miércoles, 26 de marzo de 2025

30 AÑOS DESPUÉS

 

 no hay nada que celebrar

 

Stefano Fontana

Brújula cotidiana, 25_03_2025

 

 

El 25 de marzo de hace treinta años se publicó la encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II “sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana”. El tema era la legalización del aborto, pero la encíclica no trataba solo de bioética, sino que extendía su enseñanza a la moral, el derecho y la política para hacer un cuadro completo de una “cultura de la vida” que debería animar una “política para la vida”. La Evangelium vitae estaba estrechamente relacionada con la Veritatis splendor sobre la moral y la Fides et ratio sobre las relaciones entre fe y razón. Juntas, estas tres encíclicas de Juan Pablo II constituían una especie de summa doctrinal y orientadora de la práctica de los católicos y de todos los hombres de buena voluntad en política. De esta manera, el magisterio pontificio brillaba por su claridad, profundidad y coherencia; no perseguía los fenómenos existenciales del momento, no se dejaba dictar las cosas que decir por otros, no temía que las verdades enseñadas pudieran dividir. Solo le preocupaba anunciar la verdad que hace libres.

 

La relación con las otras dos encíclicas es fundamental. Como explica Veritatis splendor, si no existe un bien moral que la razón puede conocer y que la revelación enseña, y si no hay acciones malas siempre independientemente de las intenciones y circunstancias, como es precisamente el caso del aborto, el arbitraje de la conciencia se vuelve inapelable. Si, como sostiene Fides et ratio, la razón no fuera capaz de conocer el orden natural y final del ser que el credo en la revelación considerada creada por un Dios providente y su Fin último, entonces la libertad sería una facultad inútil y dañina. Hoy en día no se puede recuperar la enseñanza de la Evangelium vitae sin volver a examinar este trío de encíclicas. Las posibles heridas infligidas a los demás son causa de descuido de la vida.

 

El párrafo 20 es el corazón de la Evangelium vitae. Bastaría releerlo para tener una visión completa. La sociedad, explica, no es un conjunto de individuos colocados uno al lado del otro, sino una comunidad ordenada y unificada por la consecución de sus finos naturales. En la sociedad vista como una suma de individuos, todo es convencional y negociable; en la sociedad vista como una comunidad ordenada a sus fines naturales y sobrenaturales, en cambio, los vínculos fundacionales no están a disposición de los ciudadanos y los fines no se eligen, sino que se nos dan en función de nuestra propia naturaleza. En el primer caso, se considera que la moral se satisface con el compromiso, se pierde el derecho que puede ser negado por un voto parlamentario, la democracia, “a pesar de sus reglas, camina por el camino de un totalitarismo sustancial”, mientras que el Estado se convierte en tirano. Como se ve, el cuadro es orgánico: del orden natural se pasa a la moral, luego al derecho y finalmente a la política.

 

La enseñanza de la Evangelium vitae sobre los fundamentos de una cultura de la vida no se detiene en este plano natural, sino que profundiza en la crítica del secularismo, que implica la eclipsación de Dios. No hay espacio para un humanismo sin Dios porque “cuando falta el sentido de Dios, también el sentido del hombre se ve amenazado y contaminado”. El proceso es circular: Al perder el sentido de Dios verdadero y único, también se nubla la visión de la ley moral natural, que no tiene la capacidad de sostenerse por sí misma, y, a su vez, la violación sistemática de esta última mediante la lucha contra la dignidad de su vida naciente, implica la pérdida del sentido de Dios. La cuestión de la vida frente a los poderosos ataques de leyes inhumanas, impulsadas por poderes mundanos muy equipados para este fin, requiere un pueblo que anuncie la vida anunciando el Evangelio. Entonces, nunca se podrá traicionar la verdad sobre la vida humana exponiendo ideas contrarias al Evangelio y cooperando con acciones personales y políticas.

