domingo, 1 de octubre de 2023

CUANTO MENOS GASTOS, MENOS ROBO


 

POR DARDO GASPARRÉ

 

La Prensa, 30.09.2023

 

Como alguna vez dijera el gran filósofo neolibertario Luis Barrionuevo, Argentina se arregla si paramos de robar dos años.  Tal vez con la inflación ahora habría que pensar en cuatro años, pero el concepto es el mismo. Es que no hace falta demasiada investigación para comprender que la corrupción es generalizada, es multipartidaria y es multisectorial.

 

Cualquiera que esté dispuesto a emitir una factura más o menos legal y retornar algo de lo que cobra a alguno padrone, califica para participar del robo. Empresarios, concesionarios, licitadores, sindicalistas, todos son la mafia, o la casta, como se le quiera apodar. Se trate de una gigantesca obra pública que por supuesto, sólo puede hacer el Estado o de una modesta vendedora de ilusiones que tira el tarot en un Banco del estado (¿determinarán así las inversiones?)

 

En algún momento existió una cierta proporcionalidad en el robo, es decir, los pequeños soldaditos participaban en cantidades modestas del reparto. Hoy, las cifras que se manejan son espeluznantes. Que un puntero-funcionario de cuarto o quinto nivel le haya pagado 20 millones de dólares a su esposa con motivo de su separación, es apenas una noticia de panelismo farandulero, cuando en realidad debería generar un juicio penal y hacer meditar en lo que la sociedad normaliza y tolera con resignación.

 

La vergüenza del robo con las tarjetas de débito, un acto de colusión multipartidaria y multisectorial escandaloso, une a movimientos y políticos viejos y nuevos, igual que lo hacen los candidatos que cambian de un partido a otro y dicen todo lo opuesto que hace pocas semanas, sin que nadie parezca comprender que ello es un escupitajo a la sociedad, pero también un castigo que la sociedad merece por creer en cualquier dios, en cualquier milagro, en cualquier fanatismo. Lo que, como se puede ver, no es un atributo exclusivo del peronismo.

 

Por eso, la columna insiste en bajar el gasto del Estado, que no sólo ha subido en las últimas dos décadas desproporcionada, injustificada y perversamente, sino que ha configurado una estafa a los más pobres y marginados, a los que supuestamente supone ayudar.

 

Ahora que parece que la realidad ha puesto en su lugar la magia monetaria salvífica, y que los discursos facilistas chocaron contra la aritmética elemental, es más importante que nunca la tarea de bajar el gasto del Estado, en todas las jurisdicciones, causa de la emisión, consecuentemente de la inflación y de la destrucción del sistema de precios e inversión del país.

 

LELIQ IMPAGABLES

Para que no quede ninguna duda, uno de los rubros más importantes del gasto del estado, aunque no se contabilice como tal en el Presupuesto - esa payasada- es el interés de las Leliq, o de los Plazos Fijos, según como se quiera poner, que también es una erogación que Argentina no puede pagar, aunque se hayan ensayado alquimias diversas para cambiarla por boletos capicúa, o similares. Convalidar un Moral Hazard para salvar del riesgo país a los supuestos “pequeños ahorristas” siempre será hipotecar la producción con algún formato.

 

Por eso la columna sigue insistiendo en ideas para bajar el gasto, que no pretenden ser integrales ni siquiera las correctas, pero que muestran el trabajo minucioso y de gestión que hay que hacer para no proceder “a lo Massa”, y usar la inflación para despojar a la producción y al trabajador auténtico de todos sus derechos. El racional en este punto podría ser: “como lo que se roba es un porcentaje del gasto, cuanto menos gasto menos robo, y entonces más eficiencia y menos impuestos y costos”.

 

Aunque se intente hacerlo, no es tan fácil discrepar de este concepto, salvo que se crea que cambiar de partido, de boleta, de jurisdicción o de cargo para el que los candidatos se postulan, sea una redención, una conversión en el camino a Damasco, un mantra que troca a los malos en buenos por el solo hecho de cambiar de sigla o de lema partidista.

 

Así como hay quienes se perciben de diferente género al natural, u otras percepciones, pareciera que los candidatos se perciben de pronto en un formato distinto a su historia, o simplemente a lo que hicieron o dijeron hace dos años, o uno, o tres semanas, según les convenga. Una población crédula y convenientemente fanatizada o barrabravizada elige dejarse engañar. Ojalá el horóscopo funcione.

 

Tras este introito que parece necesario, habrá que concentrarse nuevamente en la tarea de bajar el gasto, tarea aburrida, desgastante, impopular y sobre todo imposible frente a la ignorancia de cómo se encaran esos procesos, o a la conveniencia de no encararlos.

 

EL MAESTRO BRODA

En una entrevista de esta semana el economista Miguel Ángel Broda, (con quien el autor de esta columna tuvo el honor de compartir los insultos y agravios del ministro Cavallo hace 30 años por enrostrarle la corrupción del régimen automotor) sostuvo que para encarar semejante tarea de austeridad hacían falta 3.000 funcionarios muy capacitados. La columna lamenta disentir del maestro Broda: hacen falta no menos de 30.000 fiscales del gasto para poder bajarlo seriamente, recuperar la confianza y no hacer un desastre social. En cambio la columna coincide con Broda en que los dos partidos opositores principales, que al menos en los papeles defienden la libertad de mercado y la inversión privada, deberían unirse en esta colosal tarea. (La columna cree sin embargo que eso no pasará)

 

Un tema crucial es el falso federalismo que ha creado jurisdicciones provinciales y municipales mezcladas con punteros que son federales para gastar pero unitarias cuando se trata de pasar el cepillo del mangazo. Son las que se ingeniaron para hacer que todo cambio en la coparticipación federal deba ser unánime, salvo que aumente.

 

Es evidente que todo lo que se aplica al gasto del gobierno federal, tanto en el volumen como en las prácticas para controlarlo y restringirlo, los análisis de contratos, concesiones y juicios y todo el paquete de trucos indios del robo, debe aplicarse también a esas satrapías. No deben subestimarse las comunas, todo el sistema es rampantemente corrupto. Todos los sátrapas son millonarios en dólares. (En eso tienen razón algunos teóricos: los ladrones ya eligieron dolarizarse)

 

Domingo Cavallo, Carlos Rodríguez y todo su equipo saben que el interior fue la causa central del estallido de la convertibilidad, al no poder reducir su gasto ni su deuda en sus mil formatos. De modo que hay que contar con que aún en los casos de que un gobierno local sea del mismo partido que el del Poder Ejecutivo Nacional, la resistencia a cualquier ahorro y a cualquier control será sorda pero durísima.

 

Algo parecido sucederá con el pacto sindical-empresario, que la lleva casi 80 años de vigencia. Todo intento de morigerar a los prebendarios será respondido con una huelga inmediata de los trabajadores del sector. Pasaba así en la década del 40 con los sindicatos de la industria azucarera prebendaria, acaba de pasar con la obra pública “del estado”, que en rigor es un sistema de licitación a privados que no son otra cosa que una gigantesca causa de los cuadernos, como se ha dicho aquí.

 

Quienquiera gobierne tendrá que encontrar elementos de presión, (sí, presión) para obligar a esas satrapías a proceder con responsabilidad y seriedad. Por eso hay que buscar mecanismos para limitar los impuestos coparticipables. La reciente eliminación virtual del Impuesto a las Ganancias en el sector de altos ingresos reduce el gasto coparticipable, pero obviamente ya se están negociando que otros impuestos hoy no coparticipables, como el de débitos y créditos bancarios, se transforme en coparticipable, otra aberración, que debería ser combatida por todos los partidos de la oposición, si no tuvieran en sus entrañas tantos kirchneristas.

