sábado, 25 de abril de 2026

LA POBREZA


su medición, sus causas y cómo reducirla

 

Eugenio Díaz-Bonilla *

Agustín Salvia **

 

Perfil, 25-4-26

 

El 3 de abril pasado, el Washington Post en un editorial denominado “Nuevos datos de la Argentina revelan la verdadera respuesta a la pobreza”, destaca la caída de la pobreza como asociada a las políticas de liberación económica y ajuste antiinflacionario del actual gobierno. Sin duda, al igual que la mayoría de los argentinos, cabe celebrar la disminución de la pobreza en nuestro país. Sin embargo, el editorial malinterpreta los datos y las políticas implementadas y, por consiguiente, los remedios propuestos para seguir reduciendo la pobreza constituyen una confusión ideológica.

 

En primer lugar, los datos. Debemos recordar que la pobreza se estima comparando: a) el costo de la canasta básica de bienes y servicios que las personas deben consumir en ese país para evitar caer en la pobreza; con b) los ingresos efectivos de los que disponen dichas personas. Si el valor de b) es inferior al de a), se considera que las personas son pobres. El editorial señala, citando datos oficiales, que la pobreza disminuyó del 53 por ciento al 28 por ciento en el lapso de dos años. Esta disminución refleja, en parte, un componente genuino derivado de una menor inflación (lo cual reduce el costo del componente a) y de un aumento en las transferencias provenientes de programas de protección social dirigidos a los sectores más vulnerables (lo cual incrementa el componente b). Pero también refleja –tal como indica el análisis del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina– una mejora en la captación de las fuentes de ingresos. Esto eleva el nivel de ingresos identificados (punto b), reduciendo así el número estimado de personas que viven en situación de pobreza.

 

Asimismo, tras la liberalización de las tarifas y precios de los servicios públicos (electricidad, agua, gas, transporte, etc.) introducida por el gobierno de Milei, el peso de estos elementos dentro de la canasta de consumo real aumentó significativamente. Sin embargo, este cambio en la composición del componente (a) –el cual afectó el consumo de alimentos, educación, vivienda y salud– aún no se ve reflejado en los cálculos. Por consiguiente, la subestimación previa de los ingresos, sumada a la actual subestimación del impacto de los servicios públicos, hace que las últimas cifras reportadas no resulten comparables con las estimaciones anteriores: si se aplican metodologías similares, la pobreza se mantiene por encima de los niveles de 2018 y más próxima a las cifras registradas entre 2021 y 2022 (en torno al 35-38 por ciento).

 

Por otra parte, otro punto a no perder de vista es que la elevada tasa de pobreza del 53 por ciento fue, en gran medida, resultado de la extraordinaria devaluación del peso que el presidente Milei implementó tras asumir el cargo en diciembre de 2023 (comparable a la explosión de la crisis de 2002): la inflación mensual se disparó al 27 por ciento solo en diciembre de 2023, y a un 20 por ciento adicional en enero de 2024, lo cual elevó el costo de la canasta básica de bienes y servicios, así como el número de personas en situación de pobreza. En comparación, durante los últimos cuatro o cinco meses de la administración anterior, la inflación rondó el 12 por ciento mensual –una cifra elevada, ciertamente, pero inferior al incremento de la inflación (y de la pobreza) generado por las políticas iniciales del gobierno de Milei–.

 

En resumen, la reducción de la pobreza –si bien posee un componente real que merece ser celebrado– es inferior a las estimaciones del Gobierno (cuando se emplean metodologías equivalentes) y se compara con un nivel que, en parte, fue generado inicialmente por el propio gobierno actual.

 

¿Qué hay que hacer ahora para seguir bajando la pobreza? El editorial destaca acertadamente la relevancia del crecimiento económico y el papel crucial del sector privado, la contribución potencial de las iniciativas desregulatorias del Gobierno y la importancia de sanear las cuentas fiscales (aunque, respecto a este último punto, el editorial afirma que Argentina no había registrado un superávit fiscal en 123 años; de hecho, según datos del FMI, el país obtuvo superávits anuales de aproximadamente el 1,9 por ciento del PIB entre 2003 y 2008, mientras que el promedio proyectado para el período 2024-2026 se sitúa en torno al 0,9 por ciento). El editorial también señala que la tasa de desempleo está aumentando hasta alcanzar el 7,5 por ciento (cifra superior al promedio del 6,5 por ciento registrado en los dos años previos a la llegada del gobierno actual). Sin embargo, atribuye erróneamente este incremento a una reducción de los empleos en el sector público, cuando los datos oficiales revelan que la casi totalidad de los cerca de 400 mil puestos de trabajo perdidos desde la asunción de Milei corresponden, en realidad, al sector privado.