 

Después de treinta años, nos preguntamos qué ha sido de este “pueblo de la vida” y cuántas partes de las enseñanzas de la Evangelium vitae conservan aún en su conciencia. En este momento, la conexión que una de las tres encíclicas mencionadas parece haberse debilitado. En lugar de hablar de una sociedad unificada por sus finos naturales, se prefiere hablar de una situación existencial de encuentro en el mismo barco que nos haría a todos hermanos. Así desaparecerán los conflictos sobre la vida y se sustituirán con el diálogo y el acompañamiento mutuo. En la moral, las normas absolutamente negativas se sustituyen con procesos de discernimiento que, por su propia naturaleza, excluyen las condenas sin apelación de los comportamientos. Incluso los planos de las leyes y la política parecen no requerir ya una coherencia con la ley moral natural y divina, considerando que tales actitudes son contrarias a la caridad, entendidas como acogida de todo diferente en cuanto diferente. En general, el panorama se ha fragmentado caso por caso y ha perdido profundidad, mientras que al drama del aborto, que no ha disminuido en absoluto, se han sumado otros dramas relacionados con la vida. En particular, se ha debilitado mucho la relación entre el compromiso social y político a favor de la vida y la evangelización.

 

Este trigésimo aniversario no es muy festivo que digamos.

AL CONSOLIDADOR


 de la soberanía nacional

 

Homenaje a Juan Manuel de Rosas a 148 años de su paso a la inmortalidad (14-03-1877)

 

Por Jorge Martín Flores

La Prensa, 26.03.2025

 

“Hay que estar vacunados contra la enfermedad política que se llama Revolución, cuyo término es siempre la destrucción del cuerpo social”, dijo Juan Manuel de Rosas a Josefa Gómez, el 5 de agosto de 1868.

 

"Cómo argentino me llena de un verdadero orgullo, al ver la prosperidad, la paz interior, el orden y el honor restablecidos en nuestra querida patria; y todos estos progresos, efectuados en medio de circunstancias tan difíciles, en qué pocos estados se habrán hallado. Por tantos bienes realizados, yo felicito a usted muy sinceramente, cómo igualmente a toda la Confederación Argentina. Que goce usted de salud completa, y que al terminar su vida pública sea colmado del justo reconocimiento de todo argentino, son los votos que hace y hará siempre en favor de usted su apasionado amigo y compatriota”, expresó José de San Martín a Rosas, el 6 de mayo de 1850.

 

EL CAUDILLO

Permítanme presentarlo, sin cansar al auditorio: fue criollo bonaerense y federal apostólico. Su partido fue la Patria. Sin más vueltas de hojas. Le decían el Indio Rubio. Su nombre: Juan Manuel de Rosas.

 

Creció en la vida rural, la campaña fue su cuna. Aprendí a domar potros, pasiones y fortunas. Lo templó la Pampa Gaucha y se hizo uno de ellos: Un caudillo, un conductor, que predicó con el ejemplo.

 

Su palabra era la ley: “para todos la mesmita”. Pues el orden garantiza que haya paz y justicia. Y ante el caos desatado por la guerra interior, Buenos Aires lo honró con el título de Restaurador.

 

EL EXTERMINADOR DE LA ANARQUÍA

Asumió el mando de una república endeudada: Un infierno en miniatura, una Patria desalmada. Mas con tesón y energía no dejó nada al azar. Se recomendó al Todopoderoso y comenzó a trabajar.

 

Gobernando con mano firme, cargó toda responsabilidad. Dio valor a la palabra, bregando siempre por la unidad. Restaurando las leyes y las instituciones violadas. Regresando un pueblo a la esencia de su Patria.

 

Y con el pacto federal que a la Argentina le dio, logró unir la Argentina en una digna Confederación.

 

EL HÉROE DEL DESIERTO

Asolada por dentro y por fuera, con admirable tesón, no aflojó la cincha y sus destinos presidió. Representando a las provincias ante el mundo exterior: Plantados como pequeña pero soberana nación. Protegió las fronteras contra el artero malón, aliados de foráneos que nuestro sur codiciaron. Con la palabra y sable en mano, a la campaña se lanzó. Y en marcial galope, el desierto su paso se abrió.

 

Rescató muchas cautivas, llevó el orden a las tolderías. Fomentó el asentamiento de población criolla y nativa. Fundó pequeños pueblos que se volvieron urbes productivas. Abrio el surco con su sable. Consolidó soberanía.

 

CONSPIRACIONES AD INTRA Y AD EXTRA

 

Y permítanlo que deba fruncir un poco el ceño, pues ejercer la autoridad es asunto muy serio. Fue primus inter pares, sacrificado por completo. Mas odiado por los ingratos, vendepatrias con frac negro. Logistas, demagogos, día y noche conspirando, doctorcitos de escritorio al extranjero convocaron, para que esclavice esta Patria, una, libre y soberana, para que derribe al hombre de estado -que ellos llamaban “tirano”-.

