domingo, 13 de agosto de 2023

MATAR A UN NIÑO SE PUEDE


pero hay que cuidar a los bebés reborn

 

Guillermina Leudesdorf

 

La Nación,12 de agosto de 2023

 

Leticia Casco tiene 26 años y es artista. Se dedica a un arte un poco particular y para un nicho específico: mujeres que coleccionan bebés hiperrealistas.

 

“Reborn es renacido, entonces cuando un artista hace que un kit cobre vida, se dice que renace un bebé”, explicó la diseñadora de los famosos bebés “reborn” que tiene su estudio en la Ciudad de Buenos Aires.

 

A ella siempre le gustaron las muñecas, pero su interés por el mundo de los bebés hiperrealistas comenzó cuando tenía 16 años. “Mirando una foto mía de recién nacida se me ocurrió la idea de que existiera un muñeco que parezca un bebé real”, recordó.

 

Acto seguido, buscando en internet encontró que esta idea se había materializado en los bebés reborn. “Descubrí que era un arte que había nacido en Alemania y fue así como empecé a coleccionarlos”, contó Leticia.

 

Años más tarde, en 2018, viajó a España con el fin de poder aprender la mejor técnica para crear sus propias obras de arte y así ser una de las primeras vendedoras de bebes reborn en la Argentina.

 

En 2020 comenzó oficialmente a venderlos y desde entonces desde su estudio partieron aproximadamente 500 bebés: el más barato cuesta $60.000 y el más caro $200.000.

 

No hay una clave para que estos bebés tengan un aspecto tan realista y parezcan humanos sino que es un conjunto de detalles lo que los vuelve tan atractivos para las personas que los coleccionan. Sin embargo, la pintura es lo más importante ya que se tratan con muchas capas translúcidas y entre capa y capa se secan en un horno. Al finalizar el proceso, se termina viendo como piel humana.

 

Según contó la experta, el cabello se le injerta en la cabeza, pero no en cualquier lugar sino que se sigue un mapa. “El pelo se pone con una aguja uno por uno, al igual que las pestañas”, detalló y amplió: “Vendo bebés peladitos, con pelo pintado o con pelo injertado”.

 

“La escultura del modelo tiene muchísimos detalles reales también. Estos bebés son esculpidos por artistas del exterior, ellas se suelen basar en bebés reales”, explicó y siguió: “Capaz están un año haciendo una escultura, cada detalle, hasta las uñas de los pies son realistas. Después mandan a reproducir estas esculturas a fábricas y así es como nos llegan a nosotras, las artistas Reborn, que les damos ‘vida’ con la pintura. Porque cuando los recibimos son solo una cabeza y unas extremidades blancas. Las pinto y las ensamblo para que se convierta en un bebé”.

 

Leticia cuenta con varios modelos en stock y las clientes seleccionan los que más les gustan, pero si quieren otro pueden pedirlo por encargo. La pintura siempre es personalizada: el color de piel, del pelo, de los ojos, manchas, marquitas, rasguños, son todos detalles que pueden pedir quienes se van a llevar el bebé a sus casas.

 

Existen cuatro tamaños: los mini miden 25 centímetros, los prematuros de 38 a 40 centímetros, los recién nacidos de 45 a 50 centímetros y los más grandes que simulan ser bebés de cuatro meses miden entre 65 y 70 centímetros aproximadamente.

 

Eran las 17 en Vicente Lopez cuando un grupo de coleccionistas se reunía en la redacción de LA NACIÓN para compartir detalles de una singular pasión que comparten.

 

Susana Beatriz Alos es docente jubilada y tiene entre 25 y 30 muñecos hiperrealistas. “Toda la vida sentí pasión por los bebés, desde que tengo uso de razón que quería tener seis hijos y Dios me bendijo con siete”, manifestó mientras sostenía a uno de sus “bebés” en brazos.

 

La señora expresó que hace 15 años cuando descubrió estos muñecos hiperrealistas sintió que su pasión se veía colmada. “Conocí este mundo a través de la computadora, comencé a tener muchas amigas coleccionistas, principalmente de Europa porque acá sólo había una o dos que comenzaban a incursionar en este arte”, recordó.

 

Giovanna Jazmín Riffel, es estudiante de Derecho. Ella tiene tres reborn y está a la espera del cuarto. Al igual que todas las otras coleccionistas, siempre le gustaron las muñecas y conoció este mundo hiperrealista a los 11 años de edad. Ella también logró formar un grupo de 13 amigas que comparten el amor por estos muñecos y cuando se reunen los llevan para apreciarlos.

 

“A los 14 tuve mi primera bebé, que fue Charlotte, y después cuando conocí a Amelia, me enamoré, es mi consentida”, contó la joven, mientras sostenía a un muñeco en sus brazos y lo miraba con mucho cariño.

 

Mariela Laura Fernández, secretaria en una escuela primaria, quien llegó al encuentro junto con su hija Emma contó que compró su primer muñeco durante la pandemia de coronavirus: el amor fue a primera vista y así comenzaron a adquirir más, hasta compartir una colección de cinco.

