lunes, 2 de septiembre de 2019

JUAN GRABOIS



y su “cultura del desencuentro”


Por Edgardo Fretes - Docente y periodista
Los Andes, 30-8-19

Adherir a un discurso, a una forma de vida, a una filosofía o a una religión, implica en quien toma una postura o se para desde algún lugar una coherencia en esa dirección o búsqueda. Al menos es lo que valoramos los mortales de nuestros semejantes. Podemos no coincidir con muchas personas, pero descubrimos que son fieles a lo que predican. Aun cuando no lo logran acabadamente, pero se les nota la intención de conseguir el objetivo, valoramos ese esfuerzo. Claro, por el contrario, tendemos a respetar menos a aquellos que postulan sus ideales y en sus elecciones de vida no replican eso a lo que adhieren.

Juan Grabois, conocido militante social que saltó a la fama luego de un fuerte entredicho radial con el periodista Jorge Lanata, es además fundador de algunos movimientos sociales. También se ha manifestado en favor de la cuestionada Cristina Fernández y hasta la ha acompañado en sus ya, asiduas jornadas en los tribunales federales. Hasta aquí poco que reprochar, más allá de que su partidismo lo sitúa en una posición que trasciende sus ideologías, doctrinas o pensamientos.

Lo que hace ruido
Juan Grabois estuvo designado como consultor en el Pontificio Consejo Justicia y Paz del Vaticano hasta el 1 de enero de 2017, decisión que para nada es ajena a Francisco. En vatican.va podemos leer bajo el título de “Finalidad y Mandato”: “El consejo tiene como finalidad promover la justicia y la paz en el mundo según el Evangelio y la doctrina social de la Iglesia”. Definición clara para aquellos que conocen los conceptos descritos aquí. Pero su relación con el papa Francisco es mucho más estrecha. En marzo pasado Juan Grabois participó como docente en el Post Diplomado “Doctrina Social de la Iglesia y Compromiso Político en América Latina”, organizado por la Academia de Líderes Católicos Latinoamericana, dependiente de la Pontificia Comisión para América Latina.

En el citado encuentro donde Juan Grabois “dio cátedra”, Francisco les dirigió un mensaje a los asistentes que entre otras decía: “…   podremos mirar la realidad de una manera nueva, podremos vivir con renovada pasión los desafíos en la construcción del bien común. No olvidemos que entrar en política, significa apostar por la amistad social”.


También citaba el romano pontífice a un importante santo latinoamericano, san Oscar Romero con estas palabras: “La Iglesia no se puede identificar con ninguna organización, ni siquiera con aquellas que se califiquen y se sientan cristianas. La Iglesia no es la organización, ni la organización es la Iglesia”.

Quienes queremos vivir como Dios manda, reconociéndonos pecadores en la búsqueda constante de la Gracia que nos une al Supremo Creador, según lo que Jesucristo nos ha manifestado en el Evangelio, advertimos que muchas manifestaciones públicas de este dirigente social “católico” no son coherentes con las tareas encomendadas por el Vaticano. Solo basta con leer el odio que encarnan sus públicas afirmaciones twiteras para encontrar un choque contradictorio con la “justicia y la paz”, la “cultura del encuentro” y el criterio del mismo Francisco sobre la “amistad social”.

Veamos una de ellas. Sábado 24 de Agosto de 2019: “Me emocioné con la marcha pro. Me emociona que los argentinos que admiran a ese selecto club de garcas, hipócritas y fanfarrones con mucha plata, poder y medios, pero con poco cerebro y sin corazón sean tan poquitos y oxidados ¡No aflojemos que en diciembre se van!”.


Solo con este mensaje entre cientos cargados de violencia, ironía e intolerancia podemos advertir de qué está hecho Juan. Lo más triste es lo que genera con su comunicación. Miles de personas detrás de la tecnología encubridora respondiendo de las formas más hostiles y reprochables. Por otra parte, también desentona su lugar de catedrático católico con el apoyo a personas que al menos no evitaron el saqueo de millones que no se convirtieron en escuelas, hospitales, calles, casas, huertas, fábricas. Y esto deja claro que su búsqueda genuina no está relacionada con la amistad social, la justicia, la paz, la doctrina social de la Iglesia y el Evangelio. Tampoco respeta a los que piensan distinto y lo manifiestan con libertad.

Francisco por otro lado vive lo que predica. Es austero al estilo de Jesús y sus discípulos, predica y vive la Cultura del Encuentro, manifiesta al sujeto humano como “prójimo que significa próximo”. También reúne a líderes religiosos representativos que encarnan posiciones antagónicas y evita miles de muertos y millones de almas desgarradas por el dolor. Busca mediar en silencio en conflictos difíciles como el de Venezuela, priorizando a las personas y en búsqueda de la paz, aún a riesgo de ser incomprendido.

Cuesta entender entonces esta relación. La Iglesia cuenta con miles de hombres y mujeres que a diario encarnan la cultura del encuentro, la justicia y la paz, que viven los valores del Evangelio y que se manifiestan, votan y disciernen en torno a la Doctrina Social de la Iglesia. Y muchos que además cuelgan en sus paredes los pergaminos necesarios para “dar cátedra” sobre doctrina social de la Iglesia.



Entonces ante tanta contradicción que genera este personaje, cuesta entender el lugar que se le da porque no es un actor del encuentro y de la paz, dentro de la misma Iglesia y entre los hermanos argentinos separados por la grieta ideológica y de valores, que dificulta el encuentro con “el prójimo”.