sábado, 10 de marzo de 2012

¿HAY UN LIBERALISMO PATOLÓGICO?


Por José Antonio Riesco
Instituto de Teoría del Estado


La carencia de moderación conceptual lleva cada tanto a que intelectuales de admirable nivel se lancen enardecidos contra la experiencia, el pensamiento, la emoción o el ideologismo que cabe bajo la palabra “nacionalismo”. Acaban de hacerlo, por la prensa grande ,el Dr. Benegas Linch (h.) y el historiador Romero.

Y no es que falten energúmenos de dicha filiación, en la práctica o en la literatura, que arremeten contra lo “extranjero” y todo lo que vino y viene de otras latitudes, como si se tratara, no de lo que nos ayudó a construir una nación, sino de cosa maligna. Se dicen nacionales, y lo hacen con olvido de que en este país, comenzando por el idioma, la fe, el arado, la ciencia y la técnica, con valiosos aportes propios, casi todo vino de afuera. Añoran el régimen de Rosas más por la obra “benemérita” de la mazorca que por los aciertos del Restaurador.

Pero la catilinaria hacia la actitud ciertamente primitiva de dicha corriente, no puede ser avalada disimulando la aversión de esos respetables escritores en contra de todo tipo de nacionalismo. Lo hacen para oponerle a un modelo societal, decidida mente caprichoso, donde la filosofía política de que fueron fundadores Adam Smith y asociados, es presentada como lo únicamente conveniente para que la Argentina sea algo más y mejor de lo que tenemos. O sea, el ideal de un liberalismo teóricamente perfecto y que, si se implantara, podría funcionar a pleno como en otras partes del mundo. Y se aferran a la Constitución de 1853 dejando de lado que Alberdi aconsejó “traer obreros ingleses para que esto funcione”.

Lo hacen con total olvido de que, acorde a la historia, el éxito del liberalismo en el desarrollo de las naciones fuertes tuvo lugar mediante un innegable maridaje con alguna forma de nacionalismo. Oliverio Cromwell con la dictadura, la ley de navegación y la flota de guerra hizo de Inglaterra una talasocracia; el proteccionismo fue decisivo en el desarrollo industrial y expansivo de Estados Unidos y Alemania; Japón con la restauración Miejí alcanzó categoría de potencia regional en Asia. ¿Fueros estos unos nacionalismos “patológicos”..? A no ser eso de “los otros sí, nosotros no”.

La Argentina fue independiente por la generación de San Martín, con un nacionalismo fundacional enfrentando a España, por entonces miembro calificado de la Santa Alianza. En la segunda mitad del mismo siglo la llamada Generación del 70/80 construyó y consolidó el Estado nacional combinando una economía abierta, liberal, con el poder militar que afianzó la soberanía territorial.

El nacionalismo está en el origen y en la afirmación de la identidad –de su personalidad internacional y de su poderío interno-- de todas las naciones que no son colonias ni políticas ni económicas. Claro que, como hacen los críticos aludidos al principio, llamarle nacionalismo a una política que convierte al sistema institucional en una toldería para oculta incapacidad y corrupción, no pasa de un juego de palabras. Máxime cuando al uso de tal fraseología se lo hace con el afán de justificar la transposición a esta tierra de un liberalismo químicamente puro que no existió nunca en ningún sitio del planeta.

Semejante implante --resucitando la utopía del “laissez faire”-- no mejoraría para nadas el intervencionismo abusivo “a lo Moreno” que nos viene azotando. Si es malo el estatismo grosero, también lo sería el desmantelamiento irresponsable del poder organizador de la sociedad, y de paso derogar los códigos civil, penal y de familia. Hay que recordar que luego de 1930, y ciertamente con atraso, si el Estado avanzó sobre la economía fue por que (empresarios y sindicatos) se lo reclamaron, pero ante todo por que era y es (entonces y ahora) responsable de evitar que, en función de una crisis económica, la sociedad se desintegre. La abstención hubiese sido notoriamente una barbaridad..

La nación, cualquiera que valga como tal, es una estructura ante todo sociocultural y no se puede imaginar para ella sistemas al margen de su realidad y su trayectoria. Con igual sentido que cuestionar las anomalías mentales de ciertos “nacionalistas”, hay que vacunarse contra la invasión ideológica de quienes pretenden ser los sacerdotes de un liberalismo patológico. Como ya ocurrió con el “menemismo” pareciera que intentan repetir y aumentar el desprestigio de la economía de mercado de que tanto se jactan.-.

lunes, 5 de marzo de 2012

DEUDA PÚBLICA Y AJUSTE FISCAL

Por Héctor GIULIANO (3.3.2012).


Inmediatamente después de asumir su segundo mandato la presidenta Cristina Kirchner tomó una serie de medidas relevantes en materia económico-financiera vinculadas, directa o indirectamente, al problema de la Deuda Pública.

Este tipo de medidas puede interpretarse como respuesta a un nuevo estado de emergencia o desequilibrio por Crisis de Deuda que amenaza hoy las Cuentas del Estado y que ha requerido, en consecuencia, acciones concretas por parte del Gobierno.

Es entendible, con fundamento, que bajo el rótulo de “sintonía fina” utilizado para justificar la adopción de este tipo de medidas nos encontraríamos en realidad frente a un Ajuste Fiscal encubierto.


QUÉ ES UN AJUSTE FISCAL?

En su formulación más simple Ajuste es el conjunto de medidas que se toma para mejorar la ecuación Ingresos-Gastos, es decir, el resultado económico-financiero de una entidad de referencia: en este caso, el Estado, aunque la regla es igualmente válida a nivel hogareño o empresarial.

El análisis del desagregado de rubros presupuestarios es un componente indispensable para la detección de los ítems más relevantes que explican esos desequilibrios de cuentas y consecuentemente, las áreas donde habría que tomar acciones correctivas.

Un Ajuste Fiscal – el que, por definición, atañe a las Finanzas Públicas – como todo ajuste no es bueno o malo en sí mismo: simplemente demuestra que se lo considera “necesario” por algún motivo y que se lo dispone para cubrir una “finalidad” determinada.

Estos dos conceptos metodológicos son tan obvios como necesarios porque el primero indica la gravedad de la causa que lo motiva y el segundo el ámbito del cual se espera salgan los recursos para cubrir ese desajuste.

No siempre las medidas de ajuste que se adoptan para tratar de equilibrar las cuentas fiscales corresponden a los mismos rubros que las generan: por el contrario, es frecuente que otros rubros se ajusten para poder cubrir el desequilibrio que producen los primeros.

Y esto nunca estuvo tan claro como en el caso de los Servicios de la Deuda Pública.

En la Argentina y en el Mundo, la regla que rige es que los diversos rubros que componen el Presupuesto Operativo del Estado deben ajustarse en función de las necesidades de pago de la Deuda, que aparece así como condicionante total de las Finanzas Públicas y la Política Económica del Estado.

Para ello, los instrumentos más comunes de la “receta clásica” de Ajuste – con o sin Fondo Monetario Internacional (FMI) – son, para citar los más relevantes
[1]:

- Por un lado, el aumento de los Recursos a través de la Presión Tributaria (PT), el uso de Ingresos Extra-Ordinarios y/o el incremento de Precios/Tarifas de los Servicios Públicos (SP).

- Por otro lado, la disminución o restricción del Gasto Público por medio de la reducción directa de gastos generales, el retraso de los Salarios y Jubilaciones en términos reales y el recorte de Subsidios (que generalmente afectan también el Gasto Social).

Esto, en lo tocante a las partidas presupuestarias del Estado, que tiene además su correlato de importancia clave en el manejo de las variables financieras de base: monetaria, cambiaria y bancaria o financiera propiamente dicha.

Dentro de este esquema, los desequilibrios estructurales del Presupuesto motivados por el problema de la Deuda Pública son tradicionalmente cubiertos con medidas de ajuste aplicadas en otros ámbitos de la Administración Pública y acompañadas con el reacomodamiento de las variables macro-financieras citadas.

La Deuda deviene así el factor determinante de los desequilibrios fiscales y su cobertura el objeto de los Planes de Ajuste.


DEUDA PÚBLICA Y EMERGENCIA FISCAL.

