lunes, 14 de marzo de 2022

REPENSANDO LA SINARQUÍA

 


Denes Martos


La Editorial Virtual, 13-3-2022

 

"El mundo está gobernado por personajes

muy diferentes a los que se imaginan

quienes no están detrás de las bambalinas." (*)

El arte de gobernar a los hombres

consiste en engañarlos.(**)

Benjamin Disraeli

 

La realidad y los factores de poder.

De los cuatro factores principales que hacen al poder político – la fuerza bruta, el conocimiento, el dinero y el carisma – la fuerza bruta, es decir: el poderío militar, ha sido un elemento muy importante desde que el mundo es mundo y los seres humanos se agruparon en comunidades organizadas.

 

Sucede sin embargo, que en el mundo actual, ese factor está mucho más condicionado de lo que estuvo en el siglo anterior. Por un lado depende cada vez con mayor fuerza del avance tecnológico que permite suplantar con drones y otras armas teleguiadas el involucramiento directo de seres humanos, mientras que, por el otro lado, se apoya, – también con cada vez mayor intensidad – sobre pilares económicos y comunicacionales. De este modo, el comercio y las finanzas (o sea: el dinero) junto con los satélites, internet  y los medios masivos de difusión (o sea las fuentes de información o conocimiento) han acotado en una medida no menor la efectividad de lo militar como expresión política de la fuerza bruta tradicional.

 

En este panorama – pintado así en trazos muy  gruesos y referenciando al mundo que conoció el Siglo XX –  se desprende una conclusión que todos deberían tener presente al tratar de entender lo que está sucediendo en los distintos países en particular y en el mundo actual en general: los hechos políticos del siglo XXI no se pueden – ni se deben – analizar con los criterios del siglo XX.

 

La forma más segura de equivocarse en la interpretación de los acontecimientos actuales es repetir los argumentos de la época de los años 1960 a 1970 respecto del comunismo y el capitalismo como dos caras de la misma moneda, el sionismo como fuerza impulsora principal de la plutocracia norteamericana, la interpretación del marxismo militante como fuerza subversiva revolucionaria de acción directa, el peligro inminente de una confrontación nuclear como medio para dirimir la cuestión del poder internacional y la enorme mayoría de todos los demás elementos de análisis que utilizábamos por aquella época, hace ya por lo menos medio siglo atrás.

 

Y no es, en absoluto, que los criterios de aquellos tiempos estuviesen equivocados. Sirvieron en ese momento – y sirvieron muy bien – para mirar la realidad, para ver detrás de bambalinas y, sobre todo, para comprender lo que estaba en juego. Tampoco se trata necesariamente de deshacerse así como así de aquellas herramientas de análisis porque muchas de ellas todavía son utilizables. Lo que sucede es que hay que entender que, si bien el concepto como instrumento es aplicable, la realidad a la que se aplica es diferente y, en muchos casos, completamente diferente.

 

La famosa Sinarquía

 

Tomemos el caso del concepto genérico y aglutinador de "sinarquía", tantas veces mencionado en la literatura peronista y nacional. En su versión original abarcaba al capitalismo, al comunismo, al sionismo, a la masonería y a la Iglesia Católica como institución mundana. [1] Hoy en día es obvio que no ha desaparecido por completo ninguno de esos cinco factores. Pero ¿cómo se compara su situación actual con la existente allá por las décadas de 1960 y 1970? Veamos:

 

·      Por de pronto el capitalismo fabril de la "sociedad de consumo" y la "economía de mercado" se han transformado en un capitalismo predominantemente financiero y de servicios.

 

·      El comunismo como potencia política de real envergadura ha desaparecido luego del colapso de la URSS. Sobrevive principalmente como impulso revolucionario cultural – según el esquema gramsciano – con la excepción de China que consiguió una rara (casi imposible) hibridación de política comunista y economía capitalista, y con la excepción también de algunos países "progresistas" en cuyas dirigencias políticas predomina una mentalidad marxista de lucha de clases y de conflictos económicos entre pobres y ricos,  pero que internacionalmente no poseen ni envergadura ni peso suficiente para influir en la política global.

