miércoles, 6 de noviembre de 2019

LA ENERGÍA NUCLEAR



 es la única opción realista,

por lo que necesitamos un buen plan de residuos


Alex Berezow
ACSH
Octubre 9, 2019
(Fuente: Mitos y Fraudes)

Supongamos que se enfrenta a un cáncer potencialmente mortal y sus médicos le dicen que la quimioterapia es la única solución realista disponible. ¿Lo tomarías? La mayoría de la gente racional diría que sí.

Sin embargo, cuando se trata de la política energética y climática, hay poca racionalidad por encontrar. Las personas que creen que el cambio climático es una amenaza existencial a menudo rechazan la energía nuclear, la única solución realista, a favor de la energía eólica y solar a pesar de que son insuficientes para alimentar el planeta. Un excelente artículo de Michael Shellenberger explica por qué. Considere la cantidad de tierra que requiere la energía renovable. Shellenberger escribe: "Las granjas solares ocupan 450 veces más tierra que las plantas nucleares, y las granjas eólicas toman 700 veces más tierra que los pozos de gas natural, para producir la misma cantidad de energía". 
No es de extrañar que tales proyectos se enfrenten a una creciente oposición. La gente no quiere estos gigantes en su patio trasero.

Peor aún, Alemania ya experimentó con una política llamada Energiewende destinada a reducir las emisiones de carbono y al mismo tiempo eliminar gradualmente la energía nuclear. No funcionó. No solo fue una forma escandalosamente costosa para que Alemania no cumpliera con sus objetivos de emisiones, el país todavía depende en gran medida del carbón y se ha vuelto cada vez más dependiente de Rusia para el gas natural. Como señaló la Política Exterior en uno de sus titulares característicamente sutiles, "Alemania es un hipócrita del cambio climático que quema carbón y consume gas".

El Sr. Shellenberger resume el dilema perfectamente:
"Todo lo cual plantea una pregunta: si las energías renovables no pueden abastecer a Alemania de forma económica, uno de los países más ricos y tecnológicamente más avanzados del mundo, ¿cómo podría una nación en desarrollo como Kenia esperar que les permita "saltar" los combustibles fósiles?

La única forma de saltar los combustibles fósiles es utilizar la energía nuclear. Si bien la energía eólica y solar ciertamente pueden y deben desempeñar un papel importante en las regiones donde tiene sentido, ninguna es adecuada para una estrategia energética nacional, y mucho menos para una global. Es hora de aceptar la verdad: Nuclear es la mejor fuente de energía libre de carbono que tenemos."

Una solución realista para residuos nucleares
Pero ¿qué pasa con el desperdicio? Gran parte del público cree que el transporte y almacenamiento de desechos nucleares no es seguro. Ambos temores son infundados.
Como explica mi colega el Dr. Josh Bloom, los desechos nucleares se transportan en contenedores que son casi indestructibles. Para probar su integridad, los contenedores se dejan caer desde 30 pies sobre placas de acero y barras de punción, se sumergen en 50 pies de agua y se prende fuego con combustible para aviones que arde a 1425 ° F. Sobreviven Del mismo modo, el almacenamiento también es seguro. La mejor opción, en nuestra opinión, es utilizar las instalaciones de almacenamiento de Yucca Mountain. Si los nevadenses no quieren el desperdicio, debemos alentarlos ofreciendo pagos de "renta".

Un nuevo informe de The Breakthrough Institute propone una solución diferente. Sostiene que Yucca, o cualquier ubicación centralizada, no es una buena solución porque la cantidad de desechos que hemos generado es bastante sustancial. Yucca necesitaría ser expandida. En cambio, el informe sugiere que formalicemos lo que hemos estado haciendo; es decir, hacer que el almacenamiento descentralizado en el sitio en plantas de energía nuclear en piscinas de enfriamiento y barriles secos sea la política oficial. Estos sitios también podrían complementarse con instalaciones de almacenamiento consolidadas regionales.

Similar al plan de pagar "renta" a Nevada, el informe sugiere que todos los sitios de almacenamiento deben basarse en el consentimiento de la comunidad. Aquellos que decidan mantener instalaciones de almacenamiento recibirían pagos del Fondo de Residuos Nucleares.

Es una buena idea. Desafortunadamente, los activistas y los políticos temen y propagan información errónea sobre la energía nuclear, bloqueando cualquier progreso. Quizás atraer directamente a los ciudadanos con incentivos financieros podría ser el cambio de juego que necesitan los defensores nucleares.

martes, 5 de noviembre de 2019

EL VERDADERO ROSTRO



de Alberto Fernández


Fernando Laborda
La Nación, 5 de noviembre de 2019

 
Antes de que asumiera como presidente de la Nación, allá por 1989, Carlos Menem era objeto de comentarios críticos por sus interminables contradicciones. Sus marchas y contramarchas a lo largo de la campaña presidencial que concluyó con su triunfo electoral fueron aclaradas mucho después por el hoy veterano senador nacional por La Rioja: "Si hubiera dicho todo lo que iba a hacer, no me votaba nadie".

El actual presidente electo, Alberto Fernández, es también -salvando las distancias- blanco de cuestionamientos por sus aparentes ambigüedades. ¿Cuál es el verdadero Alberto Fernández? 
¿El que afirmó, en coincidencia con Sergio Massa: "Los peronistas volvemos mejores"? ¿O el que, horas después del festejo del Día de la Lealtad Peronista, dijo: " Cristina Kirchner y yo somos lo mismo"? 
¿Aquel que hace cuatro años esgrimía que, para Cristina, la política era "el arte de presentar en palabras la realidad que a ella le conviene" y que afirmaba que " Cristina sabe que ha mentido y que el memorándum firmado con Irán solo buscó encubrir a los acusados"? 
¿O el que ahora la defiende a capa y espada, y apenas habla de algún que otro "desliz ético" sin mayor importancia?