 

Además, Mariela es dueña de una marca de ropa para bebés y muchas veces los usa como modelos para lucir sus productos. “Alva y Eva comparten la ropa rosa y los varones Dante, Nano y Manuel comparten entre ellos. Muchos conocidos que saben que tengo muñecos me regalaron ropa”, contó.

 

Aunque todas concuerdan en que no hay un preferido, a lo largo de la charla se escucharon algunos nombres que pertenecen a los bebés con los que tienen un cariño especial.

 

“No hay preferidos, pero como ella fue la primera se va conmigo a la tumba”, expresó Cynthia Karina Paz, vendedora, quien sostenía con sumo cuidado a dos reborn, uno en cada brazo.

 

¿Conexión especial o coleccionismo?

“Es un pasatiempo que me llena, me hace sentir bien tenerlos”, expresó Cynthia, mientras que Susana describió: “Con los bebés no juego, simplemente los tengo, los cambio de ropa dependiendo la estación, sobre todo en verano o invierno”. Y agregó: “Para mí son objetos de colección con bellas caritas, que me llenan de alegría”.

 

“Para mí simplemente es el gusto en los muñecos, en coleccionar, pero en cierta forma se podría decir que despierta el instinto maternal porque al ser tan realistas al tener peso es como que te sale sostenerlos con cuidado, agarrarles la cabecita”, aportó Giovanna.

 

“No voy a decir que los amo como a un hijo porque no es comparable, pero me duele cuando me tengo que desprender de ellos”, dijo Cynthia. Emma, de ocho años, interrumpió la conversación para contar que a ella sostener a su bebés la relaja.

 

“Emma los sostiene mientras mira películas o series con ellos y se queda tranquila. Creo que pueden llegar a ser muy terapéuticos porque mi hijo más chico, si bien no es que tiene la misma locura que Emma, él tiene impulsividad motora y cada tanto juega con los muñecos. Los agarra en los brazos con mucha atención porque como pesan y se les mueve la cabecita para atrás los tiene que tratar con cuidado y lo relaja tenerlos a upa”, explicó Mariela.

 

“No lo uso para terapia, pero pueden llegar a tener un uso terapéutico para personas mayores o pueden llegar a ser objetos de compañía”, opinó y agregó: “Quizás para una abuela, que esté sola, tener un muñeco y cambiarlo de ropa y tenerlos a upa para ver una película pueden tener un uso terapéutico”.

 

“Nuesra cultura no facilita los duelos”

Elsa Wolfberg, miembro titular de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), coautora y co-compiladora con Mario Marrone del libro Parentalidad y Teoría del Apego, destacó: “jugar con muñecas hace bien, es saludable y creativo en tanto se sabe que se juega”.

 

“Lo que no hace bien, porque tapona procesos de duelo, que son saludables para hacer frente a una pérdida, es reemplazar una realidad por una ficción. Si eso ocurre con una muñeca que reemplaza un ser vivo perdido o no factible de tener, entonces esta cumple el papel de una prótesis, y confundir una prótesis con un ser viviente y animado es sumirse en habitar otra realidad paralela, inquietante, cosificada y frágil”, explicó la profesional.

 

“Nuestra cultura no facilita los duelos, que tienen sus etapas, son dolorosos, pero una vez procesados dan la fortaleza de dejar nuevos espacios y motivaciones para ampliar la vida”, expresó Wolfberg.

 

“Reemplazar un duelo por un objeto imaginariamente animado, clausura esa posibilidad vital con otro ser. No veo que tenga posibilidades terapéuticas más allá de lo grato que puede ser jugar y ensayar cuidados. Hay parejas que se preparan para la parentalidad teniendo primero una mascota, pero las respuestas del animal orientan a los que lo cuidan en cuán adecuado es su modo de cuidarlo, es relacional, no solo una fantasía individual”, sostuvo.

 

En tres oportunidades, mujeres que querían quedar embarazadas y no podían llegaron al taller de Leticia para comprar bebés reborn. Al tiempo quedaron embarazadas. Una de las clientes llegó a ponerle el nombre del muñeco a su hijo de carne y hueso porque sintió que fue un antes y un después en su camino de maternidad.

 

“El vínculo que tenemos es el mismo que tiene un coleccionista de arte con sus obras. Con la diferencia de que nosotras los vestimos y les sacamos fotos”, contó Susana y agregó: “A veces miro una película con el bebé a upa, pero no todos los días”. “Capaz que les digo: ‘Hola, que lindos que son y me voy contenta’, sumó Cynthia.

 

Los prejuicios alrededor del coleccionismo

“Al principio cuando entré a la secundaria me criticaban un poco porque se veía raro”, contó Giovanna, quien también recordó la tierna reacción de una mujer que la vió sostener a su reborn en el colectivo: “Se me acercó y me preguntó: ‘¿Ay, ya te animas a sacarla, tan chiquita?’”.

 

Pero los comentarios negativos nunca faltan. “Nos dicen que estamos locas, que parecen bebés muertos. A lo que yo les respondo: ‘¿por qué un bebé muerto y no un bebé dormido?’ Es exactamente lo mismo, está con los ojos cerrados porque está dormido, no muerto”, dijo Susana, indignada y aclaró: “Si los saco para mostrarselos a alguien los llevó tapados en una mantita sino en un bolso, porque mucha gente piensa que estamos locas y yo a esta altura del partido con 74 años, no quiero pasar por ningún mal momento”.

