ante el desorden mundial
Por Gabriel
Camilli
La Prensa,
20.10.2026
La transformación
del orden internacional exige que la Argentina y Brasil revisen el lugar que
ocupan en el mundo y, sobre todo, las capacidades que necesitan desarrollar
para defender sus intereses. Esta fue una de las ideas centrales que expuse en
el 1° Simposio de Geopolítica, Seguridad y Conflictos, realizado el 14 de
octubre en el auditorio Interlegis del Senado Federal, en Brasilia, organizado
por el Instituto de Altos Estudios de Geopolítica, Seguridad y Conflictos
(GSEC) y la Associação dos Delegados de Polícia do Brasil (Adepol-BR).
Como presidente
del Instituto ELEVAN y único expositor extranjero invitado, presenté mis diez
tesis sobre los desafíos estratégicos de América del Sur. El punto de partida
es que atravesamos una etapa de competencia entre grandes potencias,
reconfiguración de alianzas y disputa por recursos, tecnologías y espacios de
influencia. En este escenario, la autonomía de nuestros países no puede
reducirse a una declaración diplomática: requiere una visión común y
capacidades concretas para sostener decisiones propias.
No se trata de
promover un aislamiento regional ni de sustituir una dependencia por otra. Se
trata de evitar que la falta de alternativas económicas, tecnológicas,
industriales o militares limite nuestra libertad de acción. La pregunta
decisiva es si América del Sur será capaz de actuar como sujeto estratégico o
continuará respondiendo a prioridades definidas fuera de la región.
LA AUTONOMIA COMO
CONDICION DE UNA POLITICA PROPIA
Durante el panel
en el que expuse, el periodista Breno Altman coincidió con el diagnóstico
general y subrayó una cuestión de fondo: las diez tesis planteadas difícilmente
puedan concretarse si América del Sur no supera su relación de dependencia y su
condición subordinada frente a Estados Unidos. Su intervención introdujo un
debate necesario sobre la soberanía regional y la capacidad de nuestros países
para establecer sus propias prioridades.
La discusión no
debe interpretarse como una invitación a convertir la relación con Washington
en una confrontación permanente. La cuestión es más profunda: ningún país puede
sostener una política exterior autónoma si carece de alternativas, depende de
proveedores únicos para sus necesidades esenciales o no dispone de una base
productiva capaz de respaldar sus decisiones. La autonomía exige diversificar
relaciones, fortalecer las instituciones regionales y desarrollar instrumentos
propios.
En este marco, la
Argentina y Brasil ocupan una posición singular. Por su dimensión territorial,
sus recursos, sus capacidades científicas y sus estructuras productivas, pueden
impulsar una cooperación que trascienda los intercambios comerciales. Pero para
ello necesitan continuidad política, objetivos compartidos y una evaluación
realista de sus vulnerabilidades.
IA Y SISTEMA DE
ARMAS AUTOCTONOS
Otro aporte
significativo del simposio fue el tratamiento de la inteligencia artificial y
los sistemas de armas autónomos letales, conocidos internacionalmente como
LAWS. María Cecilia Cavalcante y Andrea Catani Carbone, representantes del Ministerio
de Relaciones Exteriores de Brasil, abordaron esta problemática y la posición
brasileña en las discusiones multilaterales desarrolladas en el marco de la
Convención sobre Ciertas Armas Convencionales.
La cuestión tiene
implicaciones que van más allá de la innovación tecnológica. La incorporación
de inteligencia artificial a los sistemas militares plantea interrogantes sobre
el control humano del uso de la fuerza, la responsabilidad por las decisiones,
el cumplimiento del derecho internacional humanitario y los riesgos de una
aceleración de la competencia armamentística.
Aquí existe una
oportunidad para la cooperación entre la Argentina y Brasil. Ambos países
podrían profundizar consultas diplomáticas, intercambios científicos y análisis
conjuntos sobre los efectos de estas tecnologías, así como coordinar posiciones
en los foros internacionales. El objetivo debería ser contribuir a que el
desarrollo tecnológico no elimine la responsabilidad humana ni debilite las
normas que regulan los conflictos armados.
La experiencia de
cooperación nuclear argentino-brasileña constituye un antecedente valioso.