 

Más bien, la causa del aumento del desempleo reside en una política macroeconómica inconsistente: tasas de interés excesivamente elevadas para sostener un tipo de cambio fuera de equilibrio, y una liberalización comercial implementada sin tomar en cuenta las prácticas comerciales de otros países, los que contravienen las normativas de la OMC. Medidas todas ellas orientadas a contener la inflación, pero que, simultáneamente, están llevando a la quiebra a importantes sectores de la actividad productiva. Los datos oficiales muestran que el crecimiento del PIB para el año completo 2025 (y no el crecimiento de mitad de año citado por el editorial) fue del 1,3 por ciento (y de solo el 0,6 por ciento si se excluye el sector financiero). La desaceleración del crecimiento y la pérdida de empleos están comenzando a revertir la disminución previa de la pobreza, tal como lo evidencia el leve aumento registrado hacia finales de 2025.

 

Las políticas macroeconómicas inconsistentes (cambiaria, monetaria, fiscal y comercial) –y no un debate abstracto sobre socialismo frente a capitalismo, como plantea la editorial– han sido la causa de las recurrentes crisis económicas en Argentina. Si bien el gobierno actual ha logrado avances en algunas de esas dimensiones, las políticas macroeconómicas siguen siendo, cuando menos, subóptimas para permitir que el sector privado impulse el crecimiento de la economía, genere empleos y, por consiguiente, continúe reduciendo la pobreza.

 

*International Food Policy Research Institute (Ifpri)

**Observatorio de la Deuda Social Argentina, ODSA-UCA. FCS/UBA-Conicet.

lunes, 20 de abril de 2026

EL DURO BALANCE


 de un profesor tras 40 años de docencia: “Estamos perpetuando el fracaso, venimos en caída libre”

 

Por Claudia Peiró

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 19/04/2026

 

Este veterano profesor ha sido testigo de varias gestiones que, desde la transferencia educativa a las provincias en los 90 no han hecho sino agravar la descomposición de un sistema que alguna vez fue de excelencia.

 

Le angustia la indiferencia de la sociedad ante cada paso hacia el abismo, como la última reforma bonaerense, herencia dejada por Alberto Sileoni como Director General de Cultura y Educación (2021-2025), y le enoja aun más el silencio de las asociaciones e instituciones que se supone trabajan por la educación.

 

La licuación de la autoridad docente, el vaciamiento de contenidos y la estigmatización de los exámenes son algunos de los elementos que conforman un sistema que termina siendo un simulacro de educación, “cartón pintado, un como si, un hacer de cuenta que…”

 

Jorge Angelini egresó del Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González como profesor nacional de Castellano, Literatura y Latín. Luego hizo una diplomatura en Gramática Castellana en la Universidad del Salvador y una especialización en Enseñanza de la Didáctica en la Universidad Nacional de Córdoba. Fue director de colegios secundarios en dos ocasiones. Actualmente ejerce la docencia en dos secundarios privados del centro de Merlo, uno confesional y otro laico, en 3°, 4°, 5° y 6° año de secundaria. También da clase en dos institutos de formación docente. En uno, confesional, trabaja en la formación de maestras de grado y de docentes de inicial. Y en el otro, un instituto superior del profesorado, forma estudiantes para el profesorado de Lengua y Literatura.

 

La última reforma del secundario en la provincia de Buenos Aires elimina algunos niveles de las materias que dicta Angelini. Se trata de sustituir los contenidos duros por materias que responden más a un enfoque ideológico que al interés educativo.

 

Aunque afirma no ver “un freno” a la caída, se define como “un entusiasta”. no piensa en el retiro y espera irse habiendo visto un mínimo regreso a la escuela de «años gloriosos” de sus comienzos en la docencia.

 

— ¿Cuál es tu balance de estos cuarenta años?

 

— Estamos perpetuando el fracaso. Venimos en caída libre, en picada, y mi angustia es que no veo un freno. Caemos, caemos. Los indicadores de pruebas internacionales como PISA y nacionales como Aprender nos están demostrando que año a año estamos peor. Y la sociedad lo mira con pasividad, eso me angustia. En cuarenta años, hubo algunos aciertos, pero el balance lamentablemente es negativo.

 

— Pareciera no haber un diagnóstico claro de la razón por la cual estamos así, por eso algunas soluciones agravan el problema.

 

— Se toman medidas que son parches, nada más. No es buscar una solución, no es un barajar y dar de nuevo, sino un “barramos la mugre bajo la alfombra y sigamos como si nada”. Es como si detecto que en Argentina toda la población tiene mucha temperatura, 39°, entonces destruyo los termómetros. Destruyo el elemento que mide la fiebre y me quedo conforme, porque ya la fiebre no va a aparecer, pero la fiebre está.

 

— Hubo profesores que alentaban a los alumnos a no ir a las pruebas PISA o Aprender.

 

— Sí, sí. Hay una demonización del examen que viene de años.

 

— Un profesor desaprueba a un alumno pero luego viene la intensificación o la instancia final y otro profesor lo aprueba con un trabajito. ¿Eso es lo que sucede?

 

— Voy a aclarar algo sobre esta moda. El término intensificación es un eufemismo, porque puedo intensificar si hay una base, pero cuando el alumno viene sin ningún contenido, no estamos intensificando, sino recuperando. Pero recuperar implica que el alumno desaprobó y ya de por sí decir desaprobado es estigmatizante, es una palabra que hay que olvidar, entonces se la disfraza con esto de intensificar.