En línea con lo dicho, el propósito de este trabajo es identificar si el gobierno Kirchner está llevando a cabo un programa de ajuste – ortodoxo o heterodoxo – y si el motivo de dicho ajuste está efectivamente provocado por el problema de la Deuda Pública.

Este análisis es necesario para poder determinar el peso real que tiene hoy en las cuentas fiscales el problema de la Deuda Argentina.

En su planteo genérico el denominado Modelo K se enuncia bajo el eslogan de “Crecimiento con Inclusión Social” pero en el plano operativo la clave fáctica ha sido la existencia de “superávits gemelos” – fiscal y externo – donde no es claro poder determinar qué es mérito de la Política Económica oficial y qué producto de circunstancias de bonanza derivadas mayormente de la coyuntura internacional.

Pero independientemente de entrar en una discusión a este respecto, lo cierto es que actualmente este esquema, que vino funcionando hasta el presente, está hoy fuertemente comprometido:

a) La Administración Kirchner tiene Déficit Fiscal. En 2011 el Superávit Fiscal Primario fue de unos 5.000 M$
[2] pero el Resultado Financiero – es decir, después de computar el pago de Intereses de la Deuda Pública - fue negativo en 30.700 M$, que tal fue el déficit fiscal real de la Administración Pública Nacional.

b) El superávit de Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos viene disminuyendo sensiblemente. En 2010 fue de 2.900 MD pero a fin del Tercer Trimestre de 2011 – última información oficial disponible (INDEC) – el acumulado era de 560 MD.

Dentro de este delicado cuadro de la Balanza de Pagos los rubros que más pesan son: el descenso del saldo de la Balanza Comercial (Exportaciones menos Importaciones) – 14.300 MD en 2010 y 10.600 MD acumulados al 30.9.11 - los egresos de divisas por pago de Intereses y giro de Utilidades/Dividendos en la Cuenta Corriente – 9.900 MD en 2010 y 8.000 MD acumulados al 30.9.11 – y el saldo de la Cuenta Capital/Financiera – 2.300 MD positivo en 2010 y 3.500 MD negativo acumulado al 30.9.11 – lo que determinó Variaciones de Reservas Internacionales con caída de 4.200 MD en 2010 y 4.100 MD acumulados al 30.9.11.
[3]

Según los datos del Presupuesto 2012, aprobado por el Congreso, este año el Gobierno debería afrontar erogaciones totales por 681.500 M$: 505.100 M$ por Gastos Totales (441.300 de Gastos Corrientes y 63.800 de Gastos de Capital) y 176.400 M$ por vencimientos de Capital de la Deuda Pública.

Como los Ingresos Totales previstos son de 506.600 M$, la diferencia - correspondiente íntegramente a los vencimientos de Capital - se cubre renovando la totalidad de la Deuda Pública y tomando además Nueva Deuda.
[4]

Este año, exactamente, están previstos vencimientos de Deuda por Capital por los 176.400 M$ citados (equivalentes a unos 40.100 MD) y refinanciación/toma de Deuda Nueva por 228.000 M$ (51.800 MD), esto es, un aumento de Deuda por 51.600 M$ (11.700 MD).

En consecuencia, no es cierto que la Argentina se esté des-endeudando: de hecho, la Deuda Pública aumenta hoy a un ritmo de más de 10.000 MD por año.
[5]

El Stock de Deuda Pública declarado por el Ministerio de Economía – última información disponible al 30.9.11 – es de 186.500 MD: 175.300 de Deuda Performing o en cumplimiento de los servicios y 11.200 MD de Tenedores de Bonos que no entraron en el Megacanje Kirchner-Lavagna de 2005 (los Holdouts).

Este cuadro de situación del endeudamiento actual del Estado y el agravamiento de sus perfiles de vencimiento – por Capital e Intereses – explicaría el nudo del problema que la Administración Kirchner intenta paliar con las recientes medidas financieras hasta cumplir con el objetivo de su Hoja de Ruta, que es volver al Mercado Internacional de Capitales para tomar nuevas deudas.


LAS MEDIDAS DE AJUSTE FISCAL.

Desde el punto de vista de la problemática de la Deuda Pública el gobierno Kirchner ha venido tomando toda una serie de medidas de importancia que se acentuaron ahora con la continuidad del mandato de la presidenta Cristina Fernández.

Esta batería de medidas – mantenidas o instauradas - puede resumirse en las siguientes:

A) Por un lado, mejoras en los INGRESOS FISCALES por:

1. Mantenimiento de una elevada Presión Tributaria en función del Sistema Impositivo existente, donde pesan gravámenes muy cuestionables por la naturaleza de los impuestos y/o por el nivel de sus alícuotas (caso de las Retenciones y del Impuesto al Cheque).

2. Efecto inflacionario positivo para las arcas del Estado por su relación directa con determinados tributos (caso del IVA, del Mínimo no Imponible del Impuesto a las Ganancias y/o de la prohibición de Ajuste por Inflación en los Balances de las Empresas).

3. Disponibilidad de Recursos Extra-Ordinarios provenientes del giro de Utilidades de Entidades Públicas – fundamentalmente ANSES y Banco Central (BCRA) – que obtienen a su vez altos beneficios derivados de ganancias contables (Resultados por Tenencia) y/o fuertes proporciones de Activos Financieros constituidos por Títulos Públicos en cartera a Valor Nominal que son de muy discutible cumplimiento (Deuda Intra-Estado).

Al punto 2 – Inflación – debe añadirse la relevante diferencia entre la información oficial del INDEC (9.5 % IPC 2011) y el Índice Congreso (una combinación entre Provincias y Consultoras Privadas, que da un 23 % anual), lo que hace que el Fisco se beneficie con una recaudación que se incrementa no sólo por mayor actividad económica sino también por efecto del aumento generalizado real de precios sobre la totalidad de bienes y servicios de la Economía.

Además, dado el menor desfasaje entre devengamiento y percepción de Impuestos, el efecto Olivera-Tanzi tendría hoy mucho menor impacto en las Finanzas Públicas que otrora.

B) Por otro lado, disminución del GASTO PÚBLICO por:

1. Reducciones de Subsidios, que derivan en aumentos de Precios y Tarifas de Servicios Públicos, que son así trasladados a los usuarios.

2. Retraso en la actualización de haberes jubilatorios y presiones para aumentos salariales por debajo de la Inflación Real. Con el mecanismo operante de dilación de trámite y pago de los juicios por ajuste de haberes contra la ANSES.

3. Medidas discrecionales sobre el Gasto Público en general adoptables por el Poder Ejecutivo en virtud de las Facultades Delegadas y Superpoderes.

Este conjunto de medidas – que no es taxativo porque dista de ser un inventario completo de las acciones que hoy en día se están desarrollando – toca a las decisiones en materia presupuestaria.

Ninguna de estas medidas de austeridad afecta el monto de los pagos de la Deuda Pública ni las proyecciones de Endeudamiento del Estado sino, por el contrario, se adoptan para posibilitar el cumplimiento estricto de los servicios de dicha Deuda presupuestados, por Intereses y por parte del Capital.

La finalidad de tales medidas – como es regla desde hace tiempo en todo Plan de Ajuste Fiscal - es la mejora del Superávit Fiscal Primario para que el gobierno de turno disponga de más recursos para poder abonar los servicios financieros del Sistema de la Deuda Pública.

La Deuda es así la razón de ser del Ajuste.

Pero hay también otro tipo de medidas – tanto o más importantes que las citadas – que el Gobierno Kirchner está tomando en materia financiera fiscal y que se vinculan directamente con el grave problema de la Deuda Pública a través del frente monetario, cambiario y bancario.

Y para entender este problema – al que ya nos hemos referido en otros trabajos – hay que comprender el sentido de varias acciones clave en esta materia y el delicado rol del BCRA, que ha devenido probablemente el Talón de Aquiles del llamado Modelo K.