 

Le cuestionaron no haber dictado una constitución para la república, plagiar a cualquiera extranjero aunque no tenga cordura alguna: los ilustrados querían vestir el cuerpo con un traje que no le quedaba.

 

¡Que no le vengan con libritos ni sus chúcaras quimeras! ¡Ni con locas teorías que pergeñaron sus cabezas! Rosas tiene como escuela la arraigada tradición gauchesca y una inteligencia ordenada por la sana prudencia. Hombre respetuoso del orden natural y sobrenatural, de la realidad concreta y del pueblo, su identidad. Gobernó con estilo argentino y jamás se lo perdonaron. Optó por ser grande la Patria y no colonia extranjera. Supo apoyar su gobierno en los principios cristianos.

 

Comprendió que desde siempre el liberalismo es pecado. Que era posible y necesaria una Cristiandad en estos pagos, una Argentina restaurada bajo la Cruz y la Espada.

 

LA GESTA DE LA SOBERANÍA NACIONAL

 

Así se mantuvo firme, con sus convicciones en cincha, enfrentando a los franceses y sus locales satélites: los unitarios impíos, salvajes, felones. En palabras de San Martín, el clamor del Gran Jefe: tamaña traición, ni en el sepulcro desaparece. Y aunque Francia humillada, regresó con los soberbios ingleses, Rosas los esperaba bien plantado y con cadenas de este a oeste.

 

Noventa buques mercantes y veinte de guerra vinieron cual comadrejas a robar lo que no les pertenece. Navegando el Paraná, sin pedir ningún permiso, se olvidaron de tratados y de mutuos compromisos. Los maulas se traían sus mercaderías, mas nosotros los esperábamos con nuestra artillería: Y tronaron los cañones, los abusos silbaron, y las bayonetas de sus colorados, las carnes desgarraron.

 

Rosas era de pocas pulgas y el hocico no escondió, la independencia de la Patria con arrojo defendió. Sin aflojarles ni siquiera un tranco de pollo: ¡No han de pasar! ¡Obligado es el clamor!

 

La gesta del Paraná es testigo de honor y gloria: Obligado, San Lorenzo, Tonelero y el Quebracho, a las principales potencias del mundo, con coraje expulsamos y Rosas conquistó sus laureles como 'Gran Americano'. La bandera nacional su recibió desagravio, saludándola los invasores con 21 cañonazos, congraciándose la historia, reparando la injusticia, escribiéndose una página que jamás se olvidaría.

 

EL LIBERTADOR

 

Hasta San Martín cantó la firmeza del patriota Juan Manuel, quien supo hacerle frente al francés y al inglés, defendiendo la independencia y soberanía nacional, aquello que su espada supo una vez conquistador. Dijo que la acción de Obligado fue igual de trascendente que nuestra guerra contra la España, que lo sepan bien las gentes: los argentinos no somos empanadas que se comen simplemente con abrir bien la boca y hacer tronar los dientes. Que los triunfos de Rosas, fueron su aliciente, pues vio una Patria ordenada y coronada de laureles. Por ello legó su sable, el anciano Libertador como herencia y legado al ilustre Restaurador.

 

MÁS NO HEMOS PODIDO

 

Mas al Gran Americano se la tenían jurada. Y ante el plantón de Urquiza, en sus filas se enrolaron, comprados por el oro del imperio brasileño, desencadenando una nueva guerra en nuestro tan curtido suelo. Un Ejército Grande, de traidores y extranjeros, se enfrentaron al ejército de la Confederación en Caseros. Obteniendo la victoria y el derrocamiento de Don Juan Manuel de Rosas en un 3 de febrero.

 

Llegaba el fin de una historia coronada por laureles, una Argentina Épica que logró mantenerse, un poncho y lanza frente a los vientos inclementes, que asomaban el poniente, oscureciendo las mentes.

 

Rosas fue exiliado y cual gaucho matrero, le pusieron precio a su cogote, lo trataron peor que a un perro. Lo llamaron reo de 'lesa Patria' y 'tirano depuesto'. Le prohibieron otra vez pisar su suelo amado. Sus propiedades se confiscaron, lo odiaron por ser patriota.