¿Cuál es la versión más fiel del próximo presidente de los argentinos? ¿El que, en una muestra de setentismo tardío, cuestionó al conejo Bugs Bunny como ícono de una suerte de imperialismo cultural? ¿O el que horas después dialogó telefónicamente con Donald Trump provocando regocijo en algunos de sus adláteres?

Es posible que su mención crítica a Warner y a ciertos dibujos animados de la década de 1960, detrás de los cuales observa un intento por inocular un mensaje individualista y ajeno a la ética de la solidaridad, sea un guiño a un sector alineado políticamente con el kirchnerismo y con la izquierda, que aún se entusiasma con consignas derivadas de la vieja teoría de la dependencia y de la lucha contra la oligarquía y el imperialismo.

Pero tal vez Fernández debería preguntarse qué podría imaginar un potencial inversor sobre la concepción del futuro presidente sobre el capitalismo, cuando detrás de un simple dibujo animado cree ver una conspiración universal.

Conociendo el elevado impacto que tiene a partir de ahora cada una de sus frases, debería hacer uso de una especial prudencia para no parecerse a quien, como su compañera de fórmula, sugirió alguna vez que los vejámenes del Ejército Islámico a sus víctimas podían ser un montaje hollywoodense, además de enfurecerse con el recordado caricaturista de Clarín Hermenegildo Sábat por sus tan geniales como filosos dibujos.

El periodista Franco Lindner, autor del reciente libro "Fernández & Fernández. Historia secreta de una relación peligrosa", resume las distintas caras del futuro jefe del Estado: "En realidad, parece capaz de todo. Fue al mismo tiempo de derecha e izquierda, del nacionalismo y del PJ, conservador y progre, alfonsinista y menemista, kirchnerista, anti K y ahora nuevamente K".

Frente a los desafíos que lo esperan en materia económica cuando arribe a la Casa Rosada, Fernández dio recientemente una pista no menor: anunció que será más ortodoxo o más heterodoxo según lo impongan las circunstancias. En otras palabras, sugirió que será un pragmático. Posiblemente, a semejanza de Néstor Kirchner, quien más de una vez aconsejó a mandatarios y a inversores extranjeros que no escucharan lo que decía, sino que miraran lo que hacía.

LESA HUMANIDAD




Terrorismo y condena a los militares de los años ’70 (1-2)

P. Javier Olivera Ravasi, SE

noviembre 1, 2019  (Que No Te La Cuenten) 

Hace apenas unos días Mons. Santiago Olivera, obispo castrense de la Argentina disertaba en Roma acerca de los juicios de venganza que se están llevando a cabo contra los militares que lucharon contra el terrorismo hace décadas. Puede verse el tema aquí:

http://www.quenotelacuenten.org/2019/10/29/monsenor-santiago-olivera-y-la-mentira-de-los-juicios-de-lesa-humanidad/

Se dirá: ¿por qué tocar este tema que hoy casi nadie conoce?
Por tres razones:

1) Porque los más grandes ya se han olvidado del asunto o están indiferentes o adormecidos.

2) Porque los más jóvenes han sido de tal manera ideologizados a partir de la historia que creen que los militares argentinos en la década del ’70 fueron unos salvajes asesinos que, sin excepción, bebían la sangre de sus víctimas como los aztecas.

3) Porque sólo la verdad hace libres. Venga entonces este fabuloso artículo, en dos entregas, de nuestro ex-director de tesis doctoral, el incansable maestro Don Enrique Díaz Araujo. Que no te la cuenten…

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Por el Dr. Enrique Díaz Araujo

(Extracto de «Decimos hoy», Bs. As., Edic. D.A., 2019, cap. XI, pp. 151-184)

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Texto completo (27 páginas) en:



lunes, 4 de noviembre de 2019

CRÍTICA SIBILINA A UN PROYECTO DISCUTIBLE


SANTA EVITA


Su beatificación solicitada por la CGT probaría la inigualada habilidad de la Iglesia Católica, Apostólica, Romana

POR HORACIO VERBITSKY
El Cohete a la Luna, NOV 3, 2019

Podría tomarse como un homenaje a Tomás Eloy Martínez, o a lxs humildes anónimxs  que siguieron con flores, velas y devoción el itinerario clandestino de su cuerpo embalsamado. Pero la beatificación de Evita solicitada por la CGT tiene una trama subterránea, porque terminaría de saldar uno de los debates más dramáticos del siglo XX argentino, prueba de la inigualada habilidad de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Este año se cumplió un siglo del nacimiento de la compañera sentimental y política de Juan D. Perón, cuya elevación a los altares simbolizaría la victoria de la institución eclesiástica sobre el movimiento político que le disputó la primacía en los corazones de las masas. Y su propia rama sindical lo pide, aquella a la que con mayor persistencia cortejó la jerarquía.
La carta con el pedido fue entregada al Arzobispo de Buenos Aires, Mario Poli, pero dirigentes sindicales afirman que hubo un contacto previo con el predecesor de Poli en esa Arquidiócesis, el actual Papa Francisco, quien alentaría el complejo procedimiento.

