sábado, 2 de febrero de 2008

Sida

SIDA: INSTITUCIONES INTERNACIONALES IDEOLOGIZADAS.
Fuente Zenit, 14-01-08. (Vid. NG 605, 801)

El 14 de enero la agencia Zenit publicó una entrevista al Cardenal Javier Lozano Barragán, Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, sobre la acción de la Iglesia a favor de los enfermos de SIDA, especialmente los niños.
Reproducimos una síntesis de esa entrevista por considerarla iluminadora acerca no sólo de los esfuerzos de la Iglesia en la atención de esos enfermos, sino también de el modo de actuar de los organismos creados por el Nuevo Orden Mundial.

La respuesta de la Iglesia a las trabas de las organizaciones del nuevo orden ha sido la creación de la Fundación El Buen Samaritano, constituida por el Juan Pablo II en 2004 -y confirmada por Benedicto XVI- con personalidad jurídica pública, canónica y civil, que actúa como promotor y puente de ayudas que necesitan con carácter permanente y urgente. Los fármacos que les dan esperanza de vida a los enfermos cuestan 12,5 euros al mes.
En el mundo dos millones y medio de niños afectados de Sida (el 90% se concentran en África subsahariana) esperan una respuesta que les permita vivir; la Fundación El Buen Samaritano, con sede en el Vaticano, trabaja como promotor y puente de ayudas que necesitan con carácter permanente y urgente.

El Fondo Global quería todo menos ayudar a la Iglesia católica.

-“Pregunta Zenit: ¿Cómo se gestó El Buen Samaritano?

-Cardenal Javier Lozano Barragán: “Preguntaron hace bastante tiempo a Juan Pablo II: “¿Qué está haciendo la Iglesia por los enfermos de Sida?”. Entonces Juan Pablo II me dijo: “Encárguese usted de responder a ese interrogante”. Existe un fondo mundial, el Fondo Global para combatir las enfermedades del Sida, la tuberculosis, la malaria; en aquella época su presidente era un católico, Thomas Thompson. Me dijo que promovían una campaña en todo el mundo, que contaban con unos 15 mil millones de dólares para resolver estos problemas, y propuso que nos ayudáramos recíprocamente. Me pareció adecuado. Dos años después -incluso se había cambiado ya de presidente- me di cuenta de que el Fondo Global quería todo menos ayudar a la Iglesia católica.
“Comprobé que el 27% de las instituciones que se dedican en todo el mundo a atender a los enfermos de Sida son católicas -con el dinero de la caridad-; el 44% pertenece a los gobiernos -instituciones financiadas con los impuestos-, el 11% a Organizaciones No Gubernamentales y un 8% a otras confesiones religiosas.
“Las instituciones católicas forman, digamos, el principal “socio”, pero no se quiere reconocer, entre otras cosas porque se dice que la Iglesia católica es “promotora” del Sida -una acusación banal- porque no permite el preservativo. Perdí el tiempo dos años detrás del Fondo Global. No conseguía absolutamente nada, a pesar de la buena voluntad de Thomson.

Pretendían subordinar en cierta forma la Santa Sede al Leadership Fund

“Después recibí otra propuesta: del Leadership Fund, de parte de los EE. UU., que también se presentaba con unos 15 mil millones de dólares para ayudar a los enfermos de Sida en el mundo. Cuando acudí a Nueva York a ultimar las cosas constaté que se pretendía subordinar en cierta forma la Santa Sede a tal Fondo, no tanto para ayudar a los enfermos como para tener cierto control sobre ese 27% integrado por instituciones católicas. Fue una tergiversación de lo que se me había propuesto anteriormente. Ahí terminó todo.
“Junto al Cardenal Angelo Sodano, entonces secretario de Estado, me pregunté: si somos unos mil doscientos millones de católicos en el mundo, ¿por qué vamos mendigando ayudas donde no nos las quieren dar? ¿Por qué no fundamos una institución precisamente para ayudar a los enfermos de Sida más necesitados? Planteamos la idea a Juan Pablo II y la aprobó; surgió así El Buen Samaritano como Fundación. Y elegimos el nombre El Buen Samaritano porque es el que ayuda al enfermo más desprotegido, que es Cristo mismo en último término.

-“¿La Fundación El Buen Samaritano canaliza toda la ayuda de la Iglesia por los enfermos del Sida?

-Cardenal Javier Lozano Barragán: “En absoluto. La Fundación El Buen Samaritano promueve, orienta y coordina -hasta cierto punto- las ayudas que se dan en toda la Iglesia y que brindan diversas organizaciones. Pensemos en el caso de Mozambique, donde está trabajando la Comunidad de San Egidio; allí no entramos. Actuamos donde nadie lo hace. Por eso animamos a las organizaciones de ayuda a los enfermos de Sida; les pedimos que se activen, incluso hasta hacer inoperante El Buen Samaritano. Y si las organizaciones cubrieran todo, sería magnífico. Nuestra función es subsidiaria. Donde las instituciones no llegan, entonces sí entra la Santa Sede con la Fundación El Buen Samaritano”. (…)

La Fundación fundamentalmente provee de antirretrovirales a las zonas más nacesitadas

-“En líneas generales, ¿en qué se traducen los antirretrovirales para el enfermo?

-Cardenal Javier Lozano Barragán: “En la prolongación de la vida. El nuncio en Ghana nos hablaba hace unos meses de un pequeño hospital donde había cincuenta muertos al mes; después de la ayuda de El Buen Samaritano con los antirretrovirales se registran solamente dos decesos al mes. Se potencian las defensas del organismo y se gana vida hasta donde el avance de la medicina lo permite. (…)

-“Nos estamos fijando en los enfermos de Sida más necesitados, y los más necesitados son los niños. Es tremenda la tragedia de los pequeños huérfanos o ya afectados por el Sida. Recientemente en Uganda, en Kilongo, en la frontera con Sudán, me reuní con una cantidad enorme de personas enfermas de Sida. El superior de la misión del hospital de Kilongo me presentó a cincuenta niños -todos de menos de diez años de edad, todos huérfanos del Sida- para que les hablara, para infundirles confianza, para enviarles nosotros los medicamentos y que así puedan ir a la escuela y llevar una vida más o menos normal.

“El problema de los huérfanos es horrible: los jóvenes padres de estas nuevas generaciones han muerto; ahora los niños pasan a la casa de los abuelos, y estos no tienen capacidad física ni emocional para mantenerlos en todas sus necesidades. No es raro encontrar en una familia diez o quince niños por lo menos. Y los abuelos renuncian a ocuparse más que de dos o tres. “¿Y los demás qué hacen?”, pregunté; “¿a la selva?”. Pues sí: como los animalitos, y ya se verá qué les sucede.

“Estamos ante una tragedia inminente: hay cerca de dos millones y medio de niños huérfanos y afectados de Sida en África en este momento. Los donativos que recibimos proceden de católicos; también se suman personas de buena voluntad. Tampoco nosotros preguntamos a un enfermo cuál es su credo para ayudarle”. (…)