 

Por eso en el nuevo Presupuesto, aunque no suene ortodoxo, hay que copiar al kirchnerismo. Es decir, subestimar la inflación. De ese modo, toda la recaudación adicional pasa a ser en buena parte de libre disponibilidad del PEN, con lo que puede usar esos fondos no coparticipables para bien, es decir para negociar con las provincias la adopción de políticas fiscales serias y de reducción de impuestos alevosos. No hay manera de utilizar la persuasión para lograr esa adhesión. Mafia contra mafia.

 

ACORDAR CON LA CORTE

En esa tarea, como en otras de las que se vienen enunciando, será fundamental acordar con la Corte Suprema la interpretación y aplicación de las leyes vigentes y la eliminación de excesos de todo tipo que se vienen cometiendo. No muy distinto a lo que hizo Menem. La Corte, como cabeza del Poder Judicial, tiene que estar conteste con la política de austeridad y evitar la utilización de la Constitución como un preservativo para defender privilegios o negociados, y actuar velozmente. Si no se logra esa comprensión y participación de la Corte en todo el esfuerzo de reducción de gastos y robos, casi carece de sentido emprender la tarea.

 

Debe tenerse presente que, contra lo que indica la CN, los diputados de cada provincia se han tornado dependientes, como si fueran empleados, del gobierno provincial o de su partido, lo que torna imposible cualquier proyecto serio de ajuste, austeridad o seriedad fiscal.

 

Paralelamente, no parecería demasiado serio que se encarase esta colosal tarea sin que la política ofrezca un permanente ejemplo de austeridad y prudencia en sus gastos.  Es superfluo enumerar los escandalosos abusos en todas las áreas de los tres poderes, cuya sola comparación con cualquier otro país de cualquier tamaño oscila entre el ridículo y la lágrima. Eso también es robo, aunque se disfrace de asesorías, jubilaciones de privilegio, viáticos, gastos especiales, pasajes, viajes, congresos, y cualquier otra denominación más o menos ingeniosas.

 

Difícilmente en esas condiciones se pueda hacer creer que hay equidad o seriedad si se suprime un subsidio de 20 mil pesos pero se mantienen los gastos que insumen el Parlasur, el Congreso y su vergonzosa biblioteca de Babilonia, (por lo cara) las legislaturas y organismos comunales, y cuanto otro gasto disimulado se oculte debajo de cada piedra que se levante. Si no se puede poner coto a ese robo por planilla, es inútil cacarear que se va a arreglar ninguna cosa. (Las múltiples jubilaciones y pensiones de Cristina Kirchner son un fácil ejemplo, pero muestran la poca capacidad de ira y enojo que tiene el pueblo de la patria ante el despojo)

 

La Corte, además, junto al Consejo de la Magistratura en una versión no prostituida por el kirchnerismo, tiene la tarea pendiente y grave de eficientizar la Justicia. No ya, o no sólo, en costos. En velocidad, en simplificación, en probidad, en mejoras de los procesos. El ataque injusto de la señora de Kirchner para no ser imputada, y su propuesta de una reforma socialista, ha paralizado los reclamos de los necesarios cambios y mejoras en el sistema judicial, para no aparecer apoyando los despropósitos de la condenada vicepresidente. Sin embargo, esas demoras, esos prevaricatos, esos negocios judiciales también son un gasto que el país soporta. Y también son un robo.

 

Tómese el caso de los negocios del fuero laboral, que basado en una interpretación deliberadamente errónea del principio in dubio pro operario asegura que cualquier juicio contra un empleador termina con una fuerte pérdida para el mismo, con o sin razón, aún en contra de la ley luego con una indexación delirante que lo conduce a la quiebra. Cuando los empresarios hablan de modernizar los convenios, o el sistema laboral, en rigor quiere decir liberarse del yugo judicial que transforma cada juicio en un enorme negocio para todos sus participantes y en la quiebra para el condenado. Eso no sólo es gasto, sino que facilita la oposición sistemática a cualquier intento de solución. Y definitivamente, atenta contra la inversión y el empleo, aunque no sea el motivo de esta nota.

 

Sin claros pronunciamientos de la Corte en estos aspectos, no hay solución.

 

EL ESTADO NO EMPRENDE

Un rubro clave, que requiere, además de conocimiento, gestión y agallas una vocación rayana en el heroísmo o en el martirio, es el de las empresas del Estado. Existen grupos de estas seudoempresas (el Estado no emprende nada, por definición) que son más fáciles de encuadrar, si bien no de resolver. Aerolíneas, una cueva de bandidos, además de inviable y gastadora serial, Telam, Televisión Argentina, no tienen razón de existir.

 

La primera, Aerolíneas, impide además el desarrollo de un verdadero sistema de transporte aéreo que en serio conecte a todos los habitantes del país a tarifas razonables. Por supuesto que requiere un estudio profundo pero no para analizar si debe subsistir o no, sino para estudiar y aplicar los mecanismos de eliminación y de respuesta a la lucha subversiva y saboteadora que se producirá aun antes de tomar ninguna medida. Es acaso la mejor síntesis del gasto público argentino. Inútil. Ineficiente, corrupta, atrasada y saboteadora de todo intento de progreso o eficiencia. Cueva de delitos de todo tipo de delincuentes, desde Yabran y sus socios o sucesores.

 

No se debe caer en el error de intentar que sea rentable, ni de eficientizarla, ni de hacer que deje de ser deficitaria. Tampoco de entregarla a su personal, porque se convertirá en un permanente subsidio y en una continuidad monopólica. Desde 1943 en adelante, todos los iluminados que intentaron “desde adentro” tratar de hacer rentables y eficientes las empresas mussolinianas del peronismo, fueron devorados o absorbidos por vaya a saber qué mancha voraz.  Debe primero dejar de ser línea de bandera y luego desaparecer.

 

Ni siquiera tiene sentido intentar privatizarla, porque terminará siempre en el mismo punto. Se debe dedicar el tiempo, el conocimiento y el esfuerzo desde afuera a ver el modo legal y práctico de hacerlo: cielos abiertos, aeropuertos, apertura de rutas aéreas, y un mecanismo que facilite la absorción de personal capacitado, que sin duda lo tiene, por los nuevos protagonistas. La solución del problema de este monopolio implicará casi una guerra civil, guerra que hay que enfrentar y vencer, porque simboliza la reacción ante cualquier cambio similar. Semeja mucho a la huelga de los controladores o de los mineros que soportaron Reagan y Thatcher. 

 

Por supuesto que este tema implica revisar íntegramente la operatoria de Aeropuertos 2000 y sus negocios y acuerdos con el ente estatal de contralor, el diabólico ORSNA, que forman parte de un mismo paquete, más allá de lo formal. Nada más que este punto requiere una dosis de tiempo, capacidad, conocimiento de múltiples aspectos, coraje, honestidad y decisión. Si no se puede cruzar este Rubicón, apenas se cruzarán charquitos.

 

Telam y Televisión Argentina, junto con otros entes similares, deben desaparecer de inmediato, y su personal estable engrosar la lista única de sueldos-subsidios que se propusiera en la nota anterior. No es necesario, ni constitucional ni cierto, que haga falta un ente de noticias oficiales, más bien al contrario, se opone a todo concepto democrático. Tampoco es cierto que se requiera un canal de la magnitud del actual para fomentar la cultura, suponiendo que eso sea lo que se ha venido haciendo hasta ahora, además de ser refugio de inútiles. También aquí habrá que dedicar gestión y capacidad de comunicación para pelear la batalla mediática y supuestamente “cultural” que la decisión de cerrar estos merenderos desatará.

 

La obligación de la publicidad de las medidas de gobierno es mucho más modesta que el despliegue de publicidad de ideología oficialista que se ha venido desarrollando a un alto costo. Se ha confundido deliberadamente la publicidad de las medidas del Estado con la publicidad del oficialismo. Basta ver los avisos. Esto vale también para la Pauta, cuya reducción le valió tanto odio de periodistas enojados. Esa pauta debe reducirse todavía más. Contribuirá a la limpieza del sistema y a reducir costos.

