miércoles, 6 de marzo de 2019

LA ONU ADVIRTIÓ


 sobre los riesgos de no controlar el "cannabis medicinal"

6 de marzo de 2019  
La oficina antidrogas de la ONU emitió una contundente advertencia sobre los riesgos de legalizar el consumo de marihuana. En su informe anual, la Junta Internacional Fiscalizadora de Estupefacientes (JIFE) señaló directamente que Uruguay, Canadá y los Estados Unidos quebraron los acuerdos sobre controles de drogas al permitir en sus territorios el uso "recreativo" del cannabis.
También se expuso el peligro representado por las desviaciones del experimental uso medicinal del cannabis, al alertar sobre la "mercadotecnia" que busca imponer la idea de los supuestos beneficios de la marihuana con el único fin de elevar la tolerancia social a aquella y, en consecuencia, obtener millonarias ganancias empresariales con la potencial liberalización del consumo de esa droga.
Para los especialistas de la ONU, hay empresas que buscan posicionarse detrás de las campañas en favor de legalizar la marihuana.
"Los programas de cannabis medicinal en algunos estados de los Estados Unidos han sido utilizados por los partidarios de la legalización del cannabis para promover la legalización del consumo de cannabis con fines no médicos en esos estados. Los primeros estados que legalizaron el consumo de cannabis con fines no médicos (Colorado, Oregon y Washington) tenían programas mal regulados de ?cannabis medicinal', en los que se utilizaban los dispensarios para crear en la práctica un mercado legal de cannabis para consumidores que usaban la sustancia con fines no médicos. La tolerancia legal de los dispensarios de cannabis permitió la creación de una industria comercial cuasilegal del cannabis en esos estados", se indicó en el informe difundido ayer por la JIFE.
Y se agregó: "La disminución de los riesgos percibidos del consumo de cannabis y una activa mercadotecnia social por la industria del cannabis plantean importantes retos para la prevención del consumo de cannabis entre los jóvenes".
Tras analizar los casos de Uruguay, Canadá y algunos estados de EE.UU., los expertos que firman el documento anual más importante de la ONU sobre estupefacientes afirmaron: "La legalización del uso de cannabis con fines no médicos contraviene los tratados de fiscalización internacional de drogas".
Efecto contagio
La JIFE-ONU anticipó además un posible incremento explosivo del consumo de marihuana a partir de las decisiones -equivocadas para los especialistas- de legalización de esa sustancia en Uruguay, Canadá y en algunos estados norteamericanos.
"La experiencia adquirida con el consumo de alcohol y tabaco parece indicar que la legalización reducirá los riesgos percibidos de consumir cannabis y la reprobación social del consumo de cannabis. Todo aumento del consumo de cannabis con fines no médicos incrementará también los efectos adversos del cannabis en la salud pública. El efecto más probable es el crecimiento de las tasas de las lesiones causadas por accidentes de vehículos de motor, la dependencia y el uso indebido del cannabis, las psicosis y otros trastornos mentales y los resultados psicosociales deficientes en adolescentes", se consideró en el documento, elaborado en la sede que la ONU tiene en Viena.
Si bien el informe de la ONU reconoció que la experimentación de tratamientos sobre la base de "cannabis para uso medicinal" es avalada por los tratados internacionales -bajo fuertes controles estatales-, el documento estableció que hoy no existen pruebas científicas en ese tema.
"Los estudios recientes de los datos obtenidos de ensayos clínicos indican -según el documento de la JIFE-ONU- que existen pocas pruebas de que el dronabinol pueda ser útil para el tratamiento de náuseas y vómitos en enfermos de cáncer; existen pruebas limitadas de que el nabiximol pueda servir para tratar el dolor neuropático y la espasticidad muscular en pacientes con esclerosis múltiple, y existen pruebas limitadas de que el CBD pueda reducir la frecuencia de los ataques de algunos síndromes genéticos de epilepsia infantil intratable. Los cannabinoides no son un tratamiento de primera línea para ninguna de esas afecciones".
Para los expertos de la ONU que analizaron el mercado de drogas en el mundo, detrás de los programas de "cannabis para uso medicinal" se esconde una trampa empresarial que busca generar un nuevo mercado de consumo: "Es posible que los programas de ?cannabis medicinal' también hayan sido utilizados por partidarios de la legalización del consumo de cannabis para facilitar la legalización del consumo de la droga con fines no médicos, en contravención de los tratados de fiscalización internacional de drogas".
Esos expertos internacionales que evaluaron la situación del uso de drogas en cada continente aseguraron: "Esos programas han utilizado definiciones muy amplias de la expresión ?uso con fines médicos' y han permitido que empresas comerciales ofrezcan cannabis producido ilícitamente. En los Estados Unidos, esos programas también parecen haber reducido la percepción pública de los riesgos del consumo de cannabis y han debilitado la preocupación pública por su legalización".


