viernes, 8 de mayo de 2026

NUEVA ERA

 

JESUCRISTO, PORTADOR DEL AGUA VIVA –

Una reflexión cristiana sobre la "Nueva Era"

Consejo Pontificio de la Cultura - Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso – 2003 (22 a.)

 

Estas reflexiones van dirigidas principalmente a los encargados de la labor pastoral a fin de que puedan explicar en qué difiere el movimiento Nueva Era de la fe cristiana. El estudio invita a los lectores a tener en cuenta la sed espiritual de muchas personas de nuestro tiempo, que la espiritualidad de la Nueva Era trata de colmar.

Es preciso reconocer que el atractivo que ejerce la Nueva Era sobre algunos cristianos puede deberse en parte a una falta de atención seria por parte de las propias comunidades cristianas respecto a temas que, en realidad, son elementosintegrantes de la síntesis católica. Tales son, por ejemplo, la importancia de la dimensión espiritual del hombre, integrada en el conjunto de su existencia, la búsqueda del sentido de la vida, la vinculación entre los seres humanos y el resto de la creación, el deseo de una transformación personal y social, y el rechazo de una visión racionalista y materialista de la humanidad.

 

Como dijo el Papa Juan Pablo II a un grupo de obispos de Estados Unidos: «Los pastores deben preguntarse sinceramente si han prestado suficiente atención a la sed del corazón humano en busca del "agua viva" que solo puede dar Cristo nuestro Redentor (cf. Jn 3, 7-13) ».

 

Estas reflexiones se refieren a la Nueva Era, que recibe su nombre de la inminente Era astrológica de Acuario.

La Nueva Era es uno de los muchos intentos de dar sentido a este momento histórico con que la cultura (especialmente la occidental) se ve bombardeada.

 Resulta difícil ver con claridad qué hay de compatible e incompatible respecto al mensaje cristiano. Por eso parece que es este el momento oportuno para ofrecer una valoración cristiana del pensamiento de la Nueva Era y del movimiento de la Nueva Era como conjunto.

Aunque gran parte de la Nueva Era es una reacción frente a la cultura contemporánea, en muchos aspectos se revela hija de esa misma cultura.

 El Renacimiento y la Reforma han configurado el individuo occidental moderno que se siente agobiado por cargas externas, como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas propias.

Con este culto a la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el terreno para una celebración de la sacralidad del yo.

Por eso la Nueva Era comparte muchos de los valores que propugnan la cultura de la empresa y el «evangelio de la prosperidad» así como la cultura del consumidor cuyo influjo puede verse claramente en el número cada vez mayor de personas que afirman que es posible conciliar el cristianismo y la Nueva Era, aceptando lo que les parece mejor de uno y otra.

 

Merece la pena recordar que las desviaciones en el seno del cristianismo también han superado el teísmo tradicional, al aceptar una vuelta unilateral al Yo, lo cual favorecería esta fusión de enfoques diferentes. Lo que importa señalar es que, en ciertas prácticas de la Nueva Era, Dios queda reducido a una prolongación del progreso del individuo.

 

Cuando se examinan muchas de las tradiciones de la Nueva Era, en seguida aparece claro que, en realidad, es poco lo que hay de lo nuevo en la Nueva Era

 El nombre parece haberse difundido a través de los rosacruces y la francmasonería en tiempos de las revoluciones francesa y americana. Sin embargo, la realidad que denota es una variante contemporánea del esoterismo occidental, que se remonta a los grupos gnósticos surgidos en los primeros tiempos del cristianismo y que se afianzaron en época de la Reforma en Europa.

Este gnosticismo se fue desarrollando junto con las nuevas visiones científicas del mundo y adquirió una justificación racional a lo largo de los siglos XVIII y XIX

 Implicaba un progresivo rechazo del Dios personal y se fue centrando en otras entidades que en el cristianismo tradicional figuraban como intermediarias entre Dios y la humanidad, con adaptaciones cada vez más originales de las mismas, e incluso añadiendo otras.

Una poderosa corriente de la cultura occidental moderna que ha contribuido a difundir las ideas de la Nueva Era es la aceptación general de la teoría evolucionista de Darwin. Esto, junto con una atención centrada en los poderes o fuerzas espirituales ocultas de la naturaleza, ha sido la columna vertebral de lo que hoy se conoce como teoría de la Nueva Era.

