grupo ideológico organizado mundialmente con
el fin de vandalizar vs la revolución molecular disipada
Por Verónica
Costales Cepeda
Foro Patriotico,
01/11/2026
¿Qué es el Black
Bloc?
El Black Bloc es
un grupo ideológico organizado a nivel mundial cuyo método de acción es la
vandalización durante protestas y manifestaciones.
Esta corriente
surgió en los años 80 en Alemania Occidental y se extendió por toda Europa como
una red de colectivos autonomistas que operaban en protestas contra desalojos
de inmuebles ocupados, la energía atómica y la limitación de derechos.
Alcanzó proyección
global durante las movilizaciones contra la Organización Mundial del Comercio
(OMC) en Seattle en 1999, y desde entonces ha operado de forma coordinada en
distintas protestas en Europa y América Latina.
Se articula en
torno a tendencias anarquistas, anticapitalistas, antifascistas y autonomistas
que rechazan a los partidos tradicionales, a las instituciones y a los modelos
jerárquicos.
Quienes integran
este grupo utilizan atuendo oscuro y ocultan su rostro con capuchas, bufandas o
pasamontañas para resguardar su anonimato, evitar ser identificados por la
justicia y actuar como un bloque compacto y homogéneo.
Operan sin voceros
oficiales ni sedes públicas, organizados en células autónomas que se activan de
manera concertada durante las marchas para ejecutar sus acciones.
Se colocan
habitualmente al frente o al cierre de las manifestaciones para ejecutar
acciones directas, que incluyen el levantamiento de barricadas, la destrucción
y saqueo de bienes de grandes empresas como bancos, cadenas comerciales y
franquicias, y la confrontación directa con los cuerpos de seguridad.
El marco
estratégico: la Revolución Molecular Disipada
Para entender su
alcance actual no basta con la táctica callejera del Black Bloc. Esta táctica
se inscribe en un modelo estratégico más amplio conocido como Revolución
Molecular Disipada (RMD).
Conceptualizada a
partir de Félix Guattari y sistematizada en América Latina por el chileno Alexis
López, la RMD plantea un nuevo modelo de acción revolucionaria horizontal.
Según esta
doctrina, la desestabilización ya no se organiza en grandes movimientos
centralizados con un líder visible, sino en múltiples núcleos dispersos o
«moléculas» que actúan de manera simultánea y sin dirección única.
Es molecular
porque los participantes son numerosos, heterogéneos y no responden a una
jerarquía concreta. Es disipada porque normaliza de forma gradual y cotidiana
disposiciones y conductas para alterar el estado de normalidad social del
sistema dominante, hasta lograr que sea derogado y sustituido. Las protestas se
coordinan, escalan en violencia y luego se dispersan, lo que impide hacer
seguimiento y detener a los responsables.
Este esquema opera
en tres fases:
1. Escalamiento:
bloqueos, plantones y manifestaciones iniciales.
2. Copamiento:
ataques a instituciones estratégicas, bancos, comercios y sedes policiales.
3. Saturación:
multiplicación de focos de conflicto en distintas ciudades a la vez para
desbordar la capacidad de respuesta del Estado y generar percepción de
ingobernabilidad.
La unión de ambos
modelos configura una estrategia híbrida que hemos visto en Otavalo, en Chile
en 2019, en Colombia en 2021 y ahora en Europa: la técnica del Black Bloc –
anonimato, confrontación directa y ataque simbólico – con el marco de la RMD –
dispersión, saturación y caos planificado. A ello, según declaraciones
oficiales en varios países, se suma en ocasiones la infiltración de
criminalidad organizada transnacional que eleva el nivel de violencia.
En los sucesos
agresivos acontecidos actualmente en Europa su accionar ha quedado evidenciado.
En Francia,
durante las protestas del 17 de octubre de 2026, células del Black Bloc
actuaron en París, Lille y Marsella, incendiando las oficinas del banco Qonto,
saqueando un local de McDonald’s, destrozando oficinas de correos y
protagonizando el intento de asalto al ayuntamiento histórico de Limoges con
fuegos artificiales, morteros y un ariete de 200 kilos.