martes, 5 de marzo de 2019

DISCURSO DEL PAPA




Lunes, 4 de marzo de 2019

Queridos amigos:

Agradezco las palabras del Cardenal Ouellet, e inicié esta intervención diciéndoles “queridos amigos”, y no por un mero recurso retórico sino porque al pensar en la iniciativa que han emprendido creo que puede ser oportuno recordar una línea del capítulo 15 del evangelio de san Juan, en el que Jesús dice a todos: «En adelante, ya no los llamaré siervos, porque el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre» (Jn 15,15).
Y Jesús funda la Iglesia con aires de una amistad, como un acto de amor, como un gesto de compasión por nuestra condición frágil y limitada. Y al encarnarse, Jesucristo abraza nuestra humanidad, abraza a nuestro “yo”, a veces egoísta, tantas veces temeroso, para regalarnos su fuerza y mostrarnos que no estamos solos en el camino de la vida, que tenemos un amigo que nos acompaña. Gracias a ello, cada vez que decimos “yo” podemos decir “nosotros”, es decir, somos comunidad con Él. Tenemos un “amigo” que nos sostiene, nos invita a proponer misioneramente esa misma amistad a todos los demás y así dilatar la experiencia de “Iglesia”.

Y esta verdad tiene muchas implicaciones en distintos ámbitos, pero en especial es importante para aquellos que descubren que son llamados a ser responsables de la promoción del bien común.
Ser católico en la política no significa ser un recluta de algún grupo, una organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad. Si tú al formarte en la Doctrina social de la Iglesia no descubres la necesidad en tu corazón de pertenecer a una comunidad de discipulado misionero verdaderamente eclesial, en la que puedas vivir la experiencia de ser amado por Dios, corres el riesgo de lanzarte un poco a solas a los desafíos del poder, de las estrategias, de la acción, y terminar en el mejor de los casos con un buen puesto político pero solo, triste y con el riesgo de ser manipulado.

Jesús nos invita a ser sus amigos. Si nos abrimos a esta oportunidad nuestra fragilidad no va a disminuir. Las circunstancias en las que vivimos no cambiarán de inmediato. Sin embargo, podremos mirar la realidad de una manera nueva, podremos vivir con renovada pasión los desafíos en la construcción del bien común. No olvidemos que entrar en política, significa apostar por la amistad social.
En América Latina tenemos un santo que sabía bien de estas cosas. Supo vivir la fe como amistad y el compromiso con su pueblo hasta dar la vida por él. El veía a muchos laicos deseosos de cambiar las cosas pero que muchas veces se extraviaban con falsas respuestas de tipo ideológico. Con la mente y el corazón puestos en Jesús y guiado por la Doctrina social de la Iglesia, san Óscar Arnulfo Romero decía, y cito:

«La Iglesia no se puede identificar con ninguna organización, ni siquiera con aquellas que se califiquen y se sientan cristianas. La Iglesia no es la organización, ni la organización es la Iglesia. Si en un cristiano han crecido las dimensiones de la fe y de la vocación política, no se pueden identificar sin más las tareas de la fe y una determinada tarea política, ni mucho menos se pueden identificar Iglesia y organización. No se puede afirmar que solo dentro de una determinada organización se puede desarrollar la exigencia de la fe. No todo cristiano tiene vocación política, ni el cauce político es el único que lleva a una tarea de justicia. También hay otros modos de traducir la fe en un trabajo de justicia y de bien común. No se puede exigir a la Iglesia o a sus símbolos eclesiales que se conviertan en mecanismos de actividad política. Para ser buen político no se necesita ser cristiano, pero el cristiano metido en actividad política tiene obligación de confesar su fe. Y si en eso surgiera en este campo un conflicto entre la lealtad a su fe y la lealtad a la organización, el cristiano verdadero debe preferir su fe y demostrar que su lucha por la justicia es por la justicia del Reino de Dios, y no otra justicia»[1]. Hasta aquí Romero.

