JESUCRISTO, PORTADOR DEL AGUA VIVA –
Una reflexión cristiana sobre la "Nueva Era"
Consejo Pontificio
de la Cultura - Consejo Pontificio para el diálogo interreligioso – 2003 (22 a.)
Estas reflexiones
van dirigidas principalmente a los encargados de la labor pastoral a fin de que
puedan explicar en qué difiere el movimiento Nueva Era de la fe cristiana. El
estudio invita a los lectores a tener en cuenta la sed espiritual de muchas
personas de nuestro tiempo, que la espiritualidad de la Nueva Era trata de
colmar.
Es preciso
reconocer que el atractivo que ejerce la Nueva Era sobre algunos cristianos
puede deberse en parte a una falta de atención seria por parte de las propias comunidades
cristianas respecto a temas que, en realidad, son elementosintegrantes de la
síntesis católica. Tales son, por ejemplo, la importancia de la dimensión
espiritual del hombre, integrada en el conjunto de su existencia, la búsqueda
del sentido de la vida, la vinculación entre los seres humanos y el resto de la
creación, el deseo de una transformación personal y social, y el rechazo de una
visión racionalista y materialista de la humanidad.
Como dijo el Papa
Juan Pablo II a un grupo de obispos de Estados Unidos: «Los pastores deben preguntarse sinceramente si han prestado suficiente
atención a la sed del corazón humano en busca del "agua viva" que
solo puede dar Cristo nuestro Redentor (cf. Jn 3, 7-13) ».
Estas reflexiones
se refieren a la Nueva Era, que recibe su nombre de la inminente Era astrológica de Acuario.
La Nueva Era es
uno de los muchos intentos de dar sentido a este momento histórico con que la
cultura (especialmente la occidental) se ve bombardeada.
Resulta difícil ver con claridad qué hay de
compatible e incompatible respecto al mensaje cristiano. Por eso parece que es
este el momento oportuno para ofrecer una valoración cristiana del
pensamiento de la Nueva Era y del movimiento de la Nueva Era como conjunto.
Aunque gran parte
de la Nueva Era es una reacción frente a la cultura contemporánea, en muchos
aspectos se revela hija de esa misma cultura.
El Renacimiento y la Reforma han configurado
el individuo occidental moderno que se siente agobiado por cargas externas,
como la autoridad meramente extrínseca y la tradición. Hay muchos que sienten
cada vez menos la necesidad de «pertenecer» a las instituciones (pese a lo
cual, la soledad sigue siendo en gran medida un azote de la vida moderna), y no
se inclinan a dar a las opiniones «oficiales» mayor valor que a las suyas
propias.
Con este culto a
la humanidad, la religión se interioriza, de manera que se va preparando el
terreno para una celebración de la sacralidad del yo.
Por eso la Nueva
Era comparte muchos de los valores que propugnan la cultura de la empresa y el
«evangelio de la prosperidad» así como la cultura del consumidor cuyo influjo
puede verse claramente en el número cada vez mayor de personas que afirman que
es posible conciliar el cristianismo y la Nueva Era, aceptando lo que les
parece mejor de uno y otra.
Merece la pena
recordar que las desviaciones en el seno del cristianismo también han superado
el teísmo tradicional, al aceptar una vuelta unilateral al Yo, lo cual
favorecería esta fusión de enfoques diferentes. Lo que importa señalar es que, en ciertas prácticas de la Nueva Era, Dios
queda reducido a una prolongación del progreso del individuo.
Cuando se examinan
muchas de las tradiciones de la Nueva Era, en seguida aparece claro que, en
realidad, es poco lo que hay de lo nuevo en la Nueva Era
El nombre parece haberse difundido a través de
los rosacruces y la francmasonería en
tiempos de las revoluciones francesa y americana. Sin embargo, la realidad que
denota es una variante contemporánea del esoterismo occidental, que se remonta
a los grupos gnósticos surgidos en los primeros tiempos del cristianismo y que
se afianzaron en época de la Reforma en Europa.
