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jueves, 1 de octubre de 2026

OCTUBRE


 el mes de la Reina del Rosario

 

Ermes Dovico


Brújula cotidiana, 01_10_2026

 

 

Octubre es el mes de la Virgen del Rosario por excelencia, el mes en el que —más que en cualquier otro— estamos especialmente llamados a cultivar esta devoción mariana, a tomar el rosario y a meditar sobre los misterios de nuestra salvación. Pero, ¿por qué octubre? Las razones son fundamentalmente dos, y están relacionadas entre sí. El mérito de haber elegido y consagrado este mes a Nuestra Señora del Rosario le corresponde a León XIII (1810-1903). En el fondo de su elección se encuentra la festividad homónima instituida por san Pío V en el siglo XVI y celebrada por la Iglesia el 7 de octubre (o, durante un cierto período, el primer domingo del mes), dedicada originalmente a “Santa María de la Victoria”, en agradecimiento por la intercesión de la Madre de Dios en la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571), cuando la flota cristiana de la Liga Santa derrotó a la flota del Imperio Otomano, frenando así el avance de los musulmanes hacia Europa.

 

Pero volvamos al Papa León XIII, el sucesor de Pedro al que con razón se le ha denominado “el Papa del Rosario”, ya que dedicó varias encíclicas y otros documentos magisteriales a la promoción de esta oración tan poderosa como medio de salvación eterna y remedio contra los males que afligen a la Iglesia y al mundo entero. La encíclica con la que el Papa Pecci estableció por primera vez que todo el mes de octubre se dedicara a Nuestra Señora del Rosario es la Supremi Apostolatus, publicada el 1 de septiembre de 1883. Habían pasado 13 años desde la Brecha de Porta Pia, pero ciertamente no había pasado la larga época anticlerical que había conducido a aquel acontecimiento.

 

En aquel tiempo la Esposa de Cristo veía sus derechos amenazados y, como escribió León, estaba “atormentada por graves calamidades”. De ahí la necesidad de animar a los obispos y, a través de ellos, a todos los fieles a pedir con mayor fuerza la ayuda de la Virgen. El Papa explicaba: “Ha sido en todo tiempo una costumbre muy loable e inviolable del pueblo católico recurrir a María en los acontecimientos inquietantes y dudosos, y refugiarse en su bondad maternal. Esto demuestra la esperanza firmísima, es más, la plena confianza, que la Iglesia católica siempre ha depositado con todo derecho en la Madre de Dios. De hecho, la Virgen Inmaculada, elegida para ser Madre de Dios y, por ello mismo, convertida en corredentora del género humano, goza ante su Hijo de un poder y una gracia tan grandes que ninguna criatura, ni humana ni angélica, ha podido jamás ni podrá alcanzar jamás una mayor”.

 

En cuanto a los motivos que le habían llevado a escribir la encíclica, León XIII citaba los peligros a los que estaban cada vez más expuestas “la piedad cristiana, la moral pública y la propia fe”. Y añadía entonces su mayor preocupación: “El hecho más doloroso y triste de todos es que tantas almas, redimidas por la sangre de Jesucristo, como si estuvieran arrastradas por el torbellino de esta época aberrante, se precipitan hacia una conducta cada vez peor y caen en la ruina eterna”. A raíz de esta situación desastrosa, el Papa exhortaba a los fieles a rezar constantemente el rosario y, además, establecía: “Que todo el mes de octubre del presente año [1883] sea dedicado y consagrado a la Reina celestial del Rosario”. Ya desde la Supremi Apostolatus, León XIII enriquecía la práctica de esta devoción vinculándola a diversas indulgencias, que luego se confirmaron en las encíclicas sucesivas.

 

Asimismo, ya en una de las encíclicas del año siguiente, Superiore Anno (30 de agosto de 1884), el Papa Pecci confirmó la consagración de todo el mes de octubre a Nuestra Señora del Rosario, constatando con alegría el fervor con el que los fieles habían respondido a sus exhortaciones contenidas en la Supremi Apostolatus y exhortándolos a perseverar en la oración para obtener la ayuda celestial y no quedarse atrás, en cuanto a voluntad, respecto a los “enemigos del nombre cristiano” que “ponen tanta obstinación en sus designios”.


En varias ocasiones, a lo largo de su prolongado pontificado, León XIII volvió a abordar el tema, renovando las prescripciones ya establecidas anteriormente. Lo hizo también mediante intervenciones que, aunque no se centraban directamente en el Santo Rosario, sí recordaban su importancia: véase la Quamquam Pluries (15 de agosto de 1889), la primera encíclica que presenta una doctrina orgánica sobre san José, en la que el Papa pedía, entre otras cosas, que se añadiera a la recitación del Rosario durante el mes de octubre (“que en el pasado ya hemos decretado sagrado a la Virgen María del Rosario”) la oración A ti, oh bienaventurado José.