 En realidad, si la Nueva Era ha alcanzado un notable grado de aceptación ha sido porque la cosmovisión en que se basa ya estaba ampliamente aceptada.

 

El terreno estaba bien preparado por el crecimiento y la difusión del relativismo, junto con una antipatía o indiferencia hacia la fe cristiana.

Aun cuando se pueda admitir que la religiosidad de la Nueva Era, en cierto modo, responde al legítimo anhelo espiritual de la naturaleza humana es preciso reconocer que tales intentos se oponen a la revelación cristiana.

 En la cultura occidental en particular, es muy fuerte el atractivo de los enfoques «alternativos» a la espiritualidad.

Por otra parte, entre los católicos mismos, incluso en casas de retiro, seminarios y centros de formación para religiosos, se han popularizado nuevas formas de afirmación psicológica del individuo. Al mismo tiempo, hay una nostalgia y una curiosidad crecientes por la sabiduría y los rituales de antaño lo cual explica en parte el notable aumento de la popularidad del esoterismo y del gnosticismo.

 

Un discernimiento cristiano adecuado del pensamiento y de la práctica de la Nueva Era no puede dejar de reconocer que, como el gnosticismo de los siglos II y III, ésta representa una especie de compendio de posturas que la Iglesia ha identificado como heterodoxas. Juan Pablo II ha alertado respecto al «renacimiento de las antiguas ideas gnósticas en la forma de la llamada New Age.

 No debemos engañarnos pensando que ese movimiento pueda llevar a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo modo de practicar la gnosis, es decir, esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios, acaba por tergiversar Su Palabra sustituyéndola por palabras que son solamente humanas. La gnosis no ha desaparecido nunca del ámbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre con él, a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más a menudo con modalidades religiosas o pararreligiosas, con una decidida aunque a veces no declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano».

Un ejemplo de esto puede verse en el eneagrama, –un instrumento para el análisis caracterial según nueve tipos– que, cuando se utiliza como medio de desarrollo personal, introduce ambigüedad en la doctrina y en la vivencia de la fe cristiana.(centro Manresa, y casa de la catequesis)

El éxito de la Nueva Era presenta un desafío a la Iglesia. Muchos piensan que la religión cristiana ya no les ofrece –o tal vez nunca les proporcionó– algo que necesitaran realmente. La búsqueda que con frecuencia conduce a una persona a la Nueva Era/ es un anhelo auténtico: de una espiritualidad más profunda, de algo que les toque el corazón, de un modo de hallar sentido a un mundo confuso y a menudo alienante.

Hay algo de positivo en las críticas que la Nueva Era dirige al «materialismo de la vida cotidiana, de la filosofía e incluso de la medicina y de la psiquiatría;/ al reduccionismo, que se niega a tener en cuenta las experiencias religiosas y sobrenaturales, a la cultura industrial de un individualismo desenfrenado, que inculca el egoísmo y se despreocupa de los demás, del futuro y del medio ambiente».

Si no queremos que la Iglesia sea acusada de permanecer sorda a los anhelos de los hombres, sus miembros deben hacer dos cosas/ afianzarse con mayor firmeza aún en los fundamentos de su fe /y escuchar el clamor, con frecuencia silencioso, del corazón de los hombres, que les lleva a alejarse de la Iglesia cuando no encuentran en ella respuestas satisfactorias. En todo ello hay también una llamada a

acercarse a Jesucristo y a estar dispuestos a seguirle, ya que Él es el verdadero camino hacia la felicidad, la verdad sobre Dios y la plenitud de vida para cuantos estén dispuestos a responder a su amor.

La eficacia pastoral de la Iglesia en el tercer milenio depende en gran medida de la preparación de comunicadores eficaces del mensaje evangélico.

se usa con frecuencia el término «cambio de paradigma”

 A veces, claramente se presupone que tal cambio no sólo es deseable, sino inevitable.

La popularizó Thomas Kuhn, historiador americano de la ciencia, que concibió el paradigma como «la constelación entera de creencias, valores, técnicas, etc., compartidos por los miembros de una comunidad».