En 2017, Francisco dictó un motu proprio por el que incluyó entre los santos de su iglesia a quienes «ofrecieron heroicamente su propia vida por el prójimo, aceptando libre y voluntariamente una muerte cierta y prematura». De este modo el pontífice argentino abrió un resquicio para iniciar el tránsito de Eva María Duarte Ibarguren a la adoración religiosa. 
Quienes dentro de la misma Iglesia Católica cuestionan a Francisco, niegan que Evita pueda ser considerada mártir porque no murió perseguida a raíz de su fe religiosa. También dicen que Evita no realizó el milagro que exige el rito (aunque eso siempre se puede arreglar, de otro modo no habría 7.000 santos). 

Más del 10% de ellos fueron creación de Francisco, quien ha incurrido en el mayor número de beatificaciones de un mismo Papa en los 22 siglos de la Iglesia Católica: 892, contra 482 del papa Wojtyla, hoy San Juan Pablo II, por iniciativa del propio Jorge Mario Bergoglio. Estas ceremonias son parte de la batalla eclesiástica por la subsistencia.

Como casi todo lo que hace Bergoglio, esta eventual canonización podría leerse en claves distintas. La más evidente es la de la CGT y de los autores del libro Evita, Santa del Pueblo. La Iglesia Católica se limitaría a reconocer la devoción popular “con el tiempo, la distancia, y con los ánimos más calmados”, como dijo uno de los autores y al mismo tiempo editor del libro, Fabián D’Antonio. El prólogo del volumen lleva la firma del Padre Pepe, uno de los curas villeros de Bergoglio, cuyo nombre allí certifica la autenticidad de la operación. Hace medio siglo se relacionó con Guardia de Hierro, una organización política que luego del golpe de 1976 se colocó bajo la protección del dictador Emilio Massera y terminó convirtiéndose en una secta religiosa.

El estímulo a esta iniciativa reforzará la odiosidad que las clases más acomodadas sienten hacia Bergoglio y que se ha expresado en el reciente proceso electoral. Esto parte del equívoco, compartido por quienes lo aman, de que está gobernando la sede romana como un dirigente peronista, cuando lo más ajustado sería decir que Perón creó y condujo su movimiento como un papa católico, con sus ramas, sus alas, sus delegados y su política pendular que desmiente el dicho popular de que poco aprieta quien mucho abarca. 

Disciplinario de la teología de la liberación como provincial jesuita en la década de 1970, poco importa si por inspiración propia o a órdenes superiores, la reivindica como Papa, ahora que ya no existe como fuerza activa de “las revoluciones explosivas de la desesperación”, según la frase de Paulo VI durante la conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín en 1968. En 1976 ordenó que los jesuitas que realizaban trabajo social en las villas dejaran esos barrios o la Compañía de Jesús. Dos décadas después impulsó el trabajo de los curas villeros (a uno de los cuales incluso hizo obispo), pero ya sin ribetes revolucionarios sino como asistentes sociales contra las consecuencias del capitalismo realmente existente. Aún así, hace una ostensible diferencia con sus predecesores.

El espejo
Perón irrumpió en la vida política con el golpe de 1943. El grupo de oficiales nacionalistas que lo protagonizó, recibió su formación en la década anterior, que fue la del renacimiento católico luego de medio siglo de laicismo militante. Perón se inspiró en la denominada doctrina social de la Iglesia Católica, iniciada en 1891 por el papa León XIII con De Rerum Novarum, como puntapié inicial de la competencia ideológica por el ascendiente sobre el pueblo trabajador con socialistas, comunistas, liberales y masones y actualizada en 1931 por Pío XI con Quadragesimo Anno, cuando Perón tenía 36 años. La novedad fue que Perón se la tomó en serio y no como un argumento retórico. A los 40 participó de la recepción en el puerto de Buenos Aires al cardenal Eugenio Pacelli, enviado papal al Congreso Eucarístico Internacional.

Pero sus mismos camaradas lo encarcelaron por la resistencia que provocó en las clases elevadas su política social. Luego del alzamiento popular de 1945 que lo rescató de la prisión, y de las elecciones presidenciales que ganó en 1946, organizó su Partido Peronista en espejo con el modelo que dos décadas antes había elegido Pío XI para su Acción Católica, dividida en ramas, masculina, femenina, juvenil y sindical.

Además de su tarea de dignificación de los trabajadores, obispos y militares recelaban de su relación extramarital con la actriz de radionovelas y cine Eva Duarte, a su vez concebida fuera del matrimonio.
El casamiento, luego de un año de convivencia, fue su reivindicación social, que también incluyó el reemplazo de su partida de nacimiento para que no figurara como hija natural. Su célebre desplante a las damas de beneficencia y la creación de la Fundación de Ayuda Social que, en sus palabras, no practicaba caridad sino reconocía derechos, la expuso a la maledicencia que la acompañó hasta después de muerta. Las agresiones que en estos tiempos ha recibido Cristina, son un tibio reflejo de las que acompañaron a Evita y que culminaron con la triste pintada “Viva el cáncer”. La Iglesia Católica alentó esa inquina contra quien rompía todos los moldes asignados a una mujer.

Choque de soberanías
Los cuestionamientos eclesiásticos mezclaban asuntos de interés para la Iglesia, como el sostenimiento del culto, la educación y la familia, con la política social del peronismo, que provocaba una reacción clasista. Por ejemplo, en 1948 el director de la revista extraoficial del Episcopado, Criterio, objetó la cantidad de feriados y el nivel de la protección en el trabajo, porque aminoraba los incentivos y la ambición de los obreros, a lo cual atribuía ausentismo laboral y paros.

