y el Orden Natural
POR JUAN MANUEL
AUBRY
La Prensa,
17-6-2026
Vivimos tiempos de
confusión, relativismo, donde todo vale por su cantidad de followers y “me
gusta” en redes, y claramente, la Verdad no tiene mucha cabida en este espacio.
A nuestro
alrededor, el mundo moderno parece colapsar bajo el peso de su propia soberbia:
la moral a conveniencia, la disolución de la familia, la tiranía del dinero y
el estatismo asfixiante. En la universidad, en el trabajo y en la calle, nos
bombardean con la idea de que Dios no existe -y si existe es pachamamesco-, de
que la Patria es un concepto obsoleto –salvo la patria cartonera- y de que la
Fe debe quedarse encerrada en la sacristía –excepto en la mezquita-.
Ante este caos, la
tentación de la desesperanza es grande, más viendo que quienes tiene el deber
de guiar, enseñar y santificar, se bajan los pantalones ante el poder para “no
molestar”. Pero nosotros, que sabemos que sin sangre no hay redención, tenemos
una obligación mayor. Tenemos el deber de volver a las fuentes, a aquellos
maestros que vieron venir la tormenta y nos dejaron el mapa para navegarla.
Hoy, más que
nunca, es imperativo volver a leer "El Orden Natural" de otro de
nuestros mártires por Cristo Rey, el profesor Carlos Alberto Sacheri. No es un
libro para dejar en la biblioteca juntando polvo. Es un manual de operaciones.
Es el testamento intelectual de un hombre que pagó con su sangre la defensa de
Dios y de la Patria. Al releerlo hoy, no busco teoría abstracta, sino axiomas
para el día a día, principios rectores para no perder el rumbo en esta
Argentina doliente.
“A nuestro
alrededor, el mundo moderno parece colapsar bajo el peso de su propia soberbia:
la moral a conveniencia”.
Aquí presento
cuatro axiomas que considero fundamentales, extraídos de esta obra
imprescindible para nuestra militancia cotidiana, entiendo la militancia como
nos enseña la Escritura, militia est vita hominis super terram, y no la
militancia partidocrática salamera que busca agrado de un tirano y el consecuente
cargo en el kiosco.
1) La
realidad es, no se negocia. El orden existe
El mundo moderno,
infectado de liberalismo, marxismo y las frutas que surgen de estos torcidos
árboles, nos quieren hacer creer que todo es una construcción social, que
nosotros definimos qué es ser hombre o mujer, qué es el bien o el mal, pero
¡ay! De quien defina según la biología y la moral tradicional. Sacheri nos
despierta de ese sueño de soberbia: "El orden natural es anterior al
hombre". No es un invento nuestro; es la huella de Dios en la creación.
Viendo la mesa conocemos que hay carpintero, viendo la creación conocemos que
existe Creador.
El axioma
consecuente: No cedamos ni un centímetro en el lenguaje ni en las ideas. Cuando
nos digan que la verdad es relativa, recordemos que las cosas tienen una
naturaleza inmutable. Defender lo obvio (que la familia es hombre y mujer, que
la vida es sagrada desde la concepción) no es ser "conservador", es
ser realista. Nuestra primera rebeldía es llamar a las cosas por su nombre. “Llegará
el día que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es
verde” nos dejó dicho Chesterton, hace rato que estamos haciendo duelo de
floretes con la posmodernidad.
2) Ni la selva
liberal ni la cárcel socialista
Los jóvenes, a
menudo nos sentimos huérfanos entre una derecha liberal que solo adora al
dios-mercado y una izquierda que busca la esclavitud estatal. Sacheri, con la
claridad de Santo Tomás, nos muestra el camino real. Nos enseña que el
liberalismo, con su "sano egoísmo", atomiza la sociedad y deja al
débil a merced del fuerte, mientras que el socialismo, al negar la propiedad
privada, nos quita la libertad y la dignidad personal.
El axioma
consecuente: La economía debe estar subordinada a la política, y la política a
la moral. Defendemos la propiedad privada, sí, pero no como un fin absoluto,
sino como herramienta para la libertad familiar y con una hipoteca social. En
nuestro trabajo o emprendimiento, no busquemos el lucro por el lucro. Demos
buscar “en todo amar y servir”, crear comunidad y fortalecer la independencia
de nuestras familias frente al Estado y las finanzas internacionales.
3) Reconstruir
desde abajo: La verdadera participación
Nos han vendido
una democracia falsa, una "partidocracia" donde nuestra participación
se reduce a votar cada dos años por listas sábana que no conocemos. Sacheri nos
recuerda el principio de subsidiaridad: lo que puede hacer el grupo menor, no
debe absorberlo el mayor. La sociedad no es una masa de individuos frente al
Estado, sino un tejido rico de familias, municipios, grupos y asociaciones
profesionales.
El axioma
consecuente: La verdadera política empieza en las células básicas. Antes de
querer ser diputado, hay que ser un buen padre, un miembro activo de tu
consorcio, un delegado honesto, un líder en tu club. Reconstruir el tejido
social destrozado por el individualismo es la base de la restauración nacional.
El orden no se impone por decreto desde arriba; se construye orgánicamente
desde abajo. Tenemos ejemplo de labor en nuestro beato Enrique Shaw.
4) La cruz y la
espada. Coherencia de vida
Quizás lo más
impactante de releer a Sacheri es recordar que él no separaba su fe de su vida
pública. Nos advierte contra el error de pensar que la religión es un asunto
privado sin consecuencias sociales. El orden natural es el cimiento, pero
Cristo Rey es la cumbre.
El axioma
consecuente: No existe el "católico a medias". Nuestra milicia es
vana si no está sostenida por la Gracia. La batalla cultural es, en el fondo,
una batalla espiritual, una guerra de altares. Sacheri fue asesinado frente a
su familia al volver de Misa. Su coherencia fue total. La nuestra debe aspirar
a lo mismo: formarnos, vivir en gracia y no tener miedo de confesar nuestra Fe
en la universidad o en la plaza pública. Nuestro martirio seguramente no sea
con leones, sino con un “escrache” mediático, precio a pagar por el reinado de
Cristo.
“Releer a Sacheri
es recordar que él no separaba su fe de su vida pública. El orden natural es el
cimiento, pero Cristo, la cumbre”.
ENTONCES…
"El orden
defiende al hombre y el hombre al orden" nos recuerda Mons. Tortolo
prologando la obra. Hoy, ese orden está bajo ataque, es invertido. Releer este
libro no es un ejercicio de nostalgia; es afilar la espada. Querido amigo,
léelas, estúdialas y, sobre todo, vivilas. Porque la Argentina no se salvará
con discursos vacíos, sino con hombres y mujeres que, ordenados por dentro y
sostenidos por la Gracia, sean capaces de restaurar el orden natural por fuera
y el reinado social de Cristo.
Hoy mas que nunca,
¡Carlos Alberto Sacheri, presente!