miércoles, 28 de febrero de 2024

CADA VEZ MENOS HIJOS

 

 FECUNDIDAD 2022

 

Por Mónica del Río

 

NOTIVIDA, Año XXIV, Nº 1349, 28 de febrero de 2024

 

El promedio de hijos por mujer (TGF) descendió ininterrumpidamente desde el 2014 y el valor de ese indicador en 2022 es 1,43. Con este descenso de la TGF van a ir cerrando sucesivamente maternidades, guarderías, jardines de infantes y colegios. Si Argentina no modifica drásticamente sus políticas públicas sobre niñez y familia, se encamina hacia un “invierno demográfico”.

 

No hay programas de promoción de la familia, ni políticas públicas que permitan conciliar armónicamente maternidad y trabajo; tampoco se asiste de forma efectiva a la embarazada en situación de vulnerabilidad. Todo apunta a reducir la población y los últimos números provistos por el Ministerio de Salud lo corroboran.

 

Recordemos que la Tasa Global de Fecundidad (TGF) es el número de hijos que en promedio tendría cada mujer al final de su vida reproductiva y que para que una población se mantenga estable en el tiempo, la TGF debe ser 2,1 (bajo el supuesto de mortalidad constante y ausencia de migración). Por debajo de ese límite de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer) un país o región se va despoblando. Eso es lo que está sucediendo en todos los distritos y, consecuentemente, también a nivel país.

 

El 2014 es el punto de inflexión para la fecundidad global en el país, que cayó por debajo del nivel de recambio poblacional en 2017. El descenso en el promedio de hijos por mujer entre el 2014 (2,32) y el 2022 (1,43) supera el 38% y sólo se desaceleró durante el confinamiento por el Covid19.

 

Con este descenso de la TGF van a ir cerrando sucesivamente maternidades, guarderías, jardines de infantes y colegios.

 

Descenso del promedio de hijos por mujer (TGF) en las provincias

 

En 2014, todas las provincias argentinas tenían una TGF entre 2,1 y 2,8, con excepción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1,9) y La Rioja (2).

 

En 2018 sólo quedaba un tercio de los distritos con la TGF necesaria para que su población no descienda: Corrientes, Chaco, Formosa, Misiones, Salta, San Juan, Santiago del Estero y Tucumán.

 

A partir de 2020 todas las provincias se ubicaron por debajo de 2,1 y desde entonces la caída no hace más que profundizarse.

 

Los dos distritos con menos hijos por mujer en 2022 son Tierra del Fuego (1,07) y la Ciudad de Buenos Aires (1,11). La merma en Tierra del Fuego -que hasta el 2017 alcanzaba el nivel de recambio generacional- ha sido abrupta y por primera vez desplazó a la Ciudad de BsAs en el podio histórico de la escasez de hijos.

 

Las jurisdicciones donde la TGF descendió más entre el 2014 y el 2022 son: Tierra del Fuego (56,9%), Santa Cruz (47,5%), Jujuy (46%), provincia de Buenos Aires y Mendoza (43,1%), Chubut (41,8%), Ciudad de Buenos Aires (41 %), La Pampa (40%) y Neuquén (38,9%). Todas ellas superaron el declive promedio de la fecundidad del país en ese período (38%).

 

Fuente: Las cifras de este informe son de elaboración propia y han sido confeccionados en base a los datos del 2022, publicados recientemente por la Dirección de estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación.

 

martes, 27 de febrero de 2024

LA IMPORTANCIA

 

 de la plataforma continental Argentina

 

Roberto García Moritán

 

Infobae, 27 Feb, 2024

 

La plataforma continental ampliada Argentina es una superficie submarina de importancia estratégica para el desarrollo de futuras actividades productivas además de reafirmar la presencia soberana en el Atlántico Sur, mar Austral y en el Océano Circumpolar Antártico. La convalidación del límite exterior de la plataforma continental conforme a la Convención sobre Derecho del Mar (CONVENAR) representa más de un tercio del territorio continental e incluye al sector antártico argentino y las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y Orcadas del Sur. Le otorga a la Argentina el derecho exclusivo y excluyente en un espacio de 1.782.500 km2 adicionales en el que puede gestionar y explotar los recursos del lecho marino y subsuelo hasta las 350 millas náuticas desde la línea de base.