Una serie de hechos recientes permiten inferir claramente la gravedad que reviste esta cuestión para la Administración Kirchner:

a) Desde Octubre pasado el Gobierno instauró un virtual “corralito cambiario” destinado a frenar la salida de divisas porque el BCRA no tiene las Reservas Internacionales suficientes para atender una Corrida hacia el Dólar.

b) Las Reservas (46.900 MD al 23.2.12) son inferiores al respaldo de la Base Monetaria (BM, equivalente a unos 47.400 MD).

c) A ello debe agregarse que – aparte del problema de la cobertura de la BM - el BCRA tiene una elevada Deuda Cuasi-Fiscal: 110.400 M$ (25.400 MD) por Lebac/Nobac, que se utilizan para esterilizar dinero; dinero éste que se emite para comprar las divisas que incrementan las Reservas, de modo que en la práctica esas reservas se compran con Deuda.

d) El BCRA paga por estos títulos propios – que son de corto o muy mediano plazo – tasas de interés implícitas del orden del 14 % anual, lo que determina no sólo un alto costo financiero para la compra de reservas oficiales sino, a la vez, la determinación de un “piso” elevado para todas las tasas del Mercado. Y ello proporciona así una mayor ganancia al grupo de grandes bancos prestamistas del Estado, que utilizan una gran proporción de sus fondos para hacer negocios con el Sector Público; fondos que se restan al destino de crédito productivo y que explican en parte el hecho que el Sector Bancario esté hoy a la cabeza de los niveles de rentabilidad de la Economía Argentina gracias a la absorción de esos capitales ociosos y al “subsidio” de las altas tasas de interés que paga el Estado.

e) A los efectos del cálculo de Reservas Netas el BCRA no considera su Pasivo por los Depósitos en Moneda Extranjera – 6.700 MD – pese a que también están directamente respaldados por las Reservas Internacionales.

f) Otro problema inherente a las Reservas Netas es que una parte de las Reservas – que se computan lógicamente en el Activo del BCRA – habrían sido prestadas por otros Bancos Centrales, y figurarían en el Pasivo por 22.300 M$ (5.100 MD), bajo el rubro Otros Pasivos.

g) Los Títulos Públicos en cartera del BCRA (134.900 M$ ≡ 31.000 MD), constituidos fundamentalmente por Letras Intransferibles a 10 años de plazo dadas por la Tesorería en contraprestación al uso de Reservas para pago de Deuda Externa, no tienen capacidad de pago demostrada y bajan por ende la calidad de sus Activos.

h) La misma vulnerabilidad se presenta en relación al fuerte aumento de los Adelantos Transitorios al Tesoro (66.400 M$ ≡ 15.300 MD), que se encuentran ya al tope de lo permitido por el Artículo 20 de la Carta Orgánica del BCRA.

i) Pero el nudo de la cuestión que desequilibra el estado financiero del BCRA reside en la política gubernamental de pago de Deuda Externa con Reservas Internacionales, inaugurada con el abono privilegiado de los 9.530 MD al FMI – una Deuda Ilegítima, contraída precisamente con el Organismo Internacional a quien el Gobierno Kirchner denuncia como fautor del programa neoliberal de la década menemista del ´90 – y continuada luego, hasta la fecha, con el mismo tipo de pagos al Banco Mundial, al BID y, sobre todo, a Acreedores Privados externos (lo que no está autorizado por la Ley 23.928).

j) El Artículo 5 de la Carta Orgánica del BCRA – Ley 24.144 – define que las Reservas de Libre Disponibilidad (RLD) son las que exceden la cobertura de la Base Monetaria. En función de este argumento el gobierno Kirchner ha venido utilizando en gran escala estas RLD para pagar Deuda Externa, cosa que se hace a través del llamado Fondo del Desendeudamiento Argentino (creado por Decreto 298/10). Según la forma de cálculo establecida por la Ley 23.928, sin embargo, el Banco Central ya no dispone de RLD puesto que el stock de Reservas es actualmente menor a la cobertura de la Base Monetaria. En consecuencia, el Poder Ejecutivo se encuentra hoy legalmente impedido de cumplir con el Presupuesto 2012, que en su artículo 43 le permite usar este año 5.674 MD de esas RLD para pagar más Deuda Externa.

k) Otra cuestión central está dada por el mantenimiento o no del régimen de Convertibilidad de la Ley 23.928 que – como también lo hemos señalado en trabajos anteriores – no ha sido derogado en su principio de libre conversión del Peso en Moneda Extranjera sino que sólo ha modificado el mecanismo de fijación de paridad: antes, fijo 1:1, y actualmente semi-fijo (hoy 4.37 $/US$), vía intervenciones del BCRA en el Mercado de Cambios.

l) Desde la Crisis de Deuda del 2001 la macro-devaluación del Peso permitió un Tipo de Cambio “competitivo” por Dólar Alto. Pero este efecto se fue diluyendo con el tiempo, sobre todo por aumento de la Inflación interna que fue corroyendo el Tipo de Cambio Real y provocando consecuentemente una apreciación real del Peso, con sus lógicas derivaciones en materia de Comercio Exterior y estímulo fáctico a las Importaciones.

m) Pero la Administración Kirchner sostiene este tipo de cambio retrasado porque el mismo constituye en la práctica un pre-requisito de su capacidad de pago en divisas, dado que de esta manera nuestro país puede abonar más servicios de la Deuda Externa con los pesos que se obtienen por Recaudación Fiscal, o directamente por emisión del BCRA (impresión de billetes que luego se rescata – como hemos dicho – con Deuda Cuasi-Fiscal, vía Lebac/Nobac, que generan pago de más intereses).

n) Para frenar las diversas formas de corrida hacia el dólar, el BCRA convive y contribuye al aumento de las Tasas de Interés del Mercado – Activas y Pasivas – lo que conlleva una medida de ajuste típicamente recesiva que perjudica también (lo mismo que el retraso cambiario) a la Economía Productiva en general.
[6]

o) Este aumento de las Tasas de Interés – como no puede ser de otro modo – aumenta el estímulo a la entrada de Capitales Financieros o especulativos que aprovechan el diferencial de tasas locales e internacionales al amparo de una suerte de nuevo “seguro de cambio” o “tablita” devaluatoria que les permite a estos capitales entrar y salir con poca variación de precios o simplemente con riesgo calculado.

p) Tal ingreso de Capitales Financieros – cualquiera sea la forma bajo la que lo hagan – contribuye a su vez a la apreciación ulterior del Peso y esto retro-alimenta la presión a la baja del Dólar y al aumento de las Tasas de Interés, más allá de los altibajos de coyuntura.

q) Todo este proceso, pese a sus lógicas vinculaciones, es paralelo a la Fuga de Capitales por un lado y a la eficacia relativa de las restricciones a la operatoria cambiaria y bursátil de los fondos especulativos extranjeros.

r) Por último, y como corolario de lo dicho, está el peligro – siempre presente - de la reedición del clásico cuadro recesivo por interrelación entre Tasas de Interés altas y Tipo de Cambio Real bajo, proceso que se da hoy agravado en la Argentina en el marco del nuevo fenómeno de Inflación con Retraso Cambiario.

Hasta aquí las principales observaciones y comentarios acerca de los aspectos específicamente financieros del cuadro de situación y de las medidas de Ajuste Fiscal adoptadas por el gobierno Kirchner hasta la fecha.

En su Mensaje al Congreso del 1.3 la presidenta Cristina Fernández anunció, entre otras cosas, un Proyecto de Ley del Poder Ejecutivo que modifica la Carta Orgánica del BCRA – Ley 24.144 – para posibilitar mayores préstamos del Banco al Tesoro y que simultáneamente deroga los artículos 4 y 5 de la Ley de Convertibilidad 23.928 para despegar las Reservas Internacionales del respaldo a la Base Monetaria y poder aumentar así los préstamos de divisas a la Administración Central.

Ambas medidas permitirían entonces al Gobierno disponer de más recursos cuasi-fiscales del BCRA para incrementar sensiblemente sus pagos de la Deuda Pública Externa por todo concepto (Intereses, Capital, Cupones ligados al PBI, etc.).

Pero dado lo reciente de estas novedades y el tiempo necesario para analizarlas, las mismas serán motivo seguramente de otro trabajo del autor.


