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lunes, 3 de agosto de 2026

LA CONVERGENCIA DE LOS CONFLICTOS

 DE LA REGIÓN DEL DONBÁS AL MAR CASPIO


Por Gabriel Camilli

La Prensa, 02.08.2026

 

Durante buena parte del siglo XX resultaba relativamente sencillo identificar dónde comenzaba y dónde terminaba una guerra. Existía un frente definido, un teatro de operaciones delimitado y unos beligerantes claramente identificables. La Guerra de Corea era Corea; Vietnam era Vietnam; nuestra "Guerra Justa" por la recuperación de nuestras Islas Malvinas; la Guerra del Golfo se libraba en el golfo Pérsico. Incluso cuando las grandes potencias actuaban por medio de aliados, cada conflicto conservaba una identidad propia.

 

Hoy esa forma de interpretar la realidad comienza a resultar insuficiente.

 

Los acontecimientos de las últimas semanas ofrecen un ejemplo elocuente. Mientras las fuerzas rusas continúan su ofensiva sobre distintos sectores del frente —desde Sumy hasta Donetsk—, intensificando al mismo tiempo los ataques contra infraestructura logística, energética y centros de producción de drones, Ucrania reivindica operaciones de largo alcance sobre objetivos situados en el mar Caspio, utilizados —según Kiev— para abastecer el esfuerzo militar ruso. Casi simultáneamente, el presidente Volodímir Zelensky vuelve a reunirse con Donald Trump para asegurar la continuidad del apoyo político, financiero e industrial estadounidense.

 

A primera vista parecen hechos inconexos. Sin embargo, forman parte de una misma secuencia estratégica.

 

Durante años distintos autores (no es nuestro caso) han insistido en clasificar los conflictos como si cada uno pudiera comprenderse de manera aislada: la guerra de Ucrania por un lado, la crisis de Oriente Medio por otro, las tensiones en el Indo-Pacífico en un tercer plano. Sin embargo, son los propios protagonistas quienes comienzan a demostrar que esas fronteras analíticas se vuelven cada vez más difusas.

 

Un diario italiano resumió el episodio del Caspio con una frase que merece atención:

 

"Para Kiev, las dos guerras son una sola".

 

No se trata únicamente de una expresión periodística. Resume una realidad cada vez más visible: la logística iraní pasa a ser considerada un objetivo de la campaña ucraniana porque forma parte del esfuerzo militar ruso; del mismo modo, Moscú interpreta el fortalecimiento de la cooperación militar occidental con Ucrania como un componente de una competencia estratégica más amplia.

 

Las alianzas

Las alianzas ya no son circunstanciales. Constituyen verdaderos sistemas de poder.

 

Rusia coordina crecientemente sus capacidades militares e industriales con Irán y Corea del Norte (¿y China?). Ucrania profundiza su integración tecnológica, financiera y militar con Estados Unidos y varios países europeos. La transferencia de armamento evoluciona hacia programas de coproducción, intercambio tecnológico e integración de las bases industriales de defensa. La guerra deja de medirse únicamente por la cantidad de brigadas desplegadas y pasa a depender también de la capacidad para sostener la producción, proteger las cadenas logísticas, asegurar el abastecimiento energético y mantener la innovación tecnológica.

 

Por eso, los partes diarios de operaciones adquieren un significado que trasciende las cifras de bajas o los kilómetros conquistados. Observados en perspectiva, muestran una tendencia constante: la presión rusa ya no se limita al frente de contacto. Los ataques buscan degradar depósitos de municiones, infraestructura energética, instalaciones de producción de drones, nodos ferroviarios y puertos. El objetivo no consiste únicamente en derrotar unidades militares, sino en erosionar progresivamente el conjunto del Poder Nacional ucraniano.

 

Ofensiva ucraniana

¿Odesa en el punto de mira y posible punto de inflexión en la guerra?