Estas palabras pronunciadas el 6 de agosto del 78 para que los fieles laicos fueran libres y no esclavos, para que reencontraran las razones por las que vale la pena hacer política pero desde el evangelio superando las ideologías. La política no es el mero arte de administrar el poder, los recursos o las crisis. La política no es mera búsqueda de eficacia, estrategia y acción organizada. La política es vocación de servicio, diaconía laical que promueve la amistad social para la generación de bien común. Solo de este modo la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las así llamadas “clases dirigentes” crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo. El famoso adagio liberal exagerado, todo por el pueblo, pero nada con el pueblo. Hacer política no puede reducirse a técnicas y recursos humanos y capacidad de diálogo y persuasión; esto no sirve solo. El político está en medio de su pueblo y colabora con este medio u otros a que el pueblo que es soberano sea el protagonista de su historia.

En América Latina y en todo el mundo vivimos actualmente un verdadero “cambio de época”[2] –lo decía Aparecida– que nos exige renovar nuestros lenguajes, símbolos y métodos. Si continuamos haciendo lo mismo que se hacía algunas décadas atrás, volveremos a recaer en los mismos problemas que necesitamos superar en el terreno social y político. No me refiero aquí simplemente a mejorar alguna estrategia de “marketing” sino a seguir el método que el mismo Dios escogió para acercarse a nosotros: la Encarnación. Asumir. Asumiendo todo lo humano –menos el pecado– Jesucristo nos anuncia la liberación que anhela nuestro corazón y nuestros pueblos. Y entonces ustedes como jóvenes católicos dedicados a diversas actividades políticas serán vanguardia en el modo de acoger los lenguajes y signos, las preocupaciones y esperanzas, de los sectores más emblemáticos del cambio de época latinoamericano. Y les tocará buscar los caminos del proceso político más apto para llevar adelante.

¿Cuáles son los sectores más emblemáticos o significativos en el cambio de época latinoamericano? En mi opinión son tres, además lo deben de haber escuchado porque está Carriquiri aquí, así que se lo copio a él. En mi opinión son tres a través de los cuales es posible reactivar las energías sociales de nuestra región para que sea fiel a su identidad y, al mismo tiempo, para que construya un proyecto de futuro: las mujeres, los jóvenes y los más pobres.
En primero lugar, las mujeres. La Comisión Pontificia para América Latina el año pasado ha dedicado una reunión plenaria precisamente a la mujer como pilar en la edificación de la Iglesia y la sociedad[3]. Además, a los obispos del CELAM en Bogotá en 2017 les recordaba que «la esperanza en Latinoamérica tiene un rostro femenino»[4]. En segundo lugar, los jóvenes, porque en ellos habita la inconformidad y rebeldía que son necesarias para promover cambios verdaderos y no meramente cosméticos. Jesucristo, eternamente joven, está presente en su sensibilidad, en la de ellos, en su rostro y en sus inquietudes. Y en tercer lugar, los más pobres y marginados. Porque en la opción preferencial por ellos la Iglesia manifiesta su fidelidad como esposa de Cristo no menos que sobre el ámbito de la ortodoxia[5].