EN CONCLUSIÓN:

Decíamos al principio de este trabajo que la finalidad de todo Plan de Ajuste es mejorar las Cuentas Fiscales frente al desequilibrio provocado por problemas graves en las finanzas del Estado, como es en el caso argentino el problema de la Deuda Pública.

Este desequilibrio tiene causas centrales – los Servicios de la Deuda – y normalmente los gobiernos, como pasa con la actual, atacan este problema a través de medidas que buscan aumentar los ingresos tributarios y disminuir los gastos operativos, sin incluir lógicamente dentro de estos últimos ninguna reducción de pago de Intereses ni disminución de los niveles de Endeudamiento.

El hecho que todas las medidas que se adoptan atacan rubros del Gasto Primario y/o mejoras en los Ingresos Fiscales, y que paralelamente se disponen medidas monetarias, cambiarias y financieras que contribuyen todas ellas a posibilitar aumentos en el cumplimiento de la Deuda Pública a costa de acciones en otros campos está mostrando a las claras cuál es la causa básica y cuál el objetivo central al Ajuste.

La causa estructural del desequilibrio fiscal argentino es el problema de la Deuda Pública y la actual Administración (igual que todas las que la precedieron desde la época del Proceso Militar hasta nuestros días
[7]) privilegia el pago de los Servicios de esta deuda a través de medidas de Ajuste Fiscal – abiertas o encubiertas, ortodoxas o heterodoxas, pero medidas de ajuste al fin – que buscan lograr el aumento del Superávit Primario para cubrir el incremento progresivo de los servicios de la Deuda, por Intereses y por Capital.

Como el pago de estos servicios es el factor determinante del actual Resultado Financiero negativo del Presupuesto, las medidas de ajuste – económicas y financieras – tratan así de contener parcialmente el Déficit Fiscal producido por la Deuda Pública.-


Lic. Héctor L. GIULIANO
Buenos Aires, 3.3.2012.


Otros trabajos recientes del autor:

Los pagos de la Deuda Pública Argentina (6.2.12).
Deuda Pública y Déficit Fiscal 2011 (30.1.12).
La Deuda Pública y el Presupuesto 2012 que aprobó el Congreso (26.12.11).
Deuda Pública y Discurso Presidencial (12.12.11).
Deuda Pública y Elecciones 2011 (7.10.11).
Deuda Pública y Presupuesto 2012 (22.9.11).
La Deuda Pública no Registrada (31.7.11).
El aumento de la Deuda Pública 2011 (4.7.11).
Las vulnerabilidades del Banco Central (11.6.11).
El lavado de la Deuda Pública (7.6.11).
Un debilitamiento del Banco Central? (11.5.2011).


[1] Todo plan de ajuste fiscal utiliza lógicamente medidas clásicas conducentes a un aumento de los Recursos, una baja en los Gastos Públicos o ambas cosas a la vez; aunque hay diversas vías o combinaciones para llegar al mismo fin.

[2] Las abreviaturas M$/MD identifican Millones de Pesos/Dólares respectivamente. Las cifras se expresan siempre con redondeo, de modo que puede haber mínimas diferencias entre totales y sumatoria de términos.

[3] Hay Errores/Omisiones por 1.100 MD (-) en 2010 y 1.200 MD (-) en el acumulado de 2011 hasta el 30.9.

[4] Por razones de simplificación omitimos aquí entrar en los números más completos con el agregado de la Disminución de Inversión Financiera (11.900 M$, dentro de las Fuentes de Financiamiento) y de la Inversión Financiera (64.900 M$, en el campo de las Aplicaciones).

[5] Estas cifras, como decimos, se refieren solamente a Vencimientos y Amortizaciones de Capital; no incluyen los Intereses a Pagar este año – por 45.000 M$ (equivalentes a 10.200 MD) – que están incluídos dentro del Gasto Público Corriente.

De la misma manera, no se incluye aquí el problema de la Deuda no Registrada por conceptos de Capitalización de Intereses (Anatocismo), Indexación de la Deuda en Pesos que se ajusta por Inflación (Coeficiente CER, que replica el IPC) y pago de Cupones ligados al PBI.

[6] Frente a este hecho, el aliento oficial al Consumo por un lado y la suba de las Tasas de Interés por otro es como apretar el acelerador y el freno al mismo tiempo.

[7] Salvo la efímera presidencia de Rodríguez Saá.

domingo, 4 de marzo de 2012

CONTROL DE SERVICIOS PÚBLICOS

Poco quedó del esquema original de los entes

Los entes surgieron, en la década del 90, con la necesidad de hacer cumplir los contratos de concesión.
En 1994, la Constitución incluyó como un nuevo derecho el de los usuarios y los entes tuvieron que adecuar su reglamentación para que efectivamente los consumidores de servicios públicos estén representados.
Pero jamás el proceso de participación se aceitó. "Es necesario adecuar los marcos normativos de la década del noventa, buscar velar por la real aplicación del artículo 42 de la Constitución, y para que el rol de usuario no sea cosmético se deberá garantizar el acceso a la información pública, sistemas de audiencias públicas transparentes (no ya cerradas) con libre participación, consultas públicas sobre temas relevantes, y control y regulación eficaces y efectivos", dice Mariana García Torres, especialista en derecho administrativo.


Son muchos los entes que, además, tienen problemas en la constitución de sus órganos de conducción. Según el diseño de origen, la manera de elegir las autoridades era por concurso de antecedentes. Sin embargo, los concursos nunca se llevaron adelante. En algunos casos, en que la intervención se prolongó, se perdió aquella intención de tener una conducción colegiada.
La idea que inspiró los entes era que el Poder Ejecutivo no pudiera elegir a quien controlara, sino que fueran personas idóneas, independientes y con antecedentes en el sector.
Pero el kirchnerismo jamás llamó a concurso y la colegiatura se terminó. Ahora, por un decreto del Poder Ejecutivo, se nombra a quien conduce y controla.


Denuncia en el ERAS
Un caso particular, por ejemplo, es el Ente Regulador de Aguas y Saneamiento (ERAS). El organismo sólo controla a una empresa, Aguas y Saneamiento (AySA), y nació cuando se rescindió el contrato de Aguas Argentinas.
AySA es una sociedad anónima estatal y debería tener control de otros organismos del Estado, pero tiene un ente propio. Según la Constitución, debería estar integrado por tres representantes: uno del gobierno porteño, otro de la Nación y el tercero de la administración de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, el representante del gobierno bonaerense jamás asumió y el ente siempre funcionó con dos directores.
Desde el año pasado, el representante de la Nación, Carlos María Vilas, tiene el mandato vencido, pero igual se mantiene al frente. Hasta una denuncia penal por usurpación de cargos públicos está sustanciada..


La Nación, Economía, 4-3-12

viernes, 2 de marzo de 2012

PLAN PARA DESPENALIZAR LAS DROGAS


Lo confirmó en la ONU el nuevo jefe de la Sedronar, Rafael Bielsa


El Gobierno dio luz verde para modificar la ley que pena la tenencia de drogas para consumo personal. El nuevo jefe de la Sedronar, Rafael Bielsa, afirmó ayer que el departamento jurídico de ese organismo analiza, desde la semana pasada, un proyecto del senador nacional Aníbal Fernández.
El Poder Ejecutivo no presentará una iniciativa propia, pero dará el visto bueno para que sea aprobada la norma propuesta por el ex jefe de Gabinete para modificar la ley 23.737.


"La Corte dijo en el caso Arriola que la tenencia para uso personal de determinada cantidad de marihuana no es punible, y el Poder Ejecutivo está obligado a que se coordine el derecho legal con el jurisdiccional e introducir las modificaciones en el derecho positivo", dijo Bielsa durante la presentación del informe anual de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), en la oficina local de las Naciones Unidas (ONU).
Para el oficialismo, no será difícil en el Congreso aprobar la iniciativa. El Frente para la Victoria cuenta con 114 votos propios y suma, por lo menos, 17 aliados, cifras que le permiten imponer sus proyectos. En el Senado, donde se iniciará el debate sobre la ley de drogas, el kirchnerismo tiene 32 bancas y seis aliados que también aseguran votaciones positivas a las propuestas oficiales.


