en las aulas
Por Gabriel
Camilli
La Prensa,
18.05.2026
El concepto de
soft power o "poder blando", acuñado para describir la capacidad de
las potencias para influir en la mentalidad, valores y conductas de otros
pueblos a través de la cultura, la educación y la diplomacia pública, está
encontrando en la Argentina un terreno de alarmante permeabilidad.
Mientras la
atención pública suele centrarse en las rispideces de la alta política
internacional o en los comunicados oficiales, una silenciosa pero persistente
estrategia de seducción cultural avanza sobre las generaciones más jóvenes ante
la mirada esquiva o burocrática del Estado nacional.
En sus recientes
análisis y exposiciones públicas, el especialista Juan Augusto Rattenbach
-secretario ejecutivo del Museo Malvinas- ha encendido las alarmas sobre lo que
define como un ataque directo a la "soberanía cognitiva" de los
argentinos.
La denuncia de
Rattenbach expone una preocupante evolución en la estrategia británica: la
embajada de ese país en Buenos Aires, valiéndose de la articulación con
organizaciones no gubernamentales locales, ha profundizado un despliegue que ya
no solo abarca el ámbito universitario, sino que ahora se extiende de forma
directa a los adolescentes en los colegios secundarios. A través de visitas
guiadas a su sede diplomática y de concursos con consignas edulcoradas como la
de "conocer a nuestros vecinos de las islas", se busca desarticular
el lazo afectivo e histórico de los jóvenes con el reclamo territorial.
Se trata de un
meticuloso trabajo de orfebrería geopolítica. Las tesis de Rattenbach describe
a una delegación extranjera hiperactiva que "trabaja las 24 horas del
día", inaugurando de manera constante programas de vinculación
institucional orientados, en última instancia, a un proceso de desmalvinización
de largo plazo mediante la captación de voluntades en el plano local.
LA ASIMETRIA DEL
INTERES NACIONAL Y LA INACCION ESTATAL
Frente a esta
aceitada maquinaria de diplomacia pública, la respuesta de las instituciones
argentinas expone una preocupante asimetría. La flagrante disparidad -que el
analista ilustra de forma contundente al comparar la intensa agenda británica
en nuestro país con la práctica inactividad de la representación argentina en
Londres- desnuda una falencia estructural en la defensa de los intereses
nacionales.
A nivel
institucional, la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, diridiga
por Paola Di Chiaro, posee la competencia formal para entender y actuar ante
cualquier vector que afecte la narrativa soberana de la Nación. Sin embargo, la
naturaleza elusiva del poder blando -disfrazado legítimamente de intercambio
académico, cultural o de "fomento de la paz"- parece paralizar las
capacidades de reacción del Palacio San Martín. Intervenir ante las actividades
de una delegación acreditada o controlar el accionar de las ONG locales supone
un costo político que las sucesivas gestiones suelen preferir evitar.
A esto se suma la
fragmentación interna del propio Estado argentino. Mientras la diplomacia se
gestiona en los despachos de Cancillería, la penetración de estas agendas
ocurre en las aulas de las escuelas secundarias, cuyo órbita y control dependen
exclusivamente de las carteras educativas provinciales y de la Ciudad de Buenos
Aires. Esta desconexión facilita que actividades que impactan de lleno en el
mediano y largo plazo de la política exterior pasen desapercibidas para las
autoridades específicas en la materia.
PENETRACION
COMERCIAL E INJERENCIA INSTITUCIONAL
Rattenbach traza
una línea divisoria fundamental entre lo que constituye el consumo cultural
orgánico y la intervención diplomática planificada. Los fenómenos de la
industria del entretenimiento global -desde el auge del rock británico en
décadas pasadas hasta el impacto contemporáneo de sagas literarias como Harry
Potter- irrumpen de forma lícita en el mercado cultural y los hogares del país.
Históricamente, la sociedad argentina ha demostrado una notable capacidad de
resiliencia, llegando a "argentinizar" estéticas e influencias
foráneas en lugar de asimilarlas con subordinación.
Sin embargo,
cuando la fascinación por los productos culturales deja de ser un fenómeno de
masas para ser instrumentado como una política de aproximación sistemática
hacia menores de edad por parte de una potencia ocupante, el escenario cambia
fragmentado de naturaleza. La falta de respuestas sostenidas por parte del
Estado no es solo un problema de recursos económicos o de la evidente
disparidad presupuestaria frente a estructuras globales como el British
Council.
Es,
principalmente, una consecuencia de los bandazos pendulares de nuestra política
exterior, que carece de una estrategia de contra-poder blando unificada,
profesional y que trascienda los turnos gubernamentales.
