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domingo, 2 de agosto de 2026

LEY DE TIERRAS

 

Entre la ley de Inviolabilidad de la propiedad privada y la Soberanía Nacional

 

Por Miguel Angel Troitiño*


La Prensa, 2-8-2026


El debate en el Senado de la Nación del proyecto de ley sobre la “Inviolabilidad de la propiedad privada” nos lleva a reflexionar sobre la importancia de proteger los intereses de la República Argentina.

 

A partir de las iniciativas del gobierno que buscan seducir capitales y atraer inversiones extranjeras para activar el desarrollo y la producción, está claro que el proyecto que se debate busca facilitar al extranjero interesado instalarse y desarrollar su actividad productiva desde nuestro país.

 

El proyecto, en el Capítulo IV titulado Modificaciones a la Ley sobre el Régimen de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales N°26.737 y su modificatoria, busca quitar todos los límites para la adquisición de tierras argumentando en sus considerandos que lo establecido por la ley vigente desde el 2021 “…implicó una limitación irrazonable que, lejos de constituir una verdadera protección, conllevó un condicionamiento y desincentivo de la inversión internacional…”

 

Dentro de la norma propuesta se ordena “Regular la titularidad extranjera sobre la propiedad o posesión de las tierras rurales a fin de resguardar seguridad, defensa y soberanía nacional" (Artículos 28, 30, 31 y 32), dejando claramente expresado que “a los fines de la presente ley se define como seguridad, defensa y soberanía nacional al poder y competencias que la Constitución Nacional asigna al Estado Nacional para autodeterminarse, dictar y aplicar sus propias normas y tomar decisiones dentro de su territorio, sin aceptar la intromisión de otros Estados o poderes externos a fin de resguardar la libertad, la vida y el patrimonio de los habitantes, sus derechos y garantías constitucionales, la integridad de sus recursos e intereses estratégicos, y la plena vigencia de las instituciones del sistema representativo, republicano y federal que establece la Constitución Nacional”.

 

Finalmente, el Artículo 13, respecto a los inmuebles rurales ubicados en zonas de seguridad de frontera, establece que regirán las disposiciones, excepciones y procedimientos del Decreto-Ley N°15.385/44, modificado por la Ley N°23.554 y sus normas complementarias, las cuales definen su protección soberana.

 

Me permito observar que no se expresa nada respecto a aquellos inmuebles rurales que podrían afectar objetivos que se hayan definidos como de valor estratégico, relacionados con la protección de lugares / infraestructuras sensibles que hacen al interés de la Nación.

 

Salvada esta consideración, a mi juicio importante y delicada, el proyecto contempla la protección de los intereses argentinos y la defensa de la soberanía nacional, dejando muy claramente la prohibición de adquisición de tierras por parte de otros estados u organizaciones/sociedades/empresas/individuos, que los representen.

 

Pese a las numerosas críticas y temores que provoca el documento, en mi opinión, el problema es otro, siendo el Estado responsable, como garante de los intereses de la República Argentina y de sus ciudadanos.

 

Existe un gravísimo vacío a partir de la ausencia de normativa que defina nuestra Estrategia Nacional, que ligue a todas las medidas legislativas que ordenan nuestra vida a un propósito ulterior, a una visión de futuro, que oriente nuestro esfuerzo buscando hacer de la Argentina un país mejor.

 

 

No veo a ningún legislador de nuestro Honorable Congreso de la Nación Argentina pensando en el largo plazo y definiendo Políticas de Estado, que hoy no existen. Su formalización obligaría a su cumplimiento.

 

La ausencia de un “ordenador estratégico” provoca el incumplimiento de numerosas normas, y ese es el verdadero riesgo de otorgar plena libertad a extranjeros para la adquisición de tierras argentinas.

 

Un ejemplo son las bases espaciales extranjeras que, si bien en tierras no vendidas sino cedidas por 50 años, una a China, en Bajada del Agrio desde 2018, y otra a la Unión Europea, en Malargüe desde 2012, operando en territorio argentino, ambas responden a intereses estatales extranjeros, vulnerando la ley que se pretende modificar, al restringir sensiblemente el acceso de científicos y funcionarios argentinos a las mismas.

