martes, 15 de abril de 2014

UN CATÓLICO EN LA VIDA PÚBLICA


JOSÉGÓMEZ LÓPEZ


Nadie podrá negar que Adolfo Suárez fue un hombre de fe, una fe discreta pero firme. La expresión de esa fe honda, sencilla, teresiana para más señas, tiene su evidente expresión en la familia que formó, en la educación católica de sus hijos, en la forma de enfrentarse al dolor y a la muerte de sus seres más queridos y, cómo no, en la forma de entender y realizar la acción política, hasta el punto de que el obispo de Ávila, monseñor Burillo, no duda en afirmar que Adolfo Suárez fue un católico en la vida pública.

De todos es conocida su gran aportación a la sociedad: la reconciliación de todos los españoles. Su política consiguió que las dos Españas volvieran a encontrarse tras décadas de odio y desencuentros. Inauguró un estilo de convivencia política respetando las diversas posiciones y buscando tenazmente el pacto y el consenso.

Al traer a la memoria la larga, limpia y generosa trayectoria de su vida al servicio de España, nos resulta inexplicable sin la fuerza inspiradora y motivadora del amor cristiano que embargó su corazón desde su infancia y juventud.

Cuando desde la Doctrina Social de la Iglesia se solicite una determinada manera de hacer política, el nombre de Suárez tal vez deba figurar como un modelo a estudiar. La razón es muy sencilla: Adolfo Suárez llevó a cabo aquello tan necesario como utilizar sus virtudes para el bien común y contener sus defectos lo mejor que supo y pudo. Y fue mucho.

Suárez fue el gobernante que hizo suyo a Aristóteles y a Santo Tomas sin haberlos estudiado. El político gobernante que entendió que la verdad política existe en nosotros como un espejo roto: cada uno tiene una parte y su aportación es cooperar a reconstruirlo.

Hoy, da la impresión que en nuestra democracia todos tienen su espejo. Ya no hay uno en común que reconstruir. Se trata de destruir los espejos de los demás.

“La concordia fue posible”, se lee en el epitafio de la tumba de Adofo Suárez. Es una frase para la historia, que resume el espíritu de toda una época sin duda idealizada, pero a la que los españoles podemos mirar con orgullo y tratar de imitarla en nuestro tiempo.


La Región

lunes, 14 de abril de 2014

LA HISTORIA ES MÁS QUE LA MEMORIA



Por Ceferino Reato.

"Una sociedad necesita conocer la Historia, no solamente tener memoria. La memoria colectiva es subjetiva: refleja las vivencias de uno de los grupos constitutivos de la sociedad; por eso, puede ser utilizada por ese grupo como un medio para adquirir o reforzar una posición política. Por su parte, la Historia no se hace con un objetivo político (o si no, es una mala Historia), sino con la verdad y la justicia como únicos imperativos".

La frase pertenece al prestigioso semiólogo, filósofo e historiador búlgaro-francés Tzvetan Todorov y está incluida en un artículo publicado en el diario español El País el 7 de diciembre de 2010, luego de una visita a la Argentina, que se reprodujo en esta página. Es decir, no fue una columna escrita en abstracto, sino una reflexión sobre la política de derechos humanos del gobierno de Cristina Kirchner, que privilegia la memoria a la verdad y, por lo tanto, a la justicia.

Todorov enfatiza que la memoria es siempre parcial, subjetiva: uno recuerda lo que más lo impactó y no siempre en orden cronológico. En cambio, la verdad, en la que se funda la historia, incluye las memorias de grupos diversos sobre hechos comunes.

Vamos a un ejemplo concreto: el lunes 24 de marzo coincidí en un programa de televisión con Horacio Pietragalla, un joven diputado kirchnerista, pero, más importante aún, uno de los nietos recuperados por las Abuelas de Plaza de Mayo, hijo de Horacio Chacho Pietragalla.

Pietragalla padre era un dirigente de peso de la Juventud Peronista, a tal punto que viajó en el chárter que trajo de regreso al general Juan Perón en su primer retorno del exilio, el 17 de noviembre de 1972; tres años después, era "oficial primero" de Montoneros y el jefe de la Columna 26: tenía a su cargo el norte de Santa Fe, Chaco y Formosa; es decir, era el número dos de la Regional Nordeste de esa organización político-militar.