Este gnosticismo
se fue desarrollando junto con las nuevas visiones científicas del mundo y
adquirió una justificación racional a lo largo de los siglos XVIII y XIX
Implicaba un progresivo rechazo del Dios
personal y se fue centrando en otras entidades que en el cristianismo
tradicional figuraban como intermediarias entre Dios y la humanidad, con
adaptaciones cada vez más originales de las mismas, e incluso añadiendo otras.
Una poderosa corriente de la cultura occidental
moderna que ha contribuido a difundir las ideas de la Nueva Era es la
aceptación general de la teoría evolucionista de Darwin. Esto, junto con una
atención centrada en los poderes o fuerzas espirituales ocultas de la
naturaleza, ha sido la columna vertebral de lo que hoy se conoce como
teoría de la Nueva Era.
En realidad, si la Nueva Era ha alcanzado un
notable grado de aceptación ha sido porque la cosmovisión en que se basa ya
estaba ampliamente aceptada.
El terreno estaba bien preparado por el crecimiento y
la difusión del relativismo, junto con una antipatía o indiferencia hacia la fe
cristiana.
Aun cuando se
pueda admitir que la religiosidad de la Nueva Era, en cierto modo, responde al
legítimo anhelo espiritual de la naturaleza humana es preciso reconocer que tales intentos se oponen a la revelación
cristiana.
En la cultura occidental en particular, es muy
fuerte el atractivo de los enfoques «alternativos» a la espiritualidad.
Por otra parte,
entre los católicos mismos, incluso en
casas de retiro, seminarios y centros de formación para religiosos, se han popularizado
nuevas formas de afirmación psicológica del individuo. Al mismo tiempo, hay una
nostalgia y una curiosidad crecientes por la sabiduría y los rituales de antaño lo cual explica en parte el notable
aumento de la popularidad del esoterismo y del gnosticismo.
Un discernimiento
cristiano adecuado del pensamiento y de la práctica de la Nueva Era no puede
dejar de reconocer que, como el gnosticismo de los siglos II y III, ésta
representa una especie de compendio de
posturas que la Iglesia ha identificado como heterodoxas. Juan Pablo II ha
alertado respecto al «renacimiento de las antiguas ideas gnósticas en la forma
de la llamada New Age.
No debemos engañarnos pensando que ese
movimiento pueda llevar a una renovación de la religión. Es solamente un nuevo
modo de practicar la gnosis, es decir,
esa postura del espíritu que, en nombre de un profundo conocimiento de Dios,
acaba por tergiversar Su Palabra
sustituyéndola por palabras que son solamente humanas. La gnosis no ha
desaparecido nunca del ámbito del cristianismo, sino que ha convivido siempre
con él, a veces bajo la forma de corrientes filosóficas, más a menudo con
modalidades religiosas o pararreligiosas, con una decidida aunque a veces no
declarada divergencia con lo que es esencialmente cristiano».
Un ejemplo de esto
puede verse en el eneagrama, –un
instrumento para el análisis caracterial
según nueve tipos– que, cuando se utiliza como medio de desarrollo
personal, introduce ambigüedad en la doctrina y en la vivencia de la fe
cristiana.(centro Manresa, y casa de la catequesis)
El éxito de la
Nueva Era presenta un desafío a la Iglesia. Muchos piensan que la religión
cristiana ya no les ofrece –o tal vez nunca les proporcionó– algo que
necesitaran realmente. La búsqueda que con frecuencia conduce a una persona a
la Nueva Era/ es un anhelo auténtico: de una espiritualidad más profunda, de
algo que les toque el corazón, de un modo de hallar sentido a un mundo confuso
y a menudo alienante.
Hay algo de
positivo en las críticas que la Nueva Era dirige al «materialismo de la vida
cotidiana, de la filosofía e incluso de la medicina y de la psiquiatría;/ al
reduccionismo, que se niega a tener en cuenta las experiencias religiosas y
sobrenaturales, a la cultura industrial de un individualismo desenfrenado, que
inculca el egoísmo y se despreocupa de los demás, del futuro y del medio
ambiente».
