lunes, 17 de agosto de 2020

GUILLERMO MILLER

 


 la vida heroica y olvidada del primer biógrafo y amigo de San Martín

Por Omar López Mato

Infobae, 7 de Agosto de 2020

Cuando William Miller (Guillermo Miller) llegó a Buenos Aires en agosto de 1817 era un capitán de larga trayectoria a pesar de su corta edad. Había peleado junto a Wellington durante la campaña de España en la Batalla de la Victoria y el asalto de Bayona. En 1814 participó en el ataque a New Orleans durante el conflicto entre Inglaterra y Estados Unidos. Volvió a Europa justo a tiempo para combatir junto al Duque de Hierro en Waterloo. Terminadas las guerras napoleónicas el joven capitán, que por entonces tenía 20 años y había pasado los últimos 5 años de su vida peleando, decidió poner sus habilidades de artillero al servicio de la causa emancipadora.

 

Llegó a Buenos Aires en 1816 y fue destinado al Ejército de los Andes. En Chile asistió al desastre de Cancha Rayada donde, gracias a su sangre fría, logró salvar las piezas de artillería asignadas. Su abnegación le ganó el puesto de Edecán del Libertador. Como infante de marina participó de la captura de Talcahuano y posteriormente acompañó a Cochrane en su primera expedición al Callao, donde sufrió quemaduras a raíz de una explosión. Esta será la primera de las muchas heridas que surcarán su cuerpo. En Pisco y Valdivia recibió 6 heridas de bala al dirigir personalmente sus hombres al ataque. Su coraje indómito llamó la atención del General José de San Martín, quien lo ascendió y lo señaló como segundo al mando del Regimiento 8 de infantería.

 

Hombre de mar y tierra, jefe de caballería, infantería y artillería, su versatilidad guerrera fue de gran utilidad a la causa americana. Premiado con la Legión al Mérito de Chile y la Orden del Sol en Perú, Miller continuó prestando servicios en la legión peruana durante las guerras de independencia. Fue nombrado General y con ese grado participó en las batallas de Junín y Ayacucho, dónde se selló la libertad americana.

 

En 1826, Miller volvió a Londres donde fue recibido con honores. De allí viajó a Bruselas para entrevistarse con San Martín, a fin de recabar datos sobre la gesta de la Independencia americana y poder así terminar sus memorias, que por carácter transitivo son, en parte, las del Libertador.

 

Luego de ese viaje regresó a Perú pero las controversias políticas entre los criollos lo obligaron a desterrarse. Sin embargo, el general Luis Orbegoso lo convocó a su lado, y compensó los esfuerzos de Miller confiriéndole el grado de Gran Mariscal. Los conflictos dentro del ejército y las retaliaciones amargaron al inglés, que partió hacia Ecuador como Ministro plenipotenciario ante el novel país. En 1837 fue nombrado gobernador político del Callao donde, una vez más, demostró sus dotes como administrador. Sin embargo, las habladurías y conspiraciones pudieron más y Miller fue borrado del escalafón militar. Durante años actuó como cónsul británico en Hawaii.

 

Afectado por sus viejas heridas -especialmente por una bala que había comprometido su hígado- intentó viajar a Inglaterra, pero el antiguo guerrero, el valiente inglés, finalmente murió antes de partir. El mariscal Ramón Castilla repuso sus títulos y honores. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio británico de Lima y posteriormente trasladado al Panteón de los próceres de dicha ciudad.

 

Sus Memorias -Memoirs of general Miller: In the service of the republic of Peru- fueron publicadas en Londres en 1829 y traducidas al castellano por el General español José María Torrijos. La obra recibió críticas por algunas afirmaciones controvertidas en su relato de los acontecimientos. Varios compañeros de armas expresaron sus disensos, entre los que se contaba el coronel O´Brien quien, sintiéndose agraviado, quemó en público las Memorias.

