jueves, 23 de junio de 2016

PEREGRINACIÓN





             Queremos invitarlo a la 7º Peregrinación a Luján de Nuestra Señora de la Cristiandad, que se realizará el 13-14-15 de agosto bajo el lema “Salve, Reina y madre de misericordia”. Los Peregrinos partimos de Rawson (Prov. Bs. As.), recorriendo a pie en 3 días un poco menos de 100 km.

Uno de los objetivos de la peregrinación es la santificación del alma a través de las gracias pedidas a Nuestro Señor, por intercesión de la Santísima Virgen María, ofreciéndole las penitencias, sacrificios y oraciones de los 3 días.

Vamos a Luján, a los pies de la Virgen, patrona de la Argentina, a pedirle que nos conceda la gracia de poder vivir el espíritu de la Cristiandad en nuestra Patria.

Durante los tres días de Peregrinación, se celebra la Santa Misa Tridentina o de San Pío V a la que queremos hacer conocer y amar bajo esta forma que Benedicto XVI nos entusiasmó a rezar. La Misa de cierre se celebrará el día lunes 15 -Asunción de Ntra. Sra. al cielo- a las 13:30 hs en la Basílica de Luján.

La inscripción se encuentra en nuestra página  


Aquí está disponible toda la información necesaria para la peregrinación, además de las explicaciones para hacer la Consagración a María siguiendo el método de San Luis María de Montfort. También encontrará material acerca de la Misa Tridentina, sobre el tema de la Peregrinación de este año y acerca del grupo Nuestra Señora de la Cristiandad.

Habrá peregrinos de numerosos puntos del país. Si conoce a alguien a quien pueda interesarle esta iniciativa -jóvenes, grupos de formación, grupos parroquiales, de misión y demás- puede ponerlos en contacto con nosotros, a través de ns.cristiandad@gmail.com, de la página web o del Facebook 


Esperamos poder contar con su presencia y oraciones en favor de todos los Peregrinos.

En Cristo Rey y María Reina.

Grupo Nuestra Señora de la Cristiandad

PD: Adjuntamos flyer y video para difundir.


martes, 21 de junio de 2016

SANTO TOMÁS MORO


Con motivo de recordarse mañana en el santoral, a este Santo, reproducimos el siguiente documento:


CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE MOTU PROPRIO
DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

DECLARANDO A SANTO TOMÁS MORO
PATRONO DE LOS GOBERNANTES Y LOS POLÍTICOS

1. De la vida y del martirio de Santo Tomás Moro brota un mensaje que a través de los siglos habla a los hombres de todos los tiempos de la inalienable dignidad de la conciencia, la cual, como recuerda el Concilio Vaticano II, “es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella.[1] Cuando el hombre y la mujer escuchan la llamada de la verdad, entonces la conciencia orienta con seguridad sus actos hacia el bien. Precisamente por el testimonio, ofrecido hasta el derramamiento de su sangre, de la primacía de la verdad sobre el poder, Santo Tomás Moro es venerado como ejemplo imperecedero de coherencia moral. Y también fuera de la Iglesia, especialmente entre los que están llamados a dirigir los destinos de los pueblos, su figura es reconocida como fuente de inspiración para una política que tenga como fin supremo el servicio a la persona humana.

Recientemente, algunos Jefes de Estado y de Gobierno, numeroso exponentes políticos, algunas Conferencias Episcopales y Obispos de forma individual, me han dirigido peticiones en favor de la proclamación de Santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre los firmantes de esta petición hay personalidades de diversa orientación política, cultural y religiosa, como expresión de vivo y difundido interés hacia el pensamiento y la conducta de este insigne hombre de gobierno.

2. Tomás Moro vivió una extraordinaria carrera política en su país. Nacido en Londres en 1478 en el seno de una respetable familia, entró desde joven al servicio del arzobispo de Canterbury Juan Morton, canciller del reino. Prosiguió después los estudios de leyes en Oxford y Londres, interesándose también por amplios sectores de la cultura, de la teología y de la literatura clásica. Aprendió bien el griego y mantuvo relaciones de intercambio y amistad con importantes protagonistas de la cultura renacentista, entre ellos Erasmo Desiderio de Rotterdam.

Su sensibilidad religiosa lo llevó a buscar la virtud a través de una asidua práctica ascética: cultivó la amistad con los frailes menores observantes del convento de Greenwich y durante un tiempo se alojó en la cartuja de Londres, dos de los principales centros de fervor religioso del reino. Sintiéndose llamado al matrimonio, a la vida familiar y al compromiso laical, se casa en 1505 con Juana Colt, de la cual tuvo cuatro hijos. Juana murió en 1511 y Tomás se casó en segundas nupcias con Alicia Middleton, viuda con una hija. Fue durante toda su vida un marido y un padre cariñoso y fiel, profundamente comprometido en la educación religiosa, moral e intelectual de sus hijos. Su casa acogía a yernos, nueras y nietos y estaba abierta a muchos jóvenes amigos en busca de la verdad o de la propia vocación. La vida de familia permitía, además, largo tiempo para la oración común y la lectio divina, así como para sanas formas de recreo hogareño. Tomás asistía diariamente a misa en la iglesia parroquial, y las austeras penitencias que se imponía eran conocidas solamente por sus parientes más íntimos.

