martes, 27 de octubre de 2026

ISABEL LA CATÓLICA

 

CRISTIANA CARITATIVA


Manuel López Gomez

 

España en la historia, 11/11/2021

 

“Con este artículo quiero reivindicar para mi ciudad ― Guadix ― la dedicación de una Avenida a la tan grande y magnánima Reina Isabel La Católica a la que dicha ciudad debe mucho”

 

         Cuando el pasado Milenio llegaba a su fin y los comienzos del Tercer Milenio eran inminentes, a unas cien personas destacadas del mundo de la cultura se les consultó sobre cuales eran, según su parecer, las mayores figuras destacadas del milenio que llegaba a su fin, en el plano religioso, artístico y político-social. En lo religioso dos santos de la Baja Edad Media estaban igualados, San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino; en el artístico destacó el artista florentino del Renacimiento Miguel Ángel Buonarotti, y en el plano político-social, de una forma contundente la Reina Isabel I de Castilla, más conocida como Isabel la Católica.

 

 

Claustro de San Juan de los Reyes

        Estos son los fundamentos por los que fue elegida la Reina Católica: “Espléndida figura femenina por su carácter, su talento, su profunda religiosidad y su conciencia social. De las ruinas de un pequeño reino llegó a la unidad de España.  Desde ahí abre su corazón al Nuevo Mundo de América y a los pueblos que la habitan, dejando como herencia las Leyes de Indias. Impulsó el auténtico Humanismo Cristiano que florece en el Renacimiento español simbolizado en San Juan de los Reyes (Toledo) y en la madurez de la lengua castellana”; estas palabras se dirigían desde Nagasaki (Japón).

 

        Desde América se fundamentaba lo siguiente: “Su reinado que ― compartió de forma equilibrada y prudente con su esposo Fernando ― llevó a España desde el caos a la cumbre de su grandeza. Como política era hábil y sagaz. Como Reina fue enérgica y justa. Como mujer fue tan abnegada y generosa que supo ganar el corazón de las multitudes. Tal vez la característica más destacada de su personalidad fue el poder de la intuición casi adivinatoria. Ella descubrió bajo el hábito de un desconocido franciscano al gran Cardenal Cisneros; en la personalidad conflictiva de un vagabundo soñador intuyó el genio de Colón; en la turbamulta de los jóvenes oficiales de la Guerra de Granada distinguió al Gran Capitán, el primer guerrero de su siglo. Las aptitudes para ser un gran gobernante son varias y complejas; Isabel la Católica las tuvo todas y en el más alto grado”.

 

 

Isabel y Fernando

         Cuando la Reina Isabel asume el trono del Reino de Castilla, el poder que ella tenía se traducía en un medio para trabajar por el bien común de sus vasallos, especialmente por los más necesitados de su reino y no de un poder despótico. Ciertamente las decisiones que tomaba estaban estrechamente unidas a su fe cristiana-franciscana que le hacía actuar, para con todos su vasallos, como una madre que velaba por el bienestar de sus hijos. En este poema a ella dedicado, se puede evidenciar su eficaz cooperación en el cerco de  Málaga para su reconquista en el año 1487:

 

     “Como madre solícita que vela”

 

   “¿Dónde su alteza va?…,siempre curioso,

 

pregunta el vulgo. – Diz que la ha llamado

 

al pabellón su augusto esposo

 

pues se dilata el cerco demasiado

 

y ella al débil convierte en animoso.

 

Ella…, como madre solícita que vela

 

por el bien de sus hijos afanosa,

 

 da galardón al mérito y consuelo

 

al herido la Reina virtuosa…”

 

       Su personalidad, profundamente humana basada en la fe cristiana de la reina, dejó tal legado ― bastante desconocido por cierto ― que en este artículo es prácticamente inabarcable mencionarlo todo, de forma detallada; desde una impresionante generosidad, pasando por ser la pionera en varias circunstancias, como la invención de los hospitales de campaña, la fundación de los hospitales reales, su atención como enfermera de los soldados heridos, como administradora de la sanidad creando un prototipo de lo que es hoy el Ministerio de Sanidad, la actividad limosnera, la ayuda a los pobres, ayuda a las instituciones religiosas, a los novios, a las jóvenes que deseaban ingresar en un Monasterio, etc.