 

La ofensiva ucraniana en el mar de Azov le ha dado a Moscú una justificación para atacar el sistema de exportación de grano ucraniano en la región de Odesa, mientras que Kiev está perdiendo terreno en el Donbás.

 

Ponemos a consideración del lector estos indicadores: entre los principales acontecimientos que quizá están destinados a cambiar el rostro del conflicto ucraniano está la serie de ataques lanzados tanto por Kiev como por Moscú contra los puertos y la red comercial de transporte marítimo del adversario en el mar Negro.

 

La ofensiva más dura es la que las fuerzas rusas han lanzado cerca del puerto de Odesa y de los puertos cercanos de Yuzhny, Chornomorsk y Nikolayev.

 

Debido a las operaciones militares rusas con drones, la capacidad de almacenamiento del puerto de Odesa se ha reducido en un tercio, según fuentes citadas por el Financial Times, mientras que los armadores se niegan a enviar sus barcos a la región por temor a que sean alcanzados.

 

Los ataques a barcos y la destrucción sistemática de puentes ferroviarios y cruces de carreteras en la parte occidental del óblast de Odesa parecen ser una maniobra rusa para aislar la ciudad del resto de Ucrania, creando las condiciones para un bloqueo total, terrestre y marítimo, del puerto más importante del país.

 

El Financial Times advierte de que la ofensiva rusa amenaza "una de las rutas de exportación de grano más importantes del mundo, que también es una fuente vital de ingresos para Ucrania".

 

Kiev ya tiene un enorme déficit por cuenta corriente, pues debe importar mucho más de lo que puede exportar. El presupuesto estatal ucraniano está sostenido casi en su totalidad por gobiernos occidentales.

 

Estaremos observando este desarrollo operativo en los próximos días para ofrecer a nuestros lectores análisis certeros.

 

Corredor logístico

Pero este fenómeno no es exclusivo de Europa oriental. Los ataques en el mar Rojo, las operaciones en el golfo Pérsico, la creciente importancia del mar Caspio como corredor logístico y las disputas tecnológicas vinculadas al espacio y al ciberespacio muestran que los distintos escenarios se encuentran cada vez más interrelacionados. Las decisiones adoptadas en uno de ellos repercuten casi de inmediato sobre los demás.

 

Hace ya varias décadas, André Beaufre advertía que la estrategia debía comprenderse como una dialéctica de voluntades que emplean todos los instrumentos del poder disponibles. Más recientemente, Colin Gray insistió en que ninguna guerra puede analizarse separando lo militar de lo político, lo económico o lo tecnológico. Incluso la noción de "guerra irrestricta", desarrollada por los coroneles chinos Qiao Liang y Wang Xiangsui, anticipaba un escenario donde la confrontación trascendería ampliamente el campo de batalla convencional.

 

Los acontecimientos actuales parecen confirmar esa evolución.

 

No asistimos únicamente a una guerra por el control de determinados territorios del Donbás. Tampoco exclusivamente a una disputa entre Israel e Irán, ni a una competencia tecnológica entre Washington y Pekín. Lo que comienza a delinearse es una confrontación estratégica de alcance global, desarrollada simultáneamente en múltiples teatros de operaciones y mediante instrumentos militares, económicos, tecnológicos, financieros, diplomáticos e informativos.

 

La reciente reunión entre Volodímir Zelensky y Donald Trump constituye otro indicio de esta transformación. Si durante los primeros años del conflicto el debate giraba principalmente en torno al envío de sistemas Patriot, HIMARS o carros de combate, hoy la discusión se desplaza hacia la coproducción de armamento, la transferencia tecnológica y la integración de las bases industriales de defensa. Paralelamente, diversos centros de estudios estratégicos estadounidenses vienen advirtiendo sobre la disminución de las reservas de misiles interceptores y las dificultades para sostener el ritmo de producción que exige una guerra convencional de alta intensidad. El problema ya no consiste únicamente en disponer de armas sofisticadas, sino en contar con la capacidad industrial necesaria para fabricarlas en cantidad suficiente y durante largos períodos. La guerra vuelve a depender, una vez más, de la potencia económica e industrial de las naciones.