3. En 1504, bajo el rey Enrique VII, fue elegido por primera vez al Parlamento. Enrique VIII le renovó el mandato en 1510 y lo nombró también representante de la Corona en la capital, abriéndole así una brillante carrera en la administración pública. En la década sucesiva, el rey lo envió en varias ocasiones para misiones diplomáticas y comerciales en Flandes y en el territorio de la actual Francia. Nombrado miembro del Consejo de la Corona, juez presidente de un tribunal importante, vicetesorero y caballero, en 1523 llegó a ser portavoz, es decir, presidente de la Cámara de los Comunes.

Estimado por todos por su indefectible integridad moral, la agudeza de su ingenio, su carácter alegre y simpático y su erudición extraordinaria, en 1529, en un momento de crisis política y económica del país, el rey lo nombró canciller del Reino. Como primer laico en ocupar este cargo, Tomás afrontó un período extremadamente difícil, esforzándose en servir al rey y al país. Fiel a sus principios se empeñó en promover la justicia e impedir el influjo nocivo de quien buscaba los propios intereses en detrimento de los débiles. En 1532 no queriendo dar su apoyo al proyecto de Enrique VIII que quería asumir el control sobre la Iglesia en Inglaterra, presentó su dimisión. Se retiró de la vida pública aceptando sufrir con su familia la pobreza y el abandono de muchos que, en la prueba, se mostraron falsos amigos.

Constatada su gran firmeza en rechazar cualquier compromiso contra su propia conciencia, el rey, en 1534, lo hizo encarcelar en la Torre de Londres dónde fue sometido a diversas formas de presión psicológica. Tomás Moro no se dejó vencer y rechazó prestar el juramento que se le pedía, porque ello hubiera supuesto la aceptación de una situación política y eclesiástica que preparaba el terreno a un despotismo sin control. Durante el proceso al que fue sometido, pronunció una apasionada apología de las propias convicciones sobre la indisolubilidad del matrimonio, el respeto del patrimonio jurídico inspirado en los valores cristianos y la libertad de la Iglesia ante el Estado. Condenado por el tribunal, fue decapitado.
Con el paso de los siglos se atenuó la discriminación respecto a la Iglesia. En 1850 fue restablecida en Inglaterra la jerarquía católica. Así fue posible iniciar las causas de canonización de numeroso mártires. Tomás Moro, junto con otros 53 mártires, entre ellos el obispo Juan Fisher, fue beatificado por el Papa León XIII en 1886. Junto con el mismo obispo, fue canonizado después por Pío XI en 1935, con ocasión del IV centenario de su martirio.

4. Son muchas las razones a favor de la proclamación de Santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos. Entre éstas, la necesidad que siente el mundo político y administrativo de modelos creíbles, que muestren el camino de la verdad en un momento histórico en el que se multiplican arduos desafíos y graves responsabilidades. en efecto, fenómenos económicos muy innovadores están hoy modificando las estructuras sociales. Por otra parte, las conquistas científicas en el sector de las biotecnologías agudizan la exigencia de defender la vida humana en todas sus expresiones, mientras las promesas de una nueva sociedad, propuestas con buenos resultados a una opinión pública desorientada, exigen con urgencia opciones políticas claras en favor de la familia, de los jóvenes, de los ancianos y de los marginados.

En este contexto es útil volver al ejemplo de Santo Tomás Moro que se distinguió por la constante fidelidad a las autoridades y a las instituciones legítimas, precisamente porque en las mismas quería servir no al poder, sino al supremo ideal de la justicia. Su vida nos enseña que el gobierno es, antes que nada, ejercicio de virtudes. Convencido de este riguroso imperativo moral, el estadista inglés puso su actividad pública al servicio de la persona, especialmente si era débil o pobre; gestionó las controversias sociales con exquisito sentido de equidad; tuteló la familia y la defendió con gran empeño; promovió la educación integral de la juventud. El profundo desprendimiento de honores y riquezas, la humildad serena y jovial, el equilibrado conocimiento de la naturaleza humana y de la vanidad del éxito, así como la seguridad de juicio basada en la fe, le dieron aquella confiada fortaleza interior que lo sostuvo en las adversidades y frente a la muerte. Su santidad, que brilló en el martirio, se forjó a través de toda una vida de trabajo y de entrega a Dios y al prójimo.

Refiriéndome a semejantes ejemplos de armonía entre la fe y las obras, en la Exhortación Postsinodal Christifideles Laici escribí que “la unidad de vida de los fieles laicos tiene una gran importancia. Ellos, en efecto, deben santificarse en la vida profesional ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres”.[2]
Esta armonía entre lo natural y lo sobrenatural es tal vez el elemento que mejor define la personalidad del gran estadista inglés. El vivió su intensa vida pública con sencilla humildad, caracterizada por el célebre “buen humor”, incluso ante la muerte.