Las mujeres, los jóvenes y los pobres son, por diversas razones, lugares de encuentro privilegiado con la nueva sensibilidad cultural emergente y con Jesucristo. Ellos son protagonistas del cambio de época y sujetos de esperanza verdadera. Su presencia, sus alegrías y, en especial, su sufrimiento son una fuerte llamada de atención para quienes son responsables de la vida pública. En la respuesta a sus necesidades y demandas se juega en buena medida la verdadera construcción del bien común. Constituyen un lugar de verificación de la autenticidad del compromiso católico en la política. Si no queremos perdernos en un mar de palabras vacías, miremos siempre el rostro de las mujeres, de los jóvenes y de los pobres. Mirémoslos como sujetos de cambio y no como meros objetos de asistencia. La interpelación de sus miradas nos ayudará a corregir la intención y a redescubrir el método para actuar “inculturadamente” en nuestros distintos contextos. Asumir, y asumir en concreto, toda esta problemática significa ser concreto y en política cuando uno se desvía del ser concreto se desvía también de la conducción política.

Una nueva presencia de católicos en política es necesaria en América Latina. Una “nueva presencia” que no solo implica nuevos rostros en las campañas electorales sino, principalmente, nuevos métodos que permitan forjar alternativas que simultáneamente sean críticas y constructivas. Alternativas que busquen siempre el bien posible, aunque sea modesto. Alternativas flexibles pero con clara identidad social cristiana. Y para ello, es preciso valorar de un modo nuevo a nuestro pueblo y a los movimientos populares que expresan su vitalidad, su historia y sus luchas más auténticas. Hacer política inspirada en el evangelio desde el pueblo en movimiento se convierte en una manera potente de sanear nuestras frágiles democracias y de abrir el espacio para reinventar nuevas instancias representativas de origen popular.

Los católicos sabemos bien que «en las situaciones concretas, y teniendo en cuenta las solidaridades que cada uno vive, es necesario reconocer una legítima variedad de opciones posibles. Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes».[6] Por eso, los invito a que vivan su fe con gran libertad. Sin creer jamás que existe una única forma de compromiso político para los católicos. Un partido católico. Quizá fue esta una primera intuición en el despertar de la Doctrina social de la Iglesia que con el pasar de los años se fue ajustando a lo que realmente tiene que ser la vocación del político hoy día en la sociedad, digo cristiano. No va más el partido católico. En política es mejor tener una polifonía en política inspirada en una misma fe y construida con múltiples sonidos e instrumentos, que una aburrida melodía monocorde aparentemente correcta pero homogenizadora y neutralizante –y de yapa– quieta. No, no va.

Me alegra que haya nacido la Academia de Líderes Católicos y se expanda por diversos países de América Latina. Me alegra que ustedes busquen simultáneamente fieles al evangelio, plurales en términos partidistas y en comunión con sus Pastores.

Dentro de unos años, en 2031, celebraremos el V Centenario del Acontecimiento Guadalupano y, en 2033, el segundo milenio de la Redención. Quiera Dios que desde ahora en adelante puedan todos ustedes trabajar en la difusión de la Doctrina social de la Iglesia para así llegar a la celebración de estas fechas con verdaderos frutos laicales concretos de discipulado misionero. A mí me gusta repetir que tenemos que cuidarnos siempre de las colonizaciones culturales, no, las colonizaciones ideológicas, las hay económicas porque las sociedades tienen una dimensión de “coloneidad”; o sea, de ser abiertas a una colonización. Entonces defendernos de todo. Y al respecto me permito una intuición. A ustedes les tocará ajustar y corregir o no, pero es una intuición que la dejo a la mano de ustedes, sino quieren equivocarse en el camino para América Latina, la palabra es “mestizaje”. América Latina nació mestiza, se conservará mestiza, crecerá solamente mestiza y ese será su destino.

San Juan Diego, indígena pobre y excluido, fue precisamente el instrumento pequeño y humilde, que escogió Santa María de Guadalupe para una gran misión que daría origen al rostro pluriforme de la gran nación latinoamericana. Nos encomendamos a su intercesión para que cuando las fuerzas nos falten en la lucha por nuestro pueblo, recordemos que es precisamente en la debilidad que la fuerza de Dios puede hacer su mejor trabajo (cf. 2 Co 12,9). Y que la Morenita del Tepeyac nunca se olvide de nuestra amada “Patria Grande”, eso es América Latina, una Patria Grande en gestación, que nunca se olvide de nuestras familias y de los que más sufren. Y por favor no se olviden ustedes de rezar por mí. Gracias.