 

Estrategia

Esta constatación representa, en realidad, un regreso a las enseñanzas clásicas de la estrategia. Clausewitz recordaba que la guerra es la continuación de la política por otros medios, y que su desarrollo depende de la capacidad del Estado para sostener el esfuerzo nacional. Raymond Aron insistía en que el poder militar descansa sobre fundamentos económicos e industriales, mientras que Beaufre concebía la estrategia como la utilización coordinada de todos los instrumentos del Poder Nacional. Durante años se creyó que la revolución tecnológica bastaría para garantizar la superioridad militar. Sin embargo, la experiencia de Ucrania demuestra que la innovación solo resulta decisiva cuando está respaldada por fábricas capaces de producir en serie, cadenas logísticas resilientes, acceso a materias primas críticas y una economía preparada para sostener un conflicto prolongado. En definitiva, la guerra del siglo XXI vuelve a poner en primer plano un principio que parecía olvidado: ninguna tecnología puede sustituir la fortaleza integral del Poder Nacional.

 

Quizá la mayor dificultad no sea comprender la guerra del presente, sino abandonar las categorías intelectuales del pasado.

 

Seguimos preguntándonos dónde está el frente principal cuando, en realidad, la guerra ya no posee un único frente. Seguimos buscando una batalla decisiva cuando la estrategia contemporánea procura desgastar lentamente las capacidades materiales, industriales y psicológicas del adversario. Seguimos hablando de conflictos regionales cuando las alianzas, las cadenas logísticas, la industria de defensa y la innovación tecnológica han terminado por integrarlos en un mismo sistema estratégico.

 

Del Donbás al mar Caspio no existe solamente una continuidad geográfica. Existe, sobre todo, una continuidad estratégica que integra frentes militares, corredores logísticos, industrias de defensa, cadenas de abastecimiento, tecnología y alianzas políticas. Comprender esa convergencia será indispensable para interpretar no solo la guerra en Ucrania, sino el nuevo orden internacional que comienza a configurarse ante nuestros ojos. Quizá la principal lección de este conflicto sea que la estrategia ha regresado al centro de la política internacional y, con ella, la importancia decisiva del Poder Nacional en todas sus dimensiones.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

 

 

viernes, 17 de julio de 2026

LA NUEVA CIVILIZACIÓN YA COMENZÓ


Heriberto Auel

Infobae, 17 Jul, 2026

 

Cada día aparecen noticias sobre inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología, robótica o automatización. Muchos las interpretan como innovaciones extraordinarias, pero esa mirada resulta insuficiente. Lo que está cambiando no son solamente las herramientas: está cambiando la forma de producir, de ejercer el poder, de organizar los Estados y, en definitiva, de vivir.

 

La historia registra pocas transformaciones comparables. La revolución agrícola dio origen a las primeras grandes sociedades organizadas. La revolución industrial modificó el trabajo, la economía y la política mundial. Hoy, la convergencia de tecnologías disruptivas está redefiniendo simultáneamente la educación, la ciencia, la defensa, la economía y las relaciones internacionales. Por eso no vivimos una época de cambios: vivimos un verdadero cambio de época.

 

Toda transición civilizatoria genera incertidumbre. Las instituciones heredadas comienzan a perder eficacia antes de que las nuevas alcancen su madurez. En ese intervalo aparecen tensiones, conflictos y resistencias. Interpretar este proceso con categorías del pasado conduce inevitablemente a errores estratégicos. La primera responsabilidad del liderazgo consiste, precisamente, en comprender el mundo que está naciendo antes de que sus consecuencias obliguen a reaccionar.