 

Plantea también desafíos logísticos y financieros de magnitud en virtud de las tecnologías necesarias para su explotación, las profundidades involucradas y por estar asentada sobre características geológicas diversas como resultado de diferentes contextos geotectónicos, oceanográficos y sedimentarios. El lecho marino y subsuelo argentino es rico en nutrientes para la cadena alimenticia y posee minerales esenciales para la industria tecnológica del futuro. Extrapolando datos científicos, en particular de la Patagonia e Islas del Atlántico Sur, y de la plataforma continental tradicional, se podría afirmar que los fondos marinos ampliados son un reservorio bentónico de una riqueza biológica inmensa (en particular de especies sedentarias) además de módulos polimetálicos o formaciones de minerales duros, decenas de elementos de tierras raras incluyendo además porcentajes considerables de las reservas mundiales de petróleo y gas en aguas profundas que alcanzan hasta los 6474 metros.

 

La tarea científica, diplomática y de defensa y seguridad marítima a desarrollar es enorme y de largo plazo. Requiere de una organización multidisciplinaria de última generación capaz de abordar vulnerabilidades submarinas y capacidades para la protección de los fondos marinos. También definir áreas de atención específica. Además debería contar con una autonomía de gestión que le permita diagramar una estrategia para las próximas cinco décadas que incluya identificar medios tecnológicos necesarios e incentivar la investigación aplicada de los fondos oceánicos. En este contexto, es prioritario el nexo con la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos de CONVENAR, con tareas cartográficas como las que encara la UNESCO y acceder a la cooperación internacional con países afines compartiendo conocimientos, transferencia de tecnología y recursos financieros multilaterales. También la combinación de innovación e inversión con el sector privado.

 

Supone además ser encarado como política de estado tal como ocurrió con la labor consistente de la Cancillería durante dos décadas que permitió que el órgano científico de la CONVEVAR (CLPC), integrado por 21 expertos internacionales, convalidara por consenso la extensión de la plataforma continental. Demandará, asimismo, visión geoestratégica, claridad diplomática y mayor determinación para fortalecer y ampliar los intereses argentinos en el Atlántico Sur.

UN PERRO COMO MILEI


Jorge Asís

 

Infobae, 26 Feb, 2024

 

Nachito -pobre- no sabe entender un contrato (es la muestra del deterioro de la educación). Los políticos de la casta son todos ladrones. Petro es el comunista asesino que lleva a Colombia hacia el hundimiento. López Murphy es una basura que traiciona las ideas.El Congreso es un nido de ratas. La señora Lali Espósito vive de la billetera del Estado que descuidan gobernadores desprendidos como Llaryora o Quintela.

 

Antología selectivamente escatológica del estadista Javier Milei, El Psiquiátrico. Dirigente sorprendentemente disruptivo que trepó hacia la presidencia para acelerar en las curvas. Para destrabar la cultura decadente y estancada por el encadenamiento monótono de los fracasos institucionales.

 

El teorema es -en efecto- de interpretación simple. “Si Mauricio y Alberto la chocaron perfectamente Milei tiene también el derecho a chocar”.

 

Objetiva legitimidad

Las ideas de cambio de La Libertad Avanza -artificio ultraderechista que orienta Milei- fueron resistidas por un miserable 44% de la población. Después de 80 días de desastre anarcocapitalista nada indica que el porcentaje se haya debilitado. Probablemente persistan los arrepentidos ocultos por haber gritado “viva la libertad carajo”. Y por haber sufragado con resignado entusiasmo por la alternativa innovadora.

 

Irreparablemente, Milei tenía su derecho a chocar. Nadie cuestiona su objetiva legitimidad. El problema reside en que «Milei Cumple», como Perón. Pero arrancó demasiado pronto con la epopeya enloquecida de estrellarse.

 

En cuanto Eduardo Belliboni lo primereó con el desafío movilizador, fue inmediatamente neutralizado con la distensión del DNU. Fue el prefijo de la Ley Ómnibus que mantuvo la intensidad del tsunami durante los 30 días ardientes de enero. Hasta signar la gran derrota legislativa que mediante la artesanía del discurso Milei intentó tergiversar en triunfo. Y plantarle, incluso, un saldo audazmente positivo. Porque ahora la sociedad puede percibir quienes son los patriotas de verdad que apoyan el delirio del cambio. Y quienes son los mercenarios que prefieren solo hablar del cambio, para mantener los privilegios explicablemente defensivos de la casta.

