miércoles, 14 de octubre de 2009

INSÓLITA FE DE ERRATAS AL VOTARSE LA LEY DE MEDIOS EN EL SENADO


Marcelo Helfgot

Una oscura maniobra para corregir mediante una insólita "fe de erratas" dos de los errores detectados en el texto de la ley de medios sancionada en la madrugada del sábado por el Senado, está a punto de hundir en el escándalo el trámite seguido para la aprobación del proyecto.

El apuro con el que el kirchnerismo quiso sacar la ley, sin permitir que se revisen las fallas con la que salió de Diputados, podría jugarle una mala pasada al Gobierno. Una meticulosa lectura de la promulgación de la norma por parte del Poder Ejecutivo, publicada el mismo sábado en el Boletín Oficial, llevó luz sobre una anormalidad flagrante: la transcripción de los artículos 95 y 124 no coinciden con los del dictamen votado en la Cámara alta sin tocarle una coma a la media sanción que le llegó de Diputados. Si le hacía alguna modificación, aún la más leve, el proyecto debía volver a la Cámara baja y es lo que quiso evitar a toda costa el oficialismo.

Durante la sesión del Senado, el senador cordobés Carlos Rossi, enrolado en el juecismo, advirtió reiteradamente -sin éxito- que esos dos artículos contenían serias incoherencias, por remitir a otras cláusulas que no nada tenían que ver con el tema al que se referían.Ayer fue el primero en denunciar que la promulgación de la ley resultaba inválida, por haber incorporado las modificaciones que el bloque K le impidió introducir. Por un principio constitucional, el Gobierno solo puede refrendar una ley tal como fue votada o recurrir al veto, cosa que no sucedió.

Hurgando en las causas de esa maniobra, Clarín descubrió que en realidad el cambio en el texto no fue responsabilidad del Ejecutivo sino obedeció a una jugada perpetrada en el mayor de los secretos por funcionarios de ambas cámaras ligados al oficialismo.

La movida consistió en el envío de una "fe de erratas" desde la Cámara baja mientras el Senado estaba en pleno debate de la ley. Y pese a que en ningún momento fue puesta en tratamiento -tal como consta en la versión taquigráfica donde se transcriben las 20 horas de sesión- en el sitio Web de la Cámara alta figura como sancionada el viernes 9 de octubre, antes de que se aprobara la norma, por la madrugada. Así consta en el expediente 54/09 que aparece publicado parcialmente en el portal del Senado, sin revelar su contenido completo. El único senador que admitió a Clarín conocer la "fe de erratas" fue Miguel Pichetto, titular del bloque oficialista.

En el despacho del vicepresidente Julio Cobos, quien presidió la sesión y firmó la sanción que fue remitida de inmediato al Poder Ejecutivo, le cargan las culpas al secretario parlamentario del Senado, Juan Estrada, quien lleva años en el cargo y llegó de la mano del peronismo. La nota correctiva le fue remitida por el secretario parlamentario de Diputados, Enrique Hidalgo, quien responde directamente al titular de esa Cámara, el ultrakirchnerista Eduardo Fellner. La Cámara baja fue habilitada a reordenar el texto cuando allí se votó la ley. Pero tras los 5 días que se tomó para enviarlo al Senado, los errores detectados no se habían subsanado.

Anoche, Cobos le envió a Estrada una nota exigiéndole explicaciones y, a pedido del senador Rossi, ordenó que se investiguen los hechos. Consultados por Clarín, el presidente provisional del Senado, el kirchnerista José Pampuro, y Ernesto Sanz, jefe de los senadores de la UCR, el principal de la oposición, aseguraron no haber sido informados sobre el ingreso de la "fe de erratas". Sanz avanzó más y advirtió que de ser cierto que el Ejecutivo recibió un texto modificado sin el voto de los senadores en el recinto, "se trata de una enorme irregularidad". Y advirtió que "este es un jalón más que ataca la vigencia de la ley".

Los errores al que hizo referencia el senador Rossi en la sesión –y que ya había anticipado durante el debate en el plenario de comisiones– quedan explicitados en los artículos 95 y 124 de la ley votada por la Cámara de Senadores.

En el 124 se habla de la conformación del Consejo Consultivo Honorario de los Medios Públicos y se explica cómo se va a conformar. En el segundo párrafo señala: "Sin perjuicio de las facultades de incorporación de miembros conforme al artículo 116, estará integrado por miembros de reconocida trayectoria en los ámbitos de la cultura, educación o la comunidad del país". Pero, curiosamente, en el artículo 116 no se hace mención al tema. Se habla de emisoras ilegales. Por ese motivo, el texto publicado en el Boletín Oficial remite al artículo 126, que sí contiene referencias al "reglamento" del Consejo Consultivo.
Una situación calcada se da en el artículo 95. Se sostiene en el segundo párrafo: "El Banco de la Nación Argentina transferirá en forma diaria los montos que correspondan conforme a la previsto en el artículo 88". Es decir, se habla de facturación. Nada que ver: ni una palabra surge del asunto en ese artículo, que se refiere a "la regulación técnica de los servicios". En el texto corregido se remite, con toda lógica, al artículo 97, que se titula "Destino de los fondos recaudados".

En el acalorado debate que tuvo lugar en la Cámara alta, tanto Rossi como otros senadores opositores hicieron hincapié en la serie de errores que contenía el texto aprobado por los diputados y lo atribuyeron, en la mayoría de los casos, al apuro y la desprolijidad con la que debatieron la norma. Como en esa Cámara se hicieron modificaciones a último momento al proyecto oficial, pero no se dio margen para una análisis profundo –según señalaron desde el arco anti K– en la renumeración del articulado se cometieron gruesos errores. También hubo alguno semántico: la senadora María Eugenia Estenssoro detectó que en el artículo 47 se quiso poner que las licencias se revisarían cada dos años, pero quedó la palabra "bianual", que quiere decir dos veces al año, y no "bienal", que era la correcta. Pero ese término no fue modificado ni por el Senado, ni por el Poder Ejecutivo.

Cuando Rossi, dirigente del riñón del ex intendente Luis Juez, detectó los vicios del texto durante la sesión, había señalado: "Hoy siento que el Senado de la Nación no sólo se ha convertido en la escribanía del Poder Ejecutivo, sino que –con tristeza lo digo– nos hemos convertido también en una escribanía de la Cámara de Diputados. Fíjense que ni siquiera hemos tenido capacidad para ponernos firmes y corregir horrores de redacción que vinieron de Diputados". Ayer, el primero en hacer públicas las modificaciones detectadas en la promulgación de la ley fue un blog de Internet. Luego, se supo que Rossi ya estaba preparando un escrito, que hizo llegar al despacho de Cobos, reclamando una investigación de lo sucedido y alega que con las modificaciones realizadas sin atravesar la votación del Congreso "nos encontraríamos ante la vigencia de una ley -de por sí muy cuestionada, que ahora enfrenta esta nueva irregularidad.

