miércoles, 27 de noviembre de 2019

ARDE LATINOAMÉRICA



Autor: Santiago MARTÍN, sacerdote

Católicos-on-line, noviembre 2019

El Santo Padre se encuentra ya en Japón en el momento en que escribo este artículo, pero no se sabe nada aún del mensaje que dirigirá a los pocos católicos japoneses y a ese pueblo en general. En su visita a Tailandia, país de abrumadora mayoría budista, ha insistido en el diálogo interreligioso para que las religiones sean causa de paz y no sean manipuladas por los políticos para justificar sus guerras. Una vez más ha alertado a los católicos contra el proselitismo, a la vez que les pedía que anunciaran el Evangelio a todos los hombres, como un regalo y no como una imposición. Esa es la diferencia entre proselitismo y evangelización: el uso de la violencia o de cualquier estrategia que fuerce a la persona a convertirse. En realidad, si alguna vez se hizo, hace ya muchísimo tiempo que está en desuso. La Iglesia no tiene poder alguno para exigir a nadie que se haga católico y no existe ningún misionero que condicione la ayuda social a la conversión. Desde luego, en Tailandia y en Japón ambas cosas son impensables.

Esta semana, además del viaje del Papa, ha sido noticia, triste noticia, el ataque que sufre la Iglesia en varios países latinoamericanos. Las protestas sociales, que forman parte de los derechos de las sociedades democráticas, se han transformado en violencia que, en algunos casos, ha incluido saqueos a templos preferentemente católicos. Las escenas de lo ocurrido en Chile han aterrorizado al continente y han servido para que todos entiendan por dónde pueden ir las cosas si los violentos se hacen con el poder. Pero no sólo ha sido la Iglesia chilena la víctima de la violencia, también la de Nicaragua ha probado en sus carnes el ataque de los paramilitares sandinistas; la catedral de Managua fue profanada y golpeados sin piedad el sacerdote y la religiosa que quisieron impedirlo; varias iglesias, en Masaya y en otras ciudades del país, también conocieron la violencia de las hordas comunistas. Porque hay que decirlo claramente: los que están detrás de todo esto son los comunistas y eso lo ha reconocido la OEA -Organización de Estados Americanos-, que ha admitido que Cuba y Venezuela han sido los que han instigado las revueltas en Chile y Ecuador. Mientras, en Bolivia han sido arrestados diplomáticos cubanos acusados de pagar a los que reclaman con violencia la vuelta de Evo Morales. Colombia no se ha quedado atrás y el jueves vivió una jornada de manifestaciones que, afortunadamente, fue pacífica en la mayor parte del país, menos en Bogotá y Cali, donde los radicales mostraron su poder.

Las legítimas reivindicaciones sociales y la necesidad de que se ponga fin a la corrupción, es manipulada por la extrema izquierda para derribar a Gobiernos que han sido elegidos en las urnas, como en Chile, Ecuador, Perú o Colombia. La Iglesia debe entender que, si bien hay que rechazar el capitalismo salvaje que tanto daño está haciendo, la solución no pasa por echarse en brazos del comunismo, como pretende la teología de la liberación. Lo que está pasando en Cuba, en Venezuela o en Nicaragua debería servir de lección a todos aquellos a los que de verdad les preocupa el bien del pueblo y no el triunfo de su ideología.

La Doctrina Social de la Iglesia, que rechaza tanto el comunismo como el capitalismo salvaje, es el camino, y los obispos deberían pedir a los Gobiernos que la aplicaran. Lo demás se está pagando ya muy caro y se puede llevar por delante la democracia en todo el continente.