 

Los originales fueron cedidos por la viuda de Miller al Dr. Ángel Carranza, quien los atesoró en la Biblioteca Nacional de Argentina. Miller fue amigo y confidente del Padre de la Patria, valiente hasta lo temerario, leal defensor de la libertad de los pueblos. Sus imprecisiones como narrador no le restan en absoluto la gloria que supo ganarse en el campo de batalla.

 

*Omar López Mato es historiador y autor del sitio Historia Hoy

domingo, 16 de agosto de 2020

SAN MARTÍN: LEYENDAS Y FALSEDADES

   VIDEO:


http://youtu.be/IyBJJO1KuUQ

SAN MARTÍN CON MIRADA POLÍTICA


Prof. Sebastián Sánchez

La Prensa, 16.08.2020

 

 

Los que tenemos el consuelo

 

De saber que la patria es un ensayo de esperanza y de cielo,

 

Los de la patria antigua y el acento inmortal

 

Los de la sangre limpia, ¡con usted, General!

 

Ignacio B. Anzoátegui, ‘Oda al General San Martín’

 

 

 

La historia oficial ha falseado la figura de San Martín por “vía de ensalzamiento”, menoscabándolo, por ejemplo, al exaltar su ciencia militar y a la vez señalar su “cortedad” en materia política. Ese fue el método avieso de Mitre, que dejó el libreto, de modo que “pegarle” a San Martín ha sido el deporte dilecto de los historiadores al uso. No queremos aquí responder los agravios al General -mejores plumas se han ocupado de eso- sino trazar unas líneas acerca de su obra política, soterrada bajo una montaña de elogios vanos y desfiguradores.

 

Dice Enrique Díaz Araujo que el primer paso en la vida política de San Martín fue venir a Indias, decisión que tomó ante la deriva liberal de la afrancesada corona española y la ilegitimidad del Concejo de Regencia, ese artificio pergeñado por los ingleses en la Isla de León. 

 

A poco de llegar al Plata, y antes de emprender su campaña guerrera, Don José se enfrentó al centralista Primer Triunvirato y depuso a Bernardino Rivadavia, que poco antes había expulsado a los diputados del Interior, mandándolos a “quedarse en casa”.

 

Cuando, tras el combate de San Lorenzo, el General fue enviado en auxilio del Ejército del Norte, sus enemigos Rivadavia y Alvear creyeron que así lo corrían de escena. Pero San Martín no sólo auxilió exitosamente a Belgrano, sino que una vez instalado como Gobernador-Intendente de Cuyo, llevó un gobierno notable que le granjeó la amistad de las provincias de tierra adentro. Y todo mientras organizaba el Ejército de los Andes. Asimismo, desde Mendoza fue partícipe directo de la declaración de la Independencia, de modo tal que, sin él, y Belgrano, el Congreso de Tucumán -católico, monárquico y “protofederal”- no hubiese sido posible.

 

Después vendría el Cruce de los Andes -y Chacabuco y Maipú- y todo en medio de las pestes que azotaban a nuestro Ejército (y al propio Libertador), sin que a nadie se le ocurriera guardarse en cuarentenas eternas. Y, una vez libertado Chile, la hora de la “desobediencia” de San Martín (Mitre “dixit”), que fue su negativa a convertirse en el represor de los caudillos -entre ellos, sus amigos López y Bustos- para saciar la codicia despótica del régimen porteño. Don José hizo caso omiso y se quedó en Chile, preparando la campaña libertadora al Perú.

 

EL PROTECTOR

 

El Protectorado de Perú, que ofrece un retrato preclaro del San Martín político, se sostuvo en dos ejes principales: la búsqueda de la independencia, proveyendo al país de un gobierno fuerte, y la garantía de continuidad de la tradición cultural, jurídica y religiosa americana.

 

El Protector instauró en Perú una dictadura, convencido de que nuestros pueblos necesitaban gobiernos fuertes y justos. No se asuste el lector con la mención de la vapuleada palabra: San Martín promovió una magistratura extraordinaria -así se entendía la dictadura en la antigua Roma- para evitar las consecuencias negativas de la Independencia: desunión, fragmentación territorial de los antiguos virreinatos, anarquía destructiva. 