Clarín, 14-10-09

EL PRESUPUESTO NO PUEDE APROBARSE TAL COMO ESTÁ

Por: Jorge Sarghini
DIPUTADO NACIONAL POR LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

El ejercicio de un cuarto de siglo de democracia ininterrumpida no ha sido suficiente para alcanzar los consensos necesarios que sienten las bases de un proyecto nacional capaz de desarrollar nuestro potencial productivo, saldar la deuda social y fortalecer las instituciones. Este proyecto debería tener un capítulo dedicado al federalismo, dado que atraviesa a cada uno de los temas de la agenda pendiente.
¿Quién imagina que se pueda definir un sendero productivo basado en criterios de eficiencia económica, en un mundo que no admite ventajas comparativas artificiales; con provincias desfinanciadas que cobran impuesto sobre impuesto para poder pagar los sueldos públicos y construir la infraestructura necesaria? ¿Es posible saldar la deuda social si no se pueden garantizar los ciclos lectivos, si los hospitales públicos no funcionan, o no se asegura la provisión de agua y cloacas, cuya responsabilidad recae en las jurisdicciones provinciales?
Si bien reducir el federalismo al sistema de coparticipación federal es una simplificación riesgosa, creo que su análisis puede ser útil para entender cómo hemos llegado a la actual descomposición institucional y política.

Desde el inicio de la década del 90, las provincias argentinas han perdido un 33% de participación en la distribución de los recursos tributarios de origen nacional. ¿Cuáles fueron las razones por las cuales la Nación ganó posiciones? Pactos fiscales; reforma previsional con la creación de AFJP, cuya consecuente pérdida de recaudación la Nación la fue a buscar a las provincias mediante el mecanismo de precoparticipación; aumento de impuestos de muy baja o nula coparticipación; contrarreforma previsional -reestatización de las AFJP- sin que la Nación devolviese a las provincias la precoparticipación tomada, son algunas de aquellas razones.

¿Existe un orden causal entre el deterioro del federalismo fiscal y el deterioro institucional y político? Al menos hay una suerte de círculo vicioso por el cual el debilitamiento de uno conlleva a la descomposición del otro. Esta retroalimentación bien podría observarse si hacemos un somero recuento de algunas de sus consecuencias negativas más visibles.
El primero es el principio de gobernabilidad. Hoy, como nunca antes, la gobernabilidad la garantiza el alineamiento directo e incondicional de los gobiernos locales al poder central. La gobernabilidad depende de la discrecionalidad; es la "caja" y sólo con esa adhesión se obtienen los recursos que por derecho propio le corresponderían a las provincias de manera automática bajo el funcionamiento de un sistema federal de reparto.

También ha cambiado el funcionamiento del Congreso Nacional. El principio de gobernabilidad condiciona y debilita considerablemente el sistema de representación parlamentaria y, en nombre de ella, se producen alineamientos a los proyectos oficiales que, de otra forma, resultarían inexplicables. Esta lógica de funcionamiento, agregada al comportamiento natural y legítimo de todo oficialismo, ha transformado al Congreso en una suerte de "escribanía" del gobierno. La consecuencia de este comportamiento es la -en muchos casos inconstitucional- delegación de facultades legislativas en el Poder Ejecutivo.

Otra consecuencia negativa es el cambio en el sistema de decisiones. En un federalismo democrático, las medidas del gobierno central están fuertemente inducidas por los gobiernos locales y expresan una verdadera síntesis federal. Estos, a su vez, hacen lo suyo en función de sus propias responsabilidades y recursos. Hoy, en cambio, el proceso de toma de decisiones de gestión se concentra en el extremo superior de la pirámide, en tal forma que las jurisdicciones provinciales y municipales han perdido autonomía hasta para definir las obras y servicios más elementales de carácter local. Así, en altas esferas ministeriales nacionales se decide sobre agua, cloacas y pavimento.
Finalmente, y aunque parezca un exceso, también afecta al sistema de partidos políticos. La actual forma de construir y ejercer el poder destruye el funcionamiento partidario y un ejemplo claro fue la creación, en 2007, del "partido del poder". Esa elección derivó en un frente constituido por quienes en los distintos niveles de gobierno tenían responsabilidades ejecutivas, cualquiera fuera el partido político por el cual habían sido elegidos. Más allá del fracaso de esa "Concertación" que hoy se manifiesta en la figura de un Vicepresidente casi convertido en jefe de la oposición, esta confusión ¿no es acaso la consecuencia de esta forma de construcción de poder?
No tengo dudas de que la solución de fondo es el tratamiento de una nueva Ley de Coparticipación. Pero mientras los tiempos y la relación de fuerzas no lo permiten, podríamos discutir una transición comenzando a desandar el camino de estos años.

¿Cómo? El Presupuesto Nacional para el año 2010 debe ser el instrumento, modificando el proyecto enviado al Congreso por el Poder Ejecutivo en cuanto a la relación Nación-Provincias. Si se aprueba tal como ha sido planteado, la mitad de los distritos no podrán cerrar sus propios presupuestos y agudizarán los actuales problemas. Si, en cambio, mediante mecanismos racionales se alivia a las provincias de los vencimientos de deuda que tienen este año con la Nación, se les mantiene el flujo de asistencia financiera y se les "coparticipan" las fuentes de financiamiento intra sector público, recuperarán cierta autonomía y podrán cumplir razonablemente con sus responsabilidades.
Estoy convencido de que ha llegado el momento de tender un puente para hacer una transición. Es posible que no alcance, pero hay que empezar a cambiar.

Clarín, 14-10-09

KIRCHNER APURA LA REFORMA POLÌTICA CON LA ILUSIÓN DE SU CANDIDATURA


Por: Eduardo van der Kooy

Miguel Pichetto, el jefe del bloque kirchnerista en el Senado, se agarró la cabeza. Ayer le avisaron desde Olivos -no desde la India- que el propósito del Gobierno sería debatir y aprobar , en lo posible en noviembre, la reforma política anunciada por Cristina Fernández como un síntoma de simulada distensión, luego de la derrota electoral del 28 de junio. Vale, antes que nada, precisar algo: Néstor Kirchner está en la residencia presidencial; la Presidenta empezó ayer una visita de tres días a Nueva Delhi.

La contrariedad de Pichetto tuvo que ver con la irrupción de lo imprevisto. El jefe del bloque oficial suponía que después de la aprobación de la ley de medios vendrían debates inevitables del ámbito económico, necesarios para la administración del año próximo. Las discusiones económicas también levantarán polvareda: pero la reforma política no tendría, al esta altura, el sentido que pareció tener en aquellos días de su alumbramiento.

¿Por qué razón? Porque se engendró como una excusa para abrir el diálogo político y reconocer a una oposición que acababa de vencer en las urnas. El objetivo de los Kirchner se logró a medias: Elisa Carrió se negó a concurrir al diálogo. La Coalición Cívica, a través de la diputada Patricia Bullrich, presentó tres proyectos de reforma que, al parecer, no van en la misma dirección que el oficial.

Aquel diálogo, finalmente, terminó mal cuando los opositores se percataron que la maniobra del matrimonio presidencial había sido urdida sólo para ganar tiempo. Florencio Randazzo se llevó los primeros apuntes conseguidos y en base a ellos se dedicó a elaborar un proyecto de reforma que los Kirchner quieren enviar rápido al Senado.