La historia de Pietragalla hijo es conmovedora: la pérdida de su padre y de su madre, ambos detenidos desaparecidos; su condición de nieto recuperado.

En el caso concreto del padre, de Chacho Pietragalla, fue la primera víctima del Comando Libertadores de América, un grupo paraestatal creado en Córdoba en octubre de 1975, en pleno gobierno constitucional de la presidenta Isabel Perón.

Pietragalla padre fue apresado en un bar de la capital cordobesa el 15 de octubre de 1975 junto con otro "oficial" montonero, Eduardo Jensen. El 8 de noviembre sus cuerpos fueron encontrados a 25 kilómetros de la ciudad de Córdoba; los cadáveres presentaban numerosas heridas de bala y estaban parcialmente quemamos y cubiertos con tierra y ramas. Ya durante la dictadura, fueron sepultados en una fosa común en el cementerio San Vicente junto con otras víctimas de la represión ilegal.

Lógicamente, la memoria de Pietragalla hijo se concentra en la detención, el asesinato y la desaparición del cuerpo de su padre, y en su recuerdo de niño que creció con una identidad robada, junto a personas que lo criaron, pero que no eran sus progenitores, como terminó descubriendo.

Pero hay otras memorias. Por ejemplo, los recuerdos de los padres y hermanos de los diez formoseños de 21 años que fueron muertos en el ataque de Montoneros a un cuartel ubicado en los suburbios de la ciudad de Formosa. Esos diez jóvenes estaban cumpliendo con el servicio militar, que en aquella época era obligatorio, y estaban de guardia el domingo 5 de octubre de 1975, cuando el flamante Ejército Montonero intentó copar ese regimiento.

Los montoneros imaginaban que los soldados formoseños se iban a rendir, pero resistieron y se produjo un combate en el que murieron 24 jóvenes: doce guerrilleros y doce defensores del cuartel (los diez soldados, un sargento primero y un subteniente de 21 años). Todos eran peronistas.

Pietragalla y Jensen participaron de ese ataque, como lo indican distintas fuentes en mi libro Operación Primicia. Fue el debut del Ejército Montonero, con el cual la guerrilla de origen peronista pensaba derrotar al ejército formal, al que señalaban como el instrumento armado de la oligarquía criolla y el imperialismo norteamericano. No les importaba que ese ataque pudiera deteriorar aún más al desfalleciente gobierno de la viuda de Perón, porque el objetivo prioritario de Montoneros era, precisamente, evitar que Isabelita se consolidara en el poder, según un documento de esa organización político-militar, de 1977, titulado "Curso de formación de cuadros".

Luego del ataque al cuartel, hubo un repliegue de los "oficiales" montoneros instalados en el nordeste del país para eludir la represión policial y militar. Pietragalla y Jensen escaparon a Córdoba, donde fueron capturados.

La memoria de los padres y parientes de los soldados formoseños es distinta de la de Pietragalla hijo. Ocurre con, por ejemplo, la mamá de Marcelino Torales, uno de los conscriptos abatidos. Marcelino era albañil, cantaba en los bailes y admiraba a Sandro; murió en el dormitorio de la Guardia, destrozado por un disparo de FAL.

Cuando la entrevisté en el patio de tierra de su casa, esa señora inspiraba una profunda tristeza, agravada por una decisión estatal avalada por los organismos de derechos humanos: mientras los parientes de los guerrilleros muertos en aquel ataque habían cobrado millonarias indemnizaciones como "víctimas del terrorismo de Estado", ella y su marido sobrevivían con una mísera pensión.

Sobrevivían literalmente, seguían siendo pobres. Es que los soldados muertos eran los más pobres del regimiento; muchos de ellos habían "vendido" sus francos de fin de semana por unas monedas o unos vasos de vino o de Coca-Cola porque no tenían dinero ni para viajar al interior a visitar a sus familias.

¿Cómo unir esas memorias tan distintas? Todorov propone un camino: la verdad histórica, que reúne los recuerdos y los sufrimientos de los distintos grupos de una misma comunidad.