 

         La Reina Isabel la Católica fue por tanto pionera de los derechos humanos y de la abolición de la esclavitud.

 

   LA SANIDAD, LOS HOSPITALES DE CAMPAÑA y LOS HOSPITALES REALES DE CARIDAD

 

         Hablar de Isabel la Católica en lo que es su faceta caritativa, social o solidaria ofrece una perspectiva de acción muy amplia y diversa, desde lo que es la limosnera ― caritativa ― a lo que es repercusiones en las artes, cultura, en lo religioso o como en este caso vamos a ver; la sanidad, entendida como una obra de misericordia.

 

        Los Hospitales de Campaña:

 

        Tras el recrudecimiento y alargamiento de la Guerra de Granada, se dieron circunstancias como el aumento de heridos en el sitio de Loja, Málaga, Baza, etc., e igualmente heridos por accidentes o por enfermedad. Así que una vez más, la Reina demostraría estar a la altura de las necesidades e ideó lo que conocemos hoy por hospitales de campaña. Además de infundir ánimo a los soldados con su sola presencia, a propia iniciativa, atendía a los heridos, dando órdenes de que se instalaran tiendas con camas y el ropaje necesario para heridos y enfermos, pero lo determinativo fue por parte de ella trasladar a esos hospitales de campaña a los médicos, enfermeros y cirujanos. Así que, en el 1484 en el sitio de Loja nacía el primer hospital de campaña de la historia de España, adelantándose un siglo al resto de Europa.

 

 

Crónica de los RR. CC.

        No es por tanto casual que se le pusiera como nombre “El Hospital de la Reyna” como lo narraba el cronista contemporáneo Pulgar: “…e mandava que non llevasen precio alguno porque ella lo mandaba pagar. E estas tiendas con todo este aparejo se llamaban en los reales el Hospital de la Reyna”. E igualmente, narraba el gran trato humanitario por parte de la Reina hacia los heridos y enfermos: “ Y después fue a Loxa y visitó los heridos dexándolos consolados con regalos y dineros, gran piedad. Esto hacía de  hombres, leones y de vasallos, esclavos; no se le ivan los soldados fugitivos ni eran necesarias levas de forzados. Dichoso mil veces el reyno que la gozó y mil veces dichosos lo vasallos que la conocieron y dichosos los soldados que militaron en sus legiones”

 

         Simultáneamente surgía una innovación humanitaria; la creación por la Reina, de una red casi perfecta y original de comunicaciones a base de relevos de hombres en la carrera, entre los Reales de Málaga y Córdoba. Ésta contribuía a informar puntualmente a la Reina Católica de lo que acontecía en el campo de batalla, cuando estaba en su palacio de Córdoba. Igualmente tenía por norma acompañar a los sanitarios, atendía a los soldados recién llegados y hacía lo que podía. Los hospitales de campaña se utilizaron en Toro, Baza, Málaga y Granada capital, hasta el fin de la guerra.

 


 

Real Tribunal del Protomedicato de Perú

         Otra institución creada por iniciativa de la Reina y con el beneplácito de Fernando fue en 1477 el Real Tribunal del Protomedicato; una institución que ejercía la función docente, regulaba las tareas sanitarias, vigilaba el ejercicio de los profesionales (médicos, cirujanos, boticarios, embalsamadores, especieros), castigaba la mala praxis y  el abuso de los profesionales de la salud; se regulaban los medicamentos en mal estado y se apartaba el intrusismo laboral; fue la institución precursora del Ministerio de Sanidad.

 

        Hospitales Reales de Caridad:

 

         La otra obra sanitaria, intrínsecamente unida a la obra caritativa de la Reina Isabel, es la fundación de los Hospitales Reales en diversas ciudades de España. En este caso, la Reina da un paso más asumiendo la situación de los más necesitados, como los enfermos, huérfanos, heridos, viudas, parturientas, ancianos, o las situaciones de pobreza; anteriormente los hospitales estaban atendidos y dirigidos por las Órdenes Religiosas, pero Isabel asume esa responsabilidad y desde entonces los Hospitales por ella fundados pasan a estar tutelados por la Corona, es decir, el Estado sería su titular y asistente. Una de las características que emanaron de esta nueva situación fue la mejora de la medicina, la asistencia a los pobres y marginados.