El encierro del ministro del Interior coincidió con el regreso de las fricciones entre el Gobierno y la oposición, corporizadas en varias leyes enviadas al Congreso. La escena pública oficial, desde entonces, cambió de actores: la primera línea fue ocupada por Aníbal Fernández. Al jefe de Gabinete le agrada el fuego y el juego turbio.

Los senadores oficiales se plantean que una cosa hubiera sido discutir la reforma política en aquel clima de hipotética concordia que sucedió a las elecciones de junio y otra muy distinta ahora mismo, cuando por diferentes razones se ha repuesto un clima de inevitable crispación.

Los nervios empezaron a aumentar cuando el Gobierno aprovechó la distracción opositora para imponer medidas inconsultas. Estuvieron algunos iniciales anuncios sobre el campo. Estuvo también el debate sobre las facultades delegadas que incluían el derecho del Poder Ejecutivo a fijar las retenciones. Los Kirchner lograron su objetivo.

El punto culminante de malestar se alcanzó con la ley de medios. El trámite a empellones en Diputados y el debate falso en el Senado donde el kirchnerismo montó el teatro de las consultas y las audiencias pero terminó convalidando, con una notable mayoría y sin mover una coma, el proyecto de los diputados.

"Será imposible consensuar una reforma", decía anoche un senador oficialista. Las batallas hay que darlas con el Presupuesto y el impuesto al cheque. No hay resto para más", decía mientras parecía referirse, antes que al Congreso, al escenario de una guerra.

¿Por qué razón faltaría aquel resto a que aludía el senador? En la visión de no pocos oficialistas de esa Cámara la aprobación de la ley de medios tuvo allí, al final, un costo político y personal -en algunos casos- mayor que en Diputados.

Existe una percepción con buena dosis de objetividad. La atención pública y mediática se terminó centrando más en el Senado que en Diputados. Las promesas de una apertura y la posibilidad de la introducción de cambios que reclamaban la oposición y sectores afectados parecieron edificar una expectativa que, con los resultados finales a la vista, viró en defraudación.

"La presión fue tremenda. Inhumana", se quejó aquel mismo senador. Las presiones provocaron un sinfín de novedades: el voto de Ramón Saadi, el arreglo de los Kirchner con el bussismo y la cabriola de la senadora radical correntina María Dora Sánchez, que aún después de aprobada la ley sigue intentando explicar por qué motivo "un mamarracho" -como había calificado el proyecto- se convirtió en un voto favorable.

El esquema de reforma política pergeñada por los Kirchner podría ser la piedra de otro escándalo. Es cierto que se llamarían a elecciones abiertas y simultáneas en todos los partidos para definir las candidaturas. Pero el esquema no sería el implementado por el ex gobernador Jorge Obeid en Santa Fe, como había prometido Cristina. Sería un molde tendiente a facilitar el posible regreso de Kirchner en el 2011.

¿Cómo es eso? En el laboratorio kirchnerista los candidatos nacionales de cada partido deberían someterse a elecciones en cada provincia que, no necesariamente, serían simultáneas. De allí saldrían congresales de los postulantes que deberían definir el candidato presidencial. El que juntara mayor cantidad de congresales sería presidenciable. Se trataría de un sistema similar al que demócratas y republicanos utilizan en las primarias en EE.UU.

Kirchner supone que, de ese modo, crecerían sus posibilidades. Al peso electoral relativo que conserva en Buenos Aires podría sumar el de otras provincias, del norte y patagónicas. Incidirían además los sistemas partidarios. El influjo de la caja estatal. No todo se resolvería por el voto directo -como sucede en Santa Fe-, que suele ser renuente a los Kirchner en los centros urbanos más grandes.

La idea no disgusta a los hermanos Rodríguez Saá (Alberto y Adolfo), de San Luis. Pero ya ha levantado la guardia, en cambio, en las filas radicales, de Carrió y del resto del peronismo disidente.

Eduardo Duhalde prefiere conocer el texto final antes de opinar. Pero con esa reforma, con cualquier otra o, incluso, sin ella madura una estrategia: apuntar a debilitar a Kirchner en Buenos Aires, a juicio suyo, el único puntal firme que le queda al esposo de Cristina.

Tampoco se trataría de un trabajo ímprobo en toda la provincia. El interior bonaerense está perdido y ni siquiera las intenciones de un acuerdo con el campo que cobijan Aníbal Fernández y Julián Dominguez, el ministro de Agricultura, podría salvarlo. El secreto estaría en caminar el segundo cordón del conurbano que en las elecciones de junio no salvaron a los Kirchner de una derrota aunque sí de una catástrofe.

Un paso para lograrlo sería la reconquista del PJ bonaerense. Duhalde pretendería desde ese lugar rearmar una trama con los intendentes que perdió por su lejanía política y de la cual se apoderó Kirchner por las necesidades económicas de aquellos dirigentes y el vacío partidario que dejó el gobernador Daniel Scioli.

Otro paso sería que el triunfador, Francisco De Narváez, recupere en el conurbano profundo el protagonismo que alcanzó en los tiempos de la campaña. De Narváez, como toda la oposición, entró en un paréntesis luego de la victoria.

Duhalde imagina otra necesidad. Que en simultáneo con aquellos movimientos aparezcan rebeldías en el PJ y dirigentes con ganas de pelear. El paso más difícil, de acuerdo a lo observado hasta hoy.

Clarin, 14-10-09

sábado, 10 de octubre de 2009

LA REINA DE LA HISPANIDAD


Sobre el altar dorado que las flores
convierten en jardín de primavera,
he visto esta mañana mis amores:
la Virgen del Pilar y la bandera.

No hay para la Señora otra guirnalda
con las orlas más puras y más bellas
que la bendita insignia roja y gualda
salpicada de rosas y de estrellas.

Virgen gloriosa del Pilar sagrado,
guarda a tus hijos de la secta extraña,
no nos apartes nunca de tu lado
y por tu amor de madre salva a España.


El Papa Juan Pablo II, con voz poderosa y manifiesto cariño, nos decía aquí, a los pies del Pilar:

«El amor mariano ha sido en vuestra historia fermento de catolicidad. Impulsó a las gentes de España a una devoción firme y a la defensa intrépida de las grandezas de María... Le impulsó además a trasplantar la devoción mariana al Nuevo Mundo descubierto por España, que de ella sabe haberla recibido y que tan viva la mantiene. Tal hecho suscita aquí, en el Pilar, ecos de comunión profunda ante la Patrona de la Hispanidad. Me complace recordarlo hoy»

¡Acudimos, gozosos, a la cita! Si la gratitud del pueblo canta «Bendita y alabada sea la hora en que vino a Zaragoza», un legítimo orgullo de hijos y españoles nos estimula, con el poderoso impulso del Papa, a proclamarle y demostrarle, de hecho y de derecho, Reina y Patrona de la Hispanidad.

Multitud de pueblos, extendidos por todo el planeta, cantan agradecidos y emocionados a Santa María del Pilar la «ópera grandiosa de su coronación».