 

Con prepotencia narrativa se puede acceder al ballotage y hasta ganar las elecciones. Pero cuesta gobernar desde las redes sociales cuando se carece de suficientes legisladores en las pajareras de Diputados y de Senadores. Y cuando en simultáneo se carece del deseo natural de negociar. Que implica, en política, conceder.

 

El otro Perro Trump

Lo más grave -y acaso lo peor de la actualidad política- es que Milei es demasiado inteligente. Y lo demuestra. Cree que juega de verdad en las grandes ligas. «En la Champions League». Se comprende que no pueda desgastarse en atender los chiquitajes domésticos de Nachito. La misión que se atribuye es lo suficientemente ambiciosa para preocuparse por minimalismos intrascendentes. O por los dramas presupuestarios de gobernadores como Nachito. Legitimados -todos- por la categórica objetividad del sufragio.

 

Así las adversidades se le vengan en caravana, a Milei, lejos de contenerlo, lo estimulan. No tolera ningún cuestionamiento crítico, ni siquiera el menor desplante. Corresponde a la identidad astrológica del Perro de Metal. Exactamente le pasa como al otro Perro (pero de Fuego) Donald Trump.

 

Lo que menos Milei se encuentra en condiciones de controlar es la magnitud de su monumental egolatría. Como tampoco puede (ni quiere) evitar las reacciones intempestivas del temperamento alborotado. Derivan en sentencias sustanciosas para la ontología escatológica.

 

Resta preguntarse si un personaje como el Perro Milei aspira verdaderamente a resolver los problemas estructurales de la Argentina. O solo se propone, acaso, denunciarlos. Enunciarlos. Para polemizar con su impotencia. Con la esperanza lícita de ser expulsado rápidamente de la presidencia. A través del juicio político (que en silencio muchos imaginan). O a puntapiés en el centro del ego (como secretamente muchos desean).

 

Mientras aquí los gobernadores ardían (y los difamados peronistas disfrutaban anticipadamente el virus de la reparación), el Perro Milei se desplazó con la señora Karina, La Tarotista, hacia Estados Unidos. Solo para capturar una fotografía con el otro Perro Trump. Para abrazarlo con un cholulismo desbordante en el evento patológicamente marginal de extremistas emotivos de la derecha nostálgica. En efecto, Milei se disponía a bajar líneas insólitas en la Champions, mientras Nachito, bastante harto, hostigaba desde el sur con la extorsión mediática de cerrar las canillas del petróleo.

lunes, 26 de febrero de 2024

DROGAS

 


 de ser ‘zombie’ a ser ‘alguien’

 

POR JUAN ALBERTO YARÍA

 

La Prensa, 25.02.2024

 

“La droga es como otra persona que te susurra y te atrae, no te deja escapar”, afirmó un paciente que llegó ‘zombie’.

 

La tarea terapéutica es una tarea de humanización. El paciente cuando llega nos muestra la “realeza” del cerebro automático y simiesco imperando sobre los centros de autocontrol dependientes de las zonas más evolucionadas del cerebro.

 

De ahí, la violencia, la impulsividad desbocada o noches y días sin fin con el ‘plato de cocaína’ como el espejo de la muerte misma repudiada, pero, al mismo tiempo, deseada y desafiada y que a veces culmina en un coma.

 

Somos el primer país consumidor de cocaína junto a Uruguay en América Latina; ¿nos hemos dado cuenta de que vivimos en una pandemia? ¿Hay la cantidad suficiente de centros para atender la gran cantidad de pacientes en estados crónicos de intoxicación?

 

No percibimos que vivimos en una pandemia (fenómeno epidemiológico masivo) ni tampoco que la cantidad de centros para dolencias crónicas de años de consumo son escasos y en muchos casos la calle es su destino o solo una desintoxicación que no va a la raíz del problema.

 

La droga es así un instrumento al servicio de la deshumanización y del dominio de las poblaciones e incluso de control político. La cocaína en América Latina reina con poderes formales a su servicio.

 

Solo queda un plan preventivo que parta desde lo local, municipio por municipio, escuela por escuela, aula por aula. Desde lo local; territorio por territorio. Una cultura preventiva es lo que nos podrá salvar; aunque los poderes globales cancelan toda posibilidad preventiva.

 

Solo desde lo local se puede impactar en lo global… desde lo global entre la “plata y el plomo” se ordenan los territorios locales. Genocidio asegurado con gran plusvalía y con un aparato de narcomarketing de efectiva acción con la finalidad de naturalizar el consumo.