Bielsa habló en los últimos días con la presidenta Cristina Kirchner sobre la orientación que se dará al área antidrogas. Y ayer fue la presentación pública del secretario de Estado a cargo de la Sedronar. El funcionario, que se desempeñó como canciller durante el gobierno de Néstor Kirchner, asumió a fines de diciembre último en reemplazo de José Granero.
Durante la conferencia de prensa -con preguntas y posibilidades de repregunta-, Bielsa definió la necesidad de adecuar la legislación antidrogas al fallo de la Corte Suprema que el 25 de agosto de 2009 determinó la inconstitucionalidad del inciso de la ley 23.737 que castiga la tenencia de drogas para consumo personal. En esa ocasión, el conocido como fallo Arriola se refirió a dos jóvenes detenidos con tres cigarrillos de marihuana, con menos de 1,1 gramos cada uno.
Inmediatamente después de darse a conocer esa sentencia, el entonces jefe de Gabinete Aníbal Fernández indicó que el Gobierno cubriría el vacío legal al enviar un proyecto de ley al Congreso para modificar la ley 23.737. Fue organizada una comisión para estudiar los posibles cambios, pero dos años después del fallo no hubo iniciativas oficiales sobre el tema. En cambio, fueron muchos los proyectos de ley que legisladores de la oposición intentaron poner en debate en la Cámara de Diputados, pero esas alternativas no consiguieron siquiera ser aprobadas en las comisiones de trabajo.
Al comenzar esta semana el año legislativo, Aníbal Fernández expondrá su proyecto con apoyo oficial.
La intención sería despenalizar la tenencia para consumo personal de la marihuana. No entraría en la propuesta el permiso para poseer otras clases de drogas ilegales, como la cocaína o las drogas sintéticas. Aquellos que están al tanto de la opinión de los funcionarios involucrados en apoyar estas modificaciones aseguran que el fallo de la Corte, tanto en su resolución concreta como en su espíritu, apuntó sólo a permitir la tenencia para consumo de marihuana. El proyecto de ley respaldado por la Casa Rosada mantendría ese criterio.
Mientras en el Congreso se prepara la defensa de la modificación de la ley antidrogas -que siempre causa polémicas fuertes-, Bielsa apuesta a dirigir los esfuerzos de la Sedronar hacia la mitigación de los efectos de una droga en particular: el paco. "Las políticas públicas deben tener racionalidad, con recursos limitados no se puede abarcar todo, deben ir entonces en dirección de ayudar a los que más lo necesitan", dijo Bielsa.
Y dio una imagen concreta sobre la focalización que pretende realizar en la prevención de adicciones: "A 15 minutos de acá -frase dicha en la sede local de la ONU en Recoleta- hay más de 100 pibes tirados en las calles. Yo pertenezco a la generación que fue diezmada por el terrorismo de Estado. No quiero pertenecer a la generación de funcionarios que permita que muchos de nuestros jóvenes sean diezmados por el paco".
Bielsa comentó, además, que dio inicio a una reorganización de la Sedronar. En ese trabajo, el funcionario será acompañado por Ignacio O'Donnell, como subsecretario de Planificación, Prevención y Asistencia, y Víctor Malavolta, como subsecretario de Planeamiento y Control del Narcotráfico. También ordenó la intervención del Registro Nacional de Precursores Químicos, que estará a cargo de Marcelo Gastaldi, designado jefe del gabinete de asesores de Bielsa.

29 de Febrero de 2012.(Tiempo Pyme)




jueves, 1 de marzo de 2012

MALVINAS: INCOHERENCIA HISTÓRICA

Abel Posse

En los últimos meses, las declaraciones del señor Cameron son rotundas: de soberanía ni se habla. Su canciller avaló esta posición que podría ser la base de una política de Estado. La escalada británica de presencialidad en la región y de poder militar es clara. Nos hemos transformado en un país venusino que finge creer que en un pasado ilusorio del relato, la Guerra de Malvinas no fue plebiscitada por el pueblo argentino con inédita pasión patriótica. Hoy se instaló la opinión de que nuestra guerra, incubada por un sentimiento y una diplomacia iniciada desde Rosas en adelante, fue un disparate. La gente se acostumbra a insultar a Galtieri más que a Thatcher y su gabinete de guerra que hundió el Belgrano (publicar ahora el Informe Rattenbach va más bien en este sentido autopunitorio, aunque conocemos su verdad desde hace mucho).
Por su parte, los británicos no dudan de su ancestral política colonizadora. Pese a la moralina, la Historia sabe que la guerra da derechos.

El claro endurecimiento militar con el envío en este año del principe William, coincide con la declaración europea de Lisboa, ubicando a Malvinas como territorio de ultramar británico con las pretensiones de extensión sobre aguas argentinas y con el probable y reciente proyecto de crear un gran círculo “ecológico” con epicentro en las Orcadas.

Cameron está asediado por problemas autonomistas difíciles (Gales, Escocia). Es difícil controlar la irritación antiinmigracional que interpreta el British National Party, un populismo ultranacionalista. Tal vez este despliegue y este “incidente” en Malvinas le sirva en parte para su política interna.
Perón decía “cuando no se quiere o no se sabe cómo resolver un problema, se crea una comisión”. La publicitada presentación ante los Naciones Unidas, Consejo de Seguridad y Asamblea, para frenar el incremento militar británico, equivale, por falta de prestigio y fuerza de nuestro país, a un subterfugio inocuo y tardío, en tiempos que la ONU no puede controlar las guerras desde Irak en adelante, ni recientes políticas intervencionistas descaradas como la de Líbia. Probablemente estamos en el nacimiento de un nuevo órden, un nuevo Nomos de la realidad internacional que no pasa más por el Derecho de Gentes y el respeto de estados y soberanías.

La posición de los kelpers deberá considerarse sin la ingenuidad de la diplomacia de los 90, cuando se los saludaba con postales de Navidad y ositos de peluche. Los isleños quieren ser británicos, protegidos militarmente por Gran Bretaña, y lograr una situación como la de aquellos años 70, de la “negociación eterna”. Los isleños quisieran mantener su renta más alta, su nacionalidad británica , pero poder educarse, hospitalizarse y viajar por esa Argentina que tiene vedada, a un paso. Esta realidad podría tener camino diplomático en el futuro.
No piensan en autonomía independentista, ni en enfrentarse a la política de Londres. Quieren ser ingleses, pero gozar el alivio y la vitalidad de la Argentina.

La frivolidad de los argentinos se pone a prueba otra vez en el Atlántico Sur. Los ingleses instalan su maquinaria extractora de petróleo. Aunque el tango diga que veinte años no es nada, los británicos demuestran que, pasadas tres décadas de las batallas, ellos cumplen con el continuo de su política de Estado y se preparan a cosechar el fruto de aquellas victorias, como un legado de sus muertos.

Por nuestra parte, nos entretuvimos en calificar “como una locura” la Guerra por las Malvinas irredentas.
Habíamos reclamado durante siglo y medio.
Por fin se produjo: el 2 de abril nos despertamos pisando el suelo volcánico de nuestras Malvinas después de un ciclo de dieciséis años de chicanas británicas desde que se recomendó el diálogo en el Comité de Descolonización de la ONU.
Los argentinos en pocas horas reconquistaron el bastión sin el costo sangriento presumible. La primera etapa la ejecutó el almirante Büsser, hoy elogiado por los historiadores extranjeros. La aviación cumplió hazañas que realzan la fibra de coraje y entrega patriótica de un pueblo nacido para un destino mayor.
La reacción de entusiasmo nacional fue triunfalista y casi unánime. La acción de los militares fue aplaudida por casi la totalidad de los dirigentes políticos, sindicales y ciudadanos. Sería bueno que el lector recorriese los diarios de esos días vibrantes. Se reconocía que era una guerra justa realizada con una acción fulmínea e indolora.

Recuerde, lector: Pierina Dealessi, los donativos y colectas en las oficinas, el postre Malvinas, las señoras de Barrio Norte tejiendo los pulóveres marciales, aquellos gritos en las redacciones y en los cafés cuando se hundía al Sheffield o a algún otro exponente de la “perfidia inglesa”. Malvinas fue el único grito que superó al de algún gol de Maradona en el Mundial. Se aclamó a Galtieri en la Plaza de Mayo y fuera de ella. El acto de fuerza justiciera y nacional se sobrepuso a la conducción de una dictadura cuya “guerra antisubversiva” también fue aprobada tácita o expresamente por una mayoría significativa.