Por nuestra parte, nos limitamos a presentar la partitura:

1.°, el concepto de Hispanidad, que es el pentagrama;

2.°, el fenómeno histórico de la difusión y encarnación -y son las notas, unas veces rápidas, otras solemnes, que en contrapunto vibrante y armonioso van cristalizando en una incomparable fuga grandiosa que se inició en una sola nota en el punto exacto del Santo Pilar y cuya sucesiva y creciente complejidad se ha ido haciendo catarata en los siglos-, para que,

3.°, ahora nosotros tornemos esa ópera, fuga o sinfonía incompleta y, cogiéndole el aire a la imponente danza cósmica de santuarios, peregrinaciones, instituciones, etcétera, sepamos estar a la altura para llenar los espacios de unas pautas que nos reclaman corno herencia y quehacer.

El concepto de Hispanidad

Aunque, por tratarse de una realidad vital, su contenido o sustancia tiene raíz, evolución e historia secular -como veremos-, la palabra Hispanidad es término acuñado en nuestros días.

Su principal valedor fue Monseñor Zacarías de Vizcarra. Él distinguía entre hispanidad con minúscula e Hispanidad con mayúscula: aquélla, con alcance geográfico, equivaldría al conjunto de pueblos de cultura y origen hispánicos, diseminados por los cinco continentes; ésta, con alcance ético-espiritual, la Hispanidad con mayúscula, significaría «el conjunto de cualidades que distinguen a los pueblos de estirpe y cultura hispánicas del resto de las naciones del mundo».

En el noble empeño de definirla, desarrollarla y difundirla, ocupan puestos de honor, junto a Monseñor Vizcarra, los profesores Ramiro de Maeztu y García Morente, el incomparable hablista «españoleador» García Sanchiz y el Cardenal Gomá. Y, en una perspectiva más amplia, referida más a la sustancia que al término, Juan Vázquez de Mella, verbo de la Hispanidad; Jaime Balmes, filósofo de la Hispanidad, y Donoso Cortés, profeta de la Hispanidad; Menéndez Pelayo, polígrafo de la Hispanidad, y Rubén Darío, poeta de la Hispanidad.

El Cardenal Gomá ofrece en su libro Hispanidad esta versión que enfila la sustancia medular del concepto, entendido como realidad y como proyecto: «Si el concepto de Cristiandad comprende y a la vez caracteriza a todos los pueblos cristianos, ¿por qué no ha de acuñarse otra palabra como ésta de la Hispanidad, que comprenda y caracterice la totalidad de los pueblos hispánicos? La palabra está ya acuñada y la usamos todos. Según esto, ¿qué es la Hispanidad?» Y, entre cálidas expresiones que proclaman a su juicio la sublimidad y alcance del término, afirma: «Hispanidad es, ante todo, redención, que eso llevó España a América y a sus colonias: la Redención. La Hispanidad es vocablo ecuménico, susurra acentos de cristiandad, disuelve con su luz las diferencias, las razas y las fronteras y aspira a encarnarse en la Humanidad... Que en Oriente y en Occidente, en el Aquilón y en el Mediodía, se llegue a alabar a Dios con la dulce lengua de Fray Luis, ¡eso es Hispanidad!»

Muy pronto la idea y la palabra Hispanidad, que habían tenido tan ilustres valedores, tomaron cuerpo en una serie de decretos, organismos e instituciones.

«La partida de bautismo de la Hispanidad».

Se trata de una proposición que hacía Simón Bolívar, el héroe de la independencia americana, tan celebrado en nuestros días, a la corona de España, a través de su embajador en Londres, don Francisco Antonio de Zea, para que se pusiera definitivamente fin a la guerra entre España y América y se establecieran las bases de una futura fraternidad, con la constitución de una federación hispano-americana. En dicho documento, junto al cese de hostilidades y la independencia americana, se propone una alianza entre la Gran Colombia y España con el resto de las naciones americanas, igualdad de derechos para españoles y americanos y eliminación de aduanas.

El proyecto se abre camino

Casi exactamente un siglo después de la invitación de Simón Bolívar, el año 1917, un decreto del Presidente de la República Argentina, Hipólito Irigoyen, declaraba el 12 de octubre «Día de la Raza y Fiesta Nacional». Con él daba satisfacción, según indica, al «memorial presentado por la Asociación Patriótica Española, a la que se han adherido todas las demás Sociedades Españolas y diversas Instituciones Argentinas, científicas y literarias». Y en sus diversos artículos aporta las razones de fondo que aconsejan tal decisión:

1.° Que el descubrimiento de América es el acontecimiento de más trascendencia que haya realizado la Humanidad a través de los tiempos.

2.° Que se debió al genio hispano, al identificarse con el genio de Colón, una efemérides tan portentosa, «que no quedó circunscrita al prodigio del Descubrimiento, sino que se consolidó en la conquista, empresa esta tan ardua y ciclópea que no posible término de comparación en los anales de todos los pueblos. Y

3.° Que la España descubridora y colonizadora volcó sobre el continente enigmático y magnífico el valor de sus guerreros, el denuedo de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales, y con la aleación de todos estos factores obró el milagro de conquistar para la civilización la inmensa heredad que hoy florece en las naciones a las que ha dado, con la levadura de su sangre y con la armonía de su lengua, una herencia inmortal que debemos afirmar y mantener con jubiloso reconocimientos.

Al año siguiente del decreto Irigoyen, en Argentina, el rey de España, Alfonso XIII, establecía, por un decreto de rango similar, el 12 de octubre como Fiesta de la Raza y Fiesta Nacional.
Muy rápidamente estos primeros conatos de aire festivo van transformándose en realidad latente que impregna toda una política nacional.

Tras el final victorioso del Alzamiento Nacional, el nuevo Estado incorpora a sus principios animadores la concepción de España como «eje espiritual del mundo hispánicos», con un claro propósito de alianza y hasta de fraterna unidad con aquellas naciones entrañables. En esta línea hay que colocar la creación, por un decreto firmado por Francisco Franco el 2 de noviembre de 1940, del Consejo de la Hispanidad. En él se tiene buen cuidado en destacar que «no le mueve a España, en esta decisión, ningún tipo de apetencias hegemónicas o de tierras y riquezas ajenas». «Ante el espíritu materialista -se dice que todas las ambiciona para sí-, España nada pide ni nada reclama; sólo desea devolver a la Hispanidad su conciencia unitaria y estar presente en América con viva presencia de inteligencia y amor, las dos altas virtudes que presidieron siempre nuestra obra de expansión en el mundo, corno ordenó en su día el amoroso espíritu de la Reina Católica». Este Consejo de la Hispanidad dio paso inmediatamente, para potenciar su operatividad y coordinación, al Instituto de Cultura Hispánica, desde cuya casa madre en Madrid nacieron, en un breve espacio de tiempo, más de un centenar de filiales en toda América.

