sábado, 31 de diciembre de 2022

LA ADVERTENCIA DE BENEDICTO XVI

 

 sobre el riesgo de que Occidente olvide sus raíces culturales, sustento de los derechos humanos

 

Pablo Yurman

 

Infobae, 31 de Diciembre de 2022

 

Fue en ocasión de una visita de Estado a su Alemania natal, en septiembre de 2011, que Joseph Ratzinger, quien murió este sábado, dio un discurso ante el Parlamento en el cual, tras invocar una cita bíblica relacionada con la coronación del rey Salomón, abordó temas que aún hoy son tabú para el establishment alemán -el advenimiento del nazismo con la complicidad de parte de la sociedad- así como otros vinculados con los desafíos culturales presentes.

 

Respecto de éstos últimos, al hacer uso de la palabra ante los parlamentarios encargados de legislar para la sociedad alemana, el entonces Pontífice alertó sobre el riesgo de dar por sentado que siempre existió algo llamado “Teoría de los Derechos Humanos” o, para expresarlo en otros términos, que la idea de que la persona humana, por el sólo hecho de serlo, es titular natural de determinados derechos de los que no puede ser despojada de modo arbitrario por ninguna autoridad, siempre acompañó a la humanidad. Una suposición de tal calibre sería históricamente falaz e ingenua. Tal teoría, reconocida hoy como uno de los pilares de nuestra civilización, fue producto de un lento pero firme desarrollo cultural de siglos. Y el ámbito civilizatorio que dio lugar a la idea de respeto por los derechos fundamentales de la persona humana que emana de su dignidad inherente, fue la Europa de los siglos XV y XVI.

 

En palabras del entonces Obispo de Roma, Europa no es tanto un concepto geográfico sino antes que nada cultural. En tal sentido, Ratzinger afirmó que “la cultura de Europa nació del encuentro entre Jerusalén, Atenas y Roma, el encuentro entre la fe en el Dios de Israel, la razón filosófica de los griegos y el pensamiento jurídico de Roma. Este triple encuentro configura la íntima identidad de Europa.”

 

Luego del discurso, en comentario al mismo, el jurista español Rafael Navarro Valls elaboró una metáfora para referirse a la Europa aludida por Ratzinger, continente al que definió como la “reunión de tres colinas: el Gólgota, la Acrópolis y el Capitolio.”

 

Esta idea no nos resulta ajena a los pueblos iberoamericanos que somos, guste o no, una rama de ese tronco cultural europeo, aunque con una impronta particular y propia en una geografía diferente.

 

Constituye un dato objetivo, por tanto, que la idea de respeto por los derechos fundamentales de la persona -por el sólo hecho de serlo y con independencia de cuestiones secundarias tales como sexo, raza, clase, etc.- no surge ni en China ni en la India, civilizaciones milenarias que precedieron a la occidental; ni en Arabia o sitio alguno de Oriente Medio, ni constituía el acervo cultural de los pueblos que habitaban América antes de 1492. ¿Por qué fue históricamente así? La pregunta es pertinente sobre todo en tiempos como los actuales en los que, cultura de la “cancelación” mediante, lo que históricamente conocíamos como Occidente parece no sólo renegar adolescentemente de sí mismo, sino incluso adoptar una actitud de suicidio colectivo en términos ético-valorativos.

 

Por tal motivo, en el citado discurso, Benedicto XVI expresó: “Sobre la base de la convicción sobre la existencia de un Dios creador, se ha desarrollado el concepto de los derechos humanos, la idea de la igualdad de todos los hombres ante la ley, la conciencia de la inviolabilidad de la dignidad humana de cada persona y el reconocimiento de la responsabilidad de los hombres por su conducta. Estos conocimientos de la razón constituyen nuestra memoria cultural. Ignorarla o considerarla como mero pasado sería una amputación de nuestra cultura en su conjunto y la privaría de su totalidad.”

 

Agudamente señalaba el Papa que, si fue la combinación y la complementariedad de esos elementos constitutivos del ADN cultural europeo a lo largo de siglos lo que permitió formular lo que denominamos hoy –y aún damos por sentado que está allí desde siempre- la teoría o el fundamento de los derechos humanos, entonces, si deliberadamente amputamos alguno de esos miembros, si consciente o inconscientemente renegamos de alguna de esas fuentes, el resultado final no será el mismo que aquél del que históricamente aún sacamos provecho. Es como retirar los pilares que sostienen la estructura. Tarde o temprano colapsará. Y si eso sucediera, de manera lógico-consecuencial no tendremos eso que hoy llamamos “fundamentos de los Derechos Humanos” y que en general valoramos como algo bueno de nuestra ecúmene cultural, máxime cuando la comparamos con otras.

 

Si renegamos obtusamente de la idea de Dios -con independencia de las creencias individuales, lo que aquí analizamos es la conciencia comunitaria de Dios-, entonces puede ocurrir, entre otras consecuencias, que desaparezca automáticamente la idea de fraternidad, en apariencia tan cara a los revolucionarios de 1789. La fraternidad entre los seres humanos, lo que hace o debería hacer que nos tratemos como hermanos, requiere un presupuesto: que reconozcamos una paternidad común, pues de lo contrario, no habría hermandad posible. Si desaparece de nuestro horizonte social la idea de un Padre común a todo el género humano, no pasará mucho tiempo antes de que los humanos no se traten como prójimos/hermanos sino como extraños, cuando no como enemigos mutuos.

 

Si renunciamos a la razón que heredamos del genio filosófico de los griegos, que forma parte de nuestro acervo cultural y que constituye una característica que distingue a los hombres de otras criaturas, desaparece con el tiempo el diálogo reflexivo como camino de dignificación del conjunto social, y corremos el riesgo de parecernos a otros ámbitos ajenos a nuestra tradición en los que la posibilidad de fundamentalismos e integrismos con fundamento sólo religioso constituyen una opción que está a la vuelta de la esquina.

 

Por último, si alejándonos de lo culturalmente heredado de Roma, nos deshiciésemos de la idea de justicia objetiva y bien común, conceptos que hoy naufragan en un océano de relativismo moral -cada uno crea su propia idea de lo bueno o de lo malo- y del más crudo individualismo, caeríamos fácilmente en un sistema jurídico que pareciera legitimar todo en base a mayorías parlamentarias y no con criterios objetivos.