 

 

REHABILITADO

 

Sergio, mientras tanto, vuelve luego de varios meses de su rehabilitación. Cuando lo conocí estaba en “carrera” de cocaína. No sabía quién era. Fue traído por familiares. Su confusión mental denotaba que era un “nadie” o sea un “zombie” llevado y manipulado por otros. Meses y meses de consumo desenfrenado.

 

Varios hijos en su abandono lo buscaban frenéticamente. Solo un carnet de obra social posibilitaba su ingreso en un sistema de comunidad terapéutica. Hoy forma parte, como conductor, de una flota de taxis propiedad de uno de los pocos amigos que le quedaban de su mundo, podríamos decir, no adictivo. Asumió su paternidad y venía a invitarnos al casamiento de su hijo.

 

Llegó como un ‘nadie’ y hoy es ‘alguien’. Ese es el trayecto de un tratamiento hoy. De ‘nadie a ser alguien’ a través de ‘algunos’ (un equipo de terapeutas y de compañeros de rehabilitación).

 

Las drogas, en su consumo dependiente, llevan al vaciamiento de nuestra subjetividad, o sea de nuestra personalidad.  Dejamos de poseernos para ser objeto de otros. De sujeto de nosotros mismos pasamos a ser objeto de otros y para otros. Distintos amos se apoderan de nosotros desde el ‘dealer’ en adelante.

 

CEREBRO Y DROGAS

 

Ese vaciamiento subjetivo va acompañado de un daño a las estructuras del sistema nervioso. ¿Qué le pasa al cerebro cuando se consume drogas?

 

a. Se perturba el envío de la información entre las neuronas (ejes de la actividad del hombre).

 

b. Hay sobreestimulación de los centros de gratificación y se pervierte el sistema natural del placer.

 

c. Surgen nuevas memorias que reemplazan a las habituales de nuestra vida y estos hábitos recientes ligados al consumo son pertinaces y activos modificando permanentemente nuestra conducta, se consolida así la memoria adictiva que tracciona al sujeto hacia personas que ‘transan’ drogas, lugares de consumo o situaciones que llevan a la activación del cerebro automático.

 

d. Se forma así un verdadero ‘secuestro’ de las motivaciones normales del vivir por otras alimentadas por el consumo permanente (nuevas amistades, lugares determinados, situaciones que pueden generar conductas en ‘gatillo’ y automáticas que pueden disparar el ‘apetito’ de drogas e inducir comportamientos de recaída emocional y/o de consumo).

 

d. Todo esto forma un desequilibrio permanente del sistema nervioso y de sus aparatos de control de impulsos y de procesamiento a través del pensamiento. Se van generando, entonces, rasgos definitorios del trastorno adictivo: búsqueda y consumo compulsivo, pérdida de control y síndrome de abstinencia.

 

FAMILIA Y AMBIENTES

 

Dos fenómenos más existen articulados a esto: conectarse permanentemente con ambientes ligados al consumo y la devastación y debacle de la vida familiar. Los ambientes del paciente que consume en forma dependiente cocaína son llamados invalidantes o sea no permiten un desarrollo de la personalidad.

 

Su mundo se va estrechando y va abandonando contactos sanos, trabajos, amistades y lugares de gratificación personal. El mundo cambia porque cambian sus entornos. Algo similar sucede con la vida familiar. Los abandonos son frecuentes. Al convertirse la droga en lo único prevalente en sus vidas todo lo otro y los otros, desde familiares en adelante quedan a un lado.

 

Una recuperación implica trabajar todos estos factores. Luchar contra el devastamiento melancólico que lo transformó en un ‘nadie’ para poder convertirse en un ‘alguien’.

 

La renuncia a la sustancia es fundamental y la aceptación de la enfermedad como, así también, la ayuda de otros son requisitos claves. Recuperar la función cerebral dañada es otro elemento central.

 

Desde la medicación, la psicoterapia especializada, los grupos terapéuticos, las asambleas de familias, la oxigenación, las actividades de práctica cognitiva, la medicación necesaria; todo esto ayuda a recuperar el centro de nuestro sí mismo.

 

Trabajar sobre la vida familiar también devastada y sobre un ambiente sano de recuperación forma parte de esta aceptación y de la renuncia que el paciente necesita hacer. Sergio lo pudo hacer. Es posible.