Este es el horizonte a donde le llevó la pasión por la verdad. El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Esta es la luz que iluminó su conciencia. Como ya tuve ocasión de decir, “el hombre es criatura de Dios, y por esto los derechos humanos tienen su origen en El, se basan en el designio de la creación y se enmarcan en el plan de la Redención. Podría decirse, con expresión atrevida, que los derechos del hombre son también derechos de Dios”.[3]
Y fue precisamente en la defensa de los derechos de la conciencia donde el ejemplo de Tomás Moro brilló con intensa luz. Se puede decir que él vivió de modo singular el valor de una conciencia moral que es “testimonio de Dios mismo, cuya voz y cuyo juicio penetran la intimidad del hombre hasta las raíces de su alma”.[4] Aunque, por lo que se refiere a su acción contra los herejes, sufrió los límites de la cultura de su tiempo.

El Concilio Ecuménico Vaticano II, en la Constitución Gaudium et Spes, señala cómo en el mundo contemporáneo está creciendo “la conciencia de la excelsa dignidad que corresponde a la persona humana, ya que está por encima de todas las cosas, y sus derechos y deberes son universales e inviolables” [5]. La historia de Santo Tomás Moro ilustra con claridad una verdad fundamental de la ética política. En efecto, la defensa de la libertad de la Iglesia frente a indebidas injerencias del Estado es, al mismo tiempo, defensa, en nombre de la primacía de la conciencia, de la libertad de la persona frente al poder político. En esto reside el principio fundamental de todo orden civil de acuerdo con la naturaleza del hombre.

5. Confío, por tanto, que la elevación de la eximia figura de Santo Tomás Moro como patrono de los gobernantes y de los políticos ayude al bien de la sociedad. Esta es, además, una iniciativa en plena sintonía con el espíritu del Gran Jubileo que nos introduce en el tercer milenio cristiano.
Por tanto, después de una madura consideración, acogiendo complacido las peticiones recibidas, constituyo y declaro patrono de los gobernantes y de los políticos a Santo Tomás Moro, concediendo que le vengan otorgados todos los honores y privilegios litúrgicos que corresponden, según el derecho, a los patronos de categorías de personas.

Sea bendito y glorificado Jesucristo, Redentor del hombre, ayer, hoy y siempre.

Roma, junto a San Pedro, el día 31 de octubre de 2000, vigésimo tercero de mi Pontificado.
Ioannes Paulus PP.II


[1] Gaudium et Spes, 16
[2] Christifideles Laici, 17
[3] Discurso 7 de abril de 1998, 3
[4] Veritatis Splendor, 58
[5] Gaudium et Spes, 26

jueves, 16 de junio de 2016

EL GULAG ARGENTINO



Horacio M. Lynch
 LA NACION, 16 DE JUNIO DE 2016

En la Argentina hay un grupo de detenidos en cárceles comunes, o en sus casas convertidas en prisión, que no tienen visibilidad. No están lejos, como en la Siberia de la Rusia soviética, pero, aun así, es como si no existieran. Salvando las distancias, este gulag se diferencia del soviético en que aquí quienes lo han creado no son los comisarios políticos de la Rusia comunista, sino los propios jueces de la Nación. Cuando se menciona en forma oficial a estos detenidos, se los llama genocidas. Son los detenidos por lesa humanidad o, simplemente, "lesa". Se trata de personas mayores, y muchos de ellos ya han muerto en estas condiciones. Fueron apresados en procesos cuestionables, pero quien reclame garantías para ellos será acusado de protegerlos. De modo que son pocos los que se animan a hablar.

Ciertas organizaciones de derechos humanos impulsan estos procesos sin reparar en las irregularidades que se cometen. Del total de los detenidos, algunos han sido condenados, pero muchos se encuentran en proceso y representan un porcentaje muy superior al normal. La mayoría de ellos coexiste en cárceles con delincuentes comunes. Otros están enfermos y han convertido sus hogares en prisiones; aun sin el infierno de la cárcel, el otoño de sus vidas los encuentra sin libertad. La pregunta es inevitable: ¿quién les devolverá esos días de vida en caso de que sean desprocesados?

Resulta fácil apelar a los derechos humanos para proteger a una disidente de un país asiático. Pero muy difícil sostenerlos cuando se trata de criminales abyectos, violadores pederastas, torturadores, secuestradores de niños, enemigos o terroristas, o aun de espías como los que vemos en la película Puente de espías. Se olvida un principio angular de los derechos humanos: dar igualdad de trato y las mismas garantías aun a acusados de los más graves crímenes.

Lo preocupante es que en nuestro país, supuestamente para defender los derechos humanos, resulta lícito castigar a este grupo a riesgo de violar sus garantías. Como axioma, el ejemplo que damos al mundo desde la Argentina es que estas personas deben ser, efectivamente, escarmentadas, sojuzgadas y llevadas al límite del castigo.

