Mostrando entradas con la etiqueta Datos históricos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Datos históricos. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de enero de 2026

UN PRÓCER FALSIFICADO


Por Franco Ricoveri

La Prensa, 14.01.2026

 

- Abuelo, ¿no estaríamos mucho mejor si San Martín nos hubiese gobernado en vez de irse del país?

 

- ¡Qué complicado lo que me preguntás! La política argentina de entonces, como la de siempre, era un asco. Hecha de mentiras, traiciones, protagonizada muchas veces por personajes incapaces pero ambiciosos. San Martín se va cansado de tanta porquería. Lo echamos con nuestras trampas, miserias, envidias…Se fue en 1824 y nunca más volvió. Lo hubiese querido y hasta lo intentó, pero al llegar al puerto, ni bajar pudo. Desde entonces creo que los argentinos tenemos el deber de “hacer una Patria sanmartiniana”, cumplir con sus sueños… Ya sabés que “naturalmente” me cuesta ser optimista, pero lo soy “sobrenaturalmente”. Y si Dios nos dio una figura tan grande es que espera de nosotros algo inmenso. Fijate lo que siempre les digo: no hay figura en la Historia contemporánea que se le compare. ¡Ni siquiera los yanquis tienen un San Martín entre sus próceres! Y, para no irme por las ramas y contestarte, remarco una sola de sus muchas virtudes: la coherencia.

 

Y justamente la falta de coherencia es lo que destruyó (y destruye) la vida política de las naciones. A nosotros nos duele especialmente la nuestra, y está bien, pero es “mal de muchos…”

 

- … consuelo de tontos”.

 

- Exacto. Voy a contarte lo que pensaba el gran José de San Martín sobre la política. No era un hombre que se metiera mucho en esas cosas; él mismo decía que de política entendía “menos que de nada” y que tenía una “espantosa antipatía a todo mando político”. Pero lo cierto es que cuando tocó juzgar nuestra política, lo hizo con una claridad impresionante, siempre poniendo por delante el bien del país y no las banderías de partido.

 

Mirá, San Martín no era ni probritánico, ni liberal, ni republicano fervoroso como muchos quieren pintarlo hoy. Él creía, con toda franqueza, que la Argentina –y las nuevas naciones americanas– solo encontrarían paz, libertad y prosperidad bajo una monarquía constitucional.

 

Lo dijo claro en 1829, cuando le ofrecieron el gobierno de Buenos Aires después del fusilamiento de Dorrego: “Es conocida mi opinión de que el país no hallará jamás quietud, libertad ni prosperidad sino bajo la forma monárquica de gobierno”. Ya lo había sostenido años antes en el Congreso de Tucumán. Y advertía que, si no se adoptaba eso, vendrían “mil desgracias” antes de llegar al mismo punto. Y fíjate, han pasado siglos y todavía andamos tropezando con muchas de esas desgracias que él vaticinó. San Martín siempre actuó no por ambición personal, sino porque entendía que lo primero era ser independientes; la política debía subordinarse a eso.

 

Y así lo hizo toda su vida: en 1819, cuando le ordenaron volver con el Ejército de los Andes para imponer la Constitución unitaria de Buenos Aires a las provincias, desobedeció. Cruzó los Andes, liberó Perú y aseguró la independencia. Muchos lo criticaron, diciendo que abandonó la patria en guerra civil, pero él sabía que imponer por la fuerza un unitarismo rechazado por las provincias solo traería más desastre. Y tenía razón: evitó que el país se desangrara.

 

EN EL EXILIO

 

Cuando estaba en el exilio, tanto unitarios como federales le ofrecieron el mando para pacificar el país, y él rechazó a ambos. En una carta al general Guido explicó por qué: el país estaba tan dividido que quien gobernara tendría que apoyarse en una facción y convertirse en “verdugo” de la otra. Predijo con exactitud lo que vendría: un gobierno militar fuerte, la necesidad de eliminar a uno de los partidos. Y eso hizo Rosas. San Martín no solo lo predijo, sino que lo comprendió y lo admiró.

 

Vio en Rosas al hombre que, con mano firme, logró la unidad nacional y defendió la soberanía contra las potencias europeas. Criticaba duramente a la oligarquía porteña, a los que sabía responsables de “inmensos males” por su “infernal conducta”: centralismo egoísta, descuido de la guerra independentista, tratados humillantes, guerra civil provocada. Decía que preferían ver el país destruido con tal de que Buenos Aires brillara.

 

Y cuando los unitarios se aliaron con Francia durante el bloqueo, San Martín los tildó de traidores: “lo que no puedo concebir es que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer”.