En todo caso, en aquellos días esto no frenó el entusiasmo y la cohesión nacional. Hoy, dada nuestra doblez, resulta difícil recordar que nuestra explosión fue de país sano y fuerte. Una reacción honestamente patriótica que dejaba en el plano secundario la ilegitimidad esencial del poder de turno. Habría que ser muy hipócrita para fingir olvido de aquel entusiasmo nacional, unánime y unitivo y desentendernos de la derrota atribuyendo el resultado al general Galtieri como el autor de una travesura. (En la batalla mayor de la Segunda Guerra Mundial, la de Stalingrado, los rusos y los alemanes murieron sin pensar que el jefe de unos era Hitler y de los otros, Stalin…) En el plano latinoamericano, nuestra guerra cobró una dimensión fundacional, en el sentido de asentar una conciencia de cultura y de sentimiento solidario en nuestro continente. Ese espíritu prevalece como se ve en estos días. (Uruguay acepta no dejar atracar a barcos con bandera malvinense británica ¡después que la estupidez argentina les cerró por años el puente de Fray Bentos!).

La fiesta de la guerra viró en contra de nuestra inexperiencia. La táctica diplomática de “las tres banderas” era una sutileza inaplicable para nuestra euforia de advenedizos del azar bélico.
Nuestros pilotos navales y de la aeronáutica conmovieron al mundo con sus proezas. Pero el aparato de conducción militar siguió estúpidamente dividido. El comandante en las islas que había jurado vencer o morir terminó rindiéndose. Los ingleses habían conseguido de los norteamericanos el arma clave para acabar en horas con nuestra aeronáutica. El hundimiento del Belgrano por un submarino nuclear puso en evidencia nuestra endeblez e indecisión en el arma naval. Este hecho concluyó con las esperanzas de soluciones diplomáticas. (Los ingleses demostraban que siguen a Churchill: en la guerra, determinación…)

Después, la enfermedad argentina: dicen avergonzarse de semejante hecho, lloran oblicuamente y fuera de fecha a sus muertos, descubren que los gobernantes eran de facto y dictadores. Se olvidan minuciosamente de aquel fervor... Es la Argentina pequeña, incapaz de concederles la palabra gloria a sus muertos por la Patria. Tan eufóricos en aquellas victorias como ambiguos después, en la derrota.

Lo más grave del episodio Malvinas no es haber perdido lo que con el tiempo sólo será una batalla, sino la enfermedad de no saber defender lo que hicimos con la frente alta y con júbilo de convencidos de una verdad histórica y casi andar susurrando disculpas a los usurpadores, los enemigos…

Perdimos años echándole la culpa a otro, a Galtieri, a los militares. Como perdimos, nos desentendemos y ni siquiera tenemos presencia militar y económica en el Atlántico nuestro. ¿Podremos zafar de nuestra frivolidad? ¿Podremos imponer un sentimiento de patria en este y en tántos otros temas? Porque Malvinas sigue siendo una política de Estado regada, consagrada, por la vida de nuestros soldados.

Y esas jornadas grandes, de lucha por nuestra tierra ocupada, no merece el silencio tembloroso y el intento de meter el tema como un episodio errado de los otros… Todos los jefes políticos, la prensa, los jóvenes y los viejos, los empresarios y todos los sindicatos fueron recorridos por esa honda que sacudió la laguna de mediocridad de esta Argentina que traiciona su ser y su voluntad recóndita.

*Embajador de carrera, escritor.


Perfil.com, 25/02/12

domingo, 26 de febrero de 2012

UN ANÁLISIS SERIO SOBRE MALVINAS



"Mientras el tema Malvinas siga siendo una llaga abierta, será peligroso"


Por Ricardo Carpena

Entrevista con Virgina Gamba



Por más que dentro de muy pocas semana se cumplan 30 años de la Guerra de las Malvinas, sigue siendo difícil hablar de las islas, del conflicto bélico, de cómo salir de ese interminable escenario de posguerra donde, a lo largo de las décadas, los gobiernos y las políticas de cada uno fueron cambiando para que nada, en definitiva, se modifique en serio.

Y los que hablan, en general, se quedan atrincherados en sus rígidas posturas. En un rincón, los que toman a las islas Malvinas como un estandarte de la nacionalidad, una causa patriótica sin descanso, más aún luego de la sangre argentina derramada en 1982. En el otro, los que creen que se trata sólo de un archipiélago por el que, más allá de la historia, no vale la pena desvivirse y que se presta a caer en un burdo chauvinismo.

"Mientras Malvinas continúe siendo una llaga abierta, va a ser potencialmente peligrosa, tanto para Gran Bretaña como para la Argentina, y no por ningún tipo de acción militar sino porque domésticamente bloquea la gestión gubernamental tocar este tema, sea en Londres o acá. Los dos gobiernos tendrían que salir de esta historia. Este es un momento de regionalismo en donde lo que no se puede aguantar, ante el desafío de la paz y la seguridad global, es una crisis insospechada que desestabilice una economía más", afirma Virginia Gamba, una de las expertas que habla sobre el tema.

Y lo hace con la autoridad que le dan su condición de especialista en estudios estratégicos de la Universidad de Gales, estudiosa del conflicto bélico de las Malvinas y autora de varios libros sobre el enfrentamiento de 1982, uno de los cuales, Señales de guerra , escrito con el historiador inglés Lawrence Freedman entre 1987 y 1988, publicado en nuestro país en 1992 y que en estos días reeditará El Ateneo. Considerada por algunos como un clásico, la obra de Gamba y Freedman analiza e interpreta los hechos y los mensajes que llevaron a la escalada diplomático-militar de diciembre de 1981 a junio de 1982.

En Señales de guerra no hay acusaciones ni ánimo de dirimir la cuestión de la soberanía, sino una mirada sobre el tema que, como sostiene Gamba en el prólogo a la nueva edición, "quizá ayude a que una nueva generación de argentinos entienda el porqué de las guerras y lo fácil que es la escalada bélica cuando las partes de un conflicto insisten en ignorarse y no se abocan a la búsqueda de una resolución pacífica".

Casada, con una hija, Gamba nació en el partido de San Martín, provincia de Buenos Aires, pasó su infancia en Bolivia y Perú, y estudió en Inglaterra. Sólo ocho años de su vida, en realidad, vivió en la Argentina. Trabajó en el país como periodista, en 1982, durante la Guerra de las Malvinas, y luego, entre 1983 y 1987, como profesora de estrategia en las escuelas de guerra de las Fuerzas Armadas y de la Gendarmería.

Se desempeñó como profesora titular de la cátedra de Estudios de Seguridad Latinoamericana del King's College London hasta 1991, cuando asumió como responsable de área sobre desmilitarización, desmovilización y control de armas en la Fundación MacArthur, de Chicago. También fue directora del Programa de Paz y Resolución de Conflictos del Instituto de Estudios del Desarme, de las Naciones Unidas en Ginebra. Invitada por el gobierno de Nelson Mandela, dirigió el programa de seguridad pública y control de armas ilegales de Sudáfrica. Profesora de seguridad pública de Interpol en Lyon, también capacitó a todas las oficinas regionales de esa organización en Africa y diseñó los planes nacionales de seguridad de siete países africanos (tarea que la lleva a afirmar, durante la charla con Enfoques, algo que sonará tentador para cualquier político: "Si algún día quieren seguridad en la Argentina, yo tengo el plan para lograrla en tres años").

En su trabajo voluntario, ganó el Premio Nobel de la Paz de 1995, como miembro de la organización Pugwash por el desarme nuclear.

Volvió a la Argentina hace tres años y actualmente se desempeña como asesora internacional del Instituto Superior de Seguridad Pública del gobierno porteño y de la Organización de Entidades Mutuales Americanas (Odema).

-¿Cuáles son esas señales que, de haberse interpretado, podrían haber evitado en aquellos años las peores consecuencias?