 

— ¿En qué consiste la intensificación?

 

— Que el alumno rinde temas de las distintas unidades y llegado el mes de julio, si desaprobó, va dos semanas a recuperar esos contenidos. Viene el segundo cuatrimestre, misma dinámica. Si desaprueba, tiene dos semanas en noviembre antes de pasar a diciembre. Ya tenemos un mes de recuperación. Si aún así no aprueba el contenido —ya no hablamos de materia completa, sino del tema desaprobado—, pasa a dos semanas en diciembre. Si aún así no aprueba, va dos semanas a febrero. Así por ejemplo, un chico que está en segundo año y nunca aprobó un tema de práctica del lenguaje, lo va a ir intensificando durante toda su trayectoria escolar hasta que lo apruebe. El tema es que la evaluación es un proceso, pero cuando a mí me llegan alumnos de otro profesor para que yo los evalúe, ¿qué me pasa? A ese alumno lo recibo de cero porque no fue alumno mío. Entonces, ¿dónde está el proceso? No hay, es todo cartón pintado, es un como si, un hagamos de cuenta que… Al chico no se le toma examen, sigue con ese contenido hasta que esté en 6° y pueda acreditarlo.

 

— ¿Tampoco hay repitencia?

 

— No, no hay repitencia. Con aprobar una sola materia del año que está cursando, automáticamente pasa al año siguiente. Hay padres que piden la repitencia. Cuando ven que el hijo se lleva diez materias, van a la escuela y los directores les dicen: “No está contemplado en la resolución que el chico repita aprobando ya una materia”. Tampoco los padres pueden hacer nada. Es realmente de locos este caos. Este limbo en el que estamos metidos.

 

— Tengo entendido que también hay una sobrecarga horaria con el nuevo sistema de intensificaciones.

 

— Sí, porque en el sistema actual tenemos los alumnos que corresponden a nuestro año, pero después vienen los que intensifican de otros años y los recursantes. Entonces, tenés de base un curso con 35 estudiantes pero podés llegar a tener 45. Todo por la misma módica suma. Una sobrecarga docente de la cual los gremios no dijeron nada y nos entregaron en bandeja. Nadie nos defendió. La sobrecarga nos quemó la cabeza. Sileoni dijo que esta reforma seguía el modelo de países europeos: Finlandia, Suecia. Pero allá no tienen más de veinte alumnos por aula. A nosotros nos imponen un modelo del primer mundo, pero con sueldos del tercer mundo.

 

— ¿Cómo era hace 40 años?

 

— Si nos remontamos en el tiempo, un descalabro educativo fue la implementación del tercer ciclo de la educación general básica (EGB) y el polimodal. En los 90. La ley de transferencia de la educación a las provincias que hizo Menem y que llevó adelante Susana Decibe. Vino esta atomización. Fue el huevo de la serpiente. La transferencia de los servicios educativos a cada provincia sin un órgano central, como era el Ministerio de Educación, fue un caos, que ahora estoy viendo replicar en la provincia con la nueva secundaria que impulsó Alberto Sileoni y que sigue sosteniendo (Flavia) Terigi.

 

— Esta última reforma agrava el vaciamiento educativo pero no hubo demasiadas críticas.

 

— Este sistema provincial es sostenido por la mirada cómplice de inspectores y supervisores, que son complacientes frente a lo que ven en los colegios, sumado al miedo de los directivos de enfrentarlo. También hay mucha resignación en los profesores: “Esto es así, esto no va a cambiar”. Entonces, si quieren promoción y el trabajito fácil, bueno, sale el trabajito fácil. Lo que más me llama la atención es la no reacción de los padres. Cuando salió este nuevo régimen académico en 2024, todos los padres tendrían que haber ido a golpear las puertas de la Dirección de Escuelas y no irse de ahí hasta que recularan, por lo menos en los aspectos más significativos. Pero los padres están como anestesiados. Esto es una estafa al futuro porque no se está preparando a los chicos para estudios superiores. Dejamos lo mediocre y nivelamos para abajo. Me llama la atención cómo todos los actores de la comunidad educativa miran para otro lado y van dejando que esto avance. Me enoja mucho el silencio de la Academia Nacional de Educación, de los Padres Organizados, de Argentinos por la Educación, que no toman postura frente a este vale todo, este caos, esta nada que estamos viviendo en la educación.

 

— ¿Está desvirtuado el concepto mismo de educación?

 

— Sí, porque educar es enseñar a gestionar el fracaso, preparar a los estudiantes para los riesgos de la vida real. Pero hoy en las aulas, en general, la educación es crear comodidad, es que los chicos tengan todo a mano, que no se frustren y que egresen como entraron, muchas veces sin apropiarse de contenidos verdaderamente significativos.

 

— ¿Qué pasa con la autoridad del maestro, tanto en lo pedagógico como en lo disciplinario?