En 1949 la reforma de la Constitución defraudó las expectativas de la Iglesia, que aspiraba a eliminar la referencia a la soberanía del pueblo del artículo 33 (que subsiste idéntico hasta hoy), y reemplazarla por “el reconocimiento del origen divino del poder”. Sobre el artículo 2 había un proyecto de mínima (“Siendo la Religión Católica Apostólica Romana la de la mayoría de la Nación Argentina, el Estado la reconoce y la sostiene y ampara su culto”) para el caso de que no prosperara el de máxima (“La Religión Católica Apostólica Romana es la del Estado”), en lugar de la ambigua fórmula de la Constitución de 1853 que en el artículo 2 sólo mencionaba el sostenimiento del culto católico pero en el 14 reconocía la libertad de ejercer cualquier otro.

 La propuesta del Episcopado también declaraba el reconocimiento y el amparo estatal a “la familia constituida por el casamiento con vínculo indisoluble” y el reconocimiento civil del matrimonio canónico entre católicos, con la sola inscripción del acta religiosa en un registro. La enseñanza religiosa, que los golpistas de 1943 impusieron por bando y Perón convirtió en ley, adquiriría rango constitucional. Encontré la nota de la Comisión Permanente a Perón de enero de 1949 en el archivo de la Conferencia Episcopal bajo el título Papeles del Venerable Episcopado remitidos por la Curia de Buenos Aires, 1938-1954.

El único tema de interés eclesiástico contemplado en la nueva Constitución fue la declaración de los derechos de la familia. La definió como “núcleo primario y fundamental de la sociedad” y reconoció “sus derechos en lo que respecta a su constitución, defensa y cumplimiento de sus fines”. El miembro informante del Justicialismo, Raúl Mendé, dijo que se refería a la familia cristianamente constituida, que se funda en el matrimonio indisoluble. Sin embargo, el texto aprobado proclamó la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad y nada dijo sobre su indisolubilidad.

El Vaticano declaró 1950 Año Santo. Perón respondió instaurando el Año del Libertador, al cumplirse un siglo de la muerte de José de San Martín. La Iglesia fue presionada por el gobierno para adherir a ese nuevo culto que, en forma indirecta pero transparente, aludía al del propio Perón. El presbítero Franceschi encomió en Criterio una serie de rasgos del Libertador, como la austeridad, la modestia, su rechazo a la demagogia y el personalismo, que implicaban una crítica a Perón.

La Santísima Trinidad vs. la pareja presidencial
Identificado con el Cristo que expulsó a los mercaderes del templo y con el prócer de la Independencia americana, Perón ocupaba todos los espacios: ya fueran públicos o privados, inmanentes o trascendentes, pasados, presentes y, creía él, futuros. Cada día se hablaba menos de catolicismo y más de cristianismo.

Con el agravante para la jerarquía de que las figuras de culto de ese cristianismo que el discurso oficial denominaba auténtico y de fondo y opuesto a otro que se desdeñaba como clerical o de forma no eran las tres personas de la Santísima Trinidad sino las dos de la pareja presidencial.
En octubre de 1950 Perón otorgó la personería jurídica a un grupo espiritista que empapeló Buenos Aires con carteles que proclamaban Jesucristo no es Dios y organizó un congreso en el Luna Park. Los retratos de Perón y su esposa decoraban el estadio. La jerarquía se sintió amenazada y los jóvenes de la Acción Católica fueron a romper el acto con sus consignas Jesús es Dios y Viva Cristo Rey e impedir a gritos que se leyera un saludo presidencial a la Escuela Científica Basilio.

La réplica de la Acción Católica ubicó a la Iglesia como el único espacio de oposición al peronismo, enfurecida ante la intromisión en su coto reservado. Faltaban casi cinco años para que cayeran bombas sobre Buenos Aires desde aviones con la señal de la cruz pintada en su fuselaje y para que ardieran la catedral y decenas de templos, pero el reloj de arena ya se había dado vuelta.
Una religión política
Durante el Congreso Eucarístico realizado ese año, el delegado papal decidió alojarse en la residencia de la familia Pereyra Iraola, un emblema de la oligarquía, a la que el gobierno acababa de expropiar tres estancias de 10.000 hectáreas, en las que creó un parque de acceso público bautizado “Derechos de la Ancianidad”.

Las celebraciones públicas de ese Congreso se tiñeron de un novedoso matiz antiperonista, cuando los militantes juveniles de la Acción Católica coreaban Jesús es Dios, el grito de batalla católico a partir del acto espiritista. Perón y su esposa se hincaron para besar el anillo del legado papal y el Presidente proclamó que también él en Jesús veía a Dios, a quien agradeció haberle inspirado una doctrina de justicia y amor. Sin embargo, afirmó que “no es un buen cristiano aquel que va todos los domingos a misa” si “paga mal a quien le sirve o especula con el hambre de los obreros”. Terminó exaltando “el cristianismo práctico justicialista”.

La Comisión Permanente presentó a la Asamblea Episcopal de ese año un borrador interno en el que reconoció que “los hombres de la Revolución del ’43 y del actual gobierno” se habían afirmado en el poder más allá de la acción y de la voluntad de la Iglesia, lo cual creaba un cuadro nuevo que la condicionaba.
“Han operado en el país una honda transformación en el orden político, económico y social, basados en la mayoría ciudadana que los acompaña y en la legislación que han creado. (…) Si no intervenimos decididamente en esta transformación para salvar la permanencia rectora de los principios religiosos de la Iglesia, quedaríamos al margen”. La Asamblea lo discutió en su plenario de noviembre de 1950.

