sábado, 10 de junio de 2017

LOS CONFLICTOS DE INTERÉS IDEOLÓGICOS



Son Peores que los Financieros

American Council on Science & Health, Junio 7, 2017
(Fuente: Mitos y Fraudes)

“Busquen al dinero!”, gritan los activistas. La ruta del dinero, de acuerdo con esta lógica, siempre lleva a mentiras y engaños.
Esta falacia pueril, argumentum ad aurum, es un ataque ad hominen disfrazado usado comúnmente contra los científicos. En vez de criticar la calidad y conclusiones de la investigación, los activistas asaltan a la integridad del científico.

Es verdad que el dinero puede ser una influencia para la corrupción. Por eso es que las revistas científicas requieren a los científicos que descubran sus relaciones comerciales con la industria. Pero el dinero no es la única fuente de corrupción. Por cierto, cualquier cosa que hace que una persona rechace a la ciencia basada en evidencias debería de ser considerada un conflicto de interés. Por esa definición, la ideología y la política también calificarían como conflicto de interés. Y eso haría incómodas a muchas personas.

La Ideología como Conflicto de Interés

En 2015, el New England Journal de Medicine publicó un artículo de Lisa Rosenbaum sobre el sesgo como un conflicto de interés. Muchos académicos y doctores están opuestos ideológicamente a la industria, sin importar por qué. Como lo escribe la autora, este estigma da por resultado “la desaparición del discurso honesto y el potencial desaliento a colaboraciones productivas.” Luego ella hace una pregunta inconveniente:

Cuando estudiamos si las personas con relaciones financieras son más propensas a votar en favor de un producto, ¿no deberíamos de preguntar también si sin esas relaciones son más propensas a votar en su contra?
En otras palabras, si se asume que los científicos relacionados con la industria han sido corrompidos por el dinero, ¿no deberíamos asumir que los zelotes anti-industria están corrompidos por su ideología?

El año pasado el investigador en obesidad Arya Sharma hizo un argumento similar. El Dr. Sharma recuerda la historia de Ancel Keys, un investigador que creía que las enfermedades cardíacas estaban conectadas con el consumo de las grasas saturadas. El equipo del Dr. Keys completó una enrome ensayo aleatorio en 1973 para ensayar la hipótesis, pero ocultaron los resultados, que no fueron publicados hasta 2016. ¿Por qué? Porque los datos contradecían su hipótesis.
En consecuencia hemos tenido más de 40 años de un mal consejo dietario porque, como lo dice el Dr. Sharma, “haciendo públicos estos hallazgos habría hecho un severo daño a su querida hipótesis”.

El Dr. Sharma termina su artículo con una punzante crítica:
Cuando alguien “no tiene conflictos financieros”, a menudo yo pregunto, “qué están los autores realmente ocultando?.”

El Conflicto de Interés de los Ecologistas

El ecologismo moderno es una religión. Sus más devotos seguidores juran por los beneficios de la comida orgánica, se oponen a las OGM y a la energía nuclear (y a menudo a la vacunas, también), y creen que la Tierra está sobrepoblada por una fuerza destructiva llamada humanidad. 

A menudo ellos ofrecen un diezmo a una sopa alfabética de organizaciones ideológicamente opuestas al progreso tecnológico: Grupo de Trabajo Ambiental (EWG); Unión de Científicos Preocupados (UCS); Centro para la Ciencia en el Interés Público (CSPI); Consejo Nacional de Defensa de los Recursos (NRDC); y Gente por el Tratamiento Ético de los Animales (PETA). Y también podemos echar en la olla a Greenpeace.

No importa que la ciencia ha mostrado definitivamente que la comida orgánica no es más saludable, ni más segura, ni tiene mejor sabor que la comida convencional. No importa que no se haya demostrado que los OGM no perjudican a los humanos, animales o al ambiente. Tampoco importa que las centrales nucleares han sido rediseñadas para ser a prueba de derretimiento del núcleo. Y menos importa que los demógrafos crean que el planeta no está sobrepoblado. La información dura no les interesa a los ecologistas y activistas.


Un manera fácil de determinar si una persona tiene un infatigable conflicto ideológico de interés es preguntarle: “¿Qué evidencia haría que usted cambie de opinión?" Si él no puede responder a esta cuestión, entonces no tiene sentido en continuar con el diálogo.