-En 1980 estábamos escribiendo todavía durante la Guerra Fría. Hoy se sabe que hay toda una psicología de la guerra, de señales, de mensajes que tienen que ver con la disuasión, donde es muy importante para dos partes en conflicto poder comunicarse. De todas formas, como en la Argentina la guerra termina en una derrota militar que, además, lleva a la caída de un gobierno militar, no existió la posibilidad de poder hacer un análisis profundo de todas las acciones. Esa represión de la posibilidad de hablar sobre las Malvinas, de intercambiar información, es lo que hace que hoy en la Argentina se tenga una memoria muy fragmentada de lo que fue la guerra, donde algunos la idolatran y otros la odian. En Gran Bretaña pasó algo parecido, sólo que nosotros fuimos víctimas de la derrota y de la depresión, pero los ingleses fueron víctimas de la victoria y de la euforia. Y la euforia es tan mala como la derrota, porque la propia dirigencia no tenía interés en que se conocieran las cosas que los ingleses hicieron muy mal. En ambos lados se buscaba simplificar la derrota y la victoria. Entonces, la víctima era no solamente la gente que la sufrió sino también la historia.

-En el libro, ustedes no se muestran convencidos de que la dictadura haya decidido ir a la guerra por una cuestión de política interna, para tratar de perpetuarse en el poder.

-No encontramos ninguna prueba de que haya sido así. No fue una aventura militar...

-¿Y cómo calificaría entonces la decisión de ir a una guerra con una potencia mundial sin estar en condiciones de ganarla?

-Es que es tan diferente hoy... No es justo juzgar algo sin la información del contexto del momento en que se toma esa decisión?

-Cuando se niega a hablar de "aventura militar" parece que justificara la guerra?

-No, el tema es el contexto. Se ha politizado tanto el tema Malvinas que es muy difícil hablar sin que te critiquen, así que, tratando de ser muy honesta y muy objetiva, en el contexto de ese momento, en el ámbito de la Guerra Fría y teniendo en cuenta que aquí había un régimen militar, eran muy pocas las opciones que tenían para no reaccionar como lo hicieron. ¿En qué sentido? Hay dos escuelas de pensamiento. Hay gente que cree en la teoría de la conspiración, de que todo esto nace en 1981 con el único propósito de conseguir algún tema que sea popular y lleve a la perpetuidad al gobierno militar?

-¿Eso no fue así?

-No, porque hay toda otra que a mí me parece que es mucho más objetiva. Un gobierno democrático y legítimo tiene en su posesión herramientas de Estado, económicas, políticas, diplomáticas, morales, militares, para poder responder a cualquier tipo de acción. Un gobierno militar, generalmente, potencia la respuesta que naturalmente es su herramienta, que es una solución militar o por la fuerza de casi todo lo que ocurre. Es lógico. Creo que hubo una reacción militar, no que lo hayan planeado tal como sucedió. Sí estoy absolutamente segura de que, para diciembre de 1981, ya tenían una idea muy clara de que iban a tener que hacer algo para forzar a Gran Bretaña a negociar de una vez la soberanía de las islas Malvinas. Estaban muy preocupados por cuestiones geopolíticas, de que todavía se estaba negociando con el Vaticano por Chile por el Beagle, entonces había muchos temas en el aire que afectaban la soberanía y también la libre circulación de la Argentina en su propia zona. Así que, invariablemente, cualquier cosa que estallara en el Atlántico Sur iba a requerir de una acción fuerte. Gran Bretaña confunde los mensajes de la Argentina, que trata de decirle en forma muy clara: "Necesito soluciones en el tema Malvinas". En Inglaterra la crítica es la misma: se dijo que fue todo para tapar los problemas domésticos de la señora Thatcher en un momento de baja popularidad. Pero afirmar hoy, treinta años después, que todo eso fue una aventura militar hecha por un gobierno agonizante que quería perpetuarse en el poder, es un simplismo muy grande.

-Aun desde esa óptica tampoco le encuentra una definición adecuada...

-No puedo encontrarla porque hay que separar un tema de lo que es la gente, y la gente que vivimos el tema Malvinas en ese momento quedamos todos tocados. Si tengo que decirlo desde un punto de vista humano, diría que fue una epopeya, porque lo que dio el pueblo argentino fue heroico. Lo que yo vi, chicos de 18 años empeñando relojes para poder comprar un misil para reventar a un inglés, eso fue heroico, no fue estúpido.

-¿No fue estúpida la decisión de los militares? La guerra nunca es buena...

-Podrían haber tomado otra decisión. La decisión que podrían haber tomado era no hacer nada. Pero si no hubieran hecho nada tenían un riesgo grande de perder las Malvinas para siempre. Se sabe que desde 1960 Gran Bretaña tenía interés en dialogar sobre la soberanía, pero en ese momento había un grupo de presión en Londres para impedir la negociación con la Argentina. Nuestro país no era el de hoy. Chile, Paraguay, Uruguay y Brasil tenían gobiernos militares. Hasta 1981, sólo Ecuador, Venezuela y Colombia eran democráticos. Había una alta militarización. Entonces, si no se hacía nada para reafirmar los derechos argentinos sobre las Malvinas, Georgias y Sandwich había una expectativa factible, posible, de perder cualquier posición argentina futura en cuanto a la soberanía de las Malvinas.

-El tema ha sido utilizado políticamente por todos los gobiernos. ¿Cómo califica la postura de la presidenta Kirchner?

-Lo que pasa con la Argentina es que es muy ciclotímica porque no está muy segura de cómo hablar con Gran Bretaña. No sabe cómo hablar.

-¿Qué significa saber hablar?

-Cómo hablar significa: ¿tenés que ser confiable? ¿Tenés que demostrar que sos bueno y que ahora sí pueden hablar con vos? ¿O tenés que hacer que los isleños te quieran para que ellos vean que sí les conviene ser argentinos? Los gobiernos argentinos no han sabido qué posición tomar. Lo que estamos viviendo ahora es una frustración grande porque, incluso después de todo el acercamiento generado en la época de Menem, incluso después de que los isleños nos han conocido y de que es evidente que la Argentina nunca más va a utilizar la fuerza para la recuperación de las islas, nada de eso nos acerca al objetivo de tener una vez una reunión, con la soberanía sobre la mesa, para discutir con Gran Bretaña. Si la Argentina pudiera poner la soberanía sobre la mesa, creo que tendríamos la madurez, como pueblo, de aceptar una derrota en la mesa de negociación. Lo aceptamos con Chile, hubo un referéndum y así se logró la paz. El problema es la frustración de no poder hacer que Gran Bretaña se digne a sentarse a discutir la soberanía como le pide todo el mundo. La Presidenta, así como un montón de gente, está frustrada por esto. Tampoco sé si es el momento correcto. Me dan miedo los tiempos: no me gusta que esto se haga en el 30 aniversario de la guerra y un año antes del 180 aniversario de las invasiones inglesas a las Malvinas porque lo hace más epopéyico, y es peligrosamente muy cercano a lo que pasó en 1982.

-Lo raro es que en tantas décadas nadie le haya encontrado la vuelta al desafío de poder hablar con Gran Bretaña, aunque no es extraño algo obvio: que se haya utilizado siempre para hacer política interna...

-Mientras Malvinas continúe siendo una llaga abierta va a ser potencialmente peligrosa tanto para Gran Bretaña como para la Argentina, y no por ningún tipo de acción militar sino porque, domésticamente, bloquea la gestión gubernamental tocar este tema, sea en Londres o acá. Los dos gobiernos tendrían que salir de esta historia.

-¿Lo podrán hacer algún día?