 

En 1850, poco antes de morir, expresó su orgullo por ver la paz, el orden y el honor restablecidos bajo Rosas. Y en su testamento le legó su sable corvo al “Restaurador”, reconociéndolo como el continuador de la obra de unidad nacional. La izquierda siempre lo detestó, pero el liberalismo histórico, en cambio, quiso sumarlo a sus filas y borrar estas opiniones. Preferían, “una leyenda cómoda”. Como no pudieron ocultarlo, lo “falsificaron”.

 

- ¿Cómo?

 

- Los liberales argentinos –esos que empezaron con Moreno y Rivadavia y siguen vivos y vivillos– han “pegado” a San Martín a su ideología como si fuera parte de ella, pero en realidad lo persiguieron, calumniaron y después, cuando ya no podían borrarlo, lo falsificaron para justificar sus propios fines. Lo recibieron en 1812 llegando de Londres en un barco inglés, le dieron mando rápido porque servía a sus planes, pero después lo hostigaron hasta obligarlo a irse a Europa “como a un facineroso”, según las propias palabras. Y tras su muerte, lo elevaron a los altares cívicos, inventándole una historia a medida: un San Martín liberal, masón, amigo de los ingleses, que “renunció” noblemente al poder para no entrometerse en la política. Pero todo eso es pura mentira…

 

Escribieron una historia falsa en donde ellos eran la “civilización” y el interior la “barbarie”, justificando así traiciones y entregas territoriales. Esa historia oficial ocultó al San Martín real. Y falsificándolo nos alejó de nuestro pasado heroico: las victorias de Rosas contra Brasil, Francia e Inglaterra que salvaron la integridad americana. Nos hizo perder territorio (Patagonia, Misiones) y nos dejó con problemas de ayer que son los de hoy. ¡Hasta nos alejó de la heroica derrota de nuestros guerreros de Malvinas!

 

No hay que inventar un San Martín liberal, sino reconocer al real: patriota hispánico, católico en lo profundo, enemigo de la secta liberal-masónica-inglesa y “algo más” que nos dominó y sigue dominando.

 

Y reencontrándonos con el Libertador, haremos lo que se espera: una Patria sanmartiniana.

domingo, 19 de octubre de 2025

LA VUELTA DEL COLUMBUS DAY

 

una justa rehabilitación de Colón, víctima del wokismo y la ignorancia histórica

 

Por Claudia Peiró

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 19/10/2025

 

“We love italians”, dijo el presidente Donald Trump al firmar el pasado 9 de octubre una orden ejecutiva para restituir el Columbus Day, día festivo que conmemora la llegada de Cristóbal Colón a América. En los Estados Unidos, ha sido la comunidad italiana la que ha mantenido vivo el recuerdo de la hazaña del navegante genovés, apadrinada y financiada por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos.

 

El día seguía siendo no laborable, pero el predecesor de Trump, Joe Biden, a tono con el indigenismo ambiente, le había adicionado la mención “Día de los Pueblos Indígenas”. Los críticos de Trump dicen que la medida tiene más de simbólico que de efecto práctico. Es cierto, pero no por simbólica la medida es menos trascendente.

 

Por otra parte, va acompañada de un mensaje potente. En el texto del decreto, se describe a Cristóbal Colón como “un titán de la Era de los Descubrimientos” y se lo llama “héroe original de América” y “gigante de la civilización occidental”. Por si no bastara con estos conceptos, revulsivos para la “sensibilidad” woke, el documento también dice que el viaje de descubrimiento del genovés en 1492 representó el principio de “la herencia orgullosa de fe” de los Estados Unidos.

 

El texto nombra incluso a los Reyes Católicos: “Por encargo de Fernando e Isabel de España, Colón y su tripulación embarcaron en tres pequeños barcos –la Niña, la Pinta y la Santa María– para zarpar en un peligroso viaje a través del Atlántico. Le guiaba una noble misión: descubrir una nueva ruta comercial hacia Asia, traer gloria a España y difundir el Evangelio de Jesucristo en tierras lejanas».

 

Trump tampoco se privó de apuntar contra los promotores de la iconoclasia anticolombina que ha arrasado con estaturas del navegante y de otros protagonistas de la colonización española.

 

En efecto, el documento denuncia la “campaña despiadada de la izquierda” para borrar el nombre de Colón y promete “recuperar su legado extraordinario de fe, valor y virtud”.