 

·      El sionismo ha perdido su romanticismo colonizador para la mayor parte de la juventud de la diáspora. Los muy escasos kibutz supervivientes no son ni sombra de los existentes durante los '60 y principios de los '70 [2] en que convocaban el entusiasmo y la inmigración de las juventudes sionistas. Probablemente en buena medida relacionado con esto pero de cualquier forma mucho más importante, es que la expansión territorial de Israel ha chocado con serias dificultades, solo solucionables mediante muy crueles enfrentamientos bélicos y sociales que – al menos por el momento – Israel no está en buenas condiciones de seguir ampliando a gran escala.

 

·      Mirando objetivamente hacia atrás, ya la importancia que se le dio a la masonería en la segunda mitad del Siglo XX fue bastante exagerada. Actualmente el poder real de los masones se aproxima poco a poco a lo anecdótico. Su papel como "religión sustituta" es prácticamente inexistente al igual que su papel como organización antimonárquica. Su función coordinadora de personajes influyentes ha disminuido ante el surgimiento de otras organizaciones que prescinden de un ritual artificial que para muchos ya es anacrónico, por no decir ridículo. Hoy existen asociaciones discretas como las ONGs, los grupos de planificación y presión como el Bilderberg, El Foro Económico Mundial, el Council on Foreign Relations, la Open Society Foundations de George Soros y docenas de otros centros a nivel internacional que han suplantado y desplazado a la mayoría de las organizaciones puramente masónicas como factores de poder real.

 

·      Sobre la Iglesia Católica habría tomos para exponer. Toda una serie de acontecimientos, desde el Concilio Vaticano II, el Movimiento de los curas del Tercer Mundo, pasando por los escándalos financieros del caso Marzinskus, el IOR, el Banco Ambrosiano, los escándalos por pedofilia y terminando en la actitud blanda y condescendiente del actual papa – que parece incapaz de responder a los constantes ataques que sufren los católicos de todo el mundo – la Iglesia ha perdido no solo su rumbo sino algo mucho peor: se ha alejado demasiado de su doctrina fundacional y, con ello, ha perdido autoridad moral. Sigue teniendo, sin embargo y a pesar de todo, su poder de convocatoria gracias a la acción de sacerdotes y algunos prelados que insisten en no darse por vencidos, pero como institución la Iglesia ya no tiene voz ni voto – ni siquiera una posición de respeto – especialmente en el ámbito cultural tanto a nivel académico como en el de los medios masivos.

 

Con todos estos cambios, la aplicación de la noción de "sinarquía" como concepto aglutinador de las fuerzas impulsoras de – al menos gran parte de – la política internacional sigue siendo, por supuesto, válido pero requiere una profunda adaptación a la actual configuración del Poder mundial. De nuevo: ya no estamos en el Siglo XX y muchísimo menos en la época de la llamada Guerra Fría. Las fuerzas impulsoras son, a grandes rasgos, las mismas o similares; pero tanto su composición, como su relación mutua, su "quantum" de poder individual y su posición estratégica sobre el tablero internacional han cambiado en forma sustancial.

 

Hechos, Verdad y Realidad

En el Siglo XX los factores internacionales se expresaban en forma principal a través del poderío militar. Durante la primera mitad del siglo este énfasis en lo militar está demostrado por dos Guerras Mundiales. En la segunda mitad predominaron las revoluciones armadas y los conflictos bélicos localizados, siempre con la amenaza subyacente de una tercera Gran Guerra especialmente determinada por el factor nuclear y la misilística de largo alcance con telemetría satelital.

 

Esto ha cambiado. Si bien la opción militar siempre sigue estando sobre la mesa como opción, los principales factores del poder internacional se han ido canalizando, poco a poco, a través de un ámbito organizado en forma de red dentro del cual el ejercicio del poder real se ha vuelto menos directo. Dentro de esta red el principal flujo del poder circula por tres canales simultáneos: el dinero, el comercio, y los medios masivos de difusión. El comercio hace circular los bienes y servicios cuyo valor arbitra el dinero mientras los medios masivos canalizan la información e impulsan las pautas culturales que justifican una cosmovisión guiada por una "lógica" hedonista y materialista despojada de toda noción de trascendencia y de criterios naturales objetivos.