 

Asimismo, a través del Estatuto Provisional de 1821, el instrumento constitucional de su gobierno, Don José promovió el respeto de las tradiciones e instituciones hispanas (siempre a salvo la Independencia, claro). A modo de ejemplo, mantuvo incólume la estructura de Justicia y el régimen municipal de los cabildos, en la medida en que pertenecían al “ethos” jurídico-político del país.

 

En el marco de esa tenacidad tradicionalista se entiende el resguardo de la religión católica como la propia del Estado, tal como ordena el artículo 1° del Estatuto. Allí se afirmaba la libertad religiosa, pero se omitía toda referencia a la libertad de culto, pues para profesar otras religiones era necesario obtener un permiso del Consejo de Estado “siempre que su conducta no sea trascendental al orden público”. No es ésta una cuestión menor: San Martín advirtió que la libertad de culto, tópico central de las constituciones racional-normativas del liberalismo, conlleva la ruptura de la unidad religiosa. En tal sentido, según el aserto de Díaz Araujo, el Protectorado fue un Estado confesional.

 

La paz con España fue otra cuestión cardinal del Protectorado, siempre con la “conditio sine qua non” de la independencia del país. Ese ánimo pacificador se reveló en las conferencias de Punchauca-Miraflores, en las que el Libertador propuso el establecimiento de una monarquía en el Perú (con ánimo de extenderla a Chile y al Plata). La paz no fue posible por la negativa de los realistas que se resistieron, vaya paradoja, a la posibilidad de la monarquía peruana.    

 

En síntesis, el plan de San Martín era lograr la independencia del país andino, hacer la paz con España y dejar gobernando a un monarca. Pero el General no pudo y fue derrotado, en parte por la miopía egocéntrica de Bolívar, en parte por la pertinaz persecución de sus enemigos liberales.

 

La derrota política de San Martín, que no puede negarse ni afecta su grandeza, impidió la continuidad de la unidad de la Patria Grande y terminó por asegurar el enseñoramiento de las logias liberales en los gobiernos de nuestras patrias. Por eso la Dictadura de Juan Manuel de Rosas le pareció a Don José “un modelo a seguir por todos los estados americanos”, pues daba continuidad a su proyecto político. Pero Rosas combatió hasta el desastre de Caseros y también partió al ostracismo. El trágico sino del destierro para nuestros más grandes próceres de algún modo prefigura la permanente frustración argentina. San Martín y Rosas nos dejaron el camino a seguir, no es culpa suya que lo hayamos perdido.      

 

SAN MARTÍN Y NOSOTROS

 

Forjado en la prudencia política, la virtud propia del que manda, Don José sabía “leer dentro” de la realidad y obrar en consecuencia. Decía en carta a su dilecto Tomás Guido que “el mejor gobierno es el que hace la felicidad de los que obedecen empleando los medios adecuados a tal fin”. Toda una definición prudencial. 

 

San Martín combatió en búsqueda de una independencia que respetara el “ethos” americano, para que nuestras patrias se realizaran en un orden político justo, con gobiernos vigorosos y afirmados en el respeto al orden natural. Por eso libró el buen combate contra los libertinos y por eso fue monárquico (como Güemes y Belgrano), pues entendió que la reyecía aseguraba la continuidad de un régimen acorde a nuestra naturaleza cultural.

 

A dos siglos de la epopeya sanmartiniana, los argentinos vemos con doloroso estupor la debacle de nuestra independencia económica, política y jurídica. Lo que hoy “mandan”, distraídos como están en sus fenicios afanes partidocráticos, tiran a la basura la sangre de tantos miles de compatriotas que -desde San Lorenzo a Pradera del Ganso- dieron la vida por una Argentina justa y libre.  