 

Concluimos, entre otros muchos documentos sobre el tema, con una breve mención a la encíclica Octobri mense (22 de septiembre de 1891), en la que León XIII, además de afirmar la verdad de que María Santísima es mediadora de todas las gracias, invitaba de nuevo a los cristianos a ser constantes en el rezo del Rosario, que —a través de la “devota meditación” de sus misterios— alimenta la fe, la protege de la ignorancia y refuerza los valores morales. La oración nunca debe abandonarse, ni hay que desanimarse si parece que el mal prevalece sobre el bien, porque es precisamente la súplica a Dios —unida a la penitencia, como recordaba León aludiendo a la enseñanza de los santos— la que cambia para mejor el curso de los acontecimientos:


“La mente humana no puede comprender, por ahora, los designios superiores de la Providencia divina, pero en el momento oportuno, cuando Dios mismo revele benévolamente las razones y las concatenaciones de las cosas, quedará claro cuán grandes han sido, a este respecto, la eficacia y la utilidad de la oración”.

martes, 1 de septiembre de 2026

FRANCIA

 

 el obispo en el funeral del masón amigo de Macron

 

Brújula cotidiana, 01_09_2026

 

Masón y partidario de la eutanasia, pero enterrado (o mejor dicho, incinerado) con un funeral eclesiástico oficiado por el propio obispo. Ocurre en la diócesis francesa de Dijon, donde parece que no ha llegado el eco del doble veto procedente de Roma y San Remo a los funerales de dos miembros de las logias. Y tras el mantra entonado desde el púlpito de una iglesia de Como, nos toca una vez más relatar una anomalía funeraria. El ilustre difunto, afiliado a la logia, era el senador François Patriat, fallecido a los 83 años el 19 de agosto, a raíz de un accidente de bicicleta. El 25 de agosto, monseñor Antoine Hérouard, obispo de Dijon, ofició los ritos fúnebres en la colegiata de Notre-Dame de Semur-en-Auxois, localidad natal del político fallecido, en presencia de una nutrida representación de políticos, desde el Elíseo hasta los niveles más bajos.

Patriat no era precisamente un desconocido; es más, además de por su afiliación masónica, era muy conocido por su cursus honorum en la política local y nacional: ministro de Agricultura en el Gobierno de Jospin, presidente del consejo regional de su Borgoña natal y senador desde 2008 hasta su fallecimiento. Una larga carrera que comenzó en el Partido Socialista y que, desde su fundación, le llevó al partido Renaissance de Emmanuel Macron, del que fue una figura destacada.

 

El presidente del Elíseo entretuvo a los presentes desde el púlpito con su largo y emotivo recuerdo de «François el invencible», conocido por sus amigos como «Fanfan». Durante nada menos que 13 minutos, Macron ensalzó al difunto y a sí mismo con un discurso más propio del escenario de un mitin que del templo de Dios. Recordó el 6 de abril de 2016, fecha de fundación del partido —y él, Fanfan, estaba allí («il était là!»)—, e incluso, durante el trayecto, se detuvo en la catedral de Amiens para encender una vela porque «era un socialista que creía en la providencia», palabras que recuerdan a los antiguos «panegíricos» en honor a los santos.

En cuanto al obispo, calificó de «en evolución» la relación de Patriat con el catolicismo y centró la homilía en el camino —que se articula en «compromiso», «esperanza» y «alianza»— —, ya que «para los cristianos, la verdad no es un sistema filosófico ni un sistema político; la verdad es, ante todo, alguien en quien depositar nuestra confianza y que nos invita a caminar con él», precisando que «creemos que Jesús nos abre el camino de la vida». Pero lo que signifique esa relación «en evolución» es un misterio que bien podría permanecer en la esfera personal del difunto si no fuera porque entra en juego una esfera pública y, más concretamente, política, en contraposición con la Iglesia, al menos (y eso no es poco) en cuestiones éticas.

 

Quien sacó a relucir el asunto el mismo día del funeral fue la web católica Tribune Chrétienne, recordando que «François Patriat también era conocido por su pertenencia a la masonería, una pertenencia que reconoció abiertamente a lo largo de su carrera». Tanto es así que la publicación francesa pro-masónica 450. fm precisamente al referirse al «paso al Oriente eterno» del «hermano François Patriat», se lamenta un poco de que, ante la muerte de algunos representantes públicos de las logias, la afiliación pase a un segundo plano en los medios de comunicación en general y solo la destaquen los medios hostiles a la masonería (con referencia directa y explícita al artículo de Tribune Chrétienne).

 

Volvamos al partido fundado en aquel «histórico» 6 de abril de 2016 con el apoyo indispensable de Fanfan, quien fue su portavoz en el Senado hasta su muerte. Se trata del partido que impulsó con firmeza la inclusión del aborto en la Constitución y, más recientemente, la ley sobre la eutanasia, promulgada en el mes de agosto. Ley a la que Patriat no se oponía en absoluto; es más, el 28 de mayo de 2025 acogió positivamente su tramitación parlamentaria, con la esperanza de que la «resonancia en la opinión pública» se abriera paso también en el Senado: «Dado que el 85 % de los franceses está a favor, es evidente que este movimiento está llegando a los representantes electos, incluidos los senadores, que a veces pueden ser un poco más reaccionarios».

 

En cuanto al aborto, basta con releer el entusiasmo de Patriat en una publicación en X del 4 de marzo de 2024, el día en que el aborto se convirtió en un derecho constitucional: «Corresponde a Francia, que a los ojos del mundo sigue siendo el símbolo de la libertad y la igualdad», comentaba la senadora, «reafirmar solemnemente esos principios y garantizar, en el texto sagrado de la Constitución, esa libertad fundamental de la mujer para decidir sobre su propia maternidad».