 

Es curiosa la preocupación por este proyecto de ley cuando ya aproximadamente el 25% de nuestro territorio soberano está usurpado por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, y los “ocupas” cobran pingues ganancias por permisos de pesca, se encuentran a poco tiempo de empezar a hacer realidad sus negocios petroleros y desarrollan actividades de apoyo logístico antártico y de turismo, y a nadie se le ocurre un plan para comenzar a desbaratarlo.

 

Es realmente preocupante cuando nuestras pretensiones soberanas sobre la Antártida no son acompañadas de acciones decididas para demostrar que lo que afirmamos realmente lo queremos, y no me refiero a un mapa bicontinental que sólo tiene vigencia para nosotros, sino a presupuestos acordes para activar proyectos que esperan ser desarrollados, como el del Polo Logístico Antártico, pensado desde hace más de 35 años. No veo a nadie preocupado porque otros, desde el extranjero, que compiten por lo que consideramos nuestro, lo llevan a cabo frente a nuestras narices.

 

O cuando nos activamos con este proyecto de ley y nos ponemos en el rol de defensores de la Patria porque habilitamos a que extranjeros compren terrenos sin límite, cuando el país se hizo grande por aquellos extranjeros que vinieron a radicarse. No perderemos la Patria por ellos, la perderemos por nosotros si no definimos qué futuro queremos de nuestro país y cómo lo haremos realidad.

 

¡Cuántas comisiones legislativas! Pero no tienen idea de lo que significa la Integralidad Estratégica. Cada uno atiende su juego que, por cierto, no entiende lo que atiende el otro.

 

SOBERANIA

 

La Soberanía Nacional, es tan importante para nuestro país que debería tener una Política de Estado específica, por tres motivos:

 

1) La usurpación de aproximadamente el 28% de nuestro territorio por parte del Reino Unido de Gran Bretaña, que involucra gran parte del Océano Atlántico Sudoccidental, y que condiciona nuestra proyección a la Antártida, su control y el aprovechamiento de los recursos que provee.

 

2) Las pretensiones soberanas de Argentina sobre la Antártida, que requieren acciones más decididas para fortalecer nuestra aspiración.

 

3) La protección de los espacios vacíos y su riqueza, que son enormes y sin atención, y que se ven vulnerables al interés de otros.

 

Sí el tercer motivo refiere a aquel territorio por el que estamos preocupados, fundamentalmente identificado con la Patagonia, al cual deberíamos proteger a través de una seguridad estratégica creíble, y atender, desarrollar y conectar con el mar, mediante una solución integral basada en un plan demográfico y el desarrollo de 4 Hubs:

 

1) Energético: gas y petróleo, pero no sólo de Vaca Muerta, sino del resto de los yacimientos off shore y del interior del territorio; pero también minerales críticos, nódulos polimetálicos, entre otros.

 

2) Pesca: copando el mercado del Atlántico Sudoccidental, generando industria asociada y valor agregado en tierra, para exportar al mundo.

 

3) Logístico antártico: basado en las ciudades de Río Grande y Ushuaia, Provincia de Tierra del Fuego, consistente en el desarrollo de un Polo Logístico Combinado, para absorber todas las necesidades antárticas, con un concepto de uso múltiple, equilibrado, sustentable y combinado entre ambos puertos.

 

4) Tecnológico: basado en centros de desarrollo de inteligencia artificial y tecnología cuántica, aprovechando la ciencia y tecnología propia desde, por ejemplo el Instituto Balseiro, entre otros, e inversiones privadas.

 

Todo ello, en el marco de un Plan Integral de Futuro, estratégico y a largo plazo, sostenido por un verdadero cambio de actitud, entendiendo que para ganar lo que uno merece, debe salir a buscarlo de manera inteligente y organizada. Ese cambio de actitud nos debe llevar a competir por el liderazgo y el control de la economía en el Atlántico Sudoccidental.

 

Recién, al observar esta inquietud en quienes conducen la República, se podrá entender que están pensando seriamente en el futuro de nuestro país y en el de sus ciudadanos. El problema no es la norma, sino el que la tiene que hacer cumplir.