[1] S. Óscar Arnulfo Romero, Homilía, 6 agosto 1978.
[2] Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Aparecida, 44.
[3] Cf. Comisión Pontificia para América Latina, La mujer pilar de la edificación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina, Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano 2018.
[4] Francisco, Discurso al Comité Directivo del CELAM, 7 septiembre 2017.
[5] Cf. S. Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 49.
[6] S. Pablo VI, Octogesima adveniens50.


domingo, 3 de marzo de 2019

MALVINAS: UNA GRAN OPORTUNIDAD



Un proyecto que debate el Senado busca asegurar que todas las decisiones en torno a las islas cuenten con un amplio consenso, como corresponde a tan importante cuestión.

por Jorge Argüello*

Pasados los primeros años que siguieron al conflicto armado de 1982, cargados de duelos y dolorosas revisiones, el abordaje de la cuestión Malvinas y de la relación con el Reino Unido atravesó varias etapas, a veces tan cambiantes y contradictorias como la vida política argentina misma.
Pero hoy, por primera vez desde la guerra, Argentina tiene frente a sí una oportunidad única para recuperar el espíritu de unidad democrática que nos cohesionó como sociedad, justamente, a la salida de la dictadura que utilizó la causa Malvinas con un final desgraciado. Esa oportunidad se llama “ley Malvinas”, un proyecto de ley debatido, consensuado y redactado desde la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur que puede hacer de la defensa de nuestra soberanía, finalmente, una auténtica política de Estado.

La ley Malvinas, cuyo proyecto ya ingresó en el Senado, asegurará la participación del Congreso Nacional en cualquier acuerdo bilateral que se concrete con el Reino Unido en torno a la cuestión Malvinas. La participación del Congreso fue ignorada en los 90 y otra vez, desde 2016, en favor de los llamados “acuerdos ejecutivos” o “simplificados” entre gobiernos, verdaderos tratados internacionales ya que –independientemente de su forma y denominación– generan derechos y obligaciones para las partes, tal y como lo establece la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados (1969). En estos “acuerdos ejecutivos”, que no se encuentran receptados por la Constitución Nacional, los Estados manifiestan su consentimiento solo a través de su formalización por escrito, y su entrada en vigor es inmediata, siendo todo el proceso realizado por el Poder Ejecutivo. Se genera así una anomalía en el sistema establecido en la Constitución Nacional.

Nuestro ordenamiento constitucional establece para la celebración de tratados un sistema en donde intervienen dos poderes: el Ejecutivo y el Legislativo Malas experiencias. Entre 1989 y 2002, la cuestión Malvinas y la relación bilateral con el Reino Unido ingresaron en una etapa en donde el gobierno británico pudo imponer todos los temas de su interés sin que la cuestión central, es decir la negociación para la solución de la disputa de soberanía, fuese siquiera discutida, amparándose bajo la figura popularmente conocida como el “paraguas de soberanía”, originada en los Acuerdos de Madrid (1989-90) y que gestaron un único resultado: el congelamiento por tiempo indefinido de las negociaciones sobre soberanía con Londres. En ese tiempo, ignorando la participación del Congreso, se concretaron una decena de “acuerdos ejecutivos” en materia de pesca, hidrocarburos, vuelos, entre otros. A mediados de los 2000, Argentina suspendió algunos de esos acuerdos, sobre todo en materia de cooperación pesquera y en hidrocarburos, por los constantes actos unilaterales británicos violatorios de las resoluciones de las Naciones Unidas.

Sin embargo, el actual gobierno nos devolvió a los 90 a través del Acuerdo Foradori-Duncan de 2016, cuyo único resultado ha sido el de atender las pretensiones y necesidades británicas, eludiendo nuevamente el control del Congreso y menospreciando, además, la representación que corresponde a las provincias. Como consecuencia de ello, en noviembre pasado se volvió a reunir en Londres el Subcomité Científico de la Comisión de Pesca del Atlántico Sur (CPAS). En los papeles, las partes dialogaron sobre “temas de interés mutuo en materia de cooperación científica para la conservación de los recursos pesqueros en el Atlántico Sudoccidental”. Pero, en la práctica, mientras se proyectan “cruceros científicos conjuntos” para proteger las pesquerías del Atlántico Sur, el Reino Unido ya otorgó unilateralmente desde el 14 de febrero, fecha de inicio de la temporada de captura del calamar Illex argentinus, más de un centenar de licencias de pesca.