 

Y a sus leales seguidores los ahorcaron por mazorqueros. Y su historia falsificaron, sus enemigos la escribieron. Asegurándose que “ni sus cenizas tendrán esta tierra” como exclamó José Mármol. Mas no pude tapar su huella en el alma de su pueblo amado.

 

LEGADO

 

Rosas vivió en una granja de Inglaterra, su exilio forzado, pobre y sin rencores, a sus enemigos había perdonado. Su espalda se encorvaba mientras sus vacas, ordeñaba y sus manos curtidas por el campo, su propia tierra, labraron. Su rastro glorioso por los vencedores fue sepultado, mas su espíritu se mantuvo firme cual mandato sanmartiniano: “será colmado del justo reconocimiento de todo argentino honrado”. Por eso hoy lo bendigo, y le pido este favor:

 

¡Brigadier General

¡Contumaz Contrarrevolucionario!

¡Enséñanos a seguir tu ejemplo,

¡La Patria se cae a pedazos!

La revolución mundial anticristiana.

está dando sus últimos pasos

para robarnos el alma

que nos ha hecho cristianos.

Por derecha y por izquierda,

se nos vive atacando,

por adentro y por afuera,

la hidra extiende sus brazos.

Los falsos profetas pululan

con sus cantos de sirena

y están enviando al foso

lo poco que nos queda.

Danos tu brazo firme.

Danos tus pies de gallo,

para que arraigados a la tradición histórica

podemos morir peleando.

Danos tu corazón ardiente

de Patria enamorada,

Danos tu prudencia aguda,

y tu consejo de hombre sabio.

Así nos mantendremos firmes,

en cada inhóspita trinchera.

Y seremos voz en el desierto,

que clama en la tormenta.

Y por las noches de vigilia

que todavía nos esperan,

nos convocas tu ejemplo,

con tus santos y señas.

Para enfrentar los vicios

con una vida virtuosa.

Para saber vivir con honor

y morir con las botas puestas.

Resistiendo el aluvión,

aunque vengan degollando.

Trabajando con fervor

por el pequeño rebaño.

 

*Profesor de Historia. Miembro del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas de Lomas de Zamora.

 

Jorge Martín Flores

Profesor de Historia. Diplomado en Conducción y Liderazgo Sanmartiniano por la Escuela Superior de Guerra Conjunta. Vicepresidente del Movimiento Jóvenes por Malvinas.

lunes, 24 de marzo de 2025

DÍA NACIONAL


 de la Memoria por la Verdad y la Justicia

 

La Prensa, 23.03.2025

Señor Director:

 

El 24 de marzo se cumple un nuevo aniversario del golpe de estado de 1976, que a partir del año 2002 fue establecido como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Nada más lejos de la realidad.

 

Memoria, solo se la emplea selectivamente para recordar las acciones del Estado, pero nada se rememora de los indiscriminados y arteros actos guerrilleros sus homicidios a sangre fría de menores, policías y militares, las bombas en lugares públicos o domicilios particulares, los secuestros de militares y los extorsivos, los robos de bancos, las cárceles el pueblo, por mencionar solo algunos de los aberrantes hechos de violencia a los que nos sometieron estos inmorales.

 

Verdad, se utiliza una serie de mentiras que a fuerza de repeticiones pretenden reemplazarla, el mascarón de proa son los 30.000 desaparecidos cuando todos sabemos que forzando todos los registros no pudieron superar los 7018   desaparecidos según el RUVTE   (Registro Único de Víctimas del Terrorismo de Estado) elaborado en el año 2015, o el caso del genocidio cosa que nunca sucedió en la Argentina, o disfrazar de héroes a vulgares. Asesinos como Rodolfo Walsh, si en realidad los hechos les dieran la razón cual sería la necesidad de mentir.   

 

Justicia, desde el año 2003 se ha utilizado una doctrina jurídica que se aplica, sólo a quienes fueron agentes del estado y en forma retroactiva, sobre hechos ocurridos antes de 1983. De esta forma se viola el artículo 18 de nuestra constitución y luego se apoyó en la premisa de “Qui potest plus, potest minus” (quien puede lo más puede lo menos) arrasaron con el derecho y se cometieron todo tipo de arbitrariedades y prevaricatos. A tal punto que hoy nos encontramos con un total de 888 presos muertos en cautiverio o procesados; más de 80 militares dados de baja de sus instituciones, incluyendo los últimos 23 de gran resonancia pública, que quedan en la indigencia aún siendo ancianos y luego de haber aportado toda su vida; 103 presos en penales, con más de 70 años de edad y muchos presos con prisiones preventivas que superan largamente los 3 años y como dice el Dr. Solanet “para vergüenza de los argentinos”.