Conviene tener en cuenta que hablar de una sola memoria indica una pretensión hegemónica; refleja la intención de un determinado grupo político de reconstruir la historia de acuerdo con sus intereses del presente.

Más concreto aún. La memoria nos encierra en "una ilusión maniquea", dice Todorov, a la que define como "la división de la humanidad en dos compartimientos estancos: buenos y malos, víctimas y verdugos, inocentes y culpables. La Historia nos libera de esa ilusión maniquea".

La historia, si está fundada en la verdad, es mucho más que la memoria.


Fuente: diario La Nación de Buenos Aires

domingo, 13 de abril de 2014

HUMBERTO TUMINI



¿Qué rela­ción hay entre el terro­rismo euro­peo de los ´70 y el terro­rismo en la Argen­tina durante el mismo período?

Tumini, cor­do­bés, con ciu­da­da­nía ita­liana, casado, dos hijas, un hijo y dos nie­tas, este per­so­naje revo­lu­cio­na­rio fue secre­ta­rio gene­ral de la Corriente Patria Libre, par­tido que fundó en 1987 y que orienta diver­sas orga­ni­za­cio­nes socia­les, entre ellas el Movi­miento Barrios de Pie. Vive en la Ciu­dad Autó­noma de Bue­nos Aires desde 1988. 

Fue uno de los diri­gen­tes polí­ti­cos que inte­gró la Coor­di­na­dora Kir­ch­ne­rista Por­teña. Terro­rista encar­ce­lado en 1971 por jui­cio de la Cámara Nacio­nal Fede­ral en lo Penal por su par­ti­ci­pa­ción en diver­sos crí­me­nes, como el copa­miento del Comando de Sani­dad del Ejér­cito Argen­tino, siendo uno de los miles de delin­cuen­tes que salieron en liber­tad el 25 de mayo de 1973 gra­cias a la aper­tura de cár­ce­les pro­du­cida por Este­ban Righi y Héc­tor J. Cám­pora. Amnis­tiado por Decreto 2509/73, pasó a la clan­des­ti­ni­dad desde donde retomó de inme­diato sus acti­vi­da­des terro­ris­tas.

Escapó del país hacia Ita­lia, donde se incor­poró a las Bri­ga­das Rojas, siendo su más noto­ria inter­ven­ción en el secues­tro y ase­si­nato de Aldo Moro. Pró­fugo de la Jus­ti­cia ita­liana, escapó hacia Oriente Medio y retornó a la Argen­tina en el mismo barco que su com­pa­ñero y amigo Rafael Bielsa –que en 1980 tra­bajó para las Fuer­zas regu­la­res de la Nación como “topo” entre­gando a sus cama­ra­das que regre­sa­ban para la “con­tra­ofen­siva montonera”.

Fundó la “Coor­di­na­dora Kir­ch­ne­rista Por­teña”, uno de los sec­to­res que repre­sentó el pro­yecto del Pre­si­dente Nes­tor Kir­ch­ner en la Ciu­dad Autó­noma de Bue­nos Aires, pri­mero de la mano del comu­nista Aníbal Iba­rra, y –desde un cargo ofi­cial– durante la inten­den­cia de Jorge Teler­man, cuando fue nom­brado Sub­se­cre­ta­rio de Ges­tión Pública del Gobierno de la Ciu­dad Autó­noma de Bue­nos Aires.

El día 6 de marzo de 2008, Hum­berto Tumini, Secre­ta­rio Gene­ral del Movi­miento Libres del Sur, fue desig­nado Secre­ta­rio Eje­cu­tivo del Con­sejo Fede­ral de Dere­chos Huma­nos por la Pre­si­denta de la Nación Cris­tina Fer­nán­dez de Kir­ch­ner, por Decreto 347/2008.
Actualmente, integra el Frente Amplio Progresista.



viernes, 11 de abril de 2014

CARK SCHMITT, EL NUEVO BENITO CERENO

      

                                                                                     Alberto Buela         

“Yo soy, afirma Carl Schmitt en Ex captivitate salus, el último representante consciente del jus publicum Europaeum, su último teórico e investigador en un sentido existencial, y experimento su fin como Benito Cereno experimentó el periplo del barco pirata”.