La Hispanidad, fiesta nacional

No casaba con el sentido ecuménico de la gesta española el carácter selectivo y en cierto modo excluyente de un Día de la Raza, que además, tras la segunda guerra mundial se entendía mal, bajo el amparo de la Madre común. Por eso aquélla dio paso a la nueva Fiesta de la Hispanidad el año 1958. Ya en el siglo pasado, al celebrarse el cuarto centenario del descubrimiento, un real decreto, firmado en el monasterio de la Rábida, el 12 de octubre de 1892, bajo la regencia de doña María Cristina de Habsburgo, expresaba el claro propósito de instituir como fiesta nacional el aniversario del día en que las carabelas, que habían partido de Palos de Moguer el 3 de agosto anterior, aprobaron en las ensenadas naturales de la isla de Guanahaní. Pero el definitivo establecimiento se daría en nuestros días. El 12 de octubre del año 1939 comenzaban en Zaragoza las solemnes conmemoraciones oficiales del Día de la Hispanidad, que habría de celebrarse ya, sin solución de continuidad, aunque alternando los lugares que habrían de servirle de noble marco, para darle una más clara amplitud dentro de las naciones. Por fin, un decreto de la Presidencia del Gobierno, de 9 de enero de 1958, razona y decide:

«Dada la enorme trascendencia que el 12 de octubre significa para España y todos los pueblos de América Hispana, el 12 de octubre será fiesta nacional, bajo el nombre de "Día de la Hispanidad".»

El fenómeno histórico, difusión y sentido

Observará el lector que, en un tema como éste, tan propicio a exaltaciones, o al menos a posibles expansiones retóricas, nos mantenemos en términos de una ascética sobriedad. Y lo hacemos con toda intención, en servicio de la objetividad. Son los hechos los que cantan y ¡con qué sonoridad! Sean ellos, pues, los que lleven la voz cantante al presentar a Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza como Reina y Patrona de la Hispanidad. Hechos, instituciones, lugares, documentos y monumentos: éstos son los avales de un fenómeno histórico indiscutible y de su perceptible sentido trascendente y pilarista.

La fecha original

Si bien se sostiene, sobre todo a raíz de las revelaciones de la Madre Ágreda, que, de acuerdo con la tradición, la Virgen Santísima vino a Zaragoza desde Jerusalén y en carne mortal, para consolar al Apóstol Santiago, en la noche que va del 1 al 2 de enero del año 40 de nuestra era, tenemos noticias muy fiables de que la fiesta mayor se celebraba ya el 12 de octubre en pleno siglo XII., Como oportunamente estudió y publicó F. Gutiérrez Lasanta, existe una «Carta de concordia entre los Obispos de Pamplona y Zaragoza», que lleva la fecha de 12 de octubre del año 1121, «fiesta de la Dedicación de la Iglesia de Zaragoza». Parece que esta fiesta se corresponde con la Iglesia de Santa María del Pilar, ya que, conquistada Zaragoza por el Batallador en el año 1118, parece que las únicas iglesias con relevancia que quedaban en la ciudad, tras la larga dominación musulmana, eran la de las Santas Masas y la de Santa María. Es cierto que don Pedro de Librana, el primer Obispo tras la reconquista de la ciudad, procedió a habilitar e inaugurar muy pronto un brazo de la antigua mezquita mayor, que con el tiempo se convertiría en la Catedral de La Seo. Pero, por otro lado, hay un manuscrito (n.° 1.582 de la Biblioteca Nacional) del canónigo de La Seo don Juan Briz Martínez, que, aunque fechado ya en 1642, es muy interesante a nuestro propósito, ya que en él se alude clara y directamente a la fiesta de la Dedicación y la adjudica a la Santa Capilla del Pilar, por varias razones:

1.° La Carta de Concordia entre los Obispos de Zaragoza y Pamplona, en que -como hemos señalado previamente, pero el escrito se hace eco de la misma se señala la fecha de 1121 corno de la Dedicación de la Iglesia de Zaragoza, sólo cuatro años después de la conquista; y el rey Alfonso inauguró La Seo no en ese día, sino el 6 de enero. Y

2.° Cita al padre Fray Diego Murillo como muy bien documentado que sostiene lo mismo. (La obra aludida de Fray D. Murillo se titula Fundación milagrosa de la Capilla Angélica de la Virgen del Pilar y su fecha de edición es 1616.) El P. Murillo, en efecto, aduce incluso una sentencia de la Rota del 18 de junio de 1610 en este sentido. Hay, además, una carta que escribe en 1602 el canónigo del Pilar Bartolomé Llorente al canónigo de La Seo Bartolomé Leonardo de Argensola, sobre este mismo tema de la Dedicación y fiesta del 12 de octubre. En esta interesantísima carta, que no podernos transcribir por razón de espacio, pero que el lector podrá consultar en la citada obra de G. Lasanta (volumen 8.1) certifica que esta fiesta del 12 de octubre que los canónigos del Pilar vienen celebrando desde fechas muy remotas, como lo fue desde el principio hasta la toma de Zaragoza -dice textualmente-, tuvo como centro la memoria de la milagrosa aparición de Nuestra Sefíora al Apóstol Santiago, el cual -se dice-, por mandato de la Virgen, le edificó y dedicó el templo. La carta tiene como motivo fundamental certificar de la antigüedad y pertenencia de la fiesta a la Iglesia del Pilar y comunicar que, junto a la gran solemnidad que ha cobrado la celebración desde hace algunos años, desde esa fecha de 1602 tendrá lecciones propias.

Los misales

A refrendar la tesis viene ahora la referencia a los misales de la biblioteca del Cabildo zaragozano. Uno del siglo xv (sin que se concrete más su fecha) y otros correspondientes a los años 1486, 1522, 1540, 1554 y 1555, todos ellos repiten la misma nota: «12 de Octubre. Fiesta de la Dedicación de la iglesia de Santa María la Mayor y del Pilar». Y siguen algunos detalles en torno al rito y tenor de la solemnidad. Hemos creído interesante detenernos en las precedentes consideraciones en torno a la fecha exacta y antigüedad de la fiesta, ya que por sí misma es de gran valor en orden al título que proclamamos de Santa María del Pilar de Zaragoza sobre la Hispanidad. No está en dependencia la fecha del 12 de octubre, en que Zaragoza celebra las fiestas mayores en honor de Santa María del Pilar, de aquel otro venturoso 12 de octubre del año 1492, en que las naves de Colón tocaron las tierras del Nuevo Mundo. Tampoco, efectivamente, tenemos humanamente razones para afirmar la dependencia del descubrimiento de la solemnidad pilarista. Pero nadie nos puede prohibir que, cristianamente, juzguemos providencial la coincidencia y que alberguemos en nuestro interior la exultante sospecha de que Dios quiso que, a partir de aquel 12 de octubre de 1492, ya no fuera sólo un templo hermoso a las orillas del Ebro el dedicado a su memoria, sino que en una versión plástica y moderna de su propia «buenaventura evangélicas: «Me llamarán bendita todas las generaciones», su santuario se extenderá por todo el universo y las estrellas de la corona zaragozano se multiplicarán prodigiosamente en una constelación inabarcable de templos, imágenes, lugares y, sobre todo, de corazones.

