lunes, 24 de agosto de 2026

LEÓN HARMEL

 un empresario francés que fue inspiración para el Papa León XIII y para la Doctrina Social de la Iglesia.

 

Religión en Libertad, 22.08.2026

 

El viaje de León XIV a Rímini de este sábado 22 de agosto incluye una parada breve, pero cargada de simbolismo. El Papa visitará la exposición «Léon Harmel: la profecía de una empresa», dedicada a uno de los grandes pioneros del catolicismo social y a un empresario que influyó en el pensamiento de León XIII y en el nacimiento de la Doctrina Social de la Iglesia.

 

La visita está prevista entre las 15.15 y las 15.30 horas, dentro de la presencia del Pontífice en el encuentro organizado por Comunión y Liberación. No está previsto un discurso formal, pero la elección de la exposición conecta directamente con una de las preocupaciones centrales del actual pontificado: cómo afrontar desde el cristianismo una nueva revolución industrial, esta vez protagonizada por la inteligencia artificial.

 

Y para ello León XIV vuelve la mirada a un empresario del siglo XIX.

 

Una fábrica diferente en plena Revolución Industrial

Léon Harmel nació en 1829 en La Neuville-lès-Wasigny, en las Ardenas francesas, y murió en Niza en 1915. Industrial del sector textil y ferviente católico, convirtió la fábrica familiar de Val-des-Bois, cerca de Reims, en un peculiar laboratorio de lo que décadas después se conocería como catolicismo social.

 

Tras heredar la empresa de su padre, desde la década de 1860 impulsó escuelas para las familias de sus trabajadores, sistemas de asistencia y seguros y diferentes fórmulas de organización colectiva.

 

Pero Harmel quiso ir más allá del paternalismo empresarial habitual en la época. Su propósito era que los propios obreros participasen activamente en la vida de la empresa.

 

En 1883 creó un consejo de fábrica que involucraba a los trabajadores en la administración y en las decisiones de la comunidad laboral. La iniciativa se adelantó varias décadas a los consejos de empresa y a algunas de las fórmulas de diálogo social que terminarían incorporándose al derecho laboral europeo.

 

Miembro de la Tercera Orden de San Francisco, Harmel estaba convencido de que los graves problemas sociales provocados por la industrialización no podían resolverse ni mediante un liberalismo económico ajeno a las necesidades de los trabajadores ni mediante la lucha de clases.

 

Su alternativa partía de la concepción cristiana de la persona y de una empresa entendida como comunidad humana, no únicamente como instrumento para obtener beneficios.

 

Su pensamiento quedó resumido en una máxima que recuerda Ubaldo Casotto, responsable de la exposición de Rimini: «La fe nos lleva a creer que lo que es bueno para las personas también lo es para el negocio».

 

Una concepción que, más de un siglo después, adquiere una sorprendente actualidad ante el debate sobre el impacto de la tecnología y la inteligencia artificial en el empleo.

 

La influencia de Harmel trascendió pronto los muros de su fábrica. Se convirtió en una persona cercana a León XIII y, desde 1885, organizó peregrinaciones de trabajadores franceses a Roma.

 

Aquellos encuentros permitieron que las inquietudes y aspiraciones del mundo obrero llegaran directamente hasta el Papa.

 

La experiencia del empresario francés contribuyó así al ambiente intelectual y social que desembocaría en Rerum novarum, publicada por León XIII en 1891 y considerada el gran texto fundacional de la moderna Doctrina Social de la Iglesia.

 

La encíclica abordó cuestiones entonces explosivas como las relaciones entre capital y trabajo, el salario justo, los derechos de los trabajadores, la propiedad privada y las asociaciones obreras.

 

La figura de Harmel adquiere además un significado especial durante el actual pontificado.

 

«Léon Harmel es el nombre que me vino a la mente cuando oí a León XIV explicar por qué eligió este nombre, en continuidad con León XIII, el Papa de Rerum novarum y de la Doctrina Social de la Iglesia», explica Casotto.

 

Desde el comienzo de su pontificado, León XIV ha relacionado la elección de su nombre con el desafío que supone la revolución tecnológica y, especialmente, la inteligencia artificial.

 

Si León XIII tuvo que responder a las profundas transformaciones sociales provocadas por la industrialización del siglo XIX, León XIV afronta ahora una transformación capaz de alterar nuevamente el trabajo, las relaciones económicas y la propia concepción de la persona.

 

Por eso, la exposición de Rimini no presenta a Harmel únicamente como una figura histórica. Su experiencia empresarial sirve para plantear una pregunta plenamente contemporánea: ¿es posible poner los avances económicos y tecnológicos al servicio de la persona en lugar de convertir a la persona en un instrumento de la economía?

 

Más de un siglo después de su muerte, León XIV recupera así la figura del empresario católico que intentó responder a esa misma pregunta en las fábricas de la primera Revolución Industrial.