 

Fue el presidente Franklin D. Roosevelt el que en 1934 convirtió en feriado nacional esta celebración tradicional de los italianos en los Estados Unidos. Se celebra cada segundo lunes de octubre. Este año será el 13.

 

Varios comentaristas dijeron que no había nada que recuperar porque el feriado nunca había sido cancelado. Pasan por alto no sólo la vandalización de las estatuas sino también la prohibición en varias ciudades de los tradicionales desfiles que ese día organiza la comunidad ítaloamericana.

 

Una de las ciudades que canceló el festejo fue Los Ángeles, paradójicamente, fundada por españoles.

 

En Nueva York, en cambio, la estatua de Colón en Columbus Circle se salvó por poco del desguace que intentaron varios activistas y referentes que encuentran más cómodo luchar contra supuestos agravios del pasado antes que resolver las injusticias del presente.

 

No tuvo la misma fortuna el hermoso conjunto escultórico que adornaba el terreno de la Casa Rosada en la Argentina en homenaje a Colón, por el capricho de una Presidente que con un solo gesto ofendió a dos colectividades: la española, víctima de un juicio anacrónico, y la italiana, que había donado el monumento.

 

Fake news históricas

A lo largo de estos años, se vivió una verdadera exacerbación del indigenismo que desembocó en ataques a las figuras de Cristóbal Colón y del misionero franciscano fray Junípero Serra (1713-1784), que evangelizó la costa oeste de los Estados Unidos.

 

En el año 2017 por ejemplo, hubo actos de vandalismo contra los monumentos que en California recuerdan la obra misionera de Serra; son muchos, porque el franciscano es el fundador de la mayor parte de las ciudades de la costa oeste de los Estados Unidos, que por eso llevan nombres católicos: San Francisco, San Diego, Santa Mónica, Los Ángeles, Sacramento, etc, etc.

 

El 19 de septiembre de 2017, la estatua de San Junípero Serra en la misión Santa Bárbara fue decapitada y bañada en pintura roja. El Santo misionero es acusado de genocidio, algo tan falso como lo que se le atribuye a Cristóbal Colón, que no era ningún santo pero tampoco fue un genocida.

 

Entre las cien estatuas que en el hall del Capitolio recuerdan a importantes figuras de la historia estadounidense, está la de Junípero Serra, considerado padre fundador de muchas de sus ciudades. Juan Pablo II lo beatificó en septiembre de 1988. Y el papa Francisco lo canonizó durante su visita a Estados Unidos.

 

Este “indigenismo de salón”, según la definición de la historiadora española María Elvira Roca Barea, autora de Imperiofobia y Leyenda Negra, “es furor en los departamentos universitarios” buscando “enemigos destructores de los pueblos nativos a los que agraviar” gratuitamente.

 

Como destacaba esta ensayista en una entrevista en el diario El Mundo, los blancos de estos ataques son principalmente figuras o símbolos del mundo hispanocatólico.

 

En una conferencia dictada en mayo de 2014, el historiador Carlos Martínez Shaw, catedrático y académico de la Real Academia de la Historia, afirmó que “la hecatombe de los indios californios no se produce ni en el período español ni en el período mexicano, sino cuando se desata la fiebre del oro y (…) es cuando esos indios van a ser completamente diezmados y reducidos a muy poca cosa”.

 

El mito de la conquista de México

Los últimos presidentes mexicanos también se han embarcado en estos juicios hacia el pasado, hasta el punto de exigir disculpas por parte de los actuales gobernantes españoles. Y ofenderse cuando no las reciben.

 

De hecho, el predecesor de Claudia Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador, se ofendió cuando el politólogo argentino Marcelo Gullo dijo que México no fue conquistado sino liberado por Hernán Cortés, en alusión al cruel dominio que los aztecas ejercían en la región.

 

El historiador mexicano Juan Miguel Zunzunegui apuntaba en el mismo sentido al decir: “Nos molesta mucho que los españoles hayan llegado a Mesoamérica y 200 años antes llegaron los mexicas (aztecas) que invadieron, sometieron, impusieron su dios y saquearon, hacían sacrificios humanos, sacaban corazones y devoraban muslos. ¿Por qué esa parte no nos molesta? ¿No eran mexicanos los pueblos que estaban aquí?”

 

Y enumeraba: tlaxcaltecas, cholultecas, huejotzincas, xochimilcas, chalcas, totonacas, tarascos…

 

“¿Por qué solo los mexicas cuentan como México?”, preguntaba. Y definía a la conquista como un “mito”: “Como siempre digo, 100 mil guerreros tomaron Tenochtitlán: ¡99.000 eran indígenas! ¿En qué mente perturbada asumes que los que sacan 40 corazones por día, los que así matan a más de 10.000 personas al año son los buenos de la Historia y los que acaban con esta masacre son los malos?”