 

Cuando un ordenamiento jurídico reconoce más “derechos” a una orangutana que a un niño por nacer, legitima la eliminación de moribundos a través de la eutanasia, o se muestra incapaz de definir claramente lo que es un varón o una mujer, son señales claras de que las palabras premonitorias y la advertencia de Joseph Ratzinger una década atrás no eran meras especulaciones ni constituían exageraciones.

viernes, 30 de diciembre de 2022

UN PADRE

 

 en tiempos del antipaternalismo­

 

POR HUGO ESTEVA

 

La Prensa,  28.12.2022

 

­El titulado Presidente de la República adquirió un tono dulcemente paternal para festejar el triunfo argentino en el Campeonato Mundial de fútbol. En modo condescendiente, se ha atribuído la epopeya y le ha sumado otras dos copas en un solo período de gobierno: rey de copas, si a alguien le quedaba alguna duda. Pero, además, aduce bonachón que ha permitido al pueblo homenajear masivamente a los futbolistas. En síntesis: ese hombre sensible ha sido capaz de producir per se lo que uno hubiera entendido como clásico de la espontaneidad futbolera nacional.

 

Eso sí, al día siguiente cambió de tono para intentar llevarse por delante al Poder Judicial en nombre de "la democracia'', seguramente buscando agraciarse con su mandante, la señora que lo ha hecho definitivamente a un lado. Dónde queda ahora la democracia tan mentada es un misterio.­

 

­HERENCIA FRANCESA­

 

Bien claro está que si algo positivo resultó de la sangrienta y mentirosa Revolución Francesa que nos contaminó como nación desde antes de nacer, es la independencia de la Justicia -y con ella la igualdad ante la ley- respecto de los otros poderes republicanos. Sin esa independencia de los jueces puede uno despedirse de la idea de República. Pero el asunto es que la Argentina no tiene otro camino que ser una república. Eso sí, genuina república si quiere sobrevivir como nación.­

 

La cultura liviana y resentida que hoy es regla viene trabajando desde la postguerra de los años 40 en la destrucción de la figura paterna. Así, el paternalismo es una mala palabra que, en lugar de a un afecto de carácter singularmente generoso, quiere ahora designar a una relación autoritaria que degrada al hijo.

 

En Medicina se la viene empleando desde entonces de manera creciente para contraponerla a la pretendida virtuosa autonomía del enfermo, que debe así tomar decisiones terapéuticas de las que poco y nada conoce. Por un lado, se pretende que en tiempos previos los médicos eran suerte de tiranos que dictaminaban sobre el destino de sus enfermos sin consultarlos, lo que es falso. Por otro, tal autonomía se ha ido transformando en una herramienta que sólo sirve -a través del tergiversado "consentimiento informado''- como protección para los prestadores de salud mientras deja a galenos y pacientes tan en el aire como siempre.­

 

Frente a tanta hipocresía organizada, ¿puede llamar la atención que el Presidente -cuyo carácter lo inclina a la simulación como a pocos- elija el papel de padre bueno que ha permitido a sus prohijados disfrutar de un triunfo deportivo singular para sacar su provecho político?­

 

­VUELTA DE TUERCA­

 

De hecho, tampoco se trata de singularidad alguna. Apenas una vuelta más de tuerca dentro de la mentira de esta autoproclamada democracia que se ha edificado para protección de la bien asentada clase política y emplea sus armas falaces. Fortaleciendo cada vez a estos padres antipaternalistas que pretenden representarnos a partir de listas electorales fabricadas en unidades básicas y comités, de las que jamás piensan bajarse.­

 

Lo cierto es que así como ahora esos políticos quieren invadir a la Justicia para aniquilarla, irán buscando neutralizar toda influencia ciudadana positiva con tal de dominar la vida entera de la nación. Y, a menos que el sistema electoral se modifique por completo en busca de una representatividad genuina, los de uno u otro color quedarán aferrados a sus usurpados asientos con apenas modificaciones de forma. Para eso se preparan ante este próximo año electoral.­

 

El actual Presidente, antipaternalista en papel de falso padre, bajo representante de una cultura inferior, podrá tener que dar paso al costado después de tanta incapacidad, de tanta mentira, de tanto papelón. Pero vendrán otros surgidos de la misma engañifa eleccionaria que ha llegado a sumir a un país lleno de rasgos nobles bajo el yugo de una mujer irreversiblemente enferma. Es imprescindible despertarse ya para refundar a esta Patria.­

miércoles, 28 de diciembre de 2022

LA BATALLA CULTURAL

 

La misión de Grabois y compañía a Lago Escondido no generó nada en la opinión pública, señal de que el relato está totalmente acabado.

 

Javier Boher

 

Alfil, 28-12-22

 

Hay un cambio de época que se nota desde hace bastante tiempo pero que muchos eligen no ver. Quizás no es un tema de elección, sino más bien de imposibilidad. No pueden ver lo que está pasando adelante suyo, lo que intensifica su decadencia.

 

Hace ya varios años la derecha conservadora y delirante de los círculos más extremos empezó a robarse una idea con la que la izquierda se fue haciendo fuerte a lo largo de décadas de insistencia y machaque: la batalla cultural. Ésta es una versión libre del planteo de Antonio Gramsci de que hay que cambiar las formas de pensar para asegurarse de que los cambios en la base económica de la sociedad sean duraderos.

 

No pretendo acá desarrollar una clase sobre el italiano, pero esa pequeña parte de su pensamiento fue la que lo convirtió en una figura omnipresente en los primeros dosmiles. De golpe era una especie de dios intelectual para una izquierda que venía postergada por el neoliberalismo de los ‘90, aunque sembrando sus semillas bajo esa premisa de pelear por el sentido común.

 

Todavía recuerdo cursar Sociología de la Cultura, un seminario intensivo de bibliografía marxista que encontraba mil matices a la hora de definir “ideología” pero que no tenía nada para decir sobre las culturas opresivas de las sociedades no occidentales. Todo el tiempo la misma historia, el mismo foco en ver lo malos que eran los que habán construido el mundo en el que crecimos.

 

Hace más de una década esa pequeña derecha sectaria empezó a meter todo en la misma bolsa, con teorías conspirativas que simplificaban cosas más bien complejas de la vida cotidiana, estableciendo relaciones causales donde ni siquiera había relaciones que no fuesen imaginarias. Todo se blanqueaba, según ellos, siguiendo los lineamientos de los postulados gramscianos para encarar la batalla cultural.

