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domingo, 19 de octubre de 2025

LA HORA DE LAS AMÉRICAS

 


“El siglo XXI no será el siglo de América ni de China, sino el de la interdependencia.”

Zbigniew Brzezinski -1928/2017.

 

Por Grl Heriberto Justo Auel

Foro Patriótico Manuel Belgrano, 19/10/2025

 

EL CAMBIO GEOPOLÍTICO MUNDIAL EN EL SIGLO XXI

LA EUROPA QUE NO ENTENDIÓ A TOYNBEE

LA HORA DE LAS AMÉRICAS

 

1. EL CAMBIO GEOPOLÍTICO MUNDIAL EN EL SIGLO XXI.

Vivimos en estas primeras semanas de Oct 25 las graves consecuencias de una confrontación vergonzosa y dramática -en algunos aspectos-, provocada por la arremetida de quienes corporizan y representan a la compleja síntesis asociada de lo peor de nuestro reciente pasado

 

-los remanentes revolucionarios castro comunistas, el narcoterrorismo y el globalismo- que, como fiera herida de muerte, desarrollan ataques en todos los frentes posibles y en particular contra el débil oficialismo legislativo. El Socialismo Siglo XXI -nombre actual del castrocomunismo- intenta evitar su desaparición o muerte política en las elecciones del 26 Oct 25. En el último párrafo de nuestro ensayo del pasado mes de Sep 25 (1), decíamos:

“En síntesis: la Argentina se encuentra en un momento de alta tensión política y económica y a pocas semanas de elecciones claves que deciden su futuro: o triunfa la “contrarrevolución” o regresa a la “revolución narcocastrocomunista”, con el apoyo de no pocos inconscientes “idiotas útiles”. La Argentina EN TRANSICIÓN, –parada en el umbral del siglo XXI– puede avanzar decididamente a la nueva etapa de la civilización posindustrial o regresar al OSCURO PASADO kk, bajo “Cristina libre”.

 

La intensidad cuantitativa y cualitativa de los bochornosos hechos preelectorales ocurridos y de los que seguramente ocurrirán en los próximos días, nos indican la necesidad de ampliar el encuadramiento situacional que nos ha llevado al umbral de lo que llamamos “La Segunda Argentina Posindustrial” (2), siempre que el electorado argentino continúe sosteniendo a la “contrarrevolución” en las próximas elecciones de medio tiempo.

 

La historia de las relaciones internacionales atraviesa hoy una de sus inflexiones más trascendentes desde la Paz de Westfalia -1648- y de la posguerra -GM II / 1945-. Nos encontramos -como advirtiera Gramsci– en una “etapa de transición” en la que el viejo orden liberal, hegemonizado por el Occidente Cristiano -con núcleo fundacional en Europa- se debilita aceleradamente, sin que un nuevo equilibrio global se haya consolidado plenamente.

 

Durante casi ocho décadas el poder mundial descansó en una arquitectura atlántica y unipolar, sostenida por la supremacía económica, militar y cultural de los EE.UU. y sus aliados. Sin embargo, el agotamiento interno de ese modelo -la pérdida de la cohesión cultural/civilizatoria, el desgaste de las instituciones multilaterales y la erosión del liderazgo moral de Occidente han abierto paso a un nuevo sistema multipolar y competitivo, en el que Oriente emerge como “nuevo eje del poder global”.

 

El pensamiento de McKinder -que veía en el control del “Heartland” la llave del dominio mundial- recupera plena actualidad frente al reposicionamiento estratégico de Rusia, de China y de la India. Paralelamente, el principio napoleónico de que “la geografía es la madre de la estrategia” recobra vigencia, en un mundo donde los corredores energéticos, marítimos y digitales son los nuevos teatros de disputa y el pensamiento de Haushofer también regresa, con la “búsqueda de un nuevo equilibrio de poder” entre los dos hemisferios -el talasocrático y e telurocrático-. La expansión del BRICS+, de la OCS -Organización de Cooperación de Shanghái- y de las iniciativas de la Franja y la Ruta de la Seda, expresan la búsqueda de un orden alternativo al diseñado tras la GM II.

 

Como lo señaló Brzezinski, el siglo XXI no pertenece a una sola potencia, sino a la “interdependencia estructural entre múltiples centros de poder”. La globalización ya no se traduce en homogeneidad, sino en competencia sistémica y en la coexistencia de modelos culturales y civilizatorios distintos. Al mismo tiempo la advertencia de Toynbee resuena con fuerza: las civilizaciones suelen caer por desgaste interno, antes que por agresión externa: “Toda gran cultura muere por suicidio, no por asesinato”. Occidente -particularmente en su núcleo fundacional europeo- enfrenta una grave crisis de legitimidad, fragmentación política y pérdida de identidad cultural, que limitan su capacidad de proyección estratégica. Está hoy ausente en las mesas de las grandes decisiones.