Cuando se produce un desplazamiento de un paradigma a otro, se trata de una transformación en bloque de la perspectiva más que de un desarrollo gradual:

 en realidad, es una revolución. Kuhn puso de relieve que los paradigmas rivales son inconmensurables y no pueden coexistir.

Por eso, afirmar que un cambio de paradigma en el ámbito de la religión y de la espiritualidad/ es simplemente una manera nueva de formular las creencias tradicionales,/ constituye un error. Lo que sucede en realidades un cambio radical de cosmovisión, que pone en entredicho no sólo el contenido,

Fenómenos tan diversos como el Feng Shui /representan una diversidad de estilos que ilustran la importancia de estar en sintonía con la naturaleza y el cosmos

Las acciones humanas son fruto de la iluminación o de la ignorancia. En la Nueva Era no existe distinción entre el bien y el mal.

 

De aquí que no podamos condenar a nadie, y que nadie tenga necesidad de perdón.

 

Los temas básicos de la cultura esotérica también están presentes en los ámbitos de la política, la educación y la legislación. Esto se aplica especialmente a la ecología. Su fuerte acentuación del biocentrismo niega la visión antropológica de la Biblia, según la cual el hombre es el centro del mundo por ser cualitativamente superior a las demás

formas de vida natural.

El ecologismo desempeña hoy un papel destacado en la legislación y en la educación, a pesar de que de este modo infravalora al ser humano. La misma matriz cultural esotérica puede hallarse en la teoría ideológica subyacente a la política de control de la natalidad y los experimentos de ingeniería genética, que parecen expresar el sueño humano de re-crearse a sí mismos

 Se espera lograr este sueño descifrando el código genético, alterando las reglas naturales de la sexualidad y desafiando los límites de la muerte.

 

El libro de James Lovelock sobre la hipótesis Gaia /afirma que «todo el ámbito de la materia viva de la tierra, desde las ballenas hasta los virus y desde los robles hasta las algas, podría considerarse como una única entidad viviente, capaz de manipular la atmósfera de la tierra para adaptarla a sus necesidades generales y dotada de facultades y poderes que superan con mucho los de sus partes constitutivas».

 

Para algunos, la hipótesis Gaia es «una extraña síntesis de individualismo y colectivismo.

Parece como si la Nueva Era, tras haber arrancado a las personas de la política fragmentaria, estuviera deseando arrojarlas a la gran marmita de la mente global». El cerebro global necesita instituciones con las cuales gobernar, en otras palabras, un gobierno mundial

«Para afrontar los problemas de hoy día, la Nueva Era sueña con una aristocracia espiritual al estilo de la República de Platón, dirigida por sociedades secretas...».

****

Para concluir:

Uno de los instrumentos más útiles de que disponemos es el

Catecismo de la Iglesia Católica. Tenemos también una inmensa herencia de caminos de santidad en las vidas de los cristianos del pasado y del presente.

 Allí donde el rico simbolismo cristiano, sus tradiciones artísticas, estéticas y musicales es desconocido o ignorado, los cristianos han de realizar una enormelabor en beneficio propio y, en definitiva, de todos aquellos que buscan una experiencia o una mayor conciencia de la presencia de Dios.

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

MUERTOS CIVILES


La Prensa, 04.05.2026

 

Señor Director:

 

El Jefe del Estado Mayor del Ejército acaba de disponer, mediante una simple resolución basada en hechos ocurridos hace 50 años, la baja de 34 oficiales del Ejército, condenados y presos en las causas denominadas de “lesa humanidad”.

 

Hay condenas que no figuran en sentencia alguna, pero que se imponen y ejecutan con una eficacia implacable. La baja de 34 militares -presentada como un acto administrativo más- encierra una forma de muerte jurídica: la conversión de personas en “muertos civiles”. El derecho civil enseña que la persona se define por ciertos atributos esenciales: nombre, capacidad, domicilio, estado civil, patrimonio y nacionalidad. No es una enumeración caprichosa; es la estructura misma de la personalidad jurídica. Quitar uno de esos pilares no es un detalle técnico: es despojar a alguien de una parte de su humanidad. Y no se trata aquí de una poda menor, sino de la inicua confiscación del patrimonio de personas que han hecho aportes durante 40, 50 o más años, dejándolas sin sustento en la etapa más vulnerable de sus vidas.