 

— La autoridad del maestro está completamente desgastada, erosionada desde las normativas del ministerio y muchas veces también desde la familia. Ya el saber es cuestionado. “¿Esto para qué sirve? ¿Para qué te lo dan? ¿Para qué te lo enseñan? ¿Para qué te lo exigen? ¿Cómo lo desaprobó por esto?”. Todo eso va sumando a la erosión del saber y de lo disciplinario. Ahora no hay sanción, se lo llama reparación. Entonces un chico le pega a otro, ya que estamos en el tema de la violencia, y hay que llamarlo, hablar, hacerlo reflexionar. Pero como el chico sabe que no pasa nada si le pega 20 veces a su compañero, eso también desgasta la autoridad. La falta de límites desgasta la autoridad.

 

— Es como si la escuela fuera una terapia de grupo….

 

— Si por lo menos uno viera que la “terapia” funciona….pero no es el caso.

 

— También hay un permanente adelgazamiento de contenidos.

 

— Sí, lo vivo en carne propia. Este año se reforma la currícula del profesorado de Enseñanza de Secundaria en Lengua y Literatura. Yo dicto Lingüística y Gramática III en tercer año y Lingüística y Gramática 4 en cuarto año. Con la nueva currícula, la materia de 3° —Lingüística y Gramática III— desaparece y a mí me reasignan a Sociolingüística para no quedar desempleado. Pero no es el área que a mí me interesa. Yo tengo una diplomatura en Gramática Castellana. Tengo estudios en la Universidad de Córdoba de Didáctica de la Gramática. Todo ese saber que yo le puedo aportar a mis estudiantes del profesorado va a desaparecer porque desaparece la materia. Y en 4° año también desaparece Lingüística y Gramática IV y me reasignan las horas a una materia que se llama Lengua, Poder y Sociedad. Es decir, que de los cuatro años que había de Gramática en el profesorado van a quedar dos, en 1° y 2°. Si eso no es adelgazar contenidos, ¿cómo lo podemos llamar?

 

— ¿Hay demasiada psicología en el aula?

 

— La psicología no es mala. De hecho, en nuestra carrera estudiamos psicología de la niñez y del adolescente. Lo malo es el psicologismo que nos invadió, que instaló al alumno como víctima. Lo llamo la pedagogía de la compasión. El chico no puede, el chico se frustra, el chico no llega. Eso es lo malo, no la psicología en sí.

 

— Vamos por etapas: después de la reforma de los 90, ¿qué trajeron los 2000, los 2010, los 2020?

 

— Después del desastre de los 90, la crisis del 2001 impactó en la escuela. Vinieron las escuelas comedor. Había que subsanar el tema de alimentación, de los chicos que llegaban a las aulas con hambre. Entonces se corrió el eje. Fue más atender esas necesidades de alimentación y de contención que de enseñanza. Y lo que en educación se pierde no es como en economía, que se puede invertir y después ganar el doble. En educación lo que se pierde tarda años y años en recuperarse y a veces se pierden generaciones. Así llegamos al 2010. Ahí tuvimos en la provincia de Buenos Aires la gestión de Mario Oporto, el que instaló al alumno como sujeto de derechos y no de obligaciones. Porque sí, el alumno tiene el derecho a la educación, pero también al ingresar al sistema tiene que tener obligaciones. Te doy algunos ejemplos que recuerdo de la resolución de evaluación. Por ejemplo, si un alumno desaprobaba tres veces con un profesor, podía pedir cambio de mesa y rendir con otro. Si la mesa de examen empezaba a las ocho de la mañana y él llegaba a las once, había que tomarle igual el examen. Así se fue instalando esto de que el alumno hace lo que quiere, y nosotros nos plegamos.

 

— Otro momento de agravamiento fue la pandemia, el cierre de escuelas.

 

— En el 2020, con la pandemia, yo pensaba: cuando acá baje el agua de la inundación se va a ver toda la suciedad. Y aún hoy la estamos viendo. Después de casi un año y medio en que el alumno estuvo en casa, porque al cierre de las escuelas, en el 2021 le siguieron las burbujas. No iban todos los chicos a la escuela todos los días. Toda esa intermitencia repercutió en los comportamientos en el aula. Me costó un montón en el 2022, 2023, que los chicos tuvieran hábitos de escucha, que no pidieran de ir al baño a cada rato, que no se pusieran a comer en clase, porque para ellos era normal, porque durante la educación en la casa prendían las computadoras pero después si tenían ganas de ir al baño, o de salir un rato al patio, lo hacían. Y no quiero dejar de mencionar al ministro Nicolás Trotta, que cuando estábamos remándola para que los chicos se conecten, se enganchen, entreguen los prácticos que les pedíamos, a mitad de año, en junio, dijo que no iba a haber nadie desaprobado. Eso fue patear un hormiguero, porque después teníamos que salir a pescar a los chicos para que se conectaran, para que cumplieran… total, el ministro había dicho que no iban a desaprobar.

 

— ¿Algún ministro rescatable?