Es que en esa “mesa de diálogo bilateral” progresan solo las iniciativas de una de las partes, la británica, necesitada de respuestas económicas para las islas que Londres ya no puede sostener, como antaño, por su propia y traumática coyuntura  (Brexit). Una solución definitiva. Con la presentación del proyecto de ley Malvinas, la provincia de Tierra del Fuego ha dado un gran paso, aunque solo el primero, de un proceso legislativo y político que le permitirá al país romper las inercias en que nos dejó el conflicto de 1982. La iniciativa ya consiguió una veintena de firmas de legisladores de distintos bloques de la Cámara alta y está girada a las comisiones de Relaciones Exteriores y de Asuntos Constitucionales.

¿Acaso los gobiernos que eludieron al Congreso y suscribieron acuerdos internacionales sin darles participación a los legisladores de las distintas fuerzas políticas y de las provincias lo hicieron para hacerle mal a la causa Malvinas? Difícilmente. Pero tampoco comprendieron que las definiciones políticas de la envergadura que involucra la cuestión Malvinas –en el tope de la agenda exterior de nuestro país– deben contar con una muy alta dosis de consenso.

Esta ley busca poner un punto final a la práctica anómala de los acuerdos simplificados respecto de Malvinas, apuntando a establecer las bases para una política de Estado y a encontrar los consensos necesarios para revisar lo realizado hasta el momento y actuar en consecuencia. En Argentina, ese tipo de consenso se construye allí donde están representados todos, y ese lugar es el Congreso. Los acuerdos internacionales que gestione el Poder Ejecutivo deben ser aprobados, o rechazados, por los legisladores, conforme los artículos 75 y 99 de la Constitución de la Nación. Nada puede dar mayor fortaleza a la posición argentina en su reivindicación de soberanía sobre las islas del Atlántico Sur que la certeza de los ciudadanos de que la cuestión Malvinas se ha convertido, por fin, en una política de Estado consagrada por sus propios representantes.   

La iniciativa no resolverá per se la disputa de soberanía, está claro, pero conlleva  una manda de gran potencial: la obligación de discutir, acordar y controlar democráticamente, por encima de las circunstancias de un gobierno, la gestión de una disputa bilateral consagrada y reconocida por la comunidad internacional. La cuestión Malvinas exige una política consensuada, de fondo, permanente, y excluida –incluso– de la competencia electoral que se avecina este año en la Argentina.

*Secretario de Estado para la Cuestión Malvinas de la Provincia de Tierra de Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.


(Fuente: www.perfil.com, 3-3-19)


domingo, 24 de febrero de 2019

PERONISMO



¿RESPONSABLE DE LA DECADENCIA ARGENTINA?

Ante los pertinaces comentarios que atribuyen al peronismo ser el responsable de la decadencia argentina, es necesario difundir, en especial entre los jóvenes, la historia verdadera. Se han publicado varios libros que demuestran con documentación precisa los aportes concretos de la gestión de los primeros gobiernos peronistas[1], al progreso argentino. Al menos los primeros ocho años (1946-1953), representaron un avance significativo para el país en todos los rubros principales. Además, las acciones prácticas se ajustaron estrictamente a la orientación doctrinaria; nunca ni antes ni después existió un partido político que se aproximara más a la tradición histórica nacional y a la cosmovisión cristiana.
Precisamente por ello, tanto el menemismo, como el kirchnerismo consistieron en desviaciones explícitas del justicialismo, aunque haya habido peronistas que participaron de dichas experiencias.