 

Pensar así, decía, es creer que “los pueblos mesoamericanos que se unieron a los españoles eran pendejos (sic) o traidores”. Y concluía: “Si todos los pueblos de Mesoamérica prefirieron aliarse con el desconocido Cortés con tal de librarse de los mexicas, ¿por qué no nos atrevemos a contar una historia en la que tal vez todos odiaban a los mexicas por algo? No es que todos eran traidores o pendejos, no es que todos se entregaron al extranjero porque eran malinchistas; es que todos llevaban 100 años de sometimiento a sangre y lodo por los mexicas”.

 

La historia como herramienta de fragmentación

Contextualizar la colonización española no implica negar el choque cultural que se produjo ni el sufrimiento que implicó para algunos pueblos indígenas.

 

Pero el encuentro entre ambos continentes, y entre civilizaciones muy dispares, tarde o temprano se iba a producir y nada, salvo la ignorancia histórica, autoriza a pensar que una conquista por otras naciones europeas hubiera sido una empresa caritativa. O que América, antes de la llegada de los españoles era el paraíso terrenal.

 

Por otra parte, una primera causa de muerte entre los nativos fueron las enfermedades contra las que los indios no tenían inmunidad: el choque bacteriológico. Una variable que no guardaba relación alguna con la nacionalidad del colonizador.

 

En cualquier caso, los ataques de políticos y referentes de izquierda contra Colón serían risibles de no ser porque deforman la historia y, sobre todo, desvalorizan el mestizaje que fue la marca distintiva de la colonización española, patente en la composición étnica de las naciones hispanoamericanas, y que debería ser motivo de orgullo y no excusa para la fragmentación.

 

Como señala el historiador francés André Larané, director de la revista Hérodote, “la ignorancia salió al asalto de las estatuas y de la Historia, en la calle y en las redes, los incultos parecen haber tomado el poder; pretenden reescribir la Historia, pero deberían primero tomarse el trabajo de estudiarla”.

sábado, 24 de mayo de 2025

TRUMP HONRA

 


 a Colón y al 12 de Octubre

 

Por María Eugenia Talerico (*) e Ignacio F. Bracht (**)

La Prensa, 22.05.2025

 

El domingo 11 de mayo, el presidente Donald Trump anunció su intención de restablecer el Día de la Raza, celebrado habitualmente el segundo lunes de octubre. Con esta decisión, busca rendir homenaje a Cristóbal Colón, figura central en la historia de América y símbolo del legado hispánico, denostado en años recientes por sectores del progresismo global y movimientos como Black Lives Matter, y la izquierda despertó.

 

En 2020, estatuas de Colón, San fray Junípero Serra, Isabel la Católica, Cervantes e incluso Thomas Jefferson fueron vandalizadas, junto con iglesias católicas y protestantes.

 

Este proceso de falseamiento histórico ideologizado no surgió de la nada: fue impulsado desde el ámbito académico.

 

La Universidad de Stanford, por ejemplo, eliminó el nombre de fray Serra -el único hispano con estatua en el Capitolio- de una calle del campus, acusándolo injustamente de genocida. En realidad, fray Junípero fue un misionero franciscano que fundó nueve de las treinta misiones que jesuitas y franciscanos establecieron en la costa oeste de América del Norte, y que hoy llevan sus nombres en la toponimia. Fue un defensor incansable de los pueblos originarios y llegó incluso a lograr la destitución de un gobernador por abusos, gracias a su protesta ante el virrey Bucareli, del vasto virreinato de Nueva España en el siglo XVIII.

 

DIMENSIÓN HISPÁNICA

La iniciativa de Trump no solo tiene resonancia en la comunidad ítaloestadounidense -que reconoce a Colón como genovés-, sino que es también un acto de justicia hacia la dimensión hispánica de los Estados Unidos. Colón llegó a América en nombre de Castilla, y gran parte del actual territorio estadounidense, las dos terceras partes del actual territorio -California, Texas, Florida, Nuevo México, Arizona, Luisiana, Puerto Rico, Alabama, Georgia, Alaska, entre otros- formaron parte del imperio español.