Así como en los años de plomo se llegó a la conclusión -hoy vista como demencial- de combatir a la guerrilla terrorista con otra forma superior de terrorismo, ahora se acepta otra peculiar visión: para afirmar los derechos humanos en la Argentina pueden aceptarse ciertas violaciones de los derechos de los presuntos represores aun cuando, al hacerlo, se desconozcan las convenciones internacionales sobre la edad y la prisión preventiva, entre otras.

En la Argentina, el promedio de condenas a prisión efectiva es del 0,5%, mientras que el de los juicios de lesa humanidad es del 91%. ¿Qué es, entonces, lo que justifica esta inusual desigualdad en un mismo sistema judicial? ¿Cómo explicar que se llegó al resultado de incriminar a un bando y salvar al otro anulando leyes y una sentencia firme de la Corte Suprema? Cuando actúa la Justicia, el deber del Estado es ser neutral. Pero en los mal llamados casos de lesa humanidad, durante la administración kirchnerista el Estado hizo lo opuesto: se comprometió a no ser neutral y se empeñó en buscar condenas a cualquier costo.

Para "perseguir" a posibles represores, de manera deliberada o no, se desniveló brutalmente la balanza de la Justicia. Se destinaron todos los recursos del Estado a perseguirlos -infraestructura, oficinas, personal, abogados- mientras que los detenidos carecen de recursos para su defensa y no tienen libertad. ¿Cómo podrían equipararse, cómo reconstruir los hechos, cómo revisar causas diseminadas por todo el país, cómo convocar a testigos?

Tan graves como la doctrina que permitió estos juzgamientos sesgados son las pruebas, que en muchos casos no existen, que son parciales en otros y que en numerosas ocasiones fueron irregularmente obtenidas. El germen fue un "organismo pseudojudicial", los llamados Juicios por la Verdad, que, con la valiosa misión de encontrar las tumbas de los desaparecidos, se reorientó a producir innumerables pruebas sin los mínimos recaudos legales. Estas piezas viciadas constituyeron luego la base de los procesos. Por ejemplo, la irregularidad de testigos que no pueden ser repreguntados. Lo que se prioriza, en verdad, es evitarle un hipotético riesgo a la libertad de los acusados. Hubo audiencias con banderas, insultos, bombos y pancartas. Recordemos que un abogado defensor salió sangrando de la sala de audiencias y en una ocasión hasta se hostigó a Alfonsín cuando declaraba como testigo.

Se ha desviado el poder del Estado en su expresión más prístina, como es la Justicia, para castigar a los del gulag. Éstos abusaron del poder del Estado para someter a la guerrilla sin reparar en los métodos, alentados por los "cantos de sirena" de una sociedad que reclamaba la paz a cualquier precio al tiempo que decía "por algo será".

La aceptación social de este gulag tiene cierta semejanza y parecida irresponsabilidad si se considera el hecho de que hoy no se verifica aquella conmoción social que entonces sacudía el país. Atribuyo esta aceptación también a la experiencia de una "ingeniería social" que hizo posible que las actuales generaciones tuvieran una versión deformada de lo ocurrido en los años 70, tanto de la guerrilla como de su represión aplicando el terrorismo de Estado. Eso hace posible que quienes no vivieron aquellos hechos ni siquiera se planteen la posibilidad de que lo ocurrido no fue exactamente como se lo contaron. Muchos de los que lo vivieron prefieren aceptar la tesis oficial de la administración kirchnerista. En consecuencia, todo intento de que se respeten los derechos resulta políticamente incorrecto.

Descuento la buena fe en la mayoría de los casos. Pero en algunos hay mala fe y no vacilan en desviar al Poder Judicial para una venganza que tiene cierto grado de perverso virtuosismo. Con el argumento de recurrir al poder punitivo legal del Estado, se lo desvía para perseguir a unos y salvar a otros. Es una manera de cubrir a los "combatientes" de entonces con la aureola de martirio que certifican estas decisiones judiciales.

Afortunadamente, ya se escuchan algunas prestigiosas voces que reaccionan. En definitiva, lo que se pide es que la ley se cumpla para todos.

El derecho de gentes, las normas internacionales y los principios inmutables del derecho de las naciones civilizadas coinciden en que la justicia tiene que ser igual para todos. Que los derechos elementales deben ser respetados y que nadie es culpable hasta que una sentencia lo declare.

La igualdad de las partes en el proceso es otro principio rector, y debe procurar que el derecho de defensa esté nivelado. Las garantías en la producción de las pruebas, que tanto ha avanzado en el derecho penal con la teoría de la prueba venenosa, que descalifica aquellas obtenidas sin garantías, fueron brutalmente ignoradas en nuestro caso.

En la antigüedad se segregaba a los leprosos por asco y por pecadores, y escandalizaba que Francisco de Asís los besara. Los del gulag son los leprosos del siglo XXI. Esperemos que el Año de la Misericordia que proclamó nuestro Francisco lleve a imitar aquellas actitudes, en consonancia con su reciente mensaje en la cumbre contra la trata: "Y esta delicada conjunción entre la justicia y la misericordia, que en el fondo es preparar para una reinserción, vale para los responsables de los crímenes de lesa humanidad".