 

Padecemos hoy los desvaríos de un remedo patético de triunvirato -como en 1820, el centralismo porteño determina la vida de todos nosotros- que promueve el desorden y la injusticia. El patriótico anhelo sanmartiniano de lograr un orden político centrado en el Bien Común, ha devenido en este innoble desgobierno que, ante el desastre de sus propias inquinas e incapacidades, desprecia a los argentinos conculcando sus más elementales libertades.

 

En 1834, cuando el retorno de Rosas al gobierno aún estaba en ciernes, Don José escribió una carta a Guido, en la que maldecía la cínica paradoja de los que vociferan amor a la libertad, mientras sólo promueven esclavitud. Juzgue el lector si estas palabras no se ajustan al día de hoy:

 

“Los hombres no viven de ilusiones sino de hechos. Que me importa que se repita hasta la saciedad que vivo en un país de libertad, si por el contrario se me oprime. ¡Libertad! Para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa licenciosa, sin que haya leyes que lo protejan. ¡Libertad! Para que, si me dedico a cualquier género de industria, venga una revolución que me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un bocado de pan para mis hijos. ¡Libertad! Para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja, por vía de especulación, hacer una revolución y quedar impunes. ¡Libertad! Para que el dolo y la mala fe encuentren una completa impunidad, como lo comprueba lo general de las quiebras fraudulentas acaecidas en ésta. Maldita sea tal libertad, ni será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios que ella proporciona, hasta que no vea establecido un gobierno que los demagogos llamen tirano y que proteja contra los bienes que brinda tal libertad”.

 

En sus últimos tiempos en Perú, poco antes de la Entrevista de Guayaquil, el General San Martín le confió a Guido sus planes futuros: tras lograr la independencia quería “volverse con las bayonetas hacia Buenos Aires” para desalojar de allí a los hombres de “infernal conducta”. Sin ceder a la tentación de la historia contrafáctica, podemos decir, casi como una ensoñación: ¡que distinta sería la Argentina si aquellas bayonetas hubieran llegado a destino!

jueves, 13 de agosto de 2020

DIGNIDAD SACERDOTAL Y CÍVICA

 


(Carta abierta)

Felicito a los curas que siguen celebrando Misa con pueblo, normas sanitarias cumplidas sin rendición a los titiritados del NOM  e imitando por ejemplo a los obispos de Alcalá de Henares o de Polonia.

El Estado no puede mandar sobre la Iglesia que es sociedad soberana. ¿Faltaría más?: “Dígame, Monseñor Kiciloff,  ¿qué manda el Nuevo Orden Mundial sobre la comunión en la boca?”; “¿qué canon de la Misa se puede…  para no contagiarse, vio?”. “Con los mandamientos, ¿seguimos como estamos…?”. “Con el 6 y el 7 no pensábamos transar, pero a propósito, Vueselencia, con toda humildad y obediencia, ¿seguirán con el genocidio abortista de Estado que en 2019 desapareció 121.525 pibes, harán la venia al Fondo Monetario dictando por ZOOM la ley contra los no nacidos que les rechazamos en el Argentinazo y seguirán matando jóvenes ya nacidos con la Educación Sexual Inmoral que acorta vidas o con el hambre que están desatando? ¿Seguirán violando las garantías constitucionales y con suma del poder, legislativo de vacaciones y judicial casi pero respectivamente cobrando unos y otros y respectivamente de nuevo todos mudos bien muditos que son la Mudez misma, oposición incluída casi todo el plantel titular y el banco de suplentes?

“¡Basta de silencios! ¡Gritad con cien mil lenguas! porque, por haber callado, ¡el mundo está podrido! La esposa de Cristo ha empalidecido, ha perdido el color, porque le están chupando la propia sangre, es decir, la sangre de Cristo”. (Santa Catalina de Siena, carta 16, “A un prelado”).

Que los argentinos somos demasiado mansos, y a veces los católicos pior, puede ser pero ojo; sin ir más lejos acuérdense del glorioso 8/9 de agosto de 2018. Ojo digo porque el pueblo puede desilenciarse y gritarles en la cara lo que tanto temen, que ya se desacató 20 de junio, 9 de julio y 8 de agosto y el hambre desencuarentenó al AMBA a la fuerza. 