 

En este contexto el dominio no se define solo por el territorio o por las armas, sino -como predijo Churchill- “por la capacidad de gobernar la mente y la información”. La competencia por el poder cognitivo, la inteligencia artificial, los datos y el relato mediático, configura la nueva frontera del poder global. Los imperios del futuro son, ante todo, imperios del conocimiento. Por último, la reflexión de Eric Hoffer nos ofrece una lección estratégica central: “solo las naciones que sepan aprender, adaptarse y redefinir su visión del mundo heredarán el porvenir”.

 

La rigidez doctrinaria o la nostalgia por el pasado serán los verdaderos enemigos de la supervivencia geopolítica.

 

 

El cambio geopolítico contemporáneo no es un episodio, sino un proceso histórico de larga duración. Su signo principal es el tránsito:

 

de la hegemonía a la pluralidad,

del dominio territorial al control informacional,

y de la ideología universalista a la coexistencia de culturas y civilizaciones nacionales.

La humanidad asiste al fin del “orden occidental” y al nacimiento de un “incierto orden cultural y civilizatorio multipolar”, donde la geopolítica vuelve a ser el arte supremo de comprender el poder, el espacio y la cultura en movimiento.

 

2. LA EUROPA QUE NO ENTENDIÓ A TOYNBEE

Europa fue el núcleo fundador del Occidente Cristiano y como tal, culturizó y civilizó a las Américas. Toynbee -filósofo de la Historia- observó -desde su intimidad- la caída del Imperio Británico. Vio anticipadamente el “suicidio de Europa”. Este no fue un hecho repentino ni un colapso único, sino un proceso histórico prolongado que se extendió desde la GM I -1914/1918- hasta la llegada de un “nuevo Sheriff” (3) en EE.UU., que origina la transformación geoestratégica global en curso que omite a la UE dejando a su “autodestrucción” en total evidencia.

 

El poder marítimo británico fue sustituido -luego de la GM II- por el poder aéreo y nuclear de EE.UU. y de la URSS –“Acta del Atlántico” de por medio– . La OTAN – 1949- convirtió a Gran Bretaña en “aliado subordinado” de Washington. El Canal de Suez -1956– fue el punto de inflexión definitivo: el fracaso de la intervención británica – junto con Francia e Israel- frente a Egipto, marcó el final del papel imperial independiente. A partir de Suez Londres asumió su rol como potencia secundaria dentro del bloque occidental. Cambio su mentalidad: del Imperio a la Commonwealth. Se le promovió una transición “honorable” -la independencia de las “colonias”– formando la Commonwealth: una red voluntaria de excolonias. Fue una manera de mantener cierta influencia cultural y diplomática, aunque ya sin poder real. Pero Londres quedó como eje del “capital financiero internacional” y el resentimiento imperial se hizo “globalismo”, verdadero acelerador del suicidio europeo que ha dado lugar a la presente “batalla cultural”, con base en Washington.

 

 

 

Como todo cuerpo social débil -transculturizado- la UE -contractiva y resentida- regresó a la violencia de sus guerras civiles autodestructivas: provocó la guerra civil rusa/ucraniana. Nuestro Instituto -en soledad- planteó de ese modo a la nueva guerra civil europea aún en curso, frente a una desinformación generalizada que inculpaba a Rusia como “potencia agresora”. En los últimos días hemos tenido la oportunidad de escuchar a un testigo privilegiado de los hechos que comentamos, que nos permiten comprobar el acierto de nuestro posicionamiento. Se trata de una entrevista promovida por Glenn Diesen -profesor especializado en asuntos internacionales rusos, geoeconomía y Eurasia- y de Harald Kujat -General retirado que comandó a las Fuerzas Armadas Alemanas -Jefe de la Bundeswehr- y luego presidió el Comité Militar de la OTAN. –https://www.youtube.com/watch?v=e3MiU4Gw-bY– Veamos cuales son los argumentos del General Kujat:

 

1.      Causa y provocación del conflicto:

Kujat rechaza la idea de que Rusia haya invadido “sin provocación”. Recuerda la “agresión terrorista” de las poblaciones de cultura rusa en el Donbás, como un componente ignorado en muchos análisis occidentales.

 

2.      Crítica a Occidente, la OTAN y las narrativas dominantes:

Una parte importante de la entrevista gira en torno a cómo Occidente utiliza ciertos conceptos, por ejemplo: “invasión a gran escala”, “agresión desprovista de provocación”– con fines políticos y mediáticos. También analiza el rol que algunas potencias occidentales habrían desempeñado para obstaculizar negociaciones de paz, citando el caso del ex primer ministro británico Boris Johnson y su visita a Kiev para evitar la firma de un Acuerdo de Paz ya pactado. Asimismo habla del sabotaje a los Acuerdos de Minsk y de la dificultad de mantener un diálogo serio entre Occidente y Rusia, dada la falta de confianza acumulada.