Toponímia

Y de las sospechas pasamos a las realidades. Si a la hispanidad con minúscula, la geográfica, según la distinción establecida por Monseñor Vizcarra, añadimos el adjetivo de pilarista como sello específico, no cabe duda de que podemos afirmar, sin ningún tipo de reserva, que existe una geografía pilarista extendida por todo el mundo. Multitud de ríos, montañas, pueblos, calles, departamentos enteros, más allá de nuestras fronteras, se denominan y se honran con el santo nombre de Pilar. «Brasileños, guaraníes, gauchos, aztecas, quechúas y araucanos, tagalos y malayos, negros y pieles rojas; entre cafetales, cocoteros y campos de cañas -destaca y resume poéticamente G. Lasanta (o. c.)-, junto a las plantaciones aromáticas de tabaco de las más famosas vegas; rodeada de las grandes ganaderías vacunas y caballares de la Pampa y entre las leyendas y mágicos embrujos de las minas de oro, plata y diamantes ... » Por todas las partes de América y por otras lejanísimas latitudes emerge señorial y maternal, señalando el cielo como las torres de nuestra basílica o acogiendo y cobijando a los hijos de todos los colores como sus cúpulas, la Señora y Madre del Pilar. Ninguna demostración mejor de nuestras afirmaciones que reproducir el mapa toponírnico publicado por la revista «Doce de Octubre» del año 1973, del que son autores Hernán Escobar, director del Archivo Histórico de Colombia, y Juan Álvarez Anoro, de Zaragoza. Y nos remitimos a su detallado índice, cuya sola enumeración resulta abrumadora.

Está por realizar un estudio sistemático de esta exuberante realidad, con amplísima proyección en América Hispana y Filipinas, sobre todo, pero no en exclusiva. Cofradías y peregrinaciones son como el oleaje superficial, el flujo y reflujo permanente de una devoción que va y viene, que nace como poderosa corriente en el Pilar zaragozano y que a él retorna unas veces con serena quietud y otras como hemos de peregrinaciones organizadas, con abundantes, desde el siglo xv hasta nuestros Son la respuesta agradecida de pueblos que han recibido la luz del Evangelio y han conocido de dónde partió el impulso. La sacristía y los muros del Santo Templo están llenos de recuerdos y magníficos. ¿Cómo le pagaremos a la Madre?, se preguntan, abrumadas, los pueblos creyentes. Y junto a sus mejores joyas, instrumentos, galas, los pueblos han rivalizado en regalarle mantos y muchos le ofrecen toda la nación como dote, expresada en su bandera.

Al cumplirse el primer centenario de la guerra de los Sitios y casi de la independencia americana, diecinueve repúblicas quisieron reconocer su gozosa dependencia de la Virgen del Pilar presentándole otras tantas banderas que previamente había bendecido en Roma San Pío X, que se unió fervorosamente al sentido de la ofrenda.

Herencia y quehacer

Sin poder abarcar, ni mucho menos, la gloriosa herencia, ella y el tiempo nos impulsan a vivir nuestro presente y avistar el futuro como un honroso quehacer. Afirmamos con el profesor Corts Grau que «el ideal hispánico es materia perenne». Y con el penúltimo director del tristemente fenecido en nuestra patria Instituto de Cultura Hispánica, don Gregorio Marañón Moya, sostenemos que la Hispanidad es «una categoría por encima del espacio y del tiempo. Pertenece al presente y al pasado, pero ha de ser ante todo un quehacer para el futuro. La palabra Hispanidad expresa lo que es común a los hombres y los pueblos hispánicos, lo que les da una relación peculiar entre ellos mismos y los distingue de los demás. La Hispanidad no es una unidad de raza, ni siquiera un idioma común. Lo que da carácter a la Hispanidad, lo que en ella ata y vincula es, sobre todo, un mismo sentido de vida.»

Como dice Álvaro Castellano Arés (Sentido único de la Hispanidad, «Doce de Octubre», 1944), que fue director de la Academia de la Hispanidad de Salamanca, «García Morente coincidió con Ramiro de Maeztu en atribuir un origen absolutamente cristiano a la Hispanidad, al tiempo que afirma que el cristianismo es algo consustancial con la misma idea». También aquí los hechos y los testimonios cantan. Hace unos años, cuando España recibía una vez más los ataques desconsiderados a su obra en América, de parte de un sector de la Administración norteamericana, un anglosajón y protestante, de la categoría de Arnold Toynbee, dictaba en la Universidad de Pensilvania dos conferencias en las que, frente al sentido anglosajón del imperio, contraponía el sentido espiritual en la colonización llevada a cabo por los pueblos hispanos o ibéricos. Y pronunciaba las siguientes palabras que parece mentira no hayan tenido más difusión entre nosotros: «Los hispanos y portugueses, cristianos y católicos, han llevado a cabo un sentido colonizador distinto: no sólo comen su pan con los indígenas que han civilizado, sino que se casan con ellos. ¡Dios los bendiga! Si la raza humana alguna vez llega a unirse en una sola familia, será gracias a ellos, no a nosotros.»

Sabiéndose hijos de Dios y reconociendo en aquellos seres la misma vocación y comunidad de destino, la consecuencia lógica fue una simbiosis fraternal y un legado testimonial que certifica para la historia de forma irrebatible su categoría: el «mestizaje». Con el sano deseo de que la Hispanidad no se quede en nuestras manos como un recuerdo glorioso o como simple retórica vacía, en nuestros días, aparte de ir despertando oportunamente en todos la conciencia sana de que formamos una gigantesca comunidad, una y plural, como ocurre con los hijos de una familia de trescientos millones de habla española, se hacen proyectos y se dan unos primeros y meritorios pasos en orden a crear un Mercado Común Iberoamericano y se aboga, elevando el tono, por un Mercado Común Cultural que, recordémoslo, empezó con la conquista y ¡de qué manera!: a los cincuenta años de poner su pie Colón en América, se habían trasplantado allí todas nuestras instituciones.

Pero, con ser todo ello laudable y noble, el empeño que se nos reclama hoy es, sin duda, de más altos vuelos: se trata de mantener y avivar la fe cristiana que fue y debe seguir siendo la columna vertebral de nuestra epopeya colonizadora. Diversas iniciativas han brotado en los tiempos modernos, a la sombra del Pilar, para llevar al mundo esta renovada savia que es, con mucho y como ha recordado repetidamente el Papa a todo el Occidente cristiano, el factor esencial de su personalidad y su verdadera grandeza.

En 1949 nacía la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, para promover y orientar las vocaciones sacerdotales a las tierras americanas. Fruto de ello ha sido la generosa y, con frecuencia, heroica marcha de centenares de sacerdotes, y últimamente también seglares, que han quemado su existencia en el empeño con admirables frutos. Hoy, cuando vivimos una profunda crisis moral y espiritual en el viejo continente y España no es precisamente una excepción, al proponernos la Hispanidad como quehacer, no podemos ocultar nuestra preocupación por la enorme responsabilidad que pesa sobre la Madre Patria de no trasplantar la crisis a aquellas tierras, lo que sería una ligereza imperdonable. Y ninguna garantía mejor que una fe alimentada y depurada en una auténtica devoción a María, Reina y Patrona de la Hispanidad.

Estas palabras del Papa, pronunciadas aquí en Zaragoza, a los pies del Pilar, son el mejor impulso a este propósito:

«Esa herencia de fe mariana de tantas generaciones, ha de convertirse no sólo en recuerdo de un pueblo, sino en punto de partida hacia Dios. Las oraciones y sacrificios ofrecidos, el latir vital de un pasado, que expresa ante María sus seculares gozos, tristezas y esperanzas, son piedras nuevas que elevan la dimensión sagrada de una fe mariana. Porque en esta continuidad religiosa, la virtud engendra nueva virtud. La gracia atrae gracia. Y la presencia secular de Santa María va arraigándose a través de los siglos, inspirando y alentando las generaciones sucesivas. Así se consolida el difícil ascenso de un pueblo hacia lo alto.»