*Capitán de Navío (R)

viernes, 19 de junio de 2026

LA GUERRA ES UN MAL


 pero el pacifismo católico lo agrava

 

Riccardo Cascioli

Brújula cotidiana, 19_06_2026

 

 

Con el inicio de la guerra israelí-estadounidense contra Irán, en el mundo católico se ha intensificado el debate en torno al tema de la llamada “guerra justa”, con posturas que oscilan entre el pacifismo absoluto y la justificación de cualquier guerra que se plantee en defensa de Occidente.

 

Pero es curioso que en este debate cuesta mucho partir de las cuatro condiciones establecidas por el Catecismo de la Iglesia Católica para una legítima defensa armada, que son las únicas condiciones por las que una guerra puede justificarse, a saber:

 “que el daño causado por el agresor a la nación o a la comunidad de naciones sea duradero, grave y cierto; que todos los demás medios para ponerle fin se hayan revelado impracticables o ineficaces; que existan condiciones fundadas de éxito; que el recurso a las armas no provoque males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar. En la evaluación de esta condición tiene un peso enorme la potencia de los medios modernos de destrucción”.

 

Más adelante profundizaremos en el “justificacionismo”. En este artículo de hoy, en cambio, merece la pena detenerse en la deriva pacifista que hoy, gracias también al pontificado de Francisco, prevalece en la Iglesia y que, en sus formas más radicales, pretendería condenar incluso la existencia de los ejércitos. Ya hemos tenido ocasión de refutar, con el Magisterio, ciertas tesis expresadas, por ejemplo, con motivo del desfile militar celebrado en Italia el pasado 2 de junio.

 

Sin embargo, es importante señalar un error que está en el origen de ciertas derivas y malentendidos en torno a la cuestión de la guerra. El pacifismo, con su pretensión de un mundo sin armas, sin agresores ni agredidos, fundado en la mera voluntad del hombre, es una utopía que niega una realidad ineludible: el pecado original. Efectivamente, porque la guerra es la consecuencia del pecado contra Dios y, por lo tanto, como advierte la Constitución pastoral Gaudium et Spes, “los hombres, en cuanto pecadores, están y estarán siempre bajo la amenaza de la guerra hasta la venida de Cristo” (n.º 78). Por eso, la idea de un mundo sin guerras o sin amenaza de guerras es una utopía peligrosa que tal vez resulte comprensible en John Lennon, pero mucho menos cuando la proclaman los pastores de la Iglesia.

 

El compromiso para evitar las guerras o, mejor dicho, por la paz, es algo completamente diferente. Pero significa una sola cosa: la conversión a Cristo. La paz —advierte el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia— “lejos de ser una construcción humana, es un don divino supremo ofrecido a todos los hombres, que implica la obediencia al plan de Dios” (n.º 489).

 

El pretexto que muchos esgrimen es “el poder de los medios modernos de destrucción”, por decirlo con palabras del Catecismo, para negar la mera posibilidad de justificar una guerra. Así lo ha escrito también el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, afirmando que hoy “es muy difícil sostener los criterios racionales madurados en otros siglos para hablar de una posible ‘guerra justa’”. Sin embargo, el Catecismo considera la existencia de las armas de destrucción masiva como un elemento adicional de reflexión y prudencia en torno a la decisión de intervenir militarmente para defenderse, y no, desde luego, como la negación de la posibilidad de una legítima defensa.

 

El hecho de que las situaciones contingentes cambian puede llevar a detallar aún más la doctrina de la legítima defensa, pero no puede modificar sus criterios. Un ejemplo de ello son las intervenciones al respecto de Juan Pablo II y Benedicto XVI. El primero, teniendo en cuenta a principios de los años 90 del siglo pasado las atrocidades que se estaban produciendo en la guerra en los Balcanes, introdujo el concepto de “ingerencia humanitaria”, definiéndola como “un deber y un derecho (…) para desarmar a quien quiere matar. Esto no es favorecer la guerra, sino impedirla”.