No hay que tremendizar, pues los sacerdotes a quienes alabando estamos, no son de blandir, como armas agresivas, medievales baculones; - se ponen, con discreción, los debidos pantalones.  Ejemplo religioso y también cívico, como el de Ariel Suárez, que me parece que lo oigo canturreando, a cada remada por el Paraná, el Himno en la parte que no cantamos pero gritamos fuerte: “A vosotros se atreve, argentinos. El orgullo de vil invasor”.

Héctor H. Hernández

Ciudadano argentino y católico. Defensor Federal jubilado.  Autor del libro La Felicidad de los Argentinos y la Religión  y de tres libros sobre el Genocidio del aborto. DNI 4.687.397 - San Nicolás de los Arroyos, 11 de agosto de 2020.

miércoles, 12 de agosto de 2020

AUMENTA LA DESOCUPACIÓN

 

Con el cruce de datos del Indec y del Sistema Integrado Previsional Argentino, el Observatorio de la Deuda Social Argentina estimó que como resultado de la crisis provocada por el aislamiento obligatorio para controlar el Covid-19, la tasa de desocupación ascendió desde el 10,4 % al 15,5 %. Esto representa un total actual de 3,3 millones de personas desocupadas, para un total de población económicamente activa de 19 millones.

(La Voz del Interior, 12-8-20)

LA IZQUIERDA ESTADOUNIDENSE

 


puede destruir la política bipartidista hacia Colombia

 

El Ojo Digital, 11 de Agosto de 2020

Ana Rosa Quintana

 

Aun cuando las iniciativas bipartidistas pueden darse rara vez en los pasillos del Congreso de los Estados Unidos, lo cierto es que la relación colombo-estadounidense desafía a ese estereotipo. Durante décadas, los legisladores de ambos partidos en los EE.UU. han comprendido la importancia del mantenimiento del compromiso de Washington con la paz, la estabilidad y la seguridad en Colombia.

 

Mientras que los legisladores suelen perder de vista el largo plazo en lo que respecta a política exterior, la supervisión y el liderazgo legislativo en los Estados Unidos han ayudado a transformar a Colombia, de los albores del Estado fallido, a convertirse en líder regional -en pocas décadas.

 

En contrapartida, la relación estratégica entre los EE.UU. y Colombia se ha convertido en un eje central para la estabilidad en América Latina y para los intereses regionales de los Estados Unidos -al tiempo que también se ha modelado en una historia de éxito en el involucramiento externo de Washington.

 

 Sin embargo, ciertas provisiones ideológicamente motivadas, adoptadas recientemente en el Acta de Autorización para la Defensa Nacional en la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, recortarían el extendido convenio bipartidista frente a la política oficial para Colombia. De llegar a ser activada, esta legislación debilitaría la capacidad de Colombia a la hora de protegerse frente a organizaciones criminales, toda vez que también empeoraría los aspectos vinculados a la producción de cocaína (la cual evidenciaría un boom).

 

Una provisión en tal sentido -patrocinada en la Cámara de Representantes por Alexandria Ocasio-Cortez, Demócrata por Nueva York- busca eliminar todo financiamiento estadounidense para la erradicación de cultivos de coca, ingrediente básico en la producción de cocaína.

 

Considérense los siguientes datos, a efectos de comprender el carácter irresponsable que hace a la política propuesta.

 

En 2015, Colombia puso fin al programa de erradicación aérea de cultivos que fuera financiada por los Estados Unidos, lo cual condujo a una explosión en los cultivos de coca y en las cifras de producción de clorhidrato de cocaína. Entre 2014 y 2018, tuvo lugar un crecimiento histórico en los índices de cultivo de coca y, gracias a esto, se evidenció un incremento en la producción potencial de cocaína.

 

 En 2014, se cultivó un aproximado de 112 mil hectáreas de coca, en comparación con las 208 mil de 2018. A lo largo de este período, también se incrementaron las muertes por sobredosis de cocaína en territorio estadounidense.

