lunes, 21 de mayo de 2018

PARA SALIR DE LA CRISIS


Un Presidente, al llegar al poder, describía así la situación:

"El país estaba al borde del desastre. El presupuesto presentaba un descubierto insoportable. Teníamos exceso de empleados públicos y en las empresas privadas aumentaba la desocupación. Nuestra deuda pública era enorme y habíamos incumplido compromisos sujetos a sentencias judiciales externas. Las exportaciones no alcanzaban las tres cuartas partes de las importaciones. por desconfianza no teníamos crédito internacional alguno y tuvimos que implorar ayuda a ciertos países amigos para poder mantener el comercio exterior. La actividad económica estaba próxima al derrumbe porque debíamos imponer un cepo a las compras o viajes al exterior y no podíamos importar insumos. Los compromisos de ventas internacionales no pudieron sostenerse porque nuestros productos no tenían precios competitivos. La única alternativa que nos quedaba era el milagro o la quiebra".

(Memorias del general De Gaulle)

Hubo duras resistencias al principio, pero el plan de saneamiento bajo el liderazgo de De Gaulle fue existoso: en seis meses se venció la inflación, crecieron las exportaciones, aumentó la oferta de empleos y, en menos de un año, se duplicaron las inversiones. Una de las claves de tales logros fue la confianza que atrajeron la calidad técnica de aquel equipo de expertos y su acertado diagnóstico.




Fuente: Fernando Laborda, La Nación, 20-5-18

SIN UN DIAGNÓSTICO OBJETIVO NO HABRÁ SOLUCIÓN



www.mario-meneghini.blogspot.com.ar/2018/05/sin-un-diagnostico-objetivo-no-habra.html

domingo, 20 de mayo de 2018

SANTIAGO CÚNEO


enriquecimiento, operaciones y camaleonismo

Por Christian Sanz
Tribuna de Periodistas- 19/05/2018  

Santiago Cúneo se disputa cabeza a cabeza el galardón de “peor periodista argentino” con Roberto Navarro. Ambos son operadores, con miradas siempre sesgadas y más pifiadas que aciertos.

Son panfletarios, agitadores y golpistas. Todos los tópicos a los que un hombre de prensa debe escapar. Uno despunta en C5N; el otro en Crónica TV. No casualmente ambos son canales que operan para el kirchnerismo.

Navarro llegó a proclamar que Daniel Scioli había ganado las elecciones presidenciales en 2015 y Aníbal Fernández había hecho lo propio en la provincia de Buenos Aires. Esos penosos registros aún perduran en la web.

En el caso de Cúneo, los desaciertos se suman a las bravuconadas que suele proferir a todos los que no le caen en gracia. Falto de argumentos a la hora de hacer críticas fundamentadas, apela a las malas palabras y las acusaciones infundadas.

Su caso incluso es mucho peor que el de Navarro, porque carece de coherencia profesional. Empezó siendo radical y luego se pasó al peronismo. En el medio, fue vocero de los carapintadas y hasta llegó a ostentar un cargo en el bloque del añejo Modín.
Versátil como pocos, en 1998 el “periodista” imprimió y mandó a pegar miles de carteles en los que aparecía abrazado al entonces presidente Carlos Menem. Allí impulsaba la “re” reelección del riojano.

Luego de la derrota, decidió ir abrevando por diferentes terruños político-partidarios hasta llegar a aparecer en afiches junto a Francisco De Narváez.

Años más tarde, en 2015, en otro gesto de incoherencia, Cúneo llamó a votar por Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Esto es, hace apenas tres años.

Hoy en día, se la pasa despotricando contra el macrismo y escondiendo bajo la alfombra la corrupción kirchnerista, como si los 12 años de Néstor y Cristina jamás hubieran existido.

En el medio, se dedicó a vomitar viejos estereotipos contra comunidades de diversa índole, ya superados hace décadas gracias el método científico.

El último de ellos tuvo que ver con la colectividad judía, respecto de la cual volvió a reflotar la vieja leyenda del Plan Andinia y el supuesto intento hebreo de dominar la Patagonia.

Por su intolerancia, fue cuestionado —y denunciado— por partida doble: por un lado, por el INADI; por el otro, por la DAIA.