 

— De estos 40 años, lamentablemente, me quedan los nombres de ministros que categorizo de malos a pésimos. Que no pueda mencionar un ministro que se haya destacado por hacer un aporte significativo a la educación es tristísimo, desolador. Hoy el Ministerio de Educación tampoco existe y tiene rango de Secretaría. Me pregunto si la sociedad sabrá quién es Carlos Torrendell, porque se lo escucha muy poco. Cada tanto se lo ve participando del Consejo Federal de Educación, pero no más. En síntesis, una serie de desaciertos y de gente que le hizo mucho daño a la educación argentina.

 

— Decías que también hubo algún que otro acierto…

 

— Sí, en 2006, salió la nueva Ley Nacional de Educación, que derogó la Ley Federal. Eso fue un acierto. Lo que pasa es quedó en letra muerta, porque la ley dice claramente que se le tiene que brindar a los estudiantes una educación de calidad. Hoy la calidad se traduce en caridad educativa. La ley dice que se debe preparar a los estudiantes para el abordaje de estudios superiores. Eso tampoco está ocurriendo.

 

— ¿Qué es esta nueva moda del aprendizaje basado en proyectos?

 

— El famoso ABP. En 2019, gestión de María Eugenia Vidal, que fue desastrosa en educación, se intentó un plan piloto que se llamó Escuelas promotoras. El nombre lo dice: buscaban que el alumno promocione. La estrategia era trabajar en esas escuelas piloto con el aprendizaje basado en proyectos. Por suerte eso no se implementó en los dos colegios donde yo trabajo, pero sí escuché a colegas de otros colegios. Por ejemplo, tenían que tomar una problemática local. Por ejemplo, la contaminación del río Reconquista, que pasa por acá. Todas las materias tenían que trabajar sobre esa problemática: Historia, Geografía, Prácticas del lenguaje y Literatura, Inglés. Todo debía confluir en un producto final que fuera el trabajo sobre la contaminación del río Reconquista. Es evidente que se menoscaban los contenidos fundamentales, porque uno no puede acotar su materia a una sola problemática.

 

—¿El adelgazamiento de contenidos ha sido una constante?

 

— Claro que sí. Y en esto del ABP, eran raquíticos los contenidos porque todas las materias debían tratar esa temática y eso era despojar la currícula. También traía una dificultad en la evaluación. ¿Cómo se evaluaba un producto final si cada uno tenía que mirarlo desde su materia, pero a la vez acordar con el otro docente para poner una nota final? Cuando en el 2022 vino el revoleo de materias, cuando nos juntaban por áreas, también había que acordar una nota con el profesor de la disciplina parecida. Por ejemplo, yo tenía que trabajar con Inglés. Si el alumno aprobaba Inglés pero no Literatura, igual aprobaba esa área. Así también se adelgazaron los contenidos e incluso se dio por aprobadas materias que estaban desaprobadas.

 

— En cuanto a los institutos docentes: ¿es irrestricto el ingreso? ¿Cómo llegan esos estudiantes a la carrera docente?

 

— En 2007, bajo la gestión de Mario Oporto, se eliminó el examen de ingreso para los profesorados. Eso se suplantó con cursos nivelatorios no eliminatorios, y actualmente se da un programa de primer año, es decir, que el alumno ingresante tiene todo el primer año para adecuarse al sistema superior. Y llegan sí con deficiencias, como en cualquier carrera. Por eso digo que la ley nacional en la práctica no se cumple, porque tendrían que egresar con aprendizajes significativos para transitar estudios superiores sin dificultad y eso no se da. Cuando la señora Terigi vino a Ituzaingó con el gobernador a inaugurar una escuela, criticó a los docentes que estamos en contra de este régimen académico permisivo llamándonos “defensores del dificilismo”, cosa que me hizo mucho ruido, porque ella, siendo rectora de una universidad [General Sarmiento], tendría que darse cuenta de que el dificilismo lo tienen los estudiantes por las carencias de un secundario que no da las habilidades y herramientas mínimas para la universidad.

 

— ¿Qué pasa con los programas de los institutos?

 

— En uno de los institutos de formación docente donde trabajo, cuando empecé, el programa, los contenidos, eran muy completos. En el 2018, gestión Vidal, cambia la currícula, sacan materias. Por ejemplo, Latín y Lenguas Clásicas. Aun sabiendo que nuestro idioma viene del latín, lo eliminaron porque era una de las materias filtro, que hacía que los estudiantes abandonaran. Por apuntar a la cantidad, sacaron una materia importante. Y este año, se da la segunda reforma, el otro cambio curricular que ya comenté. En mi caso concreto, eliminan Gramática, y ocupan esa carga horaria con materias como Pensamiento Político Pedagógico Latinoamericano o Políticas Inclusivas y Propuestas Pedagógicas Igualitarias. Según el posicionamiento ideológico, tienen que suprimir algunas materias para darle carga horaria a otras.

 

— Pudiendo jubilarte, ¿por qué decidiste no hacerlo?