 

3.      Visión sobre la diplomacia y las negociaciones de paz:

Kujat analiza los intentos de arreglo diplomático -conversaciones en Estambul- y señala que, en su perspectiva, las partes no estaban dispuestas a ceder o negociar en serio ciertos puntos fundamentales. También subraya que los costos estratégicos de seguir el conflicto han ido escalando de forma muy significativa.

 

4.      Revisión de narrativas militares y estratégicas:

Kujat cuestiona a ciertos supuestos estratégicos occidentales: la intencionalidad rusa de ocupar todo el territorio ucraniano, por ejemplo. También discute la incompatibilidad entre los compromisos de seguridad europeos, el papel de la OTAN y las ambiciones rusas, en un contexto de escalamiento verbal sistémico, que llega a la amenaza nuclear.

 

Esta guerra civil europea -clara manifestación de su debilidad cultural- se constituye un hito final de su larga agonía por suicidio -en términos de Toynbee- del núcleo fundador del Occidente Cristiano. No solo el poder imperial ha migrado por sobre el Atlántico, luego de la GM II. La guerra ruso/ucraniana y la llegada de Trump a Washington han trasladado a las Américas el meridiano central del Occidente Cristiano y la responsabilidad de su recuperación, imprescindible para enfrentar el desafío que plantea el resurgimiento del Oriente Asiático.

 

 Ello fue lo que obligó a EE.UU a recuperar a Iberoamérica, prioritariamente. Rusia, con un pie en Occidente y el otro en Oriente, es el natural y actual “pivote estratégico”. La cumbre de Alaska ha precedido naturalmente a la de Trump/Xi Jinping. Con la Paz encaminada en Medio Oriente, EE.UU./China tratarán el fin de la guerra europea y este es el encuadramiento político/estratégico de la inédita alianza estratégica de Buenos Aires/Washington.

 

 ¿SE ENTIENDE CUÁL ES LA IMPORTANCIA -EN NUESTRA PATRIA- DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES DE MEDIO TIEMPO?

 

3. LA HORA DE LAS AMÉRICAS.

La llegada de Donald J. Trump a la presidencia de los EE.UU. -en Ene 17- marcó un punto de inflexión en el sistema internacional surgido tras el fin de la Guerra Fría -1991-. Durante más de dos décadas, la hegemonía norteamericana había sostenido un orden unipolar articulado en torno a la expansión del libre comercio, las instituciones multilaterales y la proyección global del modelo liberal-democrático. Sin embargo ese consenso comenzó a resquebrajarse ante el ascenso de China, la reemergencia de Rusia, la fragmentación europea y el creciente desgaste interno de la sociedad estadounidense. En ese contexto la administración Trump inauguró un giro geoestratégico profundo, caracterizado por el retorno del realismo nacional, la revalorización de la soberanía estatal y la competencia entre grandes potencias como principios estructurantes del nuevo orden mundial.

 

Desde 1991 el sistema internacional se configuró bajo la égida de un “momento unipolar” – Krauthammer, 1990-, en el cual EE.UU. ejerció un liderazgo global casi incuestionado. A través de la OTAN, las instituciones financieras internacionales y la diplomacia liberal, Washington definió las reglas del comercio, la seguridad y la gobernanza global.

 

Pero hacia mediados de la década de 2010, este modelo comenzó a erosionarse:

 

La República Popular China se consolidó como potencia económica y tecnológica.

La Federación Rusa, bajo Vladimir Putin, retomó una política exterior de afirmación geopolítica.

La Unión Europea enfrentó crisis de legitimidad, soberanía y cohesión -Brexit, migraciones, populismos-.

En UU. se amplió la brecha entre las élites globalizadas y las clases trabajadoras desplazadas por la desindustrialización y las guerras interminables. Este escenario preparó el terreno para un replanteo estratégico de la función de EE.UU. en el mundo con un giro geoestratégico de la Globalización al Realismo Nacional – “America First”.

Trump propuso abandonar la lógica del “orden liberal internacional” para reinstalar un realismo de poder: el Estado-Nación como unidad soberana que actúa en función de su interés nacional.

 

Su lema “America First” sintetizó una política exterior transaccional: los compromisos multilaterales se subordinan al beneficio directo de los EE.UU.. Esto se tradujo en:

 

La salida del Acuerdo Transpacífico (TPP) y del Acuerdo de París -sobre el clima-.

La renegociación del NAFTA -convertido en USMCA-.