 

Esa pelea por el sentido común le fue dando algunos resultados a todo lo que no pudiese ser catalogado de kirchnerismo. Lo que empezó tímidamente a definirse por oposición fue poco a poco definiendo sus contornos para dar otra imagen de solidez.

 

Si en 2015 estaban todos juntos apoyando a Cambiemos, para 2019 ya había una fragmentación clara que empujó a que aparezcan dos o tres alternativas más a la derecha de Juntos por el Cambio. Esa derecha minoritaria seguía sin poder real, pero ya no era tan pequeña como parecía. El fenómeno libertario no dejó de crecer desde entonces, con una idea de libertad equivalente a la básica imagen del socialismo que tiene el kirchnerismo.

 

El kirchnerismo sigue empecinado en sostener sus banderas, pero no se da cuenta de que está perdiendo la batalla cultural. Sus acciones no conmueven a nadie, salvo a los que se comprometen dogmáticamente con ese ideario perimido.

 

Ayer se viralizó la foto de Juan Grabois y un par de militantes -del tipo que cobra un cheque del Estado cada 29 de mes- en Lago Escondido, propiedad del millonario Joe Lewis, amigo de Macri, denunciado por cerrar el acceso al lago y dueño del establecimiento en el que se denunciaron reuniones entre responsables de la justicia, el mundo empresarial y los medios.

 

Lo que hace 20 años hubiese sido vivido como el Operativo Cóndor que secuestró un avión y voló hasta Malvinas, hoy es apenas una usurpación más de parte de los peludos que adhieren al gobierno nacional. No genera simpatía en nadie, más allá de la importancia que pueda tener para ciertos sectores del nacionalismo de todo el arco ideológico.

 

Quizás el haber insistido tanto tiempo con las tomas de los falsos mapuches en estancias de la Patagonia y con que todo lo malo era culpa de “la derecha” que oprimía a los pueblos locales hizo que ya nadie les crea esos argumentos. Si, qué emotivo ver lo mal que vivía esa gente cuando Pino Solanas sacó “Memoria del Saqueo” hace dos décadas, pero si no se hizo nada en ese tiempo la cuestión se termina diluyendo.

 

No es que se termina la indignación por las prerrogativas de unos sobre otros ni el enojo por la mala administración de las cosas, sino que se termina el relato de que solamente en un lado están los únicos que pueden resolver el problema. Ahí es donde el kirchnerismo perdió la batalla cultural.

 

Definitivamente a Milei no le importa lo que pueda pasar en Lago Escondido fuera de su básica receta de “si la compra es legal, que haga lo que quiera”. Lo importante es todo lo que la gente deriva a partir de su decálogo elemental de liberalismo para púberes, una visión incompleta y burda de las verdaderas implicancias de la defensa de la libertad.

 

Esa es la batalla cultural que los libertarios le han ganado al kirchnerismo, esa capacidad de que la gente llene los espacios vacíos de la situación sin tener que exponer a los referentes a armar complejas justificaciones para ello. El relato libertario es un ente vivo y en expansión que le sigue comiendo gente a un relato kirchnerista cada vez más estructurado y dogmático.

 

A Grabois y compañía solo les faltaba el San Bernardo para mostrarse como la promoción ‘97 del Nacional Buenos Aires celebrando 25 años de egresados. Son apenas una estudiantina de empleados estatales que pisan los 40 pero viven de papá Estado de modo análogo a como buena parte de los adolescentes libertarios todavía depende de padres que laburan 60 horas semanales para que él crea que la vida es quejarse en redes contra lo que no les gusta.

 

En redes la movida despertó más burlas que adhesiones. Ese es el cambio de época que los que se creen actuar con épica no perciben. Perdieron la batalla por el sentido común, al punto de que hay más jóvenes esperando por ver palos de parte de los guardias de Lewis que una foto patriotera de un grupo de gente que no les genera nada.

ITALIA

 

 Giorgia Meloni mantiene «padre» y «madre» en los carné de identidad de menores

 

(Agencias/InfoCatólica) 27-12-22

 

A pesar de que una sentencia del tribunal de Roma de hace un mes idicaba a cambiarlo por «progenitor1» y «progenitor2», el nuevo gobierno italiano de Giorgia Meloni ha decidido mantener la denominación de «padre» y «madre» en los documentos de identidad de menores, aunque sean del mismo sexo.

 

El pasado mes, un tribunal de Roma dio la razón a dos mujeres que querían cambiar la indicación de «padre» y «madre» en los documentos de sus hijos, y el juez pidió al Ministerio del Interior un cambio en el software que elabora los documentos para garantizar la inclusión de padres homosexuales.

 

La sentencia daba marcha atrás a la normativa aprobada por el entonces ministro de Interior Matteo Salvini, que había derogado una ley que permitía indicar «progenitor1» y «progenitor2» en los documentos de los menores. El mismo Salvini que 2018 había dicho que volverían «padre» y «madre».

 

En 2021, Italia volvía a retirar los términos «padre y madre» en los documentos oficiales para menores de 14 años que ahora se vuelven a mantener.

 

El Ministerio del Interior y el Ministerio de la Familia que encabezan Matteo Piantedosi y Eugenia Rocella, respectivamente, han decidido dejar todo como estaba como explicó la ministra al diario La Repubblica: «Hubo mucho ruido sobre esa decisión pero es una sentencia individual, por lo tanto se aplica a la pareja soltera que apeló».

 

«No para todos los demás. En el documento de identidad quedarán escritos padre y madre», explicó Rocella, que añadió que las parejas homosexuales siempre pueden apelar informa EFE.

lunes, 26 de diciembre de 2022

LAS PROFECÍAS DE PABLO VI

 

 con la Humanae Vitae se cumplieron inexorablemente

 

Monseñor Héctor Aguer

 

Infocatólica,  26/12/22

 

Más bebés; es preciso que nazcan más bebés: en la semipoblada y mal poblada Argentina, en la envejecida Europa, en el malthusiano mundo entero. El fantasma de la superpoblación mundial es un mito incomprobable contrario al movimiento de la naturaleza y agitado por la gran finanza internacional y el egoísmo de los satisfechos.

 

Recientemente he leído una noticia que me sumió en un doloroso azoramiento. Italia comparte con Finlandia el tope del ranking en la abismal caída de los nacimientos. ¡Nada menos que Italia, que contribuyó generosamente a la emigración hacia estas tierras del Plata!