Abogado, fue presidente del Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia

miércoles, 15 de junio de 2016

SUELDOS DE ALGUNOS GERENTES INCORPORADOS AL GOBIERNO


Las declaraciones juradas, muestran algunos detalles interesantes, respecto a los sueldos que cobraban algunos de los incorporados al Gobierno nacional, desde la actividad privada. Los ministros perciben $ 110.000 mensuales.

* Aranguren (Shell): $ 750.000 mensuales.

* Lopetegui (Lan): $ 435.000 mensuales.

* Quintana (Farmacity): $ 235.000 mensuales.






Fuente: La Nación, 12-6-2016

martes, 14 de junio de 2016

Orlando: los agentes de seguridad, ¿un peligro para la seguridad?

El Manifiesto, 15 de junio de 2016         

JEAN-YVES LE GALLOU


Omar Mateen, el afgano de nacionalidad estadounidense responsable de la matanza de Orlando era un agente de seguridad. Poseía legalmente armas y podía entrenarse no menos legalmente.

A Omar Mateen lo describen, sin embargo, como “inestable y violento”. Y según USA Today, un policía que había trabajado con él se había quejado a su empresa por sus comentarios “homófobos” y “antirracistas”. Pero la empresa G4S Security había considerado que no podía hacer nada, “porque era musulmán”.
La matanza de Orlando debería llamar la atención sobre el riesgo que toman nuestras sociedades occidentales al encomendar su seguridad a empresas privadas, pues las mismas contratan preferentemente a su personal en las minorías étnicas. Y sus agentes, incluso cuando se desvían de las normas, están protegidos por la ideología y las leyes antirracistas.

Está prohibido, por lo demás, plantear siquiera el problema. Por haber cuestionado que securatas musulmanes se encargaran de la seguridad (¡!) del Bataclán [la sala de espectáculos objeto de la última matanza yihadista en París, N. del T.], el cantante Jesse Hugues, el líder de los Eagles of Death Metal [la banda que actuaba la noche del atentado, N. del T.], ha tenido que vérselas con la bienpensancia.[1] Jesse Hugues ha agravado su caso al responder afirmativamente a la pregunta de la revista canadiense Takimag, la cual quería saber si “el miedo de ofender a los musulmanes [es] la principal arma de los terroristas”. Palabras que han sido consideradas tan chocantes que Jesse Hugues, que debía actuar el próximo mes de agosto en Rock en el Sena (el espectáculo rock de la región Île-de-France), ha sido censurado —perdón, “desprogramado”, en neolengua. ¡Hay temas, en efecto, que son tabú!

Pero como en El Manifiesto no lo son, voy a plantear las preguntas que tanto les enojan: ¿es normal que procedan de las minorías étnicas entre el 80 y el 90% de los securatas privados de los museos parisinos, de los aeropuertos de las grandes ciudades, de los grandes centros comerciales? ¿Es justo que los franceses y europeos de origen estén, de facto, discriminados (porque si en un control tuvieran que enfrentarse con un africano o un magrebí, serían acusados ipso facto de “racismo”)? ¿Es prudente que los agentes de seguridad sean contratados en los barrios y en los medios de los que procede la delincuencia? ¿Es inteligente que, para protegerse del terrorismo islámico, se contrate deprisa y corriendo a securatas que en su gran mayoría son musulmanes? ¿Es verdaderamente oportuno armarlos, como lo plantean Bernard Cazeneuve [el ministro del Interior francés, N. del T.] y otros altos cargos de su ministerio?

El Imperio romano cayó, por lo que a los hechos se refiere, porque encomendó a los bárbaros la defensa de sus fronteras. Es de locos desarmar a los europeos de origen prohibiéndoles llevar armas, al tiempo que se encomienda nuestra seguridad interior a las minorías étnicas.

 (Jean-Yves Le Gallou es presidente del Think Tank Polémia.)


[1]En francés se ha introducido el término “la bienpensance” para designar el pensamiento políticamente correcto que practican los bienpensantes. ¿Lo adoptamos en español? (N. del T.)

martes, 7 de junio de 2016

LA AMENAZA DE LA NUEVA IZQUIERDA Y LA PARSIMONIA DE LOS BIENPENSANTES



 Nicolás Márquez

Informador Público

Tras la caída formal de la Unión Soviética en 1992, muchos sectores del mundo libre descansaron en ese triunfalismo que brindaba la sensación de que la utopía colectivista había perdido para siempre. Pero pocos años después, abrazando nuevas banderas y reinventando su discurso, el hoy llamado neocomunismo (o progresismo cultural) no sólo pasó a dominar la agenda política sino en gran medida la mentalidad occidental.