 

A la supresión del haber de retiro se añade, en muchos casos, la pérdida de los servicios de la obra social. Es decir, se los priva no sólo de los recursos para vivir, sino también del cuidado de su salud cuando más lo necesitan. La vejez, que debería ser tiempo de amparo, se convierte así en brutal condena a vivir a la intemperie.

 

Frente a esto, la solución institucional oscila entre la frialdad burocrática y una ironía difícil de digerir. Un abogado del IAF, ante el reclamo de un militar despojado de su retiro, sostuvo que éste “pretende vivir cómodamente en su hogar pudiendo hacerlo en el sistema carcelario”, sugiriendo incluso que “bien podría el actor volver al sistema carcelario”, en vez de insistir en su derecho. La respuesta no sólo es de una refinada crueldad, sino que revela una concepción en la que el castigo no tiene límite ni proporción, como si la pena nunca fuera suficiente y su finalidad la anulación total de la persona.

 

Esto, en verdad, no es derecho ni justicia. La ley 19.101, en su artículo 20, prevé consecuencias para el personal militar condenado, pero su aplicación no puede desentenderse de principios elementales: la razonabilidad de las sanciones, la protección de derechos adquiridos, la dignidad humana. Este artículo establece que “la baja se produce por… condena emanada de tribunales comunes o federales, a penas equivalentes a las que en el orden militar lleven como accesoria la destitución”. Pero esa equivalencia hoy es, sencillamente, inexistente. El Código de Justicia Militar fue derogado, y con él desapareció el parámetro normativo al que la ley remite. Se aplica así una consecuencia grave apoyándose en una referencia que ya no tiene contenido jurídico real. La norma se invoca, pero su presupuesto ha sido vaciado. Y en ese vacío, lo que debería ser derecho se convierte en discrecionalidad.

 

En este escenario el desempeño de los jueces resulta decisivo. Sin embargo, lejos de erigirse como un límite frente a estos excesos, demasiadas veces optan por la comodidad de convalidarlos. Y no se trata de pedirles que actúen con heroísmo, sino de algo elemental, esto es, la voluntad de aplicar el derecho sin temor ni oportunismo. Cuando eso falta, la ley deja de ser un refugio para convertirse en un instrumento de demolición.

 

La paradoja es evidente. En un extremo, personas que dedicaron su vida al cuidado y defensa de la nación, se ven privadas por el Estado de sus medios de subsistencia y de la cobertura de su salud. En el otro, quienes integraron organizaciones terroristas que atentaron contra esa misma nación, reciben indemnizaciones millonarias.

 

Ese mismo Estado es el que ahora los da de baja del Ejército, humillándolos hasta el extremo, además de dejarlos en la indigencia. Todo ello después de haberlos mantenido encarcelados durante años, víctimas del escandaloso prevaricato en que incurrieron a mansalva jueces cobardes y corruptos, ejecutores de una política de odio y venganza como no se ha visto en ningún país civilizado, para vergüenza de los argentinos.

 

ALBERTO SOLANET Y JUAN ANTONIO VERGARA DEL CARRIL

 

(Presidente y Secretario -respectivamente- de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia)

lunes, 4 de mayo de 2026

MALVINAS

 

De la negociación frustrada al conflicto armado

 

Por Gabriel Camilli

La Prensa, 03.05.2026

 

El conflicto del Atlántico Sur de 1982 no constituye un episodio aislado, sino la culminación de un proceso histórico de larga duración. Este trabajo propone una reconstrucción analítica en dos niveles: un ciclo estructural (1833–1973), caracterizado por la evolución del reclamo argentino y las condiciones internacionales, y un ciclo decisional (1973–1982), interpretado a partir del testimonio del Licenciado José Enrique García Enciso.

Se sostiene que la guerra emerge como consecuencia del cierre de una ventana de negociación y de la adopción de un enfoque estratégico orientado a forzar una mediación internacional.

