martes, 27 de julio de 2021

ES LA CULTURA, ESTÚPIDO

 


Reflexiones para aportar al debate

Andrés Torres, 25-7-21

 

Concierto en un todo con la visión de Agustín Laje en el sentido en que solamente imbricándonos en una batalla cultural, los sectores llamados de “derecha” podemos reconquistar o conquistar los espacios de poder decisorios para cambiar para bien la realidad del mundo en general y de América y Argentina en particular.

Este enfoque es el que ha llevado al “trumpismo” norteamericano a posiciones de éxito y a ensanchar de modo significativo sectores del pensamiento político que en otros tiempos eran marginales o minoritarios. Como bien analiza Laje también, el debate político en EE.UU no ha girado en torno a cuestiones economicistas sino culturales: el aborto, las minorías raciales, la ideología de género, la educación. El gran país del Norte, nuevamente se coloca a la vanguardia en la discusión que dominará (debe dominar) el siglo XXI.

Creo que el liberalismo debe hacer una autocrítica y decidirse por rechazar las posturas economicistas para reconocer que la doctrina de Adam Smith es una doctrina económica pero no suficiente para diseñar la política de un Estado. Debe abandonar su trágica posición de laissez faire, lassez passer en materia cultural, educativa y religiosa. Debe tomar una decisión, si es que quiere sobrevivir.

Y en cuanto a los sectores conservadores y tradicionalistas deben plantearse como desafío el llegar a la sociedad, no quedarse en la prédica solitaria en sus círculos o en la academia, sino meterse de lleno en los ámbitos donde hoy se debate, se discute, se dialoga al nivel más masivo posible.

Enfocarse en lo cultural y considerar a lo económico algo secundario, sin embargo, hoy es más difícil que nunca, porque la situación creada por la llamada pandemia del COVID-19 ha sumido en la más alarmante carestía a las naciones más pobres y aquellas de las llamadas en vías de desarrollo. Por lo tanto alguien que diga hoy que lo más importante es derogar las leyes del aborto, combatir la ideología de género o mejorar la educación pública puede semejar la voz de quien clama en el desierto. Hoy más que nunca muchos estarán tentados de darle la espalda y hacer suyas aquellas palabras de la época de Clinton: es la economía, estúpido.

Sin embargo, sabemos que no es así. Los referentes que aspiren a combatir el neomarxismo y el progresismo bobo deben emitir un discurso convencido, claro, enérgico, directo y contundente en las cuestiones más importantes, que son las cuestiones culturales. Pero también deben proponer un curso de acción para la economía, que sea realista, viable, diagramado hasta el detalle si es posible, y con el máximo grado de profesionalismo. Creo que esos referentes deben fundar su llegada a la sociedad en tres pilares:

*la formación de dirigentes,

*el manejo de los medios de comunicación

*y el trabajo de los técnicos que diseñen programas de gobierno acordes con los principios de la doctrina social de la Iglesia.