viernes, 11 de agosto de 2023

MODELO DE POLÍTICO CATÓLICO

 

Gabriel García Moreno

 

P. José María Uriburo

Infocatólica, 11-8-23

 

En la ciudad de Guayaquil, porteña y liberal, en el año 1821, nació Gabriel García Moreno, octavo hijo de una familia muy distinguida, pues su padre Gabriel García Gómez, español leonés, nacido cerca de Ponferrada, fue procurador síndico de Guayaquil, y su madre, Mercedes Moreno, era hija del regidor perpetuo del ayuntamiento de la ciudad, hermana del arcediano de Lima y del oidor de Guatemala, y tía del cardenal Moreno, primado de Toledo. Gabriel, de niño, dio muestras de un temperamento sumamente débil y medroso. De tal modo le espantaba cualquier cosa, que no pudo ser enviado a la escuela, y fue su madre su primera maestra.

 

Gabriel, a los nueve años, justamente cuando se produce la independencia, queda huérfano de padre, y la familia, que se había distinguido como realista, se ve en la ruina. Un buen fraile mercedario, el padre Betancourt, que ayudaba espiritualmente a doña Mercedes, se hizo cargo de Gabriel, sirviéndole de maestro durante varios años, con gran provecho. Gabriel, que hablaba a veces en latín con su maestro, mostraba una memoria prodigiosa y una gran facilidad para el estudio. En esos años cambió totalmente su forma de ser, haciéndose una personalidad fuerte y valiente.

 

A los quince años comienza Gabriel sus estudios de filosofía y leyes en la Universidad de Quito, fundada en 1586. Pudo hacerlo gracias a dos hermanas del padre Betancourt, que allí tenían casa y le alojaron. Fue muy buen estudiante, y se mantuvo con beca toda la carrera. Aprendió por su cuenta francés, inglés e italiano. El ambiente cultural que le rodeaba era racionalista, volteriano y laicista, abiertamente hostil a la Iglesia, y en la vida política todo era mentira y corrupción. Viendo así la situación, no se limitó a lamentarse, sino que se decidió a ser político católico.

 

A los veinticinco años obtiene García Moreno el doctorado. Y su vida, siempre muy activa, se va acelerando más y más. Explora científicamente los cráteres de los volcanes Pichincha y Sangay. Se casa con Rosa Ascásubi. Como escritor de combate, lanza sucesivamente varios periódicos, El Zurriago primero, La Nación después, y otro, El vengador, y otro más, El diablo. Pacifica en una semana, como enviado del presidente Roca, una sublevación sangrienta producida en Guayaquil…

 

Pero todo va de mal en peor, y la nación va decayendo, entre conspiraciones y sobresaltos, en un laicismo cada vez más ignominioso. Pasa entonces García Moreno por momentos de desánimo, llegando a considerar la posibilidad de dedicarse, como su próspero hermano Pablo, al comercio. Viaja a Europa, a Inglaterra y Alemania, y en Francia se reafirma definitivamente en su vocación política, estimulado por el ejemplo de sus amigos católicos franceses. Se reintegra en 1850 al Ecuador, y consigue, en un golpe de mano personal ante el presidente Noboa, el regreso de los jesuitas, cosa que los masones no podían tolerar. El general Urbina, que se hace con el poder, los expulsa de nuevo, alegando que la real cédula de Carlos III, española, de 1767, estaba vigente (!).

 

–Exiliado

García Moreno ataca duramente desde el semanario La Nación la política de Urbina, y éste, en 1853, le destierra a Colombia. De allí se fuga, vuelve secretamente a Quito, se refugia más tarde en un barco francés arribado al puerto de Guayaquil, es elegido diputado, y es desterrado por segunda vez, en esta ocasión a la costa peruana, a un lugarejo apartado. Allí escribe un folleto en defensa propia, La verdad de mis calumniadores y, como siempre que puede, se dedica al estudio.

 

En 1855 vuelve a París, pues necesita libros y personas con las que perfeccionar su pensamiento, preparándose para su misión. Le interesan todos los temas: matemáticas y ciencias naturales, ingeniería y filosofía, agricultura e historia. «Estudio diez y seis horas diarias –le escribe a un amigo–, y si el día tuviera cuarenta y ocho, pasaría cuarenta con mis libros, sin el menor tropiezo». Por aquel tiempo estudió a Balmes y a Donoso Cortés, y leyó tres veces la Historia universal de la Iglesia católica, de Rohrbacher, editada recientemente en 29 volúmenes, entre 1842 y 1849. Fue la obra que más influyó en su formación doctrinal y espiritual.

 

Pero aunque con éste y otros estudios consolidaba más y más su pensamiento católico, por aquellos años, sin embargo, había abandonado las prácticas religiosas: no se confesaba ni iba a misa los domingos. Un día, en una discusión con un ateo, éste le echó en cara su inconsecuencia, y Gabriel fue vencido por la gracia de Dios. Se confesó en seguida y desde entonces participó en la eucaristía diariamente.

 

–Alcalde, rector y senador

A fines de 1856, una amnistía proclamada por el general Robles, sucesor del general Urbina, permite el regreso de García Moreno, después de tres años de destierro. Acogido triunfalmente en Quito, es elegido alcalde de la ciudad en 1857, y poco después rector de la Universidad, y senador por la oposición. La degradación de la vida política, cultural y económica en aquellos últimos años de dictadura militar era completa.

 

Serían necesarias muchas páginas para describir las luchas y cabildeos, los nepotismos y traiciones, que por entonces dominaban la vida pública, en la que la arbitrariedad de los políticos y la violencia de soldados y policías iban mucho más allá de lo tolerable. L. F. Borja afirma que 1859 fue «el año de la crisis para el Ecuador, cuando estuvo en peligro de desaparecer como nación independiente, el año de la anarquía» (+Belmonte, Hª contemporánea de Iberoamérica, II, 180).

