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miércoles, 29 de octubre de 2025

REUNIÓN DE EMERGENCIA


Ámbito, 29 de octubre 2025

 

El gobierno de Brasil convocó a una reunión de emergencia con las autoridades de Río de Janeiro luego de la operación policial “Contención”, que dejó al menos 64 muertos y 81 detenidos. El operativo, considerado el más letal en la historia de la ciudad, desató un fuerte cruce político entre el gobierno federal y el estadual.

 

Los ministros Rui Costa (Casa Civil) y Ricardo Lewandowski (Justicia y Seguridad Pública) se reunirán este miércoles con el gobernador Cláudio Castro para analizar las consecuencias del operativo. La acción, llevada a cabo en los complejos de Alemão y Penha, movilizó a 2500 efectivos y desató una ola de violencia que paralizó la ciudad.

 

El gobierno federal, encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva, negó haber sido consultado sobre la realización de la operación. “No hubo cualquier consulta o pedido de apoyo por parte del gobierno estadual de Río de Janeiro”, aclaró el Ejecutivo en un comunicado. Según la Agencia Brasil, el ministro Lewandowski también confirmó que no recibió ninguna solicitud de colaboración de Castro.

 

Un operativo de alto impacto

Durante la intervención, la policía decomisó 72 fusiles, media tonelada de drogas y detuvo a más de 80 personas. En respuesta, el gobernador Castro, aliado del expresidente Jair Bolsonaro, difundió un video donde se ve un dron lanzando un proyectil. “Es así como la policía de Río de Janeiro es recibida por los criminales: con bombas lanzadas por drones. (...) Es narcoterrorismo”, denunció.

 

La operación, dirigida contra el Comando Vermelho, un poderoso grupo del narcotráfico con conexiones internacionales, provocó escenas de caos: más de 50 autobuses fueron incendiados o utilizados como barricadas, el metro colapsó y decenas de escuelas suspendieron las clases.

 

La violencia generó conmoción dentro y fuera de Brasil. La Oficina de Derechos Humanos de la ONU expresó estar “horrorizada” por la masacre y recordó las obligaciones del país bajo las leyes internacionales. Desde Human Rights Watch, su director en Brasil, César Muñoz, advirtió: “Una operación policial que resulta en la muerte de más de 60 habitantes y policías es una enorme tragedia”.

 

Por su parte, Amnistía Internacional y otras 30 organizaciones de la sociedad civil afirmaron que la operación “expone el fracaso” de las políticas estatales de seguridad y “pone a la ciudad en un estado de terror”.

 

Qué es el Comando Vermelho, el grupo protagonista de la extrema violencia en Brasil

El Comando Vermelho (CV) es uno de los grupos criminales más antiguos y notorios de Brasil. Surgió en la década de 1970 dentro de las cárceles de Río de Janeiro con la idea inicial de proteger los derechos de los presos y crear una “sociedad de apoyo mutuo” en medio del hacinamiento penitenciario.

 

Con el tiempo, la organización evolucionó hacia el narcotráfico, los robos a mano armada y otros delitos, hasta convertirse en una de las fuerzas criminales más poderosas de la ciudad. Durante los años 90, llegó a controlar alrededor del 90% de las favelas de Río de Janeiro, y hoy sigue siendo una pieza central en la guerra por el tráfico de drogas en Brasil.

 

El Comando Vermelho no actúa solo: mantiene relaciones tácticas con otras facciones como el Primer Comando de la Capital (PCC), con el que a veces colabora para optimizar rutas de transporte de drogas y armas, y compite con grupos rivales como Terceiro Comando Puro (TCP) y Amigos dos Amigos (ADA). Estas alianzas y conflictos han generado una violencia extrema, con enfrentamientos que incluyen homicidios, decapitaciones y torturas.