-Estoy convencida de que sí porque los Estados cambian, pero la cuestión son los tiempos y cómo será la evolución de la diplomacia, de las relaciones internacionales. Hoy, existe una variable que no se tenía antes que es el regionalismo, el europeísta y el latinoamericano. Desde 1989, a nivel internacional, los procesos de paz más estables y permanentes han funcionado gracias a los esfuerzos regionales. Cuando uno empuja una resolución de un conflicto en forma inmediata, unilateral, vuelve a surgir este conflicto, pero cuando está apoyado por un paraguas regional, lo contiene. Da mucha más capacidad de lograr la resolución pacífica permanente de un conflicto. Nunca se hubieran podido solucionar los conflictos europeos territoriales si no hubiera una Unión Europea que lo contiene. Y en los problemas de América central, lo que lo contuvo fue la unión de los países. El conflicto de las Malvinas se va a solucionar a través del discurso regional, hablando de una manera diferente sobre la inconveniencia de tener una llaga abierta que desestabilice internamente a la Argentina y a Gran Bretaña en momentos en que el mundo no tolera más desestabilizaciones socioeconómicas. Estados Unidos, que nunca entró a debatir el tema de las islas Malvinas, por primera vez está diciendo que hay que terminar con esto. ¿Por qué lo dice? Porque es un momento de regionalismos en donde lo que no se puede aguantar, ante el desafío de la paz y de la seguridad global, es una crisis insospechada que desestabilice una economía más. Londres no puede tolerar el conflicto de Malvinas y la Argentina, tampoco. Entonces, ¿qué es lo que va a tener que pasar? Gran Bretaña, para la que la autodeterminación de los isleños es lo más importante, no puede lavarse las manos como lo ha estado haciendo en los últimos treinta años. Es muy fácil decir que el problema no es mío sino de los isleños y "como soy muy bueno y los protejo, voy a hacer lo que me digan".

-Más allá del tema específico de las Malvinas, y como una experta en temas internacionales, que la dirigencia argentina comprende la nueva dinámica del mundo?

Estamos aislados de la realidad mundial, y hemos quedado tan aislados durante tantas décadas, a veces por arrogancia, otras veces por el efecto natural de no estar sincronizados con el tipo de gobierno del resto del mundo, que estamos mal acostumbrados. Parece que todo el mundo se resume a la ciudad de Buenos Aires, y lo demás son los márgenes, no hemos tenido una cultura cooperativa ni una cultura regional. Y ha sido sólo después de la Guerra de Malvinas y de Menem que se empieza a mirar a los vecinos, pero tampoco se entiende demasiado. Todavía, aunque hablamos regionalmente, no pensamos en los mismos términos. También les sucede a Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile. Queremos actuar como región, pero no pensamos regionalmente. En Europa vemos una desintegración que va a llevar a un nuevo tipo de unión. Africa ya está regionalizada y cada vez va a estarlo más, y Estados Unidos no va a tener otra opción que desarrollar una política más intensa hacia América latina. Las grandes preguntas que se van a hacer Rusia y China se están solucionando desde la economía. Es un mundo nuevo y allí, en el aislamiento político argentino, actuamos como dinosaurios o como matones, pero no hay nada en el medio.

La Nación, Enfoques, 26-2-12

LAS PASIONES PESAN SOBRE LA GEOPOLÍTICA



Por Felipe De La Balze


Los Estados actúan en el escenario internacional, en teoría, a partir de una evaluación fría de sus intereses. Los responsables de la política exterior de un país definen metas y estrategias a partir de un análisis razonado de la realidad.

Intentan controlar sus “pasiones” para no introducir más irracionalidad en un mundo por naturaleza desordenado y conflictivo.

La geografía, los intereses económicos, los cálculos de equilibrio de poder, las amenazas a la seguridad, las capacidades militares propias y ajenas, así como la acumulación de prestigio (valores culturales y simbólicos) contribuyen a definir la hoja de ruta del interés nacional.

A partir del siglo XX se quiso regular y contener el juego de las emociones a través de una red creciente de tratados internacionales (bilaterales, regionales o multilaterales) y de un grupo amplio y heterogéneo de instituciones internacionales (entre otras la Unión Europea, el Mercosur o las Naciones Unidas). Estos, a su manera, intentan proveer una estructura de previsibilidad a un universo de naciones siempre tentadas por maximizar sus márgenes de maniobra y en puja permanente por promover intereses individuales .

Detrás de la racionalidad siempre se esconden emociones -y no pocas veces los prejuicios- que influencian el juego político internacional: desde el rapto de Helena y la Guerra de Troya, hasta la destructiva irrupción de los nacionalismos europeos en el período que va de la Revolución Francesa (1789) hasta la Segunda Guerra Mundial (1945).

Entre la Revolución Rusa de 1917 y la caída del Muro de Berlín (1989), las ideologías (fascismo y comunismo) tomaron vuelo y parcialmente reemplazaron a las pasiones nacionalistas.

Detrás de las ideologías es fácil detectar un universo de ambiciones y resentimientos que favorecieron la instalación de gobiernos totalitarios que impulsaron comportamientos intolerantes y fanáticos.

Hoy, la revolución de la información y las comunicaciones crea una nueva vuelta de tuerca en la relación entre política internacional y emociones . El mundo se volvió más intenso.

La esperanza, la ambición, el temor y la humillación impactan profundamente en las decisiones de los actores internacionales, inclusive de las grandes potencias.

La globalización , entendida como un proceso de mayor integración económica mundial (a través del comercio, la inversión y las migraciones) y de una intensificación de los contactos personales, sociales y culturales (a través de las telecomunicaciones, la televisión e Internet), aumentó la importancia de las emociones en el juego político mundial.

Los sistemas mediáticos juegan un rol privilegiado de caja de resonancia y de espejo de una realidad donde se entremezclan lo concreto y lo virtual, la realidad, la apariencia y los deseos. En un mundo cambiante con fronteras geográficas y culturales fluidas, la crisis de la identidad (personal, grupal y nacional) se vuelve aguda. La conectividad y la inmediatez generan una búsqueda respecto al “quién somos”, “cuál es nuestro lugar en el mundo” y “qué perspectivas de futuro tenemos”.

La capacidad de manipulación por parte de aquellos que tienen poder se incrementó y masificó. Vivimos un mundo donde el acceso a la información es fácil, pero la observación individual se empobreció.

Miramos mucho y vemos poco . Los relatos se tornan más relevantes que las vivencias y la realidad virtual sustituye la realidad a secas.

La identificación del patriotismo con la competencia deportiva, las guerras percibidas como un juego de Internet, el terrorismo como la fuerza oscura y trágica de la globalización y la demonización del adversario son hechos recurrentes en la escena contemporánea.

La afanosa búsqueda de la identidad genera entre los perdedores del nuevo sistema reacciones de profundo rechazo.

Algunos de los signos de las nuevas circunstancias son: el terrorismo islámico, la existencia de territorios sin Estado y el fortalecimiento de redes criminales internacionales.

Los movimientos de protesta contra la globalización están tomando auge como resultado del agravamiento de la crisis financiera y económica. Para muchos de los críticos, la creciente integración de la economía y la cultura mundial equivale a una “americanización” del sistema.

Si observamos con cuidado, notaremos que la globalización actual corre por dos carriles dispares y contradictorios . Por un lado, somos testigos de la americanización cultural del mundo y de un triunfo cuasi universal del capitalismo y, por otro lado, presenciamos el veloz surgimiento económico y demográfico de Asia, que está erosionando gradualmente el modelo de progreso occidental. Recordemos que el extraordinario progreso de China ocurrió sin democracia y sin imperio de la ley.

La globalización ya no es dominio exclusivo de norteamericanos y europeos. En un mundo donde regímenes autoritarios son exitosos en términos de estabilidad y crecimiento, la supremacía democrática de Occidente se está deteriorando.

Por primera vez en dos siglos (desde el inicio de la Revolución Industrial), Occidente está perdiendo su centralidad y su primacía.

Sin duda, la influencia cultural norteamericana/europea es inmensa, pero desde un punto de vista económico, el Occidente está siendo superado por las nuevas potencias asiáticas.

La fase actual de la globalización refleja la entrada de Asia al escenario central de la economía y la política mundial. Hay un gradual desplazamiento de un mundo occidental y atlántico (dominado por los Estados Unidos) hacia un mundo asiático y del Pacífico, donde la influencia de China y la India crecerá durante las próximas décadas. Si el siglo XX fue el siglo de los Estados Unidos y de las ideologías, el siglo XXI será el siglo de Asia y el de la búsqueda de la identidad . En un mundo integrado y profundamente diverso, las pasiones y las emociones ocuparán la primera fila del escenario.

Clarin, 26-2-12