Según el documento, Perón pugnaba por “superar dificultades inherentes a convicciones no cristianas de la masa obrera” y había conseguido “cambiar la orientación anticristiana de sindicatos adheridos a la CGT”.
La presión del gobierno por la secularización continuó con un decreto que exigió a los empleados públicos trabajar en los días del año que la Iglesia reserva para la rendición de honores a Jesucristo, María y los santos. Sólo se respetaron la Navidad y el Viernes Santo. En 1951 el gobierno también bajó del calendario secular las festividades de San José, San Pedro y San Pablo y la Ascensión de Jesucristo.

En 1952, trató de legalizar la prostitución. Además de Criterio también la impugnaron el Consorcio de Médicos Católicos y la Corporación de Abogados Católicos, dos de las organizaciones intermedias creadas por la Iglesia. Su finalidad había sido oponerse a la concepción atomística de la sociedad que atribuían a liberales y colectivistas. Pero en este caso confrontaban con la Comunidad Organizada según el peronismo, competitiva de su propia visión orgánica de la sociedad y por ello cada día más difícil de tolerar por la jerarquía. Como en la educación, el problema no era esa arquitectura que ambos compartían sino quién ocupaba el vértice: Cristo o Perón. 

Al catolicismo integral, que Pío XI expresó en su Encíclica Quas Primas como «la realeza social de Cristo», se oponía el peronismo integral y la simetría entre ambos haría feroz la pugna, como una guerra de religión. Este cuadro se repetiría, agravado, un cuarto de siglo después. Osvaldo Soriano advirtió que el peronismo estuvo en ambos extremos de la picana eléctrica pero no llegó a percibir el perfume de sacristía de la escena.
En mayo de 1952 grupos de jóvenes de Acción Católica lanzaron petardos en los cines de cinco provincias para protestar por el estreno de una película que consideraban indecente, Bárbara Atómica, con la bailarina cubana Blanquita Amaro y sus Mulatas de Fuego. El Ministerio del Interior los acusó de formar parte de una campaña internacional contra el pueblo argentino.

En los libros de lectura primarios, Eva Perón era asociada con las principales festividades religiosas: enviaba los juguetes que los chicos les pedían a los Reyes Magos y las bebidas y los alimentos para celebrar el nacimiento de Jesús en Navidad. Pero ella misma era un ángel del cielo o una santa enviada por Dios.

Una religión política
El peronismo se transmutó en una religión política, con la erección de altares a Perón y Evita, los asuetos denominados San Perón después de las grandes concentraciones populares, el juramento de los legisladores por Perón y la jefa espiritual de la Nación en lugar de por Dios y los Evangelios, el uso de vocablos como devoción, fe, fervor o veneración hacia el Líder y Evita.
Los mensajes de Navidad de Eva Perón homologaron la figura de Perón con la de Cristo, cada año en forma más explícita. El Cristo de Evita no era el que proclamaba el amor y la dulzura, sino aquel que vino a traer fuego a la tierra, como Perón.

El deslizamiento fue gradual pero incesante, a medida que el modelo de organización política de los sindicatos se extendió a otros campos. La declaración de los Derechos del Trabajador, en 1947, fastidió a la Iglesia, que los consideró inspirados en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de la Revolución Francesa: ambos eran concesiones de la ley positiva y no el reconocimiento de derechos preexistentes de inspiración divina. Algo similar ocurrió en 1949 con la creación de la doctrina oficial justicialista, que la Iglesia asociaba con la religión civil de Rousseau. Ambas tomaban importantes elementos del cristianismo pero los separaban de la Iglesia, cuyo espacio moral y espiritual se proponían ocupar. 

El peronismo sólo se parecía en la superficie al clericalismo, el nacionalismo y el corporativismo. En realidad, la Iglesia percibía que el peronismo “era esencialmente moderno y confiaba en la movilización de masas, las elecciones y las nociones de nacionalidad y voluntad popular nacidas en 1789”, como explica el historiador católico británico Austin Ivereigh, secretario del cardenal irlandés de Westminster, Cormac Murphy-O’Connor. «Vos tenés la culpa», le dijo Bergoglio en la primera audiencia posterior a su elección papal.

La muerte de Eva Perón, en julio de 1952, agudizó esas contradicciones. Las interminables exequias públicas y la unción de Evita como Jefa Espiritual de la Nación escenificaron para la Iglesia los peores excesos de un culto pagano. El 17 de octubre el locutor oficial leyó en presencia de Perón desde los balcones de la Casa Rosada, el documento que Eva Perón dictó en los últimos días de su vida, Mi mensaje. El capítulo dedicado a Las jerarquías clericales es tremendo: “Les reprocho haber abandonado a los pobres, a los humildes, a los descamisados, a los enfermos, y haber preferido en cambio la gloria y los honores de la oligarquía. Les reprocho haber traicionado a Cristo que tuvo misericordia de las turbas. Les reprocho olvidarse del pueblo y haber hecho todo lo posible por ocultar el nombre y la figura de Cristo tras la cortina de humo con que lo inciensan. (…) El clero de los nuevos tiempos, si quiere salvar al mundo de la destrucción espiritual, tiene que convertirse al cristianismo”.

Mientras, el antiguo adalid católico del mundo del trabajo y la justicia social, Gustavo Franceschi, había pasado a ser cicerone en el viaje a Europa de señoras y señoritas de la oligarquía, que luego de recorrer París, Londres, Suiza e Italia, llegaban al Vaticano en procura de la audiencia con el Santo Padre incluida en el tour. Entre los integrantes de la excursión que Franceschi guió entre enero y marzo de 1952 estaban las señoras Marta L. Acevedo, “muy conocida en los mejores ambientes de Buenos Aires y propietaria de latifundios”; María Teresa Álvarez Escalada, “miembro activo de la Acción Católica”; Elena Argerich, “perteneciente a una de las más antiguas familias de la Argentina, conocidísima en los ambientes de la buena sociedad”; Florencia Bullrich, “de una de las familias más importantes de ganaderos y propietarios rurales”; y María Harriet, “esposa de un importante industrial de Buenos Aires”. Casi todas viajaban acompañadas por sus hijas adolescentes.