 

En los últimos años, la facción también ha incursionado en negocios tecnológicos. En colaboración con aliados, llegó a desarrollar la aplicación de transporte Rotax Mobili, diseñada para desplazar a plataformas legítimas y garantizar que los conductores obedecieran las reglas de las pandillas, como atravesar barricadas sin riesgo de represalias.

miércoles, 21 de mayo de 2025

RIESGO DEL CANNABIS

 

Expertos en EEUU alertan sobre el aumento de casos de un extraño síndrome relacionado con el consumo de cannabis

 

Osvaldo Ortiz

Infobae, 20 de mayo de 2025

 

El síndrome de hiperemesis cannabinoide (CHS ), un trastorno gastrointestinal vinculado al uso prolongado de cannabis, se está volviendo cada vez más común. Caracterizado por episodios recurrentes de náuseas intensas, vómitos recurrentes y dolor abdominal, esta condición provocó que las hospitalizaciones relacionadas se hayan duplicado entre 2017 y 2021 en Estados Unidos y Canadá.

 

El aumento de la somnolencia eleva el riesgo de demencia en mujeres mayores

 

Según detalla National Geographic, el descubrimiento genera una paradoja médica: el cannabis, que tradicionalmente se utiliza para aliviar las náuseas, también puede desencadenar episodios severos de malestar gastrointestinal en algunos consumidores.

 

Aumento de casos y datos estadísticos.

El CHS fue descrito por primera vez en 2004 por médicos de Australia. Actualmente afecta a unos 2,75 millones de personas al año solamente en Estados Unidos. De acuerdo con un estudio publicado en por JAMA, las visitas a salas de emergencia relacionadas con este síndrome se duplicaron en Norteamérica.

 

La tendencia alza se atribuye, en parte, a la legalización y mayor acceso al cannabis en diversas regiones. Una investigación del Journal of Clinical Gastroenterology comparó hospitalizaciones por CHS en un hospital de Massachusetts (Estados Unidos) antes y después de la legalización estatal del cannabis, y encontró un aumento significativo en los ingresos hospitalarios por esta causa.

 

Otro factor relevante es el incremento en la potencia del cannabis disponible actualmente. Deepak Cyril D'Souza, profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de Yale, señaló: “El cannabis que está disponible ahora es mucho más potente que hace 30 años”. Mientras que en la década de 1960 la concentración de THC (principal componente psicoactivo), oscilaba entre el 2 y el 4%, hoy puede alcanzar entre el 18 y el 35% o más.

 

Síntomas y características del síndrome.

El síndrome de hiperemesis cannabinoide se manifiesta principalmente a través de episodios recurrentes de náuseas, vómitos intensos y dolor abdominal severo. Un rasgo distintivo es la compulsión por tomar baños o duchas calientes, que los pacientes describen como una forma temporal de aliviar el malestar.

 

María Isabel Angulo, profesora asistente de medicina interna y pediatría en la Universidad de Illinois en Chicago, explicó a National Geographic que “esto puede ser una condición grave, que puede causar complicaciones si no se trata”.

 

Los síntomas suelen presentarse en ciclos, con períodos de malestar intenso seguidos de intervalos sin síntomas. Durante las crisis, los afectados pueden llegar a bañarse varias veces al día en busca de alivio, lo que sugiere la posible implicación del hipotálamo, la región cerebral que regula la temperatura corporal.

 

Factores de riesgo y perfil de afectados

El principal factor de riesgo para desarrollar CHS es el consumo frecuente y prolongado de cannabis, definido como el uso casi diario o varias veces al día durante años. Según una revisión de 271 casos realizada en 2019, la edad promedio de aparición del síndrome es de 30 años y el 69% de los afectados son hombres. Además, el tiempo medio de uso antes de la aparición de los síntomas era de 6,6 años.

 

No obstante, la mayoría de los consumidores habituales de cannabis no desarrollan CHS. Christopher N. Andrews, profesor clínico de gastroenterología en la Universidad de Calgary, indicó: “La forma de hacer el diagnóstico es dejar el cannabis, probando retrospectivamente que era la causa”. El síndrome puede aparecer en cualquier momento y no se presenta de manera constante, sino en ciclos.

 

Explicaciones científicas y teorías sobre la causa.

Aunque el mecanismo exacto detrás del síndrome aún no se comprende completamente, los expertos consideran que el sistema endocannabinoide del cuerpo podría desempeñar un papel clave. Este sistema regula funciones como la memoria, la percepción del dolor y la respuesta inmune, y está compuesto por receptores cannabinoides presentes en el cerebro y el tracto gastrointestinal.

