sábado, 3 de mayo de 2014

REPUDIA EL DIPUTADO ASSEFF DECLARACIONES DE DOS FISCALES

Diputado Asseff, proyecto de declaración repudiando la extremosas y cargadas de ideología declaraciones de los fiscales Alagia y De Luca


La Cámara de Diputados de la Nación
DECLARA

Su rechazo categórico y sin cortapisas a las declaraciones formuladas el día 29 de abril de 2014 en la Feria del Libro por parte del fiscal general Dr. Alejandro Alagia y el fiscal de Casación Dr. Javier De Luca, quienes, cada uno a su turno, evidenciaron un descreimiento en el derecho penal por parte de quienes deben aplicarlo; llamando “conflictos sociales” a los delitos; consideraron al Código Penal vigente como “racista”, “sexista”, “misógino” y “clasista” y “oligárquico”; que la seguridad en democracia es también seguridad frente a las autoridades, frente al accionar policial; que el primer problema es quién controla al controlador” y que “cuando se habla de seguridad”, es “para pocos y para pocas cosas”; que “aquí ( en el debate sobre esta gravísima cuestión de la inseguridad) aparece la falacia del combate contra la inseguridad”, pues es “pretender que el derecho penal sirva como un conformador social, como un sistema de legitimación de un estado de cosas, pero el problema es que ese estado de cosas no es justo, no es igualitario”.”El modelo de sociedad que proponen generalmente los voceros de la lucha contra la inseguridad es un modelo social excluyente de un montón de sectores sociales, que deja afuera del juego a millones de personas”.
Las aseveraciones transcriptas patentizan un criterio sobrecargado de ideología extremista pues so pretexto de proteger a los desamparados, desguarnece a la sociedad entera, incluidos los excluidos, aunque esto aparezca como una contradicción. Lo prueban los hechos: la mayoría de las víctimas de la delincuencia son pobres, quien carecen de resortes protectores y hasta de los patrullajes policiales elementales por el conocido motivo de que en las vecindades precarias la policía no ingresa.

FUNDAMENTOS

Señor Presidente:
Comencemos por reproducir las declaraciones que desdeñamos y rechazamos de plano para poder rebatirlas adecuadamente.
El fiscal general Alagiadestacó que lo positivo es que este proyecto de reforma del Código Penal es “una declaración de desconfianza”; (hacia las penas).
La charla, organizada por Ediciones Infojus en el marco de la Feria del Libro, fue una curiosa exposición de descreimiento en el derecho penal por parte de quienes deben aplicarlo, con el rol precisamente de acusar y perseguir al delincuente.
“Cuando se habla de seguridad, se habla de seguridad para pocos y para pocas cosas”, denunció De Luca. Y aclaró que esa concepción -que él considera reduccionista- de la seguridad, se refiere “esencialmente a los conflictos sociales (sic) que tienen que ver con daños a la integridad corporal” y “a la propiedad”.

Nótese que, además de minimizar el valor de la vida humana y de la propiedad, llama “conflicto social” al delito, lo que en cierta forma lo legitima. Un homicidio para esta descabellada concepción es sólo un “conflicto social”.
Luego de presentarse como “garantistas” y miembros de “Justicia Legítima, un espacio de democratización de uno de los poderes del gobierno” (sic, por Estado), el fiscal Aliaga explicó por qué le parece necesario un nuevo código.
“Creemos que es la oportunidad de disputar una determinada economía del castigo, una cultura punitiva, porque el código vigente es un código conservador, producto de una cultura oligárquica. Rodolfo Moreno fue fundador del Partido Conservador de la provincia de Buenos Aires, aunque el código se sancionó en 1921, durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen. “Moreno, y otros que tuvieron influencia en la sanción de ese instrumento legal, pertenecían a una cultura totalmente diferente a la de los últimos 30 años”.
Sin temor al anacronismo, siguió diciendo: “Ninguno de ellos era profundamente democrático: creían que la sociedad debía estar jerarquizada entre los que mandan y los que obedecen, entre los que saben y los que no saben. Favorecían una cultura de elite, profundamente antidemocrática (…), la cultura del positivismo y de la oligarquía (que) identificaba al delito con la pobreza, los problemas sociales con la degeneración racista. No solamente era un código fuertemente influenciado por el racismo sino con un neto contenido misógino: era sexista, racista, clasista”.