La revisión crítica del gasto militar estadounidense en apoyo a la

Trump cuestionó la utilidad estratégica de alianzas tradicionales y presionó a Europa para aumentar su gasto en defensa. Al mismo tiempo buscó una aproximación táctica hacia Rusia, con el fin de concentrar recursos frente al verdadero competidor sistémico: China. El Documento de Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 -NSS 2017- estableció un cambio doctrinal decisivo: la “guerra contra el terrorismo” dejaba de ser el eje central de la política de defensa, reemplazada por la “competencia entre grandes potencias”. Desde entonces, Washington comenzó a delinear una arquitectura de contención del poder chino en el Indo- Pacífico, fortaleciendo alianzas como el QUAD -EE.UU., India, Japón y Australia- y el AUKUS -EE.UU., Reino Unido y Australia-. La atención estadounidense se trasladó del Atlántico al Indo-Pacífico, desplazando el centro de gravedad del poder mundial. Ello implicó una reconfiguración de la jerarquía internacional: Europa perdió relevancia relativa, mientras Asia se consolidó como el epicentro de la competencia global.

 

 Las consecuencias sistémicas del giro fueron las siguientes:

 

Fin del unipolarismo: se consolida una transición hacia la multipolaridad, con la emergencia de varios polos de poder -EE.UU., China, Rusia, India, UE-.

Reaparición del pensamiento geopolítico clásico: los factores espaciales, energéticos y tecnológicos vuelven a dominar el análisis estratégico.

Fragmentación del Occidente político: Europa busca autonomía estratégica frente a la dependencia de Washington.

Transformación de la guerra: la competencia se expresa en dominios híbridos – ciberespacio, inteligencia artificial, control de cadenas tecnológicas-.

Reconfiguración institucional: proliferan organismos y bloques alternativos – BRICS+, Organización de Cooperación de Shanghái, acuerdos energéticos en monedas locales-.

Con posterioridad -2021/2025- aunque la administración Biden restauró un discurso multilateralista, la estructura del giro estratégico iniciado por Trump permaneció intacta. El enfrentamiento sistémico con China se profundizó, la guerra en Ucrania reactivó la OTAN y el sistema internacional quedó polarizado en torno a dos bloques:

 

el Occidente ampliado liderado por EE.UU.,

y el eje euroasiático sino-ruso con creciente influencia en el Sur Global.

El orden mundial posterior a 2017, por tanto, puede definirse como competitivo, fragmentado y tecnológicamente conflictivo, con la geoeconomía y la seguridad como ejes de poder. El giro geoestratégico inaugurado por Donald Trump significó el fin de la era globalista y el retorno del poder como categoría central de la política internacional. EE.UU. abandonó la pretensión de gobernar un orden liberal universal para defender su posición relativa en un entorno multipolar. Con ello, la geopolítica reemplazó al idealismo normativo y la rivalidad entre grandes potencias volvió a ser el motor de la historia internacional. En síntesis, desde 2017 el mundo transita una fase de reconfiguración estructural, en la que la estabilidad ya no depende de instituciones universales, sino del equilibrio dinámico entre centros de poder regionales. Este proceso -aún en curso- redefine las nociones mismas de hegemonía, soberanía y seguridad en el siglo XXI.

 

En la Segunda Administración Trump se reactiva la recuperación del Hemisferio Occidental y EE.UU. prioriza al “patio de atrás”. En mayo de 2024 se realizaron en el Atlántico Sur los ejercicios “Gringo-Gaucho II”, con la participación del portaviones USS George Washington y unidades de la Armada Argentina. Posteriormente un decreto presidencial argentino autorizó el ingreso de oficiales del Naval Special Warfare Command estadounidense, para entrenamientos combinados -Operación “Tridente”- en bases de Mar del Plata, Puerto Belgrano y Ushuaia durante 2025. Estos movimientos consolidan la interoperabilidad militar entre ambos países y la apertura de corredores logísticos en el Atlántico Sur, área clave para el control de rutas bioceánicas y el acceso antártico.

 

La dimensión política y estratégica de estas actividades combinadas están sostenidas por la afinidad ideológica entre Milei y Trump, que ha favorecido una alianza político-doctrinaria sustentada en tres pilares:

 

Defensa del mundo occidental y de la democracia liberal frente a regímenes

Rechazo del intervencionismo chino y ruso en América

Promoción de la seguridad hemisférica compartida, bajo liderazgo

En el plano económico Washington ha brindado a Buenos Aires respaldo financiero y diplomático en paralelo con acuerdos de cooperación en materia de energía, defensa y lucha contra el crimen organizado. El eje Ushuaia–Atlántico Sur–Antártida: La posición argentina ofrece a EE.UU. una proyección estratégica hacia el Atlántico Sur y la Antártida, espacios de creciente competencia global por recursos naturales, tránsito marítimo y posicionamiento científico. Las negociaciones sobre infraestructura logística conjunta en Ushuaia -aunque sujetas a debate interno- reflejan el interés de ambos gobiernos por establecer una presencia permanente en la zona austral. La recuperación de las Is. Malvinas es un objetivo insoslayable. El fortalecimiento del eje Washington-Buenos Aires, tiene efectos múltiples:

 

Reequilibrio hemisférico: consolida un polo de poder atlántico-suramericano alineado con UU., en contraposición al bloque bolivariano y a la influencia extrarregional de China.

