viernes, 15 de octubre de 2010

MENSAJE DEL PAPA A LA FAO


con motivo del Día Mundial de la Alimentación

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 15 de octubre de 2010 (ZENIT.org).-

Benedicto XVI destacó la necesidad de valorar adecuadamente el sector agrícola y dar prioridad al objetivo de liberar a la familia humana del hambre, en su mensaje a la FAO con motivo del Día Mundial de la Alimentación 2010, que se celebra este viernes.

Este mensaje que el Papa envió al director general de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas, Jacques Diouf, fue publicado hoy por la Oficina de Información de la Santa Sede.

“El tema del Día Mundial de la Alimentación de este año, Unidos contra el hambre, es un oportuno recordatorio de que todos tienen que realizar un compromiso para dar al sector de la agricultura su importancia adecuada”, señala el Pontífice.

“Es necesario que todos -desde los individuos a las organizaciones de la sociedad civil, Estados e instituciones internacionales- den prioridad a uno de los objetivos más urgentes de la familia humana: la liberación del hambre”, añade.

Profundizando en ello, Benedicto XVI indica que “para lograr la liberación del hambre es necesario garantizar no sólo que se dispone de suficiente comida, sino también que todo el mundo tiene acceso diario a ella”.

“Esto significa promover todos los recursos e infraestructuras necesarios para sostener la producción y la distribución a escala suficiente para garantizar plenamente el derecho a la alimentación”, explica.

En la línea de su encíclica social Caritas in veritate, el Papa afirma que “se necesitan iniciativas concretas, conformadas por la caridad, e inspiradas por la verdad, iniciativas que sean capaces de superar los obstáculos naturales relacionados con los ciclos de las estaciones o las condiciones ambientales, así como los obstáculos provocados por el hombre”.

Iniciativas como “la reciente decisión de la comunidad internacional de proteger el derecho al agua”, que supuso “un importante paso adelante”.

Según el Papa, el Día Mundial de la Alimentación ofrece la oportunidad de hacer “balance de todo lo que se ha logrado a través del compromiso de la FAO para garantizar la alimentación diaria a millones de hermanos y hermanas nuestros en todo el mundo”, así como “para destacar las dificultades que surgen cuando faltan las necesarias actitudes de solidaridad”.

En este sentido, lamenta que “demasiado a menudo, la atención se desvía de las necesidades de las poblaciones, no se da suficiente énfasis al trabajo del campo, y los productos de la tierra no reciben la protección adecuada”.

“Como resultado -constata-, se produce el desequilibrio económico, y se ignoran los inalienables derechos y la dignidad de toda persona humana”.

Recogiendo el tema del Día Mundial de la Alimentación de este año, el Obispo de Roma advierte que “si la comunidad internacional va a estar verdaderamente 'unida' contra el hambre, entonces la pobreza debe superarse a través de un auténtico desarrollo humano, basado en la idea de la persona como una unidad de cuerpo, alma y espíritu”.

Y esto lo indica porque “hoy, sin embargo, hay una tendencia a limitar la visión del desarrollo a una que satisfaga las necesidades materiales de la persona, especialmente a través del acceso a la tecnología”.

Fraternidad

En su Mensaje, también hace una referencia a la crisis: “En medio de las presiones de la globalización, bajo la influencia de intereses que a menudo permanecen fragmentados, es sabio proponer un modelo de desarrollo basado en la fraternidad -subraya-: si está inspirado en la solidaridad y dirigido al bien común, será capaz de proporcionar correctivos a la actual crisis global”.

También advierte que “para sostener niveles de seguridad alimentaria a corto plazo, debe proporcionarse la financiación adecuada para hacer posible a la agricultura reactivar los ciclos de producción, a pesar del deterioro de las condiciones climáticas y ambientales”.

El Papa señala que “los países desarrollados tienen que ser conscientes de que las crecientes necesidades del mundo requieren de ellos niveles consistentes de ayuda”.

Sobre esta cuestión, afirma que “la reciente loable campaña 1 Billón de hambrientos, con la que la FAO busca sensibilizar de la urgencia de la lucha contra el hambre, ha puesto de relieve la necesidad de una respuesta adecuada tanto de cada país como de la comunidad internacional, incluso cuando la respuesta se limite a ayuda de asistencia o de emergencia”.

“Por eso es fundamental una reforma de las instituciones internacionales según el principio de subsidiariedad, ya que las instituciones por sí solas no bastan”, añade.

Gratuidad y justicia

“Para eliminar el hambre y la malnutrición, deben superarse los obstáculos del propio interés a fin de dejar espacio a una fructífera gratuidad, manifestada en la cooperación internacional como una expresión de fraternidad genuina”, continúa.

“Esto -advierte- no exime de la necesidad de justicia, sin embargo, y es importante que las normas existentes se respeten y apliquen, además de todos los planes de intervención y los programas de acción que sean necesarios”.

Sobre la aplicación de las ayudas, el Papa indica que “los individuos, las poblaciones y los países deben poder dar forma a su propio desarrollo, beneficiándose de asistencia externa según las prioridades y conceptos arraigados en sus técnicas tradicionales, en su cultura, en su patrimonio religioso y en la sabiduría transmitida de generación en generación en la familia”.

Finalmente, en su Mensaje, Benedicto XVI recuerda que “la Iglesia siempre está dispuesta a trabajar por la derrota del hambre. De hecho, está constantemente trabajando, a través de sus propias estructuras, para aliviar de la pobreza y las privaciones que afligen a gran parte de la población mundial”.

Y añade que “es plenamente consciente de que su propio compromiso en este campo forma parte de un esfuerzo común internacional para promover la unidad y la paz entre la comunidad de poblaciones”.


jueves, 14 de octubre de 2010

DOS OPINIONES SOBRE LA HISPANIDAD

LA DEFENSA DE LA HISPANIDAD HOY

por Edgardo Atilio Moreno



Una de las notas que distinguen al verdadero nacionalismo argentino de sus falsificaciones cripto-marxistas es la del hispanismo.

Lamentablemente, a algunos nacionalistas practicones esta característica distintiva les resulta incomoda de sostener; ello atento a que, en los tiempos que corren, ella es por de mas políticamente incorrecta.

Sin embargo los nacionalistas no podemos dejar de ser hispanistas dado que tenemos la obligación de defender nuestra identidad nacional; y no hay dudas que la Hispanidad es uno de los componentes básicos del Ser Nacional argentino.

Mas allá de todas las impugnaciones que el progresismo pueda formular a nuestra identidad hispánica, ella constituyó la matriz cultural de la cual salió nuestra Nación; y todo lo demás, pre-existente o sobreviniente, le es accesorio.

El análisis objetivo de nuestra historia y tradición demuestra que somos hijos legítimos de esa España misionera y reciamente medieval que encarnó los valores tradicionales de la Cristiandad y del orden natural para llevar adelante la empresa portentosa de difundir el Evangelio en estas tierras; de ella provienen los elementos básicos y esenciales que conforman nuestro Ser Nacional, le pese a quien le pese, es ese un dato de la realidad que no proviene de ningún a priori filosófico o teológico sino del conocimiento de nuestra tradición histórica.

Cabe aclarar -por las dudas- que cuando hablamos de Hispanidad no estamos apelamos a un españolismo desatinado que reivindica tutelas y primacías que no corresponden; ni nos estamos refiriendo a la España moderna y masónica que traicionó su destino. Mucho menos estamos mentando una entelequia o ficción salida de un caletre anacrónico, sino que estamos hablando de algo bien concreto y real.

La Hispanidad , como bien lo enseñó el Padre Zacarias de Vizcarra, es el conjunto de cualidades que distinguen a los pueblos hispánicos, sobretodo aquellas que le permitieron a España llevar adelante la misión ecuménica de ser portadora del mensaje evangélico y construir un Imperio en donde esas dos realidades, la espiritual y la temporal, coexistan en armonía. Por ello la Hispanidad es también una weltanschauung, es decir una visión del mundo basada en el catolicismo militante y opuesta al racionalismo, al liberalismo, y a todos los valores de la modernidad refractarios de nuestra identidad y de nuestra Fe.

Cuando los valores espirituales de la Hispanidad vertebraban el orden social y político en estas tierras, la Argentina fue grande; nuestra sólida identidad hispánica nos protegió de las malsanas influencias foráneas y nos permitió resistir con éxito las pretensiones imperialistas de las potencias extranjeras.

En aquellos tiempos, un orden social armónico, en donde -a pesar de las humanas deficiencias- el Bien Común era la meta de la sociedad política, mostraba a las claras la superioridad de la civilización cristiana y del orden tradicional por sobre los proyectos utópicos del iluminismo.

Todo ese edificio comenzó a derrumbarse cuando se inició el proceso de des-hispanización y sobre sus gloriosas ruinas se construyó el mito del Estado liberal.

Hogaño, si queremos resistir al avance mundialista y protegernos del cosmopolitismo extranjerizante debemos recuperar ese legado cultural que llamamos Hispanidad. Ese núcleo cultural originario es la única salvaguardia de nuestra nacionalidad.

Frente al tsunami cultural que plantea la globalización, y ante los nuevos desafíos que significan los renovados aluviones migratorios –sean estos de origen continental o extracontinental-, los argentinos no tenemos otra salida que revalorizar y revitalizar nuestra identidad hispánica.

No hay dudas que solo fortaleciendo lo castizo y criollo podremos absorber los elementos foráneos que se incorporan a nuestra Patria y amalgamarlos a nuestra nacionalidad; de lo contrario será imposible encarar cualquier empresa nacional.

Por ello, aunque parezca utópico o inoportuno, al nacionalismo argentino le cabe la obligación de seguir defendiendo la Hispanidad ; de seguir proclamando que nuestra Patria debe retomar su tradición hispánica y católica; de insistir en la necesidad de recuperar ese espíritu apostólico y guerrero desplegado en la conquista de América en la época de los Austrias, y que halló su correlato en los tiempos de don Juan Manuel de Rosas.

Solo así la Argentina volverá a ser esa nación digna y soberana; heroica y orgullosa; esa tierra hidalga de las estancias y las pulperías, de los fortines y los campanarios, de las industrias y de los ríos encadenados, de la cruz y la espada.

Tsunamipolitico, 14-10-10

INDIGENISMO HISPANOFÓBICO O UNIDAD LATINOAMERICANA

por Jorge E. Camacho Ruiz



Hoy nuevamente nos reunimos a conmemorar la llegada de Don Cristóbal Colón, a lo que posteriormente se llamaría América. Acontecimiento que para unos será una epopeya, mientras que para otros una tragedia. Pero la historia no es lo que deseáramos, sino la estricta realidad del accionar humano, y la humanidad, según el Génesis, desde la caída de nuestros primeros padres no se ha caracterizado por ser perfecta.

Pero más allá de las interpretaciones históricas y nuestras opciones o preferencias. La llegada de Colón, significo el encuentro de dos mundos y la fusión y nacimiento de uno nuevo. Y éste nuevo mundo es lo que somos. Lo que no podemos negar son nuestras raíces, porque sería como negarnos a nosotros mismos. Por nuestra sangre fluye el aporte de dos mundos, que no podemos desconocerlos, si lo haríamos, nos perderíamos, no sabríamos de donde venimos y entonces no sabríamos hacia donde dirigirnos.

A este día que hoy conmemoramos, en algún momento de la historia de nuestras Españas, y decimos Españas, según la vocación imperial, porque era abarcativo de las regiones de España, y de las diversas razas que ésta contenía, pensemos no solamente en los castellanos, recordemos a los vascos, los catalanes, los gallegos, etc., por todo ello decidieron denominar a esta fecha como el “Día de la Raza ” o de la “Hispanidad”, ocurre que para los humanistas españoles, el término “Raza”, no tiene un sentido estrictamente físico, como lo vimos, ya que la península Ibérica, por si sola, es un mosaico de razas; por el contrario para tales humanistas, resulta más importante el espíritu que el cuerpo, la esencia que la forma, por ello se habló de la “Raza del Espíritu”, es decir, el temperamento, el carácter, el estilo, la hidalguía, el sello identitario de haber asumido la cultura y la religiosidad hispánica, es por esta razón que España consideró a América y a los pueblos que existían en ella como propio, como idéntico, desde el momento que transfusiono su sangre, su historia, su cultura y religión, es por eso que resulta torpe y de una ignorancia supina pretender que España, celebre su conquista sobre la desgracia de otras razas vencidas, en absoluto España jamás fue mezquina porque se encontraba hermanada en la Fe de Jesucristo, por eso se dice que España quiso transplantar lo mejor de España a América, y lo hizo con sus Hijos y Familias, con Universidades, con sus Ordenes, con sus Templos y Ciudades.

De modo que si en la actualidad la palabra “Raza” adquiere otro contexto, por la manipulación mediática de ciertos ideólogos, no fue el que estaba presente en la mentalidad, en la idea, de los hispanistas.

Hoy existen algunos ideólogos que insisten en que veamos nuestro pasado como si fuéramos tuertos, se ha instalado en estos últimos años una moda el indigenismo que lo festejamos como justo y reivindicativo en la medida que no oculte solapadamente una furiosa hispanofobia que desemboque en un peligroso racismo secesionista o separatista, el problema de esta tendencia es que el único malo de la película, resulta ser el conquistador español, y ahora también, los criollos, sean blancos o mestizos. No recuerdan que en la América precolombina también existían humanos, que como en cualquier otra geografía, amaban, odiaban, guerreaban y explotaban, con una pequeña y gran diferencia, desconocían la prédica del amor cristiano. Pero la leyenda negra del ogro español, frente al desgraciado natural, hoy se impone en la cátedra y en el bombardeo mediático, como dogma inapelable.

En otras épocas, digamos en tiempos en donde regía el liberalismo positivista, la moda de entonces, era al revés, debía verse a los perversos, entre los malones indios, y que había de exterminárselos para terminar con la barbarie y así arribaríamos a las luces del progreso y de la moderna civilización occidental.

Resulta que ambas postura carecen de objetividad histórico-antropológica, porque malos y buenos han existido en todos los espacios, tiempos y razas. Pero claro siempre resulta más fácil, para los espíritus mediocres encapsular los hechos históricos con una mirada maniqueísta. Los hechos del pasado no se pueden juzgar con los ojos de nuestro tiempo, ni con versiones tergiversadas, ni con lecturas superficiales, simplificadas, reduccionistas.

España pudo haber tenido virtudes y defectos, aciertos y errores, pero no tuvo empacho en unir su sangre con el natural de América. ¿Lo hicieron los anglosajones? Éstos ¿Cuántos pueblos originarios hicieron desaparecer en la América del Norte? Y ¿Cuántas veces se escucha a las ONG indigenistas, financiadas desde el extranjero, manifestarse en contra de la pérfida Albión: Inglaterra y su hija putativa los Estados Unidos?

Y los hispánicos, en cambio ¿Cuántos naturales lograron conservar en comparación con aquellos en todo Latinoamérica?

Por otra parte: ¿Pudo un grupo reducido de españoles imponerse en todo un continente desconocido sin la alianza de los mismos pueblos originarios? Y ¿Por qué muchos de esos pueblos prefirieron a los españoles que a sus propios hermanos originarios? ¿No será que el totalitarismo antropofágico de los “originarios” era tan funesto que prefirieron a los recién llegados?

Pretende la hispanofobia ¿Qué somos miopes o tontos? ¿Qué sientamos vergüenza de nuestros antepasados? ¿Qué decretemos el final de la portación de nuestros apellidos hispánicos? ¿Qué decretemos la abolición del castellano? ¿Qué renunciemos a la Fe del Crucificado? ¿Qué en aras de un indigenismo paganizante restauremos los rituales sangrientos y las practicas de esclavismo y canibalismo?

¿Qué indígenas, criollos, mestizos e inmigrantes, que desde los tiempos de nuestra independencia hemos decidido vivir en paz y unidos en este continente, ya no nos veamos como hermanos del gran espacio Latinoamericano?

Estemos advertidos y alertas ante esta nueva onda hispanofóbica porque se sospecha que hay una potencia históricamente enemiga que pretende un enfrentamiento étnico para fragmentar los actuales Estados Latinoamericanos, un adelanto pequeño de muestra de esas intenciones lo hemos visto no hace mucho, en nuestro vecino país en Bolivia.

Latinoamérica o Iberoamérica es el nuevo mundo que surgió como resultado del encuentro entre el viejo y el nuevo continente. En este espacio del mundo floreció un crisol de pueblos y de razas, que más allá de sus diferencias, debemos comprometernos en conservarlos, seguramente es el continente de la esperanza para un mundo venideramente nuevo, no seamos incautos, no nos dejemos entrampar ni engañar por aquellos loros mediáticos repetidores de historietas novedosas que jamás las profundizaron y que fueron armadas por cerebros de otras latitudes que planifican y practican por determinadas décadas políticas de alineamiento y dominio. América Austral es el continente de la esperanza que habrá de inaugurar en el futuro una nueva y renovada civilización.

En este año del Bicentenario, ante siniestros proyectos globales que intentan fracturar nuestras Patrias, debemos permanecer alertas y unidos, y renovar nuestra fraternidad latinoamericana, atendiendo atentamente el consejo de Martín Fierro: “Los hermanos sean unido en cualquier tiempo que fuera, esa es ley verdadera, porque si los hermanos se pelean los devoran los de afuera”.

Tsunamipolitico, 12-10-10





martes, 12 de octubre de 2010

CARTA APOSTÓLICA

en forma de MOTU PROPRIO

UBICUMQUE ET SEMPER

del Sumo Pontífice
BENEDICTO XVI

CON LA QUE SE INSTITUYE EL CONSEJO PONTIFICIO

PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo. Él, el primer y supremo evangelizador, en el día de su ascensión al Padre mandó a los Apóstoles: “Id, y haced que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo os he mandado" (Mt 28,19-20). Fiel a este mandato la Iglesia, pueblo que Dios se adquirió para que proclame sus obras admirables (cfr 1Pe 2,9), desde el día de Pentecostés, en el que recibió en don el Espíritu Santo (cfr Hch 2,14), nunca se ha cansado de dar a conocer al mundo entero la belleza del Evangelio, anunciando a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, el mismo “ayer, hoy y siempre” (Hb 13,8), que con su muerte y resurrección realizó la salvación, llevando a cumplimiento la antigua promesa. Por tanto, la misión evangelizadora, continuación de la obra querida por el Señor Jesús, es para la Iglesia necesaria e insustituible, expresión de su misma naturaleza.

Esta misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los tiempos, las situaciones y los momentos históricos. En nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido confrontarse con el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde hacía siglos parecían impregnadas por el Evangelio. Las transformaciones sociales a las cuales hemos asistido en las últimas décadas tienen causas complejas, que hunden sus raíces lejos en el tiempo y que han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Piénsese en los gigantescos progresos de la ciencia y de la técnica, en la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual, en los profundos cambios en el campo económico, en el proceso de mezclas de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios masivos, en la creciente interdependencia entre los pueblos. Todo ello no ha sucedido sin consecuencias también para la dimensión religiosa de la vida del hombre. Y si por un lado la humanidad ha conocido innegables beneficios de estas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva (cfr 1Pe 3,15), por el otro se ha verificado una preocupante pérdida del sentido de lo sagrado, llegando incluso a poner en cuestión esos fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador, y la común comprensión de las experiencias fundamentales del hombre como el nacer, el morir, el vivir en una familia, la referencia a una ley moral natural.

Aunque todo ello ha sido saludado por algunos como una liberación, bien pronto se ha advertido el desierto interior que nace allí donde el hombre, queriendo se el único artífice de su propia naturaleza y de su propio destino, se encuentra privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas.

Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II asumió entre las temáticas centrales la cuestión de la relación entre la Iglesia y este mundo contemporáneo. Tras las huellas de la enseñanza conciliar, mis Predecesores han reflexionado ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para permitir a nuestros contemporáneos escuchar aún la Palabra viva y eterna del Señor.

Con visión de futuro, el Siervo de Dios Pablo VI observaba que el compromiso de la evangelización “se demuestra igualmente cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para multitud de personas que recibieron el bautismo pero que viven completamente fuera de la vida cristiana, para gente sencilla que tiene una cierta fe pero que conoce mal sus fundamentos, para intelectuales que sienten la necesidad de conocer a Jesucristo en una luz distinta de las enseñanzas recibidas en su infancia, y para muchos otros” (Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, n. 52). Y, con el pensamiento dirigido a los alejados en la fe, añadía que la acción evangelizadora de la Iglesia “debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles o volverles a proponer la revelación de Dios y la fe en Jesucristo” (Ibid., n. 56). El Venerable Siervo de Dios Juan Pablo II hizo de esta comprometida tarea uno de los puntos cardinales de su vasto Magisterio, sintetizando en el concepto de "nueva evangelización", que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera a la Iglesia hoy, en particular en las regiones de antigua cristianización. Una tarea que, si bien se refiere directamente a su forma de relacionarse hacia el exterior, presupone sin embargo ante todo una constante renovación interior, un continuo pasar, por así decirlo, de evangelizada a evangelizadora. Baste recordar lo que se afirmaba en la Exhortación postsinodal Christifideles Laici: "Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado Primer Mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida 'como si no hubiera Dios'. Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y ceremoniales— tiende a ser arrancada de cuajo de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. [...] En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad. Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la cristiana trabazón de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones" (n. 34).

Haciéndome por tanto cargo de la preocupación de mis venerados Predecesores, considero oportuno ofrecer respuestas adecuadas para que la Iglesia entera, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización. Ésta hace referencia sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que sin embargo viven realidades muy diferenciadas, a las que corresponden necesidades distintas, que esperan impulsos de evangelización distintas: en algunos territorios, de hecho, a pesar del progreso del fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta aún una buena vitalidad y un profundo arraigo en el alma de poblaciones enteras; en otras regiones, en cambio, se nota una más clara toma de distancia de la sociedad en su conjunto hacia la fe, con un tejido eclesial más débil, aunque no privado de elementos de vivacidad, que el Espíritu no deja de suscitar; conocemos también, por desgracia, zonas que parecen completamente descristianizadas, en las que la luz de la fe se confía al testimonio de pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitan un renovado primer anuncio del Evangelio, parecen ser particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano.

La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de "nueva evangelización" no significa, de hecho, deber elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, con todo, no es difícil darse cuenta de que de lo que tienen necesidad todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es de un renovado empuje misionero, expresión de una nueva generosa apretura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será la de hacerse dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio, y que abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de forma fecunda la Palabra del Evangelio, es necesario ante todo que se haga una profunda experiencia de Dios.

Como afirmé en mi primera Encíclica Deus caritas est: "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva" (n. 1). De forma parecida, en la raíz de toda evangelización no hay un proyecto humano de expansión, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios ha querido hacernos, haciéndonos partícipes de su misma vida.

Por tanto, a la luz de estas reflexiones, tras haber examinado con cuidado todo y haber pedido el parecer de personas expertas, establezco y decreto cuanto sigue:

Art. 1.

§ 1. Se constituye el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, como Dicasterio de la Curia Romana, en el sentido de la Constitución apostólica Pastor bonus. § 2. El Consejo persigue su propia finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como individuando y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla.
Art. 2.

La acción del Consejo, que se lleva a cabo en colaboración con los demás Dicasterios y Organismos de la Curia Romana, en el respeto de sus relativas competencias, está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en esos territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización.
Art. 3.

Entre las tareas específicas del Consejo se señalan: 1°. profundizar en el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización; 2°. promover y favorecer, en estrecha colaboración con las Conferencias Episcopales interesadas, que podrán tener un organismo ad hoc, el estudio, la difusión y la realización del Magisterio pontificio relativo a las temáticas conectadas con la nueva evangelización; 3°. hacer conocer iniciativas ligadas a la nueva evangelización ya en acto en las diversas Iglesias particulares y a promover su realización de nuevo, implicando activamente también los recursos presentes en los Institutos de Vida Consagrada y en las Sociedades de Vida Apostólica, como también en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades; 4°. estudiar y favorecer la utilización de las modernas formas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización; 5°. promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo.
Art.4

§ 1. El Consejo está dirigido por un Arzobispo Presidente, coadyuvado por un Secretario, por un Subsecretario y por un adecuado número de Oficiales, según las normas establecidas por la Constitución apostólica Pastor bonus y por el Reglamento General de la Curia Romana. § 2. El Consejo tendrá Miembros propios y puede disponer de Consultores propios.
Todo lo que ha sido deliberado con el presente Motu proprio, ordeno que tenga valor pleno y estable, a pesar de cualquier cosa contraria, aunque sea digna de mención particular, y establezco que sea promulgado mediante la publicación en el diario L'Osservatore Romano y que entre en vigor el día de la promulgación.

Dado en Castel Gandolfo, el día 21 de septiembre de 2010, Fiesta de san Mateo, Apóstol y Evangelista, año sexto de mi Pontificado.

BENEDICTUS PP. XVI


CIUDAD DEL VATICANO, martes 12 de octubre de 2010 (ZENIT.org).-

domingo, 10 de octubre de 2010

MONS. HÉCTOR AGUER:

“Del filicidio al aborto: La ruina de la sociedad”

“Mis amigos hoy voy a retomar un tema al cual me he referido, aquí en Claves, hace aproximadamente dos meses. Y tengo la impresión de que es positivo volver sobre determinados problemas. Me parece que machacar sobre puntos fundamentales, sobre todo aquellos que tienen que ver con la naturaleza del hombre y con las situaciones que se viven en las sociedades de hoy, ayuda muchísimo a comprender lo que está pasando. Y estoy seguro que todos ustedes me lo agradecen”.

“Me refiero a ese proyecto de ley -era un proyecto cuando yo me referí a él- para disminuir la pena a la mujer que comete filicidio a poco de nacer su hijo. Hoy día ya no es un proyecto de ley sino que es una semi-ley porque tiene media sanción de la Cámara de Diputados de la Nación”.

“Lo notable es la ligereza con que se resuelven estas cosas, y la imprecisión en la que queda formulada la medida legal”.

“En los fundamentos de este proyecto se decía así: “La prueba de la existencia real del estado psicológico en el periodo del puerperio presenta dificultades prácticas ya que requiere de una pericia médica que siempre es posterior al hecho ilícito. Por ende, y considerando la posible transitoriedad del desequilibrio psíquico este debe ser presumido”.

“O sea que si una mujer mata a su hijo, poco tiempo después del parto –se admite que el período del puerperio no es fácil de determinar– hay que presumir que lo ha hecho porque ha sufrido un desequilibrio que obnubiló su capacidad de elegir correctamente. Entonces se le aplica una pena que va de los 6 meses a los 3 años, con lo cual se convierte esto en un delito excarcelable”.

“En el Código Penal hasta el presente se trataba de un homicidio agravado por vínculo”.

“Lo que hay que decir en buen romance es que con esta decisión se desprecia la vida del neonato. Más allá de lo que se pueda opinar sobre la graduación de la pena, lo que significa esto es el menosprecio de la vida del niño recién nacido”.

“Corresponde además asociar este hecho a otro que parece inminente, por lo menos en la intención de muchos legisladores: la legalización del aborto, tema sobre el cual ya se está tratando en comisiones parlamentarias”.

“Entonces: ¿qué diferencia hay entre matar a un niño recién nacido y matar a un niño por nacer? Es penoso comprobar que la mayor parte de los impulsores de estos proyectos de ley son mujeres. Esto resulta aterrador, y muestra el estrago intelectual y moral que produce la ideología del feminismo extremo”.

“Se puede observar también que las mujeres que profesan esa ideología no quieren ni oír hablar del niño por nacer. Esa expresión, que es hoy día aceptada comúnmente y que aparece en documentos jurídicos indiscutibles, les causa escozor”.

“Una Jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha dicho recientemente que el feto es un pedazo del cuerpo de la madre y por tanto ella tiene el derecho a decidir sobre su cuerpo y puede entonces expulsar “eso que le ha aparecido dentro”. Si a ese nivel se habla con tanta ligereza, ¿qué se puede esperar entonces?”.

“Estos proyectos que se van convirtiendo en ley, poco a poco van alterando los paradigmas en la sociedad argentina, porque cuando la ley autoriza una conducta o no la considera tan grave y está disminuyendo la pena correspondiente, en el fondo se está favoreciendo la comisión del delito”.

“Aquí se juegan cuestiones fundamentales del orden social ante las cuales cobra protagonismo una especie de “transversalidad feminista” que se encuentra en los cuerpos legislativos. ¿Cómo es posible que medidas antihumanas y antijurídicas se intenten en nombre del derecho de la mujer? En realidad desfemineizan a la mujer, le arrebatan aquello que tiene como característica irremplazable, única, que es su capacidad de dar vida, de acoger la vida, de defender la vida”.

“Poco a poco, se intenta cambiar la mentalidad de la sociedad argentina; eso es lo que se procura: un cambio cultural respaldado por la ley, en contra de los valores fundamentales de la condición humana”.

“Sobre esto tenemos que estar advertidos. Creo que todo ciudadano tiene el derecho y el deber de manifestarse contra estos atropellos que en el fondo niegan las características fundamentales de la naturaleza humana. No se quiere reconocer que la persona tiene una naturaleza y que al obrar contra ella entra en un camino de autodestrucción. El cambio cultural apunta a deformar los principios fundamentales del orden social cuando altera las nociones básicas de libertad, justicia y derecho, sobre los cuales se funda la vida de una sociedad verdaderamente humana”.

diario7.com.ar/10-Oct-2010

miércoles, 6 de octubre de 2010

EL CATÓLICO EN POLÍTICA




el libro de Mons. Giampaolo Crepaldi

En los próximos días será distribuido en las librerías el libro “el Católico en Política” de Giampaolo Crepaldi, Arzobispo de Trieste (Ediciones Cantagalli, Siena 2010). El libro contiene dos partes. La prima hace referencia a “los principios” y la segunda “los contenidos” del empeño político del católico. Un total de 20 breves capítulos, escrito con lenguaje incisivo y de lectura rápida, que va directamente al Quit de los problemas sin tantos rodeos.

La parte sobre los principios hace referencia a valores y criterios que deben presidir el trabajo político del católico; mientras, la segunda parte habla de los principales problemas que se deben afrontar, que según Mons. Crepaldi son los siguientes: La defensa de la vida, la protección y valorización de la familia, la libertad de la familia para educar a los hijos, la promoción del derecho a la libertad religiosa, el trabajo y la lucha subsidiaria contra la pobreza; la reforma del Estado buscando el bien común; la inmigración y la sociedad del futuro; la gestión responsable del ambiente; Europa y su identidad; la Nación y el desarrollo de los pueblos.

El libro – que inicia con una presentación del Cardenal Bañasco – tiene una cosa particular: se dirige a los políticos, es decir, a quienes están empeñados en un partido o en un organismo público, legislativo o administrativo. Esto no significa que todos nosotros no lo podamos leer y encontrar indicaciones útiles para nuestro ser político, no es un libro genérico, sobre la actividad política concreta. Aquí se encuentra su gran interés.

El subtitulo “Manual para retomar la política” indica que se puede utilizar en cursos de formación política, en grupos de trabajo y de estudio. Los capítulos van en modo simple, no hay notas o aparatos bibliográficos. Es un instrumento que sirve a la formación de los jóvenes en política.

Osservatorio Internazionale Cardinale Van Thuân

UN CONFLICTO INNECESARIO, UN AGRAVIO INMERECIDO

Por Andrés Cisneros

En política exterior, cualquier decisión puede gustarnos o no, según gratifique a nuestro color ideológico. Pero es objetivamente buena o mala según beneficie o perjudique al interés nacional argentino.
En esa perspectiva, aún los más convencidos de que la negativa de extraditar a Apablaza estuvo bien, deben igualmente tomar en cuenta los costos que por tal decisión vamos a terminar pagando.
En los Ochenta, cuando recuperamos nuestra democracia, afrontábamos un balance sumamente negativo. Cien años de controversias limítrofes, en 1978 invadimos Chile, al borde de un conflicto armado que habría resultado siniestro, veníamos de desconocer el laudo por el Beagle, el régimen de Pinochet había apoyado a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas y se acentuaba un sentimiento de antagonismo claramente pernicioso para los tiempos por venir.
En los siguientes veinte años invertimos completamente la actitud.
Cambiamos hostilidad por cooperación, solucionamos la totalidad de los conflictos limítrofes, Chile pasó a apoyarnos militantemente en el reclamo por Malvinas, se convirtió en el tercer inversor extranjero directo en Argentina y miles de millones de dólares trasandinos se inyectaron en nuestro sistema económico, al tiempo que concertábamos innumerables acuerdos públicos y privados de progreso asociado.
Nada de eso va a revertirse a causa de nuestra negativa respecto de Apablaza, pero ciertamente va a perjudicar a ese proceso, ese sí verdaderamente progresista, y se inscribe en el ya muy poblado museo de las acciones políticas que, a contramano del avance regional, introducen palos en la rueda del entendimiento.
En términos jurídicos, la Corte argentina ya se había pronunciado. Y en términos políticos, no tiene importancia si Apablaza es culpable o más inocente que la Madre Teresa: esa es una decisión que corresponde a la Justicia chilena.
Esa habría sido nuestra correcta respuesta política. Siempre y cuando, por supuesto, pensemos que Chile es una verdadera democracia y allí funciona un sistema judicial respetable y que garantiza los derechos humanos.
A partir de ahora, el mensaje que estamos enviando al mundo entero es que nosotros, los argentinos, los socios, amigos y vecinos estratégicos de Chile, quienes más los conocemos, creemos que eso no es cierto, que la democracia y la Justicia chilenas no son de fiar, que no ofrece las garantías suficientes del debido proceso.
Pavada de ofensa y pavada de costo que deberemos afrontar, en una nueva disminución de nuestra ya módica credibilidad en el mundo. Un agravio inmerecido a quienes siempre hemos considerado como hermanos, una verdadera cruzada contra nosotros mismos, un conflicto completamente innecesario, sorprendiendo a los desprevenidos chilenos con la inevitable sospecha de que, para determinadas formas de entender la política, cuando talla la ideología tambalea el estado de derecho.
Para cerrar, es de lamentar que los fundamentos de la CONARE (Comisión Nacional para los Refugiados) no se den a la luz pública. Una pena, pero cualquier interesado puede conseguir unas argumentaciones de resultado semejante: son las que esgrime Irán para no acceder al pedido de extradiciones que le reclama la Argentina.

Clarin, 3-10-10

sábado, 2 de octubre de 2010

ITALIA: UNA BEBA NACIÓ TRAS LA MUERTE (sic) DE SU MADRE


Se llama Idil, pesa poco más de 700 gramos y mide 32 centímetros la niña "nacida de la muerte" que conmueve a Italia. Prematura, esta beba hija de una pareja somalí fue traída al mundo anteayer a las 11 de la mañana en la sala de terapia intensiva del hospital Santa Ana de Turín, en el norte de Italia. Allí, su madre se encontraba clínicamente muerta desde el 26 de agosto pasado.

En un caso científico y en un drama humano que han dado mucho que hablar, la madre de esta beba diminuta también se llamaba Idil. De 28 años y madre de otros cinco hijos, la mujer había llegado a fines de julio desde Somalia en condiciones desesperadas debido a un tumor en el cerebro.

Operada el 24 de agosto pasado, dos días más tarde la mujer cayó en un coma irreversible. Los ginecólogos del hospital Santa Ana, sin embargo, decidieron seguir adelante con su embarazo. Conectaron a la mujer cerebralmente muerta a un respirador, la alimentaron por sonda y le dieron inyecciones para controlar su presión sanguínea. A las 28 semanas de gestación, los médicos le hicieron una cesárea.

Después del parto, Idil madre fue desconectada de los aparatos que la mantenían con vida. Idil beba, en cambio, está en una cuna térmica de terapia intensiva. Harán falta dos o tres meses antes de que pueda salir de terapia intensiva. "El 90 por ciento de los bebes que nacen en la semana 28 sobreviven y el 90% de los que sobreviven crecen sin daños relevantes -explicó el doctor Claudio Martano-. Pero aquí nos encontramos ante un caso prácticamente único: una beba nacida de una madre muerta desde hace un mes. El organismo sin vida de la madre puede haber desencadenado problemas que hoy todavía no conocemos o no podemos ver", agregó.

www.diario7.com.ar/02-Oct-2010