 

Es importante recalcar en todo esto la importancia aumentada de los medios audiovisuales. Junto con el dinero y el comercio, los medios de comunicación se han convertido en un elemento clave en el ejercicio del poder dentro del mundo actual. Aplicando la "lógica" hedonista y materialista arriba indicada lo que los medios masivos principales están haciendo con sus propuestas de de-construcción y "progresismo" es una destrucción sistemática de la realidad histórica. En forma simultánea, la actual tecnología digital está en condiciones de crear realidades virtuales tan perfectas para el observador visual que muchas veces la diferenciación entre realidad virtual y realidad concreta se hace casi imposible.

 

Ejemplo de "realidad aumentada". Elija su producto y

póngalo en su sala para ver como queda. Si guarda la imagen

y se la manda a otra persona, el destinatario nunca imaginará que el

producto realmente no existe en la sala.

De este modo, los medios no solo destruyen realidades históricas con sus "relatos" arbitrarios sino que, además, están perfectamente en condiciones de sustituir las realidades destruidas con una realidad inexistente pero favorable a la "lógica" del placer, el capricho, y el bienestar material. El resultado, como es obvio, es un "progresismo" que solo puede progresar hacia la decadencia y la degeneración de una civilización cuya cultura ya no se basa en "lo que es" sino en lo que "nos gustaría que sea".

 

Durante siglos – y hasta podríamos decir milenios – todo el pensamiento cultural de Occidente se ha fundamentado sobre tres conceptos principales: 1)- el hecho; 2)- la verdad y 3)- la realidad. Hecho, verdad y realidad han constituido desde siempre el fundamento sólido de nuestro conocimiento, algo que nos ha permitido construir – al menos a los efectos prácticos – una ciencia alimentada por el conocimiento fundado sobre la lógica de la causalidad. Una de las cosas que está sucediendo bajo nuestras propias narices – y es casi increíble como hay tantas personas que ni se han dado cuenta (o, si se han dado cuenta, aparentemente no les importa) – es que todo nuestro milenario pensamiento basado sobre hechos, verdades y realidades está siendo destruido en forma sistemática.

 

Los hechos ya no importan; importa nuestra "percepción" de los hechos, lo que da lugar a diferentes "relatos" posibles sobre esas percepciones.

 

La verdad sucumbe en el relativismo del axioma de "la única verdad absoluta es que toda verdad es relativa" lo que da lugar a que la verdad sea suplantada por meras opiniones de las cuales se supone, por dogma de fe, que todas tienen el mismo valor de respetabilidad.

 

Y, finalmente, hasta la realidad sucumbe ante la posibilidad de crear en el laboratorio realidades virtuales prácticamente indistinguibles de la realidad objetiva — múltiples "metaversos" digitales en sustitución del "universo" real — lo cual permite convertir la mentira en una realidad sustituta que contribuye a legitimar los relatos y las relativizaciones.

 

El hecho es que el individuo promedio de nuestra civilización — con su nariz pegada a la pantalla del televisor, su computadora o a la de su teléfono celular — se ha convertido en un observador indefenso y vulnerable, expuesto a la manipulación de quienes le cuentan lo que se supone que debe saber acerca de lo que se supone que ha sucedido.

 

Esto ha sido posible principalmente porque, desde que los norteamericanos redescubrieron la viejísima verdad acerca del poder del conocimiento, nos hemos enterado de que "el conocimiento es poder", algo que ya sabían Francis Bacon y Tomás Hobbes en el Siglo XVII. Pero, desde entonces, la pregunta que no nos hemos hecho es la siguiente: si el saber es poder, entonces por quién, cómo y dónde se ejerce ese poder que determina cual es el conocimiento que absorberá el observador indefenso a través de los medios masivos de información.

