martes, 15 de septiembre de 2020

FILOSOFÍA GRIEGA SEGÚN STEFANO FONTANA

 

 


Observatorio Van Thuan, 15-9-20

 

Fabio Trevisan

 

Después de leer y apreciar este volumen (La Sapienza dei Greci - Edizioni Fede & Cultura), me pregunté las verdaderas razones que llevaron a Stefano Fontana a escribir una historia de la filosofía clásica desde Thales hasta Plotinus (como dice el subtítulo del libro). De hecho, conociendo al Autor, dudo que sean (como se explica en la Introducción) sólo los de dar a conocer o recuperar algunas nociones de manera ordenada y en un lenguaje sencillo; de hecho, el texto no es una mera sucesión de nombres, no es un excursus sobre varios temas, desde la metafísica hasta la ética, planteados y abordados por pensadores griegos. En este libro hay mucho más: en primer lugar está el amor por la sabiduría (de la misma etimología de "filosofía") que el profesor Stefano Fontana ha cultivado a lo largo de muchos años de estudio y enseñanza pero, sobre todo, creo que existe el deseo de considerar la filosofía griega no sólo útil sino indispensable para analizar en profundidad la actualidad de nuestros días y así dar un fuerte apoyo a nuestra comprensión de la realidad.

 

En este precioso volumen, al dirigirse a los grandes pensadores griegos, Fontana no da nada por sentado, sino que evalúa las consecuencias reales de su pensamiento de forma objetiva y crítica. En este sentido, el texto ofrece la oportunidad de reflexionar más no solo sobre la actualidad del pensamiento de los griegos sino también sobre los escenarios abiertos y sobre las enormes posibilidades (desde un punto de vista lógico-metafísico y también ético-político) que vislumbran.

 

La fuente inicial del hombre que filosofa es el asombro, que se diferencia un poco del asombro, como advierte Fontana: «Mientras el asombro es la desilusión de nuestra expectativa, el asombro se refiere a un hecho que estalla totalmente inesperado. El asombro todavía tiene relación con la planificación, la organización… el asombro, en cambio, tiene que ver con la completa gratuidad ». De esta maravilla surge la cuestión filosófica, surge la metafísica (de Aristóteles llamada prote philosophia). Toda la realidad constituye el objeto material de la metafísica, mientras que su objeto formal es el ser como ser, es decir, el encuentro de nuestro pensar con el ser. Esta perspectiva de la totalidad, propia de la filosofía, hizo exclamar a Platón: "Quien es capaz de ver el todo es filósofo, quien no lo es". A diferencia del conocimiento científico particular y sectorial, la filosofía estudia el estar en lo universal y trata de dar una respuesta total al fundamento, al arche.

 

Fontana aclara la brecha entre filosofía e ideología, analizando tres formas particulares de esta última: el praxismo (apoyado sobre todo por el marxismo), el cientificismo (positivismo en muchos ámbitos) y el tecnicismo (lo que anima los proyectos del transhumanismo, por ejemplo). . La filosofía, aunque sea de carácter teórico y contemplativo, no sólo es una disciplina plenamente humana sino que sobre todo tiene repercusiones sustanciales y prácticas que no deben subestimarse en absoluto.

 

Fontana no esconde las dificultades inherentes al estudio de la filosofía: "Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos", lo que significa que no todos aceptan el esfuerzo de conquistar la verdad (alétheia), así como el famoso "mito de la cueva" platónico. sugerir. Los primeros problemas de la filosofía occidental, como señala Fontana, están relacionados con la búsqueda del sentido, el fundamento, el origen y el fin de todas las cosas. Arché no es solo el principio, sino también el final, el orden que gobierna todas las cosas. Para los primeros filósofos, llamados físicos (de physis) por Aristóteles, physis era el mismo principio generador, el arche; uno de los principales problemas que tuvieron que afrontar fue dar cuenta de la unidad y multiplicidad, la unidad de lo diferente, es decir, en qué aspectos las cosas difieren y por qué están unidas. Lo mismo ocurre con el problema del devenir, con la relación entre apariencia y verdad, entre doxa y aletheia.