 

Más aún, la independencia de las 13 colonias no habría sido posible sin el apoyo de España. Además de aportar fondos y armamento, la Corona envió navíos, tropas (integradas por peninsulares, criollos -entre los que figuró Francisco de Miranda-, mestizos e indígenas) que combatieron a los británicos en batallas clave como Baton Rouge, Natchez y Pensacola. Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, fue una figura decisiva en este conflicto bélico. Esto hizo posible la victoria de George Washington, en la derrota definitiva sobre los británicos en Yorktown.

 

En 1796, ya independiente de los Estados Unidos, la Nación Cherokee y otras diez tribus indígenas firmaron un tratado de amistad y soberanía con la monarquía española. Todo esto ha sido sistemáticamente silenciado por la llamada Leyenda Negra, hoy revivida por discursos que promueven un indigenismo excluyente, despegado del contexto histórico y de la realidad del mestizaje que definió América.

 

En contraste, el presidente Joe Biden reemplazó en 2021 el Día de la Raza por el Día de los Pueblos Indígenas, desplazando una festividad federal instaurada por Franklin D. Roosevelt en 1934. En Hispanoamérica, esa misma línea ideológica ha sido promovida por gobiernos del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla, como los de Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Néstor y Cristina Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, Andrés Manuel López Obrador y Claudia. Sheinbaum. Todos ellos comparten un mismo enfoque: desvalorizar la herencia hispánica -conformada por el idioma español, la fe católica mayoritaria, el mestizaje cultural y étnico, y la inclusión de las poblaciones indígenas- en favor de un indigenismo impostado, ideologizado y sectario, que pretende borrar las raíces reales de nuestros orígenes.

 

Bienvenida sea, entonces, la determinación del presidente Trump de rescatar a Colón y, con él, al legado hispánico en América. Su gesto recuerda que la historia no se puede construir sobre negaciones ni sobre relatos forzados.

 

En Argentina, este debate también está abierto. El presidente Javier Milei afirmó que “hará lo que Trump haga”. Si esa declaración tiene sustancia, podría restaurar el 12 de octubre como Día de la Hispanidad, tal como lo desarrolló Hipólito Yrigoyen en 1917, denominándose Día de la Raza, en alusión a la identidad mestiza que define a nuestra civilización. Esa denominación fue sustituida en 2010 por el kirchnerismo, que adoptó la línea trazada por Hugo Chávez, que la había bautizado como el “Día de la Resistencia Indígena” y Cristina Kirchner lo establecido por decreto como el Día del Respeto a la Diversidad Cultural. El cambio no fue revertido por el gobierno de Mauricio Macri, y permanece vigente hasta hoy.

 

(*) Miembro fundador de la OnG Será Justicia. Ex Vicepresidente de la UIF y actual candidata a diputada nacional por Potencia Buenos Aires.

 

(**) Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia y de la Academia de Artes y Ciencias de la Comunicación. Vicepresidente del Instituto Cultural Argentino Uruguayo.

domingo, 6 de abril de 2025

¿ARGENTINA, REFUGIO NAZI?

 

antes que hecho histórico acreditado fue un arma de desprestigio

 

Pablo Yurman

 

Infobae, 06 Abr, 2025

 

De tanto en tanto algunos utilizan la frase “Argentina, refugio nazi” como si se tratara de un hecho histórico acreditado, una verdad revelada que no admitiría revisiones de ninguna índole y que debe aceptarse dócilmente para vergüenza de los argentinos.

 

Dada la gravedad de la acusación, según la cual nuestro país habría sido una especie de santuario único en el mundo dispuesto a dar cobijo a criminales de guerra nazis que huían de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial, debemos detenernos a analizar si, acaso, el rótulo no fue la herramienta propagandística de la que otros estados se valieron para desprestigiar, tanto a nivel internacional como también puertas adentro de nuestra nación, ciertas políticas de Estado que se encararon a mediados de la década de 1940.

 

Es evidente que hubo criminales de guerra que eligieron nuestro país como refugio, pero de eso no se sigue automáticamente que existiera una política implementada por el Estado argentino destinada a ello. Si hubiera existido semejante política por parte de Argentina, no se explica cómo, derrocado Perón en 1955, los gobiernos de diferente signo político que se sucedieron en la segunda mitad del siglo XX no la desmontado. O fueron cómplices o simplemente se hicieron eco del infundio. No hubo arrestos, ni juicios, ni extradiciones de esos supuestamente numerosísimos criminales de guerra ocultos en nuestro país. Sólo dos excepciones conocidas: las de Adolf Eichmann y Erich Priebke, durante las décadas de 1960 y 1990, respectivamente.