 

Obviamente, también este principio tiene sus condiciones, que Juan Pablo II aclaró en el mensaje para la Jornada de la Paz del 1 de enero de 2000: las acciones para desarmar al agresor “deben estar circunscritas en el tiempo y ser precisas en sus objetivos, llevarse a cabo en pleno respeto del derecho internacional, estar garantizadas por una autoridad reconocida a nivel supranacional y, en cualquier caso, no dejarse nunca en manos de la mera lógica de las armas” (n.º 11). Posteriormente, Benedicto XVI, en su importante discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas del 18 de abril de 2008, retomó el concepto refiriéndose a la “responsabilidad de proteger” (para un análisis más detallado de este tema, véase La Bussola mensile n.º 29, abril de 2026). Por lo demás, como explica también el Compendio de la Doctrina Social, “el derecho al uso de la fuerza con fines de legítima defensa va unido al deber de proteger y ayudar a las víctimas inocentes que no pueden defenderse de la agresión” (n.º 504).

 

Precisamente esta precisión nos brinda la oportunidad de señalar un malentendido típico del pacifismo, incluido el católico: a saber, la confusión o incluso la equiparación entre el uso de la fuerza y la violencia. Son dos conceptos que deben mantenerse bien diferenciados, porque el uso de la fuerza, en ciertos casos, no solo es legítimo, sino incluso obligatorio (como ya se ha explicado anteriormente), mientras que la violencia, la intención de destruir vidas humanas o la indiferencia ante ello nunca son justificables. “La violencia es mala, la violencia como solución a los problemas es inaceptable, la violencia es indigna del hombre —decía Juan Pablo II durante su viaje a Irlanda en 1979—. La violencia es una mentira, pues es contraria a la verdad de nuestra fe, a la verdad de nuestra humanidad. La violencia destruye aquello que pretende defender: la dignidad, la vida y la libertad de los seres humanos”.

 

Y esto también es válido en tiempos de guerra, en los que hay que hacer todo lo posible para garantizar lo antes posible las condiciones de la paz y en los que no se suspende el derecho humanitario y —como subraya de nuevo la Gaudium et Spes— “no todo se vuelve lícito entre los beligerantes cuando, por desgracia, la guerra ya ha estallado” (n.º 79).

 

Por lo tanto, se puede sostener sin duda alguna que la mayoría de las guerras actuales no son justas; también cabe debatir si ciertas defensas de las fronteras nacionales respetan realmente todas las condiciones para una auténtica legítima defensa. Sin embargo, lo que es contrario a la visión católica es este pacifismo imperante en la Iglesia que, por un lado, predica el desarme total (a ser posible, unilateral) y, por otro, paradójicamente, acaba apoyando a regímenes sanguinarios y violentos.

(continuará)

miércoles, 6 de mayo de 2026

MUERTOS CIVILES


La Prensa, 04.05.2026

 

Señor Director:

 

El Jefe del Estado Mayor del Ejército acaba de disponer, mediante una simple resolución basada en hechos ocurridos hace 50 años, la baja de 34 oficiales del Ejército, condenados y presos en las causas denominadas de “lesa humanidad”.

 

Hay condenas que no figuran en sentencia alguna, pero que se imponen y ejecutan con una eficacia implacable. La baja de 34 militares -presentada como un acto administrativo más- encierra una forma de muerte jurídica: la conversión de personas en “muertos civiles”. El derecho civil enseña que la persona se define por ciertos atributos esenciales: nombre, capacidad, domicilio, estado civil, patrimonio y nacionalidad. No es una enumeración caprichosa; es la estructura misma de la personalidad jurídica. Quitar uno de esos pilares no es un detalle técnico: es despojar a alguien de una parte de su humanidad. Y no se trata aquí de una poda menor, sino de la inicua confiscación del patrimonio de personas que han hecho aportes durante 40, 50 o más años, dejándolas sin sustento en la etapa más vulnerable de sus vidas.

 

A la supresión del haber de retiro se añade, en muchos casos, la pérdida de los servicios de la obra social. Es decir, se los priva no sólo de los recursos para vivir, sino también del cuidado de su salud cuando más lo necesitan. La vejez, que debería ser tiempo de amparo, se convierte así en brutal condena a vivir a la intemperie.

 

Frente a esto, la solución institucional oscila entre la frialdad burocrática y una ironía difícil de digerir. Un abogado del IAF, ante el reclamo de un militar despojado de su retiro, sostuvo que éste “pretende vivir cómodamente en su hogar pudiendo hacerlo en el sistema carcelario”, sugiriendo incluso que “bien podría el actor volver al sistema carcelario”, en vez de insistir en su derecho. La respuesta no sólo es de una refinada crueldad, sino que revela una concepción en la que el castigo no tiene límite ni proporción, como si la pena nunca fuera suficiente y su finalidad la anulación total de la persona.