En Barcelona, este
24 de octubre de 2026, el fenómeno se ha replicado bajo la misma lógica
molecular. Una concentración no autorizada de cerca de 600 jóvenes, la mayoría
vestidos de negro y con el rostro cubierto, convocados por redes sociales bajo
el lema «Institut Indignats» como espejo de las protestas francesas, derivó en
graves disturbios en la plaza de Cataluña y el Portal de l’Àngel. Según el
balance de la consellera de Interior Núria Parlon y el alcalde Jaume Collboni,
los grupos levantaron barricadas con contenedores, papeleras y motos, quemaron
mobiliario urbano, marquesinas de autobús y toldos de terrazas, y vandalizaron
y saquearon 14 comercios del centro. Los Mossos d’Esquadra desplegaron furgones
blindados y realizaron cerca de un centenar de detenciones, un 25% de ellas a
menores de edad. El Ayuntamiento anunció que se los procesará judicialmente, ya
que los hechos «no pueden quedar impunes».
Los hechos
registrados en Francia y Barcelona no son episodios aislados de indignación
juvenil, sino la materialización del binomio Black Bloc y Revolución Molecular
Disipada. Confirman el patrón de una red ideológica que opera de forma
descentralizada pero con el mismo objetivo en todo el mundo: instrumentalizar
cualquier convocatoria social legítima – vivienda, costo de vida, trabajo –
para imponer la violencia, el saqueo y la destrucción como método para quebrar
el orden público y mostrar al Estado como incapaz.
Su vestimenta
negra y el anonimato no son una simple medida de protección, sino una táctica
deliberada para dificultar la acción policial y judicial, propia de la guerra
irregular urbana. Lejos de fortalecer las demandas legítimas, su intervención
desacredita las manifestaciones pacíficas, provoca una mayor represión,
justifica la criminalización de la protesta y genera rechazo ciudadano, dejando
como único resultado comercios destruidos, mobiliario quemado y un centenar de
detenidos.
El desafío para
los Estados radica en entender que ya no enfrentan una simple protesta, sino
una nueva forma de conflicto asimétrico donde se diluyen las fronteras entre
protesta política, subversión y vandalismo organizado.
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Black Bloc: grupo
ideológico organizado mundialmente con el fin de vandalizar vs la revolución
molecular disipada
Por Verónica
Costales Cepeda | 01/11/2026
¿Qué es el Black
Bloc?
El Black Bloc es
un grupo ideológico organizado a nivel mundial cuyo método de acción es la
vandalización durante protestas y manifestaciones.
Esta corriente
surgió en los años 80 en Alemania Occidental y se extendió por toda Europa como
una red de colectivos autonomistas que operaban en protestas contra desalojos
de inmuebles ocupados, la energía atómica y la limitación de derechos.
Alcanzó proyección
global durante las movilizaciones contra la Organización Mundial del Comercio
(OMC) en Seattle en 1999, y desde entonces ha operado de forma coordinada en
distintas protestas en Europa y América Latina.
Se articula en
torno a tendencias anarquistas, anticapitalistas, antifascistas y autonomistas
que rechazan a los partidos tradicionales, a las instituciones y a los modelos
jerárquicos.
Quienes integran
este grupo utilizan atuendo oscuro y ocultan su rostro con capuchas, bufandas o
pasamontañas para resguardar su anonimato, evitar ser identificados por la
justicia y actuar como un bloque compacto y homogéneo.
Operan sin voceros
oficiales ni sedes públicas, organizados en células autónomas que se activan de
manera concertada durante las marchas para ejecutar sus acciones.
Se colocan
habitualmente al frente o al cierre de las manifestaciones para ejecutar
acciones directas, que incluyen el levantamiento de barricadas, la destrucción
y saqueo de bienes de grandes empresas como bancos, cadenas comerciales y
franquicias, y la confrontación directa con los cuerpos de seguridad.
El marco
estratégico: la Revolución Molecular Disipada
Para entender su
alcance actual no basta con la táctica callejera del Black Bloc. Esta táctica
se inscribe en un modelo estratégico más amplio conocido como Revolución
Molecular Disipada (RMD).
Conceptualizada a
partir de Félix Guattari y sistematizada en América Latina por el chileno
Alexis López, la RMD plantea un nuevo modelo de acción revolucionaria
horizontal.