 

También aquí, la tarea, además de luchar contra los subsidiados protestadores y apedreadores será encontrar la manera legal de llevar adelante el cierre y de suplir, en algunos casos mínimos, la tarea de comunicación legal de los actos de gobierno y algunos aspectos culturales. Un canal de cable bastaría.

 

Está claro que la sola enunciación de estos tres casos da una idea de la batahola ideológica que se aproxima, pero que no habrá más remedio que enfrentar y serenar si se quiere en serio producir los cambios de fondo que todos prometen.

 

EL CASO DE YPF

Las empresas estatales se pueden dividir a grandes rasgos entre las que deben cerrarse y las que requieren acción especial. Tal es el caso de YPF. Como es sabido, la empresa se privatizó a precio de mercado, una buena decisión que no fue sostenida a causa de la incertidumbre cambiaria, los controles y manoseos tarifarios y otras típicas trampas telúricas. Luego devino el desastre de la colusión entre el Estado y Repsol para permitir la desinversión vía dividendos alevosos, una barbaridad consentida por la SEC y las autoridades de contralor locales, ya que se oponía a todas las normas. De ahí surge como contrapartida o retorno la “venta” del 25% en dos etapas con control de la compañía a Eskenazi, el “experto en mercados regulados” otra barbaridad informada a la SEC y consentida por ésta.

 

Pocas empresas más corruptas que la petrolera. Desde siempre. Las licitaciones y adjudicaciones fueron el coto de caza de muchos “expertos en contratar con YPF” que enriquecieron groseramente con sus negociados. Néstor Kirchner concesionó y prorrogó concesiones por decenas de años sin licitación, y aún hoy sus negocios son un misterio. Al mismo tiempo, ofrece una gran oportunidad para el crecimiento del país, o al menos para generar dólares. No parece razonable intentar privatizar la empresa, pero sí tiene sentido analizar todos los contratos vigentes en profundidad, para ver el modo en que se realizaron las adjudicaciones y licitaciones, los acuerdos, pactos y demás particularidades. Entre ellos, los acuerdos con Pan American Energy, ampliamente beneficiada con ellos. No es el único caso.

 

Esta empresa requiere por un lado un management profesional de primerísima línea, por el otro una auditoría de gestión profunda, y siempre el ojo vigilante de toda la sociedad. Su futuro tiene mucho que ver con la liberación del mercado cambiario y de los sistemas tarifarios. Hoy funciona con un conjunto de reglas excepcionales que no deberían ser una práctica. Al mismo tiempo, se impone obligarla al cumplimento de todas las reglas que rigen a las sociedades anónimas argentinas, incluyendo su auditoría, y las de la SEC. Si se quiere pensar en privatización habría que esperar algunos años a que su funcionamiento previo y actual esté clarificado y optimizado. Una de las posiciones más difíciles de llenar para cualquier gobierno.

 

Todas las empresas o entes estatales requerirán una revisión, adecuación, mejora o análisis. Tómese el caso del Conicet. Es aventurado decir que se debe cerrar, o que no presta una función útil. La presta. Respetables profesionales reciben un ingreso del ente. Muchas universidades privadas financian el costo de sus profesores con aportes de este organismo. Al mismo tiempo, hay “infiltrados” que reciben una remuneración por investigar el sexo de los ángeles. El kirchnerismo se ha especializado en saturar con inútiles pagos todo el sistema. Se arregla con gestión y elevando el nivel de exigencia. Requiere conocimiento, trabajo, seriedad y nuevas reglas. Como casi todo. Obviamente, la solución fácil y simple de cortar de un tajo lo que molesta o no se comprende bien es pocas veces adecuada.

 

MONOPOLIOS PRIVADOS

Hay otros monopolios que no son estatales, sino privados, pero que también son graves y alevosos,  y requieren investigación y sanción, como el caso de Telecom-Fibertel-Personal-Cablevisión-Flow-Arnet, un exceso que sólo puede explicarse si hubiese tenido lugar en Sicilia en 1930. No es así la libertad de mercado. No es esa la teoría liberal, ni la de la escuela austríaca, ni del capitalismo.  La justicia debería resolver y sancionar estos temas, como en EEUU, antes de Biden.

 

Estos son unos pocos casos que sirven de ejemplo de lo complicado y diverso de la tarea, si en serio se quiere hacer con el soporte ciudadano. Hay casos distintos, como el del cine, que tiene una cuota de corrupción y explotación de los regalos del Estado apabullante, contra unos pocos casos que acaso justifiquen el subsidio. Bastaría con decir que prácticamente sin excepción, ningún director paga los préstamos que recibe. La experiencia personal del columnista apunta a un alevoso saqueo de los fondos estatales. Difícilmente eso pueda ser interpretado como un apoyo al cine nacional.

 

Sin embargo, la sensibilidad exprés de Palermo, tan habitual, hace conmover a mucha gente que no advierte las estafas. Aquí se requiere otro camino, para mostrar a la sociedad caso por caso la realidad, a fin de que no se convierta en defensor de una supuesta cultura. En este tipo de entes, no hace falta un gerente o un presidente, hacen falta auditores y auditorías que hagan público los resultados para mostrar a la sociedad el abuso.

 

Un punto central a trasmitir es que el país y sus habitantes están en la ruina y en la pobreza. No puede darse el lujo de subsidiar salvo las esencialidades. Si no se logra hacer comprender este hecho, tampoco se podrán tomar las medidas correspondientes. Ciertamente, se trata de una tarea de cirujano y no de carnicero, de bisturí, no de motosierra, como se ha dicho aquí.

 

DRAMATICAS UNIVERSIDADES

Otro ejemplo dramático es el de las universidades. El sistema nacional es el más ineficiente del mundo. Y no pasa por la gratuidad o no de la enseñanza, si bien es absurdo que un país en la miseria regale su enseñanza a extranjeros, que luego se marchan. Se recordará que Agustín Lanusse comenzó el hábito de crear universidades de cercanía. Un mecanismo antieconómico y antiacadémico. No hay posibilidades económicas de conseguir una buena enseñanza con la creciente dispersión argentina. Mucho peor es cuando las universidades alimentan el bolsillo y el populismo de algún puntero sublimado.

 

Para colmo de males, los padres, que un día marcharon pidiendo el ingreso irrestricto de sus hijos, un alegato colectivo por la ignorancia, lograron crear el CBC, mecanismo que consume más de la mitad del presupuesto de cada universidad. No habrá presupuesto que alcance y la excelencia se alejará cada día más. Los que no querían que sus hijos tuvieran que viajar de Río Cuarto a Córdoba para educarse, ahora ven a sus hijos marcharse a cuidar jardines en Canadá. Lo peor es que no es cierto que el Presupuesto de las universidades no alcance. Como no es cierto en ningún otro nivel de enseñanza. Todo se ha transformado en un mecanismo de corrupción grande o pequeña, patrocinados por sindicatos casi siempre trotskistas o similares, que han desprestigiado y bastardeado el mejor mecanismo igualitario y de progreso individual conocido. La pregunta es: ¿Aceptarán las provincias y ciudades importantes perder sus universidades, que creen un símbolo de saber y progreso?  Y la pregunta siguiente es: ¿Y quién las pagará? Dos preguntas que bien resumen todo el problema del gasto argentino. Y de llevar el populismo en la sangre, claro. 

 

EL LUJO DE SER SUPERFICIAL

Ningún gobierno se puede dar el lujo de ser superficial en estos temas, ni de tomar decisiones instantáneas y no coordinadas. Hablar de cambiar el país sin estudiar cómo atacar este problema suena casi irresponsable. El gasto está ahí, pero requiere trabajo, inteligencia, conocimiento y capacidad de comunicación reducirlo y hacerlo eficaz. Eso es cambiar el país.