 

Lamentablemente esta situación no se puede arreglar porque las arbitrariedades y abusos cometidos ocasionaron daños irreparables, no se puede resucitar a los muertos ni devolverle el tiempo robado a los presos ya sus familias. Pero si podemos intentar atenuar estas consecuencias enviando a sus domicilios a los 103 adultos mayores que aún permanecen en la cárcel, que sin ser peligrosos para la sociedad están ocupando lugares que podrían servir para delincuentes que si lo son. Dejemos en libertad a quienes tienen prisiones preventivas que superan los 3 años y dejemos sin efecto la baja de los militares con condenas firmes, puesto que no hay sustento legal para esta arbitrariedad.

 

Esto por lo menos sería un comienzo para marchar en la dirección correcta.

 

Cnl (R) Marcelo Liendo

24 DE MARZO

 

https://www.informadorpublico.com/memoria-verdad-justicia/

domingo, 23 de marzo de 2025

RETRATO


 de una católica valiente

 

POR IGNACIO BALCARCE

La Prensa, 23.03.2025

 

El nuevo libro de Horacio Sánchez de Loria -destacado miembro de la Academia Nacional de Historia- nos pone frente a un conjunto de tensiones que se asomaron dentro del catolicismo en la primera mitad del siglo XX. Se trata de una semblanza de Delfina Bunge (1881-1952), una piadosa católica con notable y delicada sensibilidad social, que con valientes posicionamientos y artículos en la prensa local consiguió irritar a las facciones del catolicismo liberal en auge para la época.

 

Delfina fue poeta, ensayista, traductora, perteneciente a la famosa familia de intelectuales hijos del juez de la Corte Suprema de Justicia Octavio Bunge, y casada con el gran novelista Manuel Gálvez. Este paisaje tan variado en personalidades e ideas, donde se entrecruzan católicos con nacionalistas, positivistas, liberales y socialistas, está registrado en la obra con numerosas anécdotas que muestran la sencillez y grandeza de Delfina; enemiga cabal del error y la mentira pero cálida, empática y comprensiva con todo su entorno, y siempre preocupada por el alma de sus hermanos alejados de la fe.

 

Los conflictos con sectores del ámbito católico aparecen cuando Delfina establece posición frente a los sucesos políticos del momento, buscando sus referencias en la doctrina de la fe y el magisterio de la Iglesia. El autor de Delfina Bunge: Una católica militante en tiempos turbulentos se detiene en dos acontecimientos puntuales: la segunda guerra mundial y el 17 de octubre de 1945, nacimiento del peronismo.

 

LA II GUERRA MUNDIAL

 

Delfina fue acérrima defensora de la neutralidad argentina frente a una guerra ajena, entre naciones ateas y herejes contra paganas. Sostuvo que ningún bando estaba en condiciones morales de pedir adhesión a los católicos. Y sin defender nunca la causa del Eje, ni pretenderse experta en política exterior, entró en conflicto con los católicos liberales por sustraerse de los esquemas simplificadores que planteaban el tablero internacional como una lucha entre buenos y malos, defensores de la democracia y la libertad y aquellos que gozaban con la represión y el autoritarismo. Por supuesto que esgrimir este tipo de argumentos ya bastaba para ser tildado de totalitario, fascista y pronazi en los medios aliadófilos.

 

Para Delfina estaba claro que la guerra era una lucha de intereses económicos, por ganar mercados y conquistar poder. Entendió que la Argentina necesitaba soluciones argentinas, que no vendrían ni de los liberales y comunistas ni de los fascistas. Condenó las ideas racistas del nazismo, pero fue más allá y señaló el origen inglés de las ideas eugenésicas, su aplicación en las colonias británicas, como la validación y difusión de esos postulados en Estados Unidos y Francia.