 

–Primera presidencia (1861-65)

Después de veinticinco años de gobiernos liberales y despóticos, sectarios e inútiles, se hizo en 1860, gracias en buena parte a García Moreno, una nueva Constitución, y él fue elegido por unanimidad para presidir el gobierno. Comienza inmediatamente una obra formidable, de la que escribe José Belmonte:

 

«Se organiza ahora la hacienda, la enseñanza y el ejército; se establece un Tribunal de cuentas; se reducen las tasas fiscales. García Moreno derrocha ardor para combatir con energía la especulación, el contrabando y la burocracia, acometiendo asimismo las obras de vialidad del país. Simboliza el freno más resuelto contra el militarismo imperante. Sus pasos giran en torno al establecimiento de un régimen civil, encaminándose a la instauración de un Estado católico.

 

«Su primer gobierno puede llamarse, en expresión de Crespo Toral, el período heroico de García Moreno. Fueron aquellos años, desde el gobierno provisional hasta 1865, de verdadera prueba: el motín de los cuarteles, las invasiones a mano armada, el puñal aguzándose en la sombra, dos guerras internacionales… En esos años lúgubres de furor y desesperación, se acometieron en parte los gigantescos trabajos de la red de carreteras, las vastas empresas de la enseñanza, de la beneficencia, del saneamiento moral de la República, de cuyo territorio, desde los claustros para abajo, barrióse toda inmundicia que pudiese corromper el ambiente o trascender pestilencia o contagio… En años tan difíciles, con rentas adecuadas apenas para el sustento de la vida, tuvo el erario la elasticidad que da la honradez» (181).

 

En 1862 se estableció el Concordato ecuatoriano con la Santa Sede. En 1863 se celebró un Concilio nacional, en el que se restauró, entre otras cosas, la disciplina del clero. Llegaron al país no pocos religiosos extranjeros. Y por primera vez en muchos años el Ecuador, país con inmensa mayoría de católicos, pudo vivir en una atmósfera favorable a la Iglesia y a la vida cristiana. Sin embargo, la obstrucción sistemática de liberales y radicales, y la ambición hostil de Colombia y Perú, cuyos masones confraternizaban con Urbina, poniendo en peligro la misma integridad territorial del Ecuador, mantuvieron la vida política en una tensión continua y en un peligro permanente.

 

–Segunda presidencia (1869-75)

En 1868, García Moreno, a los cuarenta y siete años, se casa en segundas nupcias con Mariana de Alcázar, y prepara su retiro de la vida pública en una apartada hacienda. Le siguen en la presidencia, sucesivamente, dos hombres de su confianza, Carrión y Espinosa; pero estos políticos, siendo débiles, ponen otra vez el país al borde de la anarquía. García Moreno entonces, anticipándose a Urbina, que se preparaba para dar un golpe de estado, convoca la Convención de 1869, en la que se reforma la Constitución del estado. Y de nuevo es constituido presidente.

 

De esta segunda presidencia escribe Remigio Crespo Toral: «En esos seis años fue la paz, el desarrollo estupendo de la nación y la cumbre de su progreso. Con menos de tres millones de entradas al año, se realizó el prodigio de extensión, de encumbramiento, de exaltación de nuestra pobre República, al punto y grado de incorporarse ella en la sociedad internacional. No hubo necesidad de imposiciones, fueron raros los castigos y la mansedumbre iba formando la atmósfera» (+J. Belmonte 183).

 

Al término de esta segunda presidencia de García Moreno, la primera enseñanza, respecto a los tiempos de Urbina, se había multiplicado por cuatro; la Universidad de Quito era una de las mejores de América; se inició el restablecimiento entre los indios de los poblados misionales, que habían sido tan admirables; el ejército ya no imponía su prepotencia cuartelaria, sino que había sido reorganizado al servicio de la nación; los funcionarios, reducidos de su número abusivo, cumplían su horario laboral; los libros de contabilidad de la República, antes prácticamente inexistentes, estaban al día, y se habían eliminado casi por completo las cuantiosas deudas contraidas en los anteriores decenios de corrupción política. Todo lo cual, por supuesto, resultaba para muchos intolerable, al haber sido realizado por un político que se atrevía a aplicar en su gobierno la doctrina católica.

 

–Político católico

García Moreno fue siempre un político absolutamente convencido de la veracidad de la doctrina política y social de la Iglesia. En el comienzo de su Constitución de 1869, abrumadoramente aprobada en plebiscito popular, se decía: «En el nombre de Dios, uno y trino, autor, conservador y legislador del universo, la convención nacional del Ecuador decreta la siguiente constitución»… Fiel a la doctrina de la Iglesia, entonces presidida por Pío IX, estaba persuadido de que sólo podía edificarse el bien común temporal de una nación cristiana respetando en todo las leyes Dios.

 

Por eso cuando en 1864 Pío IX publicó el Syllabus, y muchos, incluidos católicos, atacaban el documento, él decía: «No quieren comprender que si el Syllabus queda como letra muerta, las sociedades han concluido; y que si el Papa nos pone delante de los ojos los verdaderos principios sociales, es porque el mundo tiene necesidad de ellos para no perecer».

 

García Moreno, por lo demás, era plenamente consciente de la singularidad provocativa de su política. En una ocasión reconocía que los masones «por medio de su gobernantes, son más o menos dueños de toda América, a excepción de nuestra patria». Pero esa misma conciencia le confirmaba la urgente necesidad de firmeza en su política. En efecto, se decía a sí mismo: «este país es incontestablemente el reino de Dios, le pertenece en propiedad, y no ha hecho otra cosa que confiarlo a mi solicitud. Debo, pues, hacer todos los esfuerzos imaginables para que Dios impere en este reino, para que mis mandatos estén subordinados a los suyos, para que mis leyes hagan respetar su ley».

 

Y en su mensaje al Congreso, en 1873, con la valiente franqueza que en él era habitual, declaraba: «Pues que tenemos la dicha de ser católicos, seámoslo lógica y abiertamente; seámoslo en nuestra vida privada y en nuestra existencia política. Borremos de nuestros códigos hasta el último rastro de hostilidad contra la Iglesia, pues todavía algunas disposiciones quedan en ellos del antiguo y opresor regalismo [supremacía del Estado sobre la Iglesia], cuya tolerancia sería en adelante una vergonzosa contradicción y una miserable inconsecuencia».