 

Son numerosas las razones que explican el fenómeno. La descomposición de la familia es una causa principal. Los cambios en el protagonismo social y cultural de la mujer tienen también su peso: los embarazos aparecen tardíamente, postergados por la dedicación al estudio y el empeño laboral. No critico esta nueva perspectiva, que sería compaginable con la opción por una familia numerosa. Hay otros factores, como el menoscabo del sentido de la naturaleza merced al individualismo y el replanteo del valor de los hijos como gloria de la maternidad. El pansexualismo cobra primacía sobre el amor y desplaza los valores del matrimonio y la familia. Muchas parejas no se casan y la convivencia marital se ha acortado acentuadamente para dar lugar a una sucesiva unión. Ya no se comprende la fidelidad como signo del amor verdadero. La vigencia del sentido cristiano de esas realidades entrañables ha cedido lugar a otros acentos de una moral católica marcada por el progresismo teológico.

 

Este es el lugar para mencionar la encíclica Humanae vitae tradendae, el documento profético promulgado por Pablo VI el 25 de julio de 1968 por el cual se descartaban los métodos anticonceptivos artificiales como medios legítimos para espaciar los nacimientos: las previsiones del pontífice se cumplieron inexorablemente. La oposición a la encíclica en el seno de la Iglesia ha precipitado cambios en la conciencia moral de los cristianos con las consecuencias registradas en el orden cultural. La decadencia de la fe impuso una visión pagana ampliamente extendida que ha eliminado esas convicciones y sentimientos tradicionales. Los jóvenes, en su mayoría, no son formados para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia. La crisis eclesial, prolongada, constituye una decadencia que se proyecta sobre la cultura y la vida social.

 

Según la enseñanza tradicional de la Iglesia existe un medio legítimo de control de la natalidad. Cuando hay serios motivos los cónyuges pueden valerse de una disposición natural y limitar la relación sexual a los períodos agenésicos de la mujer.

 

En la Argentina, los gobiernos kirchneristas han aplicado la ideología de género: el «matrimonio» entre personas del mismo sexo ha dado lugar a adopciones extravagantes que victimizan a los niños despojándolos del ámbito natural de la educación. Este fenómeno minoritario es impuesto a la mentalidad de la población por los políticos y los medios de comunicación, que llevan adelante una batalla cultural. Una reciente campaña de promoción de la esterilización de los adolescentes cercena las fuentes de la vida; la ignorancia y el ideologismo agravan la deseducación que se ha impuesto en el sistema escolar. La mentalidad común, especialmente en los ámbitos universitarios, constituye un caso típico de paganismo; la clase política es principal responsable del anticristianismo agobiante, cubierto por la ilusión democrática. La Iglesia está ausente en el orden cultural y decrece considerablemente el número de bautismos.

 

La disminución de nacimientos determina el envejecimiento de la población; el caso de Italia es por demás significativo. Varios países han advertido las graves consecuencias para el desarrollo y el crecimiento nacional. El actual gobierno francés ha comenzado a subsidiar a las familias para apoyar la decisión de incrementar el número de hijos. China ha abandonado la política del hijo único, impuesta totalitariamente durante décadas y que había configurado una mentalidad social difícil de cambiar. Este caso es sintomático; solo mediante el incremento de los nacimientos es factible alcanzar, con el rejuvenecimiento de la población, un equilibrio social y una más justa distribución de las cargas. En algunos países de Centro Europa, gobiernos patrióticos han instrumentado una especie de Conservative Revolution.

 

Esta problemática pone en juego la percepción gozosa del valor de la infancia; es patético que no se reconozca la vida naciente como factor decisivo del crecimiento de la comunidad. La relativa despoblación de nuestro amplio territorio no suele ser tenida en cuenta para instrumentar a partir de ese dato una política demográfica, que incluiría asimismo descomprimir concentraciones suburbanas utilizadas para perpetuar la politiquería y las ilusiones electoralistas. La consigna alberdiana «gobernar es poblar» y su incumplimiento es uno de los factores que explican el ancestral fracaso argentino. No bastarían decisiones adecuadas de gobierno sin una evolución considerable de la mentalidad social que recuperase la alegría de una filiación abundante. Juan Bautista Alberdi (que se quedó soltero) compartía con los liberales de su época la desconfianza hacia el criollaje; su anglofilia lo hizo incurrir en un proyecto racista: cruzar varones ingleses con mujeres criollas para «mejorar» la población.

 

La Iglesia se ha recluido en la cuestión de la pobreza creciente y no ha advertido que la cuestión demográfica está íntimamente vinculada a la moral y a la predicación de los valores evangélicos en el orden del matrimonio y la familia. La doctrina católica sobre el matrimonio y la familia es amplia y bella; permite un discernimiento justo de los problemas que plantea la cultura actual. Una verdad central de la antropología cristiana afirma que por su índole natural el matrimonio y el amor conyugal se ordenan a la procreación y educación de los hijos, que son su corona; ese es su servicio a la vida. En nuestros días, en un mundo ajeno y aun hostil a la fe, esta concepción hace presente un foco de luz en la sociedad. Si la percepción de este rasgo de la vida cristiana viene a alterarse, los efectos que puede brindar a la sociedad quedan también suspendidos. En ese sentido, la crisis posconciliar se hizo sentir como un apoyo al neomalthusianismo difundido en la sociedad secular.

 

En las costumbres cristianas el progresismo teológico y pastoral ha tolerado la difusión de comportamientos contrarios a la función esencial de servicio a la vida. La mala formación de los sacerdotes ha extraviado a generaciones de fieles en el confesionario y el consejo.

 

Los sucesivos gobiernos han desconocido la problemática poblacional y el influjo de los organismos internacionales dominados por la gran finanza que impone políticas contrarias al desarrollo de los pueblos atacando la innegable base biológica de los mismos. Insistiendo en el caso argentino, vale la pena hacer notar que según el último censo la relación entre población y territorio cuenta 17 habitantes por kilómetro cuadrado; la inmigración trae especialmente bolivianos y paraguayos, que aumentan la concentración poblacional del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), es decir, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los municipios bonaerenses de Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Campana, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Exaltación de la Cruz, Ezeiza, Florencio Varela, General Las Heras, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Lanús, La Plata, Lomas de Zamora, Luján, Marcos Paz, Malvinas Argentinas, Moreno, Merlo, Morón, Pilar, Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, San Vicente, Tigre, Tres de Febrero, Vicente López y Zárate. Esta concentración lo es también de la pobreza y la inseguridad, todo lo contrario al crecimiento armónico de la Nación, que según la Constitución Nacional (art. 75, inciso 19) lo encomienda al Congreso, habida cuenta de las implicaciones sociales y geopolíticas.