 

Esto, en verdad, no es derecho ni justicia. La ley 19.101, en su artículo 20, prevé consecuencias para el personal militar condenado, pero su aplicación no puede desentenderse de principios elementales: la razonabilidad de las sanciones, la protección de derechos adquiridos, la dignidad humana. Este artículo establece que “la baja se produce por… condena emanada de tribunales comunes o federales, a penas equivalentes a las que en el orden militar lleven como accesoria la destitución”. Pero esa equivalencia hoy es, sencillamente, inexistente. El Código de Justicia Militar fue derogado, y con él desapareció el parámetro normativo al que la ley remite. Se aplica así una consecuencia grave apoyándose en una referencia que ya no tiene contenido jurídico real. La norma se invoca, pero su presupuesto ha sido vaciado. Y en ese vacío, lo que debería ser derecho se convierte en discrecionalidad.

 

En este escenario el desempeño de los jueces resulta decisivo. Sin embargo, lejos de erigirse como un límite frente a estos excesos, demasiadas veces optan por la comodidad de convalidarlos. Y no se trata de pedirles que actúen con heroísmo, sino de algo elemental, esto es, la voluntad de aplicar el derecho sin temor ni oportunismo. Cuando eso falta, la ley deja de ser un refugio para convertirse en un instrumento de demolición.

 

La paradoja es evidente. En un extremo, personas que dedicaron su vida al cuidado y defensa de la nación, se ven privadas por el Estado de sus medios de subsistencia y de la cobertura de su salud. En el otro, quienes integraron organizaciones terroristas que atentaron contra esa misma nación, reciben indemnizaciones millonarias.

 

Ese mismo Estado es el que ahora los da de baja del Ejército, humillándolos hasta el extremo, además de dejarlos en la indigencia. Todo ello después de haberlos mantenido encarcelados durante años, víctimas del escandaloso prevaricato en que incurrieron a mansalva jueces cobardes y corruptos, ejecutores de una política de odio y venganza como no se ha visto en ningún país civilizado, para vergüenza de los argentinos.

 

ALBERTO SOLANET Y JUAN ANTONIO VERGARA DEL CARRIL

 

(Presidente y Secretario -respectivamente- de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia)

martes, 18 de noviembre de 2025

LOS RUSOS


 van con todo antes del invierno

 

Por Gabriel Camilli

La Prensa,  16.11.2025

 

Decíamos en nuestro artículo publicado en La Prensa (4-6-2023): “¿Y después de Bakhmut? ¿Qué piensa el realismo ofensivo?. John Mearsheimer, célebre estudioso de las relaciones internacionales, pronunció recientemente un discurso (pueden encontrarlo en YouTube) sobre la guerra en Ucrania ante el Comité por la República. Allí, Mearsheimer destacó dos puntos principales:

 

* Ucrania no puede ganar esta guerra porque la tasa de muertes está en su contra. Mearsheimer estima que dos ucranianos mueren por un soldado ruso, pero dice que muchos de sus amigos piensan que la proporción es más como 3:1 o 4:1. Ello sería así en razón de la guerra estática, al estilo de la Primera Guerra Mundial, que es la predominante en los últimos tipos en Ucrania y en donde la artillería es el arma más mortífera. Rusia tiene una inmensa ventaja artillera. Durante una ofensiva, el atacante suele tener más bajas que el defensor. Pero en esta etapa de la guerra, el lado ucraniano intentó contraataques la mayor parte del tiempo mientras los rusos defendían.

 

* Ucrania, además, tiene una población mucho más pequeña que Rusia. La proporción actual es de alrededor de 5 rusos por 1 ucraniano. Con una población mucho más pequeña y muchas más bajas, Ucrania se quedará sin recursos humanos mucho antes que Rusia”. Esto decíamos en 2023, hoy es una realidad.