 

Se pueden listar todos los gastos uno por uno, y todos requieren un tratamiento complejo, inteligente, de gestión, de conocimiento y de análisis. Y probablemente no haya una, sino ciento de soluciones, aplicables a los diferentes casos. Por eso la columna pone estos ejemplos, y plantea la necesidad de contar con especialistas de las dos fuerzas de oposición.

 

Del otro lado está Massa, hoy peronista, mañana quién sabe, haciendo una rara chapucería en cada cosa que toca, agravando cada problema que cree solucionar o que dice solucionar, rompiendo cada vez más la sociedad y los consensos.

 

La oposición tiene que unirse al día siguiente de la elección, porque es la única chance que tiene el país. Si en cambio cualquiera de las dos fuerzas decidiese unirse abierta o solapadamente con el peronismo en algunos de sus formatos, sindical, residual, prebendario empresario, financistas cueveros o cualquier otra rama de la mafiacasta, se condena al fracaso y condena a la extinción a la sociedad.

 

Una elección se gana de mil maneras. Pero el triunfo verdadero es sacar al país de la miseria, la pobreza, el atraso y la vergüenza. Lo otro es estrépito y cenizas, diría don Jorge. 

INÉS SPERONI


 “La clase política, la banca y parte de la industria arman excusas para apropiarse de la renta agropecuaria”

 

Claudia Peiró

 

Infobae,  01 Oct, 2023

 

Entrevista con la economista y especialista en agronegocios Iris Speroni

Argentina parece nunca poder salir de la contradicción de ser un país rico pero incapaz de desarrollar su potencial. Iris Speroni, economista y especialista en agronegocios, sostiene que existe “un plan político económico” al que llama “vivamos todos del campo” y que consiste en que “una serie de sectores como la clase política, la banca y parte de la industria arman kioscos o paraguas o excusas para apropiarse de la renta agropecuaria” y para colmo nada de eso vuelve en concepto de inversiones en infraestructura para mejorar la productividad del campo.

 

De no ser por este sistema parasitario, Argentina, como lo vienen haciendo Brasil, los Estados Unidos o Rusia, podría desarrollarse en un tiempo relativamente breve, proponiéndose por ejemplo llegar a exportar 300.000 millones de dólares; meta que le parece alcanzable a corto plazo, pero parte de esa riqueza debe volver en trenes de carga, barcos y otras obras necesarias para sostener ese ritmo exportador.

 

Iris Speroni, economista egresada de la UBA, con posgrado en Agronegocios de la misma universidad, y especialización en Finanzas en UCEMA, y una trayectoria profesional en la actividad privada, predica permanentemente sobre estas cuestiones como columnista en diferentes medios y en su blog. Su enfoque es pragmático, realista, y con el interés de la Argentina en primer plano. Parece simple, pero son categorías de observación que suelen brillar por su ausencia en el discurso político.

 

En esta charla con Infobae, Speroni sostiene que podríamos en poco tiempo retomar la senda del crecimiento, porque tenemos con qué. Se trata de entender que el agro es el motor de nuestro desarrollo y que parte de la riqueza que produce debe volver en inversión para infraestructura para sostener su expansión. Para ello, hay que poner fin al sistema que lo expolia permanentemente -y al conjunto de los argentinos- para repartir ingentes beneficios entre unos pocos.

 

— Estamos viviendo una situación de gran inestabilidad, de no saber cómo se llega al 10 de diciembre. ¿Vamos a poder aterrizar sin un crash? ¿Vamos a poder evitar un nuevo trauma?

 

— Suena complicado porque mi opinión es que se están llevando adelante las mismas políticas monetarias que durante el Plan Primavera. Casi diría que hasta por la misma gente o la misma ideología.

 

— Alfonsín, año 89.

 

— Alfonsín y Machinea al frente del Banco Central que fue el que elaboró el genial Plan Primavera que terminó en el crash del país. Se están tomando las mismas medidas políticas por seguidores o pupilos de Machinea, así que hay grandes chances de terminar de la misma manera.

 

— ¿Esas medidas cuáles serían?

 

— Básicamente un modus operandi sumamente perfeccionado, que es tener el tipo de cambio retrasado, lo cual hace que toda aquella persona que obtenga dinero, con buenas o malas artes, y tenga acceso a comprar esos dólares baratos, compra el doble de dólares de lo que podría comprar en un mercado libre; y por el otro lado remunerando pasivos del Banco Central con lo cual genera de la nada rentabilidad para un grupo muy selecto de personas. Ese grupo se apodera de la emisión monetaria, es decir de todo el dinero que nos sacan a nosotros todos los meses por impuesto inflacionario, se lo dan a diez personas. Y por el otro lado…

 

— ¿Quiénes son? ¿Los bancos?

 

— La banca que después lo reparte como puede. A quienes se lo reparte en algún punto solo cubren la inflación. O sea, a diferencia de un jubilado o un trabajador que no puede salvarse del impuesto inflacionario, una empresa que pone su capital de trabajo en el mercado cubre total o parcialmente la inflación. O sea, unos salen hechos o casi hechos, y el resto pierde horrorosamente. Todo ese dinero se lo queda la banca a través del spread, de la diferencia de tasas. Pero además ese mismo grupo de gente un poco más ampliado es el que compra dólares a mitad de precio. O sea, el Estado emite para que algunos compren dólares a mitad de precio. Y todo eso nos lo cobran a nosotros. Es una carrera demente. Pero no es la primera vez que sucede en la Argentina; es un excelentísimo negocio, entonces lo siguen haciendo hasta que nos van quebrando. Luego nos recomponemos un poco, nos quiebran de vuelta, y así.

 

— El kirchnerismo tiene un problema ideológico con la inflación, sostiene que la emisión sin respaldo no tiene nada que ver...

 

— Yo diría que cualquiera que diga que la inflación es por algo distinto de la emisión o es un burro o es un mentiroso. Lo que pasa es que la inflación en la Argentina es un excelente negocio para pocos. La inflación permite repartir dinero de la nada, es una forma de vaciar el tesoro público, y lo paga el resto de la población con impuesto inflacionario. Entonces si yo tengo rédito por la inflación, quiero que siga existiendo. Voy a dar una cifra: 44.000 millones de dólares se robaron solo con diferencia de tipo de cambio. Además, según el tipo de cambio y el día, por intereses de Leliqs estamos con 65 millones de dólares por día o de 130 ó 150 por día si es al cambio oficial. Pero suponiendo que sea por tipo de cambio libre estamos en casi 70 millones de dólares diarios.

 

— De intereses por las Leliqs.

 

— De intereses por Leliqs. Es decir todo, todo el déficit de Aerolíneas Argentinas son dos días y medio de déficit del Banco Central. Entonces una persona que tiene un puesto de ñoqui, que cobra y no va, o los que dicen que el problema de la Argentina son las jubilaciones, o todos los sueldos de la administración federal, eso representa sólo una mínima porción de lo que se gasta en intereses.

 

— Javier Milei dice que quiere ajustar a la casta. El tema es cómo. Por ejemplo, liberar tarifas de transporte y servicios, ¿es ajustar a la casta?