 

La destreza del autor para moverse en los archivos históricos arroja un interesantísimo seguimiento de artículos de prensa que muestran la ida y vuelta de las publicaciones de Delfina y las réplicas que recibió. Las reacciones más virulentas llegan desde la revista Orden Cristiano, órgano de los católicos liberales.

 

Estos eran los católicos que habían asumido la cosmovisión del americanismo -condenado por León XIII en 1895 y 1899-, que defendiendo el modelo político-institucional de Estados Unidos exigían comprometerse en la guerra con los aliados. El brote de esta herejía que buscó compatibilizar el catolicismo con los hábitos propios del pragmatismo democratista norteamericano se debía en gran parte a la influencia de la filosofía personalista del segundo Maritain, que visitó nuestro país en 1936.

 

Interpretó que era sesgado denunciar el nazi-fascismo y guardar silencio frente a otras ideologías también condenadas por el magisterio eclesial: liberalismo, comunismo, masonería y protestantismo. Lo expresó y padeció la incomprensión.

 

Entendiendo que la observación más valiosa que hacía Delfina sobre el americanismo era la de que siempre existieron guerras de religión, pero en ese momento deambulaba un fenómeno distinto, de otro orden, la religión estaba siendo utilizada para defensa de un modelo político. Se estaba asociando y subordinando el cristianismo a la ideología de la democracia liberal.

 

IDOLATRÍA

 

Más allá de la manipulación oportunista que pudiera haber hecho de la religión para respaldar la causa de los aliados, Delfina pareció intuir algo más profundo que tiene la esencia del catolicismo liberal. Quizás haya vislumbrado que los católicos democráticos priorizan el factor contingente y procedimental de la democracia al colocarla por encima de las verdades evangélicas que están llamados defensores. El aspecto instrumental es resguardado por encima de los principios de la fe. En esa desviación que invierte los valores ya hay una idolatría, una religión de la democracia. En otras palabras, el cristiano democratista es mucho más demócrata que cristiano, y su religión ha quedado supeditada a un sistema político, mera hechura humana. El absoluto ya no es Dios y su revelación sino el régimen liberal al que deben adecuarse a Dios y su revelación.

 

Es destacable la lucidez y el coraje que tuvo Delfina para lograr ampliar perspectivas en tiempos nuestros turbulentos de tanta confusión, y lo hizo tratando de demostrar que era insensato rasgarse las vestiduras ante las desmesuras alemanas cuando todo país se desmoronaba en la decadencia por culpa de la secularización liberal que arrasó con la educación y las costumbres.

 

Ella interpretó que era sesgado denunciar el nazi-fascismo y guardar silencio frente a otras ideologías también condenadas por el magisterio eclesial: liberalismo, comunismo, masonería y protestantismo. Lo expresó y padeció la incomprensión.

 

EL 17 DE OCTUBRE

 

El otro aspecto que el historiador se detiene a analizar es el clima social argentino en la inmediata posguerra; el agotamiento del modelo económico, los pedidos de restauración democrática, el llamado a elecciones, la figura de Perón, la oposición reunida en una heterogénea Unión Democrática, los sindicatos, el temor a perder conquistas sociales, y un conjunto de contradicciones que dieron lugar al 17 de octubre de 1945 cuando trabajadores de los arrabales de la ciudad acceden al corazón de Buenos Aires para manifestarse. Delfina va a presenciar ese despliegue multitudinario desde los balcones de su casa en la avenida Santa Fe.

 

La historia del peronismo con la Iglesia termina mal y Delfina no vivió para verlo completamente. Pero aquel episodio disruptivo de la historia social argentina conmueve a la ensayista que redacta un artículo para el diario El Pueblo provocando un profundo revuelo.

 

Delfina contempló una marcha pacífica, respetuosa, hombres humildes que se persignaban al pasar por las iglesias; un reclamo legítimo de personas que querían vivir con dignidad y decoro; la exigencia de justicia social de la que había hablado Pío XI en Quadragesimo Anno. Eran los postergados del sistema ganando protagonismo en una ciudad que les había dado la espalda. Por supuesto, no tardaron en lloverle ponzoñosas críticas.

 

Este nuevo libro editado por Mil Palabras se suma a la vasta bibliografía producida por Sánchez de Loria, toda ella orientada a reflexionar sobre el pensamiento católico, sus posibilidades sociales y los vínculos con la política y el orden jurídico.