 

Algunos analistas occidentales serios afirman que, a pesar de la ayuda occidental, la disparidad económica, militar y demográfica en favor de Rusia sigue siendo abrumadora. La economía rusa se encuentra mayormente intacta, a pesar de las sanciones económicas impuestas, y posee un mayor potencial de movilización. Las contraofensivas exitosas de Ucrania en los años pasados se dieron en condiciones de coyuntura muy favorables, que difícilmente se puedan repetir en el futuro.

Por otra parte, la capacidad de la industria militar occidental para abastecer a Ucrania de municiones y sistemas de armas indispensables se encuentra en estado crítico.

 

Como hemos dicho desde La Prensa en reiteradas oportunidades hablando acerca de “La Niebla de la Guerra”, conscientemente o no, la prensa occidental en general y algunos líderes políticos están abrazando de manera acrítica una narrativa sesgada hacia uno de los dos bandos en conflicto. No hay, a menudo siquiera un atisbo de análisis serio ni un intento por entender las razones por las cuales los rusos podrían tener una perspectiva muy distinta de las causas de la guerra.

 

A diario escuchamos y vemos demasiadas analogías inexactas con la Segunda Guerra Mundial que pretenden convertir a Vladimir Putin en Adolfo Hitler, y a Volodimir Zelenzki en Winston Churchill, y plantear el conflicto en términos esencialistas y existenciales, en donde toda la virtud se encontraría claramente de un lado y toda la maldad del otro.

 

Para estos sectores poco objetivos, Rusia es un estado criminal que debe ser "llevado a la justicia" de alguna manera, como si una repetición de la capitulación incondicional de Alemania en 1945 fuese un escenario realista para Rusia hoy. Creemos que no lo es, al menos no sin antes pelear una Tercera Guerra Mundial contra la mayor potencia nuclear del planeta.

 

Recordando a Clausewitz (siempre útil para estos análisis) “...Cada cosa es simple en la guerra, pero la más simple, es dificultosa. Las dificultades se acumulan y terminan produciendo una especie de fricción que es inconcebible a menos que se haya experimentado la guerra.” Y esto es así, no admite análisis simples y superficiales. (Como los que abundan…).

 

LA REALIDAD DE LA GUERRA

Mientras se intensifican los combates en la ciudad oriental de Pokrovsk, y las tropas rusas ya han penetrado en algunos distritos del centro logístico clave en la región del Donbás, el presidente Volodymyr Zelensky parece estar en negación.

 

“Putin se encuentra en un punto muerto en lo que respecta a éxitos reales en el campo de batalla. La situación se asemeja más a un estancamiento para él”, escribió Zelensky. Añadió: “Primero, ha radicalizado la opinión pública respecto a este tema mediante la desinformación. Segundo, prometió objetivos que no ha alcanzado, por lo que necesita demostrar algunos logros”. Ha dicho el presidente ucraniano en su cuenta de X.

Pero el portavoz del Kremlin, Dimitry Peskov, respondió diciendo que, si bien Rusia desea que el conflicto en Ucrania termine lo antes posible, solo se ha estancado la perspectiva de las negociaciones de paz, y que la situación "no se ha estancado por nuestra culpa".

 

Mientras tanto, el Moscow Times, con sede en Ámsterdam, pinta un panorama desolador para Ucrania: “Analistas militares occidentales afirman que las tropas rusas han avanzado progresivamente hacia las afueras meridionales de Pokrovsk, debilitando las defensas ucranianas y aprovechando el empeoramiento del clima de finales de otoño para acercar hombres y equipo al frente”, señala el informe. “La lucha, añaden, se ha convertido en una extenuante guerra de desgaste que ha diezmado a las unidades ucranianas”. Un soldado ucraniano declaró recientemente que "el principal problema es la logística", ya que "las carreteras están completamente bloqueadas por drones rusos. Ningún vehículo puede entrar o salir de la ciudad sin ser detectado inmediatamente".

 

IMPORTANCIA DE POKROVSK

Durante la mayor parte de la guerra, Pokrovsk funcionó como centro logístico y base de operaciones de retaguardia para las líneas defensivas orientales de Ucrania. Se ubica estratégicamente en un importante nudo ferroviario y en la carretera que conecta con Dnipro, la cuarta metrópolis más grande de Ucrania.