 

 

Hospital Real de Caridad de Guadix

         Varios serían los Hospitales creados para dicho objetivo; el Hospital de la Santa Cruz, fundado por el Cardenal Mendoza para albergar a niños huérfanos y que posteriormente acogería a enfermos mentales y a incurables. El Hospital Real de Caridad de Santiago de Compostela es el primer Hospital Real de España, concebido por la Reina en una visita a dicha ciudad en 1486, tras observar que los peregrinos enfermos no eran bien atendidos. Por tanto la finalidad era acoger, dar cobijo y asistir sanitariamente a la multitud de peregrinos que hacían el Camino de Santiago.  El Hospital Real de Caridad de Guadix forma parte de la red sanitaria establecida por los Reyes Católicos en las principales ciudades reconquistadas, la fundación de este Hospital queda establecida por la misma bula de erección de la Catedral el 21 de Mayo del 1492.

 

 

 

Hospital Real de Caridad de Granada

         El Hospital Real de Caridad de Granada, fue concebido en 1492 y ejecutado en 1504 para cubrir la necesidad hospitalaria que tenía la ciudad,  especialmente para dar refugio a los pobres, cuidar a los enfermos y acoger a los huérfanos. Este Hospital es el proyecto más ambicioso de los Reyes Católicos en todos los sentidos, asistencial, arquitectónico y artístico. En resumidas cuentas, la fundación de los Hospitales de Campaña y los Hospitales Reales por Isabel tiene un origen como creyente “católica” del que emana un firme compromiso caritativo asistencial y social en favor de los más pobres necesitados y desfavorecidos o con los soldados heridos en batalla; es decir, como he mencionado anteriormente, como una madre que vela con mucho esmero por el bien de sus hijos, especialmente los más necesitados. En la Real Cédula de erección del Hospital Real de Granada se evidencia lo dicho: “Acatando cuanta obligación tenemos al servicio de Dios por los muchos y contínuos beneficios que de su piadosa y poderosa mano avemos recibido, especialmente en la conquista del Reyno de Granada, acordamos de fundar e edificar en la dicha ciudad un Hospital, para acogimiento e reparo de los pobres, el cual dicho Hospital es nuestra merced que se llame Hospital de Los Reyes”.

 

         Como nota significativa de la generosidad de la reina en torno a otros hospitales, consta en los libros de los tesoreros de ella estas ayudas puntuales. A hospitales de Murcia entregó 970 mrs. (maravedíes). A don Gonzalo de Guzmán Arcipreste de Bonilla (Ávila) 30.000 mrs. para dar de comer a monasterios y hospitales de Burgos. Igualmente 7.000 mrs. destinados a dar alimento y otras necesidades a los pobres del Hospital del Obispo de Medina del Campo; al boticario de este hospital Salvador Calvo se le entregaron 11.974 mrs. para los medicamentos necesarios para los pobres de dicho hospital.

 

         LA RED LIMOSNERA ―DE CARIDAD ―DE ISABEL LA CATÓLICA

 

         El compromiso de la Reina Isabel la Católica para con los más necesitados, fue en ella todo una virtud en el que realizó  una vasta obra caritativo-social concebida como el más fiel ejemplo de que el amor a Dios tenía que traducirse en amor al prójimo, siendo así una mujer muy generosa y magnánima en el que el amor al prójimo le sirvió para su santificación personal. Es literalmente imposible actualmente catalogar o registrar las obras caritativas de la Reina Isabel ya que aún hay muchos archivos por investigar, sólo se puede hacer un muestrario de su obra caritativa ―limosnera ―. Dado el talante y la mentalidad, profundamente caritativa de la Reina Isabel, implicó igualmente a sus hijos, el príncipe y las infantas ya que como ella mismo decía de sus hijos que… “no pueden ser ropavejeros”, es decir, tacaños.