En los abundantes registros que la embajada argentina guardó de esos tours sólo una pareja que llegó sin acompañamiento episcopal, en vez de la audiencia con el Papa solicitó una credencial que le permitiera el acceso libre durante un año a los museos vaticanos: la señorita Aurora Bernárdez y el señor Julio Cortázar.

El golpe
El golpe de 1955 no fue militar, sino eclesiástico y oligárquico. Los folletos de propaganda se imprimían en conventos y colegios católicos, donde el Hermano Septimio Walsh, primo de Rodolfo, almacenaba las armas. Los curas organizaban los comandos civiles y ponían en contacto a los pocos militares, en su mayoría retirados, que se plegaban a la conspiración. La procesión de Corpus Christi de junio de 1955 fue la señal de largada. El 16 de junio aviones de la Fuerza Aérea y de la Armada bombardearon la Plaza de Mayo, el santo y seña del alzamiento de septiembre fue Dios es Justo. 

El Vaticano accedió al pedido del dictador Pedro Aramburu, transmitido por el oficial Alejandro Lanusse, de esconder fuera del país el cadáver embalsamado de Evita para que no se convirtiera en objeto de culto y peregrinación. Recién fue restituido a Perón en 1971. Hasta el día de hoy, la jerarquía católica no ha hecho un mea culpa ni pedido perdón por aquel bombardeo en el que murieron 300 personas ni por los fusilamientos con que el golpe triunfal reprimió el débil alzamiento cívico-militar de junio de 1956.

A sacerdotes como Enrique Angelelli, Carlos Mugica o Jaime de Nevares, que fueron activos partícipes en la conspiración, les bastaron unos días para comprender la terrible revancha social que habían contribuido a generar, e iniciaron un proceso personal y luego institucional de acercamiento con el pueblo. Las misas por Evita fueron una constante en los años de la resistencia.

El mismo repelús que los obispos de mediados del siglo pasado sintieron ante la condescendencia de Perón con espiritistas y pastores evangélicos como Billy Graham, sobresalta a sus sucesores cuando ven a Maurizio Macrì haciéndose bendecir por un pastor evangélico durante un acto de campaña electoral o dibujando un garabato en el aire en vez de la señal de la cruz. Con una perspicacia superior a la media, Bergoglio usó la fuerza del sector reaccionario agrupado en la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas, ACIERA, para dar calor de multitud a la oposición católica a la reforma de la ley de matrimonio, y más tarde, a la derogación del aborto inseguro y clandestino. Como presidente de la Conferencia Episcopal, instó a librar “una guerra de Dios” contra la ley de matrimonio igualitario, que consideró inspirada por el demonio.

La luz verde a la beatificación de Evita es la más hábil respuesta celeste a esos dilemas, como ya nos explicarán lxs periodistxs bergoglianos, arqueólogxs de viejos discursos antiabortistas de Perón y su esposa.

domingo, 3 de noviembre de 2019

LAS AMBICIONES PRESIDENCIALES



 de Massa hicieron reaccionar a CFK


por Carlos Tórtora
Informador Público, 3-11-19

Sergio Massa está en el ojo de la tormenta de una intricada interna del Frente de Todos. El tigrense convocó tres días atrás a una reunión de intendentes en Tigre en la que hablaron Massa, Axel Kicillof, Verónica Magario y Fernando Grey. Lo que llamó la atención fue que el tigrense saliera a mostrarse como el principal armador provincial, siendo que su función será la de Presidente de la Cámara de Diputados. Massa venía de una noche ingrata para él, como lo fue la del 27-O. A pesar de estar parado en el centro del escenario, nadie hizo mención a su presencia. 
Ni Cristina Kirchner ni Alberto mencionaron a su principal aliado ni le ofrecieron hablar. Días después, hubo una reunión entre Massa y CFK, en la cual, según una fuente confiable, ella le habría dicho “mientras yo tenga poder vos no vas a ser presidente”. 

Esto viene a cuento de que Massa les habría comentado a sus íntimos: “Ahora vamos todos con Alberto pero la próxima es nuestra”. En algo coinciden el tigrense y Cristina: Alberto es un presidente de transición que no debe plantearse la reelección. Frente a las ambiciones indisimuladas del tigrense, CFK levantaría un candidato propio que le responde ciento por ciento: Axel Kicillof. Sobre la candidatura a presidente de Máximo, ella opinaría que todavía le falta madurar mucho. En realidad, para algunos hay una descristinización de Máximo que ya no obedece ciegamente los dictados de su madre.

Una cuestión de temperamento
De estos hechos podría formularse el interrogante de qué necesidad tiene Massa de precipitar una interna sobre el 2023 cuando Alberto ni siquiera asumió la presidencia. Algunos lo atribuyen al temperamento agresivo de Massa, que no puede administrar los tiempos y muestra sus cartas todo el tiempo.