Frente a ello, en una muestra de ignorancia pocas veces vista, Cúneo decidió redoblar la apuesta y mandó a sus detractores a “chuparle un huevo”. Todo un iluminado, por cierto.

Su relevancia es nula a nivel periodístico, aunque su figura es todo un éxito en las redes sociales. En una suerte de “puching ball” virtual, hoy es deporte nacional insultarlo a través de Facebook y Twitter. Una suerte de “Miguel Ángel De Renzis 2.0”.

El costado económico de Cúneo es aún más polémico que el periodístico. A mediados de los 90 vivía en una casa alquilada, tenía un desvencijado Renault 18 y hasta le pedía fiado al carnicero.

Meses más tarde, adquirió de la nada una ostentosa propiedad en San Miguel, y empezó a moverse en dos vehículos de relevancia: una 4x4 y una coupé Alfa Romeo 145 Quadrifoglio.

En esos mismos días, apareció como accionista de una empresa petrolera en sociedad con un grupo de cuestionados carapintadas. La firma siempre fue sospechada de vender naftas adulteradas.

Hasta el día de hoy nadie sabe cómo hizo para pegar el salto económico que pegó… Y Cúneo tampoco parece interesado en contarlo.

Tal vez la respuesta tenga que ver con una frase que él mismo pronunció hace 20 años, en el marco de una entrevista que le hizo diario Página/12: “Los negocios tienen que ver con la política”, sostuvo.

Como suelen decir los abogados: “A confesión de partes, relevo de pruebas”.

HAMÁS SE DISIMULA ENTRE HUMO Y ESPEJOS, PARA ATACAR A ISRAEL



James Phillips

El Ojo Digital, 18 de May de 2018

Gran parte de la cobertura de los medios de comunicación tradicionales sobre la apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén vinculó la ceremonia al tumulto generado por palestinos a lo largo de la frontera entre Israel y Gaza, sugiriendo que existió allí una relación causa-efecto. Pero esta es una falsa conclusión: los incidentes violentos en Gaza fueron orquestados por Hamás, la organización terrorista palestina de proyección islamista, como parte de su programa propagandístico antiisraelí intitulado 'Gran Marcha de Retorno'.

La campaña buscó subrayar el 'derecho de retorno' de los palestinos, destruyendo la reja perimetral, ostensiblemente para permitir que los palestinos 'regresen' a hogares que habían abandonado en la guerra de 1948 que llevó a la creación del Estado de Israel moderno. Los incidentes hubiesen tenido lugar sin importar la locación de la embajada estadounidense, porque los palestinos simplemente buscaban desacreditar a Israel en el 70avo. aniversario de su creación.

Hamás, quien supo tomar el poder en Gaza tras un sangriento golpe de Estado en 2007, ha tenido  al menos dos millones de ciudadanos de Gaza como rehenes, en su poco promisoria explicitación de destruir a Israel. Los militantes de Hamás se ocultaron entre civiles palestinos para disparar cohetes contra objetivos civiles en Israel, provocando tres guerras contra Tel Aviv en 2008, en 2012, y en 2014.

Luego de que Israel lograra reducir la amenaza de los cohetes -ejecutando ataques de precisión y desplegando sistemas de defensa misilística-, Hamás dio inicio a la construcción de túneles bajo la frontera, que son empleados en ataques furtivos contra soldados y civiles israelíes. Como parte de su modelo propagandista 'Gran Marcha de Retorno' -que comenzara oficialmente en marzo-, Hamás movilizó a civiles palestinos para que oficien como escudos humanos para ocultar un esfuerzo sistemático en pos de desmantelar la reja perimetral, y escenificar una masiva infiltración del territorio israelí que podría amenazar a miles de civiles que residen a lo largo de la línea fronteriza.

Literalmente, Hamás utilizó humo y espejos para disfrazar su ataque contra la frontera, en una operatoria que involucró armas de fuego, explosivos, cócteles Molotov, barriletes-bomba, y globos incendiarios. Mientras los apologistas de la estrategia de violencia empleada por Hamás han desparramado culpa y responsabilidad exclusivamente contra Israel, dado el 'uso excesivo de la fuerza' contra 'manifestantes', claramente Hamás ha logrado exponer sus cruentas intenciones.