La pérdida de las principales líneas ferroviarias y carreteras de acceso a Pokrovsk reduciría los recursos de las unidades ucranianas al otro lado del Donbás y posiblemente las obligaría a retirarse antes de quedarse sin suministros. Esto implicaría un avance ruso inmediato y arrollador a lo largo de todo el frente oriental.

Las posiciones defensivas de la ciudad constituyen el último obstáculo para el acceso de Rusia a la mayor parte de la región. Si Pokrovsk cae, las fuerzas rusas podrán flanquear con mayor facilidad a las tropas atrincheradas en el norte y el sur del país.

 

SITUACION OPERATIVA

Asi nos explica la Situación Operativa, el coronel (R) del Ejército Argentino Fernando Duran: “Rusia mantiene su Esfuerzo Operacional Principal Ofensivo en dirección a Pokrovsk con la finalidad de aniquilar a fuerzas ucranianas en dicha ciudad y generar las condiciones para, luego finalizada esta tarea, atacar en dirección a Kramatorsk-Sloviansk.”

 

Sigue el informe: “Apoyan este Esfuerzo Operacional Principal, los Esfuerzos Operacionales Secundarios de los Comando Operacional Este y Sur. El Comando Operacional Este en el sur de Pokrovsk, ha penetrado profundamente en Dniepropetrovsk y Zaporizhia, se encuentra atacando en dirección a Gulyaipole para proteger el flanco sur del Esfuerzo Operacional Principal y posteriormente o bien continuar la ofensiva hacia el eje Orekhov - Zaporizhia o bien el eje Orekhov - Pavlograd. El Comando Operacional Sur, en el norte de Pokrovsk, posee 2 ejes de avance, uno en dirección a Siversk y el otro hacia Konstantinivka, siendo este último el que aprecio como ataque principal. Ambos ejes constituyen un Esfuerzo Operacional Secundario Ofensivo para proteger al Esfuerzo Operacional Principal en dirección a Pokrovsk de los contraataques que podrían lanzar los ucranianos desde Kramatorsk - Sloviansk. Es probable que luego de la destrucción de las fuerzas ucranianas en Pokrosvk el Comando Operacional Sur se transforme en Esfuerzo Operacional Principal y el Comando Operacional Centro en Secundario. El Comando Operacional Norte busca establecer una zona de amortiguación entre Chernigov - Sumy - Kharkov en ucrania y Briansk - Kursk - Belgorod en Rusia”.

 

Agrega Duran: “El Esfuerzo Operacional Secundario Naval en el cual Rusia disputa el control del noroeste del Mar Negro y ejecuta fuegos operacionales desde dicho mar con dos Fuerzas de Tareas Navales de seis y cinco buques, dos o tres submarinos operando en los mares Negro, Azov y Caspio y elementos de Operaciones Especiales. En el Dominio Aeroespacial: Rusia se encuentra desarrollando una Ofensiva Contra Aérea al este del Dnieper y en Kursk, destruyendo sistemas de defensa aérea, bases aéreas y aeronaves, logrando la superioridad aérea en esa zona mientras disputa la misma al oeste del citado río. Por otro lado los elementos aeroespaciales asignados a los comandos operacionales ejecutan Apoyo de Fuego Aéreo Cercano, Interdicción Aérea Táctica o Neutralización de la Defensa Aérea Enemiga (SEAD).Todo esto apoyado por fuegos operacionales con el propósito de aislar el campo de combate mediante el ataque a concentraciones de tropas fuera de la zona de combate del Teatro de Operaciones, infraestructura ferroviaria, bases aéreas, infraestructura energética e industrias de defensa, siendo este último, en especial el de producción de armas de largo alcance el Blanco de Alto Valor prioritario para los fuegos operacionales rusos.

 

A MODO DE CIERRE

Para terminar y volviendo al ya citado video de Mearsheimer, el académico dice allí: “Espero que Rusia, que ya ha incorporado cuatro provincias ucranianas más Crimea, podría tomar cuatro provincias más de Ucrania”. (Predijo esto el 24 de febrero de 2022, el día en que comenzó la guerra). Esos ocho oblasts, más Crimea, han sido históricamente tierras rusas habitadas por rusos y durante los últimos treinta años, han votado consistentemente por candidatos prorrusos, mientras que la población de Ucrania Occidental ha optado constantemente por candidatos anti-rusos. Según este autor: “Ucrania eventualmente se convertirá en un estado disfuncional (y pobre).”