 

— Sí, con este panorama tan trágico, con esta tragedia educativa, como decía Jaime Etcheverry, ¿por qué permanezco en el sistema? Me sobran años para jubilarme. A los 50 me podía haber jubilado, ya tengo 10 más. Con 25 de servicio también, y ya tengo 40. No soy masoquista, me considero una persona muy entusiasta por sobre todas las cosas. Digo entusiasta por el significado etimológico de la palabra. Para los griegos, entusiasta era el que tenía un dios adentro, “en” es adentro, “theos”, dios. La persona que desbordaba de ganas de cambio. Bueno, yo me defino así. Soy entusiasta, y el día que este entusiasmo esté opacado por todo esto que te dije, que todavía no logra hacer mella en ese entusiasmo mío, ahí sí me voy a ir. Me gustaría irme habiendo visto un poco de esos años gloriosos en los que empecé, y hasta el 93, cuando vino la transformación de la que ya hablamos, para mí esos años fueron excelentes. Después empezó la decadencia hasta esto de hoy que es irrefrenable, que no sé a dónde va a parar, pero yo tengo fe de que alguien tome el guante y decida cambiar. A pesar de que no está entre las preocupaciones de los argentinos. Cuando veo que en las encuestas sale que la principal preocupación de los argentinos es la desocupación, la inflación, la inseguridad, la corrupción, y la educación no figura ni siquiera como un problema en quinto o sexto lugar, me hace acordar a lo que decía Belgrano, “sin educación nunca seremos más de lo que desgraciadamente somos”. Me gustaría irme más optimista. Pero el aula me entusiasma, estar con los adolescentes y mostrarles lo importante que es su lenguaje, que quieran su código lingüístico, que sean críticos, que entiendan que “quien domina el lenguaje, maneja el mundo”. Que no sean manejados, que puedan ver las intenciones de las palabras, lo que esconden. ¿Qué hay detrás? ¿Qué tengo que inferir cuando tal medio me dice tal cosa? Que sean excelentes usuarios de su lengua. Soy un entusiasta de que eso se cumpla.

 

— ¿Cómo te describirías como profesor?

 

— Cuando mi abuela se enteró de que iba a ser profesor de secundaria, me dijo: “Mirá, Jorge, que se agarran más moscas con miel que con vinagre”. Eso lo pongo en práctica desde ese momento. Soy un profesor exigente, pero exijo lo que doy. Y es una exigencia con mucho afecto. Uno de mis momentos inolvidables es a fin de año cuando entrego diplomas. Es un momento que atesoro, el abrazo que me da el egresado cuando le doy el diploma y me dice gracias. Esa es otra de las cosas inolvidables a lo largo de estos 40 años. Entre mis estudiantes, me gané un respeto genuino, no impuesto. Tengo una base muy sólida en el dominio académico de las materias que dicto. Durante las horas de clase, la materia es el centro del trabajo. No hay dispersión hacia otros temas. Creo un clima de cordialidad en el aula basado en el respeto mutuo. Es uno de los valores que fomento en mis alumnos. No permito las cargadas, las risas, no permito que se burlen si alguno pregunta, porque si uno habilita eso, está desalentando la participación por miedo a las cargadas de los compañeros. Así que en eso soy muy estricto y entiendo que tengo una autoridad muy serena y eso hace que los estudiantes me aprecien y yo a ellos. Una vez una antropóloga nos dijo que como docentes podemos tener dos actitudes: que nos importe el alumno o que lo soportemos. Y volvemos a la etimología: importar es llevar adentro. A mí me importan porque yo los llevo conmigo. Los llevo sobre mis hombros. Lo que yo soporto es el sistema educativo. A mis estudiantes yo los importo.

 

— ¿Y cómo es tu vínculo con el sistema educativo?

 

— Tengo bajo perfil, soy muy discreto. No soy de los que toman la palabra en las reuniones docentes o en las jornadas. Observo más de lo que hablo. Pero resisto presiones o modas educativas, que son eso, modas y, por lo tanto, pasatistas. Estoy convencido de lo que vengo practicando desde hace años y noto que me da resultados.

 

— ¿Buenos recuerdos de estos años?

 

— Sí, hay historias que atesoro en mi corazón. Recuerdo el caso de un estudiante de secundario que estaba muy comprometido con el tema drogas y me pidió que yo fuese su tutor en las reuniones que tenía por semana. Después de un año le dieron el alta. Hoy me lo cruzo por las calles de Merlo y es un eterno agradecido. También hubo un chico que me eligió como padrino de bautismo. Se bautizó de grande. Y también dos alumnos que me eligieron como padrino de confirmación. Además atesoro los más de 20 viajes dentro y fuera de la provincia, acompañando grupos de estudiantes. Todo eso humaniza el rol docente. Otra satisfacción de estos años, es que en 2022 publiqué un libro sobre didáctica de las prácticas del lenguaje, donde reúno todo lo que les digo a mis estudiantes del profesorado. Son tips de cómo trabajar las prácticas del lenguaje a partir del texto literario. Me dio muchísima satisfacción poder reunir años y años de experiencia en algo productivo que sirva a futuras generaciones. También fui invitado a colaborar en un proyecto de innovación pedagógica en la Universidad de Zaragoza.