 

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva - Rehabilitación en adicciones

domingo, 25 de febrero de 2024

LA TRAICIÓN


POR SANTIAGO GONZÁLEZ

 

La Prensa, 25.02.2024


 

¡Doblega, Dios piadoso, el filo de los traidores

capaz de devolvernos a aquellos días cruentos

y hacer llorar a la pobre Inglaterra ríos de sangre!

¡Que no vivan para disfrutar de su grandeza

quienes con su traición hieran la paz de esta hermosa tierra!

W. Shakespeare: Ricardo III, Acto V, escena 5

 

Que un país como la Argentina, octavo en extensión en el planeta, con todos los recursos naturales imaginables, una población razonablemente bien educada, sin conflictos raciales ni religiosos, con la experiencia de integración cultural y social más exitosa del mundo moderno, con figuras presentes en el top ten de casi cualquier actividad o disciplina conocida, con el temple decidido, aguerrido y patriótico que demostró en Malvinas, que un país con estas características no haya podido levantar cabeza desde hace casi cien años es un enigma para propios y ajenos.

 

Hemos tratado de explicar ese estancamiento a partir de contradicciones reales o imaginarias supuestamente no resueltas, sean ideológicas, sociales e incluso geográficas; hemos hablado de la falta de un proyecto nacional, hemos hablado de la degradación de la representación política, hemos hablado de la corrupción, del populismo, del clientelismo, hemos hablado de todo… menos de la traición.

 

La omisión es llamativa, porque la traición recorre toda nuestra historia como un río envenenado, desde las invasiones inglesas, cuando empezamos a imaginar para nosotros un destino de nación independiente, hasta este presente incierto que se ofrece a nuestros ojos

 

La traición parece ser un secreto vergonzoso que es preferible hacer a un lado, remitir al desván de la memoria, ocultar. Décadas atrás, una editorial porteña compró los derechos de un libro escrito por un académico canadiense sobre las relaciones entre la Argentina y Gran Bretaña en el siglo XIX, pero lo hizo para no publicarlo y evitar que se conociera aquí. ¿Cuál habría sido el problema de enterarnos y saldar las cuentas con la historia? ¿Que el conocimiento de las traiciones pasadas llamase la atención sobre las traiciones presentes?

 

AÑOSA INQUIETUD

La traición ha sido motivo de inquietud desde que los hombres comenzaron a agruparse en tribus, pueblos o naciones, y a preocuparse por su cohesión, seguridad y superviviencia. La palabra es heredera del latín trado, cuya raíz do significa entregar, capitular, ceder al otro (trans). Los traidores de Homero lucen deformidades físicas; los de la Biblia son moralmente repulsivos. Shakespeare pide a Dios que le niegue la vida a quienes hieran con su traición la paz de Inglaterra. Dante reserva para los traidores una sección del noveno círculo del infierno, el más profundo, allí donde mora el mismísimo Demonio. Podría llenarse una biblioteca con la literatura jurídica, política y filosófica acerca de la traición.

 

Es claro que estamos hablando de la traición estratégica, de la traición a la patria

 

. Sobre la traición táctica del hombre público, la traición a la palabra empeñada o a las promesas de campaña, la traición facciosa o de partido, vale la cáustica reflexión de Maquiavelo: “La experiencia de nuestra época demuestra que los príncipes que han hecho grandes cosas no se han esforzado por cumplir su palabra.” Pero la traición murallas afuera es otra cosa. A lo largo de la historia, la traición a la patria ha sido duramente sancionada, moral y prácticamente, por todas las naciones con conciencia de sí mismas.

 

Los historiadores han documentado con bastante detalle las traiciones del siglo XIX, las que permitieron la pérdida del Alto Perú y la Banda Oriental, las que debilitaron la nación incipiente en largas y devastadoras guerras civiles; las que buscaron el apoyo de los grandes enemigos de entonces, Francia y Gran Bretaña; las que abrieron paso a las tropas brasileñas hasta la Plaza de Mayo; las que mancharon de infamia los colores patrios en la guerra del Paraguay; las que finalmente ordenaron la economía nacional según un plan diseñado en Londres, para atribuir la prosperidad posterior a ese plan y no a la pacificación y el orden alcanzados tras el triunfo de la traición, que Roca sabrá aprovechar para echar los cimientos de una nación independiente.