Como ya no es representativo de nuestra época, se “hace necesario que un nuevo código penal para el país esté vinculado a un programa constitucional y de derechos humanos”, señaló Alagia.
Una precisión: si fuese como extremosamente sostiene Alagia, el democrático – (¿alguien puede ponerlo en duda…?) presidente Yrigoyen debió vetar esa ley de 1921. Si no lo hizo es porque expresaba lo que es una ley genuina, la voluntad general de su tiempo.
El fiscal De Luca: inició su exposición debatiendo el concepto de seguridad. “La seguridad en democracia es también seguridad frente a las autoridades, frente al accionar policial; el primer problema es quién controla al controlador”.
También afirmó que “cuando se habla de seguridad”, es “para pocos y para pocas cosas”. “Esencialmente –aclaró- los conflictos sociales que tienen que ver con daños a la integridad corporal y a la integridad física; con lo físico y con la propiedad. Es a esa inseguridad a la que se pretende oponer un combate, es decir, luchar contra la inseguridad es equivalente a dotar de seguridad y este binomio es falso”.

Para De Luca, la seguridad “se provee con seguridad jurídica, seguridad económica, seguridad laboral, pleno empleo, oportunidades de tipo económico, sociales, culturales, etcétera; no necesariamente combatiendo la inseguridad”. Algo así como decirle al enfermo grave que su patología se combate haciendo vida sana, omitiendo que aquí y ahora lo primero es controlar y erradicar esa enfermedad que padece y que amenaza su vida. Recuperado, ¡claro que deberá guardar una vida sana!
Criticó que para combatir la inseguridad siempre se apele “al castigo, al mal, al derecho penal, al poder punitivo”; haciendo una curiosa asociación entre las penas que derivan de las leyes y el “mal”. Y omitiendo que el delito es el mal real.
“Es decir, cuando hablamos de seguridad o de criminalidad hablamos de criminalidad para pocos, para gente que realiza conductas que no son las conductas que ordinariamente, todos los días, realizan los jueces o los fiscales, no es la criminalidad para uno, para gente como uno”, se explayó.

“Aquí aparece la falacia del combate contra la inseguridad”, siguió diciendo el fiscal: pretender que el derecho penal “sirva como un conformador social, como un sistema de legitimación de un estado de cosas, pero el problema es que ese estado de cosas no es justo, no es igualitario”.
Esa frase expone el núcleo de la concepción abolicionista: no se puede castigar el delito porque lo que lo provoca y por lo tanto lo justifica es una injusticia social de base.

A continuación, De Luca se dedicó a criticar a quienes objetan esta reforma: “El modelo de sociedad que proponen generalmente los voceros de la lucha contra la inseguridad es un modelo social excluyente de un montón de sectores sociales, que deja afuera del juego a millones de personas”.
“Nuestra concepción no es abolicionista porque no conocemos una solución distinta en el momento que nos ha tocado vivir”, lamentó.
“Voy a tener con este Código Penal -agregó- la seguridad de que no me van a pegar un palo en la cabeza por haber hecho algo que no está en ese código”. Eso es lo principal para él. Lo demás -la seguridad de las personas frente al delito- es secundario, como lo deja entrever en esta frase: “Después, lo que pasa en la realidad es un asunto mucho más complejo que no tiene solución por vía de un código penal”.