 

Por otra parte, cabría destacar que el primer “refugio nazi” fue la misma Alemania, en cuyo territorio ocupado por las potencias aliadas se encontró a la gran mayoría de los criminales de guerra y que en no pocos casos gozaron de la complicidad y encubrimiento de importantes sectores de la población local. El responsable de la radiodifusión alemana en los países ocupados, Kurt Georg Kiesinger, llegó a ser canciller de Alemania occidental de 1966 a 1969.

 

O el muy poco conocido caso de la neutral Suiza, en donde una comisión parlamentaria, que elaboró por encargo del propio gobierno en 2002 el Informe Bergier, dictaminó lapidariamente que las autoridades helvéticas fueron cómplices de la aceitada maquinaria de guerra nazi durante todo el conflicto, fundamentalmente en lo que refiere a lavado bancario de activos y bienes robados a las poblaciones judías de buena parte de Europa.

 

Debemos ubicarnos en el contexto marcado por el fin de la 2º Guerra Mundial. Algunos elementos eran bastante evidentes para cualquier observador atento de la realidad. Alemania sería derrotada sin que se supiera concretamente qué dispondrían los aliados vencedores sobre su destino. Pese a esto, ese país contaba con mano de obra calificada (científicos de primer orden) cuyos esfuerzos se habían orientado a la producción armamentística y que con la derrota de su país quedarían literalmente desocupados en virtud de la obligación que se le impondría a los alemanes de abstenerse de fabricar o incluso diseñar armamentos.

 

Y un dato que en 1945 no era tan evidente para el público en general, pero que se manejaba de modo sigiloso por las autoridades: terminada la contienda, comenzaría un nuevo enfrentamiento entre, por un lado, los EEUU, y por el otro, la Unión Soviética, que con el tiempo se conocerá como Guerra Fría, signada por la carrera armamentística en el plano nuclear, y por el control de espacio exterior, aspectos éstos en los que los aliados venían retrasados en su carrera respecto de los investigadores alemanes.

 

Demás está decir que los vencedores, Estados Unidos, la Unión Soviética y, en menor medida, Inglaterra y Francia, pugnarían entre sí por quedarse con la mayor cantidad de científicos alemanes para el desarrollo de sus respectivos proyectos nucleares y espaciales. Como veremos, en esta verdadera cacería de cerebros, poco importaba el pasado nazi de tales científicos. Salvo, aparentemente, para el caso argentino.

 

Como señala Ruth Stanley en su trabajo “Transferencia de tecnología a través de la migración científica: ingenieros alemanes en la industria militar de Argentina y Brasil”, “planos y prototipos fueron requisados, mientras científicos e ingenieros alemanes eran sometidos a interrogatorios en su propio país o llevados al extranjero, por su propia voluntad o bajo presión, para trabajar al servicio de las cuatro fuerzas de ocupación.”

 

Según la autora, en forma aproximada, 3000 científicos alemanes fueron captados por la URSS, 1600 por EEUU, Francia e Inglaterra acogieron a 800 y 300 respectivamente. En tanto, y acá el dato llamativo, la Argentina convocó a unos 120, y Brasil 27. Huelga aclarar que para los aliados resultaba sorprendente e inadmisible que países como Argentina y Brasil pretendiesen apropiarse de científicos alemanes para el desarrollo de sus propias industrias bélicas. Las conferencias de Yalta y Potsdam, por las que se dividiría el mundo de la posguerra, operaban en los hechos como un selecto club cuyos socios (EEUU, URSS, Inglaterra) no estaban dispuestos admitir nuevas membresías.

 

En 1946 el gobierno de Perón encomendó la tarea de reclutamiento de científicos al brigadier Juan Ignacio San Martín, director del Instituto Aeronáutico y futuro gobernador de Córdoba, quien viajó a Europa y logró traer a científicos como Kurt Tank y Reimar Horten, entre muchos otros. Según Stanley “en Argentina se iniciaron las actividades para desarrollar aviones de combate transónico y supersónico, así como la fusión nuclear”. Y agrega: “Todos estos proyectos se iniciaron a fines de los años cuarenta y comienzos de los cincuenta y eran considerados como iniciativas de vanguardia.”

 

Kurt Tank y su equipo (trajo consigo colaboradores alemanes, pero el gobierno lo obligó a formar a ingenieros argentinos) produjo los aviones a reacción Pulqui I y Pulqui II. Es cierto que su producción fue artesanal, no siendo factible entonces una fabricación en serie. Pero la Argentina se convirtió en el tercer país del mundo en producir aviones con tales características y con proyección a la vanguardia de una de las ramas industriales consideradas “de punta”. Mejor fue la suerte del avión Huanquero, aeronave multipropósito que llegó a producirse en serie en la emblemática Fábrica Militar de Aviones de Córdoba.