 

— Yo creo que si él va a cortar el tema de las Leliqs, va a cortar un robo de, no hagamos dólar oficial, hagamos dólar libre, 70 millones de dólares por día. Ahí hay un montón de gente que se beneficia con eso. Por algo los bancarios tienen los sueldos más altos de la Argentina, junto con los petroleros. De alguna manera participan del rédito del impuesto inflacionario. De una mínima parte, claro, no se llevan todo, pero alguna parte les toca a ellos. Eso ya sería una parte. Si se paga a quien exporta el valor del dólar o la divisa que corresponde, y un productor de trigo, un productor de carne de cerdo o los que hacen aluminio en la Patagonia o la gente que hace pesca, cobra el dólar que corresponde bueno, ya va a haber una cantidad de amigos del poder que han comprado todos los dólares que consigue la Argentina, que el año pasado fueron 88.446 millones de dólares, no es que es poco dinero, lo compraron a mitad de precio. Por eso hubo cualquier cantidad de compras de aviones privados, por ejemplo. Ahí va una parte del valor del trigo que el productor no cobra. Cuando el botín es tan grande, hay mucha plata para comprar voluntades y mantener el statu quo. Con lo cual, si se corta el tema de manipular el tipo de cambio, muchos argentinos dejarán de ser expoliados de la mitad del fruto de su labor.

 

— ¿Y los subsidios?

 

— Los subsidios al transporte, a la electricidad, al gas, tienen una contracara que es yo tengo un sueldo miserable de 150 dólares, que es el suelo promedio de la Argentina, entonces no puedo pagar el precio de mercado de un kilowatt. Queda claro. Entonces hay un fraude ideológico armado básicamente por el kirchnerismo, por el populismo ya que me niego a decir que eso es peronismo, que consiste en pagar sueldos miserables a la gente y manipular algunos precios de tal manera que la gente pueda tener electricidad para ver la tele, tener heladera y comprar carne de vez en cuando y no mucho. Entonces manipulan el precio de la carne, el precio del transporte, el precio del kilowatt. Pero la verdad es que del otro lado hay una serie de empresas que son concesionarias de servicios públicos. También están los concesionarios de líneas de transporte. Cuando yo era chica era el colectivero y una cooperativa de colectiveros y una línea tenía, no sé, 150 colectivos y había 90 ó 120 patrones, con chófer para el contraturno; hoy han sido todas compradas, algunas hasta en forma hostil, por los políticos, que son los receptores de los subsidios. Y nadie sabe cuánto se paga, porque es en base a declaraciones juradas. Los subsidios privados en el presupuesto nacional representan mucha plata. Es mucho más dinero que la totalidad de los sueldos de la administración pública. Entonces prefiero que el transporte valga lo que tenga que valer, y que la gente gane el sueldo que tiene que ganar para poder ir a trabajar. El subsidio al transporte no es un subsidio a la persona ni al trabajador, es un subsidio a la patronal. ¿Por qué tengo que subsidiar a la patronal? Que la patronal pague lo que tenga que pagar el trabajo y que la gente pueda alimentar a su familia, tener su techo y pagar su transporte, vestirse y alimentarse bien. Es más, creo que la Argentina tendría que buscar un sistema económico por el cual con que trabaje uno en el hogar sea suficiente. No puede ser que trabajen dos y no alcance, porque es la destrucción de la familia.

 

— Otro tema que en estos años complicó el panorama económico y político es la guerra contra el campo. Como si en la Argentina, o crece la industria o crece el campo, que sería el malo de la película que no permite que crezca lo otro. ¿Existe realmente una dicotomía tal que no podemos, siendo un país con tantas riquezas naturales, desarrollar las dos cosas?

 

— Es una dicotomía ficticia e interesada y maledicente. Por eso a veces me enojo cuando peronistas dicen “el campo es malo, no debemos exportar materias primas”. Olvidándose lo que eran las exportaciones del 46 al 55 y por supuesto no leyendo el Plan Trienal 73-76 donde claramente el presidente Perón dice que hay que triplicar y cuadruplicar las cosechas, triplicar el rodeo vacuno y llevarlo a 200 millones de cabezas de ganado, triplicar el rodeo ovino y triplicar el caprino. No habló de cerdos porque en esa época no estaba de moda pero uno podría tranquilamente hoy exportar 4.000 millones de dólares de carne de cerdo con poca dificultad. Es no estar en contacto con el país de uno y no entender dónde está la fuente, el motor de la economía argentina. Lo que ha crecido Brasil y lo que ha mejorado el nivel de vida de su población no ha sido por la industria brasileña, ha sido el campo brasileño que desde Lula hasta la fecha no ha parado de crecer. Y eso es lo que además mueve a todo el país porque es lo que hace comprar máquinas y herramientas, que la gente esté bien y se haga la casa. Lo que se ha poblado el Sur de Brasil no tiene nombre. Una numerosa clase media rural que se hace su casa, compra su camioneta, manda a los chicos a la escuela, compra ropa. El agro ha sido el motor de la economía de Brasil y es aún hoy el motor de la economía de Estados Unidos y ha sido junto con los combustibles el gran motor del crecimiento ruso de los últimos 20 años también. Entonces los invito a leer lo que dijo el general Perón en el 73 que el futuro está en el agro y que en combustibles hay que autoabastecerse; está en PDF en cualquier lado.

 

Me enojo cuando dicen “el campo es malo, no debemos exportar materias primas”. Es no estar en contacto con el país de uno y no entender dónde está la fuente, el motor de la economía argentina

— El argumento anti campo es que éste no genera empleo.

 

— No es verdad, es interesada esa mirada. Yo creo que hay un plan político económico que yo le puse el nombre “vivamos todos del campo”, que es una serie de sectores de la economía, la clase política, la banca y parte de la industria, que arman kioscos o paraguas o excusas para apropiarse de la renta agropecuaria. Eso tiene todo un discurso que se genera en la Universidad, primero en la de Buenos Aires, sobre todo en Sociales, pero en Económicas también, y que está replicado en todas las Universidades nacionales y en privadas también, como en la Di Tella, que necesita pintar de malo al campo para poder justificar la exacción y el fraude.

 

— ¿Vía retenciones?

 

— Vía retenciones. Vía diferencial de tipo de cambio. Vía diferencial de impuestos. Pero además ni una parte del dinero que se le quita vuelve a aumentar la productividad del campo. O sea, el campo le da plata al país pero el país ni siquiera se molesta en que haya trenes de carga. Que haya rutas. Que haya caminos rurales. (María Eugenia) Vidal por ejemplo había planteado cerrar todas las escuelas rurales. Es una permanente agresión contra el que nos da de comer a todos, porque todos vivimos del campo en la Argentina. Me decís “yo soy Aluar y hago lingotes de aluminio”. Sí, está bien, pero ¿quién pagó el Chocón para que tengas la electricidad para poder hacer Aluar? Y todos los subsidios de los bancos, todo eso ha salido a lo largo de la historia del campo. Entonces a mí me parece que si uno se amiga con el campo y se tiene como un objetivo exportar 300.000 millones de dólares, que lo podemos hacer rápidamente, y que gran parte de eso a mi entender se tiene que reinvertir en infraestructura, esto es, volver a poner en pie todo el sistema de trenes de carga. Esos son miles de puestos de trabajo bien pagos. Un barco salido del astillero de carga de los que nosotros necesitamos para sacar cosecha sale 70 millones de dólares. No es nada. No es nada comparado con los valores de más o menos 60.000 millones de dólares de la exportación agraria. No hay armadores en la Argentina porque la casta los expulsa. Pareciera que alguien no quiere que la Argentina sea auto sustentable en su propio transporte. Pero la verdad es que tener cien barcos es cambio chico para nosotros respecto del monto de las exportaciones. Y esos son un montón de puestos de trabajo de alto sueldo como los petroleros.

 

Pareciera que alguien no quiere que la Argentina sea auto sustentable en transporte. Pero la verdad es que tener cien barcos es cambio chico para nosotros respecto del monto de las exportaciones. Y eso representa un montón de puestos de trabajo

— ¿Se puede diversificar más la producción?

