hace su trabajo
Por Gonzalo P.
Miño
La Prensa,
18.05.2026
Hay que hacer todo
lo posible, para acelerar al máximo los tiempos para demostrar que el único
camino posible es retornar al estado de derecho.
¿Qué se puede
escribir ya que no se haya escrito sobre el “mundo lesa”? ¿qué se puede decir
que ya no se dijo sobre las groseras arbitrariedades jurídicas y judiciales que
se vienen cometiendo desde hace casi 23 años?
¿Qué se puede
decir de la desaprensiva actitud de una gran mayoría de los retirados que ya no
se haya dicho o escrito, respecto al elegido “perfil bajo” que se traduce en el
irritante “estoy en zona de riesgo camarada” o “…y, que se puede hacer…”?
Lamentablemente se
ha naturalizado que estos juicios denominados “de lesa” corren por carriles
separados al del debido proceso y del estado de derecho, que son “juicios
especiales” donde la ley es lo que dicen los fiscales y los querellantes,
agregando requisitos que la misma no tiene ni pide.
Encima, quienes
vociferaron que venían a dar la batalla cultural, y que en campaña electoral
exclamaron que “lo de los 30.000 era mentira” y “que en los 70 hubo una guerra
donde se cometieron excesos”, pasaron rápidamente a sentenciar “no es parte de
mi agenda”.
De anverso, como
no podía ser de otra forma, “la orga” de los derechos humanos, a través de su
ariete el Ministerio Publico Fiscal, no detiene su marcha, llegando incluso no
solo a seguir abriendo causas mediante delirantes imputaciones sino que hasta
le solicitan a los jueces que no apliquen los fallos de la Suprema Corte que le
son adversos, como el fallo “Castillo” que le pone coto a las eternas prisiones
preventivas.
LA TRISTE REALIDAD
La verdad, este
tema del “mundo lesa” ha quedado reducido a una pequeña discusión entre esa
“orga” de los derechos humanos y algunos retirados -los condenados y los pocos
que los asisten-. A la sociedad no le importa el tema, ni le interesa ya,
mientras que la casta política solo está preocupada en sus propios intereses, importándole
poco y nada los destinos de la Nación. Es la triste realidad.
Y es que, como
siempre decimos, nadie va a pelear una guerra que sus propios interesados no
pelean. “El tiempo pasa y el pescado sin vender”, dice una coloquial frase muy
usada en nuestro país.
Impensadamente,
pues nadie lo tenía en la mira, ni de un lado ni del otro, el tiempo va
haciendo su trabajo. Tras casi 23 años de tramitación de estos juicos, muchos
jueces federales comienzan a manifestar su hastío de seguir con estas causas
“in eternun”. Es evidente el mal humor de les causa hacer “largos juicios”
contra imputados que ya han sido condenados dos o tres veces, escuchar los ya
disparatados planteos de los fiscales y querellantes advirtiendo que, en
realidad, estos procesos se transformaron en una verdadera “cacería de brujas”;
mientras tienen que cumplir con la extensa carga laboral que impone el nuevo
Código Federal Procesal.
23 AÑOS DE JUICIOS
Justamente tras
estos 23 años de juicios, ya fueron condenados los generales, los Altos Mandos,
los Jefes, incluso en reiteradas oportunidades, estando ya la mayoría
fallecidos y los pocos que quedan vivos en condiciones de acceder a la libertad
condicional por el excesivo tiempo que llevan detenidos, incluso en condena.
Por ello los fiscales insisten una y otra vez en abrir nuevas causas, para
impedir que ello suceda; a la par que comienzan a perseguir a quienes en ese
momento eran tenientes, subtenientes o simples agentes de policía; incluso se
lleva al absurdo de pretender llevar adelante estos juicios aunque el imputado
este muerto solo para declarar su responsabilidad penal, aunque no se lo
condene. Todo para seguir con lo que alguien alguna vez llamó “el curro de los
derechos humanos”.
Los togados, que
como ahora se dice “la ven”, se dan cuenta que la finalidad de todo esto no es
otra cosa que perpetuar estos juicios y ya no están dispuestos a seguir siendo
una mera escribanía de fiscales y querellantes.
La férrea e
intransigente oposición de fiscales y querellantes a que se les restituya los
haberes de retiro y la obra social a los dados de baja es la prueba que estos
procesos penales no buscan Justicia, sino venganza.
“La sociedad hoy
nos pide otra cosa”, ya se escucha decir desde muchos despachos judiciales.
DOS PROBLEMAS
Ante ello, hay dos
problemas. Uno, que aún se mantiene en pie lo “políticamente correcto” tanto en
los medios de comunicación como en la casta política, razón por la cual los
fallos ajustados a derecho salen a “cuenta gota”.
El otro es que el
tiempo es demasiado lento en su inexorable tarea y los “viejos” no tienen
margen de maniobra para esperar que haga su despaciosa labor. “La orga” de los
derechos humanos sabe esto y por ello a través de su brazo ejecutar, los fiscales
militantes que “coparon” las Unidades Fiscales de Derechos Humanos, hace todo
lo posible para retrasar al máximo este imparable proceso, apoyados por todavía
demasiados jueces, militantes varios y timoratos otros.
SALIR DE LA
PALESTRA
Ante este contexto,
ya está visto que no va a llegar ninguna magnánima migaja misericordiosa de
político alguno, están “en otra” como se dice. Por ello hay que hacer todo lo
posible para tratar de acelerar al máximo estos tiempos. Como se dice hay que
“salir a la palestra”, dejando de lado la pasividad, llenado las salas de
audiencias de camaradas de los enjuiciados con banderas argentinas, colmado el
lugar en donde se haga un acto o una conmoración alusiva, publicando
solicitadas, “copando” las gradas del Congreso Nacional cuando sea necesario,
desbordando de camaradas la sala de visita de las cárceles; para así
demostrarle a la sociedad y por ende a quienes tienen en su manos el devenir de
estos juicios, que el único camino posible es retomar el irrestricto respeto al
estado de derecho.
Sobre todo, ante
la espuria actitud del actual Ministro de Justicia de la Nación, que elevó los
pliegos de decenas de nuevos jueces, muchos de ellos militantes de “justicia
legitima” o afines al kirchnerismo, para que desde la Rosada se negocie sus
nombramientos a cambio de conseguir los votos necesarios en el Congreso para
lograr sancionar las leyes que solo al gobierno le interesa.
Como siempre
decimos, se debe dejar bien claro que no se busca impunidad sino legalidad: y
que el éxito no cae del cielo, se construye.
Sino se toma
conciencia de ello y no se actúa en consecuencia, se conseguirá que “la orga”
de los derechos humanos logre detener el tiempo y que el tedio y hartazgo de
muchos jueces -que contagiará indefectiblemente a la enorme mayoría de ellos en
lo que algún fiscal militante, con acertado recelo, llama “la rebelión de los
mansos”- se transforme en un estoico continuar en piloto automático, que aunque
a disgusto, los lleve a seguir dirigiendo sus acciones hacia el mismo rumbo
trazado desde hace 23 años; aunque esporádicamente se cambie transitoriamente
esa trayectoria.