 

INTRODUCCION

La literatura sobre el conflicto de las Islas Malvinas ha tendido a concentrarse en los eventos inmediatos de 1982, privilegiando explicaciones de corto plazo basadas en decisiones políticas o errores de cálculo. Sin embargo, una perspectiva histórica más amplia permite identificar la guerra como el resultado de una secuencia prolongada de interacciones diplomáticas, transformaciones del sistema internacional y percepciones estratégicas acumuladas.

 

Desde la ocupación británica de las Islas Malvinas de 1833, la República Argentina sostuvo un reclamo persistente de soberanía. Durante más de un siglo, dicho reclamo se desarrolló en condiciones de asimetría estructural, sin que el Reino Unido aceptara discutir la cuestión de fondo (1).

La situación comenzó a modificarse en el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial, con la consolidación del sistema multilateral y el proceso de descolonización impulsado por la Organización de las Naciones Unidas.

 

EL CICLO ESTRUCTURAL (1833–1973) – DEL RECLAMO BILATERAL A LA INTERNACIONALIZACION

La adopción de la Resolución 1514 (XV) por la Asamblea General de la ONU en 1960 constituyó un punto de inflexión en el tratamiento de las cuestiones coloniales (2). Este instrumento no solo estableció la ilegitimidad del colonialismo, sino que introdujo una tensión normativa entre los principios de autodeterminación de los pueblos e integridad territorial.

En este nuevo marco, la cuestión Malvinas fue incorporada a la agenda internacional, lo que condujo a la adopción de la Resolución 2065 de la ONU en 1965. Esta resolución reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e instó a ambas partes a entablar negociaciones (3).

 

LA VENTANA DE NEGOCIACION (1965–1973)

Entre 1965 y 1973 se desarrolló un período caracterizado por la existencia de negociaciones bilaterales sostenidas. Durante esta etapa, se exploraron diversas alternativas de solución, incluyendo fórmulas de transferencia gradual de soberanía, mecanismos de administración compartida y esquemas innovadores como el “leasing”.

Asimismo, se implementaron políticas de acercamiento destinadas a integrar funcionalmente a las islas con el continente, lo que reflejaba un enfoque pragmático orientado a generar condiciones favorables para una solución negociada (4).

Este período constituye, en términos analíticos, una ventana de oportunidad en la que la resolución pacífica del conflicto parecía factible.

 

EL PUNTO DE INFLEXION (1973–1974)

A partir de 1973, una serie de transformaciones alteró significativamente el escenario: la crisis energética internacional incrementó el valor estratégico del Atlántico Sur, el Reino Unido comenzó a redefinir sus intereses en la región, y los habitantes de las islas adquirieron mayor relevancia en la formulación de la política británica.

En este contexto, la propuesta de “leasing” considerada durante el gobierno de Juan Domingo Perón representó el último intento concreto de solución negociada. Su abandono posterior marcó el cierre de la etapa iniciada en 1965 (5).

 

EL CICLO DECISIONAL (1973–1982): UNA LECTURA DESDE GARCIA ENCISO

El testimonio del Lic. José Enrique García Enciso -integrante de un equipo de análisis estratégico en la Presidencia argentina a comienzos de la década de 1980- resulta particularmente relevante para comprender las percepciones que orientaron la toma de decisiones en la etapa final.

Según su relato, hacia 1981 se había consolidado en los niveles decisorios una convicción central: el Reino Unido no estaba dispuesto a negociar la soberanía bajo ninguna circunstancia (6).

 

Esta percepción se apoyaba en diversos factores: El fracaso reiterado de las gestiones diplomáticas, la negativa británica a incluir la soberanía en la agenda ,y la creciente centralidad del principio de autodeterminación.

El caso de Belice, donde el Reino Unido promovió un proceso de autodeterminación, fue interpretado como un precedente potencialmente aplicable a Malvinas, lo que reforzó la idea de un bloqueo estructural del reclamo argentino.

 

EL CAMBIO ESTRATEGICO: DE LA NEGOCIACION AL HECHO CONSUMADO

En este contexto, la dirigencia argentina adoptó un giro conceptual significativo. La estrategia dejó de orientarse a la negociación progresiva y pasó a centrarse en la generación de una crisis que alterara las condiciones existentes.