 

También conviene distinguir dos conceptos que suelen confundirse. La civilización es el conjunto de capacidades científicas, tecnológicas, económicas e institucionales que sostienen a una sociedad. La cultura, en cambio, expresa su identidad, sus valores, sus tradiciones y sus creencias. Adaptarse a una nueva civilización no implica renunciar a la identidad nacional. Por el contrario, cuanto más acelerado es el cambio, más importante resulta preservar aquello que otorga cohesión y sentido a una comunidad.

 

El poder también está cambiando de naturaleza. Durante siglos se midió por el territorio, la población, los recursos naturales o la capacidad industrial. Todos esos factores siguen siendo importantes, pero ya no son suficientes. El verdadero activo estratégico del siglo XXI será la capacidad para generar conocimiento, innovar, educar y transformar la ciencia en desarrollo económico y poder nacional.

 

La inteligencia artificial es el ejemplo más visible de esta transformación. Ya modifica la medicina, la industria, la logística, las finanzas, la educación y la defensa. Los conflictos recientes demuestran que quien domine estas tecnologías dispondrá de ventajas crecientes en productividad, seguridad y competitividad. Ignorar esta realidad sería tan grave como haber despreciado la máquina de vapor en el siglo XIX o la electricidad en el XX.

 

La Argentina llega a este desafío después de décadas de deterioro institucional, retroceso educativo, inestabilidad económica y fragmentación política. Ese es nuestro punto de partida, pero no tiene por qué ser nuestro destino. Precisamente porque el orden mundial está cambiando, se abre una oportunidad para reconstruir un proyecto nacional basado en el conocimiento, la innovación, la calidad institucional y el desarrollo.

 

Ello exige una visión estratégica que trascienda los gobiernos. Educación de excelencia, ciencia vinculada con la producción, estabilidad macroeconómica, instituciones confiables, infraestructura moderna y políticas de Estado sostenidas en el tiempo constituyen las condiciones indispensables para integrarse con éxito a la nueva Civilización del Conocimiento.

 

Las naciones que liderarán el siglo XXI no serán necesariamente las que reaccionen mejor frente a las crisis. Serán aquellas capaces de comprender antes que las demás hacia dónde se dirige la historia. Gobernar dejará de ser solamente administrar el presente. Será, sobre todo, conducir el futuro.

 

El mundo ya cambió. La verdadera pregunta no es si esa transformación llegará a la Argentina, sino si la Argentina llegará a tiempo para convertirse en protagonista de esa nueva civilización. La historia ofrece pocas oportunidades de reposicionamiento estratégico. Esta puede ser una de ellas. Dependerá de nuestra capacidad para comprender el cambio y actuar en consecuencia.

jueves, 22 de agosto de 2024

COPEC

 

CREACION DEL CONSEJO PARA LA PLANIFICACION ESTRATEGICA DE LA PROVINCIA DE CORDOBA 


LEY 9.475


CORDOBA, 9 de Abril de 2008


LA LEGISLATURA DE LA PROVINCIA DE CORDOBA SANCIONA CON FUERZA DE LEY:


CAPÍTULO I.- CREACIÓN, DEFINICIÓN Y ATRIBUCIONES

ARTÍCULO 1.- CRÉASE el "Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (CoPEC)", como organismo descentralizado de la Administración Pública Provincial, quien cumplirá funciones de orientación estratégica en aquellas temáticas que le son específicas en una visión de mediano y largo plazo y que constituyan la base científica y técnica para la definición de políticas públicas y la toma de decisiones de otros actores de la sociedad civil.

 

El Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba mantendrá sus relaciones en forma directa con el titular del Poder Ejecutivo, de conformidad a la Ley Nº 9454 -Estructura Orgánica del Poder Ejecutivo Provincial- o la que en el futuro la reemplace."