Por eso, apoyados en el Santo Pilar de Zaragoza, que, en expresión del Pontífice Juan Pablo II, «ha sido siempre considerado como el símbolo de la firmeza de la fe de los españoles», alentados e inipulsados, como Santiago, por sentida cercanía de la Madre buena universal, recibimos el «testigo» de la tradición gloriosa y, sin perder comba, hemos de lanzarnos a la carrera, en la alegre seguridad de que, si no desmayamos ni nos salimos de pista, seguirá creciendo esa gloriosa comunidad de destino que llamamos Hispanidad.

Por el Rev. D. Arturo LOZANO BURZURÍ
Archivero Diocesano .

[Arbil]



viernes, 9 de octubre de 2009

DECLARACIÓN SOBRE ORIENTACIÓN SEXUAL E IDENTIDAD DE GÉNERO DE LAS NACIONES UNIDAS



La declaración de la ONU sobre orientación sexual e identidad de género es una iniciativa francesa, respaldada por la Unión Europea, presentada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 18 de diciembre de 2008. La declaración, originalmente propuesta como resolución, provocó otra declaración en sentido opuesto promovida por países árabes. Ambas declaraciones permanecen abiertas a nuevas firmas. (...)

El archivo completo puede leerse en:

http://promoverlavida.blogspot.com/2009/10/declaracion-sobre-orientacion-sexual-e.html



¿POR QUÉ HONDURAS SÍ PUDO, Y VENEZUELA NO?

Por Alejandro Peña Esclusa

Los venezolanos contemplan -con asombro y admiración- cómo los hondureños impidieron que el modelo chavista triunfara en su país y cómo resisten todos los días las más brutales e injustas agresiones internacionales. Es natural que muchos se pregunten, ¿Por qué los hondureños pueden y nosotros no?

Una explicación razonable es que los hondureños se anticiparon a la tragedia porque ya la conocían. Vieron a través de los medios lo que Chávez hizo en Venezuela; y cuando Zelaya quiso convocar una constituyente, reaccionaron a tiempo.

Otra explicación, también válida, es que Zelaya no controlaba el Congreso, ni la Corte; a diferencia de Chávez, que mantiene secuestrados todos los poderes públicos.
Sin embargo, en mi opinión, hay otro motivo más importante, relacionado con la humildad y con la religiosidad del pueblo hondureño.

En julio de este año, cuando visité Tegucigalpa, quedé impresionado con la sencillez y la claridad de los hondureños. Creo que varios factores influyeron para formar ese carácter nacional; entre ellos, la consciencia de sus propias limitaciones económicas; la necesidad de trabajar muy duro para sobrevivir; y el empeño en preservar sus valores familiares y creencias religiosas. Pareciera, además, que el relativismo y el materialismo no han permeado tanto en Honduras, como lo han hecho en Venezuela y en otros países suramericanos.

Los hondureños muestran una gran firmeza y entereza moral a la hora de defender sus principios. Por eso, han sido capaces de tomar decisiones sin titubear y de soportar enormes presiones, incluso de los sectores internacionales más poderosos.

Durante mi permanencia en Honduras, me atreví a comentar que allí me sentía como en la Venezuela rural de mi padre, donde prevalecía la cortesía, la sencillez y la rectitud.

Sin duda, décadas de bonanza petrolera mal administrada han perjudicado a los venezolanos. El materialismo y el consumismo han afectado negativamente el carácter nacional, diluyendo de la memoria colectiva los principios que compartían nuestros antepasados. Diez años de gobierno de Chávez -cargados de cinismo, mentiras y frustraciones- han debilitado aún más nuestros valores. Aunque todo esto no signifique que estemos derrotados.

El testimonio de los hondureños debe suscitar una profunda reflexión en los venezolanos. Es hora de analizar nuestros paradigmas y creencias, para recobrar el camino que perdimos en algún momento de la bonanza petrolera. El ejemplo de ese pequeño país centroamericano puede servirnos de inspiración.

Hoy, más que nunca, es necesario recurrir a las enseñanzas y recomendaciones de nuestro gran guía espiritual, el Cardenal Rosalio Castillo Lara, quien dijo, el 14 de enero de 2006, con motivo del Día de la Divina Pastora:

“Nos encontramos en una situación de extrema gravedad como muy pocas en nuestra historia. Un gobierno elegido democráticamente ha perdido su rumbo democrático y presenta visos de dictadura, donde todos los poderes están prácticamente en manos de una sola persona que los ejerce arbitraria y despóticamente; no para procurar el mayor bien de la nación, sino para un torcido y anacrónico proyecto político: el de implantar en Venezuela un régimen desastroso como el que Fidel Castro ha impuesto a Cuba.”

Castillo Lara luego añadió: “Nuestro Señor Jesucristo ha querido, quizás, darnos una dura lección por nuestras infidelidades, por no haber sabido aprovechar los dones que nos dio de una naturaleza tan fértil y rica, de una población inteligente, trabajadora y generosa, y por no haber ayudado debidamente a los más necesitados y no haber vivido limpiamente nuestra fe cristiana.”

La solución a nuestra crisis no saldrá, pues, de una receta política, o de un acontecimiento electoral, sino de un cambio interno, basado en la recuperación de nuestros valores mas preciados; un cambio que nos proporcione la fuerza y la determinación para enfrentar una dictadura tan perversa y destructora como la que hoy domina a Venezuela.

www.politicaydesarrollo.com.ar, 07-10-2009

APOSTILLAS ACERCA DE LA CONCORDIA


Mario Caponnetto
I.
El pasado 5 de octubre se realizó en Buenos Aires un acto de homenaje a las víctimas del terrorismo subversivo. O, dicho con mayor precisión, a los caídos bajo la acción criminal de la guerrilla marxista que asoló a la Argentina durante casi 30 años (desde 1959 con las primeras incursiones cubanas en el Noroeste hasta 1989 en el asalto al Cuartel de La Tablada).
A igual que en años anteriores, el acto adoptó como lema central el de la concordia; sólo que esta vez el énfasis fue notoriamente mayor. Así quedó reflejado no solamente en la profusa propaganda de los organizadores sino, sobre todo, en uno de los momentos más singulares y tocantes de ese acto que, de hecho, acaparó con exclusividad la atención y el comentario de toda la prensa dejando en el silencio otras cosas que también ocurrieron y se dijeron a lo largo del homenaje y que, tal vez, resultaron tan o más importantes.
Me refiero a la aparición, entre los oradores, de una joven, hija de montoneros desaparecidos, que en los breves minutos de exposición no hizo más que sumarse al clamor de concordia de los organizadores y del numeroso público que cubrió la tradicional Plaza San Martín.

