lunes, 17 de marzo de 2014

LOS PARTIDOS POLÍTICOS, SEGÚN LA VISIÓN DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA


Por: Pedro Luis García

Norte (Chaco), 15 de Marzo, 2014

Hoy se pone en tela de juicio tanto esta definición como su representatividad y señala la necesidad de la modificación de sus prácticas de sus formas de reclutamiento de adherentes y su democracia interna.

Es frustrante ver cómo para algunos candidatos el partido es solo un trampolín y cómo hay grupos que caen en el pragmatismo de alcanzar el poder para su propio beneficio.

Una de las tentaciones de los partidos políticos es obstaculizar la visión y la estrategia propias impidiendo que en el diálogo razonable y respetuoso se enriquezca las propuestas y se logren los consensos para el bien de la Nación. En una sociedad pluralista ya no es admisible la imposición de un proyecto político en forma autoritaria.

Hoy más que nunca es indispensable que en los partidos se cultive un espíritu de servicio y que la fidelidad a los principios e ideales se traduzca en una contribución positiva al progreso y a la solución de los problemas económicos y sociales, es fundamental fortalecer la democracia reconstruyendo la confianza ciudadana.

La corrupción y la falta de ética son otros de los aspectos por el que los partidos políticos son frecuentemente señalados y criticados por la opinión pública.

Con frecuencia se comprueba que Ética y Política se encuentran muy a menudo enemistadas cuando en realidad la ética debiera ser la culminación de la política. ¿Quién de nosotros no cree que haya que actuar de un modo éticamente correcto?

En relación con la corrupción es imprescindible señalar que las personas que se dedican a la política no son sino parte de la sociedad y por lo tanto, en general, ni mejores ni peores que el resto de sus miembros. Cuando alguien recibe un soborno es porque alguien lo paga, el silencio cómplice y la inercia de quienes se consideran buenos ciudadanos son también comportamientos que estimulan a la corrupción.

Generalmente al lado de todo hombre corrupto hay un hombre bueno pero inútil y pasivo.

A Gandhi le preocupaba mucho más la indiferencia de los buenos que la maldad de los malos, por ello es importante que el ciudadano honesto combata la corrupción siendo diferente del corrupto.

La sociedad de consumo nos acostumbró a que todo se puede comprar con dinero, de ahí nace la tentación de querer eludir los controles y las normas ofreciendo dinero a cambio de favores y excepciones, de allí que tantos quieran obtener ganancias explotando esta debilidad y prometiendo que pueden arreglarlo todo.

La corrupción es un mal para unos y para otros, para el que soborna y para el que recibe.

Por ello los laicos cristianos no pueden renunciar a participar en política, si bien nadie está obligado a dedicarse a la política, ni a afiliarse a un partido político, pero todos y cada uno tienen el derecho y el deber de participar en la política, si bien con diversidad de formas, niveles tareas y responsabilidades.


Debemos adquirir los conocimientos necesarios para opinar, criticar constructivamente y proponer soluciones, para ello será necesario estudiar la Doctrina Social de la Iglesia y también conocer a fondo la realidad que se vive, además de votar con libertad cuando lo establezca el sistema político, teniendo como objetivo el bien común, luchando por construir una sociedad que beneficie al conjunto y privilegiando a los más débiles y desprotegidos.