El autor muestra las posiciones de los llamados presocráticos, desde Anaxágoras y Tales hasta Heráclito y Parménides, pasando por los pitagóricos y físicos pluralistas, tratando de profundizar en los rasgos del intelectualismo griego, que pueden condensarse admirablemente en una frase de Sócrates tomada de Disculpa: "No vale la pena vivir una vida sin investigación". La nobleza de la búsqueda filosófica de la verdad en el pensamiento presocrático, del logos, de la racionalidad, incluso entre el problema de las fuentes (la existencia de un pensamiento que nos ha llegado en fragmentos) y del vínculo entre mito, logos y religiones (público y misterioso), es trazada en el libro subrayando la importancia de un orden, de una sabiduría que informa y regula todas las cosas y que distingue entre un conocimiento aparente y uno real y profundo.

 

Con la revolución de los sofistas, entre los siglos V y IV a. C., el pensamiento griego no sólo se transformó de un contemplativo-gratuito al hecho de ser pagado, sino sobre todo a vender, como en dinero, una sabiduría "falsa", orientada hacia la retórica. ya la dialéctica (sofistería herística), en la que fracasa la dimensión objetiva del conocimiento: "los sofistas enseñaron no a tener razón, sino a ser más fuertes", proponiendo, como Callicle, el ideal del "superhombre", es decir quien en lugar de someterse a las leyes, las hace a su antojo. Me parece superfluo añadir hasta qué punto el análisis filosófico del autor tiene una confirmación efectiva con la realidad que vivimos, cargada de individualismo, relativismo, falsos anhelos de autodeterminación.

 

Con la figura de Sócrates (aunque no dejó nada escrito, como lo conocemos sobre todo a través de los diálogos de Platón) no solo hay una correspondencia entre filosofía y vida, que llega consecuentemente al sacrificio de la existencia misma en aras de la verdad. , pero llegamos aún más al llamado "arte mayéutico", que es la capacidad de ayudar a otros a dar a luz la verdad, sacando a la luz lo que antes no estaba claro, superando la doxa por un saber "diferente y elevado". a través de un proceso dialéctico (animado por el principio de no contradicción). Con Sócrates el daimonion ("que no sé qué divino y sobrenatural sentía en sí mismo") podía llevar a la metanoia (conversión) del interlocutor, poniendo de manifiesto la importancia de "cuidar el alma". Sócrates, de hecho, pudo superar el relativismo ético de los sofistas indicando la cualidad del ser humano en el que el hombre es su alma y en el que el yo puede volverse racional y libre, el asiento de los valores absolutos.

Stefano Fontana aborda la "cuestión socrática" y la pone en la atención crítica del lector, superando algunos límites interpretativos vinculados al intelectualismo griego, sugiriendo una superación del acto cognitivo como la única prerrogativa del intelecto para una visión holística del hombre, incluyendo también el acto de la voluntad: "Cuando el hombre se vuelve hacia la verdad y el bien lo hace con todo él mismo, con el intelecto que conoce y con la parte del alma que ama y quiere". El libro, por tanto, tiene el mérito de ponernos en estrecho contacto con la talla teórica y ética de estos grandes filósofos, poniéndonos casi en la posibilidad de poder hablar con ellos, intentando ante todo comprender el núcleo de sus problemas y los argumentos que han asumido.

 

La vasta influencia de Platón hasta nuestros días se sitúa, pues, y se ve acertadamente en la balsa de una segunda navegación, que abandona el viento de la physis anterior para tomar los remos de la metafísica, es decir, de la búsqueda de la esencia, de lo que sirve una cosa. qué es, y encontrar el fundamento (arché) de las cosas en el mundo hiperuránico de las Ideas. Fontana, al subrayar la ambigüedad del dualismo platónico entre las Ideas y la realidad de las cosas particulares, destaca la metafísica de la participación entre las Ideas trascendentes e inmateriales y el mundo material y finito, mostrando no sólo una separación irreductible sino también una cierta comunión. : «El concepto de participación es la perspectiva metafísica central en Platón».

A diferencia de Parménides y sus notas sobre el ser, Platón destaca otro aspecto del ser, Ser-diferente, que no significa no ser, sino ser tan diferente y ya no único. Incluso desde el punto de vista gnoseológico, como bien ha demostrado el Autor, Platón se ha colocado ante la capacidad del conocimiento humano para conocer las cosas particulares vividas a partir de un conocimiento de lo universal para ser entendido como anamnesis (memoria). Fontana observa no sólo los grados del saber platónico, entre un saber doxástico y un saber epistémico, sino también la doctrina del alma y la antropología consecuente, así como la de Eros y la belleza: "La belleza es medida y proporción, por tanto verdad y orden ... la belleza de una cosa es por tanto su verdad, su medida íntima, el equilibrio de su esencia, el esplendor de su forma ». Fontana nos hace vislumbrar entre las páginas la belleza de los grandes mitos platónicos y la posibilidad de que su recurso ayude a la misma razón, así como la visión del político y la vida de la polis en Platón revelan los dilemas y límites de una visión que, en palabras del autor: «En realidad, quiere eliminar cualquier organismo intermedio entre el ciudadano y el Estado, incluida la familia.