 

La traición cambia de interlocutor cuando Gran Bretaña pierde peso en el poder mundial y cede su lugar a los Estados Unidos. Los agentes encubiertos que operan en Buenos Aires siguen hablando inglés, pero ya no provienen de Londres sino de Washington. No les interesan tanto los recursos naturales, que los tienen como nosotros, sino neutralizar a un eventual competidor. La Argentina había desarrollado una vasta influencia cultural y política sobre la América hispanohablante, tenía todas las condiciones para convertirse en una potencia, y ya había dado pruebas de indocilidad durante el gobierno de Yrigoyen. El Canto a la Argentina del nicaragüense Rubén Darío testimonia las expectativas que la pujante nación despertaba en el sur de América y el recelo que encendía en el norte.

 

Si la bandera de la traición había sido durante el siglo XIX la lucha contra el caudillismo y la barbarie, en el XX lo fue la lucha contra el peronismo y el fascismo. Si a la primera le habían dado viento los diplomáticos británicos, la segunda fue izada por los agentes norteamericanos.

 

El antiperonismo visceral de cierta élite argentina fue creado, alentado y organizado políticamente desde la embajada estadounidense, incluso antes de que Perón comenzara a gobernar, como lo documenta con pelos y señales en su libro The power of few... ¡el propio embajador británico en Buenos Aires en esos años, David Kelly! Kelly se ríe de las simpatías fascistas que sus primos yanquis le adjudican al ascendente líder argentino.

 

El peronismo emerge de una corriente de pensamiento y acción que se abre paso en ciertos sectores de la élite argentina cuando el poder británico se retira como ordenador del mundo. Esta corriente trata de reconfigurar el orden conservador de Roca para adaptarlo a la nueva distribución del poder, que se dirimía entonces en los campos de batalla de Europa e incluía como novedad la aparición del comunismo soviético y su vocación de extenderse por el globo. Ofrece contener el avance rojo en un país donde la izquierda era ya muy activa, y sentar las bases de un desarrollo autónomo, capaz de diversificar los mercados para las exportaciones agropecuarias, aprovechar al máximo su renta con el dominio de la comercialización, el seguro y el flete, y aplicar esa renta a la promoción de la industria pesada y las tecnologías de vanguardia con fuerte orientación hacia la defensa nacional.

 

PROYECTO ESTRATEGICO

Perón condujo hace 75 años el último proyecto estratégico nacional, concebido desde los intereses y necesidades de la Argentina, y sostenido en los recursos naturales y las capacidades prácticas e intelectuales de los argentinos, en el ahorro y el trabajo argentino. Y antiperonismo fue a lo largo del siglo XX el nombre de la traición en la Argentina, del rechazo inducido desde Washington contra todas sus medidas de gobierno, y abrazado por una élite local ciega, mezquina y resentida por las transformaciones sociales que esas mismas medidas facilitaban. Un gobierno no sólo es modelado por sus propias acciones sino por la resistencia que le ofrecen sus opositores, y el peronismo exasperado terminó pareciéndose a la caricatura que la embajada norteamericana promovía a través de los medios adictos.

 

Todo lo que vino después fueron ensayos tendientes a acomodar el país a los designios trazados en algún centro de poder extranjero, y conducidos por sucesivas generaciones de administradores políticos o económicos cuyo único interés consistió siempre en gozar de un pasajero brillo internacional, cobrar comisiones por sus servicios, obtener becas, viajes, contratos académicos o puestos en organismos internacionales, e incluso, en algunos casos, echar mano de los despojos marginales mediante ingeniosas estratagemas.

 

En los años de plomo, Buenos Aires fue un hervidero de agentes extranjeros, cada uno echando leña al fuego por cuenta de sus empleadores en América, Europa, Asia y el Medio Oriente y en beneficio de ramas diversas del terrorismo local.

 

El golpe militar de 1976 no sólo no resultó ajeno a ese proceso, sino que lo acentuó y lo agravó. Para enfrentar a La Habana se puso en manos de Washington, inició el proceso de desnacionalización de empresas y destrucción de la industria local, y le hizo el juego a los norteamericanos tanto en la arena nacional como en el continente. Washington le respondió enviándole la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dándole señales equívocas respecto de Malvinas, y entregándole información de inteligencia a los ingleses durante la guerra. Eso fue grave, pero lo más grave que hicieron las Juntas fue dejar a la Argentina encadenada por la deuda, en una dependencia de los centros de poder externos de la que jamás se liberó. Ni quiso hacerlo: un Congreso traidor se desentendió del fallo judicial que le exhortaba a tomar cartas en el asunto.