¿Quién fue Benito Cereno? El personaje principal de la novela homónima de Hermann Melville (1819-1891) que cuenta las aventuras de un capital español que traslada de Buenos Aires a Lima un cargamento de ciento sesenta negros de ambos sexos, la mayoría provenientes de Senegal y pertenecientes a Alejandro Arana, caballero de la ciudad de Mendoza en Argentina.
La trama de la novela comienza con la toma del barco Santo Domingo por los negros al séptimo día después de zarpar desde el puerto de Valparaíso matan a Arana y lo colocan como mascarón de proa, asesinan a casi todos los blancos, quedando Benito Cereno en poder de Babo, jefe del motín. Habiendo asesinado también, en una muestra total de irracionalidad, al primer oficial Reneds, el único piloto que quedaba a bordo. El barco se pierde en el Pacífico sur hasta que muertos de hambre y sed obligan a Benito Cereno a conducirlo a alguna playa chilena desierta. Los conduce a la isla Santa María donde se encuentran con el barco ballenero The Bachelor´s  Delight comandado por el capitán Delano, norteamericano de origen español.

Ante él, Benito Cereno, es obligado a representar el papel de propietario del Santo Domingo, cuando en realidad el poder lo tenían los negros que bajo amenazas mortales lo condicionaron a simular.
El capitán Amasa Delano libera el barco, toma preso a los amotinados y los conduce a Lima donde son juzgados, tanto Benito Cereno como ellos. El jefe del motín, Babo, es condenado a muerte y Benito Cereno se retira enfermo al monasterio del Monte Agonía donde fallece tres meses después de ser licenciado por el Tribunal.

Por lo que llevamos leído todos estos años hemos podido comprobar que los comentaristas de Carl Schmitt no se toman el trabajo de leer la novela sino que simplemente la citan al bulto y entonces realizan afirmaciones como estas: “los esclavos se hacen del control del barco matando a su capitán” . Cuando en realidad al que matan es el propietario Arana y no a su capitán que es Benito Cereno. O peor aun: “obligan bajo pena de muerte a uno de los españoles sobrevivientes del motín, Benito Cereno, a que desempeñe el rol de capitán para evitar ser descubiertos por la nave estadounidense que se aproxima”. Y así siguen los flatus vocis.

En general se interpreta esta relación vinculante de Schmitt con Cereno como un artilugio del jurista para justificar su participación en el régimen nazi, sin embargo varios años antes de la derrota alemana, Ernst Jünger se encuentra con él en Paris,  18 de agosto de 1941 y hace constar en su Diario: “Carl Schmitt compara su situación con la del capitán blanco de Melville, Benito Cereno, dominado por sus esclavos negros y por ello cita el siguiente aforismo: “Non possum scribere contra eum, qui potest proscribere” (no puedo escribir contra quien puede proscribir), que es una frase de las Saturnales de Macrobio(finales del siglo IV d.C.). 

Una interpretación analógica de esta vinculación sería más o menos así:  al igual que el barco español, Alemania fue tomada por asalto por unos irracionales y tiranos como los nazis, y Carl Schmitt como Benito Cereno, fue condicionado por las circunstancias  a trabajar en favor de la mayor respetabilidad intelectual del régimen. Vemos como una interpretación de este tipo, que es la que da la izquierda schmittiana, sugiere un intento de auto exculpación.

Carl Schmitt se piensa como afirma en la cita que encabeza este escrito como un intelectual de valía, como un jurista de excepción, como “el último teórico e investigador del jus publicum Europaeum”. Es demasiado valioso para morir. Además si Platón aconsejó a Dionisio el Viejo y a Dionisio el Joven, ambos tiranos de Siracusa, porqué él no podría aconsejar a Hitler. Es Jünger una vez más quien nos cuenta un poco en sorna que Heidegger se enojó con Hitler porque éste no lo fue a ver.

