la libertad, estará acabada para siempre. No nos equivocamos al creer que la resistencia lo impedirá. A Peter Magyar habrá que verlo caminar.

 

Con errores y aciertos, Orbán defendió la identidad húngara y sus decisiones soberanas frente a los sostenidos embates de Bruselas, brazo ejecutor de las políticas globalistas.

 

Por los que se han sumado a festejar su derrota, ya con esa muestra lo vale, es que hoy rompemos una lanza en su defensa.

 

(*) Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia; Miembro de Número de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo.

miércoles, 29 de abril de 2026

¡AY DE LOS JUECES


 que no hacen justicia!

 

La Prensa, 23.04.2026

 

Señor director:

La aritmética judicial parece regirse a menudo por reglas propias, esto es, no con fundamento en las matemáticas, sino en meras ocurrencias, cuando no en groseros exabruptos.

 

Esa aritmética se potenció a través de los años con el cuento chino de la Política de Estado de Derechos Humanos.

 

Un ejemplo emblemático de lo afirmado es el  caso del cabo Julio Narciso Flores, quien en 1976 había cumplido apenas 18 años. Ocho meses antes había egresado como cabo en Mantenimiento de Aeronaves. Carecía de poder decisorio alguno, no mandaba. Era tan sólo un cabo mecánico, un técnico, que prestó servicios para la Fuerza Aérea apenas tres años.

 

Su superior absoluto en la cadena de mando, el brigadier Agosti, procesado como autor de delitos de lesa humanidad, recibió en su momento una condena de cuatro años y seis meses. El cabo Flores, con la misma tipificación, fue condenado a veinticinco años de prisión efectiva. Y el Tribunal de San Martín, que lo condenó, le acaba de denegar por enésima vez la prisión domiciliaria.

 

En estructuras jerárquicas las decisiones no nacen en los niveles más bajos. Salvo en este caso, en el cual quien ocupaba un rol técnico y subalterno, aparece soportando el peso mayor. La figura de un “cabo mecánico”, con ínfima antigüedad y mínima capacidad de decisión, contrasta con la desmesurada sanción impuesta.

 

Queda claro que la negativa a concederle tan siquiera un paliativo -como sería la reclusión en su casa- dice a los gritos, en su abominable parquedad, que el Cabo Flores debe morir donde se encuentra, esto es, en la cárcel.

 

Estos jueces tan obscenos como prevaricadores confirman lo que tantas veces hemos dicho. Sus sentencias no son el resultado de un análisis jurídico, sino lisa y llanamente la imposición de una dogmática ideológica.

 

Tampoco es un hecho aislado. El Tribunal de San Martín ha dado muestras abundantes de su perseverancia para sentenciar contra legem. ¿Quién puede olvidar, acaso, cuándo condenó a quien tuvo a su cargo la recuperación del Regimiento de La Tablada, bajo la siniestra mirada, audiencia tras audiencia, de los terroristas que intentaron coparlo?

 

Estos dramas, que sufren brutalmente los acusados de “lesa humanidad” y sus familias, contrastan con la indiferencia generalizada de la sociedad, que disfruta de una libertad que no ganó.

 

Quizás la historia pondrá las cosas en su lugar y bautizará a estos jueces con el mote que merecen: mercaderes de la ley, sicarios de una política de odio y venganza, perjuros, impostores, traidores.

 

Desde estas líneas, apenas una voz entre muchas, se intenta sostener algo de esa pálida y frágil llama de justicia, con la esperanza de que no llegue el día en que ya no queden justos a quienes salvar ni razones para librar una y otra vez el buen combate.

 

Alberto Solanet

Presidente de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia.

LA PARADOJA CORDOBESA


 CRISIS DEMOGRÁFICA Y COMPRA DE ABORTIVOS

 

NOTIVIDA, Año XXVI, Nº 1411, 28 de abril de 2026

 

Las escuelas primarias y los jardines de infantes de Córdoba se muestran cada vez más vacíos. Estos indicios fueron la primera alarma de una nueva realidad: la provincia atraviesa una drástica caída en la cantidad de nacimientos.

Entre 2014 y 2024 los nacimientos se redujeron un 43%, pasando de 59.246 a 33.873.


Sin embargo, a fines de marzo el gobierno provincial lanzó una “subasta electrónica” para adquirir, entre otros insumos, 9.600 implantes subdérmicos, 150 sistemas intrauterinos (SIU), 3.200 dispositivos intrauterinos (DIU) y 38.400 comprimidos de misoprostol.


En el Notivida Nº 1404 señalábamos que la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires ya exhiben crecimiento vegetativo negativo. Advertíamos también que Córdoba parece encaminarse en la misma dirección: aunque todavía mantiene una diferencia positiva entre nacimientos y defunciones, ésta es mínima —apenas 145— en una población cercana a los cuatro millones de habitantes. La compra detallada de insumos aviva la tendencia.

sábado, 25 de abril de 2026

LA POBREZA


su medición, sus causas y cómo reducirla

 

Eugenio Díaz-Bonilla *

Agustín Salvia **

 

Perfil, 25-4-26

 

El 3 de abril pasado, el Washington Post en un editorial denominado “Nuevos datos de la Argentina revelan la verdadera respuesta a la pobreza”, destaca la caída de la pobreza como asociada a las políticas de liberación económica y ajuste antiinflacionario del actual gobierno. Sin duda, al igual que la mayoría de los argentinos, cabe celebrar la disminución de la pobreza en nuestro país. Sin embargo, el editorial malinterpreta los datos y las políticas implementadas y, por consiguiente, los remedios propuestos para seguir reduciendo la pobreza constituyen una confusión ideológica.