Disuasión y contención: contribuye a limitar la expansión de redes ilícitas, pero también funciona como elemento de presión sobre Caracas y La Habana.

Riesgos de soberanía: en Argentina, sectores políticos y académicos advierten sobre la posibilidad de una dependencia estratégica excesiva o cesión de espacios sensibles.

Reacciones internacionales: China, Rusia e Irán han manifestado su rechazo a la militarización creciente del hemisferio, previendo respuestas diplomáticas.

 

Conclusiones: La segunda presidencia de Donald Trump representa la consolidación de un nuevo orden geoestratégico hemisférico. El retorno de la doctrina de poder nacional, la proyección naval en el Caribe y la alianza preferente con Argentina constituyen manifestaciones concretas de un modelo basado en la seguridad, la disuasión y la competencia estructural entre potencias. Este proceso redefine la arquitectura del Atlántico Sur y marca el inicio de una etapa donde Iberoamérica vuelve a ser escenario de rivalidad global. Si el ciclo 2017/2021 significó la ruptura del globalismo liberal, el ciclo 2025/2029 encarna su institucionalización geoestratégica, con una Casa Blanca que ya no busca administrar un orden universal, sino asegurar su hegemonía relativa en un mundo crecientemente multipolar. En ese marco, la alianza argentino-estadounidense se perfila como uno de los vectores más significativos de la política internacional contemporánea: un punto de convergencia entre el nacionalismo estratégico norteamericano y la aspiración argentina de reposicionarse como actor relevante del Hemisferio Sur.

 

 “El siglo XXI no será el siglo de América ni de China, sino el de la interdependencia.”

 

 CITAS Y ACLARACIONES:

J. Auel. “Las crisis que nos asedian y las que nos ocultan”. 06 Sep 25. www.ieeba.org

J. Auel. “La “Segunda Argentina Posindustrial” está llegando”. 15 Ene 25. www.ieeba.org

J. Auel. “Hay un nuevo Sherif en Washington”. 25 Feb 25. www.ieeba.org

jueves, 4 de septiembre de 2025

EL ESTADO PROFUNDO


 en la Argentina es el kirchnerismo

 

                       Alberto Buela (*)

 

A partir de la primera asunción a la presidencia por Trump comenzó hablarse desde Steve Banon de la idea de Deep State y luego miles de comentaristas y analistas políticos siguieron con el tema.

 

El Estado Profundo es una realidad permanente compuesta por todos aquellos- funcionarios, militares, administradores, jueces, gobernadores, sindicalistas, periodistas, profesores, eclesiásticos, lobbies comunitarios, banqueros, etc.- que siguen en sus puestos más allá de los ciclos electorales y cambios de régimen.

 

Ahora bien, como bien sostiene el investigador italiano Gabrielle Adinolfi: El "Estado profundo" no se puede desmantelar porque eso equivaldría a desmantelar todo el orden social y estatal. Se puede atacar a las minorías sediciosas que contaminan el sistema”.

 

Y esta es la gran ventaja que per se ipsum posee el Estado Profundo. No se lo puede combatir abiertamente porque no ofrece un frente de combate. De modo que hay que ir contra la minorías precisas. Es decir, es un combate en muchos frentes (abortistas, indigenistas, Lgtb, gnósticos, progresistas, etc.).

En este sentido el kirchnerismo, que ha gobernado Argentina, prácticamente,  todo el siglo XXI (el gobierno de Macri ha sido un kirchnerismo de buenos modales) se constituyó en el Estado Profundo de Argentina.

 

Canales de TV, banqueros, sindicalistas, curas, profesores, docentes de todo tipo, artistas, canales streaming, diarios, radios, gobernadores, jueces, intendentes, diputados y senadores, lobbies comunitarios, etc., son todos kirchneristas. Los vínculos entre ellos son personales e históricos.

 

Pero así como Trump, que está personalmente en contra de los asesinatos masivos en Gaza, no logra dejar de enviar ayuda a Israel, de la misma manera Milei lucha contra “la casta” política y sus listas partidarias están llenas de candidatos de “la casta”.

En una palabra, lo dejaron combatir la inflación galopante que padecíamos y logar el equilibrio fiscal, pero nada más. Imposible modificar algunos aspectos de nuestra realidad política-social y económica. Porque esa realidad beneficia a los actores del Estado Profundo.