 

Y después de las Juntas: Alfonsín y Menem, Kirchner y Macri. Al compás de la socialdemocracia europea y del consenso de Washington, de la patria grande bolivariana y del globalismo de Davos. Izquierda y derecha, golpe y golpe. La nación argentina abrumada por una insoportable, incesante seguidilla de puñetazos en uno de cuyos guantes se lee Deuda y en el otro Desmalvinización: empobrecimiento e ignorancia con un puño, quiebre de la conciencia nacional con el otro. Varias veces fue arrojada a la lona, y varias veces se levantó, empapada de sudor y sangre, resistiendo. Ninguno de los proyectos de sumisión logró imponerse, pero la casta traidora nunca se da por vencida: vuelve a la carga, perseverante, y el cuerpo de la nación trastabilla, no alcanza a recuperarse cuando ya llega un nuevo golpe.

 

LOS OBSTACULOS

Lo que los poderes externos lograron en gran parte de América latina nunca pudieron hacerlo en la Argentina, porque tropezaron con tres grandes obstáculos: la buena alimentación y la buena salud de su sociedad, la solidez económica y la educación de calidad de sus clases medias, y la conciencia nacional de sus clases trabajadoras, en buena medida consolidada por el magisterio del peronismo y la capacidad organizativa y movilizadora de los sindicatos.

 

¿A alguien le sorprende que desde el golpe de Onganía de 1966 las políticas públicas hayan apuntado primero a corromper a los gremialistas y a aniquilar más tarde el empleo formal y sindicalizado? ¿Que desde 1983 las políticas públicas hayan apuntado a demoler un sistema educativo probadamente eficaz? ¿Que en esos mismos lapsos se haya arruinado un sistema universal envidiable de salud pública? ¿Que la obesidad y el raquitismo convivan ahora en las calles de la patria? ¿Que la clase media se haya hundido en masa en la pobreza?

 

¿Nadie ha reflexionado sobre las razones por las que la Argentina, con su vasto territorio, abandonó su extensa red ferroviaria, condenando a pueblos y ciudades a la marginalidad? ¿Nadie ha pensado por qué la Argentina renunció a su flota de ultramar, olvidó su flota fluvial, y carece de flota pesquera de altura o buques factoría mientras importa miserables latitas de atún? ¿Nadie se ha puesto a pensar sobre las razones por las que la Argentina renunció a su plan nuclear? ¿O desechó su programa misilístico? ¿Conoce el público los alcances del acuerdo sobre el Beagle, o los pactos con Gran Bretaña sobre Malvinas llamados Madrid I y II, y Foradori-Duncan, o los acuerdos secretos con China, o con Chevron, firmados por sus dirigentes políticos? ¿Alguien tiene alguna explicación sobre las razones por las que ningún gobierno desde 1983 se planteó una política de defensa, basada en análisis estratégicos y dotada de las pertinentes hipótesis de conflicto?

 

¿Acaso no resulta cruelmente familiar el ciclo dólar atrasado, precios reprimidos, devaluación, estallido, ajuste (con gesto adusto: “Sacrificio que todos tenemos que hacer, pero que esta vez valdrá la pena porque viene en serio”), nuevo endeudamiento y vuelta a empezar? Ciclo que se repite como la espiral descendente de un tornillo, de la que a cada vuelta salimos todos más pobres, al tiempo que las empresas, los comercios y las explotaciones rurales con menos espaldas para resistir van a parar a manos de especuladores locales y extranjeros (con gesto de júbilo: “¿Vieron que teníamos razón? ¡Vuelven las inversiones!”). Ciclo del que a cada vuelta el país emerge más pobre, más indefenso, más a merced de la voluntad ajena. ¿Alguien puede creer que esta recaída constante en el mismo error es casual, o fruto de la estupidez o la ignorancia?

 

LA ELITE ASFIXIANTE

Todas las semanas, en su sitio RestaurAR, la economista Iris Speroni

 

documenta cómo la élite dirigente asfixia la producción argentina en beneficio de intereses externos. Dice en una de sus últimas notas:

 

“La Argentina sufre una destrucción sistemática de capital desde la década del ‘70 y muy acelerada desde la segunda presidencia de Cristina Fernández a hoy. Los impuestos sirven en la Argentina más para elegir ganadores y perdedores, para domar o controlar o reprimir la reinversión de familias y empresas, lo que a su vez provoca una desinversión neta. Se alternan los gobiernos para eso. Ya no podemos asignar este ciclo de empobrecimiento a la desidia o la ignorancia. No más, cuando se ven todos los piolines.”