 

¿No es esto motivo suficiente para aconsejar a monseñor Hérouard que no asistiera, o incluso que no concediera los ritos fúnebres eclesiásticos (según el derecho canónico) a un miembro destacado de la masonería que ha trasladado su agenda también al ámbito político? La presencia del prelado sorprende aún más, dado que, en general, los obispos franceses se han mantenido firmes en lo relativo al final de la vida, contribuyendo a «arrancar» al menos la objeción de conciencia para las estructuras privadas, incluidas las católicas, que el texto de Macron había excluido.

 

 Lo que ocurrió en el alma de Patriat hasta el último instante es asunto suyo (y de Dios), pero no se puede decir lo mismo del «hecho» externo, la celebración del funeral —más bien, de unos funerales que constituyeron más bien una celebración, incluso política, de un masón, defensor del aborto y de la eutanasia, que, por muy «en evolución» que esté, no parece haber renegado públicamente de ciertas posturas.

martes, 25 de agosto de 2026

EL VIAJE DEL SUMO PONTÍFICE

 

Por Héctor Aguer

Arzobispo Emérito de La Plata

 

La Prensa, 24.08.2026

 

¿Qué significa para el país que León XIV nos visite? El nuestro es un pueblo, hasta ahora, mayoritariamente católico, a pesar de una historia complicada que ha procurado borrar la herencia hispánica.

 

La presencia del Papa puede despertar en el pueblo la conciencia de su catolicidad. Esto es lo más importante que puede ocurrir a tantas familias que el actual gobierno ha desplazado. La miseria cunde en el pueblo argentino bajo el pretexto del neoliberalismo. Pero no se pueden arrebatar los valores espirituales a quienes, bautizados en la infancia, han seguido siempre practicando la fe. Esto es lo que perdura, y que puede reanimarse con la visita de León XIV.

 

Esta presencia no va a inducir directamente una mejora en el ámbito temporal, pero no será posible sostener que el neoliberalismo asegure el futuro a tantos hombres que buscan trabajo. Según la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo es primordial. En las primeras páginas de la Biblia se lee que Dios creó al hombre y lo puso en la tierra para que con su trabajo la haga crecer y expandirse. En la Argentina de hoy falta trabajo; muchas empresas nacionales tienen que cerrar porque no pueden hacer frente a la competencia, sobre todo a la que procede de China.

 

Los valores espirituales recuerdan al pueblo que ellos sostienen el esfuerzo cotidiano, y que éste vale la pena y puede superar a la ideología que se ha impuesto. La democracia no puede reducirse al predominio de ciertos factores ideológicos que resultan elegidos en un turno electoral. La visita de León XIV puede recordar los valores permanentes que asisten a las familias, en las cuales el varón aporta lo necesario para la mujer y los hijos. Estos son los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, que se fue formulando lentamente y que los Papas como León XIII reivindicaron. La Argentina del siglo XX los incorporó a la vida social y el neoliberalismo no los podrá desplazar. La presencia entre nosotros de León XIV debería recordarnos lo mejor de nuestra historia.

 

En su segunda visita a la Argentina, San Juan Pablo II, el 10 de abril de 1987 (hace casi 40 años), nos hizo un apremiante llamado: “¡Iglesia en Argentina! ´Levántate y resplandece, porque ha llegadο tu luz, y la gloria del Señor alborea sobre ti´” (cf. Is 60, 1)... ¡Cómo pido a Dios que Argentina camine en la luz de Cristo! Cuatro décadas después, aún es una tarea pendiente.

 

La Iglesia en nuestro país sufre, especialmente desde los años sesenta del siglo pasado, una sangría constante de fieles. El número de quienes se reconocen como católicos ha disminuido del 90 al 57 por ciento; con tendencia a la baja.


El anuncio de Jesucristo ha sido seriamente comprometido, y hasta desfigurado con ciertas prácticas episcopales de hablar solo de "lo político y social". Y las corrientes progresistas como la "teología de la liberación", y en su versión criolla de la "teología del pueblo" han vaciado seminarios, congregaciones religiosas, y parroquias. También entre nosotros se cumple aquello de "la Iglesia hizo la opción por los pobres, y los pobres hicieron la opción por los pentecostales".

 

A este complejo panorama se le suma que, desde 2013, se ha producido una inflación de obispos. ¡En algunas diócesis hay más obispos que seminaristas! Y el nombramiento de jóvenes obispos auxiliares, de la línea del pontificado anterior, hace que humanamente hablando no puedan esperarse, en los próximos años, rectificaciones de rumbo. Menuda tarea tiene León XIV, por delante, para nuestro país. Solo el anuncio y testimonio lúcido, claro y coherente de Jesucristo, hará que la Iglesia argentina recupere algo del terreno perdido. Y vuelva a tener cierto peso en la sociedad. Es el mismo Señor quien nos llama a ser “sal de la tierra y luz del mundo” (cf. Mt 5, 13-24).

 

 

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lunes, 24 de agosto de 2026

QUO VADIS

 

Con motivo de la presentación de un libro, en la Universidad Católica de Córdoba, el próximo jueves, no podemos evitar el desconcierto que nos surge al analizar los antecedentes de quienes harán uso de la palabra. Baste mencionar a quien va a oficiar de moderadora, Natalia Rodríguez, feminista perteneciente a los grupos “Sororidad y Fe” y “Católicas por el derecho a decidir”, que promueve la homosexualidad y el aborto.