En el documento que se considera como el testamento político del general Perón, el Modelo Argentino para el proyecto nacional, presentado oficialmente ante la Asamblea Legislativa el 1 de mayo de 1974, se encuentran muchas definiciones que muestran con claridad cuáles fueron los principios sostenidos y aplicados por el fundador del justicialismo, mantenidos sin cambio durante tres décadas.   Conviene recordar las más importantes:

-Existe una cabal coincidencia entre nuestra concepción del hombre y del mundo, nuestra interpretación de la justicia social y los principios esenciales de la Iglesia.
-Un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, realizando su existencia como sujeto histórico que desempeña en el mundo una mística espiritual entre los seres de la Creación.
-En este sentido, no sólo los principios filosóficos guardan plena coherencia; la Iglesia y el Justicialismo instauran una misma ética, fundamento de una moral común, y una idéntica prédica por la paz y el amor entre los hombres”.
-No pretendo evaluar integralmente la concepción de la Iglesia a los propósitos de un modelo temporal como es el Modelo Argentino. Pero estoy seguro, eso sí, que el llamamiento de las cartas encíclicas, las constituciones pastorales y las cartas apostólicas –particularmente las más recientes- constituyen para nosotros un aporte claro y profundo. Pienso que, en este terreno, el Modelo Argentino sólo necesita que ese mensaje sea adoptado eficientemente.
Presento un Modelo Nacional, Social y Cristiano.
-La ruta que debemos recorrer activamente es la misma que definen las Escrituras: un camino de fe, de amor y de justicia, para un hombre argentino cada vez más sediento de verdad.[2]

Los conceptos transcriptos guardan coherencia con lo que un cuarto de siglo antes, Perón había expuesto en la Doctrina Peronista:
-El cristianismo, que constituyó la primera gran revolución, la primera liberación humana, podría rectificar felizmente las concepciones griegas, pero esa rectificación se parecería mejor a una aportación.
Enriqueció la personalidad del hombre e hizo de la libertad, teórica y limitada hasta entonces, una posibilidad universal (…).
Lo que le faltó a Grecia para la definición perfecta de la comunidad y del Estado fue, precisamente, lo aportado por el Cristianismo: su hombre vertical, eterno, imagen de Dios”.[3]

En un momento de crisis profunda de la sociedad argentina, es necesario destacar que, al margen de preferencias partidistas, el núcleo básico de la doctrina política del justicialismo puede ser compartida hoy por muchos, y contribuir al esclarecimiento de los ciudadanos, sin desconocer los errores y desviaciones ideológicas de quienes han pretendido aplicar dicha doctrina en el pasado. Precisamente, en la actualidad asistimos a una profunda embestida cultural que pretende destruir desde el gobierno nacional, las mismas bases de la nación argentina, en abierta contradicción con los principios del justicialismo.




Constitución de 1949

La reforma realizada en esa fecha, por una Convención Constituyente con amplia mayoría del peronismo no modificó ninguna de las funciones de los tres poderes clásicos, ni aumentó las atribuciones del Poder Ejecutivo. Al respecto, es interesante repasar lo expresado por el miembro informante, Dr. Arturo Sampay:
“No se trata de modificar las instituciones que tiene la República basadas en su Constitución Nacional; sino adecuar su accionar a la hora presente.”
“El alma de la concepción política que propicia la reforma constitucional está inmersa en un dogma que sustenta la primacía de la persona humana y su destino. Tal como lo proclama Perón tantas veces: El Estado debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio del Estado. De esto debemos deducir que el Estado debe promover el bienestar común en un orden justo.
El totalitarismo es la contrafigura de esta concepción política, porque degrada al hombre a la situación de ser instrumento del Estado.
La aparición de los totalitarismos, uno arengando al sometimiento de la voluntad personal mediante la premisa del bien común;  otro utilizando el sistema violento de someter a otros pueblos y razas con el Estado-Dios, amante de la guerra de conquistas”.[4]

Política pro-vida
En las actuales circunstancias, en que se promueve activamente el aborto libre, seguro y gratuito, favorecido por la reciente autorización para la venta del misoprostol en las farmacias, vale la pena recordar el Decreto 659/74, firmado por el general Perón. En dicho instrumento legal se disponía el control de la comercialización y venta de productos anticonceptivos, y se “prohibía el desarrollo de actividades destinadas, directa o indirectamente, al control de la natalidad”. Además, se programaba “llevar a cabo una campaña intensiva de educación sanitaria a nivel popular que destaque los riesgos de las prácticas anticonceptivas”.
Perón fue el último gobernante en formular una política de población[5], contenida en el Plan Trienal 1974-77, previéndose medidas para aumentar la fecundidad, reducir la mortalidad y fomentar la inmigración, con la advertencia de las serias consecuencias sociales del envejecimiento de la población. Se creó la Comisión Nacional de Política Demográfica, con la misión de intensificar el crecimiento cuantitativo y cualitativo de la población argentina y su más adecuada distribución territorial. Se fijó el objetivo de alcanzar los 50 millones de habitantes para el año 2000, meta no lograda todavía en el 2019.