Un rasgo típico del intelectual es que se cree superior a quien desea asesorar. Y a Schmitt, en este sentido, le alcanzan las generales de la ley.
Además fueron varios los intelectuales orgánicos del partido nazi que acusaron al jurista de Plettenberg que su adhesión al régimen era oportunista y falsa, aun cuando no hubiese contradicción teórica de fondo entre ambos.
Pero lo cierto y, lo que regularmente ocurre, es que existe una tendencia al acomodamiento por parte de los jueces y juristas a causa de su proximidad profesional con el poder político de turno. De modo que no se le puede pedir peras al olmo.

Esto nosotros, en “el mundo bolita” lo vemos a diario: un gobierno toma el poder y todos los jueces están de acuerdo, en la medida en que se acerca a su fin, son los jueces los primeros que van cambiando de posición.
Es sabido que Schmitt era católico y hasta practicante, y que el nacional socialismo triunfó en las elecciones sobre todo en los länder  protestantes, por la oposición que desde el primer momento ejerció la Iglesia. La encíclica condenando dicha doctrina Mit brenneder Sorge  es de fecha temprana, de mayo de 1937. Es evidente que Schmitt tuvo una coincidencia teórica con aspectos esenciales como gran espacio, la figura del conductor, el estado de excepción, etc., del nacionalsocialismo, pero al mismo tiempo tuvo una disidencia existencial.

En tanto que católico él sabía existencialmente que el hombre es una realidad más profunda y más elevada que la raza o la clase y que la resolución de todo conflicto social y político consiste, al mismo tiempo, en la salvación del hombre como persona, esto es, como un ser único, singular e irrepetible. Moral y libre. Y en una exigencia de fraternidad y concordia entre los hombres, por ser considerados todos hijos de Dios.
Este equilibrio tan difícil de lograr entre una crítica profunda al individualismo liberal burgués de la sociedad de consumo y otra, del mismo tenor, al nacionalismo racial del Reich es la que intentó en sus escritos.

En definitiva, si Schmitt se piensa como un nuevo Benito Cereno no es, principalmente, para exculparse de su participación en el régimen nazi sino, más bien, para explicar el sentido de ese régimen y la función que a él le cupo.


Nota bene:

El autor de Mobi Dick tuvo un conocimiento bastante profundo sobre la Argentina de su tiempo. Además su mujer Elizabeth Shaw, hija de un juez, estaba emparentada con los Shaw de Buenos Aires. Benito Cereno es de 1855 y el apellido del personaje patrón del barco, Don Alejando Arana, cuyo origen es mendocino, coincide con el del canciller del Rosas, don Felipe Arana, que fue el gobierno argentino apenas anterior al tiempo de escritura de su novela.
Otro rasgo remarcable es la valoración de lo español en su novela, pues los dos capitanes, Benito Cereno y Amasa Delano, son de ese origen. Es sabido que Carl Schmitt amó profundamente a España, que lo cobijó, y a todo lo español.

Nosotros solo esbozamos intuiciones no desarrolladas pero barruntamos que existe una profunda y misteriosa relación entre Melville y Schmitt que cabría estudiar por alguien que supiera más. A lo mejor Horacio Cagni, que es el gran estudioso de Schmitt en Argentina se honra hacerlo.

miércoles, 9 de abril de 2014

AUTORITARISMO Y SOBERBIA DE UNA IZQUIERDA OFICIAL



 JULIO BÁRBARO
EX DIPUTADO NACIONAL (PJ)
8/04/14

Escuchar a la Presidenta o a algunos funcionarios implica soportar amañados discursos que repiten consignas de pertenencia a supuestas izquierdas. Son todos tan de izquierda que el resto, nosotros, cualquiera fuera nuestra posición y nuestra historia, quedamos siempre denostados entre las oligarquías, los imperios y los monopolios.
Y lo dicen sin ponerse colorados. Como si ellos, los que gobiernan y viven como nuevos ricos, se hubieran comprado entre otras cosas también un pasado. Como si el poder y sus prebendas ocuparan el lugar de lo heroico y lo digno, y la resistencia al autoritarismo actual fuera solo tarea de elegantes conservadores.