 

Andrews sugirió que el trastorno podría estar relacionado con un desequilibrio en el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal, que regula la respuesta al estrés. El consumo de cannabis podría alterar este equilibrio y desencadenar los síntomas.

 

Además, se baraja la posibilidad de una predisposición genética, y se observa que la depresión y la ansiedad son frecuentes entre quienes padecen el síndrome. “El mayor sospechoso es la falta de sueño y el estrés intenso”, explicó David Levinthal, especialista del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.

Los patrones de síntomas del CHS guardan similitud con los del síndrome de vómitos cíclicos (CVS), un trastorno crónico caracterizado por episodios recurrentes de náuseas y vómitos, intercalados con periodos asintomáticos.

 

Asimismo, la principal diferencia radica en el desencadenante: en el CHS, el consumo crónico de cannabis es el factor que precipita los episodios. Levinthal explicó que existen debates sobre si el CHS podría considerarse una variante del CVS con un desencadenante distinto.

 

Complicaciones y criterios médicos.

Este síndrome puede derivar en complicaciones graves si no se trata adecuadamente. Entre las consecuencias médicas se incluyen la deshidratación severa y los desequilibrios electrolíticos, que pueden provocar daño renal, alteraciones del ritmo cardíaco y convulsiones.

 

Además, los vómitos frecuentes pueden erosionar el esmalte dental y, en casos extremos, causar la pérdida de piezas dentales.

 

Es por ello que la Asociación Estadounidense de Gastroenterología (AGA) confirmó que el diagnóstico de CHS requiere la presencia de al menos tres episodios de náuseas, vómitos y dolor abdominal en un año, con cada episodio de menos de una semana de duración.

 

También es necesario que el paciente haya consumido cannabis más de cuatro días por semana durante más de un año y que los síntomas desaparezcan tras al menos seis meses de abstinencia. Sin embargo, muchos usuarios crónicos se muestran reacciones a abandonar el consumo, lo que dificulta la confirmación del diagnóstico.

 

Durante los episodios agudos del síndrome de hiperemesis cannabinoide, la atención médica se centra en la rehidratación intravenosa y la administración de medicamentos antieméticos para controlar los vómitos. En algunos casos, se recurre a benzodiacepinas o antipsicóticos para interrumpir los episodios.

 

El alivio temporal que proporcionan los baños calientes llevó a la identificación de la compulsión por bañarse como un síntoma característico. Además, la aplicación tópica de capsaicina al 0,1% en el abdomen superior demuestra reducir las náuseas y los vómitos asociados al CHS, según un estudio citado por National Geographic.

 

La única solución a largo plazo es la abstinencia del cannabis. No obstante, dejar de consumir puede desencadenar en desequilibrios emocionales que se presentan con ansiedad, irritabilidad, alteraciones del sueño, estado de ánimo deprimido y pérdida de apetito. Los especialistas también concluyeron que todavía se necesitan más alternativas terapéuticas.

sábado, 18 de enero de 2025

CANNABIS Y ESQUIZOFRENIA

 

 un nexo probado, que contradice la idea muy difundida de la inocuidad de esa droga

 

Claudia Peiró

Infobae, 18 Ene, 2025

 

“El porro conseguilo de fuentes confiables”; “Aprendé más sobre los consumos”; “Anticipate para disfrutar como te gusta”; “Elegí un consumo cuidado”; “Analizá cuál va a ser tu límite”, etc. etc

 

Esos eran mensajes transmitidos por algunos municipios y, más grave aun, por la Secretaría de Salud Mental de la provincia de Buenos Aires en el año 202w, en el marco de una campaña que no sólo no instaba a no drogarse sino que transmitía la idea de que existe una forma “saludable” de hacerlo.

Todas las consignas apuntan a una banalización del consumo. Una asociación de las drogas con el disfrute. Un divertimento inocente si se lo hace con “cuidado”.

Esto vale particularmente para el cannabis respecto del cual el mensaje que se transmite, explícita o implícitamente, es que es inocuo e incluso que no es adictivo.