 

Con Aristóteles llegamos a un realismo metafísico que intenta superar algunas contradicciones en el mundo de las ideas de Platón. Stefano Fontana traza, aunque sea brevemente, el camino lógico de Aristóteles en la definición de predicado, predicable y categoría para llegar a la consistencia ontológica de las categorías como formas en las que el ser se presenta y clarifica las dos características fundamentales de la sustancia: el en sí mismo. (separado) y este (determinado). Aristóteles también especificó el concepto de sustancia como un compuesto de materia y forma. El conocimiento filosófico se vuelve auténtico cuando se conocen las causas, que Aristóteles especifica en cuatro: causa eficiente, formal, material y final. Incluso el estatuto de la metafísica se concreta en Aristóteles, como correctamente señaló el autor: «Ontología (estudio del ser), como etiología (estudio de las causas) y como teología (estudio de Dios)».

Fontana logra adentrarse en la complejidad del pensamiento aristotélico y confrontar sus preguntas sobre la argumentación científica y la importancia del silogismo, sobre la distinción entre postulados y axiomas, sobre los principios (de no contradicción, identidad y tercero excluido), sobre la distinción entre la racionalidad científica y filosófica, entre el término ratio e intellectus, entre el ser como poder y acto y nuevamente entre el intelecto activo y pasivo. Sobre la cuestión de la posible separación entre las dos funciones del intelecto (activa y pasiva), Fontana se centra no solo en resaltar la presunta existencia de dos intelectos diferentes y distintos, sino en las consecuencias lógicas y existenciales de una posible concepción. Así, el autor no sólo nos hace apreciar el esfuerzo aristotélico por justificar su propia filosofía, sino que también nos hace saborear los frutos del pensamiento también de los consecuentes conceptos políticos y éticos. Afirmaciones como: "El hombre no puede realizar plenamente su propio bien y felicidad si no es ayudado por toda la comunidad política" y: "La sociedad comienza antes que la comunidad política y la vida social no termina en el Estado" atribuidas a El pensamiento de Aristóteles y resaltado en el libro del autor, siguen siendo piedras angulares no solo del pensamiento sino sobre todo de la acción ético-política, indispensable para comprender, por ejemplo, los principios y valores de la doctrina social de la Iglesia.

 

Antes de llegar al capítulo final dedicado a la gran síntesis de Plotino, Fontana presenta y somete a juicio los límites y las inconsistencias de la llamada filosofía helenística (en particular, el epicureísmo, el estoicismo y el escepticismo), mostrando cuánto ha tenido el declive de la polis. profundamente grabado en la elaboración del pensamiento. Todavía vale la pena subrayar cómo la visión epicúrea del hombre etsi deus non daretur (como si Dios no lo fuera) es de una relevancia convincente y dramática. El valor de este estimulante libro es precisamente el de hacernos pensar, examinar y juzgar cuánto el pensamiento griego, desde Tales hasta Plotino, puede ayudarnos a discernir verdaderamente la realidad en la que vivimos. Al no alejarnos de ellos, de la sabiduría de los griegos, podremos buscar una solución teórico-práctica a los problemas de nuestra época, pero a través de ellos y con ellos podremos saborear la belleza (y el cansancio) de la verdad.

 

CARTA ABIERTA

 

 

al Jefe del Estado Mayor General del Ejército


por José Luis Milia

Informador Público, 15-9-20

No es nuevo para mí, ni creo que hoy haya algo que me asombre. Luego de todos estos años, más bien solo me queda lugar para el dolor. He sido testigo, cuando joven, de la agresión a civiles y militares llevada adelante por estas bandas de pistoleros que, en nombre de una patria socialista, no trepidaron en empezar a cavar- a partir de aquel lejano abril de 1964 en que grupos guevaristas asesinaron al Cabo de Gendarmería Juan Adolfo Romero- las cien mil tumbas que según ellos eran menester para lograr su quimera. Apañados por políticos que querían llevar agua a su molino y arreglados con otros, hábiles cultores del “animémonos y vayan” que preferían hacerse los distraídos mientras la nación se desangraba, creyó, la subversión, ser lo suficientemente fuerte como para intentar el sueño del Vietnam propio en el monte tucumano.