 

En primer lugar, los datos. Debemos recordar que la pobreza se estima comparando: a) el costo de la canasta básica de bienes y servicios que las personas deben consumir en ese país para evitar caer en la pobreza; con b) los ingresos efectivos de los que disponen dichas personas. Si el valor de b) es inferior al de a), se considera que las personas son pobres. El editorial señala, citando datos oficiales, que la pobreza disminuyó del 53 por ciento al 28 por ciento en el lapso de dos años. Esta disminución refleja, en parte, un componente genuino derivado de una menor inflación (lo cual reduce el costo del componente a) y de un aumento en las transferencias provenientes de programas de protección social dirigidos a los sectores más vulnerables (lo cual incrementa el componente b). Pero también refleja –tal como indica el análisis del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina– una mejora en la captación de las fuentes de ingresos. Esto eleva el nivel de ingresos identificados (punto b), reduciendo así el número estimado de personas que viven en situación de pobreza.

 

Asimismo, tras la liberalización de las tarifas y precios de los servicios públicos (electricidad, agua, gas, transporte, etc.) introducida por el gobierno de Milei, el peso de estos elementos dentro de la canasta de consumo real aumentó significativamente. Sin embargo, este cambio en la composición del componente (a) –el cual afectó el consumo de alimentos, educación, vivienda y salud– aún no se ve reflejado en los cálculos. Por consiguiente, la subestimación previa de los ingresos, sumada a la actual subestimación del impacto de los servicios públicos, hace que las últimas cifras reportadas no resulten comparables con las estimaciones anteriores: si se aplican metodologías similares, la pobreza se mantiene por encima de los niveles de 2018 y más próxima a las cifras registradas entre 2021 y 2022 (en torno al 35-38 por ciento).

 

Por otra parte, otro punto a no perder de vista es que la elevada tasa de pobreza del 53 por ciento fue, en gran medida, resultado de la extraordinaria devaluación del peso que el presidente Milei implementó tras asumir el cargo en diciembre de 2023 (comparable a la explosión de la crisis de 2002): la inflación mensual se disparó al 27 por ciento solo en diciembre de 2023, y a un 20 por ciento adicional en enero de 2024, lo cual elevó el costo de la canasta básica de bienes y servicios, así como el número de personas en situación de pobreza. En comparación, durante los últimos cuatro o cinco meses de la administración anterior, la inflación rondó el 12 por ciento mensual –una cifra elevada, ciertamente, pero inferior al incremento de la inflación (y de la pobreza) generado por las políticas iniciales del gobierno de Milei–.

 

En resumen, la reducción de la pobreza –si bien posee un componente real que merece ser celebrado– es inferior a las estimaciones del Gobierno (cuando se emplean metodologías equivalentes) y se compara con un nivel que, en parte, fue generado inicialmente por el propio gobierno actual.

 

¿Qué hay que hacer ahora para seguir bajando la pobreza? El editorial destaca acertadamente la relevancia del crecimiento económico y el papel crucial del sector privado, la contribución potencial de las iniciativas desregulatorias del Gobierno y la importancia de sanear las cuentas fiscales (aunque, respecto a este último punto, el editorial afirma que Argentina no había registrado un superávit fiscal en 123 años; de hecho, según datos del FMI, el país obtuvo superávits anuales de aproximadamente el 1,9 por ciento del PIB entre 2003 y 2008, mientras que el promedio proyectado para el período 2024-2026 se sitúa en torno al 0,9 por ciento). El editorial también señala que la tasa de desempleo está aumentando hasta alcanzar el 7,5 por ciento (cifra superior al promedio del 6,5 por ciento registrado en los dos años previos a la llegada del gobierno actual). Sin embargo, atribuye erróneamente este incremento a una reducción de los empleos en el sector público, cuando los datos oficiales revelan que la casi totalidad de los cerca de 400 mil puestos de trabajo perdidos desde la asunción de Milei corresponden, en realidad, al sector privado.

 

Más bien, la causa del aumento del desempleo reside en una política macroeconómica inconsistente: tasas de interés excesivamente elevadas para sostener un tipo de cambio fuera de equilibrio, y una liberalización comercial implementada sin tomar en cuenta las prácticas comerciales de otros países, los que contravienen las normativas de la OMC. Medidas todas ellas orientadas a contener la inflación, pero que, simultáneamente, están llevando a la quiebra a importantes sectores de la actividad productiva. Los datos oficiales muestran que el crecimiento del PIB para el año completo 2025 (y no el crecimiento de mitad de año citado por el editorial) fue del 1,3 por ciento (y de solo el 0,6 por ciento si se excluye el sector financiero). La desaceleración del crecimiento y la pérdida de empleos están comenzando a revertir la disminución previa de la pobreza, tal como lo evidencia el leve aumento registrado hacia finales de 2025.

 

Las políticas macroeconómicas inconsistentes (cambiaria, monetaria, fiscal y comercial) –y no un debate abstracto sobre socialismo frente a capitalismo, como plantea la editorial– han sido la causa de las recurrentes crisis económicas en Argentina. Si bien el gobierno actual ha logrado avances en algunas de esas dimensiones, las políticas macroeconómicas siguen siendo, cuando menos, subóptimas para permitir que el sector privado impulse el crecimiento de la economía, genere empleos y, por consiguiente, continúe reduciendo la pobreza.

 

*International Food Policy Research Institute (Ifpri)

**Observatorio de la Deuda Social Argentina, ODSA-UCA. FCS/UBA-Conicet.