Es llamativa, por no decir escandalosa, esta actitud de las autoridades que son clandestinas en materia de prevención de adicciones -en todos los niveles de la administración pública y en gestiones presentes y pasadas-, cuando la ciencia ya ha confirmado el vínculo que existe entre consumo de cannabis y ciertos trastornos mentales.

 

”El consumo de cannabis, particularmente en la adolescencia, y sobre todo de aquellas variedades con alto contenido de tetrahidrocannabinol (THC), ha sido identificado como un factor de riesgo significativo para el desarrollo de trastornos psicóticos, incluido el inicio temprano de la esquizofrenia”, dijo a Infobae el doctor Diego Sarasola, médico especialista en Neuropsiquiatría (MN 88266).

 

Sin embargo, aclara, el riesgo no afecta a todas las personas por igual. “La relación entre el consumo de cannabis y la aparición de psicosis es compleja y depende de la interacción entre factores genéticos, ambientales y del desarrollo. La evidencia más clara a la fecha indica que puede actuar como ‘desencadenante’ en aquellos individuos con mayor vulnerabilidad genética, así como en los que tienen antecedentes familiares de esquizofrenia o psicosis”, aclara Sarasola, quien es director del Instituto de Neurociencias Alexander Luria, y además miembro de APSA y de la American Psychiatric Association.

 

Entre los factores del desarrollo, la edad es clave: “La exposición temprana a THC puede alterar los circuitos neuronales y aumentar la vulnerabilidad a trastornos psicóticos. El consumo temprano de cannabis durante la adolescencia afecta negativamente el desarrollo del cerebro, particularmente en áreas responsables de la cognición y la regulación emocional”.

 

Daniela Navarro es egresada de la carrera de Farmacia de la UBA. Reside en España desde hace 20 años, y allá se doctoró en Neurociencias por el Instituto de Neurociencias Miguel Hernández, de Alicante, la misma universidad donde en la actualidad enseña e investiga.

 

En mayo de 2024, presentó los resultados de un trabajo de investigación de cuatro años sobre los efectos del consumo de THC en el embarazo y la lactancia, y la Asociación Argentina de Psiquiatras la invitó a exponer sobre el tema en su Congreso anual, que tuvo lugar en octubre pasado en Mar del Plata.

 

“Las embarazadas están usando el cannabis para las náuseas y también para la ansiedad, incluso mientras dan el pecho -dice Navarro, en diálogo telefónico con Infobae-. Hay un fármaco, el dronabinol, aprobado hace casi 30 años por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los EEUU) para el tratamiento de la náusea y de los vómitos que contiene THC en dosis bien estudiadas. Pero en el cannabis la concentración es demasiado alta”.

 

¿En qué consistió el estudio realizado para evaluar la afectación de ese consumo en embarazadas? “Con dosis altas de dronabinol se puede generar un modelo de adicción en roedores. Lo hicimos con hembras preñadas a las que se les suministró ese componente en dosis altas y regulares. El resultado fue que las crías nacían con trastorno de ansiedad, depresión y problemas cognitivos”, explicó.

El motivo, agregó, es que el THC “altera los genes, hay menor neuroplasticidad, es decir, menos conexiones entre neuronas”.

 

El estudio consistió en crear un modelo de adicción en roedores, hembras preñadas, para medir el impacto en las crías (imagen de archivo EFE/EPA/JULIEN WARNAND)

Cuando estuvo en el Congreso de Mar del Plata, muchos psiquiatras le comentaron acerca del gran aumento de casos de Trastorno de Déficit de Atención y de autismo, por padres consumidores. Sin embargo, no se asocia, al menos públicamente y con el suficiente énfasis, el consumo de cannabis a estos problemas. “Me sorprendió ver el grado de desinformación en Argentina. Se cree en la total inocuidad del cannabis; la cocaína hace mal, el cannabis, no”, dice Daniela Navarro. “En general, el consumo de marihuana se ha disparado muchísimo, entre otras cosas, porque hay una política muy permisiva justamente con el argumento de que es inocuo, de que consumirlo es una práctica ancestral, de que calma el dolor, etc.”

 

En cuanto a esta ausencia de discurso preventivo sobre la marihuana, Diego Sarasola cree que “si bien desde el punto de vista científico no se discute esta correlación [entre cannabis y daño neuronal], no lleva tanto tiempo demostrada con contundencia”.