Recordamos lo que expresó San Pío X, en la encíclica Pascendi:


 “hoy no es menester ya ir a buscar los fabricantes de errores entre los enemigos declarados: se ocultan, y ello es objeto de grandísimo dolor y angustia, en el seno y gremio mismo de la Iglesia, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados.

Hablamos, venerables hermanos, de un gran número de católicos seglares y, lo que es aún más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en filosofía y teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores bebidos en los escritos de los adversarios del catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como restauradores de la Iglesia, y en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del divino Redentor, que con sacrílega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre.”


Mario Meneghini

Córdoba, 24-8-2026

martes, 11 de agosto de 2026

EL RIESGO


 en la utilización del término «inculturación» según Benedicto XVI

 

Carlos Daniel Lasa

Infocatolica – 28/07/26

 

El Papa Benedicto XVI ha mostrado una marcada reserva en lo que respecta al uso y abuso del término «inculturación».

 

En este sentido, son cuatro los aspectos que provocan la discreción señalada: 1) el empleo del término «inculturación» presupone una idea estática de la cultura; 2) el vocablo no refiere realmente el encuentro entre el Evangelio y la cultura, el cual transforma a ambos términos; 3) la palabra empleada entraña el riesgo del relativismo cultural; 4) supone, además, el peligro de sostener la existencia de un cristianismo «acultural» que, de hecho, nunca existió.

 

El término referido es utilizado frecuentemente por los que adhieren a la denominada «teología del pueblo», entre los cuales se cuentan el actual Prefecto de la Doctrina de la Fe, Cardenal Víctor Fernández.

 

Benedicto entendía que la utilización de este vocablo podía vehiculizar una idea de verdad como producto exclusivo de una determinada cultura. En ese caso, el cristianismo perdía su pretensión de universalidad. Por eso, nos decía, es menester insistir en este punto: el encuentro entre la fe y las culturas solo es posible porque la verdad del Evangelio las trasciende, aunque nunca se exprese sino a través de ellas.

 

El Papa Benedicto rechazaba el término inculturación toda vez que este proponía que el contenido de la fe quedaba determinado o redefinido por cada cultura. Y precisamente es este el riesgo en la posición del actual Prefecto de la Fe, el Cardenal Víctor Fernández y de la «teología del pueblo». El referido Cardenal lo ha expresado, sin titubeos, en la exposición que ofreciera en la Urbaniana y que yo comentara en Caminante Wanderer.

 

Para el Papa Benedicto XVI, y para toda la tradición eclesial antes que él, el Evangelio de Jesucristo tiene un destino universal. No se dirige únicamente al pueblo de Israel, sino a toda la humanidad.

 

Ahora bien, cuando el cristianismo sale del ámbito judío tiene que expresarse en un lenguaje comprensible para el mundo mediterráneo cuya lengua era el griego y cuya cultura estaba profundamente marcada por la filosofía. Pero, según Ratzinger, esto no significó una simple traducción lingüística. Para él hay un dato clave: la filosofía griega había descubierto una idea decisiva, y es que el hombre podía conocer la verdad mediante la razón. Esto por un lado. Por el otro, la revelación bíblica presentaba a un Dios que había creado al mundo con sabiduría y que podía ser conocido, aunque de modo imperfecto, por la inteligencia humana.

 

Por eso el fallecido Papa cita frecuentemente el prólogo del Evangelio según San Juan: «En el principio era el Logos». La elección del término griego Logos no es casual. Expresa que Dios no es pura voluntad arbitraria ni irracionalidad, sino Razón, Palabra y Sentido.

 

Consecuentemente, los dogmas de la Iglesia católica fueron formulados mediante categorías griegas, tales como ousía (esencia o sustancia), physis (naturaleza), hypóstasis (persona), prósopon (persona), logos. Gracias a estas categorías fue posible expresar con precisión doctrinas como la de la Trinidad, la Encarnación, la unión de las dos naturalezas en Cristo.

 

Para Ratzinger, estos conceptos no son simples envolturas culturales intercambiables, sino categorías intelectuales que permitieron formular fiel y correctamente la fe. De allí que, cuando algunos pretenden deshelenizar la fe católica, el riesgo que se corre, doctrinalmente hablando, es grave.

 

Algunos teólogos sostienen que habría que despegar y desembarazar al cristianismo de su herencia griega para adaptarlo a otras culturas. A esto, Ratzinger responde que una deshelenización radical significaría abandonar categorías que expresan verdades objetivas sobre Dios y Cristo. Por ejemplo, si desapareciera o se birlara el concepto de naturaleza (operación que analizamos en la entrevista realizada a Mons. Vincenzo Paglia, encomendada por el mismo Papa Francisco,  resultaría muy difícil formular el dogma cristológico del Concilio de Calcedonia. Según el mismo, Cristo posee dos naturalezas en una sola persona. Lo mismo ocurre con la doctrina trinitaria elaborada en el Concilio de Nicea.