 

En lo referente, por ejemplo, a la educación, la Constitución ecuatoriana, que proscribía la masonería, ordenaba que fuera una educación católica, con indecible escándalo de liberales, radicales y masones, que en la mayoría de las naciones americanas dominaban hacía años el área política educativa. Pero García Moreno argumentaba: ¿Es antidemocrático asegurar a la población aquella educación que prefiere la inmensa mayoría de los ciudadanos? ¿Por qué un pueblo cristiano ha de estar sometido durante generaciones a una educación netamente anticristiana? ¿Por qué a los hijos ha de arrancárseles en la escuela la religión de sus padres? ¿Viene eso realmente exigido por la democracia?…

 

García Moreno en esta cuestión estaba prácticamente solo en toda América, como en tantas otras, pues una falsa ortodoxia democrática impulsaba a los políticos cristianos a alejar a la Iglesia de la educación, dejando ésta en manos de la única alternativa fuerte, organizada y con apoyos exteriores: radicales y masones. Éstos, en muchos países, entraban a formar parte de inestables gobiernos de coalición, diciendo: «Ustedes controlen la economía, el ejército, las relaciones con el exterior, y todo lo demás: nosotros nos encargaremos de la educación».

 

García Moreno, como la mayoría de sus compatriotas cristianos, fue formado en la devoción al Corazón de Jesús, y siendo ya presidente, a Él quiso consagrar el Ecuador, la nación entera, y para ello presentó consulta al tercer Concilio, reunido por entonces en Quito. Obtenida la licencia eclesiástica, y con el voto mayoritario del Congreso, se realizó en 1873, con gran solemnidad y fervor popular, la consagración del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Fue la primera nación del mundo que lo hizo, y en diez años se levantó un gran templo nacional votivo para memoria del acontecimiento. Poco antes de su muerte, García Moreno vaticinó con acierto:

 

«Después de mi muerte, el Ecuador caerá de nuevo en manos de la revolución; ella gobernará despóticamente bajo el nombre engañoso de liberalismo; pero el Sagrado Corazón de Jesús, a quien he consagrado mi patria, lo arrancará una vez más de sus garras, para hacerla vivir libre y honrada, al amparo de los grandes principios católicos».

 

–Hombre católico

Gabriel García Moreno pudo ser un político verdaderamente católico porque fue un hombre verdaderamente católico. Trabajaba muchas horas cada día, sujetando siempre su horario a una distribución muy estricta, que incluía levantarse a las 5, y tener misa, meditación y examen entre las 6 y las 7. Las vacaciones las pasaba en un pueblecito donde su hermano era párroco. Una vez al año, si podía, hacía una semana de ejercicios espirituales. No solía dar banquetes –ni siquiera cuando fue elegido presidente por primera vez; en aquella ocasión entregó el dinero del banquete a un hospital–, y procuraba en lo posible evitar convites. Estas exageraciones venían aconsejadas por los escándalos precedentes, habituales en la Presidencia del gobierno. No siendo hombre de fortuna personal, cedía parte de su sueldo oficial al erario nacional, y parte a obras benéficas.

 

Guardaba un talante humilde, y a pesar del ímpetu de su carácter, gastaba una inmensa paciencia para, por ejemplo, conseguir del Congreso la aprobación de buenos presupuestos, obras o leyes. Era, como ya se ha visto, sumamente estudioso, e incluso en sus tiempos de político recibía con frecuencia de Europa obras sobre ciencia, filosofía o historia y, sobre todo de Francia, libros de pensamiento católico. También era dado a la lectura de temas bíblicos o patrísticos, del Magisterio o de autores espirituales.

 

En una de las últimas páginas de La imitación de Cristo, el libro de Kempis que llevaba siempre consigo, anotó, con ocasión de unos ejercicios espirituales, entre otras normas: «Oración cada mañana, y pedir particularmente la humildad. En las dudas y tentaciones, pensar cómo pensaré en la hora de la muerte. ¿Qué pensaré sobre esto en mi agonía? Hacer actos de humildad, como besar el suelo en secreto. No hablar de mí. Alegrarme de que censuren mis actos y mi persona. Contenerme viendo a Dios y a la Virgen, y hacer lo contrario de lo que me incline. Todas las mañanas, escribir lo que debo hacer antes de ocuparme. Trabajo útil y perseverante, y distribuir el tiempo. Observar escrupulosamente las leyes. Todo ad majorem Dei gloriam exclusivamente. Examen antes de comer y dormir. Confesión semanal al menos»…

 

García Moreno entrecruzó algunas cartas con el papa Pío IX, que por esos años sufría como él un duro acoso del laicismo militante. En una de ellas, Pío IX le decía: «Sin una intervención divina enteramente especial, sería difícil comprender cómo en tan corto tiempo habéis restablecido la paz, pagado muy notable parte de la deuda pública, duplicado las rentas, suprimido impuestos vejatorios, restaurado la enseñanza, abierto caminos y creado hospicios y hospitales».

 

–Juicios sobre su personalidad política

Las fuerzas que abominan de todo influjo real del cristianismo en la vida pública han visto siempre en Gabriel García Moreno «el máximo representante del oscurantismo clerical», «un dictador sangriento», «un teócrata conducido por los jesuitas», etc. Es normal. Pero también es normal que nosotros aquí demos la palabra a personas más dignas de consideración:

 

José Luis Vázquez Dodero califica a García Moreno de «férreo espíritu, asentado en una sorprendente fisiología… y no sólo el primero y más grande de los ecuatorianos, sino uno de los hombres en verdad extraordinarios que ha producido América… Pocas veces se ha dado un producto tan asombroso de energía física y de energía moral… La insólita personalidad de García Moreno y el fervor con que fue asistido por el pueblo ecuatoriano tentaría a aplicarle el término carisma, con el que quedarían designadas sus maravillosas facultades y la sublimación que los ecuatorianos hicieron de ellas» (+Belmonte 185).