 

Cita un estudio realizado en Suecia, sobre más de 50.000 personas que fueron seguidas durante décadas. “Se encontró que los consumidores frecuentes de cannabis tenían un riesgo cinco veces mayor de desarrollar esquizofrenia -dice-. Sobre todo, si tenían vulnerabilidad genética. Una probable explicación a esto sería la amplificación de vulnerabilidades neurobiológicas preexistentes, alterando circuitos cerebrales relacionados con la dopamina y otros sistemas neuromoduladores que ya serían disfuncionales en personas genéticamente susceptibles”.

 

La planta de marihuana ha sido modificada genéticamente para aumentar su porcentaje de THC, el componente adictivo y psicotomimético, que produce el trastorno psicótico y eventualmente la esquizofrenia” (Getty)

En cuanto al tema de la falta de políticas de prevención, Sarasola tiene una mirada que va más allá de esta droga en particular, ya que considera que actualmente hay un enorme déficit en las campañas contra el consumo problemático y adicciones de cualquier tipo. “Enfrentamos -dice- una trivialización de los fenómenos de consumo que exceden con mucho al consumo específico de cannabis. No se puede analizar este fenómeno de banalización sin enmarcarlo en el problema del consumo de sustancias en general y de las adicciones como concepto global, sea a distintas sustancias o a conductas, como la adicción a internet, la ludopatía, etc. No podemos dejar de marcar que, en términos epidemiológicos, el mayor problema sociosanitario actual lo constituyen el consumo de tabaco y el alcohol. Pero esto no debe ser sostenido erróneamente a favor de la trivialización del consumo de cannabis, sino como un llamado a las autoridades a no desatender el rol del Estado en materia de salud pública y prevención en general”.

 

En su opinión, “apelar a la libertad individual en esta materia es una falacia que lleva a desatender una de las principales funciones del Estado, que es el cuidado de la salud”, función que también se ve comprometida, considera, por “la creciente desfinanciación de la salud y las malas condiciones de trabajo del personal sanitario”.

 

Tanto Sarasola como Navarro coinciden en apuntar a la modificación genética de la planta de cannabis, que se ha venido realizando en las últimas décadas con el resultado de aumentar el porcentaje de THC en la droga. “Un fenómeno que sin duda ha contribuido a agravar el problema -dice Diego Sarasola- son los avances en la genética de semillas que permiten hoy, generar una concentración de THC significativamente superior a la que se encontraba en lo que se consumía hace décadas. Y a mayor concentración de THC, mayor potencia de los efectos psicoactivos, pero también, mayor incremento del riesgo”.

 

“El cannabis tiene más de 120 componentes -dice por su parte Daniela Navarro-. El más peligroso es el THC. Y la planta ha sido modificada genéticamente para aumentar el porcentaje de THC que es el componente adictivo y psicotomimético, es decir, que produce el trastorno psicótico y eventualmente la esquizofrenia”.

 

No significa que el cannabis no tenga aplicaciones medicinales, aclara. “Otros componentes de la planta, como el cannabidiol, tienen propiedades. La ANMAT aprobó, por ejemplo, el cannabidiol en estado puro para tratar la epilepsia refractaria, pero solo para ese uso”, señala.

 

Sin embargo, señala: “El problema con el cannabis medicinal es que hay que saber muy bien la procedencia, cómo se fabricó, etc. A veces se usan solventes para extraer el cannabidiol que son muy tóxicos”. Pone cuidado en aclarar que no se opone al uso medicinal: “Abogamos por el estudio de componentes puros del cannabis para el tratamiento de algunos trastornos”. Pero advierte: “Autocultivo y consumo libre son los problemas”.

 

Sarasola por su parte sugiere que, en vez de hablar de “cannabis medicinal”, deberíamos referirnos, para mayor precisión, al “cannabis farmacéutico”, porque “los productos deben ser producidos bajo estrictas normas de buena práctica de manufactura por razones de seguridad y eficacia”.

 

También él señala que ya existen en el país “productos farmacéuticos derivados de cannabis aprobados por ANMAT, que mejoran la calidad de vida de miles de pacientes”.