 

Los elementos aportados por el pensamiento griego (que la Iglesia católica debiera conservar celosamente) son la garantía de la existencia de una verdad objetiva. Una verdad objetiva que la razón humana puede alcanzar, aunque sea de modo parcial y humilde. Una verdad que la razón puede alcanzar y que no se contrapone a la fe, sino que la presupone y la perfecciona.

 

En este sentido, resulta inadmisible la asunción de corrientes de pensamiento contemporáneas que conciben a la verdad como el producto de construcciones culturales o históricas. Corrientes de pensamiento que, en la elaboración teológica, reemplazan livianamente la categoría «ser» por la de «estar».

 

Afirma Ratzinger: «Lo característico de la filosofía griega era que no se contentaba con las religiones tradicionales ni con las imágenes del mito, sino que con toda seriedad planteaba la cuestión acerca de la verdad. Y ya en este lugar podemos ver quizás el dedo de la Providencia: porque el encuentro entre la fe de la Biblia y la filosofía griega fue verdaderamente "providencial’.»[1] Y más adelante concluye: «Por eso, el encuentro con la ontología de los griegos –con la cuestión acerca del «es»– no es una alienación filosófica de la fe cristiana, sino que llegó a ser su expresión indispensable.»[2]

 

El Papa Benedicto no tenía duda alguna: las categorías griegas, y no la sabiduría sapiencial de los pueblos a lo largo de los tiempos, han llegado a expresar de manera normativa el contenido de la revelación cristiana. El encuentro entre la fe bíblica y la filosofía griega dio lugar a formulaciones dogmáticas que la Iglesia considera vinculantes. Esas formulaciones pueden traducirse a nuevos lenguajes y categorías culturales, pero la traducción debe conservar el mismo contenido de verdad.

 

Y conservar este contenido supone privilegiar el «ser» sobre el «estar». Este último, que la teología del pueblo coloca por encima del ser, denota la idea de situacionalidad, de facticidad, de historicidad; el primero, por el contrario, remite a la idea de inmutabilidad, de permanencia. Por eso Ratzinger distingue entre las formas accidentales de una cultura –que pueden cambiar– y aquellas categorías racionales que han demostrado ser adecuadas para expresar el núcleo de la fe. En su opinión, renunciar a estas últimas no supondría una simple adaptación cultural, sino una modificación del contenido doctrinal mismo. Esta es la razón más profunda de su cautela frente a ciertos usos demasiado livianos del término «inculturación».

 

Si los dogmas han resistido el paso de los siglos merecen una presunción de sabiduría, precisamente porque han sobrevivido. No cometamos la torpeza (bastante frecuente por nuestros días) de derribar la valla, como decía Chesterton, hasta que no sepamos por qué fue puesta.

 

La cautela de Ratzinger, como hemos podido advertir en virtud del contenido de la conferencia que el Card. Fernández diera en la Universidad Urbaniana, tenía sobrados fundamentos o sospechas.

 

Claro está que, quizás la imaginación de Benedicto nunca llegó tan lejos como las decisiones de un Papa y la de su Prefecto de la Fe.

Carlos Daniel Lasa


[1] Fe, verdad y tolerancia. El cristianismo y las religiones del mundo. Salamanca, Ediciones Sígueme, 2005, 4ª edición, p. 85.


[2]Ibidem, p. 93.

viernes, 7 de agosto de 2026

ANGELELLI:


EL CRIMEN QUE FUE ACCIDENTE (II)

 

En el 2014, publicamos un breve comentario con el mismo título (1). Consideramos necesario ocuparnos nuevamente del tema, debido al Decreto de fecha 29-7-2026, del Arzobispo de Córdoba, Card. Ángel Rossi. En el artículo 1 se instituye en la Arquidiócesis de Córdoba el “Domingo de la Justicia Social”, que se celebrará anualmente el domingo posterior al 4 de agosto, fecha en que la Iglesia recuerda el martirio del beato Mons. Enrique Angelelli.


Recordemos que se considera mártir a la persona que padece muerte en defensa de su religión (RAE). La Iglesia, entre otras condiciones, establece el reconocimiento de un milagro para ser beato, y dos milagros para ser canonizado. En el caso de Angelelli, al ser considerado Mártir, fue exceptuado del milagro.


Ahora bien, durante 7 años (1976-1983) la muerte del entonces Obispo de la Rioja fue considerado un accidente, sin que ninguna autoridad civil ni eclesiástica lo pusiera en duda. Al día siguiente a la muerte, el diario El Independiente de esa provincia, reconocido por su apoyo a la gestión del obispo y opuesto al gobierno del Proceso, en su edición N° 6553 informa: “Falleció en un accidente Monseñor Enrique Angelelli”.


En forma extraoficial, también se comentó que, de la observación de los distintos rastros del accidente los investigadores habrían llegado a la conclusión que el vehículo era conducido por el P. Aldo Pinto, pero para no tener que iniciarle proceso por presunto homicidio culposo, no se determinó quién conducía la camioneta. Jamás fue claro el testimonio del sacerdote, y justifico sus incoherencias en la pérdida de memoria por el shock causado por el accidente. Cuando mucho después, parece recuperar la memoria y declara que otro vehículo apareció en la ruta y golpeó a la camioneta, ya no era sacerdote y estaba casado.