 

— Bueno, uno puede decir que una gran empresa tiene 10.000 hectáreas de soja. Pero la Argentina es el tercer exportador de miel y si parte del dinero que produce el campo se reinvierte en las localidades, podríamos duplicar y triplicar las cantidades de miel que exportamos. California exporta 4.000 millones de dólares por año de almendras. Y uno si empieza a hacer el valle medio del Río Negro con nogales, almendros, avellanos, podría estar exportando, desde pequeñas parcelas de 8, 10, 15 hectáreas, y toda esa gente si gana la plata va a poner linda la casa, le va a poner tejas, va a contratar a dos peones. Va a poner riego. Se va a comprar una camioneta. Van a necesitar una estación de servicio relativamente cerca. Es bastante obvio cómo se reparte eso. Así creció la provincia de Buenos Aires durante todo el siglo XX del desierto a lo que es hoy. Y así creció Estados Unidos también. Y así ha crecido el sur brasileño en los últimos 20 años.

 

— Una cosa impactante es que la ruta nacional que pasa por la zona de Junín, camino a Mendoza, una zona agropecuaria riquísima, bueno la ruta es de una mano y una mano, no es autovía. Pero al costado del camino se ve maquinaria agrícola nueva, impresionante. O sea, una ruta angosta, peligrosísima, atravesando una zona donde los productores compran maquinaria de avanzada. Pero la infraestructura es obsoleta.

 

— Pero no es porque esa gente no le da la plata al Estado; es porque el Estado la usa para otra cosa, como por ejemplo regalarles los dólares a mitad de precio a los amigos del poder. Bueno, hay que hacer rutas bien y las tiene que hacer el Estado y mantener el Estado y cobrar lo que tenga que cobrar. Pero también para que las rutas duren y tengan menos tránsito pesado uno tiene que tener tren de carga. Y el camión ir hasta la estación de tren. Eso no es quitarle trabajo a los camioneros, porque si uno triplica el rodeo vacuno y las cosechas, todos los camiones que hay en la Argentina hoy no van a servir para mover las cosechas y los animales hasta la estación de tren. No es quitarle trabajo a nadie, es darle más trabajo a mucha gente.

 

El campo le da la plata al Estado; pero el Estado no la devuelve en infraestructura, la usa para otra cosa, como por ejemplo regalarles los dólares a mitad de precio a los amigos del poder

— ¿Las retenciones sirven o no?

 

— No, no sirven. Ningún país del mundo tiene derechos de exportación. Vuelvo a repetir, para lo único que sirven es para tener una excusa para sacarle el dinero a los productores agropecuarios y a todo el mundo rural, porque uno no solo afecta al dueño de un campo que hace trigo; afecta al señor de la estación de servicio. A los comerciantes del pueblo, etcétera.

 

— Los argentinos parece que nos disparamos en el pie todo el tiempo. El otro día explicabas que en la minería dejamos que se lleven todo sin ningún tipo de rédito para el país.

 

— Durante el gobierno de Menem se hizo un marco básicamente tributario en el cual se eximía de impuestos a la minería por 30 años. Que está a punto de vencer y ya estaba De Mendiguren tratando de renovarlo. No me parece que si yo tengo treinta colmenas de abejas tenga que pagar impuestos y un señor que saca oro no tenga que pagar. Yo quiero que los impuestos sean bajos pero bajos para todos. Es preferible todos poquito y no tener grandes sectores exentos como actualmente. Pero por el otro lado ocurre que no se controla cuánto producen. Entonces se saca el oro en grandes toneladas y, salvo alguna excepción china y rusa, el 90 y pico por ciento de todas las auríferas que hay en la Cordillera desde Santa Cruz hasta el Norte son todas de países británicos, del Commonwealth. Son empresas que no llevan el oro a Gran Bretaña, lo llevan a Suiza. Pero no lo declaran en Aduana, no lo declaran en ningún lado. Los pobladores de las zonas lo saben porque ven cuando salen los helicópteros, saben cuánto carga el helicóptero. La gente del lugar sabe perfectamente cuánto contrabandean. Pero también lo saben las autoridades y hacen la vista gorda y la única explicación es que les conviene. Pero es un gran problema porque la Argentina no tiene reservas de oro, cuando podría estar hoy sin deuda, con ess reservas de oro. Sin deuda externa, con reservas de oro y con estabilidad monetaria. Lo que uno necesita es gente que gobierne a favor de los intereses del país.

 

— Estaba pensando, a medida que te escuchaba, que quien venga a gobernar, si quiere realmente que la Argentina se desarrolle, liberar nuestras fuerzas productivas, además de la pericia económica lo que va a tener que tener sobre todo es espalda política porque todo lo que está trabado en realidad no lo está por la economía sino por la política.

 

— No. Algo que me gustaría transmitir a los lectores es que la Argentina hoy tiene todo para salir adelante. Parece un slogan de políticos, pero a lo que voy es a que hay razones objetivas para salir adelante. Porque a pesar de todo lo mal que se ha hecho en estos años, se ha invertido, los privados han invertido en capacidades para generar riqueza. Falta un montón de inversión pública, en particular en transporte, en flota y en ferrocarriles, pero si empezamos a exportar más, va a estar el dinero para hacerlo rápidamente, es decir en 3 años cambiar todo el perfil ferroviario de la Argentina por ejemplo. Y los barcos llevan tiempo porque tardan en hacerse pero uno puede encargar 30 barcos nuevos y hacer revamping de barcos usados y en poco tiempo tener una flota. Creo que la Argentina debe autoabastecerse de fertilizantes. Y hay un plan muy interesante del ingeniero Aníbal Colombo que es hacer riego para toda la Argentina árida. Eso triplicaría la superficie fértil de la Argentina. A lo mejor no con el mismo tipo de cultivos de la pampa húmeda pero sí con cultivos de secano que vale mucho más por tonelada. O sea, vale más una tonelada de almendras que una tonelada de soja. Con lo cual podríamos hacer ricas a todas las provincias del país. Pero necesitamos sacarnos de encima a los que yo llamo interventores de la Argentina. Es gente que hace absolutamente todo para que a la Argentina le vaya mal. Y en pago a su trabajo obtienen grandes beneficios mal habidos. Todos los que se apoderan de los dineros públicos o de los dineros de compatriotas, de sus compatriotas, es solo como pago por hacer que a la Argentina le vaya mal.

 

— Esperemos tener un día un gobierno de gente que tenga amor al país, como para defender esto.

 

— Creo que es la única manera. Es entender que hay un beneficio nacional y un objetivo nacional que es el engrandecimiento del país, que además es nuestro mandato desde la Constitución, incluso antes, desde la declaración de la independencia: nace una nueva y gloriosa nación. Tenemos que hacer honor a la misión que nuestros ancestros nos encomendaron. Pero además tenemos con qué, no es que nos están pidiendo algo imposible.

PESCA EXTRACTIVA E INCOMPETENTE


 

Dr. César Lerena

 

La participación de la pesca en el total del complejo exportador viene cayendo en términos porcentuales. En el año 2022 fue de 2,1% mientras que los años anteriores fue del 2,6% (2021), 3,2% (2020) y 2,9% (2019), dejando en claro las pésimas políticas llevadas a cabo desde la Subsecretaría Pesca. Por cierto, no agregamos el medio tóxico en el que se desarrolla la actividad: la inflación; la presión tributaria y burocrática; el atraso cambiario; la falta de crédito; las trabas a la importación de insumos esenciales y las retenciones a la exportación; los altos costos de los insumos básicos; la ineficiencia de los puertos, la falta de control de la pesca ilegal, etc. que ataca la competitividad de la pesca argentina. Por cierto, ¿qué funcionario de rango inferior podría incidir en la política nacional? El ámbito de Agricultura y la jerarquía de la actividad debe cambiarse. Y nos preguntamos ¿quién le prestará atención a esta actividad con el 2,1% de participación en las exportaciones y con un consumo en el mercado interno de 4,8 Kg anual, el más bajo de Latinoamérica?