 

         La Reina Isabel y el Rey Fernando innovaron el sistema limosnero organizando una efectiva red asistencial para atender y ayudar a los más necesitados. La ayuda caritativa se realizó, desde una perspectiva institucional, donando a Órdenes Religiosas o al ejército, con destino los soldados heridos, enfermos, personas cautivas por los musulmanes y liberadas, a los conversos del Islam al Cristianismo, musulmanes, judíos, pobres y afectados por todo tipo de necesidades. Aunque la figura del limosnero apareció en el Reino de Castilla en 1380 no se consolidaría hasta el siglo XV; para ello se creó la figura del “limosnero Real o limosnero Mayor”

 

   Los Limosneros de la Reina:

 

         Pedro Alcaraz, Alfonso Cortés, Alonso García, Pedro García de Atienza (1501-1504), Gonzalo Guzmán ― limosnero de los infantes ―, Pedro López, Lumier  ― limosnero de la princesa de Castilla ―, Diego de Peralta (1499-1501) ― Obispo de Ciudad Rodrigo ― , Juan de Reveles ―  limosnero de la infanta Catalina de Aragón ―, Juan de Roelas  ― limosnero de la princesa de Gales, Catalina de Aragón ―, Pedro de Toledo (1486-1499), Yrangues de  Galminte,

 

 

Figura de limonesro

          Evidentemente, estos Limoneros Reales no eran los únicos que trabajaban en lo que es este sistema benéfico; para ello la Reina contaba con una serie de personas, en este caso mujeres de confianza, “las beatas”  ― mujeres seglares que buscaban la perfección evangélica― . Hay que destacar que el Estado medieval castellano, como igualmente los europeos, no consideraban que su administración se tenía que ocupar de los pobres y marginados, ese papel estaba reservado a la Iglesia, tanto a las Órdenes Religiosas como a las parroquias o clero secular. Tras la llegada de la Reina Isabel al trono de Castilla, le daría a esta situación un giro de 180º, fusionando lo político y lo económico con la voluntad de ayudar a los necesitados, uniendo así la razón y la fe.

 

         El origen del que disponían los limosneros el dinero era un tanto irregular, pero sí era significativo que en gran parte provenía de las sanciones delictivas.

 

                      Las Instituciones eclesiásticas beneficiadas

 

        Es sabido por todos el firme compromiso de la Reina Isabel con su fe y por tanto con la Iglesia, pero no es conocido hasta qué punto. La Reina no escatimaba ayudas a las diferentes Órdenes, parroquias, clero secular, etc.; tanto dona para los cultos o como para la acción caritativa

 

        Limosnas desde 1494-1504

 

                                                                                              Maravedíes

 

Orden Franciscana     494.787

Orden Jerónima 486.655

Benedictinos       369.916

Dominicos 267.000

Cistercienses        77.873

Religiosos sin procedencia fijada   194.750

Clero Secular      117.129

Cofradía Sta. María de la Misericordia de Valladolid     4.000

Al hospitalero de Perpiñán – para curar enfermos y heridos-        15.000

Monasterio de San Francisco de Salamanca. Donativo personal como Terciaria Franciscana.       5.000

        Beneficiados de orden no religioso

 


 

 

Liberación de cautivos

         Otra, de las grandes obras de misericordia de la Reina Isabel fue la de liberar a cautivos cristianos,  A la reina se le saltaron las lágrimas en Málaga al ver a más de 500 cautivos liberados y a 125 en la serranía de Ronda y Marbella. En los libros de los Archivos Capitulares de la Catedral de Málaga a partir de 1480 se registran numerosos acuerdos para dar limosnas para liberar a cristianos cautivos y esclavizados por los “moros de África”; para esta misión ordenó que se instalaran en ciudades costeras, con la prioritaria misión de redimir a cristianos cautivos, las Órdenes Religiosas como los Franciscanos, Trinitarios, Mercedarios, mediante el trueque o pagando el rescate

 

 

 

“mis vasallos no pueden estar esclavizados”