No fue hasta el 4 de agosto de 1983 que, en ocasión de un homenaje al Angelelli realizado en Neuquén, el fraile capuchino Puigjane lanzó públicamente la versión de que el accidente fue, en realidad, fruto de un atentado criminal perpetrado por efectivos de las fuerzas armadas. Es el mismo fraile que años después participaría en un sanguinario ataque a un cuartel en la Tablada, por lo que fue condenado a veinte años a prisión. La denuncia logró que la justicia de Neuquén iniciara una investigación, y luego remitiera lo actuado a la Rioja. En 1990 la Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba,  falló que “no hay elementos suficientes que permitan afirmar que el accidente haya sido efectivamente provocado”, y dispone el sobreseimiento de la causa.


Recién en 2014, el Tribunal Oral Federal de la Rioja, llega a conclusiones opuestas sosteniendo la hipótesis del crimen.

 

En el ámbito eclesiástico


1.Mons. Bernardo Witte, Obispo de la Rioja, y alarmado por que el Juez Morales en su investigación de primera instancia sostiene que hubo homicidio premeditado, afirma en el diario La Prensa (29-7-1988) “Nos sorprendimos de que la misteriosa muerte de Mons. Angelelli, haya sido caratulada de asesinato sin que se tengan las pruebas suficientes”. Además, ante la negativa del juez de tomarle declaración testimonial al único testigo presencial del accidente, le hace redactar un Acta en el Obispado el 27-9-1988, de la que existe copia en una escribanía. El señor Raúl Antonio Nacuzzi, LE 6.713.162, de profesión electromecánico,  declara que el 4-8-1976 se encontraba efectuando la reparación de la línea de alta tensión que une la localidad de Patquía y Chamical.


“Estando encaramado en el poste vio la aproximación de un vehículo Fiat Multicarga color claro que aproximadamente en el Km. 1057 de la Ruta Nacional n° 38 se desvía lentamente hacia la derecha sin disminuir la velocidad, recorriendo más de 100 mts., con las dos ruedas derechas sobre la banquina, alejándose del centro de la ruta, hasta que en determinado momento el conductor en una brusca maniobra, como si se despertara, trata de volver al centro de la ruta, oportunidad que escucha el reventón de la cubierta, un giro hacia la izquierda, apertura de la puerta derecha, expulsión de un cuerpo vestido de negro, y posterior vuelco en dirección a la banquina opuesta donde queda de costado en dirección opuesta a la que venía. Que la persona que acompañaba al conductor es la que queda tirada en el suelo. El que conducía, permanece en el vehículo hasta que el mismo termina su recorrido. Que en momento del accidente no se encontraba ningún otro vehículo en la ruta, ni tampoco circulando sobre la misma.”

 

2.Mons. Carmelo Giaquinta, Obispo emérito de Resistencia, fue encargado en el año 2006, por la Conferencia Episcopal Argentina, cuyo presidente era a la sazón el Cardenal Jorge Bergoglio, de constituir y presidir una Comisión especial con el cometido de investigar, en el ámbito eclesial todo lo referido a la muerte de Mons. Angelelli. Los trabajos de dicha comisión (integrada por el entonces Obispo de la Rioja Mons. Roberto Rodríguez y el P. Nelson Dellaferrera) duraron dos años. En declaraciones a la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) con fecha 15-4-2009 (33 años después de la muerte) Giaquinta expresó: 


"La conclusión del trabajo no significa que la Comisión haya llegado a una conclusión judicial. Si fue accidente o atentado, lo dirá la Justicia civil. A partir sólo de los testimonios eclesiales es difícil probar ninguna de las dos hipótesis.”

 

Detalles del expediente judicial N° FCB 97000411/2012/TO1

Tribunal Oral Federal de la Rioja


Dres. Carlos Julio Lascano-Juan Carlos Reinaga-José Camilo Quiroga Uriburu (Presidente)

(2)


Sumario policial:

“Se incorporaron asimismo al plexo probatorio las conclusiones del sumario de prevención compuesto de 47 fojas, instruido por el Inspector Mayor Nicolás de la Fuente, refrendado por el Secretario de actuaciones Oficial Principal Jorge Nicolás Luna Moreyra, que a fs. 47 y con fecha 11 de agosto de 1976, concluye: a criterio de esta instrucción, luego de haberse desvirtuado que el accidente pudo haberse producido por el neumático que se encontró desinflado, las supuestas causas probables del mismo se originaron:


1°por haberse dormido el conductor y acompañante que lo podría haber advertido;

2°que en la ruta en forma imprevista se cruce algún animal; y

3°por haber sufrido el conductor algún contratiempo en su salud, que lo llevara a salir del pavimento con el rodado y cuando retornaba al mismo volcar.”


Pericia Corte Suprema de la Nación:


“Se presentó asimismo la Pericia N° 83/09 de Exhumación correspondiente a Angelelli, Enrique Angel, presentada por los doctores Fernando Claudio Trezza, Luis Alberto Bossio y Roberto Víctor Cohen (pertenecientes al cuerpo de peritos oficiales de la Corte Suprema de Justicia de la Nación), (…) “La realización de placas radiográficas del esqueleto completo, permite descartar la presencia de elementos mecánicos compatibles con armas de fuego.” “No se ha evidenciado en cráneo la pérdida de sustancia ósea compatible con las provocadas por proyectiles de armas de fuego.”