“Entonces, que salga una persona a decir ‘el que las hace las paga o las debe pagar’ es bastante fuerte para nosotros desde el punto de vista de la mediocridad argumental. Porque hace 30 años estamos viendo que el que las hace nunca las paga”, concluyó, exponiendo crudamente su ausencia de fe en el derecho penal.
“El desafío y la audacia de este proyecto –concluyó por su parte Alejandro Alagia- es discutir un código penal sin hacerle propaganda al castigo, planteando que el castigo es una solución irracional, una trampa”.
El Código Penal, dicen, debe servir antes que nada, no para castigar a quien infringe la ley, sino para proteger al ciudadano del poder punitivo del Estado. “El anteproyecto da seguridad ante la posibilidad infinita de que alguien me castigue por cualquier cosa”, dijo por ejemplo De Luca.

Los fiscales introducen planteos ideológicos que llevan a desconocer “la noción de autoridad”(como enseña el filósofo hegeliano Alexandre Kojéve en su obra homónima). El punto de partida de este estudio es una caracterización de la autoridad muy cercana a la que varias décadas después proporcionaría Michel Foucault sobre el poder: “la Autoridad es, en lo esencial, activa y no pasiva [...] la Autoridad es, pues, necesariamente una relación [...] sólo se tiene autoridad sobre lo que puede reaccionar”.
Hay autoridad cuando quien obedece tiene la posibilidad de no hacerlo y renuncia a esa posibilidad. Interesado en “establecer una lista de todos los fenómenos autoritarios”, el pensador ruso despliega un análisis fenomenológico, del que resultan cuatro tipos “puros” de autoridad, que asocia con las teorías que considera más apropiadas para estudiarlos: 1) la del Jefe, que se sostiene en la posesión de un saber que le permite adelantarse al resto, prever, proyectar. Quien mejor ilustra este tipo de autoridad es, según Alexandre Kojève, Aristóteles; 2) la del Amo que, siendo capaz de asumir, en pos del reconocimiento, el riesgo de la acción (incluso, y en especial, cuando su vida está en juego), se impone sobre quien es esclavo de su instinto de conservación. Hegel es, sin duda, quien mejor expone esto; 3) la del Padre, ligada a la tradición, desarrollada de modo acabado por la filosofía escolástica; 4) la del Juez, sustentada en la honestidad e imparcialidad, cuya explicación nos ha legado Platón.

Por otra parte, el abstruso igualitarismo que proclaman y el abolicionismo penal que niegan, pero en realidad reverencian, es parte de una batalla ideológica de pensadores postmarxistas que en nombre del relativismo moral llegan a proponer ideas descabelladas que en boca de integrantes del Ministerio Público de la Nación, sirven sólo para trastrocar el concepto y los fines de los Derechos Humanos, a los cuales ven sólo aplicables para los ciudadanos en conflicto con la ley penal (o sea, los delincuentes) en franco detrimento del resto de los argentinos de bien que obran con sujeción a las normas legales (o sea, los honestos) y por hacerlo, tienen temor de su integridad y se enrejan para que los criminales hagan su faena.
La tolerancia con el delito, como evidencian estos abogados de la compasión, es un mal en sí mismo que retroalimenta las conductas punibles y las justifica en  nombre de la injusticia social y de la inevitabilidad a la que los empuja un Estado dominado por el supuesto orden social burgués. La ideología progresista igualitarista destruye un país sea cual sea su historia y su conformación racial.
Estas concepciones no son garantistas porque apego a las garantías de la Constitución tenemos todos. Son literalmente abolicionistas del sistema penal en el que definitivamente descreen.
Cabe precisar que todos somos conscientes que no es sólo el Código Penal la herramienta contra la inseguridad. Esta lucha decisiva y crucial exige una batería de soluciones de diversa naturaleza. Dentro de ellas está el Código Penal, sobre todo cuando la prevención ha fracasado.