        También liberó a más de 500 indios caribeños esclavizados por Cristóbal Colón; inmediatamente la Reina contestó: “mis vasallos no pueden estar esclavizados”. El 12 de abril del 1495 la Reina ordenó recoger a todos los indios y entregárselos a Pedro de Torres ― secretario de la reina― y repatriarlos a sus familias todo por cuenta de ella; este hecho puso a la Reina Católica en la vanguardia de los derechos humanos y pionera de la abolición de la esclavitud, reconociendo por primera vez en la historia la dignidad y libertad del ser humano, sea quien fuere;  este principio era desconocido en las legislaciones de los países europeos. Posteriormente en el cuarto viaje de Colón, las instrucciones eran contundentes “Y no habéis de traer esclavos” ;  con este hecho se adelantó en 35 años a la declaración del Derecho de Gentes de Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, los artífices del Derecho Internacional.

 

 

Codicilo de Isabel

         Así mismo, en el testamento de Isabel, entre sus últimas voluntades decía “y no consientan ni den lugar a que los indios vecinos y moradores de las dichas Islas, y Tierra Firme, ganados y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes, mas manden, que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido, lo remedien y provean”. Con este deseo puso el fundamento de las futuras Leyes de Indias.

 

         Los enfermos: Es inabarcable mencionar la ayuda que la Reina proporcionó a los enfermos, desde su subida al trono es practicamente imposible la ayuda que ella proporcionó a los enfermos, desde la fundación de los hospitales reales.

 

        Los heridos y enfermos: La misma valoración que se hace para los enfermos hay que señalar para los heridos, en este caso los heridos en batalla en la Guerra de Granada, como se ha mencionado anteriormente la Reina ideó los Hospitales de Campaña en los que ella misma sería la que mantenía las necesidades médicas y sanitarias de dichos hospitales, ella misma se acercaba y ayudaba a los enfermos, escuchando sus necesidades y ella correspondía otorgándoles mercedes y caridades en limosnas, no era extraño verla visitando hospitales y curando heridas con las manos ensangrentadas o enfermos.

 

 

Conversión de musulmanes

        Musulmanes conversos al Cristianismo:  Otro de los actos de misericordia en los que la Reina Católica estaba firmemente involucrada como protectora y como lugar de apoyo era con los “moros” convertidos al cristianismo, les proporcionaba “limosna” para alimento, ropaje para ir dignamente vestidos, ayudas para los viajes como fueron unas destacadas personas que se trasladaron desde Guadix a Córdoba para bautizarse.

 

        “Moros” que solicitaban “caridad”: Fue otro colectivo que no en poco grado solicitó ayuda a la Reina, ella como mujer magnánima y justa que era no hizo distinciones a la hora de obrar la misericordia para con ellos entre los musulmanes se encontraban personas distinguidas que fueron acreedoras de la gran magnanimidad de la Reina; entre ellos se encontró los hijos de Boabdil, la esposa de Boabdil, el Alcaide de Baza.

 

 

Judios en presencia de Isabel

        Los Judíos ayudados: Otro colectivo que se benefició de las ayudas de la Reina fueron los judíos. Igualmente fue generosa con los judíos que le pidieron ayudas.

 

         Ayudas a los pobres:  Este colectivo para la Reina Isabel era considerado por ella como una prioridad especial hasta el punto de considerarlo ella un “asunto de conciencia”. Debido a la especial sensibilidad hacia los pobres y su gran humanidad y magnanimidad; es literalmente imposible cifrar las cuantiosas ayudas -limosnas- a los pobres.

 

        Fiestas especiales: Dentro de las festividades especiales que celebraba la Reina estaban la Anunciación de La Virgen; por esta fecha tenía por costumbre invitar a 9 mujeres pobres durante 9 días esto lo hacía por los nueve meses que estuvo el Hijo de Dios en el vientre de la Virgen.

 

        Cada año tenía también por norma el Jueves Santo o “Jueves de la Cena” como ella le llamaba entregar a los pobres una cuantiosa suma dándoles de comer, pagándoles para  ropaje digno y calzado.

 

  La Navidad: por la fiesta de la Natividad del Señor, la Reina Isabel era especialmente generosa

 

                                          

              

   Ayudas a pobres, enfermos, casamientos, estudios y resarcimientos


1495       14.370                     maravedíes

1496       132.172                       

1497        192.726                      

1498        486.371                     

1499       146.000                      

1500          299.185                   

1501          108.690                     

1502           685.284                      

1503           443.833                      

1504             50.000 

      

Totales

              2.558.631                mrs.