Conclusiones:

1.La causa de fallecimiento de quien fuera en vida Monseñor Enrique Ángel Angelelli está en relación directa a: fracturas múltiples de cráneo. Hemorragia cerebromenígea .

2.Las fracturas torácicas contribuyen en el mecanismo de muerte produciendo hemorragia interna.

3.El mecanismo productor del trauma sería el golpe o choque con o contra objeto y/o superficie dura.

4.La colisión vehicular mixta (choque con vuelco) es idónea para provocar las lesiones observadas y la muerte.

5.No es posible con los elementos obrantes en autos y el estado de esqueletización que presenta el cadáver, suponer otra etiología distinta de producción de las lesiones.

6.No surge del análisis de autos ni de las peritaciones realizadas elementos que permitan suponer la intervención de terceras personas en la producción de las lesiones mortales.

7.Se trataría de una muerte violenta.

 

Autoría mediata (Teoría de Claus Roxin)

Los doctores Carlos Julio Lascano y Juan Carlos Reynaga, dijeron:


“A los acusados Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella les corresponde responder bajo la categoría de autores mediatos por su participación en los hechos precedentemente analizados”.

“En la autoría mediata a través de aparatos organizados de poder, no solo son autores (directos o inmediatos) los que ejecutan materialmente las órdenes ilícitas impartidas por el sujeto de atrás y retransmitidas por los órganos intermedios; sino que también lo son, tanto el jefe que ocupa la cúspide de poder como los que detentan lugares intermedios y que actúan como engranajes haciendo posible el plan global (autores mediatos).


“En la autoría mediata a través de aparatos organizados de poder, el dominio de la voluntad tiene fundamento en la fungibilidad del ejecutor. Es que este tipo de organizaciones funciona automáticamente sin que importe la identidad del ejecutor. El sujeto de atrás, que ocupa los mandos de la estructura organizativa, puede confiar en que la orden será cumplida sin necesidad de tener que conocer al ejecutor.” (…)


“Pero además de un aparato de poder organizado y del carácter fungible (intercambiable) del ejecutor, Roxin limita el dominio de la organización a los aparatos que actúan al margen del ordenamiento jurídico. (…) Esta teoría ha encontrado acogida en la jurisprudencia nacional. (…) La Corte Suprema de Justicia de la Nación por el voto de la mayoría (Fayt, Petracchi y Bacqué) confirmó la condena dictada por la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal, calificando la conducta de los ex comandantes como autoría mediata,  aplicando la teoría de los aparatos organizados de poder (…).”

 

Consideramos que, resulta abrumadora la inconsistencia del fallo judicial, condenando a dos militares que eran católicos practicantes, y nunca hubieran tomado la decisión de ordenar el asesinato de un hombre consagrado, al margen de las discrepancias que tuviesen con su actividad.


Mario Meneghini

Córdoba, 7 de julio de 2026


 

1: Boletín Acción N° 150, 5-7-2014.


2: Sentencia Judicial Homicidio del Obispo Angelelli; Córdoba, Ediciones Tiempo Latinoamericano, 2015.


      www.cij.gov.ar/nota-14019-Lesa-humanidad-difunden-fallo-que-condina-a-los-dos-acusados-en-el-juicio-por-el-homicidio-del-obispo-Angelelli.html

 

 

 

 

viernes, 31 de julio de 2026

URGENCIA EN DIFUNDIR LA DSI

 

El 29 de julio, finalizó el Encuentro de Obispos de la Región Centro, en Alta Gracia. Una de las conclusiones fue:

 

Coincidimos en la urgencia de revitalizar la difusión y vivencia de la Doctrina Social de la Iglesia, para contribuir, con gestos concretos, al bien común de nuestra provincia y de toda la patria.


Nos complace que los Obispos coincidan con el diagnóstico que sostenemos desde el Centro de Estudios Cívicos Fabiela Maneghini, y que nos impulsó hace ya 45 años a dedicarnos a dicha difusión. 

Ojalá que desde ahora se incorporen otras entidades y personas a esta actividad, tan necesaria en el difícil mundo que nos toma vivir.

viernes, 19 de junio de 2026

LA GUERRA ES UN MAL


 pero el pacifismo católico lo agrava

 

Riccardo Cascioli

Brújula cotidiana, 19_06_2026

 

 

Con el inicio de la guerra israelí-estadounidense contra Irán, en el mundo católico se ha intensificado el debate en torno al tema de la llamada “guerra justa”, con posturas que oscilan entre el pacifismo absoluto y la justificación de cualquier guerra que se plantee en defensa de Occidente.

 

Pero es curioso que en este debate cuesta mucho partir de las cuatro condiciones establecidas por el Catecismo de la Iglesia Católica para una legítima defensa armada, que son las únicas condiciones por las que una guerra puede justificarse, a saber:

 “que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones sea duradero, grave y cierto; que todos los demás medios para ponerle fin se hayan revelado impracticables o ineficaces; que existan condiciones fundadas de éxito; que el recurso a las armas no provoque males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. En la evaluación de esta condición tiene un peso enorme la potencia de los medios modernos de destrucción”.