 

El problema está en que quienes determinan el conocimiento a disposición de las masas a través de los medios masivos de difusión, son los mismos que operan los otros dos canales de la red — el dinero y el comercio — que determinan la estructura y el funcionamiento de todo el poder económico... del cual depende el poder tecnológico y del cual, a su vez, depende el poder militar. Además, puesto que en las democracias el poder político depende del dinero que paga las campañas electorales, es tan solo una consecuencia lógica que sean los mismos operadores de la red los que dominan incluso al poder político. ¿O acaso alguien puede ser tan ingenuamente crédulo como para creer de verdad que las principales decisiones de la política norteamericana – y en especial las del Departamento de Estado – las toma un mentecato como Joe Biden? ¿O que en su momento la invasión a Iraq la decidió realmente un absoluto inútil como George W. Bush?

 

"Soy una máquina de meter la pata".

Joe Biden en The Guardian

A confesión de parte.....

 

La red del poder mundial

Los factores del poder internacional, a diferencia de lo que sucedía en el Siglo XX, están hoy organizados en forma de red, algo que, en la envergadura necesaria, se hizo tecnológicamente posible gracias a la tecnología del siglo pasado recién desde los años '80 en adelante. Aparte de ello esa red tiene que tener, necesariamente, al menos un nodo coordinador y concentrador porque, sin él, cualquier red es prácticamente inmanejable y hasta incontrolable, por lo que su comportamiento sería absolutamente impredecible. [3]

 

Existe, por lo tanto, una red con un nodo central coordinador que posee un enorme "quantum" de poder a nivel mundial. No obstante – y esto es lo más importante de todo – toda la red misma así como quienes la operan no están "institucionalizados". Esto es: se trata de una red de la cual no existe una institución que la represente en forma visible y pública.

 

La pregunta que planteábamos más arriba acerca de quién, cómo y dónde se ejerce ese poder desde el nodo central de la red, no tiene más respuesta que un gran interrogante. No lo sabemos. La titularidad, las reglas operativas y  la ubicación del centro coordinador del mayor poder real que existe sobre el planeta, simplemente no están explicitadas en ninguna parte.

 

Por supuesto, podemos conocer varios nodos. Sabemos que hay bancos, instituciones financieras y calificadoras de riesgo de alcances internacionales. Sabemos que hay enormes empresas industriales y de servicios. Y sabemos también que hay verdaderos emporios mediáticos que vuelcan sus productos sobre la población mundial todos los días.

 

Sabemos que hay thik tanks, centros académicos de estudios estratégicos, instituciones financiadas por particulares y por los Estados, que "cosechan" datos para elaborar proyectos y alternativas en materia de política internacional que luego, de alguna forma y en alguna medida, se aplican por los Estados y los organismos multinacionales. 

 

Sabemos que hay una enorme industria bélica alimentada por los últimos avances de la tecnología que hoy – a diferencia del Siglo XX – ya no está tanto enfocada en la opción de la Destrucción Mutuamente Asegurada [4] nuclear, sino en la informatización de la inteligencia militar, en la rapidez y efectividad de las reacciones (lo que incluye la asfixia del oponente mediante sanciones económicas y de otra índole), en la robotización de determinadas armas, en la creación artificial de conflictos internos y crisis sociopolíticas en el país atacado y, sobre todo, en la posibilidad de ahogar al enemigo sin una necesidad imperiosa de poner "botas sobre el terreno" desde el mismo principio y con recursos propios.

 

También sabemos cómo se maneja la política democrática en la cual las ciudadanías votan por los candidatos pero no elijen a los candidatos ya que la designación de los mismos está en manos de las cúpulas partidarias y las campañas electorales dependen fundamentalmente del dinero invertido en ellas así como del apoyo implícito o explícito del aparato mediático involucrado en la promoción o desaprobación de determinados candidatos. Y dentro de este ámbito político sabemos incluso que existen técnicas para crear la "imagen" electoralmente favorable de un candidato por medios virtuales, más allá de la verdadera personalidad y de las verdaderas capacidades profesionales, intelectuales y hasta morales del personaje.

