pide al Principado de Mónaco ser un
laboratorio de la Doctrina Social de la Iglesia
Por Victoria
Cardiel
Aci Prensa, 28 de
marzo de 2026
León XIV pidió al
Principado de Mónaco que sea un laboratorio de la Doctrina Social de la
Iglesia, abogando por la redistribución de la riqueza, la ecología integral y
la defensa de la vida humana.
"Gracias a
una fe antigua serán, así, expertos en las cosas nuevas; no tanto persiguiendo los
bienes que pasan, a menudo novedades que envejecen en una temporada, cuanto
hallándose preparados de frente a desafíos sin precedentes, que sólo se
afrontan con un corazón libre y con una inteligencia iluminada", aseveró
el Pontífice en francés en su primer discurso.
El Pontífice citó
San Pablo VI que en el 75º aniversario de la encíclica de su predecesor, León
XIII, l Rerum novarum, reseñó que para caminar "se necesita la luz, para
promover un progreso social se necesita una doctrina […]; es el pensamiento el
que guía la vida".
Además, hizo
referencia al tamaño del país —Mónaco es el segundo país más pequeño del mundo,
después del Vaticano— y señaló que en la Biblia “los pequeños marcan la
historia”.
Del mismo modo,
aseveró que es necesario confiar en la providencia de Dios, “aun cuando
predomina el sentido de impotencia o de insuficiencia, porque nosotros creemos
que el Reino de Dios es semejante a una semilla minúscula que se convierte en
árbol”.
Antes de su
alocución, el Santo Padre recorrió las calles de Mónaco en un vehículo blindado
—donde le esperaban cientos de fieles con pequeñas banderas, tanto de Mónaco
como de la Ciudad del Vaticano— hasta llegar al Palacio del Príncipe.
Allí fue acogido
por el príncipe Alberto II, la princesa Charlène y sus dos hijos gemelos,
mientras una orquesta interpretaba los himnos nacionales.
Por otro lado,
también defendió que el modo de abordar los problemas típicos del Magisterio
social de la Iglesia es útil incluso en sociedades poco religiosas.
La gran luz del
Evangelio brilla incluso en sociedades poco religiosas
“Incluso en una
cultura poco religiosa, muy secularizada, el modo de abordar los problemas
típicos del Magisterio social puede revelar a nuestro tiempo —un tiempo en el
cual a muchas personas les resulta difícil esperar— la gran luz que viene del
Evangelio”, señaló el Pontífice
“La fe católica
—ustedes son de los pocos países del mundo que la tienen como religión de
Estado— nos sitúa ante la soberanía de Jesús, que compromete a los cristianos a
ser en el mundo un reino de hermanos y hermanas, una presencia que no aplasta,
sino que libera; que no separa, sino que une; dispuesta a proteger siempre con
amor toda vida humana, en cualquier momento y condición, para que nadie sea
excluido jamás de la mesa de la fraternidad”, dijo el Pontífice.
La Constitución
del Principado de Mónaco reconoce al catolicismo como religión de Estado, lo
que permitió que el príncipe Alberto II rechazara una ley que pretendía
legalizar el aborto en el principado, después de que el Consejo Nacional
aprobara una reforma para promulgar esta norma el pasado mes de mayo.
Alberto II
protagonizó un choque institucional e hizo valer sus prerrogativas
constitucionales, subrayando que su profunda fe católica y el reconocimiento oficial
de la religión en el principado le impedían rubricar una norma que por primera
vez despenalizaba el aborto en algunos supuestos.
El Santo Padre
también se refirió así a una de las características del Principado de Mónaco:
sus ventajas impositivas.
De hecho, este
pequeño país en el corazón de Europa está entre los países con mayor Producto
Interno Bruto (PIB) por habitante y una de sus notas más destacadas es que los
residentes monegascos no pagan impuestos sobre la renta.
En este sentido,
el Pontífice señaló que entre los habitantes del Principado de Mónaco “no pocos
ocupan cargos de considerable influencia en el ámbito económico y financiero” y
llamó a una redistribución justa de la riqueza.
“Cada talento,
cada oportunidad, cada bien depositado en nuestras manos tiene un destino
universal, una exigencia intrínseca de no ser retenido”, en el pequeño
Estado—uno de los países más ricos del mundo.
“Como Jesús
sugiere en la parábola de los talentos, cuánto nos ha sido confiado no debe
enterrarse, sino que debe ponerse en circulación y multiplicarse en el
horizonte del Reino de Dios”, insistió desde el balcón del Palacio del
Príncipe, residencia de la familia del príncipe Alberto II.
El Papa
–flanqueado por Alberto II de Mónaco y la princesa Charlène, vestida de blanco
y con mantilla– dejó claro que dicho horizonte “es más amplio que el horizonte
privado y no se refiere a un mundo utópico”.
“El Reino de Dios,
al que Jesús ha consagrado su vida, está cerca, porque está en medio de
nosotros y sacude las configuraciones injustas del poder, las estructuras de
pecado que excavan abismos entre pobres y ricos, entre privilegiados y
descartados, entre amigos y enemigos”, aseveró.
Así, León XIV
constató que el Principado “posee en su independencia una vocación al encuentro
y al cuidado de la amistad social, hoy amenazados por un ambiente generalizado
de cerrazón y autosuficiencia”.
“El don de la
pequeñez y una herencia espiritual viva comprometen su riqueza al servicio del
derecho y de la justicia, especialmente en un momento histórico en el que la
ostentación de la fuerza y la lógica de la prevaricación perjudican al mundo y
amenazan la paz”, aseveró finalmente el Papa.