Por informaciones fidedignas de personas que conocen los hechos de primera mano y directamente, he podido saber la historia de esta joven, Eva Donda. Así me enteré de que su familia es una de las tantas familias argentinas a las que la guerra afectó de modo directo con el triste añadido de que algunos de sus miembros estuvieron en un bando y otros en el contrario. Es decir, además del dolor y la muerte, la división familiar. El padre de Eva Donda se alistó en Montoneros y se casó con una también militante de aquella organización; antes de su desaparición, Donda dejó a su pequeña hija a cargo de su propia madre, esto es, la abuela paterna de la oradora, que, al no poder cuidar de la nieta, pues estaba gravemente enferma, la remitió, a su vez, al cuidado de otro hijo suyo (tío de Eva), casado, con cinco hijos, que es miembro de nuestra Marina de Guerra. Así, Eva fue recibida, como una hija más, en casa de su tío quien la educó y la crió. Este tío es, hoy, y desde hace siete años, uno más de los casi seiscientos presos políticos de la abominable tiranía kirchnerista. La historia no termina pues hay, todavía, un ingrediente más: el padre de Eva tuvo, con otra mujer, también montonera, otra hija, una media hermana de Eva, de quien no conozco detalles respecto de su destino y crianza: se trata de Victoria Donda, activista de HIJOS y diputada oficialista.

El breve relato que acabo de realizar basta para darse cuenta de que la joven Eva Donda es todo un símbolo del dolor, la muerte, el luto y la división que la guerra subversiva sembró en nuestra tierra. Si sus palabras fueron sinceras, y nada existe que pueda ponerlo en duda, estamos en presencia de un alma noble pues en vez de revolver el odio y el resentimiento pidió la concordia y extendió su mano, mano, dijo, que permanecerá extendida hasta que alguien quiera tomarla.
En lo que a mí respecta me apresuro a estrechar esa mano. También mi familia está entre las que aportaron su cuota de sangre en la guerra. Sólo que, gracias a Dios, no sufrió el desgarrante añadido de la división. Mi esposa perdió a su padre. Mis hijos se quedaron sin abuelo. Yo perdí a mi maestro y al padre que elegí y adopté. No voy a hacer el relato de los sufrimientos de mi familia. No es de buen gusto. Lo importante es preguntar por qué digo que tomo la mano extendida de Eva. Porque percibo en ella un corazón dispuesto a la concordia, como el mío que, también, por la gracia de Dios, lo está. Y la concordia, bueno es recordarlo, es la recíproca conveniencia de los corazones en lo mismo; la concordia supone, esencialmente, una disposición a la unión de un corazón con otro en cuanto las voluntades de corazones diversos convienen en lo mismo. Se trata, pues, de una disposición efectiva y afectiva que reside en el núcleo más íntimo de nuestra afectividad y que nos remite, primaria y originariamente, a una unión inmediata y personal con el otro.


II.
Dicho esto hay otras cosas, empero que deben ser dichas. De lo contrario, la invocación a la concordia carece no sólo de precisión sino se ve privada, además, de su significado más rico y propio. En efecto, tal como se dijo, la concordia es una primaria disposición de un corazón a convenir con otro corazón en algo mismo. Se trata, todavía, de algo relativo a las personas; es, si se quiere llamarla así, una concordia prepolítica. No es una simple emoción, sin embargo, ni puede reducirse a ella. En tanto disposición de la voluntad (pues aquí el término “corazón” ha de emplearse en el sentido de una moción voluntaria) constituye un requisito necesario pero no suficiente para consolidar, ya en un plano superior, la concordia política que es el fundamento de toda comunidad política civilizada.

Enseña Aristóteles en la Ética, que la concordia pertenece al género de la amistad pues, como comenta Santo Tomás, “corresponde a los amigos el que elijan las mismas cosas en lo que consiste la razón de concordia” (In Ethicorum IX, l 6, 1). ¿Y cuáles son esas mismas cosas que eligen los amigos en función, ahora, de la concordia política? La respuesta de Santo Tomás es muy clara: la concordia no implica la unidad de opiniones pues nada impide que los amigos opinen distinto sobre cuestiones diversas; no se trata, tampoco, de concordar sobre cualquier cosa sino sobre aquello que es provechoso a la Ciudad, es decir, lo que hace al bien de la Ciudad; y añade que la concordia se refiere a cosas grandes, no a nimiedades, y que versa sobre cuestiones tales que puedan convenir a uno y a otro de los que concuerdan o aún a todos, ya sean hombres o ciudadanos de una misma Ciudad (o. c., l 6, 4).

Así pues, la concordia funda la amistad política porque, como bien resalta el propio Santo Tomás, “hay amistad política en torno a lo que es provechoso, a lo que conviene a la vida humana, en torno a lo cual decimos que hay concordia (o. c., l 6, n. 7). Por eso, enseña el Santo Doctor en otro pasaje de su Comentario de la Ética aristotélica, se ha de procurar conservar más la amistad entre los ciudadanos que incluso la misma justicia (no hay la menor alusión a esto que se llama “justicia” hoy en Argentina; estoy citando a un clásico) la que, en ocasiones, ha de ser suspendida a fin de no provocar disensiones: “los legisladores desean sobre todo la concordia y ahuyentan las contiendas entre los ciudadanos, como enemigas de la salud de la Ciudad” (o. c. VIII, l. 1, n 5).

Una cosa más todavía. La concordia exige ser no sólo procurada sino, también, defendida. Un ánimo de concordia no significa tolerar la existencia de quienes conspiran contra ella. Tal tolerancia es un mal enorme y un cerrase el camino a la misma concordia que se busca. Por el contrario, la búsqueda auténtica de la concordia supone el grave deber de procurar el apartamiento de la Ciudad de los perturbadores y enemigos de la amistad política; de esos que, hoy, en nuestra patria, responden a nombres propios y precisos: los cónyuges gobernantes, las gavillas erpianas y montoneras metidas en los entresijos del poder, los defensores de los derechos humanos, los funcionarios corruptos, los jueces prevaricadores, los legisladores venales, los intelectuales de alquiler, los ideólogos destructores de las almas, los educadores que mancillan la inocencia de nuestros niños, los desertores de todas las defensas, y un largo etcétera.

Vuelvo a santo Tomás: “La vida de algunos hombres pestíferos impide el bien común que es la concordia de la sociedad humana. Por tanto, esta clase de hombres han de ser apartados de la sociedad de los hombres” (Summa Contra Gentiles, III, c. 146, 4).
Es interesante, y oportuno, meditar sobre lo que pensaba el más grande Doctor de la Cristiandad de todos los tiempos en tan delicada materia.

Con paz en mi corazón vuelvo a estrechar la mano de Eva y de todos cuantos como ella aspiran con sinceridad a la concordia, en la medida en que ello contribuya a avanzar juntos hacia la concordia política que es el cimiento de la República.
Y que este reclamo de concordia no se confunda con súplica alguna a nadie, ni olvidos indebidos, ni menos como una suerte de “derecho a peticionar ante las autoridades” en momentos en que el Estado ha sido sustituido por una banda de delincuentes.
La concordia no se suplica ni se mendiga. Se construye entre los hombres de buena voluntad. Con la ayuda de Dios.
A Él sí, y sólo a Él, nos dirigimos suplicantes.

Buenos Aires, 8 de octubre de 2009
Festividad de Santa Brígida