 

         Como conclusión que se puede sacar ― siendo las cifras expuestas una pequeña muestra de lo que es el total de las ayudas y obras de misericordia de la Reina Isabel la Católica― es como mínimo sorprendente y conmovedor por la gran magnanimidad de una mujer cuyo ideario y guía de vida como mujer, esposa, madre, reina, gobernante y cristiana caritativa es su profunda fe llevada al más radical compromiso especialmente con los más necesitados.

 

  Manuel López Gómez

   Orden Franciscana Secular

lunes, 26 de octubre de 2026

LA ADVERTENCIA


 de Giovanni Reale sobre unas raíces que se silenciaron

 

Por Carlos Daniel Lasa *

La Prensa, 25.10.2026

 

Cuando la Unión Europea redactó su Constitución decidió no nombrar al cristianismo como una de sus principales raíces fundantes. Dos décadas después, desde Múnich, un funcionario norteamericano le recordó a Europa aquello que ella misma parecía haber olvidado (u omitido deliberadamente).

 

Hay libros que nacen de un debate concreto y terminan hablando de algo mucho más grande. Eso es lo que ocurre con Raíces culturales y espirituales de Europa, del filósofo italiano Giovanni Reale, catedrático de Historia de la Filosofía Antigua.

 

El disparador fue puntual: entre 2003 y 2004, mientras se redactaba el Tratado por el que se establecía una Constitución para Europa, un grupo de países -con Francia a la cabeza, fiel a su “tradición” laicista- se opuso a que el preámbulo mencionara explícitamente las “raíces cristianas” del continente, o siquiera a Dios.

 

El texto que finalmente se aprobó habló, en cambio, de una “herencia cultural, religiosa y humanista” genérica y desabrida: se nombró sin problema el legado helénico y romano, se mencionó la Ilustración, pero el cristianismo quedó disuelto en un adjetivo sin sustantivo propio.

 

Para Reale, esa omisión no fue un detalle diplomático. Fue un error histórico y filosófico de fondo, gravísimo, y el síntoma de algo más inquietante.

 

DOS RAICES, UN MISMO TRONCO

La tesis del libro es, en el fondo, sencilla de enunciar y profunda en sus consecuencias. Europa -sostiene Reale- tiene raíces culturales y raíces espirituales, y ninguna de las dos es negociable si se quiere entender qué es realmente este continente.

 

Las raíces culturales son filosóficas y nacen en Grecia: con Sócrates, con Platón, con siglos de pensamiento que Reale sintetiza con la precisión de quien lleva toda una vida estudiándolos. Las raíces espirituales, por su parte, son cristianas y aportan algo que ninguna otra tradición legó a Occidente con la misma fuerza: el concepto mismo de persona, con su dignidad irreductible, su interioridad, su valor por sí misma más allá de cualquier utilidad o función social.

 

De la unión de esas dos raíces -la razón griega y la fe cristiana- nace, para Reale, la identidad europea real. No la de los tratados comerciales ni la de las fronteras administrativas, sino la que se juega en lo verdaderamente radical (en el sentido etimológico de la palabra): aquello que está en la raíz.

 

Por eso el autor insiste en este punto: pensar a Europa solo en términos históricos o políticos es quedarse nadando en la superficie. Lo que sostiene al verdadero edificio no son los tratados, sino los pensadores imperecederos y la religión revelada que, durante dos milenios, modelaron el modo de ser europeo y su forma de entender al ser humano.

 

NEUTRALIDAD QUE NO ES NEUTRAL

Aquí está el nervio de la crítica de Reale a la Constitución europea. Cuando el preámbulo evita nombrar al cristianismo, no está siendo neutral: está tomando partido. Silenciar una raíz -argumenta- no es un acto de respeto hacia la pluralidad, sino una forma de amnesia que falsea la identidad real del continente. Sin el cristianismo no se explica el concepto europeo de persona, ni buena parte de su arte, ni su derecho, ni su filosofía moral, ni sus instituciones. Omitirlo en el documento que se suponía debía fundar políticamente a Europa no es, para Reale, un ejercicio de laicidad sino la imposición encubierta de un laicismo militante: el que trata a la religión como un asunto privado, casi vergonzante, sin lugar en el espacio público.

