Buscan formar católicos capaces de incidir en
la vida pública
David Ramos
ACI Prensa, 15 de
abril de 2026
De cara a “un
contexto marcado por la creciente apatía ciudadana, la desvinculación ética de
la política y el debilitamiento de la confianza en las instituciones”, el
Instituto Tomás Moro anunció la segunda edición de su Programa de Liderazgo
Cívico, apuntando a formar personas que puedan “incidir positivamente en la
vida pública desde una sólida base ética y cristiana”.
Esta nueva edición
del programa del Instituto Tomás Moro, que comenzará el 21 de mayo, es
realizada en alianza con la Universidad Juan Pablo II y la Universidad de La
Salle, ambas de Costa Rica, y la UniCervantes de Colombia.
Así, el programa
pasa de tener un alcance nacional en su primera edición a apuntar este año “a
todo el público hispanohablante”, destaca el Instituto Tomás Moro en un
comunicado compartido con ACI Prensa, pues se podrá acceder a él de forma
virtual desde cualquier lugar del mundo.
El objetivo,
destaca el comunicado, es “forjar líderes comprometidos con el servicio
público, el bien común, el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia, así
como con la revitalización de la participación ciudadana”.
Entrevistado por
ACI Prensa, Luis Fernando Calvo, director del Instituto Tomás Moro, señaló que
“existe una creciente apatía frente a la política en buena parte de
Hispanoamérica, algo que no solo se percibe en la experiencia cotidiana, sino
que también ha sido confirmado por diversos estudios y encuestas”.
“La corrupción,
vendettas, luchas de poder son pan cotidiano en el panorama político de la
región que hacen a los católicos y personas de bien ver con desconfianza y
desdén la cosa pública”, dijo.
Aunque “las
dificultades propias de la política de nuestro tiempo le dan a esta un mal
nombre”, desde el instituto costarricense “creemos firmemente que esta realidad
puede mejorarse: el cambio es posible; pero esto no sucederá sin la
contribución de los católicos, informados en su trabajo social y comunitario
por la Doctrina Social de la Iglesia”.
Además, subrayó
que “política no es sólo lo que hacen los partidos durante los períodos
electorales, sino es la actividad propia del ciudadano inserto en su comunidad:
la política está inscrita en la naturaleza del hombre, que es un ser social, y
no es otra cosa que el esfuerzo cooperativo entre personas en miras al bien
común”.
Calvo explicó que
“uno de los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia es el principio de
participación: no es posible alcanzar el bien común sin el involucramiento
activo de todos”.
Para enfrentar la
apatía contemporánea hacia la política, “debemos promover la asociatividad”,
dijo, pues el ser humano “es por
naturaleza social, por lo que lo natural en el hombre es asociarse con otros
para mejorar sus condiciones de vida”.
“Las personas
quieren contribuir y anhelan en su corazón, aún sin reconocerlo, ser parte de
algo más importante que ellos”, aseguró.
En este marco, el
programa desarrollado por el Instituto Tomás Moro, resaltó, “no sólo educa
desde la filosofía y la teología sobre las realidades temporales, tales como
política, economía, liderazgo cívico, sino que permite crear comunidad,
acercando y uniendo entre sí a líderes cívicos y sociales”.
Luis Fernando Calvo
aseguró que “nos gusta la política, toda política, porque creemos con el Papa
Francisco que la política es una forma de caridad, es decir, de amor”.
“Pero nos gusta
mucho la política pequeña, es decir, la política local, del barrio, el
vecindario, de la municipalidad”, precisó, recordando que “hemos visto cómo los
graduados de la primera cohorte han implementado felizmente su compromiso
cívico, requisito indispensable de graduación”.
“Este es un dato
significativo: nuestros egresados empiezan a convertirse en agentes de cambio,
ya que cuentan con una mayor sensibilidad e identidad para lanzarse a hacer el
bien”, resaltó.
El programa
lanzado por el Instituto Tomás Moro, indicó, “viene a responder a una necesidad
concreta y urgente de nuestra realidad: debemos trabajar activamente, de manera
deliberada, para romper la fragmentación que nos somete a servidumbre que
deshumaniza, nos subyuga y condena a la pobreza, mental, espiritual y
material”.
“Sólo tomando las
riendas de nuestro presente podremos asegurar el bien común al que Dios nos
convoca”, concluyó.