 

“Me critican, por eso no lo cuento libremente a cualquier persona. Muchos opinan que quiero otro hijo, que me quedé con ganas”, dijo Mariela y entre risas distinguió: “Un reborn no se parece ni un poco a la maternidad, ojalá fuera tan fácil”.

 

“A las personas que me critican les digo que es un coleccionismo como cualquier otro”, sentenció Susana.

sábado, 12 de agosto de 2023

LO QUE NASA

 

Lo que NASA y la Agencia Espacial Europea admiten, pero los medios no informan sobre nuestra ola de calor actual

 

Por Thomas Lifson

The American Thinker, Julio 31, 2023

 

La ola de calor actual se atribuye implacablemente al aumento de los niveles de dióxido de carbo-no en la atmósfera, pero hay una explicación mucho más plausible, uno que está prácticamente respaldado por dos de las principales organizaciones científicas del mundo.  Resulta que los niveles de vapor de agua en la atmósfera han aumentado dramáticamente en el último año y medio, y el vapor de agua es bien reconocido como un gas de efecto invernadero, cuya mayor presencia con-duce a temperaturas más altas, un mecanismo que eclipsa cualquier efecto que pueda tener el CO2.


Entonces, ¿por qué el vapor de agua atmosférico ha aumentado tan dramáticamente?  Debido a una erupción volcánica histórica y gigantesca el año pasado de la que probablemente — junto con usted — nunca había oído hablar.  Los medios de comunicación lo ignoraron porque tuvo lugar a 490 pies bajo el agua en el Pacífico Sur.  No me lo quites; tómalo de la NASA ( y siga el enlace para ver imágenes satelitales de lapso de tiempo de la erupción submarina y el penacho posterior de gases y agua inyectados en la atmósfera):

 

Cuando el volcán Hunga Tonga-Hunga Ha'apai estalló el 15 de enero, envió un tsunami corriendo por todo el mundo y desencadenó un boom sónico que rodeó el globo dos veces. La erupción sub-marina en el Océano Pacífico Sur también arrojó una enorme columna de vapor de agua en la estratosfera de la Tierra — suficiente para llenar más de 58,000 piscinas olímpicas. La gran cantidad de vapor de agua podría ser suficiente para afectar temporalmente la tempe-ratura promedio global de la Tierra.


"Nunca hemos visto algo así," dijo Luis Millán, científico atmosférico en el Laboratorio de Pro-pulsión a Chorro de la NASA en el sur de California. Dirigió un nuevo estudio que examinó la can-tidad de vapor de agua que el volcán Tonga inyectó en la estratosfera, la capa de la atmósfera entre aproximadamente 12 y 53 kilómetros sobre la superficie de la Tierra.


En el estudio, publicado en Geophysical Research Letters, Millán y sus colegas estiman que la erup-ción de Tonga envió alrededor de 146 teragramas ( 1 teragrama equivale a un billón de gramos ) de vapor de agua en la estratosfera de la Tierra — igual al 10% del agua ya presente en esa capa atmosférica. Eso es casi cuatro veces la cantidad de vapor de agua que los científicos estiman en 1991 Erupción del monte Pinatubo en Filipinas elevado a la estratosfera. La NASA publicó lo anterior en agosto de 2022.  Medio año después, un estudio más nuevo aumentó la estimación de la adición de vapor de agua a la atmósfera en un 30%.  De la Agencia Espacial Europea:


En un artículo reciente publicado en Nature, un equipo de científicos mostró el aumento sin pre-cedentes en la masa mundial de agua estratosférica en un 13% (relativo a los niveles clima-tológicos) y un aumento de cinco veces de la carga de aerosol estratosférico — el más alto en las últimas tres décadas.


Utilizando una combinación de datos satelitales, incluidos datos del satélite Aeolus de la ESA y ob-servaciones terrestres, el equipo descubrió que, debido a la altitud extrema, el penacho volcánico circunnavegó la Tierra en solo una semana y se dispersó casi polo a polo en tres meses. [ énfasis agregado ] Otro artículo científico explica el calentamiento neto del sistema climático de forma retrasada. El Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA explica más a fondo:


Las erupciones volcánicas rara vez inyectan mucha agua en la estratosfera. En los 18 años que la NASA ha estado tomando medidas, solo otras dos erupciones — el 2008 Evento Kasatochi en Alaska y el 2015 Erupción de calbuco en Chile — envió cantidades apreciables de vapor de agua a tan altas altitudes. Pero esos fueron simples pestañeos en comparación con el evento Tonga, y el vapor de agua de ambas erupciones anteriores se disipó rápidamente. El exceso de vapor de agua inyec-tado por el volcán Tonga, por otro lado, podría permanecer en la estratosfera durante varios años.


