POR IGNACIO BRACHT
(*)
La Prensa,
03.05.2026
Sin duda que 16
años en el gobierno, democráticamente elegido, valga destacar, es mucho tiempo,
donde el desgaste de ejercer el poder se hace sentir. Es el caso de Viktor Orbán,
premier de Hungría que acaba de ser derrotado por un antiguo miembro de su
partido, Peter Magyar.
Ahora bien, lo que
llama la atención es el coro de voces que se han levantado para celebrar su
derrota. Alex Soros, hijo del magnate plutócrata George Soros, patrocinador y
financista de Planed Parenthood, la multinacional del aborto, además de sponsor
de todas las fuerzas políticas que se enfrentaron a Orbán en estos últimos 16
años, se manifestó complacido por el triunfo de la "democracia"; Barak
Obama, Emmanuel Macron, y no podía faltar Pedro Sanchez, quien esta sumido en
un marasmo de corrupción y se ha cargado la democracia española al mejor estilo
chavista, violentando la división de poderes, cooptando casi todas las
instituciones de control del estado, en permanente alianza con los enemigos de
la Nación española; fue otro que manifestó su algarabía con la derrota de
Orbán. Curiosamente, o no tanto, ya que populares y socialistas votan unidos en
el parlamento europeo, Alberto Nuñez Feijoo, cabeza del "opositor"
Partido Popular, se sumó a la tribuna de los alegrados por el triunfo de
Magyar.
Y qué decir de la
presidente de la Unión Europea, Ursula von der Leyden, enemiga declarada de
Orbán, quien durante años bloqueó los fondos que le corresponden a Hungría como
miembro de la UE, y excluyó a las universidades húngaras del financiamiento
europeo del programa Erasmus, creado para tal fin.
HOSTILIDAD
Viktor Orbán viene siendo hostigado desde que
llegó a la presidencia por todos los representantes de las más rancias elites
del globalismo woke. Desde ser acusado de autócrata hasta socio de Vladimir
Putin, cuando Orbán en el conflicto Ucrania - Rusia sólo ha buscado defender la
integridad húngara, habiéndose reunido en varias ocasiones tanto con Zelenski como
con Putin, buscando un acuerdo de paz, algo que no le perdonaron las elites
belicistas de la Unión Europea.
En política
interna defendió el derecho a la vida frente a los promotores del crimen
"politicamente correcto" del aborto; impidió la inmigración ilegal
masiva africana y asiática, algo que hoy es una realidad dramática en casi toda
Europa occidental, fomentada por los que hoy quieren la "sustitución"
de la tradición cristiana, piedra basal de Occidente, lo que le valió
acusaciones de xenófobo y racista, por el globalismo disolvente.
Mientras Orbán fue
demonizado, se ha silenciado con perfidia que durante su gestión se creó una
Secretaría de Estado para dar acogida y asilo a todos los cristianos de Oriente
Medio, que son perseguidos por profesar su Fe. Ha
enfrentado todas las variantes de la “ideología de género”, tan deletérea y
nociva, en particular para los niños en edad escolar y adolescentes, buscando
de este modo preservar los valores cristianos, la identidad nacional de la
tradición magyar, algo que la Europa y sus burocracias globalistas del poder,
pretenden erradicar, borrando sus raíces fundacionales.
Acusado de
antidemocrático de manera permanente, reconoció su derrota al cierre de los
comicios y felicitó al ganador, que vaya paradoja, a los tres días del triunfo
anunció "democráticamente" su intención de cerrar todos los medios de
comunicación públicos por no aceptar sus opiniones ni la línea editorial. Vaya
declaración de principios de un paladín de la democracia frente al autócrata.
LAS ELITES
La derrota de
Orbán ha envalentonado a las elites globalistas, sean de derecha o izquierda,
si es que podemos diferenciarlas, para tomar impulso contra las fuerzas
soberanistas que se resisten y enfrentan el ukase globalista y su poder.
Así vemos la
andanada contra Vox en España, Meloni en Italia, Le Pen en Francia, donde pende
la proscripción, o la velada amenaza de prohibir a Alternativa Por Alemania,
aterrados por su imparable crecimiento. El año pasado en Rumania se cometió un
barbarismo constitucional al no dejar asumir la ganador de las elecciones, por
ser un soberanista anti Bruselas, hecho que no despeinó a ningún
"demócrata".
En resumen, el
poder mundialista se ha cobrado una victoria en Hungría y toma aire para
avanzar en otros países. De conseguirlo, Europa como cuna de la civilización
occidental y de la libertad, estará acabada para siempre. No nos equivocamos al
creer que la resistencia lo impedirá. A Peter Magyar habrá que verlo caminar.
Con errores y
aciertos, Orbán defendió la identidad húngara y sus decisiones soberanas frente
a los sostenidos embates de Bruselas, brazo ejecutor de las políticas
globalistas.
Por los que se han
sumado a festejar su derrota, ya con esa muestra lo vale, es que hoy rompemos
una lanza en su defensa.
(*) Miembro de
Número de la Academia Argentina de la Historia; Miembro de Número de la
Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y Vicepresidente del
Instituto Cultural Argentino Uruguayo.