 

Siguiendo con la necesidad de clarificación, Sarasola subraya la importancia de separar bien las cosas: “Así como son reales los argumentos que muestran la relación entre consumo crónico y fenómenos psicóticos, sobre todo en la adolescencia, también existe un gran cuerpo creciente de evidencia de datos a favor de los derivados del cannabis como herramienta terapéutica valiosa para algunas patologías como epilepsia refractaria, autismo y ciertos tipos de dolor, entre otros. Los prejuicios y sesgos, siempre pueden actuar en las dos vías, esto es, en negar el perjuicio del consumo crónico o en negar el beneficio de su uso terapéutico. Son dos mundos que deberían ser tratados de modo diferente, ya que de hecho son sustancias diferentes, aunque con un origen en común, la planta de cannabis”.

 

Ambos especialistas ponen el acento en la edad de consumo, lo que vuelve doblemente grave el mensaje festivo y despreocupado, habitual en torno a la marihuana por parte de muchos funcionarios. También señala que la escuela debería ser un escenario prioritario para el despliegue de las estrategias de prevención que hoy brillan por su ausencia en ese ámbito.

 

“La planta actúa en nosotros porque tenemos receptores -dice Daniela Navarro-. Nosotros tenemos un sistema cannabinoide endógeno sobre el cual actúa el THC. No es indispensable tener predisposición para desarrollar esquizofrenia por consumo, porque el cannabis actúa a nivel del desarrollo cerebral. Y el cerebro humano se desarrolla hasta más allá de los 18 años. El trastorno psicótico que causa el THC va a depender de cuando empezó a consumir la persona y cuánto consume”. En síntesis, en su opinión, “el THC tanto lo causa como lo desencadena (el trastorno psicótico)”.

 

Son reales los argumentos que muestran la relación entre consumo crónico de cannabis y fenómenos psicóticos, así como las evidencias de que algunos de sus componentes pueden ser una herramienta terapéutica valiosa para algunas patologías

¿Qué hay de los síntomas y del tratamiento para estos casos de trastornos psiquiátricos en personas con adicción?

 

“Trastornos de conducta, ansiedad o euforia, agresividad, alucinaciones y desorientación”, dice Navarro, acerca de la señales que indican la presencia o la inminencia de un trastorno psiquiátrico. Sin embargo, advierte que “muchas veces el cuadro psicótico es de aparición brusca”.

 

“El cannabis use disorder no tiene mucho tratamiento. Se usan antagonistas del sistema cannabinoide pero faltan estudios y ensayos clínicos”, dice. E insiste: “El cannabis es una droga. Se puede demorar más en caer en la dependencia que en el caso de otras drogas. Pero es una droga”.

 

“Patología dual”, dice el doctor Sarasola, es el nombre que se da a este doble trastorno. “El abordaje terapéutico de los pacientes con esquizofrenia y cualquier tipo de adicción debe ser de modo indispensable tratado en conjunto, ya que ambos fenómenos se encuentran entrelazados, y potenciándose mutuamente -explica-. Podemos describir a esta relación como bidireccional para entender el porqué de la necesidad de tratamiento combinado. Por un lado, la ya establecida y descripta relación entre consumo de cannabis y riesgo de psicosis; y, por otro, muchos pacientes psicóticos pueden inclinarse al consumo como intento de mitigar la ansiedad, aliviar la llamada sintomatología negativa, como por ejemplo el aislamiento social, y el insomnio”.

 

Un recurso que sólo agravará el cuadro, dice Sarasola. “El consumo de cannabis en pacientes psicóticos determinará peor evolución de los síntomas, incremento de recaídas e internaciones y mayor resistencia al tratamiento farmacológico. Estas consecuencias negativas se explican por distintas vías: entre estas, se encuentran el aumento en la dificultad de la implementación de los distintos dispositivos terapéuticos, la menor adherencia a los tratamientos – sean estos farmacológicos o no farmacológicos-, con el consecuente aumento de la tasa de recaídas.”

 

Los síntomas que deberían alertar de que una persona consumidora de cannabis está desarrollando algún trastorno mental psicótico no se diferencian de los que indican una posible enfermedad psiquiátrica en cualquier persona, dice Sarasola.