 

Mearsheimer comentaba que no habría acuerdo de paz en Ucrania. “La guerra es vista por ambos lados como existencial. Ucrania insiste en retomar el territorio que considera parte del país y quiere garantías de seguridad de ´Occidente´ a las que se opone Rusia. El problema del hipernacionalismo (tildado de fascismo por los rusos) del lado ucraniano también hace imposible la paz. Luego está el problema de que Rusia, después de haber sido engañada con los Acuerdos de Minsk, no tiene fe en ninguna palabra 'occidental'”.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­

domingo, 21 de septiembre de 2025

VIRGEN DE LUJÁN: COMANDANTE GENERALA

 

Dcreto 675/25


Ciudad de Buenos Aires, 18/09/2025

 

VISTO el Expediente N° EX-2025-20388934-APN-DIPLAODOC#GNA, lo informado por el entonces Director Nacional de Gendarmería y lo propuesto por el MINISTERIO DE SEGURIDAD NACIONAL, y

 

CONSIDERANDO:

 

Que la devoción a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, fue reconocida por la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana, tiene significado singular para los habitantes de la REPÚBLICA ARGENTINA y está presente en la historia y la identidad de los integrantes de la GENDARMERÍA NACIONAL ARGENTINA.

 

Que en el año 1958, el entonces Vicario de las FUERZAS ARMADAS solicitó ante la SANTA SEDE, conforme a las normas imperantes, se proclame el Patronazgo de Nuestra Señora la Santísima Virgen María sobre las FUERZAS ARMADAS de la Nación Argentina.

 

Que la Secretaría de Estado de la SANTA SEDE admitió, en 1958, la súplica referente al Patronazgo de la Santísima Virgen, con distintas advocaciones, sobre el Vicariato Castrense y las diversas Armas Argentinas.

 

Que en el año 1975, el arzobispo de la entonces Ciudad de Buenos Aires y por solicitud del Director Nacional de Gendarmería declaró que la Patrona de la entonces GENDARMERÍA NACIONAL debe ser Nuestra Señora de Luján.

 

Que conforme a la arraigadísima devoción a la Madre de Dios, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján por parte del cuadro Superior y Subalterno de la citada Fuerza, no hay elemento de la GENDARMERÍA NACIONAL ARGENTINA que no tenga entronizada y no sea venerada una imagen suya, provocando en sus hombres y mujeres una energía moral suficiente para una mayor entrega al servicio en el cumplimiento de su deber.

 

Que el entonces y el actual Obispo Castrense respaldaron la iniciativa de honrar a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján con el rango de Comandante General.

 

Que las FUERZAS ARMADAS han honrado a sus Santos Patronos con el grado máximo en la categoría de Personal Superior, en consecuencia deviene necesario reconocer a Nuestra Señora de Luján como Comandante Generala de la GENDARMERÍA NACIONAL ARGENTINA.

 

Que la Dirección de Asuntos Jurídicos de la GENDARMERÍA NACIONAL ARGENTINA y la DIRECCIÓN GENERAL DE ASUNTOS JURÍDICOS del MINISTERIO DE SEGURIDAD NACIONAL han tomado la intervención que les compite.

 

Que la presente medida se dicta en uso de las atribuciones conferidas por el artículo 99, inciso 1 de la CONSTITUCIÓN NACIONAL.

 

Por ello,

 

EL PRESIDENTE DE LA NACIÓN ARGENTINA

 

DECRETO:

 

ARTÍCULO 1°.- Reconócese a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Luján, con la jerarquía de Comandante Generala de la GENDARMERÍA NACIONAL ARGENTINA.

 

ARTÍCULO 2°.- El Jefe de la GENDARMERÍA NACIONAL ARGENTINA adoptará las medidas necesarias relativas a la entronización y honores militares pertinentes.

 

ARTÍCULO 3°.- Comuníquese, publíquese, dese a la DIRECCIÓN NACIONAL DEL REGISTRO OFICIAL y archívese.

 

MILEI - Patricia Bullrich