 

La política poblacional es una necesidad urgente a nivel federal, de un valor estratégico para conservar el territorio nacional y favorecer el desarrollo del país. Sin embargo, esa intencionalidad puede concretarse en el plano municipal, donde el sentimiento patriótico y el aprecio del arraigo familiar pueden ofrecer soluciones efectivas que al multiplicarse equivalen a una medida general. Un ejemplo excelente es el caso de una comuna del sur de la provincia de Córdoba llamada Nicolás Bruzone. El intendente desea «refundar el pueblo», para lo cual ofrece 50 terrenos de 11 por 27 metros, gratuitamente, dentro del ejido urbano, a las familias que quieran instalarse y cuenten con un proyecto de vida y de trabajo. Hay que pagar por única vez una tasa municipal de $60.000 (unos 182 dólares) al contado o en doce cuotas de $5.000.

Todos los pueblos que tienen terrenos baldíos podrían hacer lo mismo: permitir que sean habitados por familias que quieran trabajar. Esta medida implica un proyecto de reubicación poblacional, una necesidad urgente de la Argentina. Como término de comparación se puede citar el contraste con la ciudad de Buenos Aires, donde las casas solariegas son derrumbadas para erigir en su lugar moles de cemento con departamentos de 18 metros cuadrados. El arraigo familiar es aquí imposible.

 

El caso del municipio de Nicolás Bruzone es ejemplar en cuanto al reordenamiento de una población que se aglomera en la Capital y en los municipios circundantes. Pero la cuestión es el incremento de la población: que nazcan más bebés. Se trata de una decisión de sabiduría, que debe ir unida a la no menos importante del cuidado de la Tierra, para que nadie sufra hambre o subalimentación, como desgraciadamente ocurre en muchos países; incluido el nuestro. La Tierra ha sido calificada como planeta exhausto, afectado en vastas zonas por la degradación de los suelos, la deforestación y el estrés hídrico. Insisto en que se trata de una cuestión de sabiduría: ocuparse seriamente en afrontar esos fenómenos que comprometen la sostenibilidad de la producción alimentaria.

 

La Argentina es una tierra de promisión; capaz de producir alimentos para varios cientos de millones de personas. Es incomprensible que una mitad de los niños y adolescentes estén sumergidos en la pobreza y muchos de ellos carezcan del alimento necesario. No se justifica de ningún modo una argumentación neomalthusiana.

domingo, 25 de diciembre de 2022

COPARTICIPACIÓN


provincias, 57%; Nación, 43%

 

Carlos Ruckauf

 

Infobae, 25 de Diciembre de 2022

 

“...la cuota de la Ciudad se conforma únicamente con los fondos coparticipables de la Nación” - del fallo de la Corte

 

El problema de fondo de las provincias argentinas es que mientras la Constitución establece que somos un país federal, el esfuerzo de todos se lo queda el gobierno central.

 

El sistema de recaudación fiscal está en manos de la Nación que “coparticipa” poco más de la mitad de lo recaudado, a las verdaderas generadoras de riqueza.

 

Además de ello, con maniobras presupuestarias, obtiene fondos de libre disponibilidad que utiliza discrecionalmente.

 

La provincia más perjudicada es la de Buenos Aires. Ella recibe, aproximadamente, la mitad de lo que aporta al Tesoro Nacional. Por eso se conformó el llamado Fondo de Reparación Histórica y reitera el justo reclamo de la administración provincial.

 

Desde esa realidad debe analizarse la reciente medida cautelar decidida por la Corte Suprema y la forma de cumplirla. No se trata de sacarle fondos a la Provincia de Buenos Aires, ni a ninguna otra.

 

Es un gobierno central ultra expandido el que debe bajar su gasto excesivo y distribuir mejor el esfuerzo de todos.

 

Basta como ejemplo que Alberto Fernandez gobierna con más del doble de los Ministros, Secretarios de Estado, Subsecretarios y Directores Generales que Nestor Kirchner, de quien dice ser “continuador’'.

 

El Presidente no solo ha cometido, comete y, seguramente, cometerá errores garrafales en la conducción del Estado. También tiene la costumbre de amplificarlos con declaraciones grandilocuentes que causan más daño.

 

El desacato a la Corte Suprema de la Nación constituye un acto jurídico de tremenda gravedad, que aleja la posibilidad de nuevas inversiones en el país, complica las existentes y nos aísla cada vez más.

 

Todo conflicto judicial debe ser tratado con cautela, más cuando su efecto multiplicador afecta al futuro de nuestra Patria.

 

La medida cautelar del Supremo Tribunal tiene fundamento en los errores cometidos por Alberto Fernandez y no en la justicia del reclamo de la Provincia de Buenos Aires.

 

El costo del gobierno federal es tan monstruoso como ineficiente. La Salud Publica es un desastre, no solo no sabemos cuánto costaron las vacunas que compraron, ni siquiera han encargado las bivalentes que podrían salvar miles de vidas el año próximo. Los ciudadanos padecen un incremento en la violencia del delito ante la pasividad de una Justicia abolicionista, nuestra Política Exterior es errática, nuestra Defensa Nacional está en situación alarmante.

 

Convendría recordar a Mandela: ”Cuando tienes lo que los poderosos quieren, prepárate para evitar que te lo roben”.

 

La estrepitosa caída del nivel de vida de la clase media impide que muchas familias paguen las matrículas del próximo año y sus hijos vuelvan a una Educación Pública devastada y desfinanciada.

 

La inflación del último año ha sido galopante, los ingresos fijos (salarios, jubilaciones, planes sociales) no alcanzan y la mitad de los argentinos está bajo la línea de pobreza.

 

Ante la derrota en los estrados judiciales hubo, otra vez, reuniones tumultuosas y declaraciones delirantes. Entre ellas, el ataque a los miembros de la Corte Suprema como si fueran “instrumentos de la derecha desestabilizadora”.

 

Conviene recordar que todos ellos tienen pergaminos de juristas de nota y dos, una historia en el peronismo, que ninguno de los que los critican pueden empardar.