EL ROL DE LAS
AULAS
Si las esferas
diplomáticas y ministeriales se muestran lentas o indiferentes, el verdadero
escudo soberano debe levantarse en el territorio. En este escenario, los
rectores y equipos directivos de las escuelas secundarias tienen una responsabilidad
civil y patriótica ineludible. La escuela no es un mero transmisor de datos
académicos; es el espacio donde se moldea la ciudadanía. Permitir de forma
ingenua que una embajada extranjera con la que se sostiene un litigio
territorial abierto financiero o tutele espacios educativos, sin un debido
contrapeso pedagógico, constituye una grave claudicación.
Afortunadamente,
frente al desamparo estatal, surgen faros desde la sociedad civil y los
espacios académicos que demuestran que es posible dar una batalla cultural
seria y de alto nivel. Un ejemplo paradigmático es la acción que, desde hace ya
cinco años, lleva adelante el Instituto Elevan a través del desarrollo de su
diplomatura universitaria en "Malvinas, educación y soberanía" (originalmente
concebida bajo el eje de educación y valores). Esta propuesta pedagógica única,
orientada directamente a la acción, se ha transformado en una cantera de
herramientas teóricas y prácticas diseñadas especialmente para docentes,
formadores y comunicadores.
Iniciativas de
posgrado como la del Instituto Elevan no solo desarticulan el relato colonial
desde el rigor académico, sino que "enseñan a enseñar Malvinas",
promoviendo el pensamiento crítico, rescatando el ejemplo de nuestros héroes
como arquetipos de liderazgo y alertando sobre el saqueo de recursos naturales
en el Atlántico Sur. Este es el camino que las conducciones escolares deben
replicar y en el cual deben apoyarse.
ACCIONES CONCRETAS
Los rectores de
los establecimientos educativos deben permanecer alertas y asumir un rol activo
mediante acciones concretas:
* Auditoría de
contenidos y filtros institucionales: Antes de autorizar la participación de
los alumnos en charlas de ONG, concursos de ensayos o invitaciones de
delegaciones extranjeras, las autoridades escolares deben exigir los programas
pedagógicos detallados. Si se decide aceptar una actividad de intercambio, la
dirección debe ordenar que, de manera previa o simultánea, se dicten talleres
institucionales que contextualicen la posición argentina, la usurpación de 1833
y la vigencia del reclamo constitucional. El poder blando se desarma exponiendo
la verdad geopolítica.
* Malvinización
activa y transversal: La causa Malvinas no puede quedar confinada al acto
escolar del 2 de abril. Las conducciones escolares deben impulsar que la
soberanía cruce de forma transversal los proyectos institucionales de todo el
año. En el área de Ciencias Sociales, es urgente enseñar el mapa bicontinental
de forma obligatoria, analizando la plataforma continental, los recursos
pesqueros, los yacimientos energéticos y la proyección antártica. En Formación
Ética, se debe debatir el colonialismo en el siglo XXI y cómo las potencias
globales usan las becas y las redes para adormecer los reclamos de los países
periféricos.
* El testimonio
vivo como vacuna: La mejor herramienta contra la desmalvinización cognitiva es
la memoria humana. Las escuelas tienen a su disposición los centros de
excombatientes locales. Invitar periódicamente a los Veteranos de Guerra de
Malvinas (VGM) a dialogar con los estudiantes destruye cualquier intento de
construir una narrativa ajena o edulcorada sobre el Atlántico Sur.
Mientras la
Argentina persiste en la desarticulación de sus agencias estatales y en la
pasividad frente a estos sutiles avances institucionales, seguirá cediendo un
territorio invisible pero crucial. La trinchera cultural hoy está en los
colegios. Un rector atento y consciente de su rol histórico, respaldado por la
formación académica y el compromiso que promueven espacios como el Instituto
Elevan, no solo frena la influencia silenciosa de una embajada extranjera, sino
que transforma su institución en un verdadero semillero de ciudadanos con
profunda conciencia nacional.
Para complementar
este análisis sobre el rol estratégico y la vigencia geopolítica del Atlántico
Sur, el siguiente material audiovisual expone estas mismas nociones de
soberanía de cara al futuro nacional: “El desafío geopolítico de las Islas
Malvinas” (youtube). Este video resulta relevante porque presenta un análisis
profundo sobre la importancia estratégica de las islas y los desafíos que los
argentinos estamos obligados a encarar con patriotismo en la actualidad y hacia
el futuro.
Gabriel Camilli
Cnl My (R) -
Director del Instituto ELEVAN.