 

Puede acaso Milei declarar la nacionalización de los depósitos de la banca? Puede modificar las leyes laborales, o las patrañas de la educación inclusiva o las leyes que rigen la minería o la organización por regiones del país, o la ley de pesca, o la recuperación de los ferrocarriles o nuestra flota mercante y marítima? No.

 

No lo puede hacer Milei ni nadie, porque todo ello afectaría a los intereses del Estado Profundo.

Viene ahora la pregunta ¿tiene el Estado Profundo una ideología? Por supuesto que sí. Es la del progresismo. Esa mezcla de liberalismo y marxismo cultural que rige el mensaje de nuestros días.

 

Esto se ve claro en Usa y en Europa. En Usa son los demócratas y republicanos del Este norteamericano que ven en Trump al diablo y en Europa dirigentes como Macron en Francia, Merz en Alemania, Sánchez en España o Starmer en Gran Bretaña que ven a Rusia como el diablo.

 

Así, la guerra ruso-ucraniana tiene que continuar sine die para beneficio de los lobbies de armas que se enriquecen con ella. Ursula von der Leyen, presidente de la Unión Europea, es una antigua lobbista de arnas.

Todo cierra perfecto, el círculo hermenéutico está acabado. Hoy los Estados nacionales gobiernan hasta cierto punto a partir del cual le es imposible avanzar. La soberanía política, el ideal por antonomasia de los Estados Nación modernos, ha desaparecido del panorama político. Nuestros gobernantes son sólo administradores del caos o desorden, como muy bien observó hace muchos años el filósofo Massimo Cacciari.

 

El Estado Profundo hizo desaparecer la teoría del complot según la cual ciertos grupos privilegiados gobiernan el mundo (la judería, la masonería, la iglesia, los illuminatis, los iniciáticos, etc.). En el Estado Profundo son todos y no es ninguno. Se liqúa la responsabilidad del gran desorden mundial en el que vivimos.

Israel bombardea a diestra y siniesta a Gaza, provoca un genocidio, y no recibe ninguna sanción. Rusia ataca a Ucrania y Europa la sanciona. Usa bombardea Irán y no

pasa nada. Los barcos chinos depredan el mar argentino y solo falta que los feliciten. Maduro esquilma Venezuela transformándola en un Estado Narco, huyen 8 millones de personas, y los chinos los apoyan.

 

De la vigencia del Estado Profundo sólo puede esperarse desolación para los pueblos. Pueblos que son manipulados a izquierda y derecha por dicho Estado.

¿Qué nos está permitido esperar?, tal fue la cuarta pregunta de Kant.

Que las contradicciones se agudicen de forma tal que la vida en la tierra sea imposible. Y entonces, allí si, el enfrentamiento entre los pueblos y el Estado Profundo se torne inevitable. Otra posibilidad no barrunto.

 

Post scriptum: esto es lo que tiene de bueno el método festina lente=apresurar con detenimiento. Porque nos permite enriquecer los trabajos en una segunda redacción con la opinión de sus primeros lectores.

 

Una explicación metafísica del Estado Profundo es aquella que nos dice que para conocer en profundidad debemos buscar la reductio ad unum= reducir la multiplicidad a la unidad. Y el hombre siempre busca en su conocer esto.

En el orden politológico Perón habló, para explicar la realidad político-económica del mundo de su tiempo, de la existencia de la sinarquía internacional donde convergía el comunismo, el capitalismo, la masonería, la judería y la Iglesia: “que también entra cuando le pagan”.

 

Pero estos eran sujetos concretos a quienes dirigirse mientras que hoy el Estado Profundo no tiene responsables. En una palabra, son todos y no es nadie.

Observemos al kirchnerismo. Es en gran parte peronismo, pero también socialismo, progresismo, marxismo, conservadurismo popular, democratismo, incluso liberales no conformistas como Pichetto y otros.  En una palabra, toca todas las cuerdas de la guitarra. Es algo que no tiene límites, y cómo definir es poner límites, el kirchnerismo es indefinido.

Es todo y no es nada. Es ese funcionariado del Estado que como  empleado nacional vinchuca. Hijos cuentas, macanas y manteca, hasta que la vejez que lo acurruca lo introduce en la Parca que lo seca”.

 

Jueces, políticos, sindicalistas, empresarios, obispos, investigadores y docentes. Gobernadores e intendentes. Todos colgados de la teta del Estado al que no permiten transformar para beneficio del pueblo sino para beneficio propio.

 

Este Estado Profundo ahogó a la sociedad civil, sólo queda el recurso a la comunidad que se encuentra desvalida.

