martes, 2 de marzo de 2010

DOS PROPUESTAS PARA MALVINAS QUE IMPLICAN TRAICIONAR EL INTERÉS NACIONAL

La experiencia de Hong Kong
Rodolfo Terragno


¿Teme una escalada conflictiva?

Hay que evitar siempre la diplomacia del megáfono. El problema, en política exterior, es cuando los respectivos gobiernos hablan para su tribuna, pensando en lo que va a salir mañana en los diarios. La Argentina tiene que ser muy firme, debe tomar la ofensiva diplomática, pero con argumentos, con sobriedad, sin imputaciones. Una negociación termina siempre en una ruptura o en un acuerdo. Para que haya acuerdo tiene que haber concesiones recíprocas. Manuel Moreno planteó, en su momento, la posibilidad de repartir una isla para cada país. Juan Manuel de Rosas propuso canjear las islas por deuda. Hoy no se debe pensar ni en partir las islas ni en darlas como parte de pago, pero se debe pensar en fórmulas similares a la de Hong Kong, por ejemplo, que han sido exitosas.

¿En qué sentido?

Se podría pensar en una transición ordenada y respetuosa de ciertos valores, principios y tradiciones de los isleños. Pero una cosa es decir “bueno, vamos a poner sobre la mesa un esquema tipo Hong Kong” y otra, muy distinta, es decir “mañana nos tienen que devolver las islas de manera incondicional”.

La soberanía definitiva, entonces, ¿debería considerarse un imposible en el mediano plazo, según su apreciación?

No. Hay que buscar un punto de acuerdo y ver cuáles son las concesiones que se pueden hacer para ofrecer un esquema de transición. Y si cito a Hong Kong como ejemplo, es porque parecía imposible que se reincorporase a China. Ahora, no se reincorporó por la fuerza, sino sujeta a determinadas normas y con una autoridad especial.

Esto sí lo ve posible.

Lo veo deseable. Ahora, dependerá de la posición de cada uno.
Pero la Argentina no es China.
Y las islas Malvinas no son Hong Kong, es cierto. Pero no planteo un traslado mecánico del “modelo Hong Kong”, sino tomar el espíritu de esa experiencia. Necesitamos una transición que no deje las cosas tal como están, ni implique la aceptación lisa y llana de la posición del otro. Tiene que ser una transición que genere un régimen especial y que nos permita dar pasos adelante, con transferencias graduales, para que, dentro de cincuenta años, por poner una fecha, podamos concretar la soberanía.

Revista Debate, 27-2-10, pag. 13.


“Necesitamos una estrategia con acento en la cooperación”
Juan Gabriel Tokatlian

El primer dato nuevo a tener en cuenta es el renacimiento de una geopolítica de los recursos estratégicos. Y no me refiero solamente al petróleo y al gas sino también a la energía nuclear y a los recursos hídricos o alimenticios. Hay un contexto de tensión y de pugnacidad geopolítica creciente en el escenario internacional relacionado con esto, que no se debe obviar. En segundo lugar, el precio del petróleo es otra variable importante. Cuando se hicieron exploraciones semejantes a éstas, entre 1995 y 1998, abandonadas luego por compañías noruegas o por Shell, el precio del petróleo era bajo. Actualmente está por las nubes y todo indica que va a seguir en alza. En consecuencia, una inversión en este terreno hoy sería potencialmente más factible. Aun así, hay que ponerle muchos paréntesis al tema, porque todavía no se puede hablar de reservas probadas, sino de datos potenciales.

Yo enmarco la cooperación como una estrategia sostenida en varios ejes: un fuerte liderazgo político que vaya más allá de una gestión en particular, rendición de cuentas transparente de lo actuado y nuevos trazos diplomáticos. Por ejemplo, por qué no aprovechar el tema de la explotación petrolera para hacer una asociación entre Enarsa, Petrobrás y Pdvsa para presentarse a la licitación y ganar la capacidad de hacer perforaciones en las Islas Malvinas. Esto no significaría reconocerle nada a Gran Bretaña en términos de soberanía, pero incrementaría la posibilidad de dialogar y resolver problemas con los británicos y con los isleños. Pongo este ejemplo, pero en diferentes ámbitos se podrían encontrar señales concretas. ¿Para demostrar qué? Para demostrar que, por el rumbo de la cooperación, con resultados prácticos para las tres partes y sin olvidar nunca la soberanía, es posible gestar condiciones que permitan, en el muy largo plazo, hacer efectiva la soberanía argentina.

Sería algo así como separar los planos de la negociación, generar dos instancias diferentes.

Y esta otra instancia traería grandes beneficios. La Argentina está ávida de recursos gasíferos y petroleros, ante las limitaciones concretas que ya tenemos. Por lo tanto, necesita potenciar una compañía estatal, como en algún momento lo fue YPF, con un Estado fuerte. Y necesita hacer sociedades estratégicas con nuestros vecinos. Bueno, aprovechemos Malvinas para eso. O para una política pesquera. Además, hay que hacer un sofisticado eslabonamiento temático, entrelazar este tema con otros, en los cuales la Argentina logre ventajas reales y más socios, lo que redituaría también en una posición relativa más fuerte.

Estos casos que pone como ejemplo, ¿implicarían una explotación conjunta con las otras partes en conflicto?

Sí, hay que introducir cosas nuevas para pensar que podemos explotar conjuntamente los recursos de las Malvinas sin que esto menoscabe ni un centímetro el reclamo por la soberanía. Ingresamos en el año del bicentenario sin las Malvinas y es posible que nos lleve otro siglo la recuperación pacífica de la soberanía. El único modo de dar pasos adelante es una estrategia de largo plazo que ponga el acento en la cooperación. La imagen que tenemos que dar es la de un país que quiere enmendar, resolver, solucionar, prosperar, cambiar, mejorar, cooperar. La Argentina no puede presionar, sin recursos, a la espera de que Gran Bretaña, que todavía tiene los movimientos de un viejo imperio, se vaya a sonrojar y abandone las Malvinas. Ni puede jugar a la seducción enviando ositos de peluche. Hay que dejar atrás estos viejos lastres.

Revista Debate, 27-2-10, pags. 14/15.