 

El ministro de Economía ha (¿había?) logrado reconstruir las relaciones con EEUU, el FMI, el BID y los inversores para tratar de evitar, en 2023, un colapso financiero.

 

La guerra en Ucrania sigue un largo y doloroso sendero, un drama para su sufrido pueblo y una continuidad de desajustes en la economía global.

 

Argentina tiene todo, gas, litio, petróleo, alimentos, agua, pero sin reglas de juego claras y permanentes, sin seguridad jurídica, sin capacidad ,seriedad, eficiencia y honestidad en la conducción de la Nación, seguiremos sufriendo.

 

Los gobernadores no deben fogonear un “conflicto de poderes” con la Corte Suprema, que va a causar innumerables problemas para sus propias administraciones, ni aceptar una puja distributiva entre ellas.

 

Deben decidir, de una vez por todas, cumplir con el mandato de la Constitución Nacional e impulsar una Ley Nacional de Coparticipación Federal, disminuyendo lo que recibe el gobierno central.

sábado, 24 de diciembre de 2022

DE LA PREGUNTA

 


 por la ausencia de negros en la Selección a la absurda polémica en torno al racismo

 

Claudia Peiró

 

Infobae, 4 de Diciembre de 2022

 

Con el antirracismo de hoy sucede lo mismo que con el feminismo y el indigenismo: para existir y crecer, éstos inventan el patriarcado en el presente y el genocidio en el pasado, respectivamente. Siguiendo ese patrón, el nuevo antirracismo necesita detectar la persistencia de un racismo sistémico o estructural incluso allí donde éste nunca existió.

 

La pregunta por la ausencia de negros en la Selección argentina en el Mundial de Qatar, formulada en un artículo de opinión publicado el 8 de diciembre pasado en el Washington Post (“¿Por qué Argentina no tiene más jugadores negros en el Mundial?”), y que a primera vista puede parecer una pregunta absurda y nada más, responde en realidad a una tendencia: la de la reinvención del racismo. En nombre del antirracismo.

 

El virus de la autodestrucción que aqueja a la cultura occidental desde hace varias décadas tiene mutaciones: una de sus variantes es un antirracismo de nuevo cuño que denuncia supremacía o privilegio blanco en todas partes.

 

Es entendible que en los Estados Unidos subsista la memoria traumática de la esclavitud o, más cerca en el tiempo, de las leyes de segregación racial. O, en ciertos países europeos, el pasado de esclavistas de sus élites coloniales. Pero proyectar esos fantasmas sobre otras sociedades es una tendencia frecuente entre los intelectuales del primer mundo, a los que les cuesta pensar la realidad ajena por fuera de categorías que sólo son aplicables a la propia.

 

Allí radica uno de los grandes fallos del artículo. Si formular la pregunta correcta es un primer paso indispensable para cualquier investigación rigurosa, una pregunta irrelevante lleva a respuestas erróneas; salvo que sean intencionadas.

 

Sorprenderse por la supuesta blancura de nuestro Seleccionado en Qatar es ignorancia histórica; disculpable tal vez en un extranjero. ¿Pero cómo explicar que en el año 2020 el gobierno argentino haya declarado que, en la actualidad, en nuestro país, “opera un racismo estructural”? Para señalar luego la necesidad de dar “un paso fundamental en el camino hacia la equidad étnico-racial”. Esto, en el país del 43 % de pobres y una distribución cada vez más desigual.

 

El hecho de que la Argentina no haya tenido en el pasado una economía de plantación ni ningún otro modo de producción basado en la explotación masiva de mano de obra esclava -como fue el caso de Brasil, de Cuba o de Estados Unidos, por citar sólo algunos ejemplos-; o el hecho de que no hayamos tenido un sistema normativo de apartheid o de segregación racial, que sí hubieran permitido hablar de racismo sistémico, no parece importar a los cráneos del Gobierno que promueven estas iniciativas..

 

La única explicación posible es su deseo de subirse a la ola del antirracismo de nuevo cuño que se expande por el mundo -occidental- y que acusa a países cuya población es mestiza de estar ocultando -invisibilizando es la palabra favorita- a toda una comunidad étnica.

 

Lamentablemente, heridos por la derrota en la final de la Copa del Mundo, algunos comentaristas deportivos europeos se están plegando a la moda de denunciar racismo por algunas burlas contra integrantes de otros seleccionados.

 

“GRACIAS, NEGRITO”

Esto recuerda al malentendido que tuvo lugar en diciembre 2020 con el jugador uruguayo Edinson Cavani: la Federación Inglesa de Fútbol (FA) lo castigó tan severa como injustamente por decirle “gracias, negrito” a un amigo que le escribió un mensaje en redes. El apelativo “negrito” fue interpretado como racista, cuando bien sabemos que en nuestros países no lo es y que hasta decimos “negro o negra; negrito o negrita”, de modo cariñoso sin necesaria correspondencia con el color de la piel. Cavani recibió una suspensión de tres partidos y una multa de 100 mil libras esterlinas (unos 136.000 dólares). Ese es el precio de la hipocresía, no de Cavani, sino de los directivos del fútbol inglés: los argentinos y los uruguayos podemos llamar cariñosamente “negrito” a alguien porque no somos países estructuralmente racistas. Ni lo fuimos en el pasado.

 

En diciembre de 2020, hubo un incidente en la Champion League: un árbitro rumano usó la palabra “negru” para identificar a un jugador y estalló la polémica por lo que fue leído como un insulto racista. En referencia a este episodio, un empresario y escritor francés, Denis Monneuse, escribió un artículo premonitorio, titulado “Vemos racismo en todas partes” (On voit du racisme partout; Causeur, 11/12/20), evocando el tiempo en que vivió en Sudamérica, que hoy podría ser usado como alegato en defensa de la selección argentina (y de Edinson Cavani).

 

“Cuando jugué al fútbol en Perú -escribió Monneuse-, me llamaban ‘flaquito’. Otros eran apodados ‘el gordo’ y todos lo tomaban como sobrenombres; nadie denunciaba gordofobia. El sobrenombre de un ex jugador del PSG, Javier Pastore, era ‘el Flaco’. Los periodistas franceses a veces lo llamaban así y que yo sepa nadie les hizo una demanda por prejuicio anti-flacos. Por lo tanto, es gracioso que sea el medio del fútbol el que hoy se ofusque porque una persona haya designado a otra por el color de su piel en un contexto muy preciso”.