Los viejos principios socialistas de lucha de clases, materialismo dialéctico, revolución proletaria o violencia guerrillera, ahora fueron reemplazados por una rara ingesta intelectual promotora del “indigenismo ecológico”, el “derecho-humanismo” (selectivo), el “garantismo jurídico” y por sobre todas las cosas, por aquello que se denomina como “ideología de género”, suerte de pornomarxismo de tinte pansexual, impulsor del feminismo radical, el homosexualismo ideológico, la pedofilia como “alternativa”, el aborto como “libre disposición del cuerpo” y todo tipo de hábitos autodestructivos y/o reñidos con la naturaleza como forma de rebelión ante “la tradición hétero-capitalista” (así la denominan los neomarxistas en su jerga) de Occidente.

Toda esta ensalada vanguardista se escuda bajo lemas de apariencia noble, tales como el “igualitarismo”, la “inclusión”, la “diversidad” o los “derechos de las minorías”: verdaderas caretas de la ideología de género, cuyo contenido constituye la prioridad militante en esta izquierda desarmada que resolvió canalizar su odio por medio de grupos marginales o conflictuados que ella captura y adoctrina para sí, con el fin de vehiculizarlos de manera funcional a su causa y, de esta forma, dominar la academia, hegemonizar la literatura, monopolizar las artes, manipular los modos del habla, modificar hábitos e influir en los medios de comunicación.

La nueva izquierda no busca más secuestrar empresarios sino el sentido común; no persigue tomar una fábrica sino la cátedra, y ya no trata de confiscar cuentas bancarias sino la forma mental: “La revolución verdadera no es la Revolución en la calle, es la manera de pensar revolucionaria” [1] advertía Charles Maurras con sentida preocupación.

Pero lo más grave de todo lo antedicho, es que esta “manera de pensar revolucionaria” hoy es aceptada acríticamente por bienpensantes de centro y sedicentes libertarios, quienes mediante estudiantinas bullangueras, utopismo twittero y neo-hippismo rebeldón, gratuita y funcionalmente trabajan para el marxismo cultural, aunque sus activistas no lo adviertan. Pero quien sí lo previno adelantándose mucho a su tiempo, fue el propio Von Mises quien en 1922 advirtió sobre estos grupetes que en aras de una infantil indisciplina pretendían transgredir el orden natural, tras alertar sobre movimientos rebeldes que “creen que deben combatir instituciones de la vida social con la esperanza de remover, por este medio, ciertas limitaciones que la naturaleza ha impuesto al destino humano, entonces ya es un hijo espiritual del socialismo. Porque es característica propia del socialismo buscar en las instituciones sociales las raíces de las condiciones dadas por la naturaleza, y por tanto sustraídas de la acción del hombre, y pretender, al reformarlas, reformar la naturaleza misma”.[3]

Y desde una ideología antagónica a la de Mises, fue el freudo-marxista Herbert Marcuse (referente por antonomasia de la Escuela de Frankfurt), quien mofándose de estos anarquistas de juguete anotó: “El enemigo tiene ya su ‘quinta columna’ dentro del mundo limpio: los hippies y sus semejantes, con el cabello largo y sus barbas y sus pantalones sucios: aquellos que son promiscuos y se toman libertades que les son negadas a los limpios y ordenados” y añadió “sin duda se encuentran allí los revoltosos, los escapistas de buena y mala fe (…) cuyas aspiraciones libertarias aparecen como una desublimación metódica”[2], elegante manera de Marcuse de tildar de idiotas útiles a quienes creyéndose sus enemigos, velan gratis en su favor.

Estas y otras graves preocupaciones me llevaron a mí y a mi amigo Agustín Laje a escribir este exhaustivo trabajo que dimos en llamar El libro Negro de la Nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural, primer texto en hispanoamérica que ataca y cuestiona todos y cada uno de los “dogmas” de un progresismo revolucionario que arrasa buscando destruir el sentido común y la cultura vigente para, sobre sus escombros, reproducir aquel “paraíso” que por error o subestimación muchos dieron por muerto y hoy representa una gravísima amenaza no sólo por su perversión inherente, sino por la ausencia de concientización de quienes teóricamente deberían oponerse a ella.

Nicolás Márquez

Prensa Republicana

[1] Maurras, Ch. Mis ideas políticas. Buenos Aires, Huemul, 1962, p. 183.

[2] Marcuse, H. Eros y Civilización. Madrid, Sarpe, 1983. p. 79.


[3] Von Mises, Ludwig. Socialismo. Análisis económico y sociológico. Madrid, Unión Editorial, 2007, pp. 107-108.

domingo, 5 de junio de 2016

NUEVA DEUDA EXTERNA Y ATRASO CAMBIARIO



Por Héctor GIULIANO
(3.6.2016)

Existe una relación directa entre el problema del retraso cambiario y el aumento de la deuda externa argentina:
a)    El gobierno, por lógica, recauda la gran mayoría de sus ingresos tributarios en pesos.
b)    Los servicios por capital e intereses de la deuda externa y también de una parte creciente de la deuda colocada internamente, en cambio, tienen que pagarse en moneda extranjera. Hoy aproximadamente el 70 % de la deuda pública total en cabeza del Estado Central está en moneda extranjera.
c)    Ergo, el tipo de cambio deviene una variable de ajuste clave dentro de este esquema de endeudamiento ya que cuanto más bajo se encuentre la referencia básica del dólar ello permitirá una conversión de pesos a mayor cantidad de dólares para atender el pago de estos servicios.