 

La agencia antinarcóticos de los Estados Unidos (DEA) estima que el 90% de la cocaína confiscada en suelo estadounidense es de origen colombiano.

 

Cuando Colombia puso fin a su programa de erradicación aérea de cultivos, citó un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que desde entonces fue desautorizado por ese mismo órgano vinculado a Naciones Unidas.

 

El informe inicial afirmaba que el glifosato utilizado como herbicida era 'probablemente cancerígeno para los seres humanos'. En el término de un año, un informe posterior sentenció que la capacidad del glifosato para provocar cáncer era 'improbable', en consecuencia, desautorizando los fundamentos sanitarios de la decisión de interrupción de cultivos.

En ese punto, el daño ya estaba hecho. A pesar de las objeciones interpuestas por el entonces ministro de Defensa colombiano, y por otros funcionarios del gobierno en Bogotá, el programa fue clausurado.

 

 Desde entonces, Colombia se ha respaldado mayormente en la erradicación manual de cultivos de coca. Elementos de las fuerzas armadas han sido forzados a eliminarlos manualmente, operando en áreas bajo control de criminales y de organizaciones terroristas. Periódicamente, los soldados se topaban con criminales armados, minas antipersonales y fuego de francotiradores.

 

De acuerdo al presidente colombiano, la erradicación manual está lejos de ser eficiente en el terreno, y representa un perjuicio en materia de costos. El trabajo manual solo puede erradicar entre dos y tres hectáreas diarias, mientras que la fumigación desde el aire destruye entre 120 y 150 hectáreas -costando esta última hasta dos veces menos.

 

De no mediar retrocesos judiciales adicionales, Colombia retomará su programa de fumigación aérea -con apoyo estadounidense- previo a fin de año. Estados Unidos no debería comprometer los esfuerzos colombianos a efectos de contener sus problemas de descontrolada espiralización en la producción de cocaína.

 

De igual manera, los legisladores de los Estados Unidos no deberían obstaculizar el proceso de paz y reconciliación colombiano, motivados por políticas con sustento ideológico.

 

Una enmienda interpuesta por Jim McGovern -Demócrata por Kansas- le exigiría a los departamentos estadounidenses de Defensa y Estado, así como también al director de inteligencia nacional, entregar un informe de aquí a cuatro meses, que verse sobre dieciséis años de actividades de inteligencia y de defensa estadounidenses en territorio colombiano.

En sus propias palabras, la intención de McGovern no consiste en supervisar, sino que más bien remite a una intención de suspender toda asistencia estadounidense a Colombia. Recientemente, McGovern declaró: 'Si fuera por mí, yo le pondría fin a la asistencia estadounidense a Colombia, ahora mismo'.

 

A tal respecto, recientes informes que versaron sobre actividades de espionaje ilegal contra miembros de la sociedad civil en Colombia renovaron los llamados a implementar una supervisión más estricta sobre ese país, para que Bogotá se atenga a estándarse más estrictos sobre derechos humanos. En esta instancia, todos podríamos estar de acuerdo. El espionaje ilegal no tiene cabida en una nación democrática, y los funcionarios que fueren hallados responsables deberán ser reprendidos.

 

Sin embargo, la interrupción del apoyo estadounidense a Colombia en modo alguno mejoraría el registro colombiano en derechos humanos mientras que, de hecho, la ausencia de supervisión e involucramiento americano empeoraría el escenario. Privar a Colombia de los recursos estadounidenses reduciría su capacidad para implementar su ambicioso acuerdo de paz y reconciliación, tras cincuenta años de conflicto. Asimismo, dejaría a Bogotá con menos medios para cuidar de más de dos millones de refugiados venezolanos y migrantes que han provenido desde fuera de Colombia.