 

Si algo tiene de bueno la mal llamada Ley Federal de Pesca 24.922 es su artículo 1º. Desde éste en adelante, comenzaron los escribientes a copiar y pegar las exigencias de sus representados, para que casi todo fuera posible; pero, como suele ocurrir en un mundo de intereses cambiantes, éstos mutaron y, lo que era bueno pasó a malo y viceversa. La Cámara de Armadores de Buques de Altura se creó porque algunos entendían que la Cámara de Congeladores, defendía intereses contrarios y viceversa, nada hacía suponer, que todo sería lo mismo, dando lugar, a un sinnúmero de siglas empresarias, donde a la luz de los resultados, hay más vocación de poner al funcionario de turno para hacerse acreedor de intereses personalísimos, que conciliar una política que contenga al conjunto de la actividad y les permita a todos, crecer, desarrollar y multiplicarse, cual regla biológica.

Para qué atomizar la representación si a la hora de defender sus intereses las principales empresas juegan su partido por fuera de las cámaras. Una caja de langostinos tiene un efecto maravilloso en el funcionario que debe tomar decisiones. No es necesario dar más explicaciones.

 

El Estado, como titular del recurso, al otorgar las concesiones debiera asegurar que la explotación, realizada con idoneidad, sea rentable, tanto para los grandes empresarios como a los pequeños, a los que debería proveerles de una “Unidad Económica Pesquera” que les permita desarrollarse en esta actividad. Esto, debe darse en cualquiera de los escenarios macroeconómicos, ya que las medidas que se tomen deben ajustarse en forma permanente, para que esta ecuación se mantenga. De esto no se hace cargo el Subsecretario de Pesca.  

    

Hacia 1976, la flota de altura era de 113 buques fresqueros y 10 buques congeladores; es decir una relación de 92% a 8% respectivamente. Este porcentual se revirtió con el notable crecimiento de los buques congeladores. En el año 2022 los desembarques declarados de los buques fresqueros fueron de 394 mil toneladas y de los buques congeladores de 400 mil toneladas; es decir, de un 50%. Los números son elocuentes, y ello encuentra fundamento en la dicotomía que, aun incrementándose las exportaciones, aumentó el desempleo y el trabajo no registrado. Dos razones: menos valor agregado e incremento del trabajo precarizado ¿Y qué opinan los Intendentes y concejales de los municipios de esto? Nada. Están ocupados en recaudar a través de las multas de tránsito, para resolver el rojo de sus comunas y, no alcanzan a darse cuenta de los recursos y el empleo que generaría el procesamiento en tierra de los productos pesqueros y otras decisiones en el ámbito de la explotación pesquera.

 

Por supuesto, no ignoramos, que la cuestión macroeconómica y el régimen laboral actual, es contrario a la industrialización en tierra. Un régimen que fomenta el trabajo no registrado, para lo cual basta ver el número de afiliados del SOIP en 1990 y los escasos afiliados en 2022; las exportaciones pesqueras, en la que juega el dólar oficial y la posterior pesificación y otras distorsiones como la tercerización del comercio; las diferencias entre las empresas nacionales y las que en la Argentina actúan como filiales de sus casas matrices en el extranjero; la utilización de cooperativas que no se ajustan al régimen legal vigente y que cotizan a precios marginales la actividad manufacturera en relación a empresas que enfrentan todos los impuestos, cargas laborales, patronales y tasas; la tolerancia de los municipios a los procesos clandestinos y, otros tantos males, que, desalientan la creación de empleo y la formalidad laboral y, que llevaron, a que la flota fresquera que procesaba sus materias primas en las plantas industriales, fuera transformándose en congeladora, pese a que la ley 24.922 lo prohíbe, donde el procesamiento básico se realiza a bordo, regalándoles la mano de obra a los países desarrollados y, a algunos de Sudamérica, a costa del empobrecimiento de nuestras ciudades y pueblos, para beneficio de los importadores y transformadores.

 

El argumento inicial de los compradores fue el disparador: “los productos congelados a bordo son de mejor calidad”. Ello favoreció, en muchos casos, a que éstos se quedaran con los procesos de transformación, que, entre otras cosas, requiere de la descongelación, el procesamiento y la posterioridad recongelación e, ignora las nuevas tecnologías de mantenimiento de refrigerado a bordo de las capturas. El régimen laboral y la tolerancia e incapacidad de los organismos competentes hizo el resto.

 

Pero, pequeño detalle, el Estado que es “el dueño del recurso” y, da su explotación en concesión a los empresarios, no hizo absolutamente nada para tratar de armonizar los intereses, para que la pesca siga siendo generadora de poblaciones e industrias y ocupación de los territorios inhóspitos del litoral patagónico, al igual que a la ciudad que dio origen a la actividad industrial en la Argentina y que hoy se muestra decadente.        

Con los buques congeladores es difícil cumplir con el axioma indicado en el artículo 1º de la Ley de Pesca: «fomentar el ejercicio de la pesca marítima en procura del máximo desarrollo compatible con el aprovechamiento racional de los recursos vivos marinos», porque efectuar un mínimo proceso y congelar a bordo, con una baja ocupación de mano de obra, no es procurar el máximo desarrollo y un aprovechamiento racional, que se logra obteniendo el máximo valor agregado a partir de una misma unidad de materia prima.

 

¿Ello, significa que haya que eliminar los congeladores? No. Hay que modernizar y tecnificar los buques fresqueros y asegurarse que el valor agregado esté presente en cualquiera de los casos y, los buques congeladores amplíen su radio de acción a la captura de los recursos migratorios originarios de la ZEE en alta mar y, compensarlos incrementándoles los cupos de captura (procedimiento que por el momento omito); liberarlos de toda carga impositiva, derechos de captura y exportación y, proveerles de mayor protección e investigación en el área.  

 

El recurso pesquero y el ámbito de desarrollo de la especie es de dominio del Estado que lo da en concesión a las empresas para, entre otras cosas, agregarle el máximo valor posible a una captura sostenible y, ello, resulta virtualmente imposible con el modelo actual, donde los buques congeladores, son en general ineficientes a la hora de procesar a bordo, tal cual surge del coeficiente de conversión (Bergamaschi, Nazareno, INIDEP, 2000) de los productos elaborados mecánicamente, que determina, cuántas toneladas de captura se necesitan para obtener una tonelada de producto final; ya que, sí tomamos ese coeficiente podríamos ver -a modo de ejemplo- que, para producir 1.000 toneladas de filet de merluza sin piel se requiere capturar unas 3.600 toneladas de merluza (Coeficiente 3,59); es decir, que se descartan al mar unas 2.600 toneladas del resto de la merluza fileteada; mientras que, para el mismo producto, en el proceso manual elaborado en tierra, el rendimiento es del 45%, es decir, que con 3.600 toneladas de merluza entera se logran 1.620 toneladas de filet, obteniéndose, en consecuencia, unas 620 toneladas más de merluza fileteada que en el envasado a bordo, además, de aprovechar los residuos para la fabricación de harina con un 65% de proteína.

Al respecto, habría que tener presente la aplicación del Código de Conducta Responsable de la FAO: «los propietarios y armadores de los buques pesqueros deberían asegurarse de que sus buques de pesca estén dotados de equipos adecuados con el fin de procesar los residuos generados a bordo durante el servicio normal del buque», aunque ello, podría sacar de competencia a los congeladores.

Por cierto, al no haber controles seguros durante la captura, los rendimientos son inciertos. A ello se agrega la falta de control en eventuales transbordos en el mar o en los desembarcos donde podrían sustituirse las especies. Chocolate por la noticia, diría mi amigo Jaime.