 

Todo eso lo sabemos porque lo podemos comprobar cotidianamente con solo apartar un poco la cortina desinformática y observar sin prejuicios ideológicos lo que sucede en el mundo actual. Pero, así y todo, lo que no sabemos con certeza es cómo se coordina la red entera, quién la coordina y desde dónde se la coordina.

 

A pesar de que la necesidad de una coordinación es absolutamente innegable, resulta ser que el factor coordinador no está muy a la vista bajo circunstancias normales. Aparte de "buenos" y "malos" estereotipados, y actitudes "correctas" e "incorrectas" no menos estereotipadas, la rutina habitual no revela grandes esfuerzos de sincronización calificativa. Basta con repetir que los "fascistas" son siempre malos; los "progresistas" son siempre buenos; los "democráticos" son siempre correctos y los "autoritarios" son siempre peligrosamente incorrectos.

 

Pero, de pronto surge un hecho de especial envergadura – como, por ejemplo, la pandemia del coronavirus o la guerra en Ucrania – y de pronto la orquestación coordinada se hace tan evidente que millones de personas no pueden pasarla por alto, estén – o no – de acuerdo con los calificativos y las clasificaciones "políticamente correctas".

 

Puedo creer – o no creer – que la peligrosidad del SARS-CoV-2 ha sido tremendamente exagerada, en parte como experimento de domesticación por el miedo de una masa humana ignorante y crédula y en parte como un fenomenal negocio de los laboratorios medicinales. Pero nadie me podrá negar que todos los medios masivos del mundo reaccionaron de la misma manera histéricamente alarmista ante el fenómeno, priorizando en todo caso las vacunas de los laboratorios occidentales y tratando de desacreditar las de otro origen. Del mismo modo puedo hallar simpático a Zelensky o a Putin, pero nadie me negará que todos los medios masivos de difusión occidentales, en pleno y sin excepciones, se han puesto misteriosamente de acuerdo para manifestar, en forma sincronizada y totalmente unánime, su condena a Putin y su apoyo a Zelensky.

 

Aparte de ello, sin una coordinación deliberada, ¿cómo sería posible la aplicación coercitiva y unánime de las represalias económicas aplicadas a Rusia? Varios bancos cierran en forma simultánea sus operaciones con Rusia; empresas enteras se retiran del país o interrumpen su producción al mismo tiempo, organismos internacionales unánimemente mandan a Rusia al ostracismo. Todo ello en el lapso de aproximadamente una semana. Y más: todo eso a pesar de los costos que las represalias representan para los mismos que las aplican, a punto tal que no faltan analistas para afirmar que varias de las medidas perjudicarán más a las finanzas internacionales que a la economía rusa. ¿Bancos, centrales financieras y hasta empresas dispuestas a perder dinero con tal de no permitir que Putin se salga con la suya? ¿No se suponía que la guerra era un buen negocio?

 

Los conspiranoicos

¿Puede haber tanta unanimidad en forma espontánea? Por supuesto que no. Ni siquiera una supuesta comunión cuasi religiosa en la fe democrática de todos los operadores puede explicar el fenómeno. Basta con ingresar a Internet para darse cuenta de que, a pesar de los desesperados intentos de censurarla, las opiniones de miles de millones de personas reales de carne y hueso no se ajustan a la partitura del coro mediático. Incluso la mayoría de los inclinados a cantar la canción de ese coro desafina. Y ni hablemos de los que salen disparados con teorías estrambóticas de las que no están ausentes ni los extraterrestres.

 

Es que ante la ausencia de una institución visible y transparente, responsable por la operación de la red del poder mundial, son muchos los que buscan la respuesta a esa pregunta del "quién, dónde y cómo".

 

La primera respuesta que uno recibe de los medios y de los ámbitos "oficiales" es que dicha red no existe y, por lo tanto, tampoco existen los que la operan por la simple razón de que no se puede operar una red inexistente. Suena bastante similar al argumento de Lavoisier que en el Siglo XVIII negaba la existencia de los meteoritos afirmando: "puesto que no hay piedras en el cielo, no pueden caer piedras del cielo". Y, por supuesto, siendo todo ello inexistente quienes afirman su existencia son locos, ignorantes, o delirantes, creyentes en teorías conspirativas sin sustento.