 

La relación bilateral y la situación en Colombia no está exenta de desafíos. A pesar de las significativas inversiones realizadas por los EE.UU. y Colombia, la producción de cocaína continúa representando un desafío esquivo. Una implementación inadecuada del plan de paz ha dejado a las víctimas colombianas del conflicto sin la posibilidad de contar un justicia, y una participación significativa en la sociedad civil. Un muy reducido núcleo de responsables por violar los derechos humanos aún no ha sido reprendido legalmente por los delitos cometidos.

 

Con todo, la transformación de Colombia en un país que había normalizado los secuestros y los atentados con explosivos, en un líder de seguridad y también en una potencia económica regional, es un logro que debería ser enaltecido.

 

En los Estados Unidos, el esfuerzo bipartidista ha dado lugar a un compromiso sostenido de Washington, allanando el camino para la consolidación de los ya citados logros. No obstante, la conferencia en torno del Acta de Autorización para la Defensa Nacional no debería permitir que agendas centradas en aspectos ideológicos destruyan los beneficios obtenidos durante décadas.

martes, 11 de agosto de 2020

UNA INÉDITA ALIANZA

 


Por Ricardo Carpena

Infobae, 10 de Agosto de 2020

En una iniciativa inédita, sindicatos tradicionales y movimientos sociales se unieron con el auspicio de la Iglesia para lanzar esta tarde el Plan de Desarrollo Humano Integral, un “anteproyecto” que propone crear 4 millones de puestos de trabajo, “repoblar la Argentina” y conectarla con transporte multimodal y entregar tierras a las comunidades agrarias, entre otras medidas, en lo que uno de sus impulsores, el dirigente social Juan Grabois, había calificado como un “Plan Marshall criollo”.

 

Sus impulsores aseguran que con una inversión inicial anual de 750 mil millones de pesos “crearíamos 170.000 empleos registrados y 4 millones de puestos de trabajo social, generando un impacto de la actividad económica de 865.000 millones de pesos, lo cual redundaría en mayor recaudación fiscal”.

 

Aunque esta versión local es más modesta, el Plan Marshall fue un programa mediante el cual Estados Unidos procuró la recuperación económica de Europa luego de la Segunda Guerra Mundial a través del otorgamiento de unos 13.000 millones de dólares entre 1947 y 1952.

 

La propuesta surgió de Grabois, líder de Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), y fue conversada en los últimos meses con gremialistas como Gerardo Martínez (UOCRA), Pablo Moyano (Camioneros), Ricardo Pignanelli (SMATA), Sergio Sasia (Unión Ferroviaria) y Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), quienes se sumaron a la iniciativa que también incluye la creación de “un fondo de ahorro en moneda nacional orientado a los trabajadores y clase media que a tasa de interés del mercado financiero y permita descontar de Ganancias un porcentaje del monto invertido para aumentar la rentabilidad al ahorrista”.

 

“Venimos trabajando con Grabois en una alianza estratégica porque tenemos un territorio que prácticamente es el mismo porque los trabajadores que represento entran y salen de la actividad, y los movimientos sociales buscan el tránsito de la informalidad a la formalidad y uno de los sectores apropiados es la construcción”, dijo a Infobae Gerardo Martínez, uno de los sindicalistas que participó de esta propuesta, que ahora será presentada al Gobierno para que sea analizada.

 

 

El plan contempla una inversión inicial con un costo de $750.000 millones anuales y, según lo que proponen sus organizadores, “parte de la inversión se autofinanciará a través de programas ya existentes (Salario Social Complementario, Hacemos Futuro y Tarjeta Alimentar, cerca de 128 mil millones de pesos anuales)”. El resto se va a financiar “a través del retorno fiscal neto de la inversión de los programas actuales (el 36%), más una afectación específica del Impuestos a los Bienes Personales, una pequeña reforma del Impuesto a las Ganancias, un aumento del Impuesto a las Bebidas Azucaradas y otra parte a través del esfuerzo fiscal adicional del Estado Nacional”.

 

La iniciativa fue anticipada a principios de mayo al presidente Alberto Fernández por Grabois durante un encuentro en la Quinta de Olivos y luego a la vicepresidenta Cristina Kirchner por representantes de esa misma agrupación.