 

¿Quién puede sostener técnicamente que la calidad de los procesados y congelados a bordo es mejor? o, ¿de qué calidad y seguridad sanitaria se puede hablar en los productos congelados a bordo, cuando aquí no hay inspectores profesionales que verifiquen la aptitud de las materias primas, la higiene de las superficies de contacto o la salud de los operarios, tal lo cual exige el Decreto 4238/68 ap. 1.1.2; 8.1; 23; o el artículo 31º de la Ley 24.922. Habría que preguntarse: ¿qué profesional de sanidad certifica los procesos que ocurren a bordo?

 

Por otra parte, los productos tratados a bordo en los buques congeladores se descongelan en destino para su transformación, comercializándose luego frescos o nuevamente congelados para su exposición en góndolas. También es cierto, que al comparar la calidad de las materias primas desembarcadas frescas no se han tenido en cuenta las nuevas tecnologías disponibles de almacenamiento y mantenimiento (RSW, Refrigerated Sea Water) en el transporte. La Unión Europea y la mayoría de los compradores tienen interés en disminuir los procesos de sus vendedores y, ello se demuestra claramente, cuando se reducen a cero los aranceles de importación de las materias primas sin valor agregado o, cuando a España ingresa productos procedentes de Malvinas, con la sola condición que el 70% de ellos se procesen en la península ibérica.

 

Mientras tanto la Argentina, con una gran cantidad de nacionales desempleados; un 40% de pobres y una Patagonia con un índice poblacional de 2 hab/km2, transfiere trabajo a la Unión Europea al exportar con bajo valor agregado. No existe “la equidad” a que refiere la Convención del Mar (CONVEMAR); además de darles habilitación en el territorio continental argentino a empresas pesqueras españolas y chinas, mientras embarcaciones de estos Estados se apropian de nuestros recursos originarios de la ZEE en alta mar y Malvinas; una verdadera contradicción a lo prescripto en el referido artículo 1º: se «promoverá la protección efectiva de los intereses nacionales relacionados con la pesca y promocionará la sustentabilidad de la actividad pesquera, fomentando la conservación a largo plazo de los recursos». Estos intereses, no son solo explotar racionalmente el recurso, sino explotarlo de tal forma, que fomente el emplazamiento y el sostén de los pueblos en el litoral marítimo, como efecto de la radicación de las industrias y, el consecuente empleo regional.

Por cierto, los «intereses nacionales relacionados con la pesca» también son fomentar la industria naval, y otras industrias anexas, cuestión que no se tiene en cuenta cuando el INIDEP y, toda la cadena de responsabilidades del gobierno, promueve la importación de un buque de investigación, con un costo que supera los cien millones de dólares. ¿Y el Subsecretario de Pesca? Antes de bajar sus cuadros, viendo si cierran las estadísticas; burocratizando la tarea productiva y, a juzgar por lo ocurrido en Río Negro, sin coordinar la protección y administración de los recursos pesqueros como prescribe el artículo 5º inc. b de la Ley 24.922 a la que adhirieron todas las provincias.

 

El mismo artículo 1º precisa: «favoreciendo el desarrollo de procesos industriales ambientalmente apropiados que promuevan la obtención del máximo valor agregado y el mayor empleo de mano de obra argentina». Ratificando lo ya dicho, este párrafo refiere a la industrialización en tierra, ya que éstos son los ámbitos apropiados, no solo para asegurar las mejores condiciones laborales y ambientales posibles, sino para asegurar el control y la obtención del mayor valor agregado a las materias primas brutas y la generación de empleo. Ello, en un productor agropecuario, por ejemplo, que explota sus bienes y negocios, puede quedar a su exclusivo arbitrio, pero, siendo una actividad concesionada, el Estado está obligado en administrar en la forma más eficiente el recurso que, no alcanza con extraerlo del mar y, mucho menos limitarse a exportar commodities, sino que los productos debieran estar aptos para ser destinados directamente a los mercados mayoristas del mundo y las góndolas, de modo que, partiendo de una misma materia prima se obtenga el mayor valor posible y, en lo interno, facilitar el consumo y mejorar la dieta de los consumidores, desarrollar la industria y generar nuevos empleos en el país.

 

Mientras ello ocurre, en el territorio argentino de Malvinas buques extranjeros se llevan 250.000 toneladas de pescados y calamares anualmente y, otros tantos, se apropian de unas 700.000 toneladas de recursos migratorios originarios de la ZEE en alta mar; ello sin contar los descartes que, transpolando la información nacional serían del orden del 30%. En este escenario, la subsecretaría de pesca no puede implementar ningún plan serio de trazabilidad.    

 

Hacia la década del 70 la pesca era considerada una actividad productiva y no podía acceder a los beneficios impositivos de la industria. Para revertir ello, las Cámaras se comprometieron a agregarle valor a las materias primas. Este compromiso, quedaría plasmado en el art. 2º de la ley de pesca: «la pesca y el procesamiento de los recursos vivos marinos constituyen una actividad industrial», ello, refiere, expresamente a “procesar” y, no puede limitarse, como hemos dicho, a una mera actividad extractiva, de bajo valor agregado y, de exportación de commodities; siendo obligación del Subsecretario de Pesca «establecer los requisitos y condiciones que deben cumplir los buques y empresas pesqueras para desarrollar la actividad pesquera» (Ley 24.922, Art. 7 f). El legislador quiso beneficiar en la Ley de Pesca a la industria en tierra, frente a la actividad extractiva y, por ello, determinó las cuotas de captura por tipo de flota; la obligatoriedad de descargar en el puerto; estableció las mejores condiciones para el otorgamiento de los permisos a los que empleen mano de obra nacional en mayor porcentaje en tierra y buques en forma proporcional (Art. 26º), privilegiando con ello, a los buques fresqueros que ocupan mayor cantidad de operarios en los procesos de industrialización; promovió la asignación de cuotas a la cantidad de mano de obra nacional ocupada (Art. 27º) y, prohibió la transferencia de cuotas de capturas de buques pesqueros fresqueros a congeladores (Art. 27º), dejando de manifiesto el interés de priorizar a aquellos por sobre estos últimos.

 

El modelo actual concentra en unos pocos el beneficio y perjudica al conjunto de la actividad. La pesca en sus inicios era impredecible porque carecía de la tecnología adecuada para la captura y los procesos y, desconocía los mercados. Hoy que se ha conseguido mayor certeza en las cuestiones operativas, lo que es incierto e impredecible es la estrategia nacional y la política económica. En medio de ello, no puede semejante estructura, bienes y recursos humanos puestos al servicio de la producción pesquera representar el 2,1% del total las exportaciones y tener tan escasa representación en el mercado interno, por debajo de la producción de algunas economías regionales, cuya producción es ciertamente primaria. Asusta que este reducido porcentual dependa en un 60% de una especie que no se ha podido cuotificar a la que se le agrega bajo valor y, de un recurso que, aunque renovable puede agotarse cuando no se controla integralmente el ecosistema (ZEE-Alta mar-Malvinas).

 

Muchos pescadores le prenden una vela a: “danos Señor el langostino de cada día”, porque si en la Argentina este imprevisible recurso se cae o la demanda disminuye, toda esta industria estaría en riesgo. El primer semestre de 2023 muestra una caída en la relación U$S/Kg. Esperemos no tener que apelar a una cadena de oración.

 

Nosotros entendemos que la Argentina en cuatro años puede llevar la exportación de 1.800 a 6.000 millones de dólares; aumentar la ocupación privada de mano de obra de 20.000 empleos directos registrados a 60.000; aumentar el consumo interno de productos pesqueros de 4,8 Kg a 10 Kg per cápita/año y mejorar el hábito alimentario. Reducir la pesca extranjera de los recursos migratorios argentinos en alta mar. Profundizar la investigación, la tecnología en la extracción y el proceso industrial de calidad, con la administración y el aporte del sector empresario y las fuerzas del trabajo.