'Esto no es una resistencia pacífica. ¿Ha disminuído la opción de la lucha armada? No. Al contrario; está creciendo y se exhibe en desarrollo. Eso está claro', sentenció ante la cadena televisiva al-Jazeera Mahmoud al-Zahhar (funcionario senior de Hamás), el pasado 13 de mayo. 'Así es que, cuando hablamos de "resistencia pacífica", estamos engañando al público. Esto es una resistencia pacífica respaldada por una fuerza militar y por agencias de seguridad, y que disfruta de un tremendo respaldo popular'.

El 16 de mayo, otro alto funcionario de Hamás, Salah al-Bardawil, reconoció que 50 de los 62 palestinos asesinados el 14 de mayo -fecha de apertura de la embajada estadounidense- eran miembros del grupo terrorista.

Claramente, la responsabilidad por la violencia política a lo largo de la referida frontera debe enfocarse exclusivamente en Hamás. Ningún gobierno en el globo toleraría que una fuerza hostil cruzase una frontera para cometer homicidios en masa. Un acuerdo de paz entre Palestina e Israel será imposible, mientras Hamás continúe reteniendo Gaza. Hasta tanto Hamás sea derrotado o bien desacreditado por completo, continuará sacrificando las vidas y el bienestar de los palestinos, a los que ha tomado por rehenes. Lo cierto es que, para Hamás, los civiles palestinos son peones dignos de manipulación, a la hora de montar el escenario de su marcha militante islamista por la muerte.

Ya es suficientemente negativo que Hamás emplee el cinismo de estas cruentas tácticas a efectos de avanzar en su meta de destruir al Estado de Israel; pero sería incluso peor si los medios de comunicación occidentales fracasaran en su intento de analizar la realidad más allá de la cortina de humo y espejos desplegada por Hamás. Eso le permitiría al núcleo terrorista prolongar su brutal dominio sobre Gaza, y alentar a esta organización para que continúe ocultándose detrás de civiles palestinos para, tiempo después, asesinar a civiles israelíes.

UN SEÍSMO SACUDE A EUROPA



                       
Audrey d Aguanno

El Manifiesto, 20 de mayo de 2018        

Un seísmo sacude hoy a Europa... occidental, hay que precisar, pues la Europa central y la oriental (eso que en los soviéticos tiempos se llamaba “los países del Este”) ya lleva sacudida desde hace años. El turno le llega por fin a la parte occidental de Europa. Y las cosas empiezan, como es normal, por donde todo empezó hace siglos. Se creó Europa a partir de Roma, renació en el Renacimiento y recibió en la modernidad las alas de una esperanza que hoy parece querer volver a brotar. Quizá a la larga se acabe frustrando (nunca se sabe en la historia), pero en estos momentos es obligado saludar esperanzadamente el gran acuerdo de gobierno que acaban de suscribir en la capital italiana los dos grandes partidos identitarios, vencedores en las últimas elecciones: la Lega y 5 Stelle.

El acuerdo prevé medidas auténticamente revolucionarias: la repatriación de medio millón de inmigrantes ilegales, reducción fiscal a dos tipos máximos del 15 y del 20 por ciento, limitación del poder de los burócratas de Bruselas, renta de ciudadanía, amistad diplomática con Rusia…

Nos lo explica en detalle Audrey d’Aguanno, corresponsal de El Manifiesto en Italia.

J. R. P.


Parece mentira, pero es verdad. Después de dos meses de duras negociaciones, después de lanzarse puyas al límite del insulto, después de negarse una y otra vez a cualquier alianza, los representantes de los dos partidos populistas vencedores de las últimas elecciones, Matteo Salvani (Lega) y Luigi Di Maio (Movimiento 5 Stelle) se han puesto de acuerdo sobre un programa común. Titulado “Contrato de gobierno”, se trata de un compromiso en treinta puntos que ambas formaciones se comprometen a respetar. Está sometido a la aprobación de sus militantes (cosa que, en el momento de cerrar esta edición, ya se había realizado, con el 90% de votos favorables, por parte de los militantes de 5 Stelle, los cuales votaron por Internet – N.d.R.).