Este vapor de agua adicional podría influir en la química atmosférica, aumentando ciertas reaccio-nes químicas que podrían empeorar temporalmente el agotamiento de la capa de ozono. También podría influir en las temperaturas de la superficie. Las erupciones volcánicas masivas como Kraka-toa y el Monte Pinatubo típicamente enfrían la superficie de la Tierra al expulsar gases, polvo y cenizas que reflejan la luz solar al espacio. En contraste, el volcán Tonga no inyectó grandes canti-dades de aerosoles en la estratosfera, y las enormes cantidades de vapor de agua de la erupción pueden tener un pequeño efecto de calentamiento temporal, ya que el vapor de agua atrapa el calor. El efecto lo haría disipar cuando el vapor de agua extra sale de la estratosfera [en fases agregadas ] Así que ahí lo tienen: nos espera un calor atmosférico adicional "durante varios años" hasta que se disipe el vapor de agua adicional inyectado por esta erupción volcánica subma-rina más grande jamás registrada.


Jeff Childers, quien trajo estos datos científicos a mi aviso, escribe:

He aquí por qué los medios corporativos ignoran el clima más dramático incluso en la historia moderna: porque no se pueden legislar volcanes submarinos. Puedes intentarlo, pero ellos no escucharán. Entonces, ¿cuál es la diversión en eso? Los medios corporativos solo existen para fines políticos adicionales. Como los volcanes no están sujetos a la política, ¿por qué molestarse?


Él menciona el trabajo de Ethical Skeptic:

Ethical sugiere que el agua está calentando el aire — en lugar de al revés. Y el núcleo de la Tierra está calentando el agua. Es una teoría que explica todo.

Mientras tanto, la "ciencia" está desconcertada. Desde hace solo un mes, a mediados de junio:

Científicos Están Desconcertados Por Qué Los Océanos Se Calientan Tan Rápido

 

Pero aunque los científicos están desconcertados, los medios corporativos y sus repulsivos aliados están ocupados culpando al calentamiento del océano del CO2, una noción ridícula.

Soy el primero en admitir que nada de esto —ni la teoría atmosférica del CO2 del calentamieto global, ni el efecto de la erupción volcánica submarina más grande jamás conocida — está científi-camente probado. Pero antes de empobrecernos tratando de reducir las emisiones de CO2 (mien-tras vemos que China las aumenta drásticamente), practiquemos real ciencia y no saltar a conclu-siones basadas en un "consenso" imaginario.

 

EL CAMBIO CLIMÁTICO


no ha incendiado al mundo


Resulta que el porcentaje del globo que se quema cada año ha ido disminuyendo desde 2001

 

Por Björn Lomborg

Wall Street Journal, Julio 31, 2023

 

(Reproducido de Mitos y Fraudes)

 

Uno de los tropos, (o la sustitución de una expresión por otra cuyo sentido está desfigurado), más comunes en nuestro debate climático cada vez más alarmista es que el calentamiento global ha incendiado el mundo. Pero no lo ha hecho. Durante más de dos décadas, los satélites han regis-trado incendios en la superficie del planeta. Los datos son inequívocos: desde principios de la década de 2000, cuando se incendió el 3% de la tierra del mundo, el área quemada anualmente ha tenido una tendencia a la baja.

En 2022, el último año del que hay datos completos, el mundo alcanzó un nuevo mínimo histórico de 2,2% de área quemada. Sin embargo, tendrá dificultades para encontrar ese informe en cualquier lugar.

 

En cambio, los medios actúan como si el mundo estuviera en llamas. A fines de 2021, el New York Times empleó a más de 40 personas en un proyecto llamado "Postales de un mundo en llamas", encabezado por una animación foto-rrealista del mundo en llamas. Su objetivo explícito era convencer a los lectores de la inmediatez de la crisis climá-tica a través de una serie de historias de devastación rela-cionada con el cambio climático en todo el mundo, inclui-dos los incendios forestales de 2019-20 en Australia.

 

Este verano, la atención se centró en los incendios foresta-les de Canadá, cuyo humo cubrió gran parte del noreste de los EE. UU. Tanto el primer ministro canadiense como la Casa Blanca han culpado al cambio climático.

Sin embargo, el último informe del panel climático de las Naciones Unidas no atribuye el área quemada globalmente por los incendios forestales al cambio climático. En cambio, sugiere vagamente que las condiciones climáticas que pro-mueven los incendios forestales se están volviendo más comunes en algunos lugares. Aún así, el informe encuentra que el cambio en estas condiciones climáticas no será de-tectable por encima del ruido natural incluso para fines de siglo.La administración Biden y el Times pueden pintar una imagen convincente de un apocalipsis cli-mático ardiente porque se enfocan selectivamente en las partes del mundo que están en llamas, no en el área mucho más grande donde los incendios son menos frecuentes.

 

Tomemos como ejemplo los incendios forestales canadienses este verano. Si bien los datos completos no están disponibles para 2023, el seguimiento global hasta el 29 de julio realizado por el Sistema de información global sobre incendios forestales muestra que se ha quemado más tierra de lo habitual en las Américas. Pero gran parte del resto del mundo ha visto una quema menor: África y especialmente Europa. A nivel mundial, el GWIS muestra que el área quemada está lige-ramente por debajo del promedio entre 2012 y 2022, un período que ya vio algunas de las tasas más bajas de área quemada.

El espeso humo de los incendios canadienses que cubrieron la ciudad de Nueva York y otros lugares fue grave, pero solo una parte de la historia. En todo el mundo, la quema de menos acres cada año ha llevado a niveles generales más bajos de humo, lo que hoy en día probablemente previene casi 100,000 muertes infantiles al año, según un estudio reciente realizado por investi-gadores de Stanford y la Universidad de Estocolmo.