 

Ese año, un gobierno constitucional, ante la agresión desembozada de la subversión ordenó al Ejército Argentino recuperar la zona poniendo en marcha el Operativo Independencia. Allí cayeron en combate muchos soldados -oficiales y suboficiales del Ejército argentino, pero también Soldados Conscriptos que, sin ser soldados vocacionales cumplían una ley de la Nación y dieron sobradas muestras de fidelidad y valor- soldados que si no hubieran combatido con fe y decisión otro hubiera sido el futuro de la República.

 

Esa guerra, aunque Ud. y muchos como Ud. no quieran aceptarlo, no ha terminado. Días atrás, aconteció una nueva escaramuza; una nueva emboscada pegó mal en el alma de la Argentina. Sucedió, precisamente, el día que el Ejercito recordó con un simple tweet a los que, el 5 de setiembre de 1975, cayeron en el combate de Potrero Negro: el Subteniente Rodolfo Berdina y el Soldado Conscripto Ismael Maldonado, tweet que motivó una queja inmediata elevada al ministro de defensa por grupos residuales de las pandillas terroristas e individuos que han medrado a lo largo de estos años con el dolor de los argentinos que dijeron sentirse ofendidos porque el Ejército recordaba a dos héroes.

 

El ministro reaccionó como se esperaba- un gran español decía que si de algo hay que cuidarse en esta vida es de los enanos a los que se les ha dado poder- ordenando borrar el tweet, y Ud., General, aceptó la orden. El miedo a ser considerados políticamente incorrectos acucia a los mandos militares, en especial desde el año 2003, y los hace retirarse aún antes de disparar un tiro. Así, este combate terminó de manera muy diferente a Potrero Negro, no hubo un jefe honrando, aunque sea con el retiro, su profesión como hizo Berdina con su vida, ni un Soldado, Maldonado, siguiéndolo a la muerte, quizás porque Berdina era, pese a su juventud, un líder que merecía eso. No, esta escaramuza, Gral. Cejas, terminó con Ud. en retirada. Esto, General, no ha sido otra cosa que una derrota.

 

Quizás, lo que quiere significar esa frase: “Somos ejército” en el mensaje que Ud. subió a las redes meses atrás, sea, simplemente, la negación de una guerra que sigue y que solo persigue la destrucción del Ejército como paso necesario para concretar la decadencia de la Argentina; algo tan distinto del “¡Dios y Patria o Muerte!” que gritaban los Comandos en Malvinas y que hoy es el grito de todos, no solo de los veteranos de guerra sino también de aquellos que sangramos ante cada ataque a la Patria.

lunes, 14 de septiembre de 2020

LA DISTOPÍA DEL DISTANCIAMIENTO SOCIAL

 


Guillermo Belcore 

La Prensa, 13.09.2020


Giorgio Agamben denuncia el nacimiento del más eficaz aparato de control social que Occidente ha conocido.

Hasta donde uno sabe, no ha aparecido en todo el campo de la filosofía una anatema más convincente contra el aislamiento radical como el que viene sembrando Giorgio Agamben (Roma, 1940). El título lo dice todo: La epidemia como política (Adriana Hidalgo Editora, 117 páginas), una colección de artículos periodísticos, entrevistas e inéditos del profesor heideggeriano en torno a "las gravísimas consecuencias éticas y sociales de la así llamada pandemia". Acaba de salir de imprenta en la Argentina y se trata de una lectura imprescindible. Abre el párpado en la frente, el ojo del cerebro.

 

En 2020, Agamben vislumbra una convulsión comparable a las del siglo III de nuestra era (Diocleciano y luego Constantino) que desembocaron en el bizantinismo. En la Gran Transformación, la democracia burguesa y liberal -vaticina apesadumbrado- será sustituida por un despotismo tecnológico-sanitario, sostenido por un aparato mediático acorde. Esta forma de barbarie se irá convirtiendo en el más eficaz aparato de control social que Occidente ha conocido, pues las personas voluntariamente acceden a renunciar a libertades que ni siquiera en dictaduras o épocas de guerra habían sido conculcadas.