De acuerdo con García Enciso, el objetivo era producir un “hecho” que obligara a la intervención de actores internacionales y forzara una instancia de mediación (7). Este enfoque se tradujo en el diseño de un plan de contingencia para 1982.

Sin embargo, la dinámica de los acontecimientos -particularmente el incidente en las Georgias del Sur y la respuesta británica- precipitó la decisión de adelantar la operación. El 2 de abril de 1982, la Argentina ocupó las islas, iniciando una nueva fase del conflicto.

 

DE LA CRISIS A LA GUERRA

Los intentos de mediación internacional, encabezados por el secretario de Estado estadounidense Alexander Haig, fracasaron en un contexto de rápida alineación del sistema internacional en favor del Reino Unido.

El inicio de las operaciones militares británicas el 1 de mayo, incluyendo la Operación Black Buck, marcó el pasaje definitivo a la guerra abierta.

El hundimiento del ARA General Belgrano por el submarino HMS Conqueror el 2 de mayo constituyó un punto de no retorno, al clausurar las posibilidades inmediatas de negociación (8).

 

CONCLUSION

El análisis desarrollado permite sostener que la guerra de 1982 debe ser entendida como el resultado de un proceso histórico en el que confluyeron factores estructurales y decisiones estratégicas.

El cierre de la ventana de negociación abierta entre 1965 y 1973, combinado con la percepción de un bloqueo definitivo por parte del Reino Unido, condujo a la adopción de una estrategia orientada a modificar la situación mediante un hecho consumado.

En este sentido, la guerra no constituye el origen del conflicto, sino su expresión más aguda: una instancia en la que la lógica diplomática fue sustituida por la lógica de la coerción.

 

(1) Escudé, Carlos. Foreign Policy Theory in Menem's Argentina. Gainesville: University Press of Florida, 1997.

(2) Resolución 1514 (XV) de la ONU, Asamblea General, 1960.

(3) Resolución 2065 de la ONU, Asamblea General, 1965.

(4) Freedman, Lawrence y Virginia Gamba-Stonehouse. Signals of War: The Falklands Conflict of 1982. Princeton University Press, 1991.

(5) Gustafson, Lowell S. The Sovereignty Dispute over the Falkland (Malvinas) Islands. Oxford University Press, 1988.

(6) García Enciso, José Enrique. Testimonio en disertación sobre el proceso decisional argentino previo al conflicto de 1982.

(7) Ibíd.

(8) Freedman, Lawrence. The Official History of the Falklands Campaign. Routledge, 2005.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

NEGOCIAR CON TEHERÁN


 el problema no es Trump

 

Por Jorge Martínez Barrera

La Prensa, 03.05.2026

 

Criticar a Donald Trump es, hoy por hoy, un ejercicio casi automático en ciertos círculos. Él mismo no contribuye demasiado a suavizar esa inclinación: en medio de negociaciones con Irán, llegó a declarar que le daba lo mismo alcanzar o no un acuerdo. La frase desconcierta. Pero la pregunta relevante no es si se trata de una excentricidad más, sino si hay en ella un cálculo que no todos están viendo. Para responderla conviene partir por el tipo de adversario que enfrenta EE.UU.

 

CUNA DEL TERRORISMO

Irán es actualmente la cuna del terrorismo mundial. Éste, a diferencia del de los años 70 del siglo pasado, que era político, es un terrorismo abiertamente religioso. La consigna actual no es “¡Viva la revolución!”, o “¡Socialismo o muerte!”, sino “Allahuh akbar!” Esto conlleva toda una redefinición de fines y medios, que se hace más visible en la modalidad contemporánea de la Yihad islámica, la guerra santa, ya prescrita en numerosas aleyas coránicas. Allí se manda subyugar a los infieles por la vía violenta en caso de que no lo hagan pacíficamente.

En realidad, el mandato coránico, según entienden los ayatolás, es el de someter a los infieles por las buenas o por las malas, pero someterlos al fin. De hecho, la palabra “Islam” significa eso en árabe: sumisión.

 

Como es sabido, las dos grandes ramas contemporáneas del Islam son la sunita y la chiíta. Esta segunda es minoritaria; no se sabe a ciencia cierta cuántos chiítas hay, pero se estima que alrededor del 10% de los musulmanes lo son.