 

— Desde tu experiencia, ¿qué medidas habría que tomar para empezar a recuperar la educación?

 

— Brevemente: que vuelva el Ministerio de Educación y que sea un organismo independiente del gobierno de turno. Que sus autoridades deban acreditar 15 años de experiencia en aulas. Los 2 últimos años de la secundaria tienen que tener un régimen preuniversitario y su promedio debe habilitar a qué carrera pueden inscribirse. Las escuelas tendrían que poder elaborar su propio régimen de promoción y evaluación acorde a la comunidad educativa a la que pertenecen. El ministerio fijaría algunas pautas mínimas comunes y permitiría la autonomía institucional.

EL GRAN INTERREGNO MUNDIAL


Por Miguel Ángel Iribarne

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 19/04/2026

 

En uno de sus Cuadernos de la cárcel, dice Gramsci: «La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer; en este interregno se verifican los fenómenos morbosos más variados«. La constatación, que el italiano refiere al paso –supuestamente inevitable- del capitalismo al socialismo, puede aplicarse hoy a las transformaciones situadas en el plano del ordenamiento político del espacio global.

 

En efecto, la conformación, a partir de 1991 de una hegemonía unipolar estadounidense, llegó en los años inmediatamente sucesivos a su clímax. Nunca como entonces vivimos tan cerca de un gobierno mundial ni la pax americana pareció tan inconmovible.

 

La cuota de dramatismo introducida por las acciones de Al-Qaeda no llegó a cuestionarla. En realidad no hacía sino verificar la previsión de Julien Freund: a poder global guerrilla global. La crisis financiera de 2008, el giro asertivo de la política exterior rusa tras los primeros años de Putin y el imparable ascenso de China como «fábrica del mundo» fueron, sí, los que gatillaron la crisis hegemónica. Y ésta manifestó sus rasgos «morbosos» en la extremada polarización de la vida interna norteamericana, correlativa de una tendencia claramente erosiva de la «democracia realmente existente» en el ámbito del aliado europeo. Aquélla alumbró al trumpismo –y a todo lo que MAGA expresa- y ésta trajo consigo el desfondamiento de los partidos de centro-izquierda y centro-derecha asociados en la gestión gubernativa prácticamente desde 1945. No hubiera sido extraño –de vivir Gramsci- que, dada la base iluminista de su pensamiento, hubiera juzgado «morbosos» ambos desarrollos. Lo que es incuestionable es que con ellos se manifiesta el comienzo de un interregno histórico que durará hasta que se consolide un orden nuevo, capaz de mantenerse al menos por algunas generaciones. Este período intermedio se caracteriza por:

 

a) una abrupta caída de la autoridad de las organizaciones multilaterales, la ONU a la cabeza;

b) la disminución del poder disuasivo de la superpotencia;

c) un sensible desgaste, en las democracias liberales, de la pretensión representativa de las respectivas Clases Políticas;

d) un empobrecimiento general de las capas medias que replantea conflictos en torno de la distribución de la riqueza que se creían superados ya por el Estado de Bienestar.

El conjunto configura en lo interno una crisis de legitimidad de las «democracias realmente existentes» (sin que exista aun una legitimidad «suplente») y en el orden global un recrudecimiento de los caracteres estructuralmente «anárquicos» del conjunto.

 

El Interregno se supone llamado a conducirnos del orden viejo al nuevo a través de una fase anárquica de duración incierta. En nuestro caso ella puede consistir en una serie de conflictos regionales más o menos encadenados y más o menos destructivos o en una guerra global.

 

El perfil del nuevo orden es casi tan incierto como la duración del Interregno. Lo que sabemos es que, entretanto, las normas del Derecho Internacional Público han quedado reducidas a flatus vocis. Sin embargo, nos inclinamos a proponer se explore la hipótesis, formulada por Carl Schmitt ya en 1939, de los «grandes espacios» como sucesores de la era westfaliana. Recordemos sus líneas maestras.

 

En vísperas de una inminente IIGM, en la Universidad de Kiel, el jurista renano propone un orden mundial constituido por ámbitos geopolíticos más vastos que los Estados existentes, en torno a una nación-guía portadora de un principio político-cultural diferenciado. Este ordenamiento supone la exclusión de toda intervención de potencias extrañas al espacio, tema vinculado al de las «esferas de seguridad» hoy tan debatido. Schmitt confesaba que la principal experiencia histórica que había inspirado su teoría era la Doctrina Monroe de 1823. La presente insistencia del trumpismo en el Hemisferio Occidental, registrada tanto en la Estrategia de Seguridad Nacional como en actitudes concretas respecto de Groenlandia, Venezuela, etc., no puede sino corroborar la extraordinaria actualidad del tema, que se toca –aunque no se identifique- con el encuentro/choque de civilizaciones teorizado por Huntington.

 

Junto a EEUU Rusia y China asoman ya como ejes de sendos «grandes espacios» mientras comienzan a perfilarse la India y Turquía.