Como señala, la pedagoga sueca Inger Enqvist en su obra “Repensar la educación” el “buenismo” hace que aumenten las conductas negativas, el mal comportamiento y  el número de personas con problemas graves. La armonía social que dicen defender los fiscales, en nuestro país actualmente se comprueba de manera empírica  la aplicación de la pena de muerte en ciudadanos honestos por parte de los delincuentes, el incremento de las actividades delictivas vinculadas al narcotráfico y comercialización de drogas; como también dentro de la anomia a la que nos han conducido deliberadamente llegamos a observar con perplejidad y desazón que hechos ajenos a nuestra cultura y a nuestro país se reiteran: linchamientos y acciones de sicarios.
No podemos permanecer callados frente a declaraciones altisonantes y envenenadas, porque si lo hacemos en poco tiempo podemos ser las víctimas de los autoritarios y violentos de cualquier origen y como decía el escritor Bertolt Brecht en su poema famoso: “Ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde”.

Los fiscales están para proteger al pueblo frente a los delincuentes. Las declaraciones ideológicas de los fiscales Alejandro Alagia y Javier De Luca ameritan que sean trasladados inmediatamente a la Defensoría Oficial. Ellos quieren defender delincuentes y no  perseguir su castigo legal. Conforme con su vocación, están ocupando puestos equivocados. Ellos deben ser defensores, no fiscales.
Por todo lo expuesto, es que solicito el acompañamiento de mis pares para la aprobación de este proyecto de declaración.

Dr. Alberto Asseff
Diputado de la Nación

2-5-14

DENUNCIAN ERROR EN UN MAPA DE YPF, RESPECTO A MALVINAS


Diputado Asseff, proyecto de declaración solicitando a YPF que corrija el mapa que consigna Falklands y recomendado extremo cuidado en el futuro


La H. Cámara de Diputados de la Nación
DECLARA
Que solicita a la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales SA  (YFP) que proceda a corregir con carácter de urgente el mapa inserto en la Guía que ha editado, en la cual se designa a nuestras Islas Malvinas entre paréntesis, consignándose como denominación principal Falkland Islands.
Asimismo, es menester recomendar a la empresa de mayoría accionaria estatal que en lo sucesivo apliquen rigor científico y político en la publicación de mapas y se atengan a los oficiales que son elaborados y aprobados por el Instituto Geográfico Militar

FUNDAMENTOS

Señor Presidente:
En el mapa adjunto, perteneciente a la Guía YPF se designa a nuestras Islas Malvinas como Falkland Islands y se escribe el nombre oficial entre paréntesis.
Las Islas se llaman Malvinas y los británicos (potencia colonial ocupante) las denominaron Falklands. La menor distancia de las islas Malvinas al continente americano se encuentra entre la roca Mintay al sudoeste de la isla Beauchene y el cabo San Juan en la isla de los Estados, a 356,4 Km. La distancia aproximada a Londres, Inglaterra es de 13.000 Km./15.000 Km según sea el punto del país que se tome por referencia.
La palabra Malvinas es una derivación de îles Malouines, nombre dado por el navegante francés Louis Antoine de Bougainville en 1764 en recuerdo del puerto de Saint-Malo en Francia, de donde eran oriundos los tripulantes del barco que él capitaneaba cuando fueron descubiertas las islas. Esto, sin perjuicio de que uno de los navíos de la expedición de Magallanes, según datos históricos fehacientes, avistó las islas con anterioridad.

 El nombre Falkland fue extendido al archipiélago en la cartografía británica luego de que el inglés John Strong nombrara Falkland Channel al estrecho de San Carlos, ubicado entre las dos islas principales. Strong lo llamó así en honor a Anthony Cary, quinto vizconde Falkland, que como comisario del Almirantazgo Británico había financiado la expedición. Esta expedición fue posterior a la de Magallanes y a la de Louis Antoine de Bougainville.

La denominación «islas Malvinas» es la usual en los países de habla hispana y portuguesa (Ilhas Malvinas). Es también la denominación usada en la declaración conjunta de los presidentes del Mercosur, Bolivia y Chile en 1996, la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), la usada por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) en su declaración sobre la cuestión (2008), y la usada en la Cumbre Iberoamericana de 2007. Para la Organización de Estados Americanos (OEA) la denominación usada oficialmente en español es “Islas Malvinas” y en inglés “Malvinas Islands”. En las Naciones Unidas desde el 18 de marzo de 1966 la denominación usada en español es “Islas Malvinas (Falklands)” y en inglés “Falkland Islands (Malvinas)”.