 

Incluso Argentina apostó al desarrollo de la energía nuclear inmediatamente detrás de la primacía de norteamericanos y rusos. El Proyecto Huemul, a cargo del físico austríaco Ronald Richter, desarrollado en la isla homónima frente a Bariloche, pese a sus prometedores inicios, cayó luego en el descrédito. Una comisión investigadora creada por Perón y encabezada por el físico José Balseiro determinó que el proyecto de Richter no avanzaba a los objetivos buscados lo que motivó su archivo. No obstante el inicial traspié, el proyecto nuclear en sí jamás fue abandonado, y Balseiro, sobre la base de aquél promovió la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica y en su memoria tenemos al prestigioso Instituto que lleva su nombre y que funciona en el Centro Atómico Bariloche, justo frente al Regimiento de Montaña del Ejército Argentino.

 

Volviendo a la investigadora Stanley, y a la operación de apropiación de tecnología alemana tras el fin de la contienda mundial, ella destaca que “todas las potencias consideraron los prototipos, planos, sistemas de producción de armas y estaciones experimentales como parte de un botín de guerra del cual era legítimo apropiarse; en algunos casos ni siquiera fueron respetadas las fronteras internas que dividían las zonas ocupadas, y algunos profesionales y equipos fueron trasladados o sustraídos en forma encubierta de una zona a otra.” Agreguemos que tanto Brasil como la Argentina eran para esta época países vencedores dado que ambos habían declarado la guerra a Alemania.

 

De los miles de investigadores alemanes que fueron llevados a la URSS para desarrollar armas nucleares destacan Nikolaus Riehl y Manfred von Ardenne, reconocidos como padres del proyecto atómico soviético, y hasta merecedores de condecoraciones de la etapa de la Guerra Fría.

 

Inglaterra implementó la Operación Epsilon, alojando como “huésped” al prestigioso físico Werner Heisenberg, Premio Nobel de Física en 1932, y director durante el período 1942/45 del Instituto Kaiser Guillermo de Física de Berlín, en pleno gobierno nazi. Tanto él como su equipo de colaboradores residieron en el Reino Unido todo el tiempo que fue necesario para colaborar al desarrollo nuclear de dicha nación.

 

El caso más emblemático es el de los EEUU. Werner von Braun, creador de los mortíferos cohetes conocidos como V 1 y V 2, que cayeron sobre la población civil de Londres y otras ciudades causando gran cantidad de víctimas, pasará a la historia como el padre del proyecto espacial norteamericano siendo sus trabajos el embrión de lo que luego será la NASA. Jamás fue acusado por su evidente pasado nazi, y de hecho se le otorgó la ciudadanía estadounidense, muriendo en su hogar adoptivo ya muy anciano.

 

El desarrollo aeroespacial planteaba toda una serie de desafíos imprevistos. Por ejemplo, en caso de llevar a un ser humano, por primera vez en la historia, al espacio exterior, debían conocerse y supervisarse cuestiones médicas vinculadas a una actividad totalmente desconocida. Para ello EEUU contó con la inestimable ayuda del médico alemán Hubertus Strughold, conocido como el padre de la medicina aeronáutica. Aunque más adelante se sabrá que éste científico había comenzado sus investigaciones en el campo de exterminio de Dachau, utilizando a los prisioneros como cobayas y sometiéndolos a todo tipo de crueles pruebas como hidratarlos con agua salada, someterlos a experimentos para comprobar cómo resistían distintos tipos de presión, entre otros.

 

Pareciera que von Braun y Strughold, al cruzar el Atlántico con destino a EEUU mágicamente borraron su pasado nazi y se convirtieron en héroes de la democracia.

 

Como bien apunta Stanley, “es por eso que los Estados Unidos debieron realizar varias embarazosas contorsiones diplomáticas para trasladar a expertos alemanes de la industria bélica a su país mientras se los negaba a la Argentina. El reclutamiento de los científicos por parte de Washington contravenía los acuerdos hemisféricos para reducir la influencia del Eje en la región.”

 

En conclusión, la frase acusatoria con la que comenzábamos, además de carecer de fundamentos serios y documentados -salvo por los pocos casos ya mencionados- parece haber sido utilizada como arma difamatoria contra la Argentina por haberse atrevido a encarar un proyecto industrial autónomo en áreas consideradas sensibles por las autoridades rusas, norteamericanas e inglesas.

jueves, 27 de febrero de 2025

DÍAS PARA RECORDAR


Por Carlos Ialorenzi

La Prensa, 26.02.2025

 

El año pasado el Poder Ejecutivo Nacional declaró a 2024, "Año de la Defensa de la vida, la libertad y la propiedad" y ahora a 2025 como el "Año de la Reconstrucción de la Nación Argentina".