 

En la vida interna de los Estados nacionales que en general no desaparecen, pero pueden transformarse por agregación o desagregación, durante el Interregno probablemente se estén generando formas políticas nuevas, más acordes que las actuales a la globalización plural que borrosamente percibimos en el horizonte. Sería temerario intentar vislumbrarlas, pero hay tres elementos que podemos suponer presentes en las mismas, a saber: liderazgos políticos fuertemente personalizados («cesarismos» diría Spengler), como contrapeso weberiano al aumento de gravitación de los tecnócratas, y una base de democracia entendida como acercamiento a la población del poder decisorio sobre cuestiones concretas. Todo ello muy condicionado en sus modalidades por la identidad político-cultural específica de cada ‘gran espacio’.

DE LA APATÍA A LA PARTICIPACIÓN


 Buscan formar católicos capaces de incidir en la vida pública

 

David Ramos

ACI Prensa, 15 de abril de 2026

 

De cara a “un contexto marcado por la creciente apatía ciudadana, la desvinculación ética de la política y el debilitamiento de la confianza en las instituciones”, el Instituto Tomás Moro anunció la segunda edición de su Programa de Liderazgo Cívico, apuntando a formar personas que puedan “incidir positivamente en la vida pública desde una sólida base ética y cristiana”.

 

Esta nueva edición del programa del Instituto Tomás Moro, que comenzará el 21 de mayo, es realizada en alianza con la Universidad Juan Pablo II y la Universidad de La Salle, ambas de Costa Rica, y la UniCervantes de Colombia.

 

Así, el programa pasa de tener un alcance nacional en su primera edición a apuntar este año “a todo el público hispanohablante”, destaca el Instituto Tomás Moro en un comunicado compartido con ACI Prensa, pues se podrá acceder a él de forma virtual desde cualquier lugar del mundo.

 

El objetivo, destaca el comunicado, es “forjar líderes comprometidos con el servicio público, el bien común, el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, así como con la revitalización de la participación ciudadana”.

 

Entrevistado por ACI Prensa, Luis Fernando Calvo, director del Instituto Tomás Moro, señaló que “existe una creciente apatía frente a la política en buena parte de Hispanoamérica, algo que no solo se percibe en la experiencia cotidiana, sino que también ha sido confirmado por diversos estudios y encuestas”.

 

“La corrupción, vendettas, luchas de poder son pan cotidiano en el panorama político de la región que hacen a los católicos y personas de bien ver con desconfianza y desdén la cosa pública”, dijo.

 

Aunque “las dificultades propias de la política de nuestro tiempo le dan a esta un mal nombre”, desde el instituto costarricense “creemos firmemente que esta realidad puede mejorarse: el cambio es posible; pero esto no sucederá sin la contribución de los católicos, informados en su trabajo social y comunitario por la Doctrina Social de la Iglesia”.

 

Además, subrayó que “política no es sólo lo que hacen los partidos durante los períodos electorales, sino es la actividad propia del ciudadano inserto en su comunidad: la política está inscrita en la naturaleza del hombre, que es un ser social, y no es otra cosa que el esfuerzo cooperativo entre personas en miras al bien común”.

 

Calvo explicó que “uno de los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia es el principio de participación: no es posible alcanzar el bien común sin el involucramiento activo de todos”.

 

Para enfrentar la apatía contemporánea hacia la política, “debemos promover la asociatividad”, dijo, pues el ser humano  “es por naturaleza social, por lo que lo natural en el hombre es asociarse con otros para mejorar sus condiciones de vida”.

 

“Las personas quieren contribuir y anhelan en su corazón, aún sin reconocerlo, ser parte de algo más importante que ellos”, aseguró.

 

En este marco, el programa desarrollado por el Instituto Tomás Moro, resaltó, “no sólo educa desde la filosofía y la teología sobre las realidades temporales, tales como política, economía, liderazgo cívico, sino que permite crear comunidad, acercando y uniendo entre sí a líderes cívicos y sociales”.

 

Luis Fernando Calvo aseguró que “nos gusta la política, toda política, porque creemos con el Papa Francisco que la política es una forma de caridad, es decir, de amor”.

 

“Pero nos gusta mucho la política pequeña, es decir, la política local, del barrio, el vecindario, de la municipalidad”, precisó, recordando que “hemos visto cómo los graduados de la primera cohorte han implementado felizmente su compromiso cívico, requisito indispensable de graduación”.

 

“Este es un dato significativo: nuestros egresados empiezan a convertirse en agentes de cambio, ya que cuentan con una mayor sensibilidad e identidad para lanzarse a hacer el bien”, resaltó.

 

El programa lanzado por el Instituto Tomás Moro, indicó, “viene a responder a una necesidad concreta y urgente de nuestra realidad: debemos trabajar activamente, de manera deliberada, para romper la fragmentación que nos somete a servidumbre que deshumaniza, nos subyuga y condena a la pobreza, mental, espiritual y material”.

 

“Sólo tomando las riendas de nuestro presente podremos asegurar el bien común al que Dios nos convoca”, concluyó.