Quiero recordar que los que tenemos derecho a hablar de la dictadura somos los que sufrimos sus consecuencias sin haber sido partícipes de la guerrilla en la democracia.
Aquellos que optaron por la violencia en democracia carecen de autoridad para hablar de dictadura cuando buscaron la confrontación. Ellos se equivocaron al creerse en condiciones de vencer a las fuerzas armadas, y sería hora de que asuman sus propios errores. Por eso cuando el senador Rodolfo Terragno se negó a votar el pliego de juez de Zaffaroni pudo, con dignidad, decir que se negaba a hacerlo por sus antecedentes en la dictadura. El juez demuestra su coherencia cuando se desvive por defender el autoritarismo actual.

El pasado no se puede inventar, y no fuimos muchos los que sufrimos la dictadura sin pertenecer jamás al campo de la violencia. No era lo mismo buscar la violencia que defender la democracia.
No habrá dos demonios, pero los violentos eran enemigos del pueblo cualquiera fuera el motivo que los impulsaba. Se creían superiores al derecho del ciudadano a votar. Ambos, los de derecha como los supuestos de izquierda. Reivindicar la guerrilla del pasado en la dictadura es un acto de justicia y respeto, hacerlo cuando enfrentó a la democracia es caer en la tesis de la minoría lúcida que guía a los pueblos.

El juez Zaffaroni expresa a buena parte del Gobierno: pasados oficialistas en la dictadura, verso liberal y revolucionario cuando la coyuntura lo vuelve beneficioso. Los intelectuales siempre se han sentido más convocados por los autoritarismos -que son elitistas- que por las democracias, que son más humildes y sinceras. Se dio con Hitler y con Stalin, a nosotros nos tocan errores residuales.

El oficialismo actual odia con saña al disidente.

Obra pública y tragamonedas, medios oficiales y burocracia, prebendas y aplausos mutuos: todo en nombre de un pasado falsificado y un presente deformado. La inflación de la moneda refleja la devaluación del discurso. Zaffaroni es la expresión transparente del Gobierno, un pasado sin revisar y un presente de los que se aplauden sólo para obedecer, y una ideología del todo vale. Y todo con mucha bibliografía. Como debe ser para un intelectual oficialista.

LAS SEIS GRANDES TENDENCIAS QUE TRANSFORMARÁN AL MUNDO



07-04-2014

Desde ahora a 2033 asistiremos a un retroceso de la globalización mundial, en donde habrá cada vez menos niños y más ancianos, con una mayor calidad de vida y con un nuevo modelo productivo basado en la innovación por el especial impacto de las nuevas tecnologías. PwC ha elaborado una serie de estudios que pretenden anticipar el futuro para “tomar hoy las decisiones que afectarán a nuestro mañana”.
En concreto, PwC señala seis como las más importantes, las que transformarán el mundo, salvo que los “cisnes negros” (repliegue de Estados Unidos, el colapso de China y, entre otros, un fallo tecnológico masivo) provoquen un cambio de rumbo de consecuencias inesperadas:

1. La geopolítica: un partido sin árbitro
La pérdida de peso de Occidente, la consolidación de las nuevas potencias emergentes y los efectos de la globalización atisban un atlas geopolítico mundial similar al de un partido sin árbitro. La diversidad política e ideológica de los jugadores y la preeminencia de lo económico sobre lo militar añadirán complejidad al entorno y marcarán un contexto más difícil y heterogéneo para las empresas.

2. La economía mundial: un nuevo equilibrio inclinado al Pacífico
El trasvase del poder económico a las potencias emergentes dibujará un nuevo equilibrio global inclinado hacia la zona de Asia-Pacífico. Europa y Japón verán lastrada, en las próximas décadas, su capacidad de crecimiento en favor de Estados Unidos (EEUU) y de las economías emergentes. En un mundo más global, con entidades sistémicas de mayor tamaño y un mayor riesgo de contagio en futuras crisis, el diseño de una gobernanza financiera global se antoja crucial.

3. La innovación como base de todo
En el nuevo modelo productivo de las próximas décadas, la innovación será la base de todo. Como consecuencia, la lucha por el talento y la movilidad laboral alcanzarán cotas desconocidas hasta ahora. Un fenómeno que, junto al impacto de las nuevas tecnologías en los procesos de fabricación, podría alimentar la desigualdad entre los trabajadores y tener efectos sociales difíciles de prever, agrega el informe difundido por la agencia AFP.