 

Seamos honestos: hay teorías conspirativas que son un verdadero delirio. Algunas de ellas son tan estrambóticas que uno hasta puede llegar a sospechar que se trata de cortinas de humo creadas exprofeso para nublar la vista de los incautos y mantenerlos ocupados en estupideces que desacreditan cualquier investigación sobre la supuesta "inexistencia" de un poder ramificado en forma internacional. Es obvio que, aún cuando algunas sirven para la chacota, lo único razonable que se puede hacer con estas conspiranoias es ignorarlas.

 

La conspiración explicada

Los "reptilianos" gobiernan el planeta.

Y, si éstos no le gustan, siempre quedan los Annunakis de Nibiru

 

Aparte de ello hay varias teorías. La mayor parte de ellas adolece de alguno de los siguientes tres defectos (o de los tres en forma simultánea): 1)- son muy antiguas y no reflejan las realidades y las posibilidades del mundo actual;  2)- son inverificables y 3)- están más basadas sobre opiniones que sobre hechos concretos.

El (demasiado) breve análisis que figura al principio de este escrito sobre los componentes de la Sinarquía es precisamente el resultado de un resumen analítico de estos defectos. Y entiéndase bien: la tesis no es que no existan los componentes de lo que solíamos denominar como "la Sinarquía". La tesis es que estos componentes no son como eran en el pasado ni, mucho menos, operan como operaban en el pasado, por lo que el concepto mismo de "Sinarquía" requiere una revisión y reevaluación.

 

En búsqueda de la Verdad perdida

El mundo capitalista está completamente interconectado a través de las redes digitales y hasta está empezando a generar monedas virtuales con un principio totalmente diferente al que gobernaba el dinero tradicional. El comunismo se ha desembarazado de su Lenin y el marxismo-leninismo se ha transformado en un marxismo gramsciano en el que hasta el término revolucionario de "proletariado" ha sido suplantado por el romanticismo emocional de la expresión "los pobres". Tratar de entender al sionismo actual según los ubicuos Protocolos de los Sabios de Sión de fines del Siglo XIX es más o menos lo mismo que tratar de entender al demoliberalismo actual a través de los escritos del Barón de Holbach. Adjudicarle a los masones actuales una influencia decisiva en el gobierno de los asuntos mundiales es como suponer que el Rotary Club y el Club de Leones deciden la producción industrial y el comercio. Creer que la Iglesia Católica actual tiene una influencia importante sobre los acontecimientos mundiales es ignorar deliberadamente que su dirigencia no ha conseguido ni siquiera defenderse con éxito de los ataques a los que la cristiandad en general y los católicos en especial han venido siendo objeto durante el último medio siglo.

 

Pero además y por sobre todo, ya no se trata de distintos organismos sinárquicos actuando en un mismo sentido general. Ahora se trata de un solo organismo central coordinando operaciones a través de una red mundial que actúa a través de diferentes canales.

 

Aproximarse a la verdad nunca fue – y con seguridad nunca será – sencillo pero, si no queremos vivir en la mentira, en el error, y chocando constantemente contra la pared, no nos queda más remedio que por lo menos intentarlo. Por desgracia no hay métodos infalibles para atrapar a la verdad toda entera, pero sí los hay para aproximarse en la medida de lo humanamente posible, dados los datos y las circunstancias.

 

En materia de datos políticos siempre he recomendado el método de las preguntas propuestas por Darrell Huff:

 

1.    ¿Quién lo dice?

2.    ¿Cómo lo sabe?

3.    ¿No falta algo?

4.    ¿No está sesgada la información?

5.    ¿Tiene sentido en absoluto? 

A estas 5 preguntas, a mí me gusta agregarles otras dos:

6.   ¿A quién beneficia?

7.   ¿De qué me sirve saberlo?