 

Del mismo modo, mientras que los incendios forestales de Australia en 2019-20 obtuvieron titulares de los medios como "Apocalipsis ahora" y "Australia Burns", los datos satelitales muestran que esta fue una narrativa selectiva. La quema fue extraordinaria en dos estados pero extraordi-nariamente pequeña en el resto del país. Desde principios de la década de 2000, cuando el 8% de Australia se incendió, el área del país incendiada cada año ha disminuido. Los incendios de 2019-20 quemaron el 4% de la tierra australiana, y este año el área quemada probablemente será aún menor.

Eso no impidió que los medios de comunicación hicieran una selección selectiva. Corrieron con un estudio del Fondo Mundial para la Naturaleza que encontró que los incendios de 2019-20 impactaron, es decir, quitaron hábitat o alimento, sometieron a estrés por calor, mataron o lesionaron, entre otras cosas, a tres mil millones de animales. Pero este estudio analizó principalmente los dos estados con la quema más alta, no el resto de Australia. A nivel nacional, los incendios forestales probablemente mataron o dañaron a seis mil millones de animales en 2019-20. Eso está cerca de un mínimo histórico; a principios de la década de 2000, los incendios dañaron o mataron a 13 000 millones de animales al año.

 

Es vergonzosamente incorrecto afirmar, como lo hizo recientemente el climatólogo Michael Mann, que la política climática es la “única manera” de reducir los incendios. La quema prescrita, la zonificación y la gestión mejoradas de la tierra son soluciones mucho más rápidas, efectivas y econó-micas para los incendios que la política climática. El modelo de la Agencia de Protección Ambiental mostró que, incluso con una reducción drástica de las emisiones, pasarían entre 50 y 80 años antes de que observáramos un pequeño impacto en el área quemada en los EE.UU.

 

En el caso de los incendios estadounidenses, la mayor parte del problema es la mala gestión de la tierra. Un siglo de extinción de incendios ha dejado más combustible para incendios más fuertes. Aun así, el año pasado los incendios en EE.UU. quemaron menos de una quinta parte de la quema promedio en la década de 1930 y probablemente solo una décima parte de lo que se incendió a principios del siglo XX.

Cuando lea los titulares sobre incendios, recuerde las otras tácticas de miedo climático que resul-taron ser un fracaso. Los osos polares alguna vez fueron los cachorros del cartel para la acción climática, pero ahora se estima que son más poblados que en cualquier otro momento en el pasa-do medio siglo. Nos dijeron que el cambio climático produciría más huracanes, pero los datos satelitales muestran que la cantidad de huracanes en todo el mundo desde 1980 ha tenido una tendencia ligeramente descendente.

 

El calentamiento global es un verdadero desafío. Durante el próximo siglo, los costos asociados serán el equivalente a una o dos recesiones. La respuesta de sentido común sería reconocer que tanto el cambio climático como las políticas de reducción de carbono tienen costos y luego negociar un equilibrio que priorice las medidas más efectivas.

Las encuestas muestran repetidamente que la mayoría de los votantes no están dispuestos a apoyar las costosísimas políticas climáticas que han propuesto los activistas y los políticos ecologistas. Los titulares sobrecalentados sobre el Armagedón climático son un intento de asustarnos para que los apoyemos de todos modos, a costa de una discusión y un debate sensatos.

 

El Sr. Lomborg es presidente del Consenso de Copenhague, miembro visitante de la Institución Hoover de la Universidad de Stanford y autor de "Falsa alarma: cómo el pánico del cambio climático nos cuesta billones, daña a los pobres y no logra arreglar el planeta".

 

 

 

ZAFFARONI

 

y una doctrina que asesina con la lapicera

 

Diana Cohen Agrest

 

Infobae, 12 Ago, 2023

 

En apenas un par de días, perdieron la vida violentamente en intentos de robo la niña Morena Domínguez en Lanús, el cirujano Juan Carlos Cruz en Morón, el profesor jubilado Nelson Daniel Peralta en Guernica, el remisero Juan Pablo Pompa en Ingeniero Budge y el changarín Alejandro Barrionuevo en Manantial Sur, Provincia de Tucumán.

 

¿Acaso los dioses se han ensañado con nuestra patria sangrante? ¿O es el Dios abrahámico que castiga con su inteligencia los errores humanos? Leibniz dijo que habitábamos el mejor de los mundos posibles. Los dioses o el Dios monoteísta nos castigaron porque en la Argentina se vive el peor de los mundos posibles. Porque cada vez que nos asomamos a la calle, incluso en nuestros hogares, vivimos con el escozor provocado por el miedo, por la incertidumbre de que nuestra vida acabe más allá de los designios divinos.

 

Pero en rigor de verdad, tal vez no existan seres trascendentes que rijan tan perversamente estos destinos humanos. En la Argentina que duele, quien condujo a esta situación fue Eugenio Raúl Zaffaroni, una suerte de monarca del derecho de baja estofa y alta perversión.