 

El historiador P. García Villoslada SJ afirma que «la figura de Gabriel García Moreno es en el aspecto político-religioso la más alta y pura y heroica de toda América, y nada pierde en comparación con las más culminantes de la Europa cristiana en sus tiempos mejores. Basta ella sola, aunque faltaran otras, para que la república del Ecuador merezca un brillante capítulo en los anales de la Iglesia» (+Adro Xavier 388).

 

–Los tolerantes no toleran

En 1874 había acuerdo entre las fuerzas políticas para reelegir por un tercer período presidencial a García Moreno. Pero también había un convencimiento generalizado de que sus enemigos no estaban dispuestos a soportarlo más. El 20 de julio le escribía su suegro, Ignacio de Alcázar: «Una vez la secta radical triunfante, la religión será perseguida, las obras públicas y vías de comunicación abandonadas y, sobre todo, la guerra civil ha de ser interminable, debiendo todo esto y mucho más principiar por asesinarte… No veo otro medio de salvarte que salir del país». Todos sus amigos temían lo mismo, y le aconsejaban prudencias y escoltas, sin que él hiciera caso.

 

Se produjo, finalmente, por mayoría aplastante, la tercera reelección de García Moreno para la Presidencia. Y liberales y masones –siempre tan atentos a la voluntad del pueblo– formaron en seguida un coro mundial de lamentaciones, acusaciones y protestas.

 

Una vez más la opinión unánime internacional, la misma que consideraba natural que los católicos no pudieran tener voto en Gran Bretaña, o que estimaba necesaria, de alguna manera, la interminable dictadura mexicana del porfiriato, tan favorable a los intereses económicos del capital nacional o extranjero, daba sobre la elección democrática del católico García Moreno su democrática sentencia: intolerable. La prensa liberal de España, La Gaceta de Colonia o la de Bruselas, el secretario de la embajada chilena en Lima, el periódico Monde Maçonique, innumerables voces aquí y allá, con una coincidencia realmente impresionante, venían a exigir el fin del hombre nefasto, absolutamente incompatible, por muy reelegido que fuera, con las democráticas libertades modernas y la civilización occidental.

 

Tiempo antes, el 26 de octubre de 1873, la prensa del Perú había ya reproducido de la de Guayaquil la crónica detallada de su asesinato en Quito: todos los datos eran falsos, pero se trataba de crear ambiente. García Moreno, por supuesto, era consciente de la conjura, pero seguía negándose a llevar escolta y a tomar medidas mayores de precaución: «Yo prefiero confiar mi guardia a Dios. Lo que dice el salmista: “Si Dios no guarda la ciudad, en vano la guardan los centinelas"».

 

El 17 de julio de 1875 escribe García Moreno su última carta a Pío IX, comunicándole la reelección: «Ahora que las logias de los países vecinos, instigadas por las de Alemania, vomitan contra mí toda especie de injurias atroces y calumnias horribles, procurando sigilosamente los medios de asesinarme, necesito más que nunca la protección divina para vivir y morir en defensa de nuestra religión santa y de esta pequeña república… ¡Qué fortuna para mí, Santísimo Padre, la de ser aborrecido y calumniado por causa de Nuestro Divino Redentor, y qué felicidad tan inmensa para mí, si vuestra bendición me alcanzara del cielo el derramar mi sangre por el que, siendo Dios, quiso derramar la suya en la Cruz por nosotros!». Y el 4 de agosto le escribe a su amigo Juan Aguirre: «Voy a ser asesinado. Soy dichoso de morir por la santa fe. Nos veremos en el cielo».

 

–Asesinato

El 6 de agosto de 1875, como de costumbre, se levantó a las cinco de la mañana, y fue a la iglesia para la misa de las seis. Sus asesinos, un pequeño grupo impulsado por los escritos incendiarios del liberal Juan Montalvo, le acechaban; pero retrasan su acción, pues al ser primer viernes había gran concurso de fieles. Más tarde, por la mañana, entra García Moreno un momento en la Catedral para hacer una visita al Santísimo. Le avisan que le reclaman fuera.

 

Cuando sale al sol de la plaza, un tal Rayo le descarga un machetazo en la cabeza, seguido de otros, en tanto que sus cómplices disparan sus revólveres. Fueron en total catorce puñaladas y seis balazos. Acuden algunos soldados al tumulto, y uno de ellos mata de un tiro a Rayo. En su bolsillo se hallaron cheques –por más de «treinta monedas», desde luego– contra el banco del Perú, firmados por conocidos masones.

 

El cuerpo de García Moreno es introducido en la Catedral, donde recibe, ya agonizante, la Unción sacramental. Al morir llevaba consigo, manchado todo de sangre, una reliquia de la Cruz de Cristo, el escapulario de la Pasión y el del Sagrado Corazón, y el santo Rosario colgado al cuello. También se le halló en el bolsillo un libro muy usado, que llevaba siempre encima: La imitación de Cristo.

 

–Vigencia posterior del liberalismo

Herederos de la voluntad secularizadora de los liberales, y especialmente de los radicales, han sido los comunistas y socialistas de todo el mundo. Debilitados hoy los comunistas, o en claro declive, hoy, en el amplísimo campo del liberalismo, hallamos la máxima voluntad secularizadora en los partidos socialistas. El fracaso evidente de las economías de corte socialista les ha llevado a abjurar poco a poco de sus primeros planteamientos económicos; pero en modo alguno han relajado su voluntad liberal-radical de eliminar –sin grandes discursos, pero con suma eficacia– toda huella cristiana de religión y moral en la sociedad.

 

Por lo demás, después de muy duras luchas en Europa y América hispana en el siglo XIX y comienzos del XX, el liberalismo ha logrado imponerse en los ámbitos fundamentales de la vida pública de Occidente, al menos en sus formas moderadas. Tal es su vigencia en la mayoría de los pueblos, que ya el mismo nombre de liberalismo ha desaparecido, pues se identifica en el Occidente con la misma condición de una vida social moderna. Ya hoy todos son liberales, y los partidos que se llaman liberales existen sobre todo para acentuar una economía libre frente al intervencionismo socialista.

