martes, 9 de diciembre de 2008

Leyenda negra: expulsión de los judios


Por Vittorio Messori

La preocupación por no provocar las reacciones de los israelíes, irritados por la beatificación de la judía conversa Edit Stein y por la presencia de un monasterio en Auschwitz, favoreció el que se hiciera una “pausa para reflexionar” sobre la conveniencia de continuar con la causa de la Sierva de Dios, título al que ya tiene derecho Isabel I de Castilla.»

Así dice un artículo publicado en Il Nostro Tempo, Orazio Petrosillo, informador religioso de Il Messaggero. Petrosillo recuerda que el frenazo del Vaticano llegó a pesar del dictamen positivo de los historiadores, basado en un trabajo de veinte años contenido en veintisiete volúmenes. «En estas cantidades ingentes de material –dice el postulador de la causa, Anastasio Gutiérrez– no se encontró un solo acto o manifestación de la reina, ya fuera público o privado, que pueda considerarse contrario a la santidad cristiana.» El padre Gutiérrez no duda en tachar de «cobardes a los eclesiásticos que, atemorizados por las polémicas, renuncian a reconocer la santidad de la reina». Sin embargo, Petrosillo concluye diciendo, «se tiene la impresión de que la causa difícilmente llegue a puerto».

Se trata de una noticia poco reconfortante. Sin embargo, no es la primera vez que ocurre; ciñéndonos a España, recordemos que Pablo VI bloqueó la beatificación de los mártires de la guerra civil, por lo que podemos comprobar que, una vez más, se consideró que las razones de la convivencia pacífica contrastaban con las de la verdad, que en este caso es atacada con una virulencia rayana en la difamación, no sólo por parte de los judíos (a los que en la época de Isabel les fue revocado el derecho a residir en el país), sino también por parte de los musulmanes (expulsados de Granada, su última posesión en tierras españolas), y por todos los protestantes y los anticatólicos en general, que desde siempre montan en cólera cuando se habla de aquella vieja España cuyos soberanos tenían derecho al título oficial de Reyes Católicos. Título que se tomaron tan en serio que una polémica secular identificó hispanismo y catolicismo, Toledo y Madrid con Roma.

En cuanto a la expulsión de los judíos, siempre se olvidan ciertos hechos, como por ejemplo, el que mucho antes de Isabel, los soberanos de Inglaterra, Francia y Portugal habían tomado la misma medida, y muchos otros países iban a tomarla sin las justificaciones políticas que explican el decreto español que, no obstante, constituyó un drama para ambas partes.

Es preciso recordar que la España musulmana no era en absoluto el paraíso de tolerancia que han querido describirnos y que, en aquellas tierras, tanto cristianos como judíos eran víctimas de periódicas matanzas. Sin embargo, está más que probado que si había que elegir entre dos males –Cristo o Mahoma– los judíos tomaron partido por este último, haciendo de quinta columna en perjuicio del elemento católico. De ahí surgió el odio popular que, unido a la sospecha que despertaban quienes formalmente habían abrazado el cristianismo para continuar practicando en secreto el judaísmo (los marranos), condujo a tensiones que con frecuencia degeneraron en sanguinarias matanzas espontáneas y continuas a las que las autoridades intentaban en vano oponerse. El Reino de Castilla y Aragón surgido del matrimonio de los reyes todavía no se había afianzado y no estaba en condiciones de soportar ni de controlar una situación tan explosiva, amenazado como estaba por una contraofensiva de los árabes que contaban con los musulmanes, a su vez convertidos por compromiso.

Desde el punto de vista jurídico, en España, y en todos los reinos de aquella época, los judíos eran considerados extranjeros y se les daba cobijo temporalmente sin derecho a ciudadanía. Los judíos eran perfectamente conscientes de su situación: su permanencia era posible mientras no pusieran en peligro al Estado. Cosa que, según el parecer no sólo de los soberanos sino también del pueblo y de sus representantes, se produjo con el tiempo a raíz de las violaciones de la legalidad por parte de los judíos no conversos como de los formalmente convertidos, por los cuales Isabel sentía una «ternura especial» tal que puso en sus manos casi toda la administración financiera, militar e incluso eclesiástica. Sin embargo, parece que los casos de «traición» llegaron a ser tantos como para no poder seguir permitiendo semejante situación.

En cualquier caso, como mantiene la postulación de la causa de santidad de Isabel, «el decreto de revocación del permiso de residencia a los judíos fue estrictamente político, de orden público y de seguridad del Estado, no se consultó en absoluto al Papa, ni interesa a la Iglesia el juicio que se quiera emitir en este sentido. Un eventual error político puede ser perfectamente compatible con la santidad. Por lo tanto, si la comunidad judía de hoy quisiera presentar alguna queja, deberá dirigirla a las autoridades políticas, suponiendo que las actuales sean responsables de lo actuado por sus antecesoras de hace cinco siglos».

Añade la postulación (no hay que olvidar que ha trabajado con métodos científicos, con la ayuda de más de una decena de investigadores que dedicaron veinte años a examinar más de cien mil documentos en los archivos de medio mundo): «La alternativa, el aut-aut “o convertirse o abandonar el Reino”, que habría sido impuesta por los Reyes Católicos es una fórmula simplista, un eslogan vulgar: ya no se creía en las conversiones. La alternativa propuesta durante los muchos años de violaciones políticas de la estabilidad del Reino fue: “O cesáis en vuestros crímenes o deberéis abandonar el Reino.”» Como confirmación ulterior tenemos la actividad anterior de Isabel en defensa de la libertad de culto de los judíos en contra de las autoridades locales, con la promulgación de un seguro real así como con la ayuda para la construcción de muchas sinagogas.

No obstante, resulta significativo que la expulsión fuera particularmente aconsejada por el confesor real, el muy difamado Tomás de Torquemada, primer organizador de la Inquisición, que era de origen judío. También resulta significativo y demostrativo de la complejidad de la historia el hecho de que, alejadas de los Reyes Católicos, aunque fuera por el clamor popular y por motivos políticos de legítima defensa, las familias judías más ricas e influyentes solicitaron y obtuvieron hospitalidad de la única autoridad que se la concedió con gusto y la acogió en sus territorios: el Papa. De esto sólo puede sorprenderse todo aquel que ignore que la Roma pontificia es la única ciudad del Viejo Continente en la que la comunidad judía vivió altibajos según los papas que les tocaron en suerte, pero que nunca fue expulsada ni siquiera por breve tiempo. Habrá que esperar al año 1944 y a que se produzca la ocupación alemana para ver, más de mil seiscientos años después de Constantino, a los judíos de Roma perseguidos y obligados a la clandestinidad; quienes consiguieron escapar lo hicieron en su mayoría gracias a la hospitalidad concedida por instituciones católicas, con el Vaticano a la cabeza.

El camino a los altares le está vedado a Isabel también por quienes terminaron por aceptar sin críticas la leyenda negra de la que hemos hablado y de la que seguiremos ocupándonos, y que abundan incluso entre las filas católicas. No se le perdona a la soberana y a su consorte, Fernando de Aragón, el haber iniciado el patronato, negociado con el Papa, con el que se comprometían a la evangelización de las tierras descubiertas por Cristóbal Colón, cuya expedición habían financiado. En una palabra, serían los dos Reyes Católicos los iniciadores del genocidio de los indios, llevado a cabo con la cruz en una mano y la espada en la otra. Y los que se salvaron de la matanza habrían sido sometidos a la esclavitud. Sin embargo, sobre este aspecto, la historia verdadera ofrece otra versión que difiere de la leyenda.

Veamos, por ejemplo, lo que dice Jean Dumont: «La esclavitud de los indios existió, pero por iniciativa personal de Colón, cuando tuvo los poderes efectivos de virrey de las tierras descubiertas; por lo tanto, esto fue así sólo en los primeros asentamientos que tuvieron lugar en las Antillas antes de 1500. Isabel la Católica reaccionó contra esta esclavitud de los indígenas (en 1496 Colón había enviado muchos a España) mandando liberar, desde 1478, a los esclavos de los colonos en las Canarias. Mandó que se devolviera a las Antillas a los indios y ordenó a su enviado especial, Francisco de Bobadilla, que los liberara, y éste a su vez, destituyó a Colón y lo devolvió a España en calidad de prisionero por sus abusos. A partir de entonces la política adoptada fue bien clara: los indios son hombres libres, sometidos como los demás a la Corona y deben ser respetados como tales, en sus bienes y en sus personas.»

Quienes consideren este cuadro como demasiado idílico, les convendría leer el codicilo que Isabel añadió a su testamento tres días antes de morir, en noviembre de 1504, y que dice así: «Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen.»

Se trata de un documento extraordinario que no tiene igual en la historia colonial de ningún país. Sin embargo, no existe ninguna historia tan difamada como la que se inicia con Isabel la Católica.

NuevoEncuentro Premium, 5-12-08

Holanda: la tiranía ecologista


Por Juan C. Sanahuja

Los días 1 y 2 de noviembre, se reunió en La Haya, la comisión Justicia para el Futuro del World Future Council (WFC, Concejo para el Futuro Mundial), con magistrados de la Corte Internacional de Justicia y de la Corte Penal Internacional, para tratar la definición de "crímenes contra las futuras generaciones” y su posible persecución a través de la justicia internacional. (Sobre la Corte Penal Internacional, (ICC), o Corte Criminal Internacional, vid. NG 138, 139, 282, 568, entre otros; sobre el Concejo para el Futuro Mundial vid. NG 848, 850, 891).

Recordamos que el WFC tiene como “marco ético guía la Carta de la Tierra” -los principios panteístas enunciados para sustituir a los Diez Mandamientos (vid. NG 472 y 473, 850)-; y, al mismo tiempo, que la pretensión del nuevo orden mundial anticristiano es que la Corte Penal Internacional persiga a quienes se opongan a sus antinaturales designios como el aborto, el homosexualismo y, ahora, según parece, los falsos dogmas del ecologismo (NG 831, 851).
¿A qué llama "crímenes contra las futuras generaciones” el Concejo para el Futuro Mundial?, ¿a talar un bosque, a que un país disponga sin autorización internacional de sus recursos naturales, a impedir el traslado de industrias “sucias” a los países menos desarrollados, a tener más hijos del número fijado por el sistema, a defender la familia frente a los avances del homosexualismo?, y se podría seguir enumerando todo aquello que es “políticamente incorrecto” para el nuevo orden.

Recordemos que Juan Pablo II denunció “el riesgo de una especie de holocausto ambiental, por la destrucción desconsiderada de recursos ecológicos vitales y la multiplicación de atentados cada vez más insidiosos contra la defensa y el respeto a la vida humana”, y además alzó su voz advirtiendo sobre “la carrera desenfrenada al acaparamiento y a la explotación de los bienes de la tierra por parte de unos pocos privilegiados que sienta las bases para otra forma de guerra fría, entre el Norte y el Sur del planeta”.
Los proyectos ecologistas promueven los atentados contra la vida humana -aborto, esterilización-, como un paso para conseguir administrar los recursos naturales del mundo entero en beneficio de los opulentos patrones de consumo de los países del Norte. Para más perversión han conseguido que les hagan coro los eco-indigenistas, supuestamente anti-imperialistas.

WFC y la Carta de la Tierra
El WFC, con sedes en Hamburgo, Londres y Deli, fue creado -como informamos- hace poco más de un año, y se ha proyectado rápidamente en los ambientes ecologistas internacionales; su conexión con la Iniciativa Carta de la Tierra explicaría ese rápido posicionamiento. La ex-modelo británica y ex-mujer de Mike Jagger (Rolling Stones), Bianca Jagger –nacida en Nicaragua-, presidente del Comité Ejecutivo del WFC y consejera de Carta de la Tierra Internacional, intervino el 7 de diciembre, en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (Poznan, Polonia, 1 al 12 de diciembre 2008).
Los otros cuatro miembros del Comité Ejecutivo del WFC, David Krieger, Hermann Scheer, Vandana Shiva, Cyd Ho, a su vez son miembros de la Iniciativa Carta de la Tierra.
El director ejecutivo de la Iniciativa Carta de la Tierra, Alan Atkisson, es miembro de la Junta de Consejeros del WFC. Otros personajes que pertenecen a las dos organizaciones son: Herbert Girardot, Pauline Tangiora, el príncipe El Hassan bin Talal (Jordania), etc.

Noticias Globales, 8-12-08

lunes, 8 de diciembre de 2008

El "traidor" Cobos visitó el colegio de la polémica


Por Fabián Páez*

El vicepresidente de la Nación, Julio Cesar Cleto Cobos participó ayer en Tucumán de la cena de los cadetes del Liceo Militar de esta provincia que egresaron en el presente ciclo lectivo. En esta institución, su director coronel Luis María Medeiro, les prohibió a los alumnos que fuera el nombre Cobos quién recuerde a los egresados 2008, por lo cual, los nuevos subtenientes de reserva y sus padres elevaron sus quejas a las autoridades, dejando en blanco el nombre de la promoción, con lo que rompieron una tradición de veinticinco años.

Cobos y su esposa Cristina Cerruti, llegaron anoche al aeropuerto tucumano en absoluta soledad en un avión que según él dijo "fue prestado por el Ejército".

No hubo ninguna autoridad provincial para recibirlo a pesar que en ese momento, por el viaje de Cristina a Chile, era el Jefe de Estado Nacional.

Al bajar lo saludaron los cadetes y sus padres. Uno de los cadetes le preguntó el carácter de su visita, ya que como presidente estaban obligados a realizarle una guardia de honor. "Vengo en carácter personal, a cumplir con ustedes, y a exaltar los valores de los liceístas, lo demás es una simple anécdota", les dijo.

La policía tucumana no custodió a Cobos a pesar que estaba a cargo del Ejecutivo. En el momento de su llegada a Tucumán, había una guardia de la policía en el aeropuerto, pero estaba destinada a la custodia a los jugadores de Newell's que llegaban a la misma hora.

A la vera del camino desde las 18, esperaban al titular del Senado un grupo de personas de la agrupación La Hora de los Pueblos, para repudiar su vista.

Luego de tres horas, circuló entre ellos un mensaje de texto que decía "el traidor nos eludió y ha tomado por otro camino".

A Cobos sólo lo custodió un grupo de efectivos de la Policía Federal. El mendocino participó de la cena y regresó a su provincia natal en horas de la mañana.

Perfil

www.politicaydesarrollo.com.ar, diciembre 07, 2008

domingo, 7 de diciembre de 2008

El problema ahora es la desconfianza



Joaquín Morales

Confianza. Eso es lo que falta aquí y allá. El gobierno de los Kirchner mostró en los últimos días que aún está en condiciones de reaccionar ante la adversidad, pero su problema consiste en que ni los argentinos ni los extranjeros le tienen fe. Huérfana de liderazgo político y económico, la Argentina reconoce conflictos con sus gobernantes, pero se enfrenta, al mismo tiempo, con la impotencia de los líderes opositores. Este es el principal trauma de una sociedad que está entrando, como casi todo el mundo, en el oscuro corredor de la recesión, la escasez y el descontento social.

Una encuesta nacional de la empresa Analogías, que circuló en un reducido círculo de funcionarios, indica que Néstor Kirchner cuenta hoy con sólo el 6 por ciento de intención de votos; Cristina Kirchner lo supera con un módico 9 por ciento. Una tragedia política se deduce de esos números. El matrimonio presidencial contaba, hace apenas un año, con índices de simpatía social que rondaban el 70 por ciento y la Presidenta había ganado las elecciones presidenciales con más del 45 por ciento de los votos. Nadie dilapidó tanto capital político en tan poco tiempo.

Sin embargo, la iniciativa política sigue siendo de ellos, guste o no. El Congreso ha vuelto a votarle casi todas las leyes que el Gobierno envió desde la derrota de la resolución sobre las retenciones. El precio de algunas conciencias es muy barato, pero ahí está el kirchnerismo ofreciendo cargos partidarios y obras públicas con la precisión de los cirujanos. La oposición no kirchnerista preparó una solicitada corta, incisiva y fulminante sobre el lavado de dineros mediante el blanqueo. Era una advertencia de que esos dineros serían investigados bajo cualquier gobierno que no fuera el de los Kirchner.

La Nación, 7-12-08
Eduardo van der Kooy

Le sucede a Cristina y a Néstor lo peor que le puede suceder a un gobernante. Deben navegar una crisis cuyas aguas ya empapan las orillas argentinas conviviendo con una sociedad que pendula entre el malhumor y la ausencia de confianza.
La caída del matrimonio no significa todavía la consolidación de líderes nuevos o de proyectos alternativos. Julio Cobos es ahora el dirigente con mejor percepción social (70 % de aprobación) pero que tiene un débil traslado al deseo de la gente por votarlo (19 %). Esos son reflejos de un amplio trabajo de opinión pública nacional que tiene el Gobierno y que ubica a Cristina con 9,5 % de intención de voto y a Kirchner apenas por encima del 6 %. Figuran cuarta y quinto, detrás de Elisa Carrió (13,8 % de intención de voto) y de Mauricio Macri (9,7 %). Los números expresan con elocuencia un paisaje de escepticismo extendido que sólo podría ser compensado por un sistema institucional fuerte que, por desgracia, tampoco impera en la Argentina.

(Extractado de Clarín, 7-12-08)

sábado, 6 de diciembre de 2008

Betancourt: sorprendente cambio de opinión



"A las FARC hay que enfrentarlas militarmente"

"A las FARC hay que enfrentarlas militarmente. Porque es una organización de guerra, cuyos argumentos se resuelven en ese terreno. Pero, no es suficiente: el problema también es social", dijo Ingrid Betancourt, quien fue liberada hace cinco meses, tras pasar seis años cautiva por ese grupo.

En una entrevista en TN, la ex candidata a presidenta colombiana, sostuvo que para evitar que los jóvenes sigan alistándose en las filas de las FARC, se necesita de una política social que contemple también el darles empleos dignos. "Esos jóvenes en la selva, sólo pueden ser prostitutas o trabajar en un campo de coca", agregó.

Cautiva. Poco se refirió a los años que pasó secuestrada, a los que calificó como "un horror".

"Si estoy viva es el resultado de la acción de Dios", relató. Y enseguida contó sobre el método que utilizó para sobrevivir en cautiverio. "Nunca miré demasiado hacia delante. Siempre tomé el día a día. Era terrible mirar hacia atrás porque se acumulaban los días, meses y años", recordó. Además, su sostén durante, ese tiempo, según narró, fue Dios.

Alternativa. "No quiero volver a la política tradicional, en la que nos agredimos, se usan bajezas para atacar al rival, se engaña y se traiciona. En la selva, ser político implicaba ser menos que un perro. De ahí, salí con una necesidad de apartarme de esa política. Hay otras maneras de servir al mundo", señaló.


La Nación, 6-12-08

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La Política: obligación moral del cristiano

LA POLÍTICA: OBLIGACIÓN MORAL DEL CRISTIANO (1)
Mario Meneghini

El libro que se presenta, procura sistematizar la doctrina aplicable en la participación política de los católicos, según el Magisterio de la Iglesia. Ante la ausencia pertinaz de muchos laicos católicos en la vida cívica, es necesario tener en cuenta que en política, como en la física, no existe el vacío. Cuando los buenos ciudadanos no se ocupan de la cosa pública –decía Sarmiento- son los delincuentes y aventureros quienes acceden al gobierno.
El catolicismo posee una doctrina política, que integra la Doctrina Social de la Iglesia, y, como ésta, es obligatoria para los bautizados. Nos preocupa, por eso, que, desde hace tiempo, importantes intelectuales que profesan nuestra misma fe, difundan criterios que conducen a abstenerse de participar en la vida cívica, poniendo en duda la ortodoxia de quienes sostenemos lo contrario. La polémica no se limita a las cuestiones operativas, opinables por definición, sino que incluyen la interpretación de los principios, sobre los cuales no puede haber discrepancia.

En 2002, la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida entonces por el Cardenal Ratzinger, promulgó una Nota Doctrinal sobre la responsabilidad de los católicos en la vida pública. Es el último documento de la Iglesia sobre esta materia, pero el mismo no hace más que actualizar el magisterio anterior; baste señalar que cita expresamente (Ref. 11) las principales encíclicas anteriores al Concilio Vaticano II:

-De León XIII: Diuturnum illud
Immortale Dei
Libertas

-De Pío XI: Quadragesimo anno
Mit Brennender sorge
Divini Redemporis

-De Pío XII: Summi Pontificatus

Es cierto que una encíclica puede contener en su texto alguna frase confusa o ambigua, que justifique la duda o la discrepancia, pero, cuando sobre un mismo tema se expiden del mismo modo docenas de documentos, de varios Papas, no puede quedar dudas de que se trata de la doctrina auténtica. En la Nota Doctrinal no existe ninguna contradicción con las encíclicas citadas, ni con ninguno de los 59 documentos que integran la compilación de la Biblioteca de Autores Católicos (tomo “Doctrina Política”).

En esta oportunidad, voy a resumir el tema enfocando el análisis en dos párrafos de la Nota Doctrinal:

“(en) las actuales sociedades democráticas todos pueden contribuir por medio del voto a la elección de los legisladores y gobernantes” (p. 1).

“generalmente puede darse una pluralidad de partidos en los cuales pueden militar los católicos para ejercer su derecho-deber de participar en la construcción de la vida de su país” (3).

Estas dos frases incluyen los tres ejes de la polémica actual: la democracia – los partidos – el voto. Uno de las causas de la discrepancia radica en no distinguir entre lo doctrinal y lo prudencial, lo que conduce a asignarle a las propias preferencias sobre temas instrumentales la categoría de principios. La posición rigorista llega a extremos insólitos; el Profesor Stan Popescu, prestigioso autor, sostiene: “Durante dos mil años, la humanidad se desarrolló y evolucionó sin política”; “La filosofía de la política va ligada estrechamente a la teología del infierno” (2).
El enfoque realista de la política, queda expuesto en una frase de Ratzinger: ser sobrios y realizar lo que es posible, en vez de exigir con ardor lo imposible. Analicemos la posición oficial de la Iglesia con respecto a los tres ejes mencionados.

Democracia

Distinguidos intelectuales católicos sostienen que la democracia conduce inevitablemente a la perversión, utilizando dicho vocablo como si fuera unívoco, cuando es polisémico. El magisterio condenó el liberalismo político y sus derivados, el mito de la soberanía del pueblo y la democracia como forma de gobierno. Sin embargo, desde Pío XII consideró conveniente referirse a la democracia como forma de Estado o régimen político, que se opone al totalitarismo y procura el bien común, siendo compatible con cualquier forma lícita de gobierno. Es una manera de designar la legitimidad de ejercicio, y resulta aceptable, si cumple determinados requisitos. La última formulación se encuentra en la encíclica Centesimus Annus:

“La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que:
-asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas
-y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes,
-o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica”.

Al decir que “aprecia” el sistema de la democracia, queda en claro que no lo considera el único posible, pero sí lícito. Coincidiendo con el enfoque doctrinario, un famoso tratadista de Derecho Constitucional, Bidart Campos, aporta esta definición:
“La democracia es una forma de Estado que, orientada al bien común, respeta los derechos de la persona humana, de las personas morales e instituciones, y realiza la convivencia pacífica de todos en la libertad, dentro del ordenamiento de derecho divino y de derecho natural” (Doctrina del Estado Democrático).

Partido político

Uno de los aspectos más criticados de la política contemporánea es el de la representación, puesto que el sistema de partidos degenera frecuentemente en la partidocracia. Como en tantos campos de la actividad humana, también en éste la legislación tiende a favorecer indebidamente a quienes dictan la ley, que son, precisamente, aquellos que se postulan para los cargos públicos. Pero el instrumento en sí no es necesariamente malo, y por eso la Constitución Gaudium et Spes reconoce que es conforme a la naturaleza humana que se constituyan dichas estructuras para agrupar a los ciudadanos, según sus preferencias.

En el mundo contemporáneo, en la casi totalidad de Estados, existen sistemas pluripartidarios o de partido único; las pocas excepciones consisten en Estados con gobiernos de facto. Pero, aún en esos casos, la experiencia del último siglo indica que, luego de períodos transitorios, se produce el eterno retorno de los partidos. No se ha logrado articular una forma de convivencia que pueda prescindir de los mismos en la actividad política. Procurar el reemplazo de los procedimientos actuales de selección de los gobernantes, constituye un noble esfuerzo, siempre que la alternativa propuesta sea factible y no una fórmula teórica, para ser aplicada en un futuro indefinido.
Sobre esto escribió Pablo VI: “La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir de las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas” (O.A., 37).

Debe reflexionarse, además, en que hoy más que nunca la actividad gubernamental es tremendamente compleja y requiere una formación adecuada, que se adquiere luego de muchos años de estudio y experiencia. Precisamente, porque no aceptamos la ilusión populista de que cualquier persona puede desempeñar un cargo público, ni bastan la honestidad y el patriotismo para gobernar con eficacia, es que pensamos que resulta imprescindible constituir grupos de hombres con auténtica vocación política, que se preparen seriamente para gobernar. Y, por ahora, no hay otra vía idónea que la que ofrecen los partidos, que se fundamentan -o deberían hacerlo- en una cosmovisión global y elaboran programas con las soluciones que proponen para cada uno de los problemas que debe afrontar el Estado. De todos modos, aclara el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia que la adhesión de los católicos a un partido nunca será ideológica sino siempre crítica (573). Por consiguiente, con esos recaudos, pueden incorporarse a uno, crear uno nuevo, o simplemente apoyar al que les parezca más confiable.

El voto

Suele mencionarse una frase de Pío IX, para justificar la ausencia en todo proceso electoral: sufragio universal, mentira universal. Pese a las objeciones que puedan hacerse a dicho método –que se aplica actualmente en todos los países-, nunca la Iglesia ha afirmado que votar, estando vigente dicho sistema, implique una falta; por el contrario, exhorta a votar como exigencia moral, según se indica taxativamente en el Catecismo (p. 2240) y en Gaudium et Spes (p. 75). Carece de toda lógica suponer que dichos documentos se refieren al voto en sentido abstracto, y no a la forma de votar que rige en el mundo contemporáneo.
Por otra parte, el sufragio universal se limita a habilitar a todos los ciudadanos a participar en la elección de los gobernantes, en igualdad de condiciones. No es sinónimo de sistema electoral, que es el que suele contener aspectos criticables, que impiden una adecuada representación de la ciudadanía, y que nunca será modificado sin la participación activa de quienes se oponen a él.
Consideramos que no pueden negarse a intervenir en la vida cívica, por defectuosa que sea la forma actual de las instituciones. León XIII enseñó al respecto que: “No acuden ni deben acudir a la vida política para aprobar lo que actualmente puede haber de censurable en las instituciones políticas del Estado, sino para hacer que estas mismas instituciones se pongan, en lo posible, al servicio sincero y verdadero del bien público... “(Immortale Dei, 22).

Hecho el análisis precedente, se advierte que la empresa de reconstruir el orden social no es sencilla ni fácil, y los católicos debemos aceptar la guía de la Iglesia, cuya experiencia milenaria resulta invalorable, sin olvidar que es depositaria de la Verdad. Como expresaba Chesterton, no quiero una religión que tenga razón cuando yo tengo razón, quiero una religión que tenga razón cuando yo me equivoco. Pues bien, la doctrina de la Iglesia en materia de regímenes políticos, nos enseña que, en el terreno de las ideas, los católicos pueden preferir uno u otro, incluso llegar a precisar cuál es el mejor, en abstracto, puesto que la Iglesia no se opone a ninguna forma de gobierno legítimo. Pero, en cada sociedad, las circunstancias históricas van creando una forma política específica, que rige la selección y reemplazo de los gobernantes. Y, como toda autoridad proviene de Dios, cuando se consolida de hecho un régimen político determinado, “su aceptación no solamente es lícita, sino incluso obligatoria, con obligación impuesta por la necesidad del bien común...” (Au Milieu des Sollicitudes; p. 22, 23, 15).

Si en este siglo se ha producido un alejamiento de los católicos de la actividad política, ello se debe a un menosprecio de la misma -la "cenicienta del espíritu", según Irazusta-, y a una cierta pereza mental que impide imaginar soluciones eficaces para enfrentar los problemas espinosos que plantea la época.
Nunca como hoy la Iglesia ha insistido tanto en el deber cristiano de actuar en la vida social y política. Llama la atención la precisión y severidad con que Juan Pablo II advierte que: “...los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política.” (...) Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción que con frecuencia son dirigidas a los hombres del gobierno, del parlamento, de la clase dominante, del partido político, como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican en lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública”. (Chistifedelis Laici, 42).

Que no es imposible ni inútil la empresa, lo demuestra la actuación de tantos dirigentes católicos que, sin renegar de su fe, trabajaron en este campo en consonancia con el bien común. Mencionaremos sólo tres casos de políticos del siglo XX, que están en proceso de beatificación:
-Giorgio La Pira (Alcalde de Florencia)
-Robert Schuman (uno de los fundadores de la Unión Europea)
-Julius Nyerere (Presidente de Tanzania, durante 25 años)

Considero inaceptable, entonces, la actitud de algunos distinguidos intelectuales de negarse a participar en la vida cívica, por considerar cuestionable la misma Constitución y el sistema electoral que de ella deriva, y promover la abstención como única conducta válida para quienes rechazan la teoría de la soberanía popular. Por el contrario, la obligación moral de participar será tanto más grave, cuanto más esenciales sean los valores morales que estén en juego.
Estimo que, sostener en vísperas de toda elección, que es inútil y hasta una falta moral ejercer el voto, pues todos los candidatos son malos y todos los programas defectuosos, revela una apreciación equivocada de la actividad política.
Para cada sociedad política, pueden existir, simultáneamente, tres concepciones del régimen político: el ideal, propuesto por los teóricos; el formal, promulgado oficialmente; y el real -o constitución material-, surgida de la convivencia que produce transformaciones o mutaciones en su aplicación concreta. De modo que negarse a reconocer una constitución formal, implica, a menudo, enfrentarse con molinos de viento, limitándose a un debate estéril, porque, además, no se tiene redactada la versión que se desearía que rigiera.

Si, como afirma Aristóteles, es imposible que esté bien ordenada una polis que no esté gobernada por los mejores sino por los malos, resulta imprescindible la participación activa de los ciudadanos para procurar seleccionar a los más aptos y honestos para el desempeño de las funciones públicas. Nos alienta a continuar en el arduo camino de servir al bien común, con los instrumentos disponibles, el consejo de Santo Tomás Moro, Patrono de los Gobernantes y los Políticos:
La imposibilidad de suprimir en seguida prácticas inmorales y corregir defectos inveterados no vale como razón para renunciar a la función pública. El piloto no abandona su nave en la tempestad, porque no puede dominar los vientos.


Referencias

1) Exposición en el acto de presentación del libro del autor “La Política: obligación moral del cristiano”; Córdoba, Editorial Del Copista, 2008.

2) “Psicología de la política”; Buenos Aires, Euthymia, 1991.

martes, 2 de diciembre de 2008

Narcotráfico: "a ritmo de corrido mexicano"



Por Carlos Cornejo

Los principales cárteles mexicanos operan en el Perú a través de "agencias". Establecen sociedades importantes con grupos locales. Algunos tienen una larga tradición delictiva y un antiguo vínculo con el narcotráfico. Otros son jóvenes y buscan ascender mostrándose, ante la "casa matriz", como eficientes; son capaces de casi cualquier cosa. Estas agencias o representaciones extranjeras se mueven con enorme autonomía.
Los mexicanos compran la cocaína, la distribuyen y la comercializan. Ahora tienen también la producción, el traslado y la recepción dominando todo el narco-proceso.
Un cabecilla del Cártel de Juárez, el cruel Juan José Esparragoza Moreno, alias "El Azul", es el responsable de coordinar y ejecutar venganzas, comprar lealtades de policías, jueces y funcionarios gubernamentales.

Mexicanos a la conquista
Los primeros rastros mexicanos del narcotráfico en el Perú son del año 1995 cuando se capturó en Piura, a la banda peruana "Los Norteños", intentando un cargamento de tres toneladas y media de cocaína de alta pureza. Otro dato. Por primera vez, se capturó en el Perú, a 120 mexicanos traficando droga para los cárteles de su país. Demasiado mexicano, era indicio que algo pasaba.
En consecuencia, los cárteles mexicanos buscan dominar el Huallaga y los valles de los ríos Apurímac y Ene, en la selva peruana. Allí adquieren la pasta básica de cocaína para procesarla posteriormente en laboratorios cercanos a las zonas de puerto donde embarcarán la "merca" (como ellos le llaman). En esas zonas, han establecido nexos de cooperación con los terroristas de Sendero Luminoso.
Embarcaciones pesqueras dedicadas a hacer acopio y trasladar los cargamentos de droga hacia alta mar, transbordan luego a los narco-buques de mayor calado que parten rumbo a Centroamérica, Norteamérica, Europa y Asia.
En el Poder Judicial peruano, la Justicia suele ser corrupta y tiene escasas oportunidades de mejorar su servicio judicial para enfrentar de igual a igual a estos pistoleros. Las unidades antinarcóticos de la policía, no tienen recursos y pese a sus esfuerzos, no tienen la capacidad para desarticular una mayor cantidad de organizaciones del narcotráfico e incautar un volumen superior de drogas. Están casi derrotados.
En esta lucha, en donde la vocación de ganarla pasa por lo político, los presidentes de Perú, Alan García, y México, Felipe Calderón, expresaron la voluntad de fortalecer la lucha contra el narcotráfico un encuentro sostenido en el marco de la APEC celebrada en Lima, hace unas semanas. Poco, para tanta mafia. Mientras tanto Estados Unidos, el principal inhalador del producto, reduce su cooperación económica en la lucha contra el narcotráfico en el Perú. Así están las cosas.

Principales cárteles:
El "Cártel de Tijuana", el "Cártel de Colima" y el "Cártel de Juárez" son los más fuertes. Les siguen el "Cártel de Sinaloa" y el "Cártel del Golfo". Estas organizaciones no están completas sin el grupo de Pedro Díaz Parada "El Cacique Oaxaqueño" y el "Cártel del Milenio" de la familia Valencia.

El Cártel de Tijuana pertenece a los hermanos Arellano Félix. El "Cártel de Colima" es de los hermanos Amézcua Contreras y el "Cártel de Juárez", es legado de los Carrillo Fuentes.

El Cártel de Sinaloa, es de Joaquín "El Chapo Guzmán", su cómplice es Héctor Luis Palma Salazar, "El Güero Palma". En el "Cártel del Golfo" manda Osiel Cárdenas.

El Cártel de Tijuana, es uno de los grupos más violentos. Hay fuertes indicios sobre un pacto soterrado para el tráfico de drogas y el lavado de activos, entre los cárteles de Tijuana y del Golfo.

El Cártel de Colima, es señalado como el de los "Reyes del Éxtasis". Sobresalen por los numerosos "laboratorios" clandestinos que posee. Fabrican drogas sintéticas.

Por su parte el Cártel de Juárez fue liderado hasta su muerte en un quirófano, mientras se hacía una cirugía estética, por Carrillo Fuentes, "El señor de los cielos". Es la organización con mayor capacidad y flexibilidad operativa en México, gracias a que no sólo se dedica al trasiego de cocaína y marihuana, sino también facilita el traslado de heroína.

El Cártel de Juárez, uno de los más golpeados por la policía, compra y vende hoteles, casinos, constructoras, casas de cambio de divisas, gasolineras, líneas aéreas, cadenas de farmacias, sin dejar de estrechar nexos con organizaciones independientes.

El Cártel de Sinaloa, de "El Chapo Guzmán" acciona en 17 estados mexicanos. El "Chapo" ordenó el homicidio del Cardenal Posadas Ocampo, la ejecución de Rodolfo Carrillo Fuentes (capo del Cártel de Juárez), y protagonizó en el 2001, una fuga espectacular desde un penal de máxima seguridad.

Otro grupo es del Cártel del Golfo, liderado por Osiel Cárdenas Guillén "El Mata amigos". Tiene un grupo de acción en Guatemala, "Los Kaibiles"; quienes actúan de manera muy violenta al perpetrar ajustes de cuentas o al hacer respetar sus ámbitos de influencia, frente a las arremetidas de otros cárteles. Cárdenas, preso desde marzo del 2003, continúa manejando su organización desde la cárcel.
La mafia de Pedro Díaz Parada "El Cacique Oaxaqueño", es la más grande productora y traficante de marihuana en la zona del Istmo de Oaxaca, sin que por ello haya descuidado el contrabando de cocaína.

NuevoEncuentro 02/12/08