 

[Modificaciones]

ARTÍCULO 2.- EL Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (COPEC) procederá a la elaboración de propuestas estratégicas, informes técnicos y documentos fundados técnicamente sobre la base de consultas con expertos y la participación de personalidades de instituciones y entidades civiles representativas de todos los estamentos políticos y sociales, sectores productivos, organizaciones sindicales, organismos no gubernamentales, universidades y centros de investigación, entre otros.

 

Las consultas y trabajos encomendados estarán destinados a ofrecer fundamentos científicos y técnicos para el contenido de las Políticas de Estado de continuidad en el mediano y largo plazo, teniendo en cuenta las principales tendencias internacionales sobre las temáticas abordadas y las especiales condiciones de contexto institucional, social, político, económico y cultural de nuestro país y región.

 

El contenido de la actividad del Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (COPEC) será un insumo estratégico para el funcionamiento en el mediano y largo plazo de los tres Poderes del Estado.

 

El Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (COPEC) propiciará el compromiso expreso de todas las entidades públicas y privadas suscriptoras de las propuestas estratégicas, a los efectos de cumplir con las responsabilidades que les competen a cada una de ellas para la concreción de los objetivos estratégicos acordados.

 

ARTÍCULO 3.- SON atribuciones del Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (COPEC):

 

a) Generar, recolectar y procesar información relevante, económica, tecnológica, demográfica, social, política y cultural a los efectos de la formulación de escenarios y tendencias y de la realización de análisis comparados de situaciones análogas, tanto a nivel nacional como internacional;

 

b) Desarrollar estudios e investigaciones sobre los problemas y la agenda estratégica de la sociedad y elaborar periódicamente informes técnicos y documentos de prospectiva, que contengan diagnósticos de la situación local e internacional, estado del arte en dichas temáticas, formulación de escenarios futuros y elaboración de lineamientos y propuestas estratégicas de largo plazo, que contemplen los requerimientos y consensos necesarios para su aplicación;

 

c) Establecer consultas técnicas amplias y sistemáticas con expertos, investigadores, organismos e instituciones políticas, sociales, sindicales, productivas, científicas y universitarias, provinciales, nacionales e internacionales;

 

d) Establecer un cronograma anual de elaboración de informes técnicos y de documentos de prospectiva, publicar dichos trabajos y difundir las actividades del Consejo;

 

e) Alentar la cooperación público-privada y la vinculación científico-técnica con los diversos actores políticos, económicos y sociales de la Provincia y promover el intercambio de conocimientos y experiencias a través de seminarios, jornadas, talleres y congresos, y f) Dictar su propio Reglamento Interno, el que deberá prever el quórum necesario para sesionar válidamente, y aquel para tomar decisiones, así como el doble voto del Presidente en caso de empate.

 

g) Suscribir convenios con entidades públicas y privadas, de orden nacional o internacional.

 

[Modificaciones]

CAPÍTULO II.- COMPOSICIÓN, INTEGRACIÓN Y FUNCIONES

ARTÍCULO 4.- EL Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (CoPEC) estará compuesto por las siguientes autoridades y órganos de funcionamiento:

 

a) Un Presidente, miembro natural del Comité Ejecutivo;

 

b) Un Comité Ejecutivo integrado por el Presidente y tres (3) miembros;

 

c) Un Comité Consultivo Académico Institucional integrado con un mínimo de doce (12) miembros, y d) Un Director Ejecutivo, designado por el Presidente del Consejo a propuesta del Comité Ejecutivo."

 

[Modificaciones]

ARTÍCULO 5.- LA designación del Presidente del Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (CoPEC) y de los integrantes del Comité Ejecutivo será facultad del Poder Ejecutivo Provincial y contemplará la consulta a organizaciones de relevancia en el ámbito profesional, empresario, académico, sindical, social y político, a través de un mecanismo de recepción de opiniones y observaciones, expresas y fundadas, que ciudadanos y entidades deseen manifestar al respecto."