 

Por lo que a la misma Iglesia se refiere, también el liberalismo ha marcado su sello en la frente y en la mano, es decir, en el pensamiento y la conducta, de muchos cristianos (Apoc 13,16-17), sobre todo en los sectores ilustrados. Así en nuestro siglo, de modo especialmente acusado por los años sesenta y setenta, se alza ampliamente con entusiasmo la convicción difusa de que la Iglesia, fundiendo las exigencias del Evangelio con mitos anticristianos, está llamada a impulsar decisivamente las causas que el mundo no logra hacer triunfar. Así se espera un triunfo formidable de la Iglesia en el mundo, una conciliación entre Evangelio y secularidad desconocida en la historia, con grandes ventajas para la Iglesia y para el mundo…

 

También en estos años, el milenarismo pelagiano y secular del liberalismo, que conoció en la historia realizaciones comunistas, socialistas, nazis o fascistas, va a asumir en el mismo campo cristiano nuevas formas radicales, como la teología de la liberación. Los máximos liberacionistas, señalados con frecuencia como filomarxistas, rechazan esta acusación –con más empeño una vez que el mito del marxismo se ha debilitado–. De hecho, sus maestros, en seminarios y universidades, no fueron normalmente marxistas, sino católicos liberales.

 

Ellos, los liberacionistas, uniendo a este influjo intelectual la formación de una espiritualidad voluntarista, pelagiana o semipelagiana, no hicieron sino radicalizar las consecuencias. Con marxismo o sin él, venían a ser en el fondo lo mismo: afectados de una pedantería indescriptible, arremetieron contra la tradición doctrinal católica y contra las tradiciones cristianas populares, decididos a ser transformadores de la Iglesia y de la sociedad. Al final hubo que detenerlos, antes de que causaran más destrozos.

 

Actualmente se han desvanecido muchos de los sueños míticos suscitados por el opio del liberalismo, en cualquiera de sus innumerables formas milenaristas. Ya no es fácil creer en mesianismos comunistas, socialistas o liberacionistas, ni tampoco nadie, a la vista de la realidad histórica, es tan ingenuo como para esperar de la democracia liberal la salvación de la humanidad. ¿Qué queda entonces del liberalismo y de sus derivaciones? ¿Qué queda de él, concretamente en amplios sectores cristianos?

 

Quedan todavía muchos planteamientos confusos, que mezclan ideales evangélicos y mitos anticristianos. Se lucha, por ejemplo, contra las consecuencias del pecado, pero no contra el pecado mismo, y de ese esfuerzo tan precario se espera, dudosamente, la salvación, algo de salvación. O se estima, otro ejemplo, evangélica una democracia liberal –la que está en uso– que niega la soberanía de Dios sobre la sociedad, y que no reconoce otra autoridad sobre la vida del pueblo que la voluntad manipulada de los hombres.

 

Queda también del liberalismo en no pocos sectores una tradición nefasta, una desconfianza, una aversión incluso, hacia la tradición católica, hacia sus pensamientos y caminos propios.

 

Y sobre todo, queda un silencio generalizado sobre la absoluta necesidad de la gracia de Cristo, el único que puede «quitar el pecado del mundo» (Jn 1,29). Queda, sí, una gran dificultad para creer que «la salvación no está en ningún otro, pues ningún otro nombre [sino el de Jesús] nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvados» (Hch 4,12).

 

 


jueves, 10 de agosto de 2023

NECESITAMOS UNA NUEVA RECONQUISTA

 

 

En vísperas del aniversario de la Reconquista de Buenos Aires, conviene recordar el pasado de nuestra patria, para no caer en el error simplista de ubicar el comienzo de la decadencia argentina en la aparición del peronismo, en 1945, o en la versión distorsionada del mismo movimiento (kirchnerismo), en las últimas décadas. Coincide este año la gesta de rechazo a la invasión inglesa, con el desafío que implica la elección de un nuevo gobierno nacional; proceso que comienza con las Paso el 13 de agosto.

 

En esencia, lo que hoy llamamos grieta, fue la sumatoria de las diferencias entre enfoques contrapuestos en el transcurso de la historia, que se mantiene hasta el presente (*). Para quienes tenemos una concepción cristiana de la vida, es importante comprender el rol que han desempeñado las ideologías, y la necesidad de incrementar nuestra participación en la vida cívica, para que no se agraven las consecuencias de la legislación que ha impuesto aceleradamente cambios que afectan nuestras creencias.

 

No podemos imputar sólo a los malos gobiernos, por ejemplo, lo que indica con cruda precisión la última encuesta sobre creencias religiosas en Argentina: el 80 % de los católicos considera que la mujer tiene derecho a abortar (**).

 

Si los católicos no conocemos bien y no defendemos, la fe que proclamamos, interviniendo activamente en la vida pública, no podremos evitar que continúe avanzando una tendencia ideológica contraria a nuestra tradición histórica y enemiga de nuestras creencias. El primer paso, es estudiar y aplicar la mejor brújula de que disponemos, que es la doctrina social de la Iglesia, que entre otras cosas nos exige la participación en la elección de autoridades (Catecismo, 1905).

 

Recordemos el ejemplo de quienes nos precedieron, como el dirigente laico José Manuel Estrada, que hace 140 años alertaba:

 

 “Los católicos argentinos han sido inadvertidos y lo son todavía. Han creído que su fe no debía influir en sus resoluciones políticas ni rectificar sus simpatías de partido. Por eso, multitud de hombres fieles a la fe han cooperado a la elevación de políticos, cuyas creencias, si ese nombre puede darse al escepticismo, estuvieron en abierta contradicción con las suyas.”

 

“Los católicos han prescindido de las cuestiones de su fe en sus combinaciones políticas, y por su tolerancia y abandono han contribuido indirectamente a que arraiguen las supersticiones del liberalismo en el régimen de los negocios públicos. Los males arrecian día en día, y se acerca la hora de recobrarse y reflexionar.”