 

Lo que un grupo de corajudos intelectuales argentinos bautizó como Infectadura (¿no habría que escribirlo con k?) es para el pensador italiano un experimento social que reduce la vida a una condición puramente biológica, en la que ha perdido no solo toda dimensión social y política, sino hasta humana y afectiva. "Han abolido al prójimo", se lamenta Agamben en uno de sus admirables artículos. Aceptamos hoy de buen grado, "que es necesario suspender la vida, a fin de protegerla".

 

Se verifica una creciente tendencia a emplear el estado de excepción como paradigma normal de gobierno, denunciaba Agamben en abril. Y una sociedad que vive en estado de emergencia perpetua no puede ser de ninguna manera una sociedad libre. Vale reflexionar sobre esto.

 

ANARQUISMO SUAVE

Da la impresión de que Giorgio Agamben, un veneciano de origen armenio, se ha preparado toda su vida para esta momento crucial de la humanidad. Tomó de Michael Foucault el concepto de biopolítica y acuñó la noción de vida desnuda que -según su saber y entender- ahora ha encarnado en la realidad, con una brutalidad y eficacia sin precedentes. No se trataría de una situación transitoria. El distanciamiento social llegó para quedarse, como nuevo principio de organización de la sociedad. Lisa y llanamente vamos a la abolición de todo espacio público en nombre no ya del derecho del ciudadano a la salud, sino de la obligación de no estar enfermo.

 

Percibe Agamben que los mayores traidores de estos días son los juristas y los obispos. Uno de sus cañonazos impacta en el Vaticano:

 

"La Iglesia, que haciéndose sierva de la ciencia ya convertida en la verdadera religión de nuestra época, ha abjurado radicalmente de sus principios más esenciales. La Iglesia, bajo un Papa llamado Francisco, ha olvidado que Francisco abrazaba a los leprosos".

 

En Réquiem para estudiantes, el profesor advierte a sus colegas medrosos y cómplices de los Señores de la Política y de Bill Gates:

 

"Los profesores que aceptan someterse a la nueva dictadura telemática y a impartir sus clases sólo online son el perfecto equivalente de aquellos docentes universitarios que en 1931 juraron fidelidad al régimen fascista".

 

Un periodista le pregunta a Agamben -"progresista" al fin y al cabo- si no le molesta que sus argumentos sean similares a los de Trump, Bolsonaro y los extremistas alemanes. En primer lugar -responde al insolente- demuestra "hasta qué punto la oposición entre derecha e izquierda se ha vaciado de todo contenido político real". Y en segundo lugar, una "verdad sigue siendo tal, tanto si es dicha por la izquierda como si es enunciada por la derecha. Si un fascista dice que 2 + 2 = 4, esta no es una objeción a la matemática".

 

Dijimos que Agamben es progresista, ¿verdad? Pero lúcido, alejado del esquema mental de los nac & pop o los neocomunistas argentinos que se postran de hinojos ante dictaduras siniestras como la de Maduro o Castro. El italiano considera que otra de las tragedias intelectuales y morales de Occidente hoy en día es considerar que un Estado totalitario, como China, pueda considerarse como modelo para lidiar con el nuevo corona virus.

 

En su monumental novela Solenoide, el rumano Mircea Cartarescu establecía que "ningún libro tiene sentido si no es un Evangelio", es decir "debe ser un mapa, no un paisaje, manantial de agua viva" que rompa la costra helada del corazón o la mente (¿recuerdan el picahielo de Kafka?).

 

La epidemia como política se encuadra en esa categoría volcánica. En nombre de la libertad, el filósofo, el pensador, el hombre de bien debe batallar contra la ciencia, esa nueva religión de nuestro tiempo. Tiene la medicalización de las personas la praxis de un culto, sus Sumos Sacerdotes, sus herejes, su Inquisición, sus trompetas del Apocalipsis y sus pretensiones de infalibilidad. Todos somos pecadores; es decir, contagiados en potencia.

 

La bioseguridad ("dispositivo de gobierno que resulta de la conjunción entre la nueva religión de la salud y el poder estatal con su estado de excepción") hizo que los enfermos deban morir solos, que Solange Musse no haya podido despedirse de su padre. El miedo a perder la vida -insiste Agamben- sólo puede fundar una tiranía, "el monstruoso Leviatán con su espada desenvainada".