 

Si todo lo enumerado desampara uniformemente desde hace décadas a la nación argentina y sus ciudadanos, licua sus ahorros y condena a sus empresas, al tiempo que favorece los intereses externos que tienen puestos sus ojos codiciosos en ella, ¿alguien puede aceptar seriamente que se trata de la mera casualidad? ¿Que la mala suerte nos acompaña desde hace 75 años sin aflojar ni un ratito? Debemos reconocer, nos guste o no, que todo esto que nos asombra no podría ocurrir sin la acción insidiosa del traidor, y lo que no hemos encontrado, me parece, es el coraje para mirar el problema de frente, e incluirlo en la interpretación de nuestras desventuras.

 

PROBLEMA POLITICO

El análisis político nunca puso aquí el foco en la traición, posiblemente amparándose en la idea de que se trata de un problema moral, no un problema político. Aún si fuera así, se trataría de un problema moral con consecuencias políticas, como ocurre con la corrupción. Pero todo el mundo habla de la corrupción y nadie habla de la traición, lo que da pie a suponer que no hay facción política que no tenga algo que ocultar en materia de deslealtad nacional, y que por lo tanto, mediante un tácito acuerdo, unos y otros y otros prefieran hablar de otra cosa.

 

Advierten que la opinión pública ya se ha acostumbrado a la corrupción política y tiende a tolerarla como parte tan indeseable como inevitable del pacto social, pero nadie sabe qué pasiones podría desatar la evidencia flagrante de una traición.

 

Pero también puede haber otra razón para que la traición no haya captado la atención de nuestros historiadores o politólogos en proporción a sus dimensiones escandalosas. Tal vez la intensidad con que el reconocimiento de la traición política golpea al cuerpo social traicionado esté en relación directa con la intensidad con que ese cuerpo social percibe, valora y protege su propia cohesión, su destino común. Dicho de manera más simple: donde no hay una conciencia nacional poderosa, donde no hay un amor a la patria que desborde las razones de la razón, las dimensiones escandalosas de la traición no producen escándalo.

 

La traición sólo puede mortificar a un cuerpo social vivo, consciente de sí mismo, orgullosamente embarcado en su aventura común. Nuestra tolerancia o indiferencia a la traición denuncia una percepción débil de nosotros mismos como comunidad de propósitos.

 

No se me escapa que estoy poniendo sobre la mesa un asunto desagradable e incluso peligroso. Puede desatar una cacería de brujas y una multitud de mutuas acusaciones malintencionadas o distractivas. Pero al mismo tiempo entiendo que la traición ha lesionado en el pasado y pone en riesgo ahora mismo nuestra propia existencia como nación, y creo que hemos llegado al punto en que es imposible seguir ignorándola, apartándola del análisis.

 

En las redes puede encontrarse, atribuido a Cicerón, un texto que no pertenece al orador romano sino al novelista estadounidense Taylor Caldwell, quien lo pone en su boca en la novela A pillar of iron, de 1983. Lo reproduzco con la salvedad del caso porque ilustra con suma elocuencia la condición del traidor y los efectos de la traición:

 

“Una nación puede sobrevivir a sus locos y hasta a sus ambiciosos; pero no puede sobrevivir a la traición desde dentro. Un enemigo que se presente frente a sus muros es menos formidable, porque se da a conocer y lleva sus estandartes en alto, mientras que el traidor se mueve libremente dentro de los muros, propaga rumores por las calles, escucha en los mismos salones oficiales; porque un traidor no parece un traidor y habla con un acento familiar a sus víctimas, mostrando un rostro parecido y vistiendo sus mismas ropas, apelando a los bajos instintos que hay ocultos en el corazón de todos los hombres. Corrompe el alma de una nación, trabaja en secreto y desapercibido en medio de la noche, socava los pilares de la ciudad e infecta el cuerpo político hasta que éste ya no se puede resistir. Un asesino es menos peligroso. El traidor es la peste.”

 

Santiago González

* Periodista. Editor de la página web gauchomalo.com.ar