 (La Unión, 1-4-1883).

 

Mario Meneghini

 

(*) Sonego, Víctor. “Las dos Argentinas”; Ediciones Don Bosco Argentina, 1986.

 (**) Segunda Encuesta nacional sobre creencias y actitudes religiosas en Argentina; Ceil – Conicet, 2019.

 

miércoles, 9 de agosto de 2023

QUÉ SON LAS PASO

 

Este resumen sobre las elecciones las PASO lo hago por la siguiente razón, muchos ignoran qué son las PASO Por eso hago este escrito

*Las elecciones P.A.S.O (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias) -se llevarán a cabo el próximo 13 de agosto- *Fueron creadas por ley en 2009 y se celebraron por primera vez en los comicios de 2011.

 

*🤔 Qué son las PASO y para qué sirven?

Las elecciones PASO son parte de la política electoral argentina y este 2023 definirán los candidatos de las elecciones generales de octubre.

 

De acuerdo a la ley, todas las listas y las fórmulas deben superar en las PASO el 1,5% de los votos válidamente emitidos en ese distrito y para esa categoría para poder presentarse en las generales.que serán en octubre

  Estas elecciones se llevarán a cabo el próximo 13 de agosto.

 

*A pesar de los intentos de modificarlas o eliminarlas por parte de diversos sectores políticos, incluyendo al Frente de Todos y Juntos por el Cambio, las PASO siguen vigentes.


* 🤷¿Qué son exactamente las PASO y para qué sirven?

Las PASO son una primera elección para definir candidaturas, *no cargos*

Sino ,quiénes serán los candidatos a los cargos. Estas elecciones son abiertas, lo que significa que cualquier ciudadano puede votar

*La principal función de las PASO es definir, mediante el voto popular, las candidaturas presidenciales cuando un mismo frente electoral tiene 2 o más aspirantes a esa postulación. Lo mismo ocurre cuando un espacio político tiene 2 o más listas de postulantes a diputados y senadores nacionales, para que en octubre ese espacio presente una sola lista.

 

*👉 Precandidatos para las PASO 2023:

Sergio Massa, Juan Grabois, Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, Javier Milei, Myriam Bregman, Gabriel Solano y Juan Schiaretti , estos son algunos de los precandidatos a presidente de las PASO 2023.En total se presentan 32 boletas (sabanas)

 

*En el caso de las fórmulas presidenciales, en octubre compite la que haya obtenido más votos ,en las PASO. En cuanto a las listas de diputados y/o senadores, la conformación de la lista para octubre se realiza según el reglamento establecido por cada espacio político, generalmente utilizando el sistema D'Hondt de representación proporcional.

🗳Las elecciones generales seran el 22 de octubre

 

Luna Cordero Reina  

lunes, 7 de agosto de 2023

HOMENAJE AL P. JULIO MEINVIELLE

 

 

50 AÑOS DE SU FALLECIMIENTO


Panel: Andrés Torres, Mario Meneghini, Edgardo Salvay

El vienes 11 de agosto, a las 18 hs., en el Centro Apostólico Santo Domingo

Organiza: Guardia de Honor de la Virgen del Rosario 

sábado, 5 de agosto de 2023

LA POBREZA TREPÓ AL 38,7 %

 


y ya hay 18 millones de personas que no acceden a la canasta básica

 

Infobae, 5 Ago, 2023

 

Durante los primeros meses del año los precios de los insumos de primera necesidad aumentaron a mayor ritmo que los salarios y las diferencias ya se reflejan en las estadísticas de pobreza. Según la base de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, en el primer trimestre la pobreza llegó al 38,7%, lo que significa que ya hay 18 millones de persona en Argentina que no ganan lo suficiente para cubrir el costo de una Canasta Básica Total (CBT).

 

La razón del incremento de esa variable clave obedece a la incesante suba de la inflación, que acumuló un crecimiento del 115% en los últimos doce meses.

 

En comparación al mismo período del 2022, la pobreza registró un incremento de 4,5 puntos porcentuales, lo que significa que en 12 meses se agregaron 2 millones de nuevos pobres en el país. Por su parte, la indigencia subió del 8,2% al 8,9% Esto ocurrió por el empobrecimiento de los trabajadores ocupados en todas las modalidades laborales (registrados y no registrados) y en los que desempeñan por cuenta propia.

 

Lo llamativo, es que aún entre los ocupados la pobreza subió del 24,4% al 28,7%, algo inédito en la Argentina. Eso quiere decir que incluso quienes tienen trabajo están, en promedio, cada vez más lejos de los productos de primera necesidad.

 

Tanto la línea de indigencia como la de pobreza se calculan en relación a la evolución de las canastas de alimentos y total que aumentaron más que la propia inflación. A marzo, la línea de indigencia aumentó el 120,1% interanual, la de pobreza 113,2% y la inflación en 104,3%.

 

El dato del Indec es de 31 aglomerados urbanos, que totalizan 29 millones de personas. Si esos porcentajes se extienden a toda la población (46,2 millones), incluyendo la rural, equivale a 18.000.000 pobres, de los cuales 4 millones son indigentes.

 

Entre los chicos menores de 14 años (un conjunto de la población que llega a los 11 millones de personas), la pobreza subió del 47,1% al 54,7%. Son 6.000.000 de niños y niñas que viven en hogares pobres.

 

En la Ciudad de Buenos Aires, donde la Dirección de Estadística porteña difundió los datos del primer trimestre, la indigencia pasó de 182.000 personas (5,9%) a 259.000 (8,4%), un incremento de 77.000 personas. La pobreza, por su parte, avanzó de 625.000 (20,3%) subió a 673.000 personas (21,8%).

 

Cada día más pobres

En la nueva serie del Indec, la pobreza pegó un salto a partir del primer trimestre de 2018, cuando alcanzó el 24,8%.