 

ENGAÑAR A UN ADVERSARIO

Y ahora viene el segundo asunto que convendría considerar para entender las especiales características de esta guerra. Se trata de algo habitualmente pasado por alto en los análisis públicos. Me refiero a la práctica llamada “Taqiyya”, que significa “disimulación”, “prudencia”, incluso “engaño”. Es lícito engañar a un adversario en contextos de hostilidad o cuando la supervivencia del musulmán está amenazada.

El creyente no será culpable a los ojos de Alá si niega su fe bajo coacción extrema, siempre y cuando en el interior de su corazón se mantenga firme en la creencia.

 

Ahora bien, esta práctica es central en el chiísmo debido a la historia de persecución sufrida por esta minoría. En el Islam sunita la “Taqiyya” es mucho menos frecuente, aunque doctrinalmente también es aceptada. Así entonces, la doctrina de la “Taqiyya”, sumada al historial de incumplimientos del régimen, genera una barrera de desconfianza racional para cualquier negociador occidental ¿Qué garantías tendría entonces EE. UU. de estar en una negociación sincera con un adversario que tiene demasiados problemas en su propio frente interno, y cuyo líder estaría gravemente desfigurado y herido? Muy pocas tal vez. Difícilmente Paquistán podría ser un garante de confianza: ese país, si bien no es mayoritariamente chiíta, sí comparte con los iraníes la animosidad contra Israel.

 

A todo esto se suma la situación interna del régimen iraní, marcada por protestas sociales reprimidas con dureza, por una creciente fragilidad política y por un deterioro escandaloso de su economía. En este escenario, las negociaciones externas pueden cumplir también una función instrumental: ganar tiempo o aliviar presiones, más que alcanzar acuerdos sustantivos.

 

El problema adquiere otra dimensión cuando se considera el programa nuclear iraní. La negativa a someterse plenamente a las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica y la insistencia en mantener capacidades de enriquecimiento de uranio refuerzan la percepción de que el objetivo estratégico no es negociable. Y si ese objetivo se vincula con una visión religiosa del poder, el margen para la diplomacia tradicional se reduce considerablemente.

 

CUALQUIER MEDIO VALE

Para volver al asunto central, EE. UU. enfrenta a un adversario cuyo objetivo como país y cuya política de Estado son religiosos, ya mencionados más arriba: someter al mundo al Islam. Por las buenas o las malas. Y para eso, cualquier medio vale. Naturalmente, si se tratase de armamento tradicional, el asunto tendría otros matices. Pero Irán está trabajando activamente para poseer armamento nuclear, y no está demasiado lejos de obtenerlo. Éste es el punto innegociable mencionado por los iraníes en el reciente diálogo fallido. Ellos han rechazado las últimas inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) encargado de monitorear, justamente, que el enriquecimiento de uranio no sobrepase el límite que permite los usos pacíficos.

 

En suma, si el objetivo religioso es la islamización del mundo y la herramienta táctica es la disimulación (Taqiyya), ¿de qué serviría un papel firmado en Ginebra o Islamabad? Mientras la OIEA siga encontrando puertas cerradas, la “locura” de Trump no parece un capricho, sino la única respuesta lógica ante un adversario que no juega con las reglas de la diplomacia occidental, sino con las de la supervivencia teocrática.

domingo, 3 de mayo de 2026

SOBRE LA DERROTA DE ORBÁN


POR IGNACIO BRACHT (*)

La Prensa, 03.05.2026

 

Sin duda que 16 años en el gobierno, democráticamente elegido, valga destacar, es mucho tiempo, donde el desgaste de ejercer el poder se hace sentir. Es el caso de Viktor Orbán, premier de Hungría que acaba de ser derrotado por un antiguo miembro de su partido, Peter Magyar.