Argentina hoy está y enfrenta un dilema, esto es un problema donde las dos opciones son falsas. Y del dilema sólo se sale anulando la realidad que lo produjo. En una palabra, ni Milei ni Cristina, hay que barajar y dar de nuevo.

 

(*) arkeguete, aprendiz constante

buela.alberto@gmail.com

 

 

lunes, 11 de noviembre de 2024

¿FRACASO DE OCCIDENTE


EN UCRANIA?


 

Por Gabriel Camilli

La Prensa, 10.11.2024

 

Más de dos años y medio después del inicio del conflicto ucraniano, aunque la guerra continúa haciendo estragos, especialmente en la parte oriental del país, oímos mucho menos sobre ella (más niebla de la Guerra 2.0, para los lectores de esta columna).

Hay una razón: las cosas no van como habían predicho la mayoría de los estrategas, comentaristas y los principales medios de comunicación occidentales.

Las fuerzas rusas continúan avanzando hacia el interior del frente de Donbass. La invasión de verano de la región rusa de Kursk por parte de Ucrania resultó en un episodio contemporáneo de aventurerismo militar.

Pero, sobre todo, el entusiasmo occidental por apoyar a Ucrania se está desvaneciendo, mientras Alemania lucha cada vez más con su crisis económica interna y los Estados Unidos absorto en una campaña presidencial, que el martes pasado ha dado paso a una etapa que incidirá en el derrotero del conflicto.

 

LAS RAZONES DEL FRACASO OCCIDENTAL EN UCRANIA

Aunque el conflicto está lejos de terminar y todavía presenta riesgos de escalada dependiendo de las decisiones que tomen los líderes occidentales, nos habla de un fracaso.

Lo que ha fracasado son las estrategias militares de la OTAN, las sanciones que deberían haber puesto de rodillas a una economía rusa que, en cambio, es más vital que nunca, las industrias militares estadounidenses y europeas que demostraron ser incapaces de seguir el ritmo de la producción bélica rusa.

Sin embargo, hay algunas excepciones a este panorama desolador de desinformación. Por ejemplo el libro publicado hace un año en edición italiana por Fazi Editore: ‘La derrota de Occidente’, de Emmanuel Todd, historiador, sociólogo y demógrafo francés, que ha llegado a nuestras manos recientemente. (Ya habíamos leído de este mismo autor el magnífico libro ‘Después del imperio’ donde anuncia el fin de la hegemonía atlantista en 2003.) Después de un éxito de ventas, el libro representó un caso editorial en Francia, y su autor, que se define como un disidente de la intelectualidad francesa, fue previsiblemente acusado de simpatizar con Putin.

En su libro reciente, Todd, plantea cuestiones fundamentales sobre la crisis que atraviesa Occidente, cuestiones que pocos han tenido el valor de afrontar y que son necesarias para comprender las razones del fracaso occidental contra Rusia.

El libro está escrito en el verano de 2023, con la intención de ofrecer una predicción: la derrota de Ucrania. Hoy esta predicción es una certeza, afirma Todd en el prefacio escrito para la edición italiana.

Los temas centrales del volumen son el colapso de Occidente -y sobre todo de Estados Unidos, el país que lo dirigió durante aproximadamente un siglo- y la centralidad redescubierta de Rusia.

Recuerdo que el Occidente del que habla Todd, es el referido al que en estas páginas y siguiendo a Augusto Del Noce, hemos definido como el Occidente Opulento.

Sorprendentemente, para quienes no conocen la génesis de la guerra de Ucrania, o para quienes la han seguido sólo a través de los medios occidentales, Todd describe el conflicto como una "agresión promocional de Occidente" refiriéndose a la expansión al este de la OTAN, y especialmente a su progresiva infiltración en Ucrania después de 2014.

Por tanto, plantea tres preguntas fundamentales: ¿por qué Occidente no acepta la derrota? ¿Por qué parece dispuesto a correr el riesgo de un choque directo con Rusia? ¿Por qué los líderes occidentales describen la paz “como si representara una amenaza aún más grave que una confrontación termonuclear”?

 

LAS SORPRESAS DEL CONFLICTO UCRANIANO

El autor también esboza un posible escenario de fin del conflicto (¿un conflicto congelado?), con la expansión forzada de los objetivos militares rusos tras la intransigencia occidental, y las incógnitas relacionadas que podrían afectar a dicho marco (en particular, el destino de Lviv, y las Repúblicas Bálticas).

Según este autor, el conflicto ucraniano, inicialmente provocado por los Estados Unidos, y el conflicto en Gaza y Oriente Medio, demuestran, según Todd, la creciente impotencia de Washington, arrastrado por aliados radicalizados (Ucrania e Israel) que en realidad debería haber controlado -tesis que se aplica más al caso israelí que al ucraniano, donde el destino del presidente Volodymyr Zelensky sigue siendo incierto.