 

Con la recesión iniciada ese año y las reducciones salariales y de jubilaciones en términos reales durante el Gobierno anterior, la pobreza creció casi 10 puntos, llegando al 34,2% a comienzos de 2019 para volver a subir al 34,7% durante el inicio del Gobierno de Alberto Fernández.

 

Luego, con el actual Gobierno, con la pandemia y cuarentena, y el desplome de la actividad, volvió a subir hasta el 39,5% y con el rebote la actividad y el empleo logró bajar hasta el 34,2%.

 

Sin embargo, como los datos de la EPH lo demuestran, los números volvieron a empeorar en los primeros tres meses de este año, con el incremento de la pobreza al 38,7%. Esto, pese a que algunas variables económicas registraron resultados alentadores durante el comienzo del año. Sin ir más lejos, la medición de Producto Interno Bruto (PIB) marcó un crecimiento de la economía del 1,3% durante el primer trimestre, en comparación con el mismo período del año pasado. También hubo una mejora del 0,7% en la comparación desestacionalizada respecto al trimestre anterior.

ARGENTINA, LA AUTOPISTA DE LA DROGA


 

Juan Patricio Furlong y Martin De Angelis

 

Infobae, 5 Ago, 2023

 

Los delitos violentos se incrementan: Rosario casi duplicó su tasa de homicidios en los últimos 4 años. Bandas criminales manejan carteles desde las cárceles, sicarios adolescentes se ven cada vez con mayor asiduidad, y cargamentos de cocaína históricos por su volumen pasan por nuestras aguas y puertos.

 

Cada vez hay más cocaína en nuestras ciudades, más narcomenudeo, más chicos que entran en el negocio de la droga como soldaditos y que aspiran a mejorar su situación económica y la de su familia. En su perspectiva, desde el lugar en que ellos están, la droga les ofrece lo que la política no: un futuro, la posibilidad de comprarse lo que ellos quieren. A través de sus teléfonos acceden al mundo y desde ellos ven lo que otros tienen, pero sus padres no pueden brindarles. En esa aspiración de reconocimiento social, económico y material es que las organizaciones criminales trabajan para reclutarlos. Ellos están ahí, el Estado no.

 

El mercado mundial de la cocaína no ha sido reemplazado por las drogas sintéticas, como muchos creían. Más bien ambas se han complementado. Aquella especulación sobre que la altamente adictiva metanfetamina desplazaría a la arcaica cocaína resultó ser equivocada. Por el contrario, las alternativas de laboratorios solo aumentaron el número de adictos y la dependencia de estos a los narcóticos, generando entonces un aumento sostenido de su producción.

 

Los últimos informes de la Oficina de Naciones Unidas para la Droga y el Delito (UNDOC) indican que tanto la producción como la incautación de cocaína, han experimentado un continuado y marcado crecimiento desde 2014, duplicándose en los últimos 8 años, y llegando a récords históricos en 2022.

 

Entre 2020 y 2022, los cultivos de coca se han expandido de 230.000 has a más de 320.000 has, representando esto un crecimiento del 40% de la superficie sembrada. Este aumento de la superficie, sumado a la mejora de las técnicas de cultivo, llevaron al volumen global de cocaína al orden de las 2 mil toneladas anuales de máxima pureza.

 

Según UNDOC, en 2022 el consumo mundial de cocaína ha superado todas las expectativas. Históricamente, EEUU concentra la mayor demanda individual por país, y entonces influía decisivamente en el dictado de los precios y flujos de la cocaína proveniente de Perú y Colombia. Pero en los últimos 10 años, el consumo de cocaína en Europa ha aumentado en forma sostenida, mientras que el mercado americano permanece como el más relevante pero relativamente estancado. Esta demanda creciente ha aumentado en forma sostenida el tráfico en mercados intermedios como el africano. Para 2022, ambos mercados combinados (Europa y África) ya igualaron la demanda de cocaína de EEUU, pero a diferencia de este, continúan en franco y acelerado crecimiento.

 

Esta situación alteró notablemente la geopolítica del narcotráfico en los últimos 10 años, porque además de las ya tradicionales rutas del Caribe y del Pacífico hacia los EEUU, empiezan a volverse relevantes las rutas del Atlántico con miras a Europa y África. Y aquí en este punto es donde comienza a agravarse el problema argentino.

 

Desde una ecuación de costo-oportunidad, Argentina está volviéndose particularmente atractiva para las estructuras criminales, las cuales han decidido recorrer mayores distancias para abastecer mercados en franco crecimiento a cambio de bajos niveles de detección y limitadas consecuencias penales.

 

El mercado internacional narco es altamente competitivo y descentralizado en su producción y oferta, por lo que las organizaciones criminales han decidido maximizar sus ganancias apelando minimizar los riesgos y las pérdidas: aquí es donde Argentina se vuelve lastimosamente competitiva.

 

Estamos en el centro de la ruta narco de mayor crecimiento y mejores perspectivas de los últimos 10 años. Flanqueados por la oferta y la demanda, nos convertimos en una autopista de droga, pagando con vidas, inseguridad y corrupción social y política las consecuencias del efecto derrame a su paso.

 

Buscando los mercados del Atlántico, la pasta base o la cocaína es transportada desde los valles del Vraem en el Perú hacia Bolivia, donde se acopia junto a la producida en el Chapare y Yungas de La Paz. La cocaína que pasa y se origina en Bolivia sale por dos rutas principales: la ruta Este y la ruta Sur. La primera consiste en un tráfico vía terrestre y aéreo hacia Brasil, buscando llegar a los puertos de aguas profundas de Santos, Río de Janeiro y Salvador, desde donde parte hacia Europa en cargas contaminadas.

 

El rápido crecimiento de las incautaciones de las cargas originarias de Brasil en puertos como Hamburgo, Rotterdam o Amberes hicieron que las autoridades europeas elevaran los controles sobre las cargas provenientes de esas rutas. Así, las organizaciones criminales buscaron orígenes menos observados, menos regulados y con controles débiles como los puertos del Río de la Plata, bajando su perfil de riesgo y reduciendo las pérdidas.