 

Casi medio siglo atrás, inauguró una doctrina que asesinó con su lapicera y con las de sus discípulos, algunos de ellos congregados cierta vez en la Asociación Justicia Legítima: Alejandro Slokar, el fiscal/defensor Javier De Luca, Cristina Caamaño, Alejandra Gils Carbó y la inefable Ana María Figueroa, quien se resiste a los sabios embates que depara la edad de retiro. Y por supuesto, la pitonisa “Malala”, esa increíble María Garrigós de Rébori que predijo que, una vez liberados los presos, aumentaría el delito callejero.

 

Los principios de la organización se resumen en “trabajar de forma activa en la democratización de los poderes judiciales de la Argentina; en impulsar una justicia independiente y transparente, que permita reconciliar al Poder Judicial con la ciudadanía, interpretar las necesidades sociales e intervenir activamente en las transformaciones sociales”.

 

De lo mucho que lograron, se destaca la última de sus aspiraciones: por supuesto que transformaron la sociedad, al punto de que los trabajadores del conurbano deben salir de sus casas en manada para no ser asaltados y asesinados por la delincuencia que Justicia Legítima y sus secuaces adoptaron como propia.

 

Pero vayamos al huevo de la serpiente.

 

Quienes conocen la controvertida trayectoria de Zaffaroni que lo llevó a ocupar, dedo presidencial mediante, un cargo en la Corte Interamericana de Derechos Humanos, se interrogan: ¿acaso una conducta intachable no debería ser condición ineludible para merecer dicho honor? De serlo, pendía de un hilo deshilachado su elección.

 

Por empezar, el artículo cuarto del Estatuto de dicho organismo estipula que el candidato debe cumplir las mismas condiciones exigidas por la Ley del Estado que lo postula como candidato. En el caso de Zaffaroni se lo impedía su edad: según la ley argentina, un juez debe abandonar su cargo al cumplir 75 años y esa fue la razón de su renuncia a la Corte Suprema. No fue un acto de apego a la ley, como se pretendió divulgar: como las normas son volubles en nuestra (in)Justicia, apuraron la jubilación de Zaffaroni tanto como recientemente intentaron dilatar la de Ana María Figueroa.

 

Pero no se trata sólo de un límite cronológico. En el caso del ex juez, el pasado lo condena: juró por los estatutos de dos dictaduras, incluido el de la Junta Militar que ordenó ejecutar a miles de desaparecidos durante los años 70. Y pese a ser hoy considerado un adalid de los derechos humanos, jamás firmó un habeas corpus que hubiese permitido salvar una vida durante esos años oscuros. Omisión refrendada por las Madres de Plaza de Mayo, quienes incluyeron a Zaffaroni en una lista de 437 jueces que oficiaron de cómplices de la Dictadura.

 

Su historial como juez en ejercicio no es menos asombroso, aunque ideológicamente explicable. Las interpretaciones reñidas con la ética conforman una antología de la perversión: en el juicio a un encargado de un edificio que forzó a una niña de 7 años a una “fellatio”, el juez adujo que la luz apagada era un atenuante. En otro fallo escandaloso resolvió que un robo a mano armada perpetrado con un arma blanca no es considerado delito porque “un cuchillo no es un arma”.

 

En otro de sus fallos dictaminó que un auto estacionado es una “cosa perdida o abandonada por su dueño” (ya que el dueño no estaba presente) y por ende el delincuente no habría incurrido en robo, sino en “apropiación indebida”. Y en el allanamiento de un laboratorio de droga, donde requisaron elementos probatorios como balanzas, droga, un molino y los dediles, dictaminó que no debía ser considerado un local de venta de droga puesto que no se encontraba en el lugar comprador alguno.

 

Cuando se desempeñó como juez de la Corte Suprema de Justicia, sólo estuvo presente cada vez que su alineación con el oficialismo lo requería, pues sus conferencias le impidieron cumplir con sus obligaciones. Tal vez esa negligencia explique por qué se considera al juez responsable de que la Argentina sea el único país que aún no tiene un régimen de responsabilidad penal juvenil –tal como lo dispone la Convención de los Derechos del Niño– y los jóvenes sobreviven en un limbo legal.

 

Pese a que la bandera de los derechos humanos es el mascarón de proa del gobierno y del juez, sólo un 9% del presupuesto asignado fue ejecutado para el mejoramiento de cárceles superpobladas, donde los presos conviven en condiciones infrahumanas. La escalada del narcotráfico va acompañada de una progresiva naturalización de las mafias donde florece la justicia por mano propia y la venganza privada.

 

En el plano personal, el juez debió regularizar su situación de infractor a la ley tributaria para poder ser designado en la Corte Suprema de Justicia. Y desde siempre, tuvo conflictos con la ley penal: el juez alquilaba sus propiedades a una red de 10 prostíbulos.

 

Prestigiosas ONG denunciaron esta actividad ilegal ante la Procuración General de la Nación, pero dado que el juez había delegado la administración de sus alquileres en su pareja, Ricardo Montiveros, éste se declaró culpable de violar la ley de profilaxis sobre las casas de tolerancia, y pagó una irrisoria multa con lo cual logró regularizar la situación.