El retraso cambiario relativo - después de la macro-devaluación del peso de Diciembre pasado – ha vuelto a ser una realidad en nuestro país y se está dando en forma paulatina pero sistemática: una situación que se agrava todavía más en la actualidad debido al proceso de revalorización del dólar a nivel mundial, lo que hace que a la apreciación real del peso que se está produciendo por tasa de devaluación menor a la tasa de inflación se sume esta incidencia de la mayor fortaleza del dólar frente a terceras monedas.  
La administración Macri ha planteado desde el inicio de su mandato una política de gobernar con deuda y su gestión sigue consecuentemente la premisa clásica neo-liberal de no emitir moneda sino emitir deuda.

Con el agravante que se plantea y materializa incluso la toma de gran parte de deuda en moneda extranjera para obras públicas y de infraestructura que se pagan en pesos, lo que constituye un despropósito financiero.
La estabilización del tipo de cambio con el aumento extraordinario de las tasas internas de interés – lideradas por las letras del Banco Central (BCRA) - y el acortamiento de los plazos de salida en beneficio de capitales golondrina – de 365 a 120 días – han convertido hoy a la Argentina nuevamente en un paraíso para las ganancias especulativas de corto plazo de los capitales financieros internacionales, que pueden aprovechar así el enorme diferencial entre tasas locales y mundiales en un contexto de estabilidad y retraso cambiario. 
  
Requerir inversiones extranjeras directas (IED) y/o inversiones locales productivas – dolarizadas o en pesos – mientras las propias autoridades estimulan de esta forma ganancias financieras récord constituye toda una contradicción: una sospechosa contradicción por parte de un elenco de funcionarios de gobierno que provienen en su gran mayoría precisamente del ámbito financiero, bursátil y bancario privados.
La política gubernamental Macri parte de la base de una clara jerarquización de la rentabilidad financiera por encima de la rentabilidad económica: tasas de interés positivas con respecto a la inflación y tasas de inflación superiores a la tasa de devaluación del peso.
En este sentido, se puede decir que actualmente el BCRA defiende más el precio de cotización del dólar que el valor adquisitivo del peso, castigado por un proceso de estanflación – estancamiento con inflación – producto de las acciones concretas llevadas a cabo por el nuevo gobierno:

  1. Macro-devaluación con traslado generalizado a precios (pass-through).
  2. Tarifazo por aumento extraordinario de precios y tarifas de servicios públicos.
  3. Aumento de las tasas de interés a niveles récord – que son también un factor de inflación porque se trasladan a los precios a través del costo financiero de las empresas – con sus efectos recesivos sobre la producción y el consumo.
En consecuencia, el proceso inflacionario en curso – con proyecciones actualizadas del orden del 40 % anual – junto con la estabilización y/o baja relativa de la cotización del dólar – hoy en 14 $/US$ mayorista – configura un cuadro de retraso cambiario.
Y se trata de un atraso cambiario que tiende a acentuarse cada vez más en la medida que ingresen más capitales especulativos externos – atraídos por las altísimas tasas de interés domésticas - y/o que se liquiden localmente más divisas por exportaciones (estimuladas por el empuje inicial de la macro-devaluación de Diciembre y la baja o eliminación de retenciones agrícolas).
Notablemente, el gobierno Macri se rehúsa a aplicar controles de precios – mantiene el inoperante sistema de precios cuidados heredado de la administración Kirchner con los mismos inútiles resultados – y dice encarar el problema de la inflación en el marco de la Política de Defensa de la Competencia y no en el de la Política de Defensa del Consumidor.

La administración Macri sostiene así una alianza fáctica, estratégica y estructural, con los sectores financiero-bancarios y las grandes empresas – con los supermercados a la cabeza - que preservan y aumentan sus ganancias a través de sus operaciones especulativas y sus remarcaciones diarias de precios a costa del desfase financiero de los salarios reales, que cargan con las desactualizaciones entre precios variables e ingresos fijos y quedan afectados con los aumentos periódicos retrasados e incrementos porcentuales compensatorios dados a futuro y en cuotas.
Y la cosa puede incluso ser peor aún cuando desde la administración Macri las autoridades amenazan a las Empresas con abrir el mercado interno a las importaciones con el argumento  de frenar así los aumentos de precios locales, lo que agravaría todavía más el cuadro de recesión, pobreza y desempleo.

Este proceso de estanflación – provocado desde el gobierno – configura un plan de ajuste que se sostiene con y para el endeudamiento externo, siendo el retraso del tipo de cambio una herramienta clave dentro del esquema.
Una administración de gobierno que plantea, en forma cuasi-dogmática, que fuera de la deuda externa no hay salvación de la Economía – que es la reedición de la denominada Política de Crecimiento con Deuda, ya experimentada con resultados finales desastrosos bajo la gestión Martínez de Hoz durante el Proceso Militar primero y luego bajo la convertibilidad menemista durante la década del ´90 – está condenada a cosechar, temprano o tarde, los mismos resultados.