Quienes no lo han aprobado para nada, quienes se han puesto nerviosísimos, son los mercados financieros, los tecnócratas y los medios de comunicación del Sistema. Cosa lógica, pues aunque no es estrictamente revolucionario —no plantea la salida ni del euro ni de la UE, como tampoco la renegociación de la deuda—, este programa representa una impugnación casi total de la política italiana emprendida estos últimos años por los gobiernos tecnócratas o de izquierdas.

Representa, en primer lugar, un rechazo de la austeridad: el nuevo gobierno pretende reducir la deuda pública “aumentando el PIB mediante la reactivación de la demanda interna”.

Se establece asimismo una reforma institucional destinada a “reducir drásticamente el número de parlamentarios”, que pasan de 948 a 600, al tiempo que se endurecen severamente las normas destinadas a combatir la corrupción: se prohíbe ocupar cualquier cargo público a quienes estén procesados o condenados por corrupción, soborno o actividades mafiosas, así como a los miembros de las logias masónicas y a quienes tengan un conflicto de intereses con las funciones de dicho cargo.

Mediante una revolucionaria reforma fiscal se establecen dos únicas tasas impositivas, tanto para las personas físicas como para las empresas, quedando reducidas a un 15 y 20%.

Tal como deseaba el Movimiento 5 Stelle, se instaura una renta de ciudadanía de 780 euros mensuales, la cual se parece más bien, sin embargo, a un subsidio de desempleo, ya que “el beneficiario deberá aceptar las ofertas laborales efectuadas por la administración pública”.

Al tiempo que se adoptan diversas medidas para favorecer la natalidad, también se suben las pensiones, cuyo mínimo se fija en 780 euros mensuales, y se disminuye la edad de la jubilación: se alcanzará cuando llegue a cien la suma de la edad y de los años cotizados.

Lo más llamativo son, sin duda, las innovaciones en materia de inmigración. “Repatriaciones y fin del negocio de la inmigración”, tales son las palabras clave del programa. Se deberá renegociar el Tratado de Dublín sobre la redistribución de los inmigrantes en la Unión, al tiempo que se estipulan toda una serie de medidas encaminadas a reducir sus flujos y la criminalidad generada en torno a la inmigración, especialmente la de los institutos privados que se enriquecen con ello, fijándose también toda una nueva normativa acerca de la reagrupación familiar y los subsidios sociales. “Una parte de los recursos actualmente destinados a la acogida se destinará a los fondos para las repatriaciones”. Según se estipula en el acuerdo, ello afectará a 500.000 inmigrantes irregulares.

En política exterior se confirma la pertenencia a la OTAN, pero se preconiza un acercamiento a Rusia, “socio económico y comercial, así como interlocutor estratégico”, al igual que el fin de las sanciones en su contra.

Este “Contrato de gobierno”, así como el nombre del primer ministro se presentarán este lunes al presidente de la República, Sergio Mattarella, el cual lo ratificará. O no…

Una cosa es segura: para disponer de los medios necesarios a la aplicación de semejante política, es indispensable dejar de lado el pacto de estabilidad impuesto por Bruselas, lo cual hace suponer que se produzcan en el futuro grandes conflictos con la UE.

El programa, calificado de sedicioso e irrealizable por los medios de comunicación, parece ser considerado totalmente legítimo por parte de los ciudadanos.

MAYO DEL 68: SUS DOS CARAS



                       
Javier Ruiz Portella
El Manifiesto, 16 de mayo de 2018        

No sólo se decretó “el estado de felicidad permanente” —ese horror aún no del todo realizado (salvo en Un mundo feliz, la novela de Huxley). También se “prohibió prohibir”, también se promulgó que “lo sagrado es el enemigo”… al tiempo que se endiosaba al individuo que se toma por el centro del mundo: ese fatuo personaje que ni entonces ni hoy se ha enterado de que el centro no es él, de que el centro es el Mercado y el Capital.