 

¿Cómo se explica esta serie de disparates aceptados sumisamente por los tribunales de distintas instancias? No puede soslayarse su ideario orientado a la abolición del sistema penal enmascarado bajo título de teoría agnóstica de la pena. ¿A qué alude tan pomposo título? así como el agnóstico religioso rechaza la posibilidad de un conocimiento para afirmar la existencia de Dios, el agnóstico penal declara que es imposible conocer la función de la pena: la teoría agnóstica de la pena rechaza la posibilidad de que pueda demostrarse científicamente que la pena estatal pueda tener algún fin positivo legitimador del sistema penal.

 

Más precisamente, el concepto negativo de la pena defendido por Zaffaroni, ve en el castigo una forma de coerción que impone la privación de derechos, causa dolor, no repara el daño cometido, no restituye el bien perdido, no detiene las lesiones en curso ni neutraliza los peligros inminentes. Ni siquiera posee un poder disuasorio.

 

Según sus defensores, la legitimidad de la pena puede ser cuestionada en la medida en que todo castigo es expresión de un acto de poder. Un ejercicio ilegítimo del poder en manos del Estado, enuncia un hecho político que no tiene ni una función reparadora ni restitutiva de la condición previa al delito.

 

La doctrina vigente defiende un abolicionismo disfrazado de derecho penal mínimo, orientado a proteger a los perseguidos por un Estado-Leviatán. Una especie de monstruo animado por una compulsión a castigar discrecionalmente a sus víctimas, seleccionadas entre los más vulnerables, entre los pobres y los marginales que sobreviven condicionados por fuerzas estructurales que los sobrepasan. Tales como “la frustración escolar de la persona”, Zaffaroni dixit.

 

En este escenario compasivo, no parece advertirse, como observa el teórico del derecho Tomasini Bassols, que “esos factores socioculturales son nociones extrajurídicas que señalan los condicionamientos de un sujeto y hasta las causas que pueden ser el caldo de cultivo del delito, pero no son las razones motivacionales que llevan a delinquir, que es el objeto de la juridicidad”.

 

Con el tiempo, y a contramano de los objetivos esenciales a una sociedad bien organizada, en la Argentina que nos duele los mecanismos punitivos fueron progresivamente desarticulados. ¿Cuál es la estrategia falaz y fallida de la que se sirve el abolicionismo?

 

Por empezar, una vez que las garantías constitucionales son declamadas como si hubiesen sido acuñadas por este ideario, mientras que, como se sabe y se dijo, en verdad rigen en todo genuino Estado de Derecho. Su sentido primario sufre un desplazamiento discursivo cuando parte de la premisa de que la ejecución de las penas “resulta incompatible con la ideología de los Derechos humanos”, Zaffaroni dixit.

 

Reteniendo en el tiempo el modelo del Estado punitivo del régimen dictatorial, el ideario abolicionista invoca los derechos humanos como un paraguas crítico con el que enfrenta todo presunto abuso de poder -injustificado en un Estado de Derecho- y que se atreva a violar las garantías constitucionales. Y dado que ese modelo punitivo persiste abusivamente en los espacios intramuros, en el afán de proteger los derechos de los -en su jerga- “prisionizados”, se procura eliminar la ejecución de la pena en lugar de procurar el mejoramiento del sistema carcelario.

 

El abolicionismo acusa al modelo punitivo de no ser un modelo de solución de conflictos sino de una decisión vertical del poder, mientras que el reparador es horizontal. En su crítica a los sistemas penales punitivos, los abolicionistas se valen de la noción de “confiscación del conflicto”, acuñada por Foucault. Se alude con dicha expresión a que toda vez que se califica una conducta de criminal, la ley “se apropia” del “conflicto” de los directamente afectados por el crimen. Y que, en lugar de ayudar a resolver su “conflicto”, la ley traslada el “problema” (otro eufemismo más) al contexto profesionalizado del sistema de justicia penal, en cuyo marco ni la víctima ni el victimario poseen un rol activo. La respuesta social al crimen, alegan, no debería ser el castigo sino un proceso de mediación o reparación.

 

La teoría propuesta por Zaffaroni fue acogida acríticamente por sus discípulos que serían los jueces, fiscales y docentes universitarios que no percibieron los riesgos de llevar al terreno operativo postulados que, si bien pueden ser la fuente de interesantes debates teóricos, no deberían ser puestos en práctica, tal como lo prueba el incremento del delito de los últimos años.

 

Quienes “caen presos”, prosiguiendo con Zaffaroni, caen por “tontos” y “torpes”. Y en una sociedad injusta es injusto castigarlos cuando no se castigan los grandes negociados que se omite aclarar que son ejercidos en complicidad con las autoridades políticas y, de más está decirlo, judiciales. Se impone entonces una lógica impunitiva “igualitaria”, que en lugar de buscar sancionar a todo aquel que transgrede la norma, lo exonera: como no se castiga al poderoso, se concluye que tampoco debe castigarse al “tonto” y al “torpe”.

 

Corría 1989 cuando Zaffaroni calificaba como una utopía al abolicionismo, eufemísticamente llamado “minimalismo penal”. Pero según señalaba el autor en ese entonces, “utopía” debía ser interpretada no como un ideal irrealizable, sino como un ideal a realizar.