Y ello es y seguirá siendo así en la medida que se propenda a que exista una mayor rentabilidad de las Finanzas sobre la Economía Física o Real: es la eterna controversia entre la naturaleza y magnitud de la tasa de ganancia que se logre sobre las inversiones reales o directas y la tasa de ganancia sobre las llamadas inversiones financieras autónomas o especulativas, que son las que priman en nuestro país y en el mundo. 
El objetivo del gobierno Macri es gobernar con deuda, y no es un objetivo declarativo sino en perfecta ejecución, con eje en una nueva ola de macro-endeudamiento externo que está en curso.

Esta política de endeudamiento actúa como disparador de un nuevo circuito perverso en materia económico-financiera en la Argentina:
a)    Para poder pagar los servicios de intereses de la deuda exterior – sólo los intereses, porque hasta el último centavo de capital se refinancia íntegramente con nuevas deudas – y para poder garantizar además la toma de más deuda externa e interna en moneda extranjera el gobierno necesita mantener un retraso cambiario relativo.
b)    Para poder mantener este retraso cambiario la administración Macri aumenta las tasas de interés favoreciendo la entrada de dólares financieros y tomando más deuda externa para sostener el nivel de las reservas internacionales del BCRA (como ya se ha hecho con el préstamo repo de Enero pasado – por 5.000 MD-Millones de Dólares – concertado con un grupo de bancos liderados por la banca Morgan, cuyas características y cláusulas se mantienen en secreto).
c)    Al aumentar las tasas de interés se provoca recesión económica, retracción del consumo (lo que acentúa el proceso recesivo) y se retro-alimenta la inflación por vía financiera.

Se da así – otra vez en la Historia Argentina - la paradoja que enseñara hace ya muchos años el fallecido ingeniero Marcelo Diamand: que pagamos la deuda externa no con mayor esfuerzo o trabajo sino al revés, dejando de trabajar; porque la recesión económica deviene una condición necesaria del pago de la deuda debido a que favorecería una mayor balanza comercial por aumento de los saldos exportables y que los desbalances de la cuenta corriente se cubrirían con más endeudamiento externo.
El retorno a este esquema de re-endeudamiento perpetuo, empero, no puede entenderse acabadamente si no se comprende la funcionalidad de las gestiones Kirchner y Macri en materia de Deuda Pública:

  1. El gobierno Kirchner vivió pagando deuda externa para bajar el stock de la deuda con terceros – acreedores privados y organismos financieros internacionales (con el FMI  a la cabeza) – a la vez que manteniendo una elevada proporción de deuda pública en moneda extranjera.
  2. Este desagote relativo de deuda externa fue realizado a costa de la creación por traspaso de una enorme e impagable deuda interna intra-Estado - del Tesoro fundamentalmente con la ANSES, el BCRA y el BNA - lo que llevó a su empapelamiento con títulos oficiales y, con ello, a la descapitalización y desfinanciamiento del sector público.
  3. Tanto la política llevada a cabo por la administración Kirchner como la actual de la administración Macri comparten el mismo objetivo declarado: regresar al mercado internacional de capitales, esto es, volver a endeudarse (que tal era la finalidad del Megacanje Kirchner-Lavagna 2005-2010 y de la Hoja de Ruta Boudou 2008).
La idea era y es que la deuda interna en pesos – mayoritariamente en manos del propio Estado - se vaya licuando por inflación y por reducción gradual de las tasas de interés, con lo que se iría produciendo una disminución progresiva de esta deuda interna para reconstituir sus montos como nueva deuda con terceros.
Y esto ya está ocurriendo: durante el ejercicio 2015 – según cifras oficiales del Ministerio de Economía (MECON, hoy Ministerio de Hacienda y Finanzas Públicas) – el endeudamiento público aumentó en 95.400 MD durante el año, de los que 62.400 fueron para cubrir amortizaciones de capital (refinanciación total de los vencimientos) y la diferencia de 33.000 MD constituyó nueva deuda. Pero la licuación de deuda por devaluación (y, en menor medida, por CER o sub-indexación por inflación), fue equivalente a 32.000 MD, por lo que según el cuadro de Flujos y Variaciones de Deuda, el aumento neto fue de sólo menos de 1.000 MD (840), expresado en dólares.

El desagote de gran parte de la deuda pública con terceros - bajo el mito kirchnerista del des-endeudamiento (mito compartido también por la actual administración y por todo el establishment financiero) – el re-endeudamiento del Estado con toma de Deuda Nueva y el retraso cambiario relativo para poder garantizar el pago de intereses son las tres piezas clave de la nueva política de gobernar con deuda.
El allanamiento a un nuevo enfoque monetario de la balanza de pagos, sostenido con deuda externa en gran escala, vuelve de este modo a determinar la política económico-financiera de la Argentina y bajo el eufemismo de la reinserción en el mundo reabre así un nuevo ciclo de endeudamiento dentro del sistema de deuda perpetua que rige en nuestro país desde hace 40 años.