ACTITUD INSÓLITA

 

Tras revés judicial, Filosofía reitera apoyo a imputados por toma

 

Alfil, 14 septiembre, 2020

El viernes se dio a conocer un comunicado de “las autoridades de la Facultad de Filosofía y Humanidades e integrantes del H. Consejo Directivo” en el que reiteran su apoyo a los imputados en la causa judicial por la toma del Pabellón Argentina acontecida en 2018.

 

La expresión de los referentes de Filosofía llega al conocerse un nuevo revés judicial para los estudiantes que ocuparon el principal edificio de la Ciudad Universitaria durante semanas: la Sala A de la Cámara Federal de Córdoba no hizo lugar un recurso de la defensa que cuestionaba el llamado a declaración indagatoria, dejando en firme este paso de cara al juicio oral.

 

Fue en aquel año que todos los sectores políticos de la Casa de Trejo se organizaron para reclamar al Gobierno nacional por el salario de docentes y no docentes. En ese contexto, agrupaciones estudiantiles kirchneristas, como La Bisagra y La Cámpora, y trotskistas, como el Partido Obrero y el Partido de los Trabajadores Socialistas, procedieron a ocupar ilegalmente múltiples edificios, incluyendo el Pabellón Argentina.

 

Estas medidas de fuerza se iniciaron como complemento a las masivas movilizaciones, pero derivaron en una perjudicial mecánica de ocupación que se extendió durante un mes de manera injustificada, aun después de confirmarse la firma de sendos acuerdos paritarios para docentes y no docentes. La fiscal Graciela López de Filoñuk actuó de oficio en dicho momento, y esto derivó en una causa judicial en el que 27 estudiantes han sido procesados e imputados por la usurpación.

 

La defensa de Emiliano Ventura Pereira, estudiante de Filosofía y militante del Partido Obrero, fue la que presentó el recurso cuestionando el decreto que ordena el llamado a declaración indagatoria. Sin embargo, los jueces Graciela Montesi, Ignacio Vélez Funes y Eduardo Ávalos, por unanimidad, rechazaron el mismo.

 

A ello se refieren los consejeros de Filosofía al declarar su “enfático rechazo a esta y a cualquier medida que judicialice un conflicto político, académico o social”, agregando que este hecho constituye “una vulneración de la autonomía universitaria, uno de los pilares de la forma de democracia que practicamos”.

 

Movilización

 

Convocados por la confirmación de la imputaciones, distintos colectivos de izquierda decidieron organizar una movilización por las calles del centro cordobés para la tarde de este miércoles, bajo las consignas “#DesprocesamientoYa”, “#NoALACriminalizaciónDeLaProtesta” y “#Defendamos la educación pública.

 

La convocatoria expresa que el avance del juicio oral “sentaría un peligroso precedente dado que la misma tendría injerencia en los conflictos internos de la universidad, pasando sobre la autonomía universitaria”.

USURPACIONES Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

 


Por Guillermo Marcó *


El Litoral, 10-9-20 (publicado en Clarín)

 

Me pregunto si estamos asistiendo lenta o aceleradamente a la disgregación nacional. Voy a centrarme en un episodio que parece pequeño: lo que está sucediendo en Villa Mascardi, una pequeña población de nuestra querida Patagonia, dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi. Hay propietarios que acreditan sus títulos de posesión o de cesión del Estado nacional o provincial, que a su vez pagan tasas e impuestos tanto a la Provincia como a la Nación.

 

Los ciudadanos en un país organizado renunciamos al uso de la violencia por mano propia y ante hechos ilícitos recurrimos al Estado, que debe velar por los derechos de todos sus habitantes y por su seguridad. Esto viene a cuento porque es de público conocimiento que varias propiedades en ese bellísimo lugar fueron en los últimos tiempos usurpadas o incendiadas. Hubo dueños agredidos o, cuanto menos, amedrentados.

 

Me pregunto si son argentinos quienes llevan adelante estas acciones, aunque invoquen una dudosa pertenencia al pueblo mapuche. ¿Estamos regidos por las mismas leyes o el Estado nacional y provincial les concedió soberanía sobre la tierra que usurpan? De ser así estaríamos ante el reconocimiento tácito de un nuevo Estado. Entonces, los habitantes de la zona deberían dejar de pagar los impuestos a la Argentina para dárselos a ellos.