4. La estructura social: un individuo más autónomo
El desarrollo económico, la aparición de una gran clase media emergente y el impacto de las tecnologías de la información conformarán la estructura de nuestra sociedad. Esta vendrá marcada por el auge de la libertad individual y por la capacidad de decisión de las personas, que ganarán poder frente a los Estados.

5. La demografía: longevos, urbanos y en movimiento
El incremento de la esperanza y de la calidad de vida, el descenso de la natalidad, el auge de las ciudades y los movimientos migratorios serán algunas de las claves demográficas de un mundo que será testigo de fenómenos como el avance significativo de las mujeres en la sociedad.

6. Sostenibilidad: menos recursos y más costosos

La presión sobre los recursos naturales aumentará de forma significativa en los próximos veinte años como consecuencia del incremento de la población mundial y de los efectos de las nuevas clases medias emergentes. La competencia entre Estados y entre empresas por asegurarse el suministro de recursos naturales, convertirá a la explotación de las fuentes de energía no convencionales en un punto relevante de la geopolítica y de la economía mundial en 2033. 

lunes, 7 de abril de 2014

DOBLE DISCURSO DE ZAFFARONI


(Urgente24).

-El Juez de la Corte Suprema de Justicia, Raúl Zaffaroni no fue siempre un “progresista k” tal como lo es ahora. Hubo otros tiempos donde, su discurso era muy diferente al actual.

En mayo de 1980, escribió, en coautoría con Ricardo Cavallero, un trabajo denominado Derecho penal militar, fue supervisado por dos auditores castrenses. En él sostiene que hay casos en los que no es inconstitucional la “supresión física del infractor”. También argumenta sobre la necesidad de que, en casos de excepción, se promulguen bandos militares que tipifiquen delitos para militares y para civiles.

En el trabajo académico el Juez más oficialista de la Corte expresa obsecuentemente: “Queremos hacer público nuestro agradecimiento al brigadier auditor doctor Laureano Álvarez Estrada, quien tuvo la gentileza de leer los originales, por las importantísimas observaciones que nos efectuara, y al contraalmirante auditor doctor Ramón León Francisco Morel”, de esta manera arranca Eugenio Zaffaroni en el prefacio de su libro Derecho penal militar: lineamientos de la parte general.

Este trabajo de hace 34 años al igual que el Acta donde se deja constancia del Juramento del entonces Juez Dr. Eugenio Zaffaroni por el Estatuto del Proceso de Reorganización Nacional del Gobierno Militar, incomoda a más de un sector progresista del gobierno y que se pretende ocultar, para evitar que se vincule a su candidato a la Corte Suprema con el Proceso que condujo la Junta de comandantes en Jefe de las FF.AA, liderada por el Teniente General Jorge Rafael Videla.

El libro fue publicado el 26 de mayo de 1980, en plena dictadura, con coautoría de Ricardo Cavallero, y plantea posiciones inesperadas y contradictorias para el Zaffaroni de nuestros días, como la necesidad de dar muerte a los delincuentes, o la validez de los bandos militares para crear tipos penales.


El antiguo discurso de Zaffaroni

Solo para abrir el libro, el ahora progresista cita a José Ortega y Gasset cuando halagando a las fuerzas armadas dice: “Medítese sobre la cantidad de fervores, de altísimas virtudes, de genialidad, de vital energía que es preciso acumular para poner en pie a un buen ejército. ¿Como negarse a ver en ello una de las creaciones más maravillosas de la espiritualidad humana? La fuerza de las armas no es fuerza bruta sino fuerza espiritual”.

El libro de marras que complica a quienes impulsaron su candidatura a la Corte, es un verdadero compendio de justificación de las conductas achacadas a los mandos militares durante la guerra contra la subversión, a la que Zaffaroni llama “factores perturbadores”.

En su página 83 justifica la aplicación del Código de Justicia Militar a todos los ámbitos cuando de manera inequívoca dice: “El derecho penal militar no es un derecho excepcional, puesto que no renuncia a los principios generales del derecho y ni siquiera a los principios generales del derecho penal, aun cuando se dé la circunstancia misma de la guerra, sino que los adecua a la necesidad terrible que ella importa”.