 

Estás significativas declaraciones, nos generan además de alegría, la esperanza que nuestro país vuelva a la senda de grandeza y a los valores fundacionales.  En estos catorce meses de gobierno no solamente se han dado pasos importantes en materia económica, sino que también un cambio significativo en la lucha contra la ideología de género y el globalismo.

 

En gran parte del mundo se habla de Argentina. Volvimos a ser noticia y no solamente por el fútbol.

 

Este segundo año de gobierno es clave para que el oficialismo logre tener un número significativo de legisladores, para lograr los objetivos declarados y así empezar a derogar leyes nefastas impuestas por la izquierda cultural como el aborto y la ley de identidad de género entre otras.

 

LOS FERIADOS NACIONALES Y LA BATALLA CULTURAL

 

Una de las acciones que es importante encarar para seguir profundizando la batalla cultural, es volver a nuestras raíces rescatando a nuestros próceres, nuestra Fe y los sucesos históricos que forjaron nuestra nacionalidad. Para esto se han creado los feriados nacionales. 

 

El decreto Ley 2.446 del 9 de febrero de 1956 dentro de sus considerandos estableció: "Que corresponde establecer los días feriados nacionales que corresponden a los grandes fastos de la Nacionalidad, de la Raza y de la Cristiandad, en los cuales el Estado ha de asociarse jubiloso al legítimo deseo de todos sus habitantes de rendir homenaje con una pausa en el noble esfuerzo cotidiano con que engrandecen a la Patria y alimentan a los suyos..."

 

Desde hace años se viene imponiendo entre nosotros la idea que un feriado nacional, es solo un día para el esparcimiento, la diversión o para hacer turismo.

 

Sabemos que es muy bueno y necesario poder disfrutar del tiempo libre o tomarse un descanso de la rutina diaria, pero eso no es lo central de un día al cual se busca recordar.  Determinadas fechas fueron establecidas como feriados nacionales, para rescatar algo memorable, cuyo simbolismo hace a la identidad de la patria. Y está bien que así se haga.

 

La Ley 27399 es la que establece los feriados nacionales y días no laborables en todo el territorio de la República Argentina.

 

Esta establece que existen feriados nacionales inamovibles y feriados nacionales trasladables.

 

Entre los inamovibles están: 1° de Enero, lunes y martes de carnaval, 24 de marzo, Viernes Santo, 2 de abril, 1° de mayo, 25 de mayo, 20 de junio, 9 de julio, 8 de diciembre y 25 de diciembre.

 

Entre los trasladables se encuentran: 17 de junio, 17 de agosto, 12 de octubre y 20 de noviembre.

 

SAN MARTÍN, COLÓN Y EL 24 DE MARZO

 

Como pasa todos los años, el 25 de febrero día del natalicio del General José de San Martín, sigue pasando desapercibido para la gran mayoría. El criterio que siempre se vino aplicando para homenajear a los próceres fue recordarlos el día de su muerte, su paso a la inmortalidad. Desde hace unos años a esta parte, el 17 de agosto pasó a ser feriado trasladable. Una medida desacertada que no favorece a que tomemos conciencia sobre la importancia de esa fecha y así recordar la grandeza y ejemplo del Padre de la Patria.

 

Otro feriado que es importante volver a homenajear como corresponde es el 12 de octubre.

 

El kirchnerismo con su relato “progre”, además de hacerlo trasladable, lo denominó “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”.

 

Es necesario que vuelva a recordarse la gran epopeya que realizó Cristóbal Colón con el apoyo de los Reyes Católicos. Como ya expresamos hace un tiempo en esta misma columna, proponemos que se denomine al 12 de octubre “Día de Hispanoamérica”.

 

El feriado del 24 de marzo (Día nacional de la memoria por la verdad y la justicia) es una fecha que sigue generando división y polémica. Los que impulsaron que fuera feriado nunca tuvieron la intención que se sepa todo lo que pasó en esos años. Los DD.HH. siempre fueron vistos desde lo ideológico. La izquierda nunca reconoció sus crímenes. Lo mejor sería dejarlo sin efecto o cambiarle su significado para que se conozca la verdad de lo que realmente ocurrió y no el relato que nos vendieron durante tantos años.