 

“Alteraciones en la percepción de la realidad, pensamientos delirantes, o desorganizados, cambios de conducta inexplicables por situaciones del entorno, alteraciones en la conducta emocional, tendencia al aislamiento social, conductas de riesgo, fallas importantes en memoria y concentración, problemas con el empleo, etc”, enumera, agregando la advertencia de que “ninguno de estos síntomas o episodios deben ser atribuidos de modo automático al consumo o diagnosticado como psicosis, pero sí, son indicadores de llevar a la persona a una consulta con el profesional porque la detección temprana es clave para prevenir la progresión a un trastorno psicótico más severo, como la esquizofrenia”.

 

El trabajo que realizó Daniela Navarro, junto a Ani Gasparyan, Francisco Navarrete y Jorge Manzanares, se titula “Síndrome Cannabinoide Fetal: Alteraciones Conductuales y Cerebrales de la Descendencia Expuesta al Dronabinol durante la Gestación y la Lactancia”. En el abstract, se lee: “Estos hallazgos revelan los pronunciados efectos adversos sobre el neurodesarrollo fetal derivados del consumo de cannabis durante el embarazo y la lactancia, y sugieren firmemente la necesidad de prevenir a las madres que consumen cannabis en este período de los graves y permanentes efectos secundarios sobre el comportamiento y el desarrollo cerebral que pueden producirse en sus hijos”.

 

En concreto, los grupos más expuestos son los adolescentes y las mujeres embarazadas -es decir, los niños que están gestando- y es a ellos que debería estar destinada la política de prevención, que todavía es una tarea pendiente. Y urgente.

miércoles, 25 de diciembre de 2024

DROGAS: DE SODOMA A GOMORRA

  

Juan Alberto Yaría

La Prensa, 22.12.2024

 

Hoy estudiar y tratar las conductas adictivas implica comprender y asistir un conjunto de hechos que se interpenetran en donde la escucha y la comprensión empática está permanentemente puesta a prueba.

Las drogas son un verdadero problema de Salud Pública (parcialmente negado) en nuestro país. Somos el primer país en América Latina junto a Uruguay en consumo de cocaína y marihuana y el primer país en consumo de alcohol juvenil en toda América superando a U.S.A.


Un responsable de políticas adictivas de una provincia argentina lindera con Uruguay nos mencionaba en un encuentro con centenares de pacientes y terapeutas que realizamos semanalmente los ahogados en el Rio Uruguay que tratan de ir desde Concordia y Gualeguaychú hasta Salto y Fray Bentos (ambas localidades uruguayas) para comprar marihuana en farmacias y también (más potente) en sitios clandestinos.

Hay días que se puede pasar caminando en ciertos sititos porque el nivel del agua es bajo, pero en otras oportunidades se lanzan con un río con mucha profundidad. Muchos caen en el intento.

Por supuesto esto no sale en los diarios. En general el tema de drogas solo es noticia en robos o delitos, pero no en las consecuencias de las crisis de abstinencia (como los que se lanzan al agua) que en algunos casos llevan a muertes de agentes del orden como ya ha sucedido en nuestro país en muchas oportunidades.

También en Uruguay son muy buscadas las motos y cruzan el Rio Uruguay muchos con motos robadas, a través de lanchones, desde provincias argentinas que cambian por drogas en horas nocturnas. Los lugareños lo saben…pero es un silencio temeroso.

 

ASPECTOS A CONSIDERAR


Por lo tanto, uno de los primeros aspectos a considerar es:

1) El contexto o sea los ambientes cada vez más invalidantes para un desarrollo sano: sitios de venta por internet utilizando todas las vías posibles, superpoblación en CABA de negocios pequeños que casi no venden pero que facturan mucho como lavado de dinero, “deliverys” puerta a puerta, sitios múltiples de diversión nocturnos con venta libre de sustancias y alcohol, venta de sexo con drogas, sitios que fomentan la ludopatía que están hiper estimulados por el consumo de sustancias, mujeres al servicios de “Patriarcas” dominadores con sustancias y varones que acuden a ese servicio (hay un aumento de enfermedades de transmisión sexual desde el HIV hasta la blenorragia y sífilis). Hoy el contexto es un “llamador” a repetir la ingesta ya que el sistema del placer cerebral quedó vulnerado. Una de las metas de la recuperación es la renuncia a lugares, sitios y personas ligadas al consumo. Para muchos esto les resulta imposible, no tienen reservas cognitivas para reaccionar y frenar impulsos. Por ende, el contexto es un elemento muy importante hoy.