 

Si los seleccionados de Francia y otros países europeos tienen muchos integrantes de origen africano o magrebí no es porque sean modelos de no racismo; es por su historia, porque tuvieron colonias en esos países y porque desde hace mucho tiempo reciben un aporte migratorio de ese origen.

 

Del mismo modo, si Argentina no tiene africanos entre sus jugadores es por historia. Punto.

 

La problemática racial que afecta a Estados Unidos nos es ajena, aunque también allí, en vez de resolverla, el nuevo antirracismo, representado entre otros por el movimiento Black Lives Matter (BLM), parece quererla incentivar, alentando el resentimiento.

 

Muchas usinas culturales del Occidente más desarrollado se vienen dedicando en los últimos años a elaborar justificaciones para sustentar una nueva y ruidosa militancia antirracista que, como el feminismo, es mucho más extrema y radical que en el pasado, cuando, en ciertos países sí existían normas de segregación que configuraban ese racismo “estructural” que no existe en el presente.

 

Una nueva teoría anti-racista (chritical racial theory) postula la existencia de prejuicios inconscientes o implícitos en todas las personas blancas: ese argumento subjetivo es el basamento “científico” que usan para denunciar un “racismo sistémico” y una “supremacía blanca”, a partir de las cuales se puede formular una interminable serie de reivindicaciones y exigencias de reparación.

 

VER RACISMO EN TODOS LADOS

El racismo hacia los negros es genético en los blancos, sostienen. Aunque ya no haya leyes ni instituciones que releguen a los negros a la categoría de ciudadanos de segunda, el racismo opera de todos modos a través de categorías mentales inherentes al ser humano (blanco), aun cuando éste no sea consciente de ello o lo niegue abiertamente.

 

Acá no vale el pensamiento ni la acción: basta el color de piel (blanca) para catalogar como racista a una persona.

 

Ese es el postulado de la “biblia” del antirracismo, Fragilidad blanca. ¿Por qué es tan difícil para los blancos hablar sobre el racismo?, de Robin DiAngelo, una de las autoras de la “critical race theory” (teoría crítica de la raza) que da fundamento a este nuevo movimiento. Entre sus premisas podemos citar: “nadie es inocente de su raza” o “negar que uno es racista es la prueba de que uno lo es”. Frente a este pensamiento circular, tautológico, no hay escapatoria. Generosa, DiAngelo acude en nuestro auxilio y nos ofrece una solución: “Ser menos blanco, que significa ser menos opresivo, menos arrogante, menos seguro, menos defensivo, menos ignorante, más humilde”. Como ella, que también es blanca.

 

Hacer acto de contrición y aceptar que se es siempre privilegiado y por lo tanto culpable por el solo hecho de ser blanco, sin importar ideas ni condiciones de vida.

 

Es innegable que en todas las sociedades existen los prejuicios y que a veces éstos están exacerbados en ciertas personas, pero el nuevo antirracismo atribuye ese tipo de sentimientos y actitudes exclusivamente a los “blancos”.

 

Me pregunto si Robin DiAngelo también trataría de racista al sudafricano blanco Denis Goldberg, arrestado junto a Nelson Mandela, en cuyo partido militaba, y que pasó 22 años en prisión por ese compromiso en la lucha contra el apartheid.

 

O si diría que los jóvenes activistas blancos Andrew Goodman y Michael Schwerner, asesinados en 1964 junto a su camarada afroamericano James Earl Chaney, por su lucha contra la segregación (hecho relatado en el film Mississippi en llamas), eran racistas sin saberlo.

 

El nuevo antirracismo, además de una militancia, es también un medio de vida para muchos, porque estas “teorías” dan sustento a una miríada de investigaciones, tesis, coloquios, cátedras... Cuanto más perspectiva de género y de raza, más recursos y visibilidad habrá para cualquier cosa que se haga.

 

Y no se crea que estamos a salvo de estos “estudios”. Hace poco, un medio local promocionaba el trabajo de un historiador argentino, titulado La pigmentocracia (sic) latinoamericana, que afirmaba que nuestras naciones se construyeron sobre “mitos de mestizaje útiles para ocultar la persistencia de los prejuicios raciales”.

 

Todo parecido con las afirmaciones de Erika Denise Edward -autora de la columna del Washington Post- sobre la composición étnica de nuestra selección no es casual. Ella sostiene que la Argentina tiene una historia “de eliminación (sic) de los negros en el corazón de la autodefinición del país”. A eso llaman genocidio “discursivo”...

 

Para Edwards es un “mito” que parte de la población negra haya desaparecido por las guerras de independencia. Sin embargo es bien sabido que se decretaron varias levas -expropiaciones- de esclavos de Buenos Aires para integrar los ejércitos criollos y en especial el de los Andes, a las órdenes de San Martín. Esos esclavos así reclutados serían emancipados al concluir su servicio. Muchos no regresaron de la Campaña de los Andes.

 

Edwards considera que los matrimonios mixtos también son un “mito”. Se trata de negar el mestizaje o desvirtuarlo, como práctica común desde los orígenes de la Argentina, y como rasgo distintivo de la colonización española. Como no puede negar que existieron esas uniones, afirma que la finalidad era disimular la negrura, dejar de ser discriminado.

 

En realidad, dice, Argentina puso empeño en construirse como una sociedad blanca, negando a los negros y promoviendo la inmigración de europeos blancos.

 

El hecho de que Europa fuese entonces un continente que expulsaba población hacia América no parece ser un dato relevante para esta especialista, a la hora de analizar la política gubernamental de inmigración. Tampoco tiene en cuenta un dato que contradice la idea de la inmigración “blanca”: la comunidad sirio libanesa, y árabe en general, es la tercera en número en el país, detrás de españoles e italianos, con aproximadamente 3,5 millones de individuos. Están totalmente integrados y el matrimonio mixto fue un hábito extendido. De hecho, la Argentina ya tuvo un presidente surgido de esa colectividad (Carlos Menem). Y eso no es un mito.

 

Para Edwards, Argentina eliminó “las categorías raciales en su búsqueda por ser vista como una nación moderna y blanca”. Considera discriminación o aspiración a la supremacía blanca lo que fue integración y mestizaje. ¿Desde cuándo categorizar a las personas según su raza contribuye a la lucha contra el racismo?