Si no queremos que
la Iglesia sea acusada de permanecer sorda a los anhelos de los hombres, sus
miembros deben hacer dos cosas/ afianzarse con mayor firmeza aún en los
fundamentos de su fe /y escuchar el clamor, con frecuencia silencioso, del
corazón de los hombres, que les lleva a alejarse de la Iglesia cuando no
encuentran en ella respuestas satisfactorias. En todo ello hay también una
llamada a
acercarse a
Jesucristo y a estar dispuestos a seguirle, ya que Él es el verdadero camino
hacia la felicidad, la verdad sobre Dios y la plenitud de vida para cuantos
estén dispuestos a responder a su amor.
La eficacia
pastoral de la Iglesia en el tercer milenio depende en gran medida de la
preparación de comunicadores eficaces del mensaje evangélico.
se usa con
frecuencia el término «cambio de
paradigma”
A veces, claramente se presupone que tal
cambio no sólo es deseable, sino inevitable.
La popularizó
Thomas Kuhn, historiador americano de la ciencia, que concibió el paradigma
como «la constelación entera de creencias, valores, técnicas, etc., compartidos
por los miembros de una comunidad».
Cuando se produce
un desplazamiento de un paradigma a otro, se trata de una transformación en
bloque de la perspectiva más que de un desarrollo gradual:
en realidad, es una revolución. Kuhn puso de relieve que los paradigmas
rivales son inconmensurables y no pueden coexistir.
Por eso, afirmar
que un cambio de paradigma en el ámbito de la religión y de la espiritualidad/
es simplemente una manera nueva de formular las creencias tradicionales,/
constituye un error. Lo que sucede en realidades un cambio radical de cosmovisión,
que pone en entredicho no sólo el contenido,
Fenómenos tan
diversos como el Feng Shui /representan una diversidad de estilos que ilustran
la importancia de estar en sintonía con la naturaleza y el cosmos
Las acciones
humanas son fruto de la iluminación o de la ignorancia. En la Nueva Era no existe distinción entre el bien y el mal.
De aquí que no podamos condenar a nadie, y que nadie
tenga necesidad de perdón.
Los temas básicos
de la cultura esotérica también están presentes en los ámbitos de la política, la
educación y la legislación. Esto se aplica especialmente a la ecología. Su fuerte acentuación del biocentrismo
niega la visión antropológica de la Biblia, según la cual el hombre es el
centro del mundo por ser cualitativamente superior a las demás
formas de vida
natural.
El ecologismo
desempeña hoy un papel destacado en la legislación y en la educación, a pesar
de que de este modo infravalora al ser
humano. La misma matriz cultural
esotérica puede hallarse en la teoría ideológica subyacente a la política de
control de la natalidad y los experimentos de ingeniería genética, que parecen expresar el sueño humano de
re-crearse a sí mismos
Se espera
lograr este sueño descifrando el código genético, alterando las reglas
naturales de la sexualidad y desafiando los límites de la muerte.
El libro de James
Lovelock sobre la hipótesis Gaia /afirma que «todo el ámbito de la materia viva
de la tierra, desde las ballenas hasta los virus y desde los robles hasta las
algas, podría considerarse como una única entidad viviente, capaz de manipular
la atmósfera de la tierra para adaptarla a sus necesidades generales y dotada
de facultades y poderes que superan con mucho los de sus partes constitutivas».
Para algunos, la
hipótesis Gaia es «una extraña síntesis de individualismo y colectivismo.
Parece como si la
Nueva Era, tras haber arrancado a las personas de la política fragmentaria,
estuviera deseando arrojarlas a la gran marmita de la mente global». El cerebro global necesita instituciones
con las cuales gobernar, en otras palabras, un gobierno mundial
«Para afrontar los
problemas de hoy día, la Nueva Era sueña con una aristocracia espiritual al
estilo de la República de Platón, dirigida por sociedades secretas...».
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Para concluir:
Uno de los instrumentos
más útiles de que disponemos es el
Catecismo de la Iglesia Católica. Tenemos también una inmensa herencia de caminos de
santidad en las vidas de los cristianos del pasado y del presente.
Allí donde el rico simbolismo cristiano, sus
tradiciones artísticas, estéticas y musicales es desconocido o ignorado, los
cristianos han de realizar una enormelabor en beneficio propio y, en
definitiva, de todos aquellos que buscan una experiencia o una mayor conciencia
de la presencia de Dios.