 

[Modificaciones]

ARTÍCULO 6.- EL Comité Consultivo Académico Institucional, compuesto por un mínimo de doce (12) miembros estará integrado por personalidades de reconocida trayectoria y participación en entidades de máximo grado o de indudable significación en el ámbito de la Provincia de Córdoba, de los sectores políticos, de la producción, del trabajo, universitario, profesionales, religiosos y socio-culturales, propuestos por el Comité Ejecutivo y designados por el Poder Ejecutivo Provincial.

 

[Modificaciones]

ARTÍCULO 7.- SON funciones de las autoridades y órganos del Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba, las siguientes:

 

1) Presidente:

 

a) Presidir las reuniones del Consejo y del Comité Ejecutivo;

 

b) Representar institucionalmente al mismo;

 

c) Brindar orientación estratégica, proponer áreas temáticas y solicitar trabajos, estudios e investigaciones para la elaboración de informes y documentos, y d) Designar el Director Ejecutivo a propuesta del Comité Ejecutivo.

 

2) Comité Ejecutivo:

 

a) Brindar orientación estratégica y proponer áreas temáticas de estudios e investigaciones para el cumplimiento de sus objetivos;

 

b) Establecer el cronograma de actividades;

 

c) Proponer el Reglamento Interno;

 

d) Proponer al Presidente, la designación del Director Ejecutivo;

 

e) Convocar a las reuniones del Comité Consultivo Académico Institucional, y f) Elaborar la propuesta de anteproyecto de presupuesto.

 

3) Comité Consultivo Académico Institucional:

 

a) Asesorar al Presidente del Consejo y al Comité Ejecutivo sobre todas las cuestiones institucionales, científicas, técnicas y estratégicas de la agenda del organismo y todas las demás funciones que disponga el Reglamento Interno.

 

4) Director/a Ejecutivo/a:

 

a) Convocar a las reuniones del CoPEC;

 

b) Dirigir las actividades administrativas del CoPEC;

 

c) Proponer al Comité Ejecutivo la realización de nuevas actividades;

 

d) Informar al Comité Ejecutivo sobre el avance en la elaboración de los documentos y las actividades, y e) Administrar los recursos que posee el organismo.

 

El Presidente del Consejo y los integrantes del Comité Ejecutivo durarán en sus funciones cinco (5) años pudiendo ser reelegidos por igual período.

 

La duración de las funciones del Director Ejecutivo y de los miembros del Comité Consultivo Académico Institucional será establecida por el Comité Ejecutivo en el marco del Reglamento Interno.

 

[Modificaciones]

ARTÍCULO 8.- LOS dictámenes, informes y documentos propiciados por el Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (COPEC) deberán ser fundados científica y técnicamente y no serán vinculantes para las acciones gubernamentales ni deberán estar limitados a un único período de Gobierno.

 

CAPÍTULO III.- RECURSOS E INFRAESTRUCTURA

ARTÍCULO 9.- EL Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (COPEC) dispondrá de los siguientes recursos:

 

a) Las partidas asignadas por la Ley de Presupuesto, cuyo monto debe ser apropiado para el cumplimiento de sus fines;

 

b) Ingresos provenientes de organismos nacionales e internacionales -públicos o privados-, producto de su vinculación institucional, y c) Todo otro ingreso que por ley le corresponda.

 

El Comité Ejecutivo elaborará la propuesta de anteproyecto del presupuesto del Consejo. El mismo será elevado al Poder Ejecutivo para su consideración, aprobación e inclusión en el proyecto de Presupuesto General de Gastos y Recursos de la Provincia.

 

ARTÍCULO 10.- EL Poder Ejecutivo proporcionará la infraestructura y el equipamiento necesarios para el funcionamiento del Consejo para la Planificación Estratégica de la Provincia de Córdoba (COPEC). Los gastos que demande el cumplimiento de la presente Ley serán atendidos con los recursos del Ministerio que le asigne la Ley de Presupuesto.