 

Quizá, a cambio, podrían convivir en paz y ser defendidos de una ministra de Seguridad que, en lugar de velar por ellos, los denuncia. Eso sí, habría que establecer una aduana para transitar por la Ruta 40 que atraviesa el lugar y la bandera debería ser la del pueblo mapuche.

 

Convendría que el Gobierno que se jacta de ser peronista siga los consejos del general Perón que decía: “Cada argentino, piense como piense y sienta como sienta, tiene el inalienable derecho a vivir en seguridad y pacíficamente”. También afirmaba: “El Gobierno tiene la obligación insoslayable de asegurarlo”. Y señalaba: “Quien altere este principio de la convivencia, sea de un lado o de otro, será el enemigo común que debemos combatir sin tregua, porque no ha de poderse hacer nada en la anarquía que la debilidad provoca o en la lucha que la intolerancia desata”. (Discursos de junio a octubre de 1973).

 

Es imperativo que todos los argentinos nos rijamos por las mismas leyes, las del país, para que no todo sea confusión en el reino del revés y la inacción lleve a que los problemas tengan cada vez más difícil solución.

 

Frente a la justificación -o casi- de las usurpaciones que suele deslizar Juan Grabois y la creencia de Elisa Carrió de que el Papa Francisco en cierta forma lo apaña, convendría recordar las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia en la encíclica Rerum Novarum de León XIII: 

“Para solucionar este mal, los socialistas, atizando el odio de los indigentes contra los ricos, tratan de acabar con la propiedad privada de los bienes, estimando mejor que, en su lugar, todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Creen que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podría curar el mal presente. Pero esta medida es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a las propias clases obreras; y es, además, sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores, altera la misión de la república y agita fundamentalmente a las naciones”.

 

No robar y no codiciar los bienes ajenos, siguen teniendo vigencia universal.

 

Reflexiones del Papa que adelantan la encíclica Todos Hermanos.

 

*El autor es párroco de la parroquia Universitaria San Lucas de la Arquidiócesis de Buenos Aires.

domingo, 13 de septiembre de 2020

CONFORMACIÓN DE UN PARTIDO POLÍTICO

 


Ministerio del Interior - Dirección Nacional Electoral

Partidos Políticos de distrito

La creación de un partido político implica el cumplimiento de una serie de procedimientos ante el Juzgado Federal con competencia electoral del distrito en el que se pretenda actuar. Al respecto, se define la existencia de dos instancias en el proceso de creación que marcarán dos momentos en el reconocimiento de la personería jurídico-política.

Personería jurídico-política provisoria:

Para que a una agrupación política se le pueda reconocer su personería jurídico-política, en forma provisoria, debe solicitarlo ante el juez competente, cumpliendo con los siguientes requisitos:

a) Acta de fundación y constitución, acompañada de constancias, que acrediten la adhesión de un número de electores no inferior al cuatro por mil (4‰) del total de los inscritos en el registro de electores del distrito correspondiente, hasta el máximo de un millón (1.000.000). Este acuerdo de voluntades se complementará con un documento en el que conste nombre, domicilio y matrícula de los firmantes;

b) Nombre adoptado por la asamblea de fundación y constitución;

c) Declaración de principios y programa o bases de acción política, sancionados por la asamblea de fundación y constitución;

d) Carta orgánica sancionada por la asamblea de fundación y constitución;

e) Acta de designación de las autoridades promotoras;

f) Domicilio partidario y acta de designación de los apoderados.

Durante la vigencia del reconocimiento provisorio, los partidos políticos serán considerados en formación. No pueden presentar candidaturas a cargos electivos en elecciones primarias ni en elecciones nacionales, ni tienen derecho a aportes públicos ordinarios ni extraordinarios.

*Fuente: Ley 23.298, art. 7.


Para obtener la personería jurídico-política definitiva, los partidos en formación, deben acreditar:

a) Dentro de los ciento cincuenta (150) días, la afiliación de un número de electores no inferior al cuatro por mil (4‰) del total de los inscriptos en el registro de electores del distrito correspondiente, hasta el máximo de un millón (1.000.000), acompañadas de copia de los documentos cívicos de los afiliados donde conste la identidad y el domicilio, certificadas por autoridad partidaria;

b) Dentro de los ciento ochenta (180) días, haber realizado las elecciones internas, para constituir las autoridades definitivas del partido;

c) Dentro de los sesenta (60) días de obtenido el reconocimiento, haber presentado los libros a que se refiere el artículo 37 de la Ley 23.298, a los fines de su rúbrica.