2) La edad de iniciación al consumo es cada vez más precoz lo que dificulta los tratamientos ya que la personalidad en etapas del llamado “segundo nacimiento” (adolescencia) está muy vulnerable psicológica y cerebralmente, el cerebro en sus áreas de control de impulsos y de pensamiento termina de madurar recién a los 25 años. Por eso digo que desde pequeños el cerebro queda “hipotecado” y además ciertas “sectas culturales” de gran prestigio fomentan el consumo desde pequeños como señal de libertad (o sea como camino a la esclavitud) resintiéndose todo el desarrollo académico y de aprendizaje de oficios.


3) El delito está cerca en estas poblaciones, así como la recluta de “soldaditos” para las ventas es continua. 3) Daños cerebrales evidentes especialmente en los lóbulos frontales fundamentalmente que son el “plus” que nos separa como “homo sapiens” de los monos y pronto estaremos en camino al “homo demens” (demencia causada por el consumo de drogas). Todo esto hoy va acompañado de patologías respiratorias (neumonías frecuentes, enfisemas pulmonares, EPOC juveniles, cáncer de pulmón, etc). Se habla hoy del pulmón de “crac” con síndromes respiratorios agudos o neumonías con fiebre, tos con sangre y dificultades para respirar.

En estos casos la emergencia del “crac” (cocaína en piedra como base libre de la cocaína obtenida con bicarbonato de sodio que se consume fumando pequeños cristales o piedrecitas que crujen al calentarse y se fuma en pequeños tubos de vidrio con efecto inmediato en 10 segundos) genera un efecto inmediato que es atrapante y su duración es de solo 20 minutos y lleva a una verdadera alienación repetitiva. Los efectos negativos además sobre el sistema cardiovascular y hepático son enormes. También la euforia es inmediata y el cautiverio es aún mayor.


4) Comorbilidades psiquiátricas con delirios, alucinaciones, disociación de la personalidad, trastornos de pánicos, conductas perversas y antisociales y la emergencia de psicosis en personas vulnerables.


5) Familias adictas: este es un fenómeno en ascenso en donde varios miembros de la familia consumen y los chicos desde pequeños observan y se van mimetizando en sus conductas. Es muy difícil encontrar un garante (hecho clave en la rehabilitación) ya que los miembros consumen y entonces el pronóstico se torna muy severo salvo que el paciente considere a la comunidad terapéutica como su segunda casa y en realidad, esto es muy común hoy.


6) Ludopatías habitualmente unidas a consumo de sustancias estimulantes en donde el jugador está durante horas y horas frente a la pantalla ya sea con apuestas al futbol, carreras, monedas digitales, etc., etc.

7) Secuencias traumáticas diversas que van desde el abandono temprano, desconocimiento de los padres y de su origen, abusos sexuales, perversiones familiares, hijos “sacrificados” como fruto de conflictos familiares, conductas filicidas (muerte del hijo), duelos familiares no elaborados, etc.


8) La presencia de “manadas” (desde barras bravas hasta grupos de choque) que operan como un elemento atrapante en donde las drogas son una vía de conexión y en donde las individuales y las identidades parecen no existir en esta insustancialidad anónima que genera distintas situaciones perversas y/ o antisociales, así como actos de pederastia.


9) La falta de centros de tratamientos en una pandemia como la existente lleva a tratamientos de “puerta giratoria” en donde el paciente es tratado sintomáticamente pero no se trabaja su verdadero problema de personalidad y luego de tres o cuatro días en un hospital o con suerte quince días vuelve a consumir y el encuentro con un nuevo tratamiento para él significa una marcha más en su carrera invalidante al consumo. No tiene fe ni cree que puede rehabilitarse.

Hoy atender a personas con problemas serios de consumo implica entender este “combo” de elementos que inter-retroactuan entre sí.

 

 

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva - Rehabilitación en adicciones