 

ARTÍCULO 11.- COMUNÍQUESE al Poder Ejecutivo Provincial.

 

Firmantes

 

FRANCISCO FORTUNA.- PRESIDENTE PROVISORIO LEGISLATURA PROVINCIA DE CÓRDOBA GUILLERMO ARIAS.- SECRETARIO LEGISLATIVO LEGISLATURA PROVINCIA DE CÓRDOBA.

 

jueves, 10 de noviembre de 2022

EL DRAMA DE LA POBREZA


Nadie puede dudar que el principal problema que aqueja a la sociedad argentina es el de la pobreza, que afecta al 36,5 % de la población (17,3 millones). La línea de pobreza está indicada por la Canasta Básica Total: $ 120.000, mientras la de indigencia corresponde a la Canasta Básica Alimentaria: $ 52.989. Cabe señalar, que el 80 % de los jubilados cobra la jubilación mínima: $ 43.353, es decir, se encuentra en la indigencia, pese a haber trabajado y aportado previsionalmente. A su vez, el Salario Mínimo Vital y Móvil está fijado en $ 54.500, es decir, que quienes trabajan sólo tienen garantizado cobrar la mitad de lo que necesitarían para no ser pobres.


Una manifestación clara de la pobreza la encontramos en las villas miseria o barrios populares, que son aquellos que se encuentran integrados por familias agrupadas bajo diferentes grados de precariedad y hacinamiento, en donde más de la mitad carece de títulos de propiedad del suelo y de acceso a los servicios básicos: agua corriente, gas natural, energía eléctrica y cloacas. Estos lugares, identificados en el Registro Nacional de Barrios Populares, han crecido exponencialmente hasta los actuales 5.687, donde viven 5.000.000 de personas. Acaba de prorrogarse por diez años, la ley 27.453 que suspende los desalojos en estos barrios cuando hayan sido levantados en tierras usurpadas. (1)


Vinculado a lo anterior, el panorama del trabajo muestra características preocupantes: los trabajadores registrados suman 12.034.000 (sectores privado, público y monotributo); mientras 6 millones trabajan en el sector informal, y otros 1.337.136 permanecen desocupados. (2) En forma progresiva, las autoridades gubernamentales han recurrido a medidas que procuran paliar las consecuencias negativas del ingreso insuficiente de tantas familias a través de aportes dinerarios. Dichos subsidios, en forma de planes, que se otorgan de modo permanente u transitorio, son motivo de quejas constantes de quienes consideran injusto que el Estado mantenga a personas que no trabajan.


Nuestro Centro de Estudios Cívicos, considera necesario sentar posición sobre este tema, frente al que, como católicos y como ciudadanos, no podemos permanecer indiferentes. Como guía para el análisis, contamos con la doctrina social, que nos permite iluminar nuestro transitar por la vida con la brújula de los principios y la experiencia milenaria de la Iglesia. La obligación moral del trabajo rentado, se remite a menudo a la Segunda Carta a los Tesalonicenses: el que no quiera trabajar que no coma (2 Tes. 3, 10). En realidad, la frase en griego οὐ θέλει ἐργάζεσθαι significa “no está dispuesto a trabajar”, es decir, que no acepta colaborar con el sostenimiento de la comunidad ni realiza nada útil.


Sobre esto se expidió una encíclica: La obligación de ganar el pan con el sudor de la propia frente supone, al mismo tiempo, un derecho. Una sociedad en la que este derecho se niegue sistemáticamente y las medidas de política económica no permitan a los trabajadores alcanzar niveles satisfactorios de ocupación, no puede conseguir su legitimación ética ni la justa paz social. (3) De hecho, es ínfima la proporción de personas que se limitan a vivir de limosnas o mantenidos por su familia, sin realizar ninguna tarea que les permita obtener los bienes necesarios para sostenerse a sí mismos. La mayoría de quienes necesitan ayuda estatal para obtener un ingreso suficiente que le permita sostener a su familia, requieren esa ayuda pese a que trabajan o trabajaron, como demuestran las cifras citadas al comienzo.


