que desnuda a
Occidente
Con este título,
se publicó ayer en la Prensa un nuevo artículo del Cnl My (R) Gabriel
Camilli, cuya última parte debería ser tenida en cuenta por los dirigentes
argentinos que pretendan recuperar nuestra Patria.
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LA ILUSION EUROPEA
Estamos,
posiblemente, ante algo diferente y más importante: el fin de una determinada
ilusión europea. ¿El fin de la sociedad opulenta? (Agusto del Noce introdujo
este término).
La ilusión de que
la economía podía separarse indefinidamente de la geopolítica; que la industria
podía ceder terreno sin consecuencias estratégicas; que la energía era
solamente una mercancía; que la defensa podía delegarse; que el poder militar
había perdido importancia y que las normas internacionales podían sustituir
permanentemente a las relaciones de fuerza.
La Historia parece
regresar por la puerta que muchos creían haber cerrado.
Todd habla de
crisis y dislocación occidental. Macgregor observa el desgaste militar. Byrne
señala las dificultades industriales y financieras europeas. Von der Leyen
reconoce públicamente el problema energético. Son miradas distintas y no
necesariamente coincidentes en sus explicaciones o conclusiones. Sin embargo,
todas convergen sobre una cuestión: el
poder potencial sólo importa cuando puede transformarse en poder efectivo y
sostenerse en el tiempo.
Esta discusión
debería interesarnos profundamente a los argentinos.
Porque poseer
territorio, alimentos, petróleo, gas, minerales, capacidad nuclear, tecnología
satelital, radares, industria y una extraordinaria posición sobre el Atlántico
Sur no convierte automáticamente a una Nación en un actor estratégico.
Malvinas debería
bastarnos para comprenderlo.
Los recursos
constituyen posibilidades. El poder exige algo más: organización, industria,
tecnología, defensa, población, educación, conducción política y una clara
percepción del interés nacional. Un
actor estratégico es aquel que posee capacidad y voluntad para alcanzar sus
objetivos.
La Europa que hoy
vuelve a hablar de energía, industria, municiones, defensa y autonomía
estratégica está redescubriendo, quizás dolorosamente, aquello que nunca debió
olvidar.
La Argentina todavía está a tiempo de aprenderlo
mirando la experiencia ajena. Porque en el mundo que está naciendo no alcanzará
con poseer riquezas. Habrá que tener la voluntad y la capacidad de defenderlas.