 

Además, Reale advierte sobre el riesgo que esto implica: una Europa que reniega de su propia memoria espiritual corre el peligro de construirse sobre una base puramente económico-burocrática, vacía de sentido, incapaz de generar la cohesión moral que toda unión política verdadera necesita para sostenerse en el tiempo.

 

VEINTE AÑOS DESPUES, EL ECO LLEGA DESDE MUNICH


La advertencia de Reale, escrita a mediados de la década de 2000, encontró una resonancia inesperada en febrero de 2026, cuando el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, subió al atril de la Conferencia de Seguridad de Múnich y le habló a Europa en términos que parecían tomados directamente del libro. “Somos parte de una civilización, la occidental -dijo-. Estamos unidos por los vínculos más hondos que cualquier nación podría compartir, fraguado a lo largo de siglos de historia, fe cristiana, cultura, legado, idiomas y linaje compartidos.” Y agregó, en el mismo tono de recordatorio histórico: “Fue aquí, en Europa, donde se plantaron las semillas de la libertad que cambiaron el mundo”.

 

No es casual que un funcionario estadounidense tuviera que ir al suelo alemán a decir en voz alta lo que la propia Constitución europea había preferido callar dos décadas antes. Rubio subrayó la importancia de la fe cristiana y mostró los signos que manifiestan el vacío identitario que atraviesa a las sociedades occidentales desde otros frentes. Habló de “una visión dogmática de comercio libre y sin restricciones” que debilitó las economías europeas y sus cadenas de producción. Y fue más lejos todavía al referirse a la inmigración masiva: “No era ni es una preocupación limítrofe con un impacto nimio -advirtió-. Era y sigue siendo una crisis que está transformando y debilitando todas las sociedades occidentales.” Finalmente, formuló un llamado que bien podría haber firmado el propio Reale: despertar a una Europa “orgullosa de su legado e historia”, con la voluntad de recuperar la libertad que la vio nacer.

 

El paralelismo es elocuente. Donde Reale hablaba de amnesia filosófica -de una identidad que se falsea al silenciar su propia raíz-, Rubio describe, dos décadas más tarde, las consecuencias prácticas de ese olvido: una Europa que subordinó su cohesión cultural a un dogma económico. Una Europa que dejó pasar transformaciones demográficas y sociales de fondo sin nombrarlas, del mismo modo que antes había silenciado a su propio fundamento espiritual.

 

Es el mismo diagnóstico, contado desde dos disciplinas distintas: la filosofía y la geopolítica llegan, por caminos separados, al mismo punto de alarma.

 

LAS PREGUNTAS QUE QUEDAN ABIERTAS

De esta doble advertencia -la del filósofo y la del diplomático- se desprenden interrogantes que hoy resultan más urgentes que en 2004. ¿Puede la materia en la que está basada Europa -su bienestar, su mercado, su burocracia- vencer a un espíritu compacto como el que representa el Islam? ¿Dónde se pone la unidad dentro de una Europa que cultiva un liberalismo político y cultural, y que asume, como principio, la relativización de todos los valores? ¿Puede un hombre, individual o colectivo, edificarse como tal negando las raíces constitutivas de su propio ser?

 

Son preguntas incómodas, y ni Reale ni Rubio pretenden cerrarlas con una respuesta única. Sin embargo, ambos las dejan resonando como una misma advertencia, formulada desde Roma y desde Múnich con veinte años de distancia: “¿Hacia dónde vas, Europa? ¿No estás poniendo ya las bases de tu propia autodestrucción al vaciarte de aquello que te dio forma?”

 

Porque si así fuera, el Islam no tendría que conquistar nada: le bastaría con encontrar, del otro lado, una civilización sin resistencia ni identidad, sin memoria ni horizonte.

Europa: alea iacta est!

 

* Doctor en Filosofía de la Universidad Católica de Córdoba.