El ex juez que consiguió un meteórico ascenso de un juzgado de instrucción a uno de sentencia ni bien asumió el “Proceso” (abril del año 1976) no se conforma con ello y sostiene en la página 93 que “es un incuestionable principio constitucional el de la legalidad penal: no hay delito sin ley previa; sin embargo, en caso de necesidad terribilísima, la ley militar contempla la posibilidad de legislar por medio de bandos militares”.

Zaffaroni no se reduce a eso, sino que en la página 107 aclara que los bandos también pueden ser utilizados en tiempos de paz, con el límite previo de “establecer que la zona afectada por la conmoción interior puede ser declarada zona de emergencia” y precisando que “la conmoción interior puede provenir de acción humana o material”, en clara referencia al accionar de los grupos subversivos e intervenciones militares, como la zona de emergencia declarada en la selva tucumana durante los primeros años de la dictadura.

Zaffaroni se refiere durante todo el libro como punto de referencia a la Ley de Defensa Nacional de aquel entonces, que fue dictada en el marco de la Doctrina de la Seguridad Nacional, rechazada por el progresismo autóctono.

Para terminar de aclarar la validez de los bandos, Zaffaroni deja claro que “el bando es una ley penal material cuya vigencia se limita a la permanencia de la circunstancia de necesidad terribilísima”, es decir, a la duración del gobierno militar.

El hoy cultor de los derechos humanos y el garantismo procesal  tampoco se privó de justificar “la necesidad de dar muerte al delincuente”. A estos efectos explica que “la supresión del delincuente jamás tiene el carácter de una pena, pero no es inconstitucional cuando se impone como resultado de una necesidad” y completa sin sonrojarse: “Cuando la supresión física del autor responde a una necesidad terribilísima, nos hallamos con claros supuestos de inculpabilidad que encuadran sin dificultad en el artículo 34, inciso 2, del Código Penal” (inimputabilidad). Es decir, avala la inimputabilidad de quien “suprime” a un delincuente, según sus propios términos.


El aval de Zaffaroni

En el libro, Zaffaroni se dedica de manera sistemática a avalar al Proceso militar, como por ejemplo en la página 115 cuando dice que: “los imaginarios integrantes del grupo de habitantes de la Nación ante el ataque inesperado, habiendo desaparecido cualquier autoridad o siendo incapaz la que resta, para evitar el inminente peligro que de esas circunstancias se deriva para sus vidas y bienes, habrán usurpado justificadamente la función pública”, en evidente referencia a una supuesta debilidad del gobierno de María Estela Martínez de Perón, y justificar la irrupción de las fuerzas armadas para derrocarlo.

El entonces cada vez más militarista Zaffaroni lo completa sin privarse de nada, al decir que “la eficacia del grupo depende de que sus integrantes se hallen convencidos de que el esfuerzo enorme que realizan y de lograr superar la impresión de que la devastación y el dolor ajeno producen en cualquier ser humano normal, tiene su razón de ser, y no sólo se halla explicado perfectamente sino, también, que es absolutamente necesario y que puede ser coronado con el éxito”, explica.


¿Qué opinaba por aquél entonces Zaffaroni de la pena de muerte?

En innumerables apariciones de los últimos años, el jurista ha dejado en claro su rechazo a esa sanción fatal para castigar a un delincuente.

Pero en el manual de derecho penal militar, sostiene: “No puede afirmarse en forma rotunda que la supresión física del infractor sea inconstitucional en todos los casos que prevé el Código de Justicia Militar, puesto que no nos hallamos frente a la ley penal común sino ante un derecho penal especial que responde a una necesidad tremenda o enorme y que, en algunos casos, se funda en una necesidad que se halla mucho más allá de ésta, es decir, en una necesidad terribilísima”.


Y agrega, a modo de síntesis “La supresión del delincuente jamás tiene el carácter de una pena, pero no es inconstitucional cuando se impone como resultado de una necesidad terribilísima que permite encuadrar el caso como justificación o como inculpabilidad”.