 

Para ello, necesitaron asegurar la logística de grandes volúmenes de cocaína desde un país mediterráneo como Bolivia, a través de cuatro países hasta la cuenca del Río de la Plata. Estudiaron las vulnerabilidades estratégicas en la región y decidieron avanzar en dos métodos que explotan al máximo esas debilidades: los cielos y los ríos. Ausencia de radarización, debilidades tecnológicas y operativas en los controles fronterizos, extensas superficies sin control, ausencia de capacidad de reacción estatal, estructuras policiales y militares debilitadas o desactivadas, baja voluntad política para enfrentarlos, y sobre todo, la ausencia de un sistema de inteligencia estatal integrado y eficiente con capacidad para detectar la amenaza, estudiarla y prevenirla. Este conjunto de factores decidieron a las estructuras criminales a utilizar la cuenca del Río de la Plata como salida para abastecer al cada vez más demandante mercado Europeo-Africano.

 

Perú y Bolivia concentran el 40% de las superficies plantadas con hoja de coca a nivel mundial, produciendo unas 800 toneladas de cocaína de alta pureza. Bolivia se ha convertido en una plataforma aérea de cocaína en la región: cuenta con 900 aviones ligeros (tipo Cessna o Piper) en manos privadas, y decenas de pistas clandestinas escondidas entre campos y reservas naturales.

 

La inexistencia de Radares Primarios de Vigilancia (PSR), y la falta de control del espacio aéreo se extiende desde dos puntos críticos para la criminalidad, la Triple Frontera entre Perú, Bolivia y Brasil sobre el río Arce hasta la Triple Frontera del Río Iguazú, por más de 2300 km, sumando más de 1,5 millones de km cuadrados de cielo no vigilado.

 

En 2018, la Fuerza de Lucha contra las Estupefacientes de la Policía Nacional Boliviana (FELCN), informó que de un promedio de 40 vuelos privados diarios, solo el 25% declara sus planes de vuelo. Las escuelas de vuelo en Bolivia han alcanzado la inédita cifra de 27 mil dólares en 2022, ofreciendo cursos de piloto monomotor por alrededor de 4 mil dólares, incluyendo el procesamiento de visado para extranjeros y la convalidación de la licencia internacional. Un piloto privado de este tipo de aeronaves, cobra entre 5 y 20 mil dólares para transportar una carga de entre 350 y 500 kg de cocaína hacia países linderos, aumentando notablemente los costos cuando se trata de cruzar a espacio aéreo brasilero.

 

Un claro ejemplo de esta lógica lo tuvimos hace unas pocas semanas, cuando uno de estos aviones cayó fortuitamente en el Chaco argentino en la localidad de Avia Terai y fueron encontrados 324 kg de cocaína proveniente de Bolivia.

 

A su vez, Paraguay se ha vuelto una escala técnica obligada de muchos vuelos narcos, donde organizaciones criminales como el Primer Comando Capital (PCC) controlan vastos campos donde aterrizan vuelos desde Bolivia, se reabastecen de combustible y continúan vuelo, o alternativamente dejan la carga para luego ser acopiada y oculta en contenedores hacia Europa.

 

El reciente Reporte Global sobre Cocaína de la UNDOC (2023), indica que al menos 100 incidentes relacionados con aviones privados se registraron entre 2011 y 2022 en el Cono Sur, con una clara tendencia al aumento en los últimos 3 años. Si consideramos que la tasa de detección no supera el 5% podríamos inferir que los vuelos narco no fueron menos de 2000.

 

De los países más afectados, solo Brasil ha logrado hacer uso de su Fuerza Aérea para forzar el aterrizaje o inclusive derribar vuelos clandestinos. Esto ha generado un creciente interés por las rutas argentinas, donde los riesgos son notablemente menores por la bajísima probabilidad de detección y la nula capacidad de reacción.

 

Este puente aéreo entre Perú y Bolivia hacia el sureste está intrínsecamente conectado a la Hidrovía. En 2020, las autoridades uruguayas reportaron que el 75% de la cocaína incautada en ese país ingresó por vía aérea, en su mayoría lanzada desde aviones en vuelo como carga o bien en aterrizajes en zonas litorales del Río Paraná, sobre los departamentos de Artigas, Salto y Paysandú. Esto implica, por razones estrictamente geográficas, que todas aquellas aeronaves sobrevolaron necesariamente el espacio aéreo argentino entre 330 km como mínimo y 1000 km como máximo, sin ningún tipo de inconveniente.

 

El complejo Hidrovía Paraná-Paraguay se extiende por 4100 km de vías navegables. Conecta unos 200 puertos de 5 países con el Océano Atlántico y hoy es la principal ruta exportadora de la región. Río arriba es de calado poco profundo (2,5 mts) por lo que la carga debe ser transportada en barcazas propulsadas por remolcadores, y a medida que el calado lo permite (12mts), puertos más profundos actúan como transbordo, entre ellos San Lorenzo, Rosario, Zárate-Campana, Buenos Aires, Nueva Palmira o Montevideo. Desde aquí partieron las dos operaciones narco más grandes registradas hasta hoy en la región: 11 toneladas en Amberes y 16 toneladas en Hamburgo. Esas cargas transitaron la hidrovía sin ser detectadas y fueron incautadas en destino luego de meses de tareas de inteligencia de las policías belgas y alemanas, con ausencia total y explícita de las autoridades locales en la investigación.

 

Argentina necesita imperiosamente reconstruir su sistema de inteligencia para detectar este tipo de amenazas, su sistema de seguridad nacional para prevenirlas y su sistema de Defensa para elevar los costos y riesgos de las organizaciones criminales de la región. Y estos tres sistemas deben trabajar en conjunto e integrados, porque la amenaza más seria que hoy tenemos son este tipo de organizaciones criminales no estatales transnacionales, que una vez que identifican una debilidad institucional como esta, llevan su negocio allí para maximizar sus márgenes, acarreando violencia, lavado de activos, corrupción y el deterioro permanente de la calidad de vida para toda la población como consecuencia inevitable de su accionar criminal.