ATENEO DE ESTUDIOS NACIONALES
Córdoba, 23-2-19






[1] V.: López, Ernesto. “El primer Perón”; Capital Intelectual, 2009. Sidicaro, Ricardo. “Los tres peronismos”; Siglo XXI, 2017.
[2] Op. cit., pp. 135 y 136.
[3] Perón, Juan Domingo. Doctrina Peronista; Buenos Aires, Ediciones Macacha Guemes, 1973, p. 67.
[4] Beccacece, Héctor Nazario. “Comparativo de la Constitución Argentina 1853-1949”; Edición del autor, 1985, pp. 62/63.
[5] Infobae, 3-3-2018.

sábado, 16 de febrero de 2019

FELICITACIONES





A nuestro amigo Luis María Caballero, que ha alcanzado un doctorado en España.

AGRANDAR LA GRIETA


jORGE LANATA

Clarìn, 15-2-19

Fiel a su costumbre de que lo que no se nombra no sucede, el kirchnerismo sigue en silencio respecto de cualquiera de los delitos de los que fue protagonista. Aún en medio de la lenta y venal máquina de la justicia hay hoy 28 empresarios y ex funcionarios de Cristina en las cárceles de Ezeiza y Marcos Paz. Son, para los K, “presos políticos”, perseguidos por su pensamiento sobre el rol del Estado, la Patria Latinoamericana y las asignaciones por hijo. Están encarcelados por su lucha social.
El problema son las propiedades, los barcos, los aviones, las cuentas en efectivo, las cajas de seguridad, los bolsos en el convento, las empresas, la evasión y las joyas. Nadie entra en detalles y la única estrategia K fue darse un baño de agua cívica y buenos modales para entrar a los comicios con el animo conciliador de cerrar la grieta.

Da toda la sensación de que, si ganaran, los huéspedes de Ezeiza y Marcos Paz serían liberados de inmediato. Pero no lo dicen. El peronismo tiene una larga tradición en amnistías. Cerrar la grieta sin castigo sería suicida y la mejor garantía de que todo volvería a pasar, pero bajo una lente de realidad aumentada.
En el fondo piensan que los compañeros caídos en desgracia no hicieron mal en robar, sino en haber sido descubiertos. “Aquél la hizo bien”, se dice cuando no quedaron huellas. “Este es un traidor”, se califica a los arrepentidos. Nada indica que, de volver al gobierno, la lógica de Néstor de robar para la política vaya a ser modificada. La sostienen desde los setenta, cuando robaban con armas y han pasado ahora a robar con lapiceras.

A nivel personal han empeorado: antes “combatían” en la clandestinidad y ahora exponen a sus hijos en los directorios. Mantienen, también, las mismas estrategias de ataque: creen que acusar a otro de lo mismo los vuelve inocentes a ellos. Si Stornelli coimeo, los cuadernos se disuelven. En este maratón de negaciones algunos de los candidatos más importantes esperan aún que se defina su situación judicial en varias causas. Podrían estar detenidos a la hora del comicio, pero ni siquiera mencionan el punto.
Los únicos argumentos K frente a los delitos probados son Panamá Papers, Calcaterra, Quintana, Correo. Los repiten como una letanía. Demostrar que los otros son iguales. El poder, así, se transforma en una guarida. Cerrar la grieta sin justicia es de la frivolidad de un productor de TV que lleva a su panel uno a favor y otro en contra. Desencantados con Macri y temerosos del kirchnerismo pensamos que nos merecemos poco; no nos importa que todo quede impune si las tarifas pueden bajar de nuevo.