 

No son nuevas estas iniciativas. A partir de postular un inexistente racismo sistémico o estructural, que habría tenido por víctimas a los pueblos “originarios” y a los afrodescendientes, se busca deslegitimar nuestra historia y generar nuevas grietas en el cuerpo social.

 

En junio de 2019, Jérôme Blanchet-Gravel, periodista y escritor canadiense, jefe de redacción de Libre Média (Quebec), denunciaba el intento de des-mestizar a América Latina. “Por antirracismo indigenista, los militantes decolonialistas norteamericanos cuestionan la existencia misma del Nuevo Mundo, al que quieren depurar”.

 

Blanchet-Gravel señalaba que cuando esta “corriente de pensamiento no divide a la sociedad”, se dedica a recorrer “el pasado en busca de los mayores tesoros de culpabilidad”.

 

En el caso de Europa, es el pasado colonial; en el caso del Nuevo Mundo, dice Blanchet-Gravel, es su misma existencia lo que se cuestiona. Cristóbal Colón es el blanco principal de esta negación de Hispanoamérica. Los argentinos lo sabemos muy bien. En el fondo, lo que llaman invisibilidad es el mestizaje que engendró nuestras naciones.

 

El cuestionamiento de esa realidad es una regresión. Como lo es también en Europa, donde las naciones, en la posguerra, después del nazismo y sus teorías de superioridad racial, buscaron reconstruirse sobre la base de una común condición humana.

 

El mestizaje es el mejor camino para la superación del racismo y la discriminación. En cambio, en nombre de estas nuevas corrientes, invocando una diversidad muy ensalzada pero poco respetada, se opera una vuelta a la categorización racial. Ni más ni menos. Se pretende que, esta vez, esa categorización se hace en el nombre del bien. Pero es algo contrario a conquistas de la humanidad, tan básicas y elementales como la igualdad. Y, en la práctica, promueve una visión maniquea y binaria de la sociedad. A la “raza” supuestamente “blanca” se le exige arrepentimiento; a las otras, se les debe reparación.

 

Una sociedad de victimarios y víctimas: a unos les corresponde la culpa y la contrición y a los otros, el resentimiento y la revancha. La “racial critical theory” no es ni más ni menos que una nueva forma de racismo. Y un negocio.

 

“Se ha creado toda una industria alrededor de la idea de que ser blanco es ser racista”, denunciaba el periodista y escritor hispano británico John Carlin en julio de 2021, en el diario Clarín. “Pareciera que no se aspira a la concordia sino a la resurrección del sistema de apartheid”, sostenía.

 

Tiene razón Carlin, porque estas modas no son inocentes. La “industria” que las propulsa incluye becas, publicaciones, premios, viajes, cátedras, ongs, cuando no directamente estructuras estatales, como ya sucede en nuestro país por culpa de una clase política sin conciencia histórica.

 

A la vez, el que no se pliega a estos enfoques antirracistas, anti patriarcales e indigenistas es expulsado del paraíso académico y censurado en el mediático.

 

Carlin no está hablando de América, sino de Europa. Es que ni la propia Francia está a salvo de esta reinvención del racismo. El actual Ministro de Educación de ese país, Pap Ndiaye, de padre senegalés y de madre francesa, nacido y criado en la región parisina, ha hecho suyas estas nuevas tesis racialistas. En el año 2007, su esposa decía: “Cuando lo conocí, el hecho de que fuese negro no contaba”. Pero 15 años después, luego de una temporada de estudios de posgrado en Estados Unidos, el funcionario ha descubierto su negritud: “Yo era un republicano universalista: estaba atrapado en ese modelo de invisibilidad”. O sea, el hombre reniega hoy de lo que fue un pilar de la República Francesa, la igualdad. Esa misma que le permitió llegar a ser ministro en un país que, tan temprano como en la posguerra, tuvo a un negro en la presidencia de una de las instituciones de la IV República y de uno de sus 3 poderes: Gaston Monnerville, originario de la Guyana francesa, fue diputado, subsecretario de Estado, presidió el Conseil de la République (de 1947 a 1958) y fue presidente del Senado de 1958 a 1968.

 

Nuevamente, la integración es llamada invisibilidad. El universalismo republicano, del que Papa Ndiaye reniega hoy, implicaba el no aceptar que el color de la piel fuese un elemento distintivo ni determinante de los roles y posiciones sociales. Es difícil entender que ese principio sea combatido en nombre del combate al racismo.

 

En el año 2008, Barack Obama sorprendió al sugerir que había que terminar con la política de cupo racial laboral, iniciada por John F. Kennedy en 1961. El entonces todavía candidato afirmó que consideraba más apropiado usar criterios socioeconómicos antes que étnicos para los programas sociales. Obama dijo incluso que muchos blancos, trabajadores o de clase media, podían sentir “preocupaciones legítimas” al oír que “un afroamericano” tenía “ventaja para obtener un buen trabajo o ingresar a una buena universidad por una injusticia que ellos no cometieron”. Se refería a la esclavitud y la segregación, crímenes del pasado.

 

Ese planteo de Obama demostraba que, aunque pronto sería el primer presidente negro de los Estados Unidos, no sería el presidente de los afroamericanos, sino de todos los estadounidenses.

 

Ahora bien, ¿podría Obama decir estas mismas cosas hoy, 14 años después, en el marco del clima de exacerbación identitaria que se vive, sin ser cuestionado?

 

Lamentablemente, también la sociedad estadounidense es blanco de esta política divisionista que busca polarizar las posiciones en vez de tender puentes; se pierde el espíritu manifestado por Obama en aquella ocasión, y se busca que prevalezca la fragmentación identitaria.

 

Eso sí, del mismo modo que el feminismo actual no representa ni por lejos el pensamiento mayoritario de las mujeres, tampoco esta victimización étnica hace la unanimidad entre los afrodescendientes.

 

Por ejemplo, la vicegobernadora de Virginia, la afroamericana Winsome Sears, decía hace un año: “Los americanos están hartos de las historias de negros contra blancos, asiáticos contra latinos. Están hartos y están cansados de los políticos que no quieren dejar curar las heridas del pasado”.

 

Ahí está la otra clave de estas estrategias reivindicativas de minorías supuestamente postergadas: son funcionales a una clase política que no solo prefiere dividir para reinar sino que encuentra más cómodo luchar contra desigualdades o discriminaciones imaginarias antes que resolver los verdaderos problemas que aquejan a nuestras sociedades.