 

De la presentación del plan, que se realizó en la sede del gremio de la construcción, en la Avenida Belgrano al 1800, Capital, participaron los sindicalistas Martínez (UOCRA), Moyano (Camioneros), Sasia (Unión Ferroviaria) y Laura Avalos (SMATA) y los dirigentes sociales Grabois, Juan Carlos Alderete (Corriente Clasista y Combativa), Esteban Castro (Movimiento Evita), Daniel Menéndez (Barrios de Pie y subsecretario del Ministerio de Desarrollo Social), Dina Sánchez (Frente Popular Darío Santillán) y Cristina Romo (Movimiento Popular La Dignidad), entre otros, además de representantes de la Iglesia (aunque no estuvo, uno de los que participó de las conversaciones iniciales fue el obispo auxiliar de Buenos Aires para la Pastoral en Villas, Gustavo Carrara).

 

Esta integración entre sindicalistas y dirigentes de movimientos sociales no tiene precedentes: hasta ahora, en realidad, existía desconfianza entre ambos sectores e incluso competencia por la representación de los trabajadores informales que pudieran tener un empleo formal.

 

Los gremios tradicionales ven organizaciones como la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), liderada por Castro e integrada por Grabois, una amenaza para el sistema de recaudación sindical y de obras sociales, ya que busca ser reconocida por la CGT y que los trabajadores informales aporten a la seguridad social para tener cobertura médica y jubilación.

 

La propuesta presentada por sindicatos y movimientos sociales en un documento de 40 páginas incluye los siguientes puntos: “Crear 4 millones de puestos de trabajo social y 170 mil empleos registrados regulados por convenio colectivo; promover la integración urbana de los barrios populares, el acceso al suelo y a la vivienda social; repoblar la Argentina, a través de nuevas ciudades, pueblos jóvenes, comunidades rurales organizadas y cinturones hortícolas protegidos; desarrollar nuevos emplazamientos industriales a través de una planificación territorial que contemple nuevos esquemas de transporte multimodal; encarar la transición energética y desarrollar formas no contaminantes de producción para avanzar hacia un programa de ecología integral”.

 

Respecto del fomento de la construcción y la integración urbana, el primer punto del plan, sus impulsores procuran “una alianza virtuosa entre el sector privado y el sector de la economía popular”, para el cual propone “una planificación con metas y cronograma, gestionada desde una unidad ejecutora centralizada, diseñado para vincular la urbanización de los 4425 barrios populares existentes, creación de nuevas urbanizaciones populares, el desarrollo de nuevos emplazamientos productivos, la extensión de la conectividad digital y el desarrollo de transporte multimodal de pasajeros y carga, todo con capacitación en obra a cargo de las organizaciones sindicales”.

 

El siguiente punto de la propuesta contempla “repoblar la Argentina y conectarla con transporte multimodal”, con una “relocalización sustentable de parques productivos atada al desarrollo de corredores logísticos intermodales que armonice todas las actividades de transporte: la red ferroviaria conectará los nodos logísticos, el camión conectará la unidad de producción con el nodo logístico y el enlace ferro portuario será el final de la carga de exportación que debe ser fiscalizada de manera trasparente en origen”.

 

Otro de los aspectos incluidos en este proyecto es “crear un fondo de ahorro en moneda nacional orientado a los trabajadores y clase media que a tasa de interés del mercado financiero y permita descontar del impuesto a las ganancias (cuarta categoría) un porcentaje del monto invertido para aumentar la rentabilidad al ahorrista”. Y agrega que “El fondo tendrá una administración transparente con un sesgo de inversión orientado hacia lo productivo y la dinamización del mercado interno, con rentabilidad financiera y rentabilidad social”.

 

Además, se propone “crear el Fondo Fiduciario Mugica para financiar el desarrollo del plan y los módulos de trabajo comunitario asociados”, que, afirman sus impulsores, se trata de “una inversión de 750.000 millones de pesos anuales con retorno fiscal del 33%”.