Peor: al creer que ocupa el pilar central del mundo, al aniquilar toda instancia externa o sagrada (tradición, historia, comunidad…), ese individuo no hace, el pobre, sino someterse a la más subyugadora de todas las instancias: el Dinero, la Mercancía… Estas mismas mercancías contra cuyo Orden, sin embargo, arremetían ardorosamente aquellos rebeldes de las calles de París: “Consumid más, viviréis menos”, “La mercancía es el opio del pueblo”, “Acabaréis todos reventando de comodidad. Estáis tan vacíos”, clamaban, al tiempo que, por primera vez en la historia, se introducían en el ámbito público enormes dosis de humor y mordacidad.


¿En qué quedamos, pues?

Quedamos en que pasó lo de siempre. Pasó lo que tantas veces ha pasado a lo largo de este siglo de pesadilla y de esperanzas… tronchadas de raíz por la estupidez, el engreimiento…, la maldad también de los hombres. Pasó que se desencadenó todo un vendaval de convulsas esperanzas ante el eventual derrumbe de un orden que sí —¡no lo dudéis!—, merecía (y merece) ser derrumbado. Pero pasó también que, por los presupuestos mismos que sostenían tales esperanzas, por toda la carroña con que andaban revueltas, cabía temer el más pavoroso de los resultados en caso de que llegara a triunfar todo aquel mejunje en el que legítimas esperanzas se veían envueltas, aplastadas, por los más ilegítimos de los anhelos.

Triunfó el mejunje, vaya si triunfó. Los díscolos estudiantes, es cierto, fueron derrotados, pero el espíritu de Mayo del 68 es lo que ha acabado imponiéndose por doquier: pregúntenselo, si no, a todos los pijos progres (acrónimo: pijopres) que, ya de derechas o de izquierdas, ya “liberales” o “sociatas”, ostentan hoy el poder (cultural, político, económico, mediático…). Lo que quedó derrotado fueron las esperanzas: aquel espíritu indómito, aventurero, de quienes querían “explorar sistemáticamente el azar” o “llevar la imaginación al poder”; aquel desparpajo iconoclasta de quienes denunciaban que “las elecciones son una trampa para bobos”, al tiempo que se alzaban contra “un mundo en el que la certeza de no morirse de hambre se cambia por el riesgo de morirse de aburrimiento”.

Lo que ha triunfado es todo lo demás: los presupuestos nihilistas y egoístas (“¡Viva lo efímero”, “Ni amo ni Dios. Dios soy yo”); todo aquel hedonismo barato (“Gozad aquí y ahora”, “Mis deseos son la realidad”) que junto con el igualitarismo antijerárquico (“Exámenes = servidumbre, promoción social, sociedad jerarquizada”) se plasma en la mitad aproximadamente de las pintadas que cubrieron los muros de París.

Sí, aquellos rebeldes… domesticados por el resentimiento igualitario y el individualismo egoísta han llegado hoy al poder. Quien lo ocupa no es, desde luego, la imaginación que pretendían que lo alcanzara. Quien okupa el poder (como dirían, años después, sus émulos españoles), quien domina la sociedad es el más mortal de los aburrimientos: el tedio gris que exhalan unos principios “liberal–libertarios” que, como señala Rodrigo Agulló, uno de los colaboradores de El Manifiesto, no han hecho sino facilitar el triunfo del “capitalismo absoluto”, ese régimen que “sólo puede erigirse sobre un proceso de des–simbolizacióntotal de la sociedad”: la desimbolización, la destrucción de valores que impone el pensamiento liberal–libertario “al desacreditar todo aquello que, por derivar de una dimensión trascendente —valores morales, culturales, religiosos— no tiene una conversión directa en forma de mercancías o servicios”.[1]

¿Por qué, como casi siempre en la historia, al menos en la de estos dos últimos siglos, han perdido una vez más los buenos y ganado los malos (los buenos y malos principios, quiero decir)? Sin duda porque es mucha la fuerza que se requiere para arremeter contra el mundo dominado por el Dinero, la Mercancía y el Nihilismo, sin aferrarse al mismo tiempo a ningún ídolo: ni a los de ayer ni a los de hoy; ni a los ídolos de los que se querían liberar —y hacían bien— las muchachas y muchachos del 68, ni a los demás fetiches: aquellos a los que ya se sometían entonces y que han acabado esclavizándolos del todo. (Un ejemplo entre mil: la libertad sexual recién conquistada —“Amaos los unos sobre los otros”, clamaban los muros de París— queda degradada, desfigurada de entrada, por todo lo que implica, por ejemplo, una memez como la lucha “contra la fijación afectiva que paraliza nuestras potencialidades”, decía un “Comité de mujeres en vías de liberación” [sic].)