Según esta
doctrina, la desestabilización ya no se organiza en grandes movimientos
centralizados con un líder visible, sino en múltiples núcleos dispersos o
«moléculas» que actúan de manera simultánea y sin dirección única.
Es molecular
porque los participantes son numerosos, heterogéneos y no responden a una
jerarquía concreta. Es disipada porque normaliza de forma gradual y cotidiana
disposiciones y conductas para alterar el estado de normalidad social del
sistema dominante, hasta lograr que sea derogado y sustituido. Las protestas se
coordinan, escalan en violencia y luego se dispersan, lo que impide hacer
seguimiento y detener a los responsables.
Este esquema opera
en tres fases:
1. Escalamiento:
bloqueos, plantones y manifestaciones iniciales.
2. Copamiento:
ataques a instituciones estratégicas, bancos, comercios y sedes policiales.
3. Saturación:
multiplicación de focos de conflicto en distintas ciudades a la vez para
desbordar la capacidad de respuesta del Estado y generar percepción de
ingobernabilidad.
La unión de ambos
modelos configura una estrategia híbrida que hemos visto en Otavalo, en Chile
en 2019, en Colombia en 2021 y ahora en Europa: la técnica del Black Bloc –
anonimato, confrontación directa y ataque simbólico – con el marco de la RMD –
dispersión, saturación y caos planificado. A ello, según declaraciones
oficiales en varios países, se suma en ocasiones la infiltración de criminalidad
organizada transnacional que eleva el nivel de violencia.
En los sucesos
agresivos acontecidos actualmente en Europa su accionar ha quedado evidenciado.
En Francia,
durante las protestas del 17 de octubre de 2026, células del Black Bloc actuaron
en París, Lille y Marsella, incendiando las oficinas del banco Qonto, saqueando
un local de McDonald’s, destrozando oficinas de correos y protagonizando el
intento de asalto al ayuntamiento histórico de Limoges con fuegos artificiales,
morteros y un ariete de 200 kilos.
En Barcelona, este
24 de octubre de 2026, el fenómeno se ha replicado bajo la misma lógica
molecular. Una concentración no autorizada de cerca de 600 jóvenes, la mayoría
vestidos de negro y con el rostro cubierto, convocados por redes sociales bajo
el lema «Institut Indignats» como espejo de las protestas francesas, derivó en
graves disturbios en la plaza de Cataluña y el Portal de l’Àngel. Según el
balance de la consellera de Interior Núria Parlon y el alcalde Jaume Collboni,
los grupos levantaron barricadas con contenedores, papeleras y motos, quemaron
mobiliario urbano, marquesinas de autobús y toldos de terrazas, y vandalizaron
y saquearon 14 comercios del centro. Los Mossos d’Esquadra desplegaron furgones
blindados y realizaron cerca de un centenar de detenciones, un 25% de ellas a
menores de edad. El Ayuntamiento anunció que se los procesará judicialmente, ya
que los hechos «no pueden quedar impunes».
Los hechos
registrados en Francia y Barcelona no son episodios aislados de indignación
juvenil, sino la materialización del binomio Black Bloc y Revolución Molecular
Disipada. Confirman el patrón de una red ideológica que opera de forma
descentralizada pero con el mismo objetivo en todo el mundo: instrumentalizar
cualquier convocatoria social legítima – vivienda, costo de vida, trabajo –
para imponer la violencia, el saqueo y la destrucción como método para quebrar
el orden público y mostrar al Estado como incapaz.
Su vestimenta
negra y el anonimato no son una simple medida de protección, sino una táctica
deliberada para dificultar la acción policial y judicial, propia de la guerra
irregular urbana. Lejos de fortalecer las demandas legítimas, su intervención
desacredita las manifestaciones pacíficas, provoca una mayor represión, justifica
la criminalización de la protesta y genera rechazo ciudadano, dejando como
único resultado comercios destruidos, mobiliario quemado y un centenar de
detenidos.
El desafío para
los Estados radica en entender que ya no enfrentan una simple protesta, sino
una nueva forma de conflicto asimétrico donde se diluyen las fronteras entre
protesta política, subversión y vandalismo organizado.