Todos los trámites ante la justicia federal con competencia electoral hasta la constitución definitiva de las autoridades partidarias serán efectuados por las autoridades promotoras, o los apoderados, quienes serán solidariamente responsables de la veracidad de lo expuesto en las respectivas documentaciones y presentaciones.

*Fuente: Ley 23.298, art. 7 bis.


www.argentina.gob.ar


PRIORIDAD DE LO CORRECTO SOBRE LO BUENO

 


                                                                         

                                                              Alberto Buela (*)

 

Los planteos en ética contemporánea, sobre todo a partir de la Ética del inglés Moore hace ya más de un siglo y sus sucesores, privilegiaron lo correcto sobre lo bueno. En todo ello colaboró lo que quedaba de Kant en la escuela neokantiana de Marburgo, la filosofía analítica europea e insular y los filósofos liberals norteamericanos. A esta masa de pensamiento debemos agregar el uso de la corrección política= political correctness, que se impuso universalmente a través del modelo liberal-socialista o socialista-liberal en todo Occidente y parte de Oriente.

Así, la primacía de lo correcto sobre lo bueno determina la idea del progreso moral moderno.

 

El relato del progresismo político y cultural de nuestros días se apoya, sin decirlo y, barrunto que sin darse cuenta en este principio.

Hoy se juzgan las acciones como correctas o incorrectas pero no como buenas y malas.

A esto se suma, en el orden de la ética, que al limitarse a juzgar las acciones se ha dejado de lado juzgar el carácter moral del sujeto. De modo tal que hoy en día el objetivo de la ética quedó reducido al juzgamiento de las acciones como correctas o incorrectas, dejando a un costado la identificación del hombre como bueno o malo.

 

Cuando nosotros en la vida cotidiana decimos “fulano de tal es un buen tipo o un mal bicho” estamos emitiendo un juicio sobre la persona que realiza habitualmente actos buenos o malos. Y no nos detenemos en esos actos. Recién en un segundo momento lo hacemos cuando agregamos: “cumplió con tal o jodió a fulano”, poniendo el acento en las acciones que realizó.

 

Es por ello que la hodierna ética de las virtudes busca antes que nada la formación del carácter del hombre y no la prescripción de acciones a través de los deberes.

Alguna vez tendrá que reconocerse en filosofía que los planteos éticos de la modernidad han sido un fracaso, mientras tanto tenemos que convivir lo mejor posible con un sistema jurídico costoso, pesado e ineficaz, que termina extrañando al sujeto contemporáneo de sí mismo.

En nuestro último libro Virtudes contra deberes pusimos el acento en otro aspecto de esta temática: la insubordinación del homo consumans= sujeto actual, a cualquier tipo o clase de deberes.

Y ante este hecho brutal e incontrastable. Esto es, el sálvese quien pueda y cómo pueda. Es el individualismo más atroz y la autoreferencia permanente. Y ello no tiene salida para adelante pues ni el castigo ni el premio han dado resultado. Menos aún la vuelta hacia atrás en busca de un sistema de valores perdidos.

La única posibilidad de salir de este dilema es salir por arriba como hizo Ícaro con su hijo Dédalo del laberinto.

Solo a través de la recuperación del carácter moral del hombre mediante el ejercicio cotidiano de la virtud, y eso se logra a través, primero del trabajo, y no pretendiendo ser de golpe santo o héroe

Pues lo que es obra del espíritu no obra automáticamente, no surge por sí mismo, ¡Es fruto del trabajo!

Hay que tener en cuenta la enseñanza de San Francisco de Sales: “Si somos santos según nuestra voluntad, no lo seremos nunca bien; es preciso que lo seamos según la voluntad de Dios”.

 

Traducido a nuestro lenguaje: uno no se hace santo porque quiera ser santo, se hace santo cuando sigue la voluntad de Dios.

De la misma manera, en el orden filosófico o meramente humano, uno no se hace bueno porque quiera realizar actos o acciones buenas, uno es bueno, porque es bueno. Porque previamente ha formado su carácter en la práctica de la virtud=areté=excelencia.

 

(*) buela.alberto@gmail.com

Arkegueta, aprendiz constante