Un diagnóstico completo y objetivo, debe concluir que no se trata sólo, o principalmente, de un problema económico, sino del fracaso de la política que tiene por finalidad lograr el bien común de la comunidad. Un reciente artículo (4) recordaba una frase de Malraux: “los pueblos no sólo tienen los gobiernos que se merecen, sino los que se les parecen”; agregaba el periodista que es habitual en muchos argentinos señalar que es el peronismo el causante de todos los males que afectan a la Argentina. Sin embargo, durante el primer centenario (1910) cuando esa fracción política no existía, otro intelectual francés, Clemenceau, notó en una visita a esta tierra: “no he conocido ningún otro país en donde tanta gente cree tener derecho a vivir del Estado”.


La doctrina es clara: El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática (…) Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiariedad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. (5)


No obstante, y dada la crisis extrema que existe en nuestro país, el deber de otorgar las convenientes subvenciones indispensables para la subsistencia de los trabajadores desocupados y de sus familias es una obligación que brota del principio fundamental del orden moral en este campo, esto es, del principio del uso común de los bienes o, para hablar de manera aún más sencilla, del derecho a la vida y a la subsistencia. (6)


Otro factor de la realidad del mundo actual, que no puede omitirse, es la creciente automatización de las tareas productivas y de servicios, que disminuye la necesidad del trabajo humano, y que ya ha provocado millones de desempleados, e incluso –según la Organización Internacional del Trabajo- conducirá a la desaparición de más de la mitad de los oficios existentes. Autores como Jeremy Rifkin, vienen alertando sobre esta revolución tecnológica que está substituyendo a los seres humanos por máquinas, y que hará que cada vez sean necesarios menos trabajadores para producir los bienes y servicios requeridos por la población mundial. (7)


Por ello, se están experimentando en varios países distintas variantes de ingreso básico universal o renta básica, destinadas a reemplazar las asignaciones familiares y otros subsidios, como garantía de que toda familia o ciudadano, disponga de un ingreso mínimo que le permita obtener los bienes indispensables para una vida digna. (8) Por cierto, que el diseño y la implementación efectiva de esta forma de ayuda social, deberá ser analizada por especialistas y decidida por las autoridades gubernamentales. Pero el fundamento ético de esta manera de redistribución sería el derecho de todos a participar de los beneficios del incremento de la productividad y del crecimiento de la riqueza nacional por la aplicación de las nuevas tecnologías, así como una compensación por la disminución de empleos y de la concentración de la riqueza. Transferir una parte de los beneficios hacia aquellos más necesitados y menos propensos a poder disfrutar de los avances de la economía, es una forma de concretar la justicia social, puesto que: “Hay reglas económicas que resultaron eficaces para el crecimiento, pero no así para el desarrollo humano integral. Aumentó la riqueza, pero con inequidad, y así lo que ocurre es que aparecen nuevas pobrezas”. (9)

 

Centro de Estudios Cívicos

Córdoba, 10-11-2022


Prof. Flavia Villani - Dr. Mario Meneghini 

Dr. Andrés Torres - Dr. Carlos Vargas 

Arq. Jorge Cima - Dr. José González del Solar

 

1) Infobae, 9-10-2022.

2) Andrés Kilpphan, Infobae, 31-8-2021.

3) Juan Pablo II. “Centesimus annus”; p. 43.

4) Perfil, 6-11-22

5) Benedicto XVI. “Deus caritas est”; p. 28,

6) Juan Pablo II. “Laboren exercens”; p. 18.

7) Jeremy Rifkin. “El fin del trabajo”; Paidos, 1996.

8) Andrés Torres: www.foroazulyblanco.blogspot.com/2020/01/el-ingreso-basico-universal.html

9) Francisco. “Fratelli tutti”; p. 21.