de la justicia social
Por Germán
Masserdotti
La Prensa,
04.10.2026
La justicia social
es “la justicia del bien común”. A
partir de esta afirmación se juzgarán mejor, en la medida de las posibilidades
“aquí y ahora”, las realizaciones concretas de la justicia social.
Al definir la
justicia social como “la del bien común” se la inscribe, claramente, en el
orden natural de las cosas. Y en su derecho natural. Por lo que, antes que un
significado jurídico positivo, la justicia social tiene un contenido moral –en
el cual se justifica el jurídico– y, todavía más, virtuoso. Es del ABC de la
justicia social, porque lo es de la justicia sin más, “dar a cada uno lo suyo”.
Por esto, la justicia social importa más un deber que un derecho.
Puede apreciarse,
entonces, que la justicia social forma parte del patrimonio doctrinal del
pensamiento clásico y católico. En Aristóteles, en santo Tomás de Aquino y,
finalmente, en la Doctrina Social de la Iglesia puede encontrarse “el genio y
figura” de la justicia social.
Aquí conviene, en
la misma línea que lo dicho arriba, formular una precisión. Es correcto
relacionar la justicia social con la vida económica. En ella se ve, de modo más
patente, la justa distribución de los bienes. Lo cual presupone, por otra
parte, su producción en esa unidad económica que es una comunidad de vida como
la empresa en la cual son protagonistas, cada cual desde su función, tanto los
empresarios como los trabajadores. Y todo, no debe olvidarse, bajo la perspectiva
del bien común. Sin embargo, la justicia social no se reduce a la vida
económica. El motivo es antropológico y moral. El hombre es un ser personal
compuesto de materia y forma, es decir, en su caso particular, compuesto de
alma espiritual y cuerpo físico. Si, por una parte, su carácter corpóreo
explica la debida obtención de los bienes materiales, por otra parte, dado que
es persona, el hombre ha sido creado para un bien superior, es decir,
espiritual. La procuración de los bienes económicos se inscribe, por lo tanto,
en la búsqueda de un tipo de felicidad que debe completarse con bienes
vinculados a la vida política y religiosa. Como enseña santo Tomás de Aquino,
el hombre es creado para una bienaventuranza perfecta, que es tanto como decir
para ver a Dios en la vida eterna.
Por esto, esa
“justa distribución” a la que hace referencia la justicia social se extiende,
en sentido pleno, a todo tipo de bienes que responden, de acuerdo a su
naturaleza, a las diferentes formalidades del hombre: un ser material y
espiritual en la unidad del ser personal con vocación sobrenatural. La
autoridad política, que es la primera responsable del logro del bien común al
cual hace referencia la justicia social, debe gobernar de tal manera que
resulte posible para la población recibir “lo suyo”. Claro está que esta
recepción de lo propio exige, obviamente, una disposición activa por parte de
los acreedores de “lo justo social”. Esta justicia social que es “la del bien
común” es responsabilidad de todos de acuerdo a la función social de la cual
cada uno es protagonista.
La justicia social
en sentido pleno es la que procura la autoridad política en vistas al bien
integral del hombre conforme a las debidas responsabilidades de los integrantes
de la comunidad política.
OBSERVACION
HISTORICA
Por último, agrego
una observación histórica a propósito de la coyuntura. Algunos ideólogos
podrían apuntar que los logros sociales en el plano político y, sobre todo,
económico –a su vez cuantificables y propagados como parte de un relato– que se
logran en la práctica responden a la ideología que se prefiere y por la cual se
milita. Lo cierto es que, si de buenos resultados se trata, se debe a otro
motivo: en ellos se conserva cierto “resto” del orden natural en el cual se
funda la mencionada justicia social. Porque los individuos y las sociedades no
prosperan –en el más auténtico de sus sentidos– por lo que en ellos hay de
apriorismos ideológicos sino, más bien, por el realismo compartido que es tanto
como decir por el acierto en la cosmovisión sobre el mundo, el hombre y Dios.
Por este motivo,
por el orden natural inscripto en las cosas –incluidas las sociales– es que los
hombres de buena voluntad y, sobre todo, los cristianos no deben perder la
esperanza respecto de la restauración del orden social según el derecho natural
y cristiano. La naturaleza, y también la gracia, una y otra vez “vuelven por
sus fueros”.