Otro dato a tener en cuenta acerca de la tensión que se está viviendo es que Alberto F se mostraría visiblemente nervioso cuando está en presencia de CFK y de Massa.

sábado, 2 de noviembre de 2019

ORACIÓN POR EL PAPA



Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Católicos-on-line, noviembre 2019

El año 2010 fue un “annus horribilis” para el Papa Benedicto XVI. Los medios de comunicación liberales, que son la inmensa mayoría, se pusieron de acuerdo para pedir su dimisión, alegando que no había actuado don diligencia contra algunos sacerdotes pederastas. La inmensa mayoría de los católicos calló y fuimos muy pocos los que alzamos la voz en defensa del Papa. Entre otras cosas, puse en marcha una vigilia mensual de oración por el Papa, en la que además de rezar meditábamos sobre textos del Pontífice.

Cuando en 2013 presentó la dimisión, antes de saber quién iba a ser el sucesor, pedí a todos que no se volviera a repetir lo sucedido y que nunca más dejáramos sólo al Pontífice ante los ataques que previsiblemente iban a tener lugar. Por eso, los franciscanos de María hemos seguido haciendo las vigilias de oración por el Papa. Además, ha sido y es una característica del actual vicario de Cristo pedir que se rece por él.

Ante la grave situación que vivimos, con una confusión como no se producía desde hace siglos, he pensado que hay que intensificar la oración por el Vicario de Cristo. Me ha gustado mucho una que ha compuesto un religioso dominico, Fray Nelson Medina, al que no conozco personalmente, pero al que leo con gusto. Espero que no le moleste que difunda una parte de su oración. Dice así:


“Señor Jesucristo, apelando a tu Sagrado Corazón y a la eficaz intercesión de tu Santísima Madre, que ha sido saludada como Madre de la Iglesia, esto te pedimos para el Papa Francisco:

- Que tus Llagas Santas, Jesús, no se aparten de sus ojos; que simplemente no pueda olvidar el precio de amor que has pagado para que el demonio sea derrotado, los ídolos derribados, la muerte vencida, el pecado perdonado, y se abran las puertas de la gloria eterna a quienes creen y confiesan la fe.

- Que sus oídos sientan una alarma fuerte cada vez que las trampas del enemigo quieran persuadirlo de mezclar las aprobaciones del mundo o las presiones de la sociedad con la grandeza y pureza del Mensaje de Salvación que tú le has encomendado como Sucesor de Pedro.

- Que su boca reciba una gracia renovada, de modo que su palabra, apartándose de toda ambigüedad, defienda con claridad la sana doctrina, mientras sigue llamando a todos a la unidad en Cristo, para la gloria de Dios Padre.

- Que sus pies se orienten sin cesar hacia tu gloria, Jesús: buscándote en el silencio del Sagrario; reconociéndote en el testimonio de las Escrituras; predicando tu Evangelio con palabra diáfana y ardiente; y siempre sirviéndote, especialmente en los más pobres, es decir, los que menos saben de ti, Señor, puesto que no hay mayor miseria que ignorar cuál Dios nos ha amado tanto.

- Que su mente reciba una gracia singular del Espíritu Santo para reconocer y discernir, según el carisma propio de San Ignacio de Loyola, cuáles inspiraciones son de Dios, cuáles vienen de los intereses puramente humanos y mundanos, y cuáles tienen su raíz en el espíritu de las tinieblas, que ronda buscando a quién devorar.

- Que sus manos realicen cada vez mejor la labor de cuidar el rebaño tuyo, Jesucristo, de modo que sea físicamente incapaz de firmar o apoyar lo que ensucia, confunde, degrada o niega la fe, la que defendieron los mártires, y en cambio tenga pulso firme para guiar el timón y conducir de nuevo la nave de la Iglesia a su ruta propia, más allá de los escollos e intereses de este mundo que pasa.

- Y finalmente, te pedimos, Señor Jesús, que el corazón del Papa sea sumergido en el fuego de tu propio Corazón, de modo que pueda corregirse de sus faltas, ya que todos las tenemos, y pueda predicarnos con fuerza y mucha luz sobre las raíces de nuestros pecados, y de los males que hoy se ciernen sobre la Tierra”.


Recemos por el Papa. Y esto lo pido a todos. También a los que no les gusta lo que está haciendo. No le dejemos solo, como muchos hicieron con Benedicto XVI. Si defendemos la fe católica contra sus enemigos es porque creemos en ella y, si creemos en ella, debemos creer en el poder de la oración. Los otros, los que quieren cambiarla, ya no creen. Ese es su problema y su desgracia. No caigamos nosotros en la misma trampa. Recemos, hablemos con amor cuando hay que hablar, aunque nos cueste el honor y la vida y, sobre todo, confiemos en Dios y en su divina misericordia.

viernes, 1 de noviembre de 2019

REBELIÓN CHILENA



ni espontánea ni transversal

– Por Agustín Laje

Fundación Libre, October 30, 2019

El ataque a las instituciones chilenas es un ataque esencialmente de tipo izquierdista.

En América Latina acostumbramos a equiparar crisis económicas con crisis políticas, en el sentido general de que las primeras desencadenan las segundas. Por eso la propia noción de crisis nos remite, casi automáticamente, a gráficos y números; a complejos cálculos que un desfile de economistas tratan de resumir por televisión; a inflación, desabastecimiento, corridas bancarias, desempleo, pobreza. Esa, pues, es la fisonomía de una crisis en el imaginario colectivo latinoamericano.

Ahora bien, nada de eso ocurre realmente en Chile, sencillamente porque la crisis no es económica, sino estrictamente política e ideológica. Y esto debe ser tenido en cuenta a partir de las variables macroeconómicas que posicionan, no por nada, a Chile como el país más desarrollado de la región gracias al modelo que hoy precisamente se impugna: crecimiento promedio anual del 3,7 % en las tres últimas décadas, incremento del PIB per cápita de 4.000 a 28.000 dólares en las últimas cuatro décadas, reducción de la pobreza del 53 % al 6 % en ese mismo lapso, inflación actual virtualmente inapreciable, una movilidad social envidiable, caída del coeficiente de Gini desde los ’80 a hoy, etcétera.