Hay dos “Mayos del 68” —tres, en realidad, como luego veremos. Acabamos de examinar los dos primeros. Basta recorrer sus lemas y consignas, basta dar la palabra a los muros, para constatarlo con toda claridad —como podrán constatarlo nuestros lectores con sólo leer las dos columnas en las que ofrecemos, enfrentadas, las dos caras de lo que aquellos días se jugaba. Y en medio, por así decirlo, rechazando categóricamente una de las dos caras y suscribiendo el espíritu rompedor de la otra, ¿cómo no situar este otro espíritu: el del periódico que ahora mismo está usted leyendo?; ese periódico que, inspirado en el Manifiesto contra la muerte del espíritu y la tierra, se alza también contra el orden materialista que, hace ahora cuarenta años, se combatía (pero desde premisas radicalmente distintas y desde motivaciones y objetivos totalmente opuestos) en las calles de París.

No somos los únicos en hacerlo así. Hace también cuarenta años se producía en el mismo París un acontecimiento —“el tercer Mayo del 68”, decía— del que pocos tienen noticia, pero que se impone saludar como un hito de capital importancia. Otros jóvenes franceses celebraban en aquel histórico mes el acto fundacional de lo que acabaría siendo una corriente de pensamiento que, impugnando el orden dominante del mundo, no caería sin embargo en la adoración de ninguno de los fetiches que subyugaron a quienes se manifestaban aquellos mismos días por calles y universidades. El 4 y 5 de mayo de 1968 un grupo de jóvenes intelectuales, entre los que destacaban Alain de Benoist y Dominique Venner, celebraban en París la primera reunión del GRECE (Grupo de investigación y estudios para la civilización europea). De ella saldría toda la corriente de pensamiento que recibiría la no por infausta menos arraigada denominación de “Nueva Derecha”. Desde aquí lo recordamos y saludamos con emoción.


[1] Rodrigo Agulló, "El progresismo, enfermedad terminal del izquierdismo", El Manifiesto, n.º 10.

viernes, 18 de mayo de 2018

LA UNIVERSIDAD ESTATAL QUE TENEMOS Y LA QUE NECESITAMOS



La Voz del Interior, 18 de mayo de 2018 

Por Prudencio Bustos Argañarás*

La celebración del Centenario de la Reforma Universitaria de 1918 no debe limitarse, a mi entender, a rendir homenaje a ese episodio de nuestra historia en que la juventud liberal impulsó importantes cambios en la ya por entonces casi tricentenaria Universidad de Córdoba. Entiendo que la efeméride amerita un debate profundo acerca de la universidad estatal que tenemos y la que queremos y necesitamos, para que, inspirados en aquella gesta, comencemos a diseñar la reforma que esta hoy necesita.

El populismo que inficiona nuestras instituciones y que reivindica el monopolio de lo políticamente correcto evita ese debate, y las pocas voces que se escuchan acerca del tema apuntan en general a reflotar viejos mitos que todavía se esgrimen como verdades absolutas e irrefutables, y que, en muchos casos, son, según mi criterio, la causa de esa degradación de nuestra enseñanza superior. Propongo en estas líneas un análisis desapasionado de algunos de ellos.

La gratuidad


“En las universidades de gestión pública, la enseñanza debe ser gratuita”, se nos dice, sin advertir que la gratuidad es una mentira, pues si no paga el que recibe el beneficio, lo hace por él el resto de la sociedad.
Constituye, además, un mecanismo perverso de reasignación de recursos, pues aunque a los impuestos los pagamos todos, la mayor parte de los que concurren a la universidad no son precisamente los pertenecientes a los estratos socioeconómicos menos favorecidos, con lo que el pobre termina pagándole los estudios al hijo del rico.

Mucho más justo sería que el que puede pagar lo haga y el que no, si acredita dedicación y voluntad de estudio, reciba una beca que le permita hacerlo.