 

Ahora bien, lo que llama la atención es el coro de voces que se han levantado para celebrar su derrota. Alex Soros, hijo del magnate plutócrata George Soros, patrocinador y financista de Planed Parenthood, la multinacional del aborto, además de sponsor de todas las fuerzas políticas que se enfrentaron a Orbán en estos últimos 16 años, se manifestó complacido por el triunfo de la "democracia"; Barak Obama, Emmanuel Macron, y no podía faltar Pedro Sanchez, quien esta sumido en un marasmo de corrupción y se ha cargado la democracia española al mejor estilo chavista, violentando la división de poderes, cooptando casi todas las instituciones de control del estado, en permanente alianza con los enemigos de la Nación española; fue otro que manifestó su algarabía con la derrota de Orbán. Curiosamente, o no tanto, ya que populares y socialistas votan unidos en el parlamento europeo, Alberto Nuñez Feijoo, cabeza del "opositor" Partido Popular, se sumó a la tribuna de los alegrados por el triunfo de Magyar.

 

Y qué decir de la presidente de la Unión Europea, Ursula von der Leyden, enemiga declarada de Orbán, quien durante años bloqueó los fondos que le corresponden a Hungría como miembro de la UE, y excluyó a las universidades húngaras del financiamiento europeo del programa Erasmus, creado para tal fin.

 

HOSTILIDAD

 

 Viktor Orbán viene siendo hostigado desde que llegó a la presidencia por todos los representantes de las más rancias elites del globalismo woke. Desde ser acusado de autócrata hasta socio de Vladimir Putin, cuando Orbán en el conflicto Ucrania - Rusia sólo ha buscado defender la integridad húngara, habiéndose reunido en varias ocasiones tanto con Zelenski como con Putin, buscando un acuerdo de paz, algo que no le perdonaron las elites belicistas de la Unión Europea.

 

En política interna defendió el derecho a la vida frente a los promotores del crimen "politicamente correcto" del aborto; impidió la inmigración ilegal masiva africana y asiática, algo que hoy es una realidad dramática en casi toda Europa occidental, fomentada por los que hoy quieren la "sustitución" de la tradición cristiana, piedra basal de Occidente, lo que le valió acusaciones de xenófobo y racista, por el globalismo disolvente.

 

Mientras Orbán fue demonizado, se ha silenciado con perfidia que durante su gestión se creó una Secretaría de Estado para dar acogida y asilo a todos los cristianos de Oriente Medio,  que  son perseguidos por profesar su Fe. Ha enfrentado todas las variantes de la “ideología de género”, tan deletérea y nociva, en particular para los niños en edad escolar y adolescentes, buscando de este modo preservar los valores cristianos, la identidad nacional de la tradición magyar, algo que la Europa y sus burocracias globalistas del poder, pretenden erradicar, borrando sus raíces fundacionales.

 

Acusado de antidemocrático de manera permanente, reconoció su derrota al cierre de los comicios y felicitó al ganador, que vaya paradoja, a los tres días del triunfo anunció "democráticamente" su intención de cerrar todos los medios de comunicación públicos por no aceptar sus opiniones ni la línea editorial. Vaya declaración de principios de un paladín de la democracia frente al autócrata.

 

LAS ELITES

 

La derrota de Orbán ha envalentonado a las elites globalistas, sean de derecha o izquierda, si es que podemos diferenciarlas, para tomar impulso contra las fuerzas soberanistas que se resisten y enfrentan el ukase globalista y su poder.

 

Así vemos la andanada contra Vox en España, Meloni en Italia, Le Pen en Francia, donde pende la proscripción, o la velada amenaza de prohibir a Alternativa Por Alemania, aterrados por su imparable crecimiento. El año pasado en Rumania se cometió un barbarismo constitucional al no dejar asumir la ganador de las elecciones, por ser un soberanista anti Bruselas, hecho que no despeinó a ningún "demócrata".

 

En resumen, el poder mundialista se ha cobrado una victoria en Hungría y toma aire para avanzar en otros países. De conseguirlo, Europa como cuna de la civilización occidental y de la libertad, estará acabada para siempre. No nos equivocamos al creer que la resistencia lo impedirá. A Peter Magyar habrá que verlo caminar.

 

Con errores y aciertos, Orbán defendió la identidad húngara y sus decisiones soberanas frente a los sostenidos embates de Bruselas, brazo ejecutor de las políticas globalistas.

 

Por los que se han sumado a festejar su derrota, ya con esa muestra lo vale, es que hoy rompemos una lanza en su defensa.

 

(*) Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia; Miembro de Número de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación y Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo.