domingo, 20 de febrero de 2011

UN MAR DE EXENCIONES AL PAGO DE IMPUESTOS


Por Ismael Bermúdez

La exención impositiva de que gozan los jueces y magistrados ­un tema que en los últimos días sacaron a luz sectores del Gobierno­ es una gota de agua en el mar de los privilegios tributarios totales que otorga el Estado a determinadas actividades y grupos económicos.

El Ministerio de Economía calculó que las reducciones y exenciones tributarias alcanzarán en 2011 a $34.016 millones, que equivale al 2,1% del PBI y al 6,9% de la recaudación de impuestos nacionales y contribuciones a la seguridad social. La exención de Ganancias a jueces insumiría este año $270 millones, el 0,8% del total.

En tanto, un millón y medio de trabajadores en relación de dependencia y unos 50.000 jubilados están alcanzados por Ganancias, mientras siguen eximidos, por ejemplo, los intereses sobre los títulos públicos, depósitos en entidades financieras y de obligaciones negociables. A esta regresividad impositiva se suman los niveles de los impuestos al consumo ­por caso, el 21% del IVA-- que proporcionalmente más afectan a las franjas de menores ingresos.

Los $34.016 millones no incluyen las ganancias provenientes de la compra-venta de acciones y demás títulos valores que están exentas de Ganancias pero que resulta, según Economía, difícil de calcular o estimar. Tampoco se consideran el diferimiento del pago de impuestos, la amortización acelerada en Ganancias y la devolución anticipada de créditos fiscales en el IVA.

El argumento oficial es que "la pérdida de recaudación a que dan lugar en los años en que estos beneficios se usufructúan es compensada con mayores pagos de impuestos en años posteriores".

En el IVA no se consideran los seguros de retiro y de vida y los contratos con aseguradoras de riesgos del trabajo. Y en las contribuciones patronales, no hay cálculos sobre ciertas reducciones de alícuotas.

En función de las mencionadas limitaciones, Economía admite que las cifras "deben ser consideradas como estimaciones de aceptable confiabilidad del orden de magnitud de la pérdida de recaudación producida por el otorgamiento de los beneficios tributarios. Se adoptó como criterio general que las estimaciones estuvieran dirigidas a obtener valores de mínimo Gasto Tributario, a los efectos de no sobrestimar la ganancia de recaudación que se obtendría de la eventual eliminación o reducción del tratamiento especial". Así estas excepciones se incluyeran en el cálculo, el monto total de lo que en el Presupuesto se denominan "Gastos Tributarios" podría ser tres o cuatro veces superior.

Millones más, millones menos De los $34.016 millones, $25.554 corresponden a tratamientos especiales establecidos en las leyes de los respectivos impuestos y $8.462 millones, a beneficios otorgados en los diversos regímenes de promoción económica.

Los Gastos Tributarios sobre el impuesto a las Ganancias suman $ 8.563 millones. Los más importantes beneficios corresponden a las exenciones de los intereses de activos financieros (títulos públicos, depósitos bancarios y obligaciones negociables), que se calculan en $ 4.600 millones.

En las Contribuciones a la Seguridad Social, el Gasto Tributario insume $2.374 millones que corresponden a la reducción de las contribuciones patronales por zona geográfica, beneficio que al tener la forma de un crédito fiscal en el IVA, afecta además la recaudación de este impuesto. En este rubro no hay cifras sobre el costo fiscal de las reducciones durante dos años del 50 y 25% a las contribuciones del personal nuevo.

El IVA carga con casi la mitad de los Gastos Tributarios, con un monto de $16.334 millones. "El 77% se origina en las exenciones y alícuotas reducidas establecidas en la ley del tributo y el resto ­$ 3.680 millones-- es consecuencia de los beneficios otorgados por diversos regímenes de promoción económica", según Economía.

De los $34.016 millones, casi $ 8.500 millones corresponden a regímenes de promoción económica.

Por ejemplo, el régimen de Tierra del Fuego tiene un costo fiscal de $3.523 millones y del uso de biocombustibles, de $1.677 millones.

La promoción de la actividad minera figura con 506 millones de pesos.


Clarín, 20-2-11



OLIGARQUÍA DEL DINERO A LA SOMBRA DEL PODER



Por Georges Corm
EX MINISTRO DE FINANZAS DE LA REPUBLICA LIBANESA


Apartir de lo sucedido en Túnez, la gran sorpresa que dio la costa sur del Mediterráneo no es tan simple de dilucidar a primera vista. Fue un tunecino desesperado económica y socialmente el que, al inmolarse a lo bonzo, desdencadenó la ola de protestas populares que recorre el sur del Mediterráneo. Otros heroísmos han seguido incendiando la región.

En esta ola, conviene identificar la alquimia que moldeó hasta ahora los sucesos: fuertes reinvindicaciones de equidad social y económica, sumadas a aspiraciones de libertad política y alternancia en el poder. Hablar únicamente de la reivindicación politica que levantan las clases medias y olvidar las reivindicaciones de justicia y equidad que levantan las clases más desfavorecidas conducirá a graves desilusiones.

Ahora bien, el sistema que provocó la desesperación social es el de las "cleptocracias" que vinculan los poderes locales a oligarquías de negocios que ellos engendran y a las grandes empresas europeas o a los poderosos grupos financieros árabes, originarios de los países exportadores de petróleo. Ese es el sistema que ha alimentado también el aumento de las corrientes islámicas de protesta.

La oleada de neoliberalismo impuesta a los Estados de la orilla meridional del Mediterráneo desde hace treinta años facilitó la creación de las oligarquías locales.

Su modo de llevar adelante las privatizaciones desempeñó un papel importante en este proceso, así como las redituables especulaciones hipotecarias y el desarrollo de sistemas bancarios, financieros y bursátiles sólo beneficiaron a esa nueva oligarquía empresaria.

Ahora bien, son muchos los observadores que, con ingenuidad, apostaron a que los nuevos empresarios serían el motor de un dinamismo económico innovador y generador de empleos que haría surgir una democracia liberal.

La realidad resultó ser otra. El repliegue del Estado de la economía y la fuerte reducción de su gasto de inversión en nombre de asegurar el equilibrio presupuestario, no se vieron compensados por un acrecentamiento de la inversión privada. Se suponía que esta última iba a crear nuevos empleos productivos para hacer frente a las pérdidas de puestos de trabajo provocadas por los planes de ajuste estructural del neoliberalismo y al aumento de la cantidad de jóvenes que ingresaban al mercado laboral.

El sector rural fue totalmente abandonado y la liberalización comercial complicó el desarrollo de la industria agroalimentaria y de una industria innovadora y capaz de generar puestos de trabajo calificados.

Frente a las fortunas considerables que se amasaron en estas últimas décadas, el eslogan "El Islam es la solución" ha apuntado, entre otras cosas, a recordar los valores de ética económica y social que encierra esta religión. Estos valores se asemejan curiosamente a los de la doctrina social de la Iglesia católica.

Por este motivo, si la cuestión de la igualdad y de la justicia económica no es abordada con coraje, se puede pensar que los avances democráticos serán más que frágiles, en el mejor de los casos.

Por cierto, los organismos internacionales de financiamiento, al igual que la Unión Europea, también tienen cierta responsabilidad en esto. Los programas de ayuda están destinados esencialmente a implementar una puesta librecambista a nivel institucional, pero no a cambiar la estructura y el modo de funcionamiento de la economía real. Esta última, prisionera de su carácter rentista y "plutocrático", se ve afectada por su falta de dinamismo e innovación.

En todas partes, el modelo económico es hoy el del predominio de una oligarquía acaudalada, ligada al poder político de turno, a las potencias europeas y EE.UU. y a determinadas grandes empresas multinacionales.

El Líbano se ha convertido en un modelo grotesco de esto, donde los intereses financieros y económicos sirven para perpetuar las formas alienantes de poder que se esconden detrás de los eslóganes comunitaristas escandalosos, como el de los sunitas "buenos" contra los chiitas "peligrosos".

Para que haya un cambio duradero en el Mediterráneo, encaminado a que pueda emerger un grupo euromediterráneo dinámico, competitivo y que practique la igualdad social, ¿no es necesario que la sociedad civil europea, a su vez, siga el ejemplo de lo que los medios designan desdeñosamente "la calle árabe"? Y que la sociedad civil europea levante, a su vez, el nivel de protesta contra la aventurerar oligarquía neoliberal que empobrece a las economías europeas, sin crear suficientes oportunidades de trabajo y que precariza cada año la situación laboral de más y más europeos de todas las nacionalidades. Ese deterioro se realiza en beneficio del reducido grupo de "directivos" cuyas remuneraciones anuales acaparan cada vez más riqueza nacional.

Al norte y al sur del Mediterráneo, esos "directivos" sostienen a los poderes de turno y dominan la escena mediática y cultural.

Debemos entonces replantearnos al mismo tiempo el porvenir no solamente de una de las orillas del Mediterráneo, sino de ambas y de sus vínculos multiformes.

El ejemplo de la costa sur mediterránea hoy debería estimular en la costa norte la capacidad de pensar, de una manera diferente, otro futuro en común.


Clarín, 20-2-11

sábado, 19 de febrero de 2011

EL POLÍTICO CATÓLICO ANTE EL LAICISMO



Por monseñor Enrique Sánchez Martínez



Un laicismo sano, como lo reconoce la doctrina de la Iglesia católica, se entiende como la separación entre el Estado y la Iglesia o confesión religiosa. Por esto, el Estado no debe inmiscuirse en la organización ni en la doctrina de las confesiones religiosas, y debe garantizar el derecho de los ciudadanos a tener sus propias creencias y manifestarlas en público y en privado, y a dar culto a Dios según sus propias convicciones. También debe garantizar el derecho a la objeción de conciencia, por el cual los ciudadanos no podrán ser obligados a actuar en contra de sus propias convicciones o creencias. De acuerdo con este concepto de laicismo, el Estado y la Iglesia o confesión religiosa mantendrán relaciones de colaboración en los asuntos que son de interés común. En este sentido el Papa Benedicto XVI nos ha orientado hacia una reflexión y profundización de este laicismo sano en pro de la Libertad Religiosa (Jornada Mundial para la Paz, "La Libertad Religiosa, camino para la paz", 1 enero 2011). Pero el laicismo también es entendido por otros como una ausencia de relaciones. En virtud de este falso concepto, el Estado debe ignorar a todas las confesiones religiosas; se debe prohibir que el Estado mantenga relaciones con la Iglesia u otra confesión religiosa.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, promulgada por la Organización de las Naciones Unidas en 1948, garantiza (Art. 18) a todas las personas la "libertad de manifestar su religión o creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado". Los poderes públicos deben garantizar el derecho de los creyentes a manifestar sus convicciones religiosas en público. Ellos tienen el derecho a organizar procesiones, colocar cruces en lugares a la vista del público, etc. No sería razonable que se pudieran organizar manifestaciones políticas en las ciudades o que se pudieran colocar emblemas de partidos políticos o de sindicatos en la calle, y que se negaran los mismos derechos a los creyentes porque son símbolos religiosos.

Por otro lado, los ciudadanos tienen derecho a formar su opinión sobre los asuntos de interés político. Para ello, pueden considerar las fuentes de opinión que estimen conveniente. Sin duda entre las fuentes se encuentra la doctrina de la Iglesia Católica o de su propia confesión religiosa, o el pronunciamiento de un Obispo. Si un ciudadano (o un diputado, o senador en el Congreso, o regidor en el Ayuntamiento) vota en conciencia de acuerdo con sus creencias, lo hace porque ha escuchado los argumentos de su confesión religiosa y le han convencido. Sería una grave discriminación que se pidiera a los ciudadanos que actuaran en contra de su conciencia y de sus convicciones en el momento de emitir su voto.

Para el político católico este concepto de laicismo es un valor adquirido que hay que defender. El cristianismo ha contribuido mucho en la fundación del laicismo auténtico. "De hecho - lo afirma Mons. Crepaldi - el cristianismo no es una religión fundamentalista. El texto sagrado en el que se inspira no se toma al pie de la letra, sino que se interpreta; la autoridad universal del Papa libera a los cristianos de las excesivas sujeciones políticas nacionales, Dios confió la construcción del mundo a la libre y responsable participación del hombre. Esto no significa que la sociedad y la política sean totalmente ajenas a la religión cristiana, que no tengan nada que ver con ella". La sociedad necesita a la religión para mantener un nivel de laicismo sano. El cristianismo ayuda a la sociedad en este fin, ya que no le impide ser legítimamente autónoma y al mismo tiempo la sostiene y la ilumina con su propio mensaje religioso. Se podría decir que el cristianismo la empuja a ser ella misma en cuanto que hace aparecer su plena vocación y le pide que exprima al máximo sus capacidades, sin encerrarse en sí misma.

Hoy se tiende a considerar el laicismo como neutralidad del espacio público respecto de los absolutos religiosos. Estos Principios Absolutos o Religiosos son: dignidad de la persona humana y sus derechos, el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad, la participación, la solidaridad, la caridad; además los valores fundamentales de la vida social: la libertad, la justicia, la verdad, la paz. Se afirma que en estos espacios lo religioso no debe intervenir, primero porque en una democracia no habría sitio para principios; y segundo, porque los absolutos religiosos son irracionales, y en el espacio público solo admite un discurso racional. Pero entonces este espacio permanecería vacío, así se deja lugar para crear nuevos absolutos enemigos del hombre, para nuevos dioses (sobre este tema ver Mons. Giampaolo Crepaldi, "El político católico, laicismo y cristianismo").

¿La democracia es incompatible con los principios absolutos? No es así, al contrario, los necesita. Se puede afirmar que la falta de éstos en una sociedad, genera una lucha de todos contra todos donde tiene razón quien es más fuerte. También la democracia se arriesga a reducirse a la fuerza de la mayoría. Por ésto existe la necesidad de que los ciudadanos crean en principios absolutos. Lo sustancial, lo fundamental de la democracia es la dignidad de la persona que se debería considerar un Principio Absoluto. ¿Y cómo se puede considerar un valor absoluto si no se fundamenta en Dios?

¿La religión es irracional? No hay duda de que existen formas de religión irracionales total o parcialmente. Pero el cristianismo no lo es. El cristianismo es razonable, no contradice ninguna verdad racional, sino que incluso se vincula a ellas complementándolas sin exigir al hombre, para ser cristiano, la renuncia de todo aquello que lo hace verdaderamente hombre. No es aceptable la idea de que la religión, sea cual sea, es, por su naturaleza, irracional.

Muchos entienden el laicismo como neutralidad, como una expulsión de la religión del espacio público. Mons. Fisichella dice al respecto: "...la secularización y después el laicismo agresivo tienden a excluir al cristianismo del ámbito público, y al hacerlo niegan la relación estructural de la razón con la fe, de la naturaleza con la gracia" (Rino Fisichella, "El valor salvífico del Evangelio también en la tierra"). La idea de quitar festividades religiosas, como la navidad, de impedir que se expongan símbolos religiosos en espacios públicos, de ejercer como misioneros, de hacer pública a otros la propia fe, porque sería un atentado a la libertad de religión, son algunas expresiones de esta idea de laicismo como espacio neutro. Una pared sin un crucifijo no es un espacio neutro, es una pared sin crucifijo. Un espacio público sin Dios no es neutro, sino que no tiene a Dios. El Estado que impide a toda religión manifestarse en público, quizás con la excusa de defender la libertad de religión, no es neutro en cuanto que se posiciona de parte del laicismo o del ateísmo y se toma la responsabilidad de relegar a la religión al ámbito privado. En muchos casos nace la religión del estado, la religión de la antirreligión.

Entre la presencia o la ausencia de Dios en el espacio público no hay término medio, no existen posiciones neutrales. Eliminar a Dios del espacio público significa construir un mundo sin Dios. Un mundo sin Dios es un mundo contra Dios. Excluir a Dios, aunque no se le combata, significa construir un mundo sin referencias a Él.

Por este motivo, el político católico no puede admitir ni colaborar con el laicismo entendido como neutralidad, porque desarrollará una nueva razón del Estado que, perjudicando la religión, se hará daño también a sí mismo. El político católico se opondrá para impedir, sea por razones religiosas, de las que no se puede separar, sea por razones políticas, que nazca una nueva religión del Estado perjudicial para la libertad de las personas.

DURANGO, sábado, 19 de febrero de 2011 (ZENIT.org-El Observador).-

TENEMOS ALTERNATIVA


Por Alberto Asseff

No todo es sombrío en la Argentina. Reconozco que mi tendencia – como la de muchos otros – es a marcar las notas negras y marginar las blancas y hasta las grises. Quizás sea lo que corresponde para quienes nos alistamos en las filas ajenas a los corifeos del poder y sus coros. Nuestra función primordial es señalar desvíos, censurar demasías, exigir rectificaciones y proponer opciones. No aplaudir. Para batir palmas están los otros, máxime si los ha ganado esa añeja vocación por la obsecuencia.
Empero, hoy debo detenerme en esa Argentina que todavía se esperanza en su futuro. Esa que trabaja, estudia, investiga, emprende, cría hijos de familia, respeta la ley, aspira a la plena vigencia de la Constitución y sus instituciones – incluida en especial la independencia de la buena Justicia -, practica la solidaridad, reza – no porque no ubico primero a la oración la relego en prioridades -, ama a la tierra y a la cultura que de ella – y de los hombres – dimana, cree en la necesidad de un proyecto nacional con sus consiguientes políticas de Estado, está convencida de que nuestro país necesita tan profundas reformas como las que hizo Deng en la China de 1979 y confía que no es verdad de que no se pueda desmontar el entramado corrupto que ha tomado al Estado, la política, los sindicatos, a cierto empresariado, a segmentos de los profesionales, a algún periodismo y a partes de la policía y la Justicia.

En una cuenta pesimista, ¿cuántos son los argentinos desbordados por la codicia personal, que no hesitan en embandarse y cometer fechorías y saqueos contra el patrimonio común, ese gran maltratado? ¿Un millón? Pues entonces existen 39 millones de bien nacidos. ¡Nada menos! ¡Cómo, entonces, no abrigar sueños, ambición, de cambio!
Dediquémonos a los 39 millones. Exhortémoslos a que asuman responsabilidades, a que se apeen de la apatía, a que retomen la confianza, a que hagan buena política como única e indispensable sustituta de la política espuria, a que sean cívicos, más que individuos.
Esos 39 millones deben hacerse oír. Es inadmisible que nos tengan anestesiados con el pasado. Que nos priven del estímulo del futuro. Todos los santos días rememoran por TV un magno entierro de 1952, un bombardeo de 1955 o algún discurso desde el balcón. Pero, ¿cuándo nos convocarán para construir 2 millones de viviendas, levantar un millón de nuevas Pymes, erradicar de cuajo la desnutrición, apostar al trabajo digno y no a la ayuda, hacer excelente la educación, enseñar respeto y tanto más?

Los 39 millones aguardamos, cada vez más apetentes, que se establezcan - ¡por Dios, de una vez ¡- la doce políticas de Estado y así inhumemos para siempre a los patológicos vaivenes y zigzagueos que han atrasado a la Argentina. Cada turno político una nueva fundación. ¡Enfermante!
Los 39 millones están hastiados de las letanías. Quieren ideas, propuestas, caminos, alternativas, vías hacia adelante. También tienen hartazgo con otra actitud, paradójica: hay muchos críticos que se satisfacen con indicar los males y carencias de los dirigentes más encumbrados, pero ocultando que existen alternativas y argentinos volcados a las políticas públicas por genuina vocación. Así, suelen decir que “nadie se ocupa del plan de Desarrollo” o “ninguno formula una idea” o – gravísimo – “todos son iguales”. Es un modo de ahondar la patología nacional. Porque si a las oscuridades que nos envuelve el presente le adunamos la ausencia de opciones, la negrura nos invade. Ahí sí que estaríamos extraviados y perdidos.

Es inverosímil que no haya dirigentes probos e íntegros. Así como de los 40 millones rescatamos nada menos que 39, a la runfla que nos (des) conduce, que nos está degradando como personas y como pueblo nacional, le podemos contrastar una pléyade de argentinos que tienen aptitud y experiencia para guiarnos colectivamente.
Lo alentador es que la noche está muy cerrada y las tinieblas muy densas, sobre todo en la faz ética – que tanto incide en todo. Quiere decir que estamos próximos al amanecer. El mero hecho de que lo estemos escribiendo, que sea publicado y leído, permite vislumbrar que la buena Argentina está por desbordar los muros de la putrefacción que la contiene y, peor, la esteriliza como tierra de promesas y bendiciones.
Existe alternativa. La llave la tienen 39 millones de hijos leales a sus valores. Son los ‘nobles’ que perviven porque no fueron alcanzados por la abrogación de la Asamblea del XIII. Es la nobleza cívica capaz de producir el resurgimiento.


viernes, 18 de febrero de 2011

EL P. VELAZCO PROMUEVE EL DISENSO EN LA IGLESIA



Nuevamente, el P. Rafael Velazco, rector de la Universidad Católica de Córdoba, divulga sus opiniones en La Voz del Interior (El disenso en la Iglesia católica, 13-2-11). Como en oportunidades anteriores, este sacerdote distorsiona deliberadamente la recta doctrina cristiana.

1. Sostiene que únicamente es obligatoria en la Iglesia la adhesión a las cuestiones dogmáticas, pero los dogmas son más bien pocos. En realidad, los dogmas son 42 exactamente, y varios de ellos también son sometidos a debate por algunos teólogos modernistas. Por ejemplo el P. Jon Sobrino SJ, a quien el P. Velazco permitió disertar en el auditorio de la universidad, pese que pone en duda en sus obras la divinidad de Jesús
[1].

2. Asegura que:
Muchas de las aseveraciones magisteriales que provocan serias dificultades para ser aceptadas y vividas en muchos fieles de buena voluntad (como por ejemplo lo referente al uso de métodos artificiales de control de la natalidad, la ordenación de hombres célibes exclusivamente, o la prohibición de la ordenación de mujeres, e incluso la exclusión de la comunión sacramental a los divorciados y vueltos a casar) no son dogmas de fe. Son proposiciones que merecen respeto y un intento serio de comprensión. Pero si en conciencia se encuentra en dificultades para aceptarlas, el servicio más honrado que se puede prestar a la misma Iglesia es manifestarlo y proponer los argumentos para la discusión.

3. El P. Velazco cita varios párrafos del Catecismo, en respaldo de su posición. Omite, sin embargo otros párrafos que se refieren al magisterio de la Iglesia:

“El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo”, es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma (Nº 85).

Los fieles, recordando la palabra de Cristo a sus Apóstoles: “El que a vosotros escucha a mi me escucha” (Lc 10, 16; cf. LG 20), reciben con docilidad las enseñanzas y directrices que sus pastores les dan de diferentes formas (Nº 87).

Tienen el deber de observar las constituciones y los decretos promulgados por la autoridad legítima de la Iglesia. Aunque sean disciplinares, estas determinaciones requieren la docilidad en la caridad (Nº 2037).

Los ministerios deben ejercerse en un espíritu de servicio fraternal y de dedicación a la Iglesia en nombre del Señor (cf Rm 12,8,11). Al mismo tiempo, la conciencia de cada uno en su juicio moral sobre sus actos personales, debe evitar encerrarse en una consideración individual. Con mayor empeño debe abrirse a la consideración del bien de todos según se expresa en la ley moral, natural y revelada, y consiguientemente en la ley de la Iglesia y en la enseñanza autorizada del Magisterio sobre las cuestiones morales. No se ha de oponer la conciencia personal y la razón a la ley moral o al Magisterio de la Iglesia
(Nº 2039).

4. Mucho antes (1964), el Concilio Vaticano II, a través de la Constitución Lumen Gentium, enseñaba:

“…los fieles, por su parte, en materia de fe y costumbres, deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a él con religioso respeto. Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio auténtico del Romano Pontífice aun cuando no hable ex cathedra.. (25).

5. Por su parte, el Código de Derecho Canónico establece en el canon 752:

“Se ha de prestar un asentimiento religioso del entendimiento y de la voluntad, sin que llegue a ser de fe, a la doctrina que el Sumo Pontífice o el Colegio de los Obispos, en el ejercicio de su magisterio auténtico, enseñan acerca de la fe y de las costumbres, aunque no sea su intención proclamarla con un acto decisorio; por tanto, los fieles cuiden de evitar todo lo que no sea congruente con la misma”.

6. La posición asumida por el P. Velazco no es original, coincide con el “Manifiesto de los teólogos alemanes” lanzado el 4 de este mes, y que ha merecido una dura respuesta del Episcopado de ese país. Pero ya hace 21 años, la Congregación para la Doctrina de la Fe advertía sobre “aquella actitud pública de oposición al magisterio de la Iglesia, llamada también disenso
[2].

“El disenso apela a veces a una argumentación sociológica, según la cual la opinión de un gran número de cristianos constituiría una expresión directa y adecuada del sentido sobrenatural de la fe”
[3].

[1] Congregación para la Doctrina de la Fe. Notificación sobre las obras del P. Jon Sobrino, 22-11-2006.
[2] Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo, 24-5-1990. p. 32.
[3] Ibíd., p. 35.

FUTURAS GENERACIONES Y PRINCIPIO DE PRECAUCIÓN



Por mons. Giampaolo Crepaldi*

La puesta en práctica de políticas de tutela del ambiente tiene que ver también con nuestra responsabilidad frente a las nuevas generaciones. También este aspecto califica el problema en sentido moral.

Hay un principio en la doctrina social de la Iglesia que se llama “destino universal de los bienes”, según el cual todos los bienes de la creación están destinados a todos, incluido nuestros hijos y nietos. Hay, por tanto, un deber de dejarles en herencia un ambiente habitable y que ellos puedan a su vez humanizar y trabajar para su propio desarrollo. Pero es necesario entender correctamente la cuestión.

No debemos pensar que dejamos a nuestros hijos la naturaleza tal y como la hemos encontrado nosotros, ni debemos pensar en dejarla completamente devastada y contaminada de un modo irremediable. Se trata de dos extremos incorrectos. Nosotros debemos gestionar adecuadamente la naturaleza, para hacerla apta a la satisfacción de las necesidades de un desarrollo auténticamente humano, y dejarla en tal modo que también nuestros sucesores lo puedan hacer. Una naturaleza intacta no le sirva a nadie. No es esta su vocación. Muchas teorías actuales son contrarias al desarrollo en sí mismo, hablan de decrecimiento y quisieran interrumpir no sólo un cierto tipo de desarrollo para sustituirlo con otro tipo de desarrollo. Quisieran que la humanidad volviera hacia atrás, a una sociedad natural, fundada en la sobriedad, el autoconsumo, el intercambio con la naturaleza. Estas ideologías quieren dejar la naturaleza tal y como está y muestran por tanto una gran falta de confianza en el hombre, en su creatividad y en su inteligencia. Muchos otros denuncian la superpoblación como principal fuente de daño ambiental, quisieran limitar los nacimientos sobre todo en los países pobres porque piensan que la naturaleza, para soportar tal masa de habitantes sobre la tierra, debería aceptar una degradación irreversible. Ha habido y hay muchas previsiones catastróficas sobre el destino del planeta a causa de la superpoblación, que han animado a políticas neomalthusianas de contención de los nacimientos, a través del uso de anticonceptivos distribuidos a granel o a través del aborto. He aquí algunos ejemplos de ideologías ambientalistas muy negativas, que terminan dañando al hombre antes que promover el desarrollo.

Nuestra responsabilidad hacia las futuras generaciones no implica la actuación de políticas de este tipo. Hay sobre la tierra recursos para alimentar a los muchos billones de personas, si quisiéramos cultivar la creación con sabiduría. Estas ideologías absolutizan la naturaleza, olvidándose que esta es para el hombre y no creyendo que el hombre la deba gestionar y sabiamente administrar y no sólo conservar como si fuese un museo. En este sentido no son verdaderamente responsables hacia las generaciones futuras, las que, antes que nada, tienen interés en existir, sin ser previamente anulados para la salvaguarda de presuntos equilibrios naturales. La política ambiental necesita información para poder proceder y la fuente de información en este sector es la ciencia. Solo que la ciencia no siempre da informaciones exhaustivas y completas; a veces los científicos están influenciados por las ideologías y los intereses políticos, por lo que todo político, en particular el político católico porque su fe lo defiende más de estas ideologías, debe saber gestionar con prudencia y sabiduría las informaciones que vienen de las ciencias.

Los datos sobre la contaminación atmosférica motivan hasta las políticas de tráfico; aquellos del agujero en la capa de ozono exigen intervenciones en las emisiones de los óxidos de carbono; los datos sobre el calentamiento global piden inversiones para reconvertir la industria; los datos sobre el aumento de la población exigen políticas demográficas y así todo lo demás. Parece que la política depende de la ciencia, pero a menudo la ciencia es poco fiable y orientada ideológicamente. El IPCC de la ONU está haciendo marcha atrás en las previsiones del calentamiento del planeta; muchas previsiones de superpoblación insostenible están equivocadas: hay muchos casos de error y de incertezas de la ciencia. Por tanto la política debe tener en cuenta a la ciencia pero no puede depender de ella ciegamente. Es necesaria en esta sociedad la conciencia del riesgo que supone que los expertos no siempre son fiables y de que es posible crear un nuevo riego a través de intervenciones incorrectas. Ciertas políticas ambientales equivocadas crean un nuevo riesgo ambiental, frente a los posibles riesgos ambientales ha sido elaborado el llamado principio de precaución.

Los progresos de las ciencias y de las técnicas de la naturaleza, la extraordinaria potencia de la que el hombre dispone en el campo de la biotecnología, la presencia de muchos ecologismos ideológicos y la carencia en el campo de la ecología natural han dado lugar “a una peligrosa agresividad frente a la naturaleza, la persona humana incluida”con la consiguiente aguda experimentación de múltiples situaciones de riesgo. Tal riesgo es percibido fuertemente por la opinión pública ya que mientras la ciencia actúa y permite resolver situaciones críticas como enfermedades hasta ahora incurables, a la vez revela la inseguridad y la ambivalencia en su propio camino de descubrimiento. Mientras ilumina, explica y permite dominar, también oscurece, inquieta y nos deja perdidos.

La naturaleza se hace más compleja, así como la sociedad, el saber se fragmenta y casi se pulveriza en muchos y pequeños trozos, la naturaleza y la sociedad se integran progresivamente y a menudo se unen inextricablemente: todo esto no permite ver con claridad los riesgos que implica. La intervención en el ADN abre nuevas posibilidades de curación de enfermedades genéticas, pero al mismo tiempo abre horizontes inquietantes sobre la posibilidad de seleccionar la humanidad futura en un laboratorio. Las previsiones se vuelven imposibles y la ciencia, que en el proyecto moderno debería garantizar la seguridad frente a la violencia y a la imprevisibilidad de la naturaleza se convierte ella misma en fuente de inseguridad y ansia por nuestro futuro.

Frente a esta nueva percepción del riesgo, el pensamiento contemporáneo ha creado “el principio de precaución”, según el cual antes de emprender una operación de alto riesgo sobre la naturaleza y en situación de inseguridad por la carencia de información científica y/o informes sobre las consecuencias, es necesario asumir las consecuencias de la prueba. Si hasta ahora la carga de la prueba la asumía quien defendía el no actuar contra la naturaleza, con el principio de precaución las consecuencias las asume quien ha decidido actuar. Quien actúa contra la naturaleza debería preventivamente tutelar la prueba del riesgo. El principio de precaución es una cosa distinta de la “prudencia” y también “del principio de responsabilidad”. En un cierto sentido la actuación humana se coloca en situaciones complejas e inciertas. Es justo la contingencia y la complejidad de la realidad concreta en la que estamos llamados a actuar ponen en tela de juicio la virtud de la prudencia.

¿Qué diferencia el principio de precaución del juicio prudencial? Lo que aquí se da no es sólo el asumir la responsabilidad de las consecuencias, sino demostrar la imposibilidad de aquellas dañinas. Por tanto, esto es imposible por dos cosas, uno de los dos está ligado a las características de la acción humana en cuanto tal, y el otro esta vinculado a la acción humana en el actual contexto de complejidad. Es imposible prever todas las consecuencias de una acción, cualquier que sea. Y si alguien quisiera sopesar todas las consecuencias no actuaría nunca. Hoy, por tanto, tal imposibilidad es algo todavía más imposible por la complejidad de las intervenciones humanas sobre la naturaleza y por el hecho de que en cada intervención se abren infinitos motivos de riesgo en una red imposible de controlar, con la posibilidad de que eventuales consecuencias negativas vuelvan a emerger con la distancia del tiempo y de una forma imprevisible tras un largo trayecto subterráneo.

El juicio prudencial se fundaba en la asunción de la responsabilidad por parte del sujeto agente. Asunción de responsabilidad de dos tipos: sobre la conformidad de la acción con la ley moral universal y sobre las consecuencias del bien que de allí derivan. El principio de precaución, en vez de esto, no se funda sobre la asunción de responsabilidad, sino sobre la demostración de que las consecuencias no serán dañinas. Además de arriesgarse a bloquear la acción, el principio de precaución podría transformar la acción humana en una demostración consecuencialista. Es decir nada menos, que la obligación de demostrar la bondad de las acciones basándose en la no peligrosidad de las consecuencias.

Para evitar estos aspectos poco convincentes del principio de precaución, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia lo acepta pero precisa sus características. El principio de precaución, dice el Compendio, no es “una regla para aplicar, sino una orientación dirigida a gestionar situaciones de inseguridad”. Si no es una regla de aplicación, quiere decir que no se utiliza de manera rígida, sino que se asume como una necesidad general de seguridad dada la gran potencia de los instrumentos que tenemos en nuestras manos.

Una especia de “manejar con cuidado”. Lo que cuenta, en todo caso, es que el Compendio no lo considera una regla moral a la que atenerse obligatoriamente. Esto, además, “manifiesta la exigencia de una decisión provisional y modificable en base a las nuevas informaciones que vengan recogidas”. Se trata, en otras palabras, de una especie de método de prueba y error. Un método, no una norma moral vinculante.

Entre los riesgos que el principio de precaución debe tener en cuenta proporcionalmente, está también el riesgo derivado de la no decisión: “por ejemplo la decisión de no intervenir”. Esto para evitar que el principio de precaución sea asumido como excusa para la no intervención o cargado de motivaciones ideológicas abstencionistas.

El principio de precaución, de hecho, puede ser instrumentalizado por algunas ideologías ecologistas que he descrito antes, sobre todo las que se mueven por un pesimismo antropológico. Estas observaciones sobre el principio de precaución son muy importantes para el católico que trabaja en política. Este debe hacer elecciones marcadas por el principio de responsabilidad moral, mientras que a menudo el principio de precaución es un modo para no actuar y por tanto evitar toda la responsabilidad moral. El hecho de que el principio de precaución tenga muchos aspectos ideológicos es una cosa probada por el hecho de que sus partidarios no lo aplican, sin embargo, en el campo de la bioética y frente a la simple posibilidad de que el embrión sea humanos ellos no recurren al principio de precaución.


*Monseñor Giampaolo Crepaldi es arzobispo de Trieste, Presidente de la Comisión “Caritas in veritate” del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) y Presidente del Observatorio Internacional “Cardenal Van Thuan” sobre la Doctrina Social de la Iglesia.

ROMA, viernes 18 de febrero de 2011 (ZENIT.org).-

CATÓLICOS NO DEBEN VOTAR JAMÁS POR CANDIDATOS QUE APOYEN ABORTO



El Arzobispo de Arequipa (Perú), Mons. Javier del Río Alba, afirmó que votar por un candidato que apoya el aborto es un pecado mortal, algo que un católico no puede hacer jamás.

En entrevista vía telefónica concedida hoy a ACI Prensa, el Prelado dijo que si bien el voto por un candidato abortista es una falta grave, esto no genera que la persona incurra en excomunión latae sententiae (automática), en la que sí incurre la persona que practica un aborto o participa en él como lo establece el Código de Derecho Canónico.

Con el aborto, explicó, se atenta contra seres humanos indefensos a los que "se mata de una forma muy cruel en el vientre de su madre".

Por ello, "como católicos, no podemos nunca avalar a un candidato que propone el asesinato de niños indefensos y atenta contra el bien común de la sociedad, atentando contra la institución del matrimonio", haciendo también referencia a las propuestas electorales de instituir el mal llamado "matrimonio" gay.

"Los obispos no intervenimos en política", precisó luego y explicó que, sin embargo, "como dice la doctrina de la Iglesia nos corresponde a los obispos enseñar en materia de fe y de costumbres".

En referencia a su homilía del 13 de febrero, que algunos medios consideraron solo como una mención al candidato presidencial Alejandro Toledo -que ha puesto sobre el tapete el tema de la despenalización del aborto- Mons. Del Río recordó que el Evangelio de ese domingo era explícito sobre el mandamiento de no matar, por lo que era importante abordar el problema porque "es de plena actualidad".

En su homilía dijo que "los católicos no podemos jamás dar nuestro voto a un candidato que con sus palabras o su testimonio de vida (...) anuncia que va a promover el aborto".

En diálogo con ACI Prensa, el Arzobispo de Arequipa exhortó luego a los católicos a meditar su voto y estudiar a los candidatos, tanto a las "propuestas concretas como al propio testimonio de vida".

El voto debe otorgarse tras "pensar en el conjunto de medidas", sin "dejarse llevar por la apariencia del candidato".

Tras subrayar que los obispos "hablamos para el pueblo fiel pero también para todos los hombres de buena voluntad", el Prelado lamentó que los políticos que han promovido el aborto, tras enfrentamientos verbales con obispos, "han callado, pero el tema sigue en el plan de gobierno".

En días recientes el candidato Pedro Pablo Kuczynski subrayó que en su alianza política "no creemos en el aborto, punto".

Alejandro Toledo, que actualmente lidera la preferencia electoral, se manifestó abierto a la despenalización del aborto al declarar que "nadie puede permitir que un ser humano nazca en circunstancias forzadas".

Keiko Fujimori, hija del expresidente Alberto Fujimori, señaló por su parte que no está a favor "de legalizar el aborto, soy mujer, madre de familia", pero sí se declaró a favor del mal llamado aborto "terapéutico".

Luis Castañeda, actualmente tercero en las encuestas, dijo que no es "partidario del aborto, salvo por razones terapéuticas. Ahí hay una vida de por medio que camina y no puedo ser partidario de ello".

REDACCIÓN CENTRAL, 16 Feb. 11 / 04:46 pm (ACI)