Para Todd, la paz en términos rusos significaría la derrota atlantista y el fin de la hegemonía estadounidense. Por lo tanto dice: “Para Washington, la guerra debe continuar para mantener el control de sus buques en Europa y el Pacífico”.

En su libro, describe a la Unión Europea como totalmente subyugada, y a la OTAN como un instrumento de esclavización del viejo continente.

Además, nos aclara que Europa se enfrenta a una crisis creciente derivada de su separación de Rusia y, en particular, de su renuncia a las fuentes de energía rusas de bajo costo.

Sigue: “En tres países clave de la UE (Italia, Alemania y Francia), nos encontramos en una dinámica creciente de pueblos enfrentados contra sus gobernantes: por lo tanto, las oligarquías europeas tienen poco tiempo para convencer y arrastrar a sus poblaciones a una guerra total con Rusia”.

Todd enumera las sorpresas que produjo el conflicto ucraniano. Entre ellas se destacan la resiliencia económica rusa, la evanescencia europea, el belicismo antiruso de los países escandinavos, la insuficiencia militar de la industria bélica estadounidense, la soledad ideológica de Occidente (abandonado por el Sur global) y, como consecuencia de todo ello, la inminente derrota occidental.

Pero la mayor sorpresa, y el dato interesante que destaca este autor: es una sorpresa que incluye a las otras enumeradas hasta ahora, no es la declaración sobre Rusia como un país que (con una población en declive y un territorio grande), no amenaza a nadie, sino el hecho de que el equilibrio del planeta está en riesgo por la crisis occidental, y "más precisamente, la crisis terminal de Estados Unidos".

 

CRISIS DEL ESTADO NACIONAL OCCIDENTAL Según Todd, los Estados Unidos y Europa sufren diferentes formas de desintegración del Estado-nación, acompañadas de la muerte del cristianismo, particularmente en su forma protestante, que siempre había apoyado y en cierta manera justificado al capitalismo.

La muerte del cristianismo, el declinar como cultura se ve reafirmada además, por la aparición de un nihilismo entendido por Todd como el impulso de destruir, en un nivel físico, y de negar la noción misma de verdad y cualquier descripción razonable del mundo, en un nivel conceptual. Según el historiador francés, se comparan así dos Weltanschauung (Cosmovisiones). Por un lado, el realismo estratégico de un estado-nación como Rusia y por el otro, la mentalidad posimperial occidental, emanación de un imperio en decadencia que, sin embargo, aspira a representar la totalidad del mundo, sin admitir ya la existencia del otro. La incapacidad occidental de concebir la diversidad del mundo.

El núcleo protestante de Occidente surgió así "a caballo entre sus componentes liberales y autoritarios", siendo uno de sus polos el mundo anglosajón y el otro Alemania. La Francia católica, escribe Todd, "por contigüidad" ha logrado mantenerse "en la esfera más desarrollada de Occidente, que es esencialmente protestante".

Algo que muy pocos señalan y es central para entender a quienes entre otras cosas aun hoy mantienen ideas coloniales (Nosotros lo sabemos muy bien por Las Malvinas), es otro elemento clave del protestantismo, a nivel social, es el siguiente: heredó de la doctrina de la predestinación la idea "según la cual unos son elegidos y otros condenados, de modo que no todos los hombres son iguales".

Señala Todd otra característica: Hoy el estado de fase final de la secularización que vive ese occidente: “las costumbres y valores heredados de la religión comienzan a debilitarse o desintegrarse, para finalmente desaparecer; y es entonces, y sólo entonces, cuando aparece lo que estamos viviendo: un vacío religioso absoluto, en el que los individuos están desprovistos de cualquier creencia colectiva sustitutiva. Un estado cero de religión."

 

 

PARA IR CERRANDO

Como lo hemos dicho en diversos artículos el ‘La Prensa’, desde Alexander Solzhenitsyn a Augusto del Noce, se multiplican los textos cuya tesis es el fin o la derrota Occidente. Pensemos en ‘La autodestrucción de Occidente’ de Eugenio Capozzi, centrada en el declive ético de nuestra civilización, o en ‘The Terminus of the West’ del periodista estadounidense Paul Craig Roberts. Entre otros. La crisis occidental es un tema extremadamente complejo, que probablemente requiera la contribución de mucho más que un solo académico para ser investigado y comprendido en todas sus facetas e implicaciones.

Emanuel Todd tiene el gran mérito de poner el tema en debate. Tema negado y rechazado durante demasiado tiempo por la hipocresía de las elites occidentales, quienes han dibujado una imagen equivocada de las razones de la decadencia de Occidente. Este tema continuará… Hasta la semana próxima.

 

Gabriel Camilli

Cnl My (R) - Director del Instituto ELEVAN.­