Demostró que dos países pueden construir confianza mutua, mecanismos
institucionales y capacidades tecnológicas en un ámbito sensible, sin renunciar
a sus intereses nacionales. No se trata de trasladar mecánicamente ese modelo a
otro campo, sino de recuperar su principal enseñanza: la cooperación sostenida
puede convertir una cuestión potencialmente conflictiva en una oportunidad
estratégica.
TIERRAS RARAS: DE
LOS RECURSOS NATURALES A LA CAPACIDAD INDUSTRIAL
La dimensión
económica e industrial de la autonomía apareció también en la presentación de
Albert Caballé Marimón, del Instituto GSEC, titulada Tierras raras: oportunidad
estratégica para Brasil. Su exposición puso de relieve un problema fundamental:
disponer de recursos naturales no equivale a dominar las tecnologías necesarias
para transformarlos en productos de alto valor agregado.
Las tierras raras
son insumos relevantes para la electrónica, los motores eléctricos, las
energías renovables, los sensores, los radares y diversas aplicaciones
aeroespaciales y de defensa. Sin embargo, el desafío no termina en la
extracción minera. La separación, el refinado, la producción de materiales y aleaciones
y la fabricación de componentes son etapas esenciales de una cadena industrial
que permanece concentrada en pocos países.
La experiencia
brasileña presentada por Caballé Marimón ilustra la distancia que puede existir
entre una importante riqueza geológica y la capacidad de convertirla en
autonomía tecnológica. Un país puede disponer de minerales estratégicos y, aun
así, depender del exterior para procesarlos y fabricar los componentes que
necesita. Exportar recursos sin desarrollar las etapas industriales posteriores
puede perpetuar esa vulnerabilidad.
Este planteo abre
una línea de trabajo de interés para la Argentina y Brasil. La cooperación
podría explorar proyectos de investigación, formación de especialistas,
procesamiento de minerales críticos, desarrollo de materiales avanzados y
aplicaciones industriales, siempre sobre la base de estudios de viabilidad,
capacidades existentes y beneficios recíprocos. No significa que ambos países
deban producirlo todo ni que cada proyecto tenga que ser binacional. Significa
identificar dónde la complementación puede reducir dependencias y generar
conocimiento, empleo y valor agregado en la región.
La cuestión de las
tierras raras conecta así la política industrial con la defensa y la seguridad.
La autonomía no depende únicamente de disponer de recursos o adquirir sistemas
de armas, sino también de contar con conocimientos, proveedores,
infraestructura y capacidad de mantenimiento y producción. Sin esa base, las
decisiones estratégicas quedan condicionadas por cadenas de suministro
externas.
DE LAS
COINCIDENCIAS A UNA AGENDA COMUN
Los debates del
simposio permitieron observar distintas dimensiones de un mismo problema. La
discusión sobre la dependencia regional, el futuro de las armas autónomas y la
importancia de los minerales críticos conduce a una conclusión compartida: la
soberanía necesita instrumentos materiales, científicos, industriales y
diplomáticos que la hagan efectiva.
Para la Argentina
y Brasil, esto supone recuperar una perspectiva estratégica de largo plazo. La
cooperación debe identificar prioridades concretas, establecer mecanismos de
coordinación y sostener proyectos más allá de los cambios de gobierno. La
investigación científica, la industria, la formación de recursos humanos, la
seguridad de las cadenas de suministro y la coordinación internacional son
ámbitos en los que el trabajo conjunto puede producir resultados.
Ninguna alianza
elimina las diferencias de intereses ni garantiza por sí sola el éxito. Pero la
ausencia de cooperación puede dejar a ambos países más expuestos a decisiones
externas y a una competencia tecnológica en la que otros actores cuentan con
mayores escalas de producción e inversión.
Las diez tesis que
presenté parten de esa preocupación: América del Sur necesita comprender el
cambio del escenario internacional y actuar en consecuencia. No basta con
describir el desorden mundial ni con reivindicar una autonomía abstracta. Hay
que construirla mediante instituciones confiables, capacidades industriales,
conocimiento propio y acuerdos regionales sostenidos. La Argentina y Brasil
tienen la oportunidad de transformar su proximidad geográfica y sus intereses
compartidos en una herramienta estratégica. El desafío consiste en pasar de las
declaraciones a los proyectos, y de los recursos disponibles a las capacidades
efectivas. En un mundo donde la tecnología, la industria y la seguridad están
cada vez más vinculadas, la autonomía no se proclama: se construye.
Gabriel Camilli
Cnl My (R) -
Director del Instituto ELEVAN.