 

Más adelante profundizaremos en el “justificacionismo”. En este artículo de hoy, en cambio, merece la pena detenerse en la deriva pacifista que hoy, gracias también al pontificado de Francisco, prevalece en la Iglesia y que, en sus formas más radicales, pretendería condenar incluso la existencia de los ejércitos. Ya hemos tenido ocasión de refutar, con el Magisterio, ciertas tesis expresadas, por ejemplo, con motivo del desfile militar celebrado en Italia el pasado 2 de junio.

 

Sin embargo, es importante señalar un error que está en el origen de ciertas derivas y malentendidos en torno a la cuestión de la guerra. El pacifismo, con su pretensión de un mundo sin armas, sin agresores ni agredidos, fundado en la mera voluntad del hombre, es una utopía que niega una realidad ineludible: el pecado original. Efectivamente, porque la guerra es la consecuencia del pecado contra Dios y, por lo tanto, como advierte la Constitución pastoral Gaudium et Spes, “los hombres, en cuanto pecadores, están y estarán siempre bajo la amenaza de la guerra hasta la venida de Cristo” (n.º 78). Por eso, la idea de un mundo sin guerras o sin amenaza de guerras es una utopía peligrosa que tal vez resulte comprensible en John Lennon, pero mucho menos cuando la proclaman los pastores de la Iglesia.

 

El compromiso para evitar las guerras o, mejor dicho, por la paz, es algo completamente diferente. Pero significa una sola cosa: la conversión a Cristo. La paz —advierte el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia— “lejos de ser una construcción humana, es un don divino supremo ofrecido a todos los hombres, que implica la obediencia al plan de Dios” (n.º 489).

 

El pretexto que muchos esgrimen es “el poder de los medios modernos de destrucción”, por decirlo con palabras del Catecismo, para negar la mera posibilidad de justificar una guerra. Así lo ha escrito también el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, afirmando que hoy “es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible ‘guerra justa’”. Sin embargo, el Catecismo considera la existencia de las armas de destrucción masiva como un elemento adicional de reflexión y prudencia en torno a la decisión de intervenir militarmente para defenderse, y no, desde luego, como la negación de la posibilidad de una legítima defensa.

 

El hecho de que las situaciones contingentes cambian puede llevar a detallar aún más la doctrina de la legítima defensa, pero no puede modificar sus criterios. Un ejemplo de ello son las intervenciones al respecto de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El primero, teniendo en cuenta a principios de los años 90 del siglo pasado las atrocidades que se estaban produciendo en la guerra en los Balcanes, introdujo el concepto de “ingerencia humanitaria”, definiéndola como “un deber y un derecho (…) para desarmar a quien quiere matar. Esto no es favorecer la guerra, sino impedirla”.

 

Obviamente, también este principio tiene sus condiciones, que Juan Pablo II aclaró en el mensaje para la Jornada de la Paz del 1 de enero de 2000: las acciones para desarmar al agresor “deben estar circunscritas en el tiempo y ser precisas en sus objetivos, llevarse a cabo en pleno respeto del derecho internacional, estar garantizadas por una autoridad reconocida a nivel supranacional y, en cualquier caso, no dejarse nunca en manos de la mera lógica de las armas” (n.º 11). Posteriormente, Benedicto XVI, en su importante discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas del 18 de abril de 2008, retomó el concepto refiriéndose a la “responsabilidad de proteger” (para un análisis más detallado de este tema, véase La Bussola mensile n.º 29, abril de 2026). Por lo demás, como explica también el Compendio de la Doctrina Social, “el derecho al uso de la fuerza con fines de legítima defensa va unido al deber de proteger y ayudar a las víctimas inocentes que no pueden defenderse de la agresión” (n.º 504).

 

Precisamente esta precisión nos brinda la oportunidad de señalar un malentendido típico del pacifismo, incluido el católico: a saber, la confusión o incluso la equiparación entre el uso de la fuerza y la violencia. Son dos conceptos que deben mantenerse bien diferenciados, porque el uso de la fuerza, en ciertos casos, no solo es legítimo, sino incluso obligatorio (como ya se ha explicado anteriormente), mientras que la violencia, la intención de destruir vidas humanas o la indiferencia ante ello nunca son justificables. “La violencia es mala, la violencia como solución a los problemas es inaceptable, la violencia es indigna del hombre —decía Juan Pablo II durante su viaje a Irlanda en 1979—. La violencia es una mentira, pues es contraria a la verdad de nuestra fe, a la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye aquello que pretende defender: la dignidad, la vida y la libertad de los seres humanos”.

 

Y esto también es válido en tiempos de guerra, en los que hay que hacer todo lo posible para garantizar lo antes posible las condiciones de la paz y en los que no se suspende el derecho humanitario y —como subraya de nuevo la Gaudium et Spes— “no todo se vuelve lícito entre los beligerantes cuando, por desgracia, la guerra ya ha estallado” (n.º 79).

 

Por lo tanto, se puede sostener sin duda alguna que la mayoría de las guerras actuales no son justas; también cabe debatir si ciertas defensas de las fronteras nacionales respetan realmente todas las condiciones para una auténtica legítima defensa. Sin embargo, lo que es contrario a la visión católica es este pacifismo imperante en la Iglesia que, por un lado, predica el desarme total (a ser posible, unilateral) y, por otro, paradójicamente, acaba apoyando a regímenes sanguinarios y violentos.

(continuará)