Si los mismos recursos que hoy se destinan a subsidiar la oferta pasaran a subsidiar la demanda, habríamos dado un paso importante en orden a su eficiente asignación y a la promoción de los sectores más postergados de la sociedad. Además de incrementar el presupuesto universitario con los aportes de quienes pueden pagar.

El ingreso irrestricto

El ingreso irrestricto es otro gran engaño al pueblo, al que se le obliga a pagar los estudios de todos cuantos quieran ingresar, sin permitirle que les exija previamente una demostración de su verdadera vocación y su concentración al estudio, que lo hagan acreedor a tamaño subsidio.

El daño social resulta mayor aún por cuanto esos recursos que se le sustraen a la comunidad sirven para atiborrarla de profesionales mal preparados, porque la excelencia académica es enemiga de la masividad.

En ningún país serio del mundo se ingresa a las carreras de gran demanda en las universidades públicas sin examen previo, y resulta paradójico que sean los grupos autocalificados de izquierda los que reivindiquen el ingreso irrestricto, privilegiando el interés individual por encima del social.

Habrá que idear mecanismos de selección eficientes para evitar las arbitrariedades, pero sin olvidar que la universidad no está para compensar las falencias de los niveles primario y secundario. Igualar para abajo es la mejor manera de deteriorar una sociedad.

El cogobierno

Otro de los mitos es el del cogobierno, un invento argentino que en ningún otro lado existe y que atenta contra la naturaleza misma de las cosas. El estudiante, al asumirse como tal, admite su ignorancia y reconoce la capacidad de sus profesores para enseñarle. Resulta entonces una rara paradoja que intervenga con su voto en la elección de quienes van a conducir la institución.

Desde luego que deben implementarse mecanismos ágiles para que los estudiantes –razón de ser de la universidad– hagan oír su voz y den a conocer sus inquietudes y sus propuestas. Pero de allí a hacerlos gobernar, hay un abismo.

La universidad debe educar a los jóvenes para vivir en democracia, pero no corresponde aplicar esta en la elección de sus autoridades y en su gobierno. La democracia sólo tiene cabida cuando los integrantes de una comunidad son iguales entre sí.

Es posible en la sociedad civil republicana, en la que todos los ciudadanos somos –al menos en teoría– iguales ante la ley.

Pero resulta inviable en instituciones en las que existen jerarquías, como la familia, las fuerzas armadas, las iglesias o los institutos de enseñanza.

¿Puede alguien concebir a un padre haciendo votar a sus hijos menores para decidir en qué gastará su sueldo? ¿O a los soldados eligiendo la conducta que van a seguir en la batalla?

Haber convertido a la universidad en el campo de Agramante en el que los partidos políticos dirimen sus contiendas electorales ha sido la mejor manera de degradarla.

Hoy asistimos azorados a elecciones estudiantiles que disputan las distintas agrupaciones políticas, como si se tratara de bancas legislativas.

La autonomía

La autonomía es la capacidad de una institución de fijar sus propias normas. Si la universidad pertenece al pueblo, que la financia con sus impuestos, le asiste a ese pueblo el derecho inalienable de imponerle, por medio de sus representantes, sus fines y algunas de sus pautas de manejo. Por caso, la determinación del número de profesionales que cada universidad –tanto las públicas como las privadas– puede admitir debe ser establecida por el Congreso, como parte de una política integral que contemple las necesidades de la sociedad y la capacidad de cada casa de estudios.

Esto es particularmente importante en las profesiones de alto impacto social; tales los casos de medicina, ingeniería y arquitectura. Algo muy diferente, con lo que suele confundirse la autonomía, es la libertad doctrinal o de cátedra, que debe sí defenderse a todo trance de los partidismos y los fanatismos.

Los problemas que aquejan a la universidad actual son muy diferentes de los que existían en 1918 y exigen que nos ocupemos de inmediato de buscarles soluciones eficientes.

Las consecuencias de los errores en este campo no se miden en años sino en generaciones, y a los argentinos no nos está sobrando el tiempo para perseverar en el ejercicio de experiencias fracasadas.

* Médico e historiador