 

Tras décadas de ser pronunciada esa sentencia, ese ideal se realizó en la Argentina. El costo de ese experimento social utópico, fueron miles y miles de vidas sacrificadas en aras de ese ideal: vidas de jóvenes victimarios y víctimas.

 

Su autor intelectual e instigador es el Dr. Zaffaroni, un exjuez con tantos pergaminos como escasas dotes para legitimar su nombramiento para un organismo que vela por los derechos humanos. Esos derechos humanos conculcados en una Argentina que día a día, llora a sus muertos por la desidia judicial.

viernes, 11 de agosto de 2023

ESTE DOMINGO VOY A IR A VOTAR

 


Monseñor Sergio Buenanueva, Obispo de San Francisco


Aica, 11-8-23

 

Hace unos días compartí un viaje con un matrimonio un poco mayor que yo. La conversación abordó varios temas y recayó inevitablemente en el proceso electoral que vivimos. Intercambiamos dudas, fastidios, interrogantes y el dolor de esta Argentina que amamos y nos hace sufrir.

 

En un momento, uno de ellos manifestó que había decidido inicialmente no acudir a votar como demostración de rabia y frustración. Sin embargo, había finalmente desistido. Recordando sus años de secundaria durante la dictadura, le habían venido a la memoria los sentimientos y emociones de aquellos años, la violencia política y la sensación de peligro latente, las advertencias de sus familiares y docentes ante la represión que se ensañaba también con los estudiantes. Pero, sobre todo, lo que había significado aquel domingo 30 de octubre de 1983 cuando, por primera vez en su vida, pudo ejercer el derecho ciudadano del voto.

 

¿Cómo dejarse vencer por la decepción olvidando el alto precio que se había pagado por aquel paso enorme que dimos al recuperar la democracia?

 

Coincidimos los tres, tanto en el recuerdo, en los sentimientos y en la decisión de no faltar a la cita con el cuarto oscuro. Los tres tenemos decidido ir a votar este domingo de las PASO y en las fechas que restan del calendario electoral.

 

***

 

La Iglesia alienta la participación activa de los cristianos en la vida ciudadana. El bien común es responsabilidad de todos e interpela la conciencia de cada uno.

 

 

La doctrina social señala que el primer y fundamental cauce de participación pasa por la vida cotidiana y las responsabilidades de cada bautizado en la familia, el trabajo y la vida social. De una manera los clérigos y de otra, los laicos. Destaca también que, en la medida que sea posible, los cristianos han de participar en la vida ciudadana de la sociedad a la pertenecen; mucho más si, por vocación y misión, los laicos se sienten llamados a la política.

 

Por otra parte, la Iglesia reconoce claramente el derecho al voto y condena explícitamente a aquellos regímenes que impiden, condicionan o alteran de alguna manera la participación de los ciudadanos en la vida pública a través del voto o que no respetan el estado de derecho. Señala además como un valor del sistema político que, a través de las elecciones, el pueblo elija sus gobernantes, los confirme o los sustituya pacíficamente a través de elecciones libres y períodicas.

 

Subraya que toda forma de participación ha de ser siempre voluntaria, es decir: apela a la conciencia y a la libertad de cada uno para ejercer ese derecho. Por eso, no intima a los cristianos a acudir a votar. Tengamos presente que, en muchos países, el voto no es obligatorio como entre nosotros.

 

El gran principio que sustenta la vida social y la participación en la cosa pública es la dignidad de la persona humana, sus derechos y deberes. 

 

***

 

Como obispo, por tanto, solo puedo recordar a los fieles católicos que la vida ciudadana de nuestro país reclama la participación libre, voluntaria y a conciencia de cada uno de nosotros.

 

Si bien no puedo urgir el voto de nadie, si puedo -y es lo que hago- los invito a participar en el acto eleccionario, acudiendo a las urnas, haciendo una elección del bien posible, de los programas y las personas que consideremos que, aún en la imperfección de la política, expresan suficientemente los valores, verdades y principios que brotan de nuestra fe y de nuestra comprensión del bien común.

 

Es una opción delante de la propia conciencia por el bien posible, aquí y ahora, sujeta también a errores y riesgos. Es inevitable.

 

San Juan Pablo II recordaba atinadamente que la democracia, sobre todo cuando no respeta el estado de derecho y la dignidad humana, y se desvía por la corrupción, genera frustración y apatía. La falta de participación ciudadana tiene aquí una de sus causas: es la desilusión del pueblo que se siente traicionado en su deseo de justicia y prosperidad.

 

No ir a votar, votar en blanco o buscar deliberadamente la impugnación del propio voto forman parte de las posibilidades del sistema electoral de la democracia. Eso sí: son posibilidades extremas que, junto con algunos valores, abren la puerta a muchos peligros.

 

Así como ir a votar enojados, descreídos y desilusionados suele acarrear que terminamos eligiendo las peores opciones, no votar, hacerlo en blanco o buscar la anulación del propio voto también conlleva peligros que se vuelven sobre nosotros mismos. Vale la pena considerarlo.

 

Hoy -gracias a Dios- se nos ha hecho costumbre ir a votar cada tanto. Las nuevas generaciones lo han incorporado a su ritmo normal de vida. No siempre fue así.

 

Este domingo voy a ir a votar.+