Si en nuestro imaginario colectivo son las crisis económicas las que desatan las crisis políticas, ¿en qué medida una crisis política se desata si no es a través de una crisis económica? Fundamentalmente, a través de una crisis de legitimidad respecto de la totalidad del sistema. Y estas son, sin dudas, las crisis más corrosivas, porque no se solucionan con un nuevo plan económico o con una reforma puntual, sino con una reestructuración radical, o bien de las expectativas sociales respecto de esa totalidad, o bien con el derrumbamiento de la totalidad como paso previo para rearmar un nuevo sistema: y a eso es lo que llamamos, desde luego, revolución.

¿Hay una revolución, pues, en Chile? No en sentido estricto. Por ahora hay insurgencia y rebelión. La revolución es el paso siguiente, en el que las grietas del sistema interpelado se ensanchan de tal manera que toda la estructura termina de caer. Y eso, por el momento, no ha pasado. En términos marxistas, podríamos decir que lo que hoy vemos en Chile todavía acontece al nivel de la superestructura política, jurídica, cultural e ideológica, pero que está apuntando a dar un salto cualitativo hacia la estructura económica como fin último.

La peculiaridad de la actividad revolucionaria al nivel cultural es que demora en brindar frutos lo que demoran las generaciones en adoctrinarse. Y en Chile, claro está, la izquierda domina el sistema cultural (escuelas, universidades, medios de comunicación y farándula) desde hace muchos años ya. 
Personalmente, he dictado conferencias en colegios donde hacía algunos días habían estado enseñando las ideas de Antonio Gramsci dirigentes comunistas como Boric y Jackson, quienes a su vez han sido formados por Mouffe y Laclau en recurrentes visitas de estos a Chile. 
Estoy hablando, en el caso que me tocó vivenciar, de un colegio de clase alta del sur del país. Y personalmente, también, me tocó vivir al menos tres actos de censura en universidades chilenas, que cancelaron mis conferencias con menos de 24 horas de antelación.

Entiéndase lo que se quiere decir: si se advierte la composición sociocultural de los manifestantes chilenos, podrá advertirse que no estamos, en efecto, frente a una revolución proletaria ni mucho menos. Es el estudiantado de clase media, media alta y alta el que protagoniza la revuelta. Y la revuelta no es el fruto de crisis económica alguna, sino de una crisis de legitimidad del sistema que hizo de Chile el país más próspero de la región, que viene siendo cuidadosamente trabajada desde hace muchos años en aquellos que, por fin, están listos para salir al campo de batalla.

Ahora bien, la crisis política chilena no es simplemente una crisis de legitimidad, sino que además es el producto de un contexto político internacional bien preciso, en un momento en el que la izquierda populista se rearma en la región tras el punto de inflexión que significó la victoria de AMLO en México y el armado del llamado Grupo de Puebla.

Al respecto, existe una tendencia tan estúpida como infantil de considerar que toda variable geopolítica es parte de una “teoría de la conspiración”. Y es que la política no tiene que ver simplemente con urnas, votos, discursos y partidos políticos: esto es, en todo caso, lo que se ve de la política. Pero hay una dimensión de la política (quizás la más política de sus dimensiones) que no se coloca a la luz del día: servicios de inteligencia, infiltraciones, interceptaciones, carpetas reservadas, etcétera.

El éxito de la revuelta chilena descansa, precisamente, en su apariencia de “espontaneidad”. Sustraído de toda conexión política-internacional, de toda evaluación de intereses foráneos, de toda determinación de relaciones de fuerzas entre naciones, el conflicto chileno se define a sí mismo como la autodeterminación de un “pueblo” que “transversalmente” decidió “decir basta” (sin saber muy bien a qué). En otras palabras, el éxito de la revuelta descansa en la imbecilidad colectiva que gusta de épicas de cartón diseñadas para imbéciles.

“Vamos mejor de lo que pensábamos. Y todavía lo que falta. Estamos cumpliendo el plan. Foro de San Pablo, estamos cumpliendo el plan, ustedes me entienden”, decía Nicolás Maduro al ser señalado como responsable de la violencia en Ecuador y en Chile. Diosdado Cabello, por su parte, hablaba de la “brisa bolivariana que recorre la región”. 
Por eso mismo el Comunicado de la Secretaría General de la OEA del 16 de octubre de este año, que decía expresamente que “las actuales corrientes de desestabilización de los sistemas políticos del continente tienen su origen en la estrategia de las dictaduras bolivarianas y cubana, que buscan de nuevo reposicionarse”.

¿No entran a diario cientos de venezolanos a Chile, que huyen de la pobreza de su país? ¿Cuán difícil es meter venezolanos con “otro tipo” de intereses? ¿E incluso cubanos? ¿O acaso no son las fronteras chilenas tan porosas como Bachelet las dejó? Llegan, además, refuerzos de otros países. Los dirigentes del Frente de Izquierda de Argentina, Gabriel Solano y Romina Del Pla, por ejemplo, anunciaron en sus redes sociales que estaban viajando ahora mismo a Chile “para apoyar la rebelión del pueblo chileno”. 
Y a ello hay que sumar el movimiento indígena organizado, los grupos feministas, los lobbies LGBT y todos los movimientos sociales que la izquierda, con gran astucia, ha estado formando durante décadas a partir de la teoría de la hegemonía laclauniana.