Respondiendo lo más honesta y concretamente posible a estas preguntas es muy posible que no lleguemos a explicarlo todo y a entenderlo todo, pero al menos sabremos dos cosas: 1)- Qué nos falta saber y por lo tanto qué es lo que tenemos que investigar; y, en función de ello, 2)- Qué tan lejos o qué tan cerca estamos de poder entender realmente el hecho que estamos considerando. Por supuesto, existen otros métodos y para conocerlos siempre valdrá la pena explorar en profundidad todo el campo de la epistemología.

 

Pero cuidado porque también hay métodos muy engañosos. Sobre todo hay una costumbre muy extendida que no es recomendable. Consiste en enterarse de lo que dicen los tirios y después ir y ver qué dicen los troyanos para después "formarse un criterio propio". Este método solamente sirve si los tirios mienten y los troyanos dicen la verdad, o viceversa. Incluso si en el rarísimo caso en que ambos dicen la verdad desde su propio punto de vista, el método puede servir. Pero si ambos mienten ¿qué "criterio propio" se puede sacar de dos mentiras? Ir a CNN a ver qué dicen los norteamericanos para después consultar Rt o Sputnik para ver qué dicen los rusos equivale a autoengañarse creyendo que CNN miente (algo bastante usual en CNN) pero que Rt o Sputnik dicen (o están más cerca de) la verdad; lo cual no es más que una infundada suposición optimista. Todos conocemos el archiconocido dicho ése que dice que la primera baja en toda guerra es precisamente la verdad. Y para mentir los rusos nunca le han tenido que pedir ayuda a nadie.  

 

Si no adecuamos nuestras herramientas de análisis a la realidad objetiva del mundo actual estaremos condenados hacer el papel – o mejor dicho el papelón – de esos opinólogos que hablan sobre lo que suponen y no sobre lo que saben, siendo que lo peor de todo es que su público supone que saben y hasta ellos mismo terminan por creer que saben cuando lo único que hacen es repetir el argumento que escribieron los que realmente saben la verdad, pero no la confesarían ni bajo tortura. 

 

¿Complicado? ¡Por supuesto!

 

La promesa es que la Verdad nos hará libres; no que la Verdad será siempre simple y sencilla.

 

********************************

NOTAS

(*)- “Delphi Complete Works of Benjamin Disraeli (Illustrated)” Delphi Classics

 

(**)- Benjamin Disraeli, “Curiosities of Literature”

 

[1] )- Cuando en 1968 Perón publica "La Hora de los Pueblos", en la edición original hace ocho veces mención al concepto de "sinarquía". Lo que hoy muy pocos recuerdan (o saben) es que "La Hora de los Pueblos" es la reelaboración de otra obra publicada el año anterior que fue "Latinoamérica: Ahora o nunca". Es curioso ver cómo este concepto de Sinarquía fue cambiando progresivamente: en el pensamiento original de Perón abarcaba al capitalismo, al comunismo, al sionismo, a la masonería y a la Iglesia (esta última a veces incluso con la ácida observación de "...que si la pagan, también entra"). En las variaciones posteriores la Iglesia de pronto es piadosamente sustituida por "el Vaticano" o "el clericalismo" (o incluso desaparece por completo) y hasta he visto versiones en Internet en las cuales ya se ha seguido "suavizando" la composición haciendo desaparecer al sionismo.

Una razonablemente buena versión de "La Hora..." puede descargarse de:

https://bcn.gob.ar/uploads/la-hora-de-los-pueblospara-visualizar.pdf

 

[2] )- Después de 1977, bajo el gobierno de Menahem Beguin, el apoyo del Estado a los kibutz disminuyó drásticamente

 

[3] )- Eso es justamente lo que desespera a quienes desearían controlar la Internet que es una red abierta, completamente caótica en la que impera la mayor de las anarquías.

 

[4] )- Estrategia conocida luego de la II GM como "MAD" por sus siglas en inglés (Mutually Assured Destruction) basada en el concepto que, si una potencia iniciaba una guerra nuclear, la potencia opositora, antes de terminar destruida, todavía tendría tiempo de lanzar sus propios misiles nucleares garantizando la destrucción de la potencia agresora.

La macabra ironía de la sigla reside en que "mad" en inglés significa "loco".