Cabe aconsejar a YPF que se ciña estrictamente en el futuro a la denominación oficial argentina y de la OEA, y a los mapas oficiales que son originados en el Instituto Geográfico Militar, para evitar errores groseros que ponen gratuitamente en entredicho nuestro derecho soberano e inmarcesible sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sud y Sandwich del Sur. En rigor, más que en entredicho, en una suerte de indolencia ya que pareciera que no se toman los recaudos para corregir los mapas que se bajan de la red de internet.
Es por los fundamentos esgrimidos que solicito el acompañamiento de mis colegas con su voto afirmativo para la sanción de este proyecto.

Dr. Alberto Asseff
Diputado de la Nación

2-5-14

viernes, 2 de mayo de 2014

ALGO PARA ANALIZAR SIN PREJUICIOS

El servicio militar obligatorio, en decadencia a nivel global

La Voz del Interior, 2-5-14

Según la Central Intelligence Agency (CIA) de los Estados Unidos, entre 194 países considerados, sólo 58 mantienen un servicio militar obligatorio o conscripción. El restante 70 por ciento ha mantenido esa modalidad obligatoria pero haciéndola altamente selectiva de manera que muy pocos jóvenes de cada cohorte de edad la cumplen efectivamente (12 países); transformaron el servicio en voluntario (106 países) o directamente ya no cuentan con fuerzas armadas (18 países, aunque entre ellos la mayoría son pequeñas islas del Pacífico, junto a unos pocos países de dimensión importante, como Panamá, Costa Rica o Islandia)

La caída de las conscripciones masivas y obligatorias se aceleró con la conclusión de la guerra fría, las dictaduras militares en regiones como América latina y, más tarde, la pacificación en los Balcanes. Así, países como Macedonia, Bulgaria, Lituania, Polonia, Serbia, Eslovaquia y Eslovenia son algunos de los europeos que se movieron hacia esta dirección en los últimos años, entre muchos otros. En el Cono Sur, Argentina, Chile y Uruguay se movieron en esa dirección, aunque en Brasil sigue vigente, a los 18 años de edad y con una duración del servicio de nueve meses.

Por el contrario, las conscripciones obligatorias y más prolongadas tienden a coincidir con los regímenes políticos más cerrados o que se sienten bajo amenaza.


En Cuba, por ejemplo, se mantiene a la edad de 17 años y con una duración de 24 meses; en Venezuela, a los 18 y por 30 meses; en Taiwan, a los 18 y por 24 meses; en Israel y en Egipto, a los 18 y por 36 meses.

UNA MEDIDA RACIONAL

La licencia por maternidad es sólo para quien da a luz

La Voz del Interior, 2-5-14

La mujer, empleada pública, que dé a luz será la única que gozará de los 180 días de licencia por maternidad garantizados en la Ley N° 9905, que regula el régimen de licencias por maternidad y nacimiento de hijos para agentes del Estado provincial. La norma fue reglamentada el pasado 16 de abril, por decreto número 345, y publicada el 30 de abril en el Boletín Oficial (en Internet: bit.ly/1hXCPjT).

De esta manera se deja constancia, de manera explícita, que sólo la madre que gesta y pare al bebé es la beneficiaria, controversia que se planteó el año pasado cuando la expolicía Karina Villarroel solicitó la licencia por seis meses cuando su mujer quedó embarazada.

La Provincia se la negó, aunque la ley sancionada el 23 de febrero de 2011 no lo indicaba de manera expresa, con lo cual la normativa se prestaba a diversas interpretaciones.

En los fundamentos de la reglamentación se indica que las modificaciones nacen de “las nuevas realidades que se plantea a diario en el ámbito de la familia”, específicamente las referidas al matrimonio igualitario. Se subraya que el interés superior de la normativa es el niño o niña.


Además, se incrementan los días de licencia (280) para las madres de hijos con discapacidad, enfermedad grave o si se trata de un parto múltiple.

"CASTIGAR UN DELITO ES IRRACIONAL" (SIC)




Réplica opositora por el apoyo oficialista a la baja de penas

Clarín, 2-5-14

La polémica por la baja de penas que propone el oficialismo a través de la reforma del Código Penal tuvo un nuevo capítulo, luego de que dos fiscales de la agrupación K Justicia Legítima defendieran el anteproyecto, argumentando que “el castigo es una solución irracional” y calificaran al Código en vigencia como “sexista, clasista y oligárquico”.

Dos de los presidenciables de la oposición, Mauricio Macri y Sergio Massa, salieron al cruce de esa visión, que expusieron en la Feria del Libro, la noche del martes, Alejandro Alagia y Javier de Luca, fiscales de la Cámar Penal y de Casación, respectivamente. Ambos están identificados con la línea del juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, quien encabezó la comisión que redactó el polémico texto a pedido de Cristina.

Las palabras de Alagia y De Luca, reproducidas por el sitio Infobae, amplificaron la dicusión sobre un texto que apunta a eliminar la prisión perpetua y la reincidencia, además de la reducción de penas para delitos graves.

Tras plantear su desacuerdo, el jefe de Gobierno porteño se pronunció en contra de la “mano dura” y de las “ultrablandas”, y reclamó “ leyes claras que planteen los costos de violarla y jueces que las apliquen”. En tanto, Massa volvió a criticar que el Gobierno avance en debatir un texto que –según insistió– rebaja penas para 146 delitos.

“El mensaje de que vivimos en una sociedad sin premios ni castigos consagra la impunidad”, afirmó el líderl del Frente Renovador. Sin nombrarlo apuntó a Zaffaroni, al advertir que no se debe ser “juez y parte”. También lo aludió al reclamar que hablen “menos en los medios y más en sus sentencias”. Fue continuación del cruce iniciado un mes atrás, cuando Zaffaroni le recriminó al diputado del Frente Renovador su rechazo al anteproyecto –que el Gobierno aún no se anima a mandar al Congreso (ver pág 9)– y lo trató de “ignorante, vendepatria y mentiroso”.

Alagia, que escribió libros junto a Zaffaroni, afirmó durante la charla en la Feria del Libro organizada por el sitio Infojus que “el Código vigente es conservador, producto de una cultura oligárquica ”. Sostuvo, además, que quienes lo impulsaron “creían que la sociedad debía estar jerarquizada entre los que mandan y los que obedecen, entre los que saben y los que no saben”, una “cultura del positivismo y de la oligarquía (que) identificaba al delito con la pobreza, los problemas sociales con la degeneración racista ”. Para el fiscal, el nuevo Código “es tan severo como el anterior, en el sentido de fijar penas altas para los delitos que son estereotipados en los medios de comunicación como los únicos delitos imaginados que causan esa sensación de malestar en la población”.

De Luca se refirió también al concepto de seguridad. “La seguridad en democracia es también seguridad frente a las autoridades, frente al accionar policial; el primer problema es quién controla al controlador”. Sostuvo que “cuando se habla de seguridad, es para pocos y para pocas cosas”.

Y tras definir a los delitos como “esencialmente conflictos sociales” mimizó los daños que provocan para la “integridad corporal” y a “la propiedad”.

Para el fiscal, hay una “falacia del combate contra la inseguridad” cuando el problema “es un estado de cosas (que) no es justo, no es igualitario”. Criticó que para combatir la inseguridad se apele “al castigo, al mal, al derecho penal, al poder punitivo”. Y a quienes objetan la reforma, ya que “el modelo de sociedad que proponen generalmente los voceros de la lucha contra la inseguridad es un modelo social excluyente  de un montón de sectores sociales”.


Frente a la controversia, el Gobierno demora el